caos-caos
Copa de Champán de Trauson
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Turba Enojada
No hace mucho habían comenzado los rumores y hechos reales acerca de los magos desviacionistas liberados por Balagos la perdición de dragones, un temido nombre tanto en Amn como en tierras de elfos Weldazh.
La noche se tornaba oscura, la joven discípula Paz caminaba en dirección a Agujas de Oro, en cercanías de la entrada principal de Athkatla y un escándalo que llamó su atención. Claramente este incidente también atrajo la atención de estimados colegas.
Una turba furiosa, con sus antorchas encendidas al rojo vivo, gritaban:
-¡Muerte! ¡Muerte al Mago!
Los guardias de la ciudad intentaban con dificultad mantener vivo a este criminal, un mago que venía custodiado. Lo crean o no, incluso dos miembros de la guardia fronteriza se acercaron a observar, juzgando el ambiente si debían ayudar a mantener la calma.
En aquel momento, los buenos aventureros comenzaron a debatir y utilizar todas sus herramientas para disuadir a los aldeanos de tomar justicia por mano propia. Paz en cuanto vió las intenciones malévolas de las personas decidió que lo más seguro sería esconderse detrás de sus amigos, Dhaunae, Arthal y Sharlarion para no ser atacada por sus rasgos draconianos.
Se admiró cuando vió a un joven bardo adelantarse con su laud y tocar su música mágica para calmar el ambiente de los aldeanos, a la vez que con un caballero celestial Gwynian Largoristre le ayudaba con palabras convincentes a detenerse.
Una mujer de la muchedumbre alzó su voz, al parecer la líder de la muchedumbre.
-¡No, el mago debe morir, tiene el sello en las manos que dicen los magos encapuchados, es uno de los fugados! ¡Si lo quemamos la orden nos pagará dinero, además, quemenlo! ¡Son los culpables de las desapariciones en los últimos días!
-Ejem... por favor, os pediría que os fuerais a casa, la guardia ya hemos arreglado todo este asunto, el hombre irá de nuevo a Spellhold-Dijo uno de los Cabo de la guardia de Athkatla.
-¡Nosotros no somos gente que usa magia, ellos son los culpables de todo lo malo! ¡Por eso el dragón Balagos los ha traído, son sus siervos!-gritó una Aldeana.
-¡Ahora tendremos que volver a entregar a nuestras hijas en sacrificio!-exclamó la líder de los aldeanos-¡Todo por los siervos de Balagos, deben morir bajo la antorcha!
En ese momento incitado por la confianza de la enmascarada aventurera, el bardo Ian tomó su guitarra y tocó una tonada tranquilizadora para calmar a los aldeanos.
-Yo... no soy un siervo de Balagos, señora. Es verdad que me llevaron a la prisión hace unos años por cometer crímenes en Amn, solo quería largarme de allí-habló el mago fugado.
-oh buenas gente de Amn, no es necesario recurrir a métodos draconianos, confiemos en la justicia-Dijo de manera muy convincente Ian el bardo.
Paz se sintió algo ofendida acerca del término draconianos, pero entendía que no se referían a ella, más bien, todo esto tenía que ver con ese maldadoso dragón rojo.
-No os comportéis como animales-negó Gwynian alzando su voz hacia la turba meciendo su mentón-Nada resolverá quemar a un hombre desviacionista. Simplemente han aprovechado la oportunidad para fugarse.
-si lo ejecutamos ahora, no seremos mejor que ese terrible dragón.
A la vez que se suscitaban estas palabras de disuasión, Jania y Cadde suscitaban en susurros planes si todo se salía de control.
-Si la palabra del bardo no funciona, tocará intervenir como esto escale…-susurró Cadde.
La hermosa melodía de Ian calmaba a los ciudadanos, sin embargo aún observaban al mago con cierta furia.
-Esta gente no ha sido puesta en Spellhold porque sí. ¡Este infeliz era conocido por quemar gente en Athkatla por diversión!-gritó y rompió el silencio la ciudadana que lideraba.
-Y por eso le hemos llevado a la prisión mágica-dijo suspirando con una mano en el pecho uno de los cabos de la guardia.
-lo mejor es que actúen los magos encapuchados, es lo más justo en estos casos, pues son la autoridad magia del reino-dijo convencido Arthal a las gentes.
