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Un drow sale de su cubil

duBal

Shevarasita que habla bajito
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<<Talthalra>>, de la boca de un encapuchado sale una palabra repetida numerosas veces. Son varios los que lo han visto deambular por el puerto invocando alguna especie de acuerdo, a la manera de un emisario que exige parlamento estando a las puertas de un conflicto mayor. Por lo que algunos dejan entrever, la oscura figura casi manifiesta a través de sus ojos rojos y apetentes el deseo de un encuentro con alguna figura relevante de la política muranní.

Quienes le responden lo hacen nombrando al Bajo Consejo. Y eso es, finalmente, lo que el encapuchado parece estar buscando: a un consejero.​
 
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duBal

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Nada más saberse la noticia de la entrada del encapuchado al edificio del Bajo Consejo, Murann despertó a la mañana siguiente con una visión inusitada, la de un drow portando las cadenas de la esclavitud. Para muchos de los curiosos el pensamiento era compartido, <<un cazador cazado>>. Como un ave exótica encerrada en una jaula de oro, al drow se le permite ser el guardaespaldas del Guardián Sondakur, el único ogro hechicero presente entre los consejeros. Mientras este no lo necesite su tiempo transcurre, sin embargo, en las minas kóbold, extrayendo hierro para los intereses del Imperio.​

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Nadie esta vez, salvo las estrellas y Bruma, la mujer que velaba sus pasos, fue testigo de la derrota que el drow sufrió a manos del consejero Mordekul. Su duelo se dio con los últimos coletazos de la actividad nocturna, a expensas de un pacto de silencio acordado entre las dos partes. El Guardián Sondakur no se enteraría de la transgresión del tanarukk si su propiedad era dañada mientras que el esclavo, por su parte, obtendría la oportunidad de medir la Fuerza que el bestial maestro de armas tanto predicaba. Sus mandobles chocaron con estruendo y heridas de sangre y de orgullo fueron todo cuanto Mordekul dejó atrás al alzarse con su victoria. Pero lo que este no esperaba era encontrarse a un rival tan o más sádico que él. El drow disfrutó con su propio dolor. Hasta la última gota.

Después de aquello puede que ambos se tomaran como enemigos o, si la sangre derramada los estrechaba fuertemente con sus lazos, quizás en individuos afines.​
 
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Su espada era solo la segunda cosa que mejor se le daba.

Cuando el cuerpo está encadenado solo la mente puede ser libre y, habiendo interiorizado sus propias reflexiones, el drow comprendía mejor que nadie el valor de la intriga y las peligrosas artes de la seducción. Sondakur, Bruma, Agaroth e incluso en menor medida la asesina que respondía al nombre de V; sobre todos ellos iba extendiendo su telaraña de una u otra forma. Desplegando con unas sus encantos y, con otros, su perspicacia y conocimientos, se estaba convirtiendo en uno de los esclavos mejor valorados de Murann. Aunque algunos lo tomaran por conformista en realidad era un jugador hábil. Quién sabe durante cuánto tiempo sería capaz de mantener su estatus. Por el momento no había perdido el halo de cautela que irradian los de su raza hacia los demás.​
 
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Ul-llindith.

Alguien había descubierto una vulnerabilidad en él y eso podría suponerle un problema. Necesitaba centrarse de nuevo en el camino de la espada. Pensar qué hacía allí. Su porqué. El reloj de arena agotaba los últimos granos y era necesario darle la vuelta para reiniciar el conteo. Necesitaba despertar a su yo dormido. Su energía interior. Para eso se levantaba cada mañana antes de tener que entrar a las minas de hierro, para poner el foco en su entrenamiento marcial y eliminar cualquier otra cosa de su cabeza. Viajeros itinerantes podían verlo bajo los acantilados de la costa soportando la aspereza del viento y las sorpresas que deparaba la marea. Un drow obsesivo consigo mismo. Hambriento de sufrimiento y desesperación, como si ambas palabras estuvieran ligadas a su propio progreso. Sentía que la resolución a su primer dilema en la Superficie estaba cerca y debía estar preparado para ello.​
 
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Todos lo desconocían. Todos fueron engañados. Solo Sondakur lo sospechó y, sin embargo, terminó aceptando su ofrecimiento, pues pocas cosas se igualan a tener de juguete a un drow.

Lo perseguían desde Ust Natha para capturarlo, así que urdió un retorcido plan para eludir a quienes lo buscaban: ofrecerse como esclavo para pasar de ser un forastero sin derechos a una propiedad protegida por la Ley Imperial en un mismo día. Él mismo se procuró un amo digno de serlo, quizás favorecido por su audacia o, tal vez, solo por azares del destino. Quienes acechaban en las sombras tuvieron que buscar una forma mejor de echarle el guante al no poder simplemente recurrir a su nula relevancia.

