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Un giro del Destino

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El que aplaude en los discursos Zhent
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10/11/21
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UN GIRO DEL DESTINO

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Desde que su aptitud para la magia de adivinación quedará sellada, Kalren se había visto obligado a guiarse por sus intuiciones. Estas se habían presentado últimamente en forma de corazonada esperanzadora, a pesar de que La Bruma debería haberle arrebatado el ánimo como hizo con la mayoría.

Pero entonces, ¿porque el taciturno Solar se mostraba confiado precisamente en un momento tan aciago?

Era el simple hecho de que no creía en las casualidades. No podía ser fruto del azar su llegada al Enclave de Tezhyr justo cuando Joneleth Irenicus -el archienemigo del Pueblo- decidió completar la venganza que llevaba macerando durante siglos, atacando desde el Páramo Sombrío ni el hecho de que Kalren mantuviese un oportuno y singular vínculo con dicho Plano. Tampoco cuando sintió la necesidad de participar en el ritual de Consagración Lunar que terminó por revelarle su pasado por accidente. Menos aún cuando aquella sacerdotisa de la Reina Cuervo conocida como La Profeta le otorgó esa Visión tras auxiliar a su grupo a cambió de un siglo de sus recuerdos. Ni de como Sylwen fue capaz de canalizar el poder del Seldarine para consagrar el Puente entre Dos Mundos. No pudo ser fruto de la casualidad que aquel Alto Mago Élfico hubiera acabado atrapado en el Enclave a causa de la Bruma para después hacer las veces de tutor temporal en el arte del Arselu'Tel'Quess, ni que el Rothomir les salvara del primer asalto de Joneleth cuando todo estaba perdido, dándoles un tiempo valiosísimo para contraatacar, como tampoco fue coincidencia que su servicio como guardián de la Dendravoz Aelindar le hubiera acabado sirviendo para obrar como diplomático del Pueblo Tel'quessir ante la Cumbre del Norte, mientras que sus compañeros abatían a aquellos vampiros que se aprovechaban de la Bruma para sus propios intereses.

Como explicar mediante la suerte, que aquel grupo de Tel'quessir que Sylwen lideraba -y a los que ahora Kalren podía considerar su nueva familia- habían tenido éxito, por improbable que este pareciera, en cada uno de los épicos desafíos que se habían ido presentando, ni mucho menos que figuras de renombre inalcanzable, como aquel famoso Archimago -al que culpaba por la destrucción de Myth Drannor- se hubieran interesado nuevamente por la causa de su Pueblo, contribuyendo al Exilio de Irenicus.

Hebras del Destino que se entrelazaban en el tapiz que un sastre desconocido tejía para un propósito que les era tan ajeno como favorable. Todo por cuanto pasaron les había conducido hasta aquí, a preciso instante, pues con la desaparición de Irenicus y de la Bruma, se abría una ventana de oportunidad sin precedente para cumplir La Promesa que la sacerdotisa de Sehanine hiciera a su antiguo Pueblo, los elfos de Suldanessalar secuestrados y arrastrados al Sombrío por aquel que ahora, con el esfuerzo de todos, había sido desterrado.

La esperanza radicaba ahora en el sortilegio que Eryndor les legó -y que terminó por acabar con su vida-. El peligroso conjuro prometía permitirles irrumpir en el Plano Sombrío para traer de vuelta a sus hermanos. El hechizo de Transposición Planar Invertida, Alta Magia Élfica.

Los tres arcanos -Nyvara, Yrathea y el mismo Kalren- habían estudiado el idioma antiguo para proceder con el conjuro. El grupo en si había trabajado en sus componentes: un lugar consagrado que compartiera naturaleza con el plano de origen, la esencia de una criatura poderosa del plano de origen y otra del plano de destino y un objeto que tenga significado para aquellos que serían traídos desde el otro lado.

Más una última consigna: Su voluntad de hacerlo.

Sylwen debería comunicarse con su antiguo pueblo, un mensaje a través de los Planos para rogarles que no ofrecieran resistencia a lo que estaba apunto de acontecer.


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Y así, en el momento indicado, el grupo de Tel'quessir comenzaría el ritual. El lugar indicado sería el Desfiladero Maldito, que rebosaba energía negativa. Nyvara y Kalren empezaron con la inscripción de las runas indicadas, y luego con los primeros compases del conjuro.

Cuando las mentes de sendos arcanos estuvieron en perfecta sincronía, incluso llegando a percibir las sensaciones del otro durante el trance arcano, unas llamas púrpuras aparecieron en el área consagrada para el propósito, y a medida que ambos arcanos permanecían concentrados durante todo el tiempo que el sortilegio requería, iba manifestándose un portón de sombras gigante frente al grupo.

Era el momento de Sylwen, su consorte Lilianna, Kyathel e Yrathea de mantener a raya a cuanto decidiera cruzar dicho Portón con actitud hostil, hasta ganar suficiente tiempo como para que los elfos al otro lado pudieran alcanzarlo.

Y así fue como durante las horas que estarían por venir, los tres elfos y la humana enfrentaron a toda una suerte de espectros, bodaks, noctámbulos y demás criaturas nativas del Plano de las Sombras, mientras los dos arcanos mantenían su concentración en el conjuro que mantenía abierto el sombrío portón. Más de diez horas de cánticos y gestos somáticos que tendrían su pago en los días que estarían por venir, si es que llegaban a verlos.

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Las inscripciones del conjuro empezaban a advertir que el propósito de los Tel'quessir estaba cada vez más cerca, la concentración de los arcanos permanecía imperturbable y el grupo se mantenía estoico ante los envites de sus lúgubres enemigos, pero entonces...

Dos impotentes seres incorpóreos y oscuros, obligados incluso a agacharse para cruzar el, ya de por sí, gigantesco umbral, se presentaron ante el grupo. Dos Grandes Sombras que se alzaban más de diez metros... Kalren, en su comunión arcana con Nyvara, sentía los impulsos por actuar de la arcana como suyos propios. No había alternativa, debían combatir los seis esta vez, aún cuando el dúo arcano únicamente pudiera lanzar conjuros instantáneos, reservando su concentración para el hechizo ritual que mantenía el portal abierto.

El combate fue desesperanzador. Las gargantuescas Sombras parecían evitar todo tipo de ataque, las espadas apenas las impactaban, y los conjuros eran resistidos. Sus golpes eran capaces de sortear cualquier armadura y drenar el espíritu de aquellos que acertaban a tocar. Aún sin tener en cuenta su tamaño, dos eran demasiadas...
O debían serlo hasta que Kalren hizo gala de su afinidad con las energías del Páramo Sombrío y su dominio de la nigromancia para potenciar uno de sus conjuros, que logró impactar de lleno en una de ellas, erradicándola por completo de un solo lanzamiento. Aquel conjuro purgó toda la energía negativa y, sin ella, el oscuro titán se desmaterializó, evaporándose para siempre en un humo negro y espeso. El esfuerzo no fue gratuito y Kalren debía abandonar la pelea, reservando sus fuerzas para mantener vivo el Portal mientras confiaba en que sus compañeros abatieran a la Gran Sombra restante.

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Por su parte el resto del grupo echó el resto, ya con ánimos renovados tras ver que aquel impío problema se reducía a la mitad, y no sin titánico esfuerzo terminaría por lograr abatir al enemigo que restaba, gracias a la agilidad de Lilianna, la capacidad marcial de Kyathel, las abjuraciones de Yrathea y los conjuros de evocación de Nyvara sumado todo ello al vínculo divino de Sylwen con el Seldarine el grupo, coordinado a la perfección, acabaría por desintegrar a su colosal enemigo en una suerte de viscosa lluvia ectoplasmática.

Ya estaba hecho, era ahora o nunca. El mensaje de Sylwen fue recibido por sus hermanos al otro lado y el portal permanecía dispuesto, pero ya no restaban fuerzas para más, o los Tel'quessir eran los siguientes en cruzar, o se acabó.


Y entonces. . .

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Primero cinco y luego diez Tel'Quess pasaron rápidamente a formar una veintena de elfos que dieron paso a cincuenta más para luego multiplicarse. Así, más de un centenar de Tel'quessir terminaron por cruzar el umbral. Estaban de regreso. El Sombrío se había cobrado su estancia, pues llegaban pálidos, consumidos y fatigados, pero habían vuelto. La promesa había sido cumplida, sólo restaba llevarlos a casa.

No obstante aún no había tiempo para celebraciones, pues cuando el último de los elfos cruzó, Nyvara y Kalren se desplomaron al suelo como si el hilo del que pendían sus consciencias hubiera sido cortado repentinamente por las Moiras.

¿Se recuperarían? Este era un interrogante aún por resolver pero había otro que ya estaba claro; nada de lo acontecido hasta ese momento lo había hecho por mero azar. Un elfo sumido en la pérdida de su ciudad natal, encuentra un nuevo hogar. Un elfo condenado a traicionar a los suyos, termina haciendo de ellos su propósito.


Un giro del Destino.

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