-E-Es cierto que lo hice, pero he aprendido de mis errores, je... solo quiero salir y poder largarme de Amn, y quitarme esta... condenada marca que llevo en la muñeca, no me deja usar mi magia libremente.-confesó el mago desviacionista Pirómano.
-¿Podéis asegurar que este arcano no es aliado de Balagos? ¿Qué haremos ahora que el dragón está más interesado en Amn que antes? Tendremos que sacrificar a nuestras hijas denuevo para la sierpe?-dijo la ciudadana preocupada, aquella que estaba delante incitando la violencia.
-Este hombre por sus actos, cumple sentencia y ha sido apresado nuevamente, tomaros la justicia por vuestra mano no es justicia, la muerte de este hombre no os otorgará paz alguna.-Dijo Negando Gwynian- La venganza sólo trae desolación.
-Será mejor que hagáis caso, señora. Lo llevaremos al distrito gubernamental, a la sede de los magos encapuchados.-Aconsejo el cabo de la guardia a la ciudadana.
-No soy diplomático, pero esta gente busca una garantía…-añadió Cabbe.
-¿Garantía de que? Se amenaza a guardias de Amn con antorchas en mano....le respondió su compañera Jania.
-¡No amenazamos a la guardia! Solo al desviacionista.-gritó la aldeana.
-Pero pensar un momento: ¿queréis gastar tiempo y esfuerzo en quemar al mago con sus consecuentes consecuencias? o ¿ dedicar tiempo y esfuerzo por todo lo bueno que amáis en este mundo?-Preguntó Ian a la ciudadana.
-Baje la jodida antorcha señora, está hablando con guardias de Amn.-aclaró Jania con autoridad.
Durante un tiempo más los acalorados aventureros hablaron convenciendo a la turba de ciudadanos, especialmente a la líder, esto comenzó a generar conversaciones y susurros entre todos hasta que finalmente la líder se rindió apagando su antorcha con los ojos cerrados. Está claro que todos los ciudadanos temen que la situación vuelva a peor, temen a Balagos y los magos desviacionistas no hacen más que atormentar la tranquilidad de estas personas inocentes.
No hace mucho habían comenzado los rumores y hechos reales acerca de los magos desviacionistas liberados por Balagos la perdición de dragones, un temido nombre tanto en Amn como en tierras de elfos Weldazh.
La noche se tornaba oscura, la joven discípula Paz caminaba en dirección a Agujas de Oro, en cercanías de la entrada principal de Athkatla y un escándalo que llamó su atención. Claramente este incidente también atrajo la atención de estimados colegas.
Una turba furiosa, con sus antorchas encendidas al rojo vivo, gritaban:
-¡Muerte! ¡Muerte al Mago!
Los guardias de la ciudad intentaban con dificultad mantener vivo a este criminal, un mago que venía custodiado. Lo crean o no, incluso dos miembros de la guardia fronteriza se acercaron a observar, juzgando el ambiente si debían ayudar a mantener la calma.
En aquel momento, los buenos aventureros comenzaron a debatir y utilizar todas sus herramientas para disuadir a los aldeanos de tomar justicia por mano propia. Paz en cuanto vió las intenciones malévolas de las personas decidió que lo más seguro sería esconderse detrás de sus amigos, Dhaunae, Arthal y Sharlarion para no ser atacada por sus rasgos draconianos.
Se admiró cuando vió a un joven bardo adelantarse con su laud y tocar su música mágica para calmar el ambiente de los aldeanos, a la vez que con un caballero celestial Gwynian Largoristre le ayudaba con palabras convincentes a detenerse.
Una mujer de la muchedumbre alzó su voz, al parecer la líder de la muchedumbre.
-¡No, el mago debe morir, tiene el sello en las manos que dicen los magos encapuchados, es uno de los fugados! ¡Si lo quemamos la orden nos pagará dinero, además, quemenlo! ¡Son los culpables de las desapariciones en los últimos días!
-Ejem... por favor, os pediría que os fuerais a casa, la guardia ya hemos arreglado todo este asunto, el hombre irá de nuevo a Spellhold-Dijo uno de los Cabo de la guardia de Athkatla.
-¡Nosotros no somos gente que usa magia, ellos son los culpables de todo lo malo! ¡Por eso el dragón Balagos los ha traído, son sus siervos!-gritó una Aldeana.
