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Typhon

Khonrak

Cuenta secreta de Kronos
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La fría noche abrigaba la tranquinla villa norteña. Era un pueblecito discreto y se vivía con cierta comodidad, dedicados a la pesca y comercio de las pieles y herramientas teníamos suficiente para vivir y ahorrar un poco, ya que vivir en la frontera del norte con las tierras del sur trae ciertas ventajas comerciales. Esta sería la historia de un muchacho normal, si no fuera por lo que sucedió.

Desde hacía varias semanas una enfermedad azotaba la aldea, sin explicación algunas bestias enfermaron y a la vez sus cuidadores, los cuales caían en cama con unas fiebres terribles y muy contagiosas, numerosas y crecientes llagas en la piel las cuales supuraban enfermedad por sus poros. La situación parecía desesperada, los curanderos no supieron como atender la enfermedad y también calleron...la gente se atrincheraba en sus casas y negaban la ayuda a cualquiera...hasta que la situación se hizo insostenible.

Llegaron de noche, con sus relucientes armaduras y el sonido de los cascos de sus monturas. Al llegar el numeroso grupo de guerreros los aldeanos se fijaron en los estandartes que portaban y vieron al bendito salvador en él, Uno de ellos, con un gran yelmo dorado se adelantó y sacó una brillante espada plateada.

-Salgan los aldeanos! La ayuda ha llegado!

Los aldeanos abrieron sus puertas con lágrimas en los ojos, dejando a los moribundos en sus camas para dar la cálida bienvenida a los guerreros de la luz que ivan a ser sus salvadores, todos salieron, mujeres...niños....

al ir agolpandose todos en la plaza, unos de ellos que parecían ser clérigos lanzaron bendiciones sobre los caballeros, y entonces....

caballeros! Esta gente lleva el mal en sus cuerpos! Nuestro deber es liberarlos de ese mal y ayudarles a alcanzar la salvacion!....Desenvainad!!!

una multitud de sonidos de acero al desenvainar cubrió el lugar, debidamente rodeado para evitar la escapatoria de la pobre gente.

Recordad! La muerte será su salvación! No podemos dejar que la enfermedad se extienda...¡Cargad!

Los caballeros de brillante armadura cargaron contra la muchedumbre indefensa, los llantos y gritos de los inocentes inundaron el valle, a medida que avanzaban las casas ardían, el fuego purificador que predicaban varios de ellos...cegados por la fé.
Aquel muchacho del que trata la historia contempló aterrado como su gente iva siendo aniquilada por la espada sagrada de los caballeros que todos admiraban, sin nisiquiera haber intentado ayudarles primero, quizás sus clérigos tan poderosos podrían haber echo algo...almenos por los que no estaban infectados aún...ahí no importaba nada, No hubo piedad...la piedad que tanto impartían sus palabras.

El muchacho corrió asustado pero para su familia era tarde. Su padre fué el primero en caer por la espada, intentando proteger a su familia. Su madre corrió junto a el con el bebé en brazos y el muchacho encontró en el suelo el vielgo junto al cuerpo del granjero que todas las mañanas le saludaba y le sonreía mostrando su escasa dentadura, con su sombrero de paja manchado de sangre. Con lágrimas en los ojos lo agarró y logró escabullirse entre la muchedumbre, pero cuando casi había alcanzado la salida una flecha se clavó en su hombro, tirandolo al suelo, haciéndole rodar y morder el polvo, El caballero de la brillante armadura dorada se acercó a paso lento, rechinando la armadura a cada paso que daba...en su mirada había algo que lo hacía distinto a los demás.

-El mal debe ser erradicado...*una brillante luz blanca le rodeó* acercandose a la madre y su hijo, que horrorizadas en el suelo veían su muerte próxima.

-Piedad!...porfavor! No estamos infecUgh!!!

La espada del brillante caballero ensartó a la mujer, castigando al mal, la cual ahogó su ultimo aliento de vida y calló con el bebé en brazos, que lloraba desconsoladamente. El muchacho contempló horrorizado cómo el caballero subía y bajaba la espada...una vez....otra....y otra.... y al levantar la cabeza para ver al muchacho, con su armadura dorada manchada de sangre inocente se pudo comprobar un brillo distinto...quizás...placer.

-No hay lugar en el mundo para el mal que llevas en el cuerpo....sométete.

El muchacho, en un arrebato enloquecido cogió el vielgo y corrió para ensartar como a un cerdo al caballero con un futíl grito de ira...éste no tubo problema en cortar en tres trozos la herramienta del muchacho y tirarlo al suelo de una patada, que acompañó de un mandoblazo para acabar con él. Pero éste lo pudo esquivar con suerte y corrió hacia el bosque donde le persiguieron durante varias horas...grácias a que conocía el terreno pudo esconderse y sobrevivir.

Cómo sobrevivió y continuó su vida es otra historia que se contará en otro momento...pero en su interior solo había odio, un profundo y desmesurado odio hacia todos esos idolos y caballeros del bien, ante esos falsos salvadores...solo ansiába poder....el podér de acabar con ellos y darles la salvación que tanto querían...el poder para que sintieran el sufrimiento que sus actos provocaron...Sólo había lugar para el odio.
 

Gwail

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Oh sí, es tan purulento como me lo contaste. A ver si escribo yo la historia del monje que te dije que tenía en mente :D
 
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