pazuzu_
Corona de la reina de Aitana
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Caía la tarde y los dos viejos amigos caminaban pesadamente rumbo a ninguna parte en especial. Hablaban de oro, oro y más oro, cosa normal en las opulentas tierras amnianas. A lo lejos, el más pequeño de ellos vio algo.
-Eh ¿Estás viendo eso? -dijo Med
-¡Coño, mira eso de allá! -Dijo Faurin, poniendo la zarpa en medio y señalando con el dedo.
-¿Una ciudad? Mira el tamaño de eso.
-No te sabría decir, Med.
Podían verse columnas de humo en la lejanía. ¿Caravasar? Improbable, pero no estaban en un buen punto de observación. A regañadientes y preocupados por la guerra que se avecinaba, hicieron una marcha forzada hacia allí con algo de ayuda mágica.
Atravesaron caminos traicionesros por los dientecillos y tras un viaje que se hizo eterno, llegaron a una parte donde el bosque empezaba a hacerse profundo. Ninguno de los dos conocía demasiado de ese bosque y muy probablemente no pudieran volver. Una nube de polvo y cenizas se alzaba majestuosa sobre Weldath, como una amarga corona de dolor.
Tras una corta deliberación y pertrechados con numerosas provisiones y recursos mágicos se internaron en lo profundo. Preguntaron en algunos puestos avanzados, pero las versiones se contradecían en el mejor de los casos. La mayoría coincidía en que era mala idea acercarse más de la cuenta. Horas y horas de caminata. El camino del comercio quedaba más y más lejos, hasta perderse de vista. Ahora la visión era nula para Med y pésima para Faurin, pues el sol apenas atravesaba la espesura de la vegetación. Faurin, que ya echaba de menos una buena cueva, dijo con gran pesar:
-Que el gran padre nos proteja.
El silencio se hizo. La copa de los árboles se movía de forma intermitente, pero a ras de suelo no había ningún sonido ni corriente que evidenciase que se encontraban al aire libre. Tan solo la armadura de Faurin contrastaba con aquel sepulcral silencio.
CATACLONG, GRRRRECK, GÑAACK, CRANK. La armadura de Faurin era un suplicio al intentar pasar desapercibidos, pues se le podría oir a millas de distancias. A su lado, los movimientos de Med eran cuidados y felinos. Por ello, nada mejor que hacerlos invisibles para darles algo de cobertura.
Aunque con dificultad por el propio estruendo, la oreja de Faurin reaccionó cuando escuchó un leve traqueteo o algo parecido. Para localizar la fuente de tal sonido, el primero en millas, Med usó sobre él un pergamino de "amplificar". En el camino, los primeros seres vivos. Unas arañitas, aguardaban en su red la caída de algún insecto.
Con "sigilo" los aventureros se acercaron un poco más y el paisaje era repugnante. Una llanura abierta. Una explanada cuyo suelo era dificil de ver por la cantidad de arañas pequeñas, grandes y descomunales que correteaban de acá para allá y daban la impresión de ser un corazon latiendo. Algunas de ellas, aprovechaban cualquier arbol u obstáculo del camino para tejer trampas para cazar, cuando no el propio suelo. El enano se giró y murmuró con voz ronca:
-Med, esto no me está gustando nada. "Demasiadas" arañas.
-Son asque... es decir, nunca había visto tantas juntas.
-Miralas, son un puñetero cónclave de arañas. ¿Damos un rodeo o crees que podremos pasar sin apuros?
-Esquivando las telarañas no debería haber problema. Vamos, sin hacer ruido...
-Está bien, pero quedate cerca mía que si pasa algo... mi hacha se ocupará de ellas.
