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Un cuaderno de negra tinta

Breye

Pomo de Puerta de Baldur
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Wakame

Entre la maleza firme se alza
Zarrapastrosa, de barro manchada
Desaliñada, seguramente descalza
Pero no por ello menos preparada


De duro rostro y necesitada de caridad
Aunque inocente y de espíritu jovial
Encomiable siempre es su valor y habilidad
Es imposible encontrar a alguien igual


La madera cruje cuando la cuerda se tensa
Con ojo avizor vigilando a su presa
Saboreando ya la preciada recompensa
Tener un sentido en esta difícil empresa


Dispara y sus cabellos se mecen en elegante caída
Cada flecha un aviso que da a la vida
Por este sendero seguirá su caminar
Mientras tenga un objetivo al que apuntar
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Breye

Pomo de Puerta de Baldur
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Adiós, Padre


Como el viento que no llega a mecer las olas
Como el filo sin lustre de la katana
Temía los momentos contigo a solas
Recuerdo aún tu fría mirada de desgana.


Nada de lo que hiciera era suficiente
Los cerezos en flor se marchitaban
Entre ambos, quebrado el puente
Las garzas con tristeza marchaban


Padre, solo quedaba el respeto
Todo lo demás sin cesar se ahogaba
Pensabas en mi como un mero objeto
Lo que yo sintiera poco importaba


Pero algo debes saber de la serpiente
Sin cuidado siempre acaba mordiendo
En un solo segundo, súbitamente
Pudiste sentir dolor, veneno ardiendo


Aunque ahora con otros ojos me quieras ver
Tu ambición en mí ya nunca más vivirá
Cual hermosa camelia podré florecer

Y todo el mundo mi nombre conocerá


Haikus: El hogar

¡Oh Kozakura!
Infinita Nostalgia
Belleza sin par

Katana en alza
El gran Shogun avanza
Gloriosa nación

Cerezos en flor
Sake, sushi, música
La felicidad
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Breye

Pomo de Puerta de Baldur
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Dhauna Darvae​

Oid, acercaos, la historia que me han contado, de una mujer perteneciente al rebaño sembiano, pero que solo lleva la piel, pues por debajo es una loba. Dicen los rumores que tenía una gran amistad, que Dhauna Darvae la amaba sin par, pero que trágica noche un suceso llegó, y la que era su confidente sin querer la dañó. Más no fue ese el momento que Darvae fuera a saltar, esperó y esperó, esperó lo suficiente, completamente silente, para que su joven amiga no pudiera escapar. Años después, mesas se dieron la vuelta, los cristales se rompieron, pues su ira y su recelo con fuerza salieron, la venganza había llegado. Una marca, bien profunda, para siempre dejar, a la pobre chica Darvae la quiso destrozar. Su cara nunca volvería a ser la misma, pues una cicatriz rompería su carisma, no solo su aspecto si no su mente fracturó. No bastaba solo la herida para satisfacerla, quería que su vida nunca fuera perfecta. Lejos la mandó, dónde nadie pudiera verla, lejos, sin libertad y con buenas cadenas. Antaño una sirvienta, ahora una esclava, marcada, torturada y bien alejada. Los años pasaron y allí se quedó, pobre, sin vida, por un solo error.

Y es que el corazón de Dhauna es de hielo puro, frío, impenetrable y realmente duro. Amores han caído a sus pies, solo porque los necesitaba usar, no por querer. Ha destrozado a cualquiera que en medio se pusiera, pues ella solo quiere oro y nadie más a su vera. Un monstruo con rostro de doncella, cuantos habrán perecido bajo esa mirada tan bella. Su fachada impenetrable finge buenas sonrisas, incluso escucharás risas, pero si te considera culpable el tiempo llegará en el que su venganza se cobrará. No podemos decir que esta mujer sea honesta, ni buen corazón tenga ¿De verdad queréis comercios dirigidos por una líder de tal calaña? Alejaos de los sembianos, pues su líder bien podrida está por dentro, sus artículos de sangre y engaños llenos, no os acerquéis o podréis ser los siguientes, pues Dhauna Darvae no es una comerciante, si no un monstruo.


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Breye

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Despedida con olor a Jazmín​

Una carta lacrada con un olor floral y dulzón, quizá demasiado intenso para algunos. El papel, negro como el carbón; el sello, de un tono morado profundo.

Destinatarios: Yuma y Kanbei. Remitente: Dokuhebi Hana.

Una vez abierta, el contenido se presenta en letras blanquecinas, trazadas con una caligrafía exquisita. Cada kanji parece una obra de arte única.

La carta reza así:


Estimados Yuma y Kanbei:

Lamento que mi despedida sea a través de un medio con tan poco estilo como este papel, tan impropio de mí, pero temo que no podré volver a Faerûn, por más que me habría gustado.

Es difícil empezar a narrar esto. Aunque la palabra siempre haya sido fácil para mí, hay ocasiones en que el corazón está tan colapsado que las frases salen de forma brusca. Simplemente relataré lo que pasa por mi mente, para que lo sepáis.

Conoceros supuso un cambio drástico en todo lo que creía conocer. Mis estándares se vieron sacudidos, mi paradigma gravemente alterado, mi visión del mundo trastocada. Tenía claras muchas cosas, y una de ellas era que solo Hana importaba. Yo era la única que merecía aprecio, respeto y tiempo.

Colaborar con vosotros, conoceros, ayudaros... maldita sea, reír junto a vosotros me cambió totalmente. Empecé a replantearme decisiones del pasado; empecé a cuestionar si mi falta de escrúpulos había sido acertada, o si todo lo que había hecho realmente merecía la pena. Me di cuenta de que vivía una vida velada por una tela oscura, creyéndome más, creyéndome mejor de lo que ya era.

Mis idas y venidas a la patria no han sido viajes de placer. Alguna vez os conté que mi hermano había fallecido, pero lo que nunca os revelé es que fue por mi propia mano. No buscaré excusas vanas para justificar lo que hice: las circunstancias y mi vida me condujeron a esa decisión, que en su momento estimé como la correcta. Pero ahora me doy cuenta de que fuimos dos piezas en un tablero mucho más complejo.

Finalmente he decidido entregarme y he confesado tal acción, por honor al nombre de mi hermano, por mis propios remordimientos, y por el buen hacer. La sentencia ha sido firme: mi ejecución inmediata, por la mano de mi propio padre. Irónico y de mal gusto.

Seguramente, en el momento en que estéis leyendo este papel —por el que he pagado una cantidad ingente de dinero para asegurarme de que llegue a su destino, estéis donde estéis—, ya habré fallecido. Me reuniré con mis ancestros, con mi hermano, y por fin podré ver a los dragones, que desde niña he soñado contemplar.

Espero que en vuestra memoria quede mi grandiosidad y mi estilo, que ya no podré llevar a nuestras pequeñas aventuras ni a nuestras reuniones de negocios.

Despedíos por mi de los demás, de Isao, de Kazuma, de Kai, de Lili... De aquellos que sumaron granitos de arena a este vacío corazón.

Volveremos a encontrarnos junto al Emperador Celestial.

Anata-tachi ni aete... yokatta wa. Sayōnara, itoshii hito-tachi.
Haberos conocido… fue lo mejor. Adiós, mis queridos.


Dokuhebi Hana​
 

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