-¡Ahora tendremos que volver a entregar a nuestras hijas en sacrificio!-exclamó la líder de los aldeanos-¡Todo por los siervos de Balagos, deben morir bajo la antorcha!
En ese momento incitado por la confianza de la enmascarada aventurera, el bardo Ian tomó su guitarra y tocó una tonada tranquilizadora para calmar a los aldeanos.
-Yo... no soy un siervo de Balagos, señora. Es verdad que me llevaron a la prisión hace unos años por cometer crímenes en Amn, solo quería largarme de allí-habló el mago fugado.
-oh buenas gente de Amn, no es necesario recurrir a métodos draconianos, confiemos en la justicia-Dijo de manera muy convincente Ian el bardo.
Paz se sintió algo ofendida acerca del término draconianos, pero entendía que no se referían a ella, más bien, todo esto tenía que ver con ese maldadoso dragón rojo.
-No os comportéis como animales-negó Gwynian alzando su voz hacia la turba meciendo su mentón-Nada resolverá quemar a un hombre desviacionista. Simplemente han aprovechado la oportunidad para fugarse.
-si lo ejecutamos ahora, no seremos mejor que ese terrible dragón.
A la vez que se suscitaban estas palabras de disuasión, Jania y Cadde suscitaban en susurros planes si todo se salía de control.
-Si la palabra del bardo no funciona, tocará intervenir como esto escale…-susurró Cadde.
La hermosa melodía de Ian calmaba a los ciudadanos, sin embargo aún observaban al mago con cierta furia.
-Esta gente no ha sido puesta en Spellhold porque sí. ¡Este infeliz era conocido por quemar gente en Athkatla por diversión!-gritó y rompió el silencio la ciudadana que lideraba.
-Y por eso le hemos llevado a la prisión mágica-dijo suspirando con una mano en el pecho uno de los cabos de la guardia.
-lo mejor es que actúen los magos encapuchados, es lo más justo en estos casos, pues son la autoridad magia del reino-dijo convencido Arthal a las gentes.
-E-Es cierto que lo hice, pero he aprendido de mis errores, je... solo quiero salir y poder largarme de Amn, y quitarme esta... condenada marca que llevo en la muñeca, no me deja usar mi magia libremente.-confesó el mago desviacionista Pirómano.
-¿Podéis asegurar que este arcano no es aliado de Balagos? ¿Qué haremos ahora que el dragón está más interesado en Amn que antes? Tendremos que sacrificar a nuestras hijas denuevo para la sierpe?-dijo la ciudadana preocupada, aquella que estaba delante incitando la violencia.
-Este hombre por sus actos, cumple sentencia y ha sido apresado nuevamente, tomaros la justicia por vuestra mano no es justicia, la muerte de este hombre no os otorgará paz alguna.-Dijo Negando Gwynian- La venganza sólo trae desolación.
-Será mejor que hagáis caso, señora. Lo llevaremos al distrito gubernamental, a la sede de los magos encapuchados.-Aconsejo el cabo de la guardia a la ciudadana.
-No soy diplomático, pero esta gente busca una garantía…-añadió Cabbe.
-¿Garantía de que? Se amenaza a guardias de Amn con antorchas en mano....le respondió su compañera Jania.
-¡No amenazamos a la guardia! Solo al desviacionista.-gritó la aldeana.
-Pero pensar un momento: ¿queréis gastar tiempo y esfuerzo en quemar al mago con sus consecuentes consecuencias? o ¿ dedicar tiempo y esfuerzo por todo lo bueno que amáis en este mundo?-Preguntó Ian a la ciudadana.
-Baje la jodida antorcha señora, está hablando con guardias de Amn.-aclaró Jania con autoridad.
Durante un tiempo más los acalorados aventureros hablaron convenciendo a la turba de ciudadanos, especialmente a la líder, esto comenzó a generar conversaciones y susurros entre todos hasta que finalmente la líder se rindió apagando su antorcha con los ojos cerrados. Está claro que todos los ciudadanos temen que la situación vuelva a peor, temen a Balagos y los magos desviacionistas no hacen más que atormentar la tranquilidad de estas personas inocentes.
Offtopic :
Muchas gracias a DM Ymir por la escena y dar la oportunidad de que cada personaje jugador pudiese expresarse. No esta todo lo hablado, pero si parte de ello, era mucho mucho, tampoco guarde imágenes, agradecería de alguno me coopera con ellas