Su plan solo le generó un inconveniente: la esclavitud misma. Se vio obligado a destruir su orgullo, a morder polvo y a pensar que, hiciera lo que hiciese, no sería dueño de sí mismo. Pero tenía la paciencia o mejor dicho, la convicción. En su fuero interno sabía que algún día lograría zafarse de sus argollas y que aquello solo quedaría como un obstáculo más en su camino. ¿Qué importa cuán bajo se caiga y durante cuánto tiempo, teniendo la fuerza para levantarse de nuevo?

En el tiempo que medió entre su llegada y la conclusión de su periplo, utilizó todas sus artes para influir sobre el resto de consejeros de la Cámara baja. Mordekul, Agaroth, Schezalle, cada uno de ellos quería algo distinto de él, mientras que él quería lo mismo de todos ellos. No le importó si les motivaba la envidia o el deseo. Solo que convencieran al ogro hechicero de que era mejor tenerlo suelto que encadenado. Y lo logró. Necesitó cambiar sus cadenas de servidumbre por otras de lealtad, pero consiguió ser libre.

Libre, como soldado del Ejército del Murkul y ciudadano imperial.

Libre para tomar una muerte rápida en la trituradora de la ambición o para convertirse en el terror de sus enemigos.

Su nombre es Zakarel, el Danzarín Sanguinario.

Guerrero de la Profecía Sangrienta.

Offtopic :
Muchas gracias a todos aquellos que han acompañado a mi personaje en este maravilloso viaje inicial. Gracias por vuestros roles y vuestra ayuda. Gracias en definitiva por contribuir con la historia de mi drow. Se os quiere.
 
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Desapareció en su mejor momento, dejando atrás a todos los que valoraban su presencia. Al que fue su patrón, al que fue su maestro, a su presa más esquiva, a su sicaria de confianza, a la que colmaba sus deseos e incluso al que jugaba con ellos como agente del caos. ¿Y por qué lo hizo? Simple y llanamente por supervivencia.

En el Enclave una misteriosa vidente drow había predicho su muerte. En un principo Zakarel se jactó de ella. Su vida era un péndulo que oscilaba constantemente entre dos extremos y en ambos estaba su final. Para él aquella revelación era como decir que una ola rompería en algún punto. Sin embargo las palabras de la hembra desbordaban no solo seguridad sino también un ánimo sobrenatural. El Danzarín pensó. Había dispuesto el ataque a Kazäd Grômdal para granjearse el favor de los duergar pero no estaba saliendo según lo planeado. Su instinto le enviaba señales de que algo no marchaba bien. Y la lectura de que aquella empresa sería su tumba bien merecía ser una frase lapidaria.

<<Házselo a los demás antes de que te lo hagan a ti">>. A Zakarel le encantaba ser abanderado de los dichos y proverbios drow y justamente acababa de encontrar uno para la ocasión. Pero en el preciso instante en el que se disponía a pagar por los servicios de la vidente y zanjar el asunto esta lo apresó por la muñeca para advertirle de que esfumarse no iba a ser suficiente. A continuación depositó en su mano un prisma de cristal y se despidió añadiendo que aquel objeto lo mantendría a salvo.

En los días venideros no paró de observar mañana y noche el prisma y de meditar sobre lo lento que avanzaba su destreza con respecto a los peligros que le acechaban. Comenzó entonces a considerar que necesitaba plantearse un cambio. Mientras lo hacía, cada cara del prisma parecía retorcer su reflejo, deformando la visión que el drow tenía de sí mismo. De un momento a otro se vio tentado a seguir manifestando sus dudas, sospechas y temores, como si al otro lado hubiera un confidente dispuesto a escuchar y sentir todo lo que tenía que expresar o exteriorizar. Y lo hubo.

Cuando Zakarel se dio cuenta de la manipulación en la que estaba cayendo decidió partir el cristal, pero aquello solo hizo por estropear más las cosas. De entre los fragmentos rotos emanó una oscuridad que el drow aspiró forzadamente. Tras vencer el sobresalto inicial, pronto se dio cuenta de que algo lo estaba poseyendo. Era nada más y nada menos que un demonio de las sombras.

La cuestión de por qué no consumió rápidamente su ser pasó a ser un enigma. El demonio lo necesitaba y así se lo hizo saber mientras él luchaba por conservar su cordura. Todo cuanto les separaba podía ser resuelto mediante un pacto. Zakarel había visto a través de Demonus y de Mordekul los peligros de negociar con demonios, pero la posibilidad de evadir lo inevitable era demasiado fuerte como para ignorarla. Así pues uno y otro sellaron finalmente su compromiso mutuo. Quizás el drow llegase a arrepentirse, pero de momento el poder para progresar y el objetivo a quien culpabilizar de su ausencia y posterior regreso tenía nombre: Veelion el Instigador.​
 
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