Sariel
Enano sin acento ruso
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La joven de cabello platino se encontraba en su habitación en una pequeña taberna, donde las luces titilaban débilmente y el bullicio del exterior apenas se filtraba. Rodeada por la atmósfera acogedora de la taberna, la chica se sumía en sus pensamientos.
Había llegado el momento de tomar una decisión que cambiaría su vida. Extendió sobre la mesa un mapa lleno de rutas y lugares marcados. Los susurros de los clientes y el tintineo de las copas en el piso de abajo creaban un murmullo de fondo mientras ella revisaba sus notas, repasando los detalles de la leyenda de aquella sabia dragona que parecia morar en la infraoscuridad.

La joven contemplaba la vela que ardía en la esquina de la habitación, su luz parpadeante reflejándose en sus ojos. La taberna ofrecía comodidad, pero su corazón anhelaba la aventura, el conocimiento y el desafío que ese objetivo podía ofrecerla.
Finalmente, con un suspiro decidido, se levantó de la mesa y ajustó la capa que colgaba de sus hombros. Miró fijamente el espejo, encontrando en su reflejo la valentía necesaria para llevar a cabo su elección.
"Es hora", murmuró consigo misma. Salió de la habitación, dejando atrás la seguridad de la taberna y encaminándose hacia el desconocido, con el destino del hogar de aquella plateada dragona en su mente y el deseo ardiente de aprender de la majestuosa criatura, pero antes de eso, había cosas que cerrar.
Con su misión clara, la joven comenzó a elaborar mentalmente una lista de personas que la acompañarían en su búsqueda. Se detuvo a considerar a individuos con habilidades diversas y valiosas para garantizar el éxito de su empresa.
Sabía que debía enfrentarse a la posibilidad de que algunos de los nombres en su lista podrían no estar dispuestos a unirse a su causa. Respiró profundamente y asintió, aceptando que, si la ayuda no venía de los compañeros que tenía en mente, tendría que recurrir a esa otra persona que rondaba en sus pensamientos.
La respuesta de los consultados fue variada. Algunos mostraron entusiasmo y aceptaron de inmediato, intrigados por la idea de enfrentarse al desafío. Sin embargo, otros expresaron dudas o rechazo, preocupados por los riesgos asociados con la empresa.
Ante esta realidad, la joven recordó a esa otra persona, aquella a la que había considerado como último recurso. Una figura misteriosa que poseía habilidades únicas y una reputación en la región. Aunque no era su primera opción, la muchacha comprendió que a veces la ayuda viene de donde menos lo esperas, si no podía hacer de otra forma, recurriria a ella.
Había llegado el momento de tomar una decisión que cambiaría su vida. Extendió sobre la mesa un mapa lleno de rutas y lugares marcados. Los susurros de los clientes y el tintineo de las copas en el piso de abajo creaban un murmullo de fondo mientras ella revisaba sus notas, repasando los detalles de la leyenda de aquella sabia dragona que parecia morar en la infraoscuridad.

La joven contemplaba la vela que ardía en la esquina de la habitación, su luz parpadeante reflejándose en sus ojos. La taberna ofrecía comodidad, pero su corazón anhelaba la aventura, el conocimiento y el desafío que ese objetivo podía ofrecerla.
Finalmente, con un suspiro decidido, se levantó de la mesa y ajustó la capa que colgaba de sus hombros. Miró fijamente el espejo, encontrando en su reflejo la valentía necesaria para llevar a cabo su elección.
"Es hora", murmuró consigo misma. Salió de la habitación, dejando atrás la seguridad de la taberna y encaminándose hacia el desconocido, con el destino del hogar de aquella plateada dragona en su mente y el deseo ardiente de aprender de la majestuosa criatura, pero antes de eso, había cosas que cerrar.
Con su misión clara, la joven comenzó a elaborar mentalmente una lista de personas que la acompañarían en su búsqueda. Se detuvo a considerar a individuos con habilidades diversas y valiosas para garantizar el éxito de su empresa.
Sabía que debía enfrentarse a la posibilidad de que algunos de los nombres en su lista podrían no estar dispuestos a unirse a su causa. Respiró profundamente y asintió, aceptando que, si la ayuda no venía de los compañeros que tenía en mente, tendría que recurrir a esa otra persona que rondaba en sus pensamientos.
La respuesta de los consultados fue variada. Algunos mostraron entusiasmo y aceptaron de inmediato, intrigados por la idea de enfrentarse al desafío. Sin embargo, otros expresaron dudas o rechazo, preocupados por los riesgos asociados con la empresa.
Ante esta realidad, la joven recordó a esa otra persona, aquella a la que había considerado como último recurso. Una figura misteriosa que poseía habilidades únicas y una reputación en la región. Aunque no era su primera opción, la muchacha comprendió que a veces la ayuda viene de donde menos lo esperas, si no podía hacer de otra forma, recurriria a ella.
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