Med, haciendo gala de toda la agilidad, autocontrol y equilibrio de su raza pasaba no solo sin tocar las telarañas, sino que sin que siquiera el aire desplazado por su cuerpo al andar produjese la mínima vibración en ellas. En cambio Faurin avanzó en línea recta arrollandolo todo y tardó poco en estar en el suelo totalmente aprisionado por las espesas hebras que parecían de acero y maldiciendo tanto al bosque como a las arañas con insultos exóticos. Las arañas se movían frenéticas en su dirección y Faurin tuvo que desistir de encontrar su hacha y pelear como los hombres de verdad: A puños.
Med corría a asistirlo con su magia y con su espada, mientras Faurin enrojecía forcejeando y defendiéndose.
-MALDITOS INSECTOS -decía mientras aplastaba una con el guantelete- OS VOY A DEVOLVER A LA MIERDA DE LA QUE HAYÁIS SALIDO -con la pierna le quitaba la vida a un par- ¡VEN GRANDULLONA, QUE TE VOY A METER UNA ÑASCA QUE TE VAN A FALTAR PATAS PARA CORRER!
Una araña del tamaño de una persona se abalanzaba sobre Faurin, que la cogió de una de las patas y le propinó tal puñetazo que saltaron fluidos vitales por todos lados. Med sin embargo lo estaba pasando realmente mal. Incendiario tras incendiario y aún en llamas, las arañas se movían como constructos, ajenas al dolor. Tambien trató de convocar a un poderoso elemental, pero los espíritus del lugar lo impidieron. Apenas si consiguió derribar a un par, antes de que el grueso de ellas se le subiera por todo el cuerpo y dosis de veneno potencialmente mortíferas llegaran a su flujo sanguíneo, provocándole una parálisis en la mayor parte del cuerpo y finalmente dejándolo inconsciente.
Haciendo un acopio de tozudez, Faurin arrancó la tela que lo sostenía y apartó a patadas todo aquello que le separaba de Med. Peleó por echarse al mediano al hombro y corrió como buenamente pudo, a veces en círculos por despistar a las arañas. Tras más de una hora de marcha, a veces corriendo, a veces al trote cochinero, las arañas volvieron sobre sus pasos. Fue entonces cuando Faurin miró el cuerpo de Med. La ponzoña había hecho su efecto. Colores malsanos, facciones deformes y una cara de agonía perpetuizada era el panorama que Faurin tenía delante. Por un momento pensó que ni los mejores clérigos podrían hacer nada por el.
-¡MED, MALDITA SEA, VUELVE! -dijo antes de soltar un imponente: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Maldiciendo, sacudió el cuerpo del mediano contra el suelo y le prometió que al menos no lo dejaría morir en un sitio tan horrible como un bosque, que entregaría su cadáver a Dugan para que pudiera despedirse. Curiosamente, enajenado como estaba, no pensó que tal vez su mujer tambien querría verlo.
Pasaban los días y Med iba pasando de un verde podrido a un violeta mortecino. Su cuerpo empezaba a oler ya a descomposición y a muerte, o eso le parecía a Faurin cuando aspiraba aire por sus grandes fosas nasales. El enano hacía lo que podía, pero la mitad de las veces volvía sobre sus pasos o andaba en círculos. Odiosos bosques de elfos mariquitas. Tras mucho caminar, volvió a escuchar el mismo claqueteo de la otra vez.
-Ah no, muchacho. No una segunda vez.
Asi que Faurin dio un gran rodeo, tirando del cuerpo de Med y pateando todo aquel obstáculo que se interponía en su camino. Desorientado y cada vez más enojado con el traicionero bosque, corría y corría a velocidad desigual. El único sonido que le acompañaba era el de su propia armadura rechinando. Dejó a Med en el suelo y usándolo de altar, entonó una oración al gran padre Moradin por su salvación y la de su amigo.
Pese a que ningún milagro ocurrió, convencido de que ahora él le ayudaba y por ello escudado por una fé que mueve montañas, siguió corriendo sin parar, soportando un castigo físico que pocas razas eran lo suficientemente tozudas o resistentes para soportar. Cada tropezón se respondía con un patadón, cada árbol en el camino era una maldición que lanzaba al bosque de Weldath. Se prometió a sí mismo no volver allí salvo que fuera estrictamente necesario durante lo que le quedase de vida.
Tras días de caminata, a Faurin se le ocurrió que quizás el fardo a su espalda pueda curarse de alguna manera. Primero utilizó un cetro de resurreción que no tiene éxito. Eso le dejó confuso, porque podía ser que no estuviera realmente muerto o que su diosa lo reclamara para sí. Intentó sanarlo pero no respondía a los tratamientos con hierbas. De mala gana, se lo volvió a echar a la espalda para buscar la salida. De paso y siempre que no le costara esfuerzo adicional, se resarcía destruyendo la vegetación a su paso en señal de venganza.
Finalmente se dijo que tendría que volver a orientarse de nuevo. Se quitó la armadura y dejó al mediano junto a ella, a expensas de posibles depredadores. Subió con mucho trabajo, lentamente y aferrándose torpemente al tronco. Una vez estuvo en la copa, cayó sin más presa del cansancio.
-¡AIEEEEEeeeEEEeeEEEeeEEEHHH! -exclamaba durante su caída, centrando con el grito su mente en alto distinto del daño que se iba a hacer.
Al caer contra el suelo, el enano se abrió la cabeza y ahora había dos cuerpos inertes en el suelo. Pasaron las horas sin novedad. Finalmente, Med abrió los ojos todo lo que podría sin sentir dolor e intentó incorporarse. Doblado como un junco pero sin partirse, examinó la escena mientras ponía en orden sus pensamientos. Mirando alrededor, llegó a una conclusión:
-Ve..veamos. Estoy en un... bosque. Eso es bueno. O no. Ese es Faurin, con una brecha en la cabeza. Bonitas manos -miró sus propias manos, hinchadas y amoratadas- y bonita armadura.
Poco tardó en echarle mano a su anillo anti-veneno, que le había costado un fortunón. La cura no fue definitiva, pero ahora se sentía algo mejor. Tras esto, intentó curar a Faurin con una de sus pociones, que al estar el enano inconsciente se le derramó por una de las comisuras de la boca. A falta de botiquines y recordando algunas soluciones caseras de su vida entre los de su raza, meó en un pañuelo y le aplicó el líquido curativo en la herida a modo de cicatrizante. Por desgracia, la herida era tan grande que solo consiguió que la frente de Farun oliese a orín. Buscó entre las cosas de Faurin una venda, pero sin embargo no entendía el sistema de runas de los enanos y no localizó la bolsa de contención llena de botiquines, con la inscripción "curas".
Tras ello, conjuró un aguante sobre si mismo para poder conjurar algo en condiciones. Reparó en que en su estado no podría llevar consigo la pesadísima mochila que llevaba Faurin y tiró algunos de sus enseres al azar. Cascos, armas de mithril, armas de maestro herrero únicas en su género, un cetro que no logró identificar... cuando Faurin despertase, posiblemente le arrancase la cabeza por tirar un arma del metal sagrado.
Haciendo gala de un esfuerzo más allá del que puede pedírsele a un arcano dadas las circunstancias, consiguió teleportar al enano con la mayoría de sus fardos, dejando atrás un reguero de porquería. A pesar de esa pequeña satisfacción contra el bosque, una insana sensación, como de que el propio bosque le quería retener le asaltó durante la ejecución del conjuro de teleporte.
Charlotte charlaba alegremente con la mediana Tikal sobre asuntos comunes cuando de pronto un estallido le sobresaltó. Pronto corrió en auxilio de los dos maltrechos aventureros que farfullaban incoherencias sobre defecar sobre arañas y con la ayuda de voluntarios y curiosos fueron trasladados al hospicio, donde se recuperaron en un proceso lento y agónico.
//No sacar nada de la megatrama en una escena donde sufres la mp cada instante no tiene precio. Espero que os riais tantísimo como Faurin y yo nos reíamos por el ts. Puede que el azote sea el rey de los 1´s, pero Faurin tiene el peor conjunto de tiradas en un día que yo haya visto nunca.
-Eh ¿Estás viendo eso? -dijo Med
-¡Coño, mira eso de allá! -Dijo Faurin, poniendo la zarpa en medio y señalando con el dedo.
-¿Una ciudad? Mira el tamaño de eso.
-No te sabría decir, Med.
Podían verse columnas de humo en la lejanía. ¿Caravasar? Improbable, pero no estaban en un buen punto de observación. A regañadientes y preocupados por la guerra que se avecinaba, hicieron una marcha forzada hacia allí con algo de ayuda mágica.
Atravesaron caminos traicionesros por los dientecillos y tras un viaje que se hizo eterno, llegaron a una parte donde el bosque empezaba a hacerse profundo. Ninguno de los dos conocía demasiado de ese bosque y muy probablemente no pudieran volver. Una nube de polvo y cenizas se alzaba majestuosa sobre Weldath, como una amarga corona de dolor.
Tras una corta deliberación y pertrechados con numerosas provisiones y recursos mágicos se internaron en lo profundo. Preguntaron en algunos puestos avanzados, pero las versiones se contradecían en el mejor de los casos. La mayoría coincidía en que era mala idea acercarse más de la cuenta. Horas y horas de caminata. El camino del comercio quedaba más y más lejos, hasta perderse de vista. Ahora la visión era nula para Med y pésima para Faurin, pues el sol apenas atravesaba la espesura de la vegetación. Faurin, que ya echaba de menos una buena cueva, dijo con gran pesar:
-Que el gran padre nos proteja.
El silencio se hizo. La copa de los árboles se movía de forma intermitente, pero a ras de suelo no había ningún sonido ni corriente que evidenciase que se encontraban al aire libre. Tan solo la armadura de Faurin contrastaba con aquel sepulcral silencio.
CATACLONG, GRRRRECK, GÑAACK, CRANK. La armadura de Faurin era un suplicio al intentar pasar desapercibidos, pues se le podría oir a millas de distancias. A su lado, los movimientos de Med eran cuidados y felinos. Por ello, nada mejor que hacerlos invisibles para darles algo de cobertura.
Aunque con dificultad por el propio estruendo, la oreja de Faurin reaccionó cuando escuchó un leve traqueteo o algo parecido. Para localizar la fuente de tal sonido, el primero en millas, Med usó sobre él un pergamino de "amplificar". En el camino, los primeros seres vivos. Unas arañitas, aguardaban en su red la caída de algún insecto.
Con "sigilo" los aventureros se acercaron un poco más y el paisaje era repugnante. Una llanura abierta. Una explanada cuyo suelo era dificil de ver por la cantidad de arañas pequeñas, grandes y descomunales que correteaban de acá para allá y daban la impresión de ser un corazon latiendo. Algunas de ellas, aprovechaban cualquier arbol u obstáculo del camino para tejer trampas para cazar, cuando no el propio suelo. El enano se giró y murmuró con voz ronca:
-Med, esto no me está gustando nada. "Demasiadas" arañas.
-Son asque... es decir, nunca había visto tantas juntas.
-Miralas, son un puñetero cónclave de arañas. ¿Damos un rodeo o crees que podremos pasar sin apuros?
-Esquivando las telarañas no debería haber problema. Vamos, sin hacer ruido...
-Está bien, pero quedate cerca mía que si pasa algo... mi hacha se ocupará de ellas.
Med, haciendo gala de toda la agilidad, autocontrol y equilibrio de su raza pasaba no solo sin tocar las telarañas, sino que sin que siquiera el aire desplazado por su cuerpo al andar produjese la mínima vibración en ellas. En cambio Faurin avanzó en línea recta arrollandolo todo y tardó poco en estar en el suelo totalmente aprisionado por las espesas hebras que parecían de acero y maldiciendo tanto al bosque como a las arañas con insultos exóticos. Las arañas se movían frenéticas en su dirección y Faurin tuvo que desistir de encontrar su hacha y pelear como los hombres de verdad: A puños.
Med corría a asistirlo con su magia y con su espada, mientras Faurin enrojecía forcejeando y defendiéndose.
-MALDITOS INSECTOS -decía mientras aplastaba una con el guantelete- OS VOY A DEVOLVER A LA MIERDA DE LA QUE HAYÁIS SALIDO -con la pierna le quitaba la vida a un par- ¡VEN GRANDULLONA, QUE TE VOY A METER UNA ÑASCA QUE TE VAN A FALTAR PATAS PARA CORRER!
Una araña del tamaño de una persona se abalanzaba sobre Faurin, que la cogió de una de las patas y le propinó tal puñetazo que saltaron fluidos vitales por todos lados. Med sin embargo lo estaba pasando realmente mal. Incendiario tras incendiario y aún en llamas, las arañas se movían como constructos, ajenas al dolor. Tambien trató de convocar a un poderoso elemental, pero los espíritus del lugar lo impidieron. Apenas si consiguió derribar a un par, antes de que el grueso de ellas se le subiera por todo el cuerpo y dosis de veneno potencialmente mortíferas llegaran a su flujo sanguíneo, provocándole una parálisis en la mayor parte del cuerpo y finalmente dejándolo inconsciente.
Haciendo un acopio de tozudez, Faurin arrancó la tela que lo sostenía y apartó a patadas todo aquello que le separaba de Med. Peleó por echarse al mediano al hombro y corrió como buenamente pudo, a veces en círculos por despistar a las arañas. Tras más de una hora de marcha, a veces corriendo, a veces al trote cochinero, las arañas volvieron sobre sus pasos. Fue entonces cuando Faurin miró el cuerpo de Med. La ponzoña había hecho su efecto. Colores malsanos, facciones deformes y una cara de agonía perpetuizada era el panorama que Faurin tenía delante. Por un momento pensó que ni los mejores clérigos podrían hacer nada por el.
-¡MED, MALDITA SEA, VUELVE! -dijo antes de soltar un imponente: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Maldiciendo, sacudió el cuerpo del mediano contra el suelo y le prometió que al menos no lo dejaría morir en un sitio tan horrible como un bosque, que entregaría su cadáver a Dugan para que pudiera despedirse. Curiosamente, enajenado como estaba, no pensó que tal vez su mujer tambien querría verlo.
Pasaban los días y Med iba pasando de un verde podrido a un violeta mortecino. Su cuerpo empezaba a oler ya a descomposición y a muerte, o eso le parecía a Faurin cuando aspiraba aire por sus grandes fosas nasales. El enano hacía lo que podía, pero la mitad de las veces volvía sobre sus pasos o andaba en círculos. Odiosos bosques de elfos mariquitas. Tras mucho caminar, volvió a escuchar el mismo claqueteo de la otra vez.
-Ah no, muchacho. No una segunda vez.
Asi que Faurin dio un gran rodeo, tirando del cuerpo de Med y pateando todo aquel obstáculo que se interponía en su camino. Desorientado y cada vez más enojado con el traicionero bosque, corría y corría a velocidad desigual. El único sonido que le acompañaba era el de su propia armadura rechinando. Dejó a Med en el suelo y usándolo de altar, entonó una oración al gran padre Moradin por su salvación y la de su amigo.
Pese a que ningún milagro ocurrió, convencido de que ahora él le ayudaba y por ello escudado por una fé que mueve montañas, siguió corriendo sin parar, soportando un castigo físico que pocas razas eran lo suficientemente tozudas o resistentes para soportar. Cada tropezón se respondía con un patadón, cada árbol en el camino era una maldición que lanzaba al bosque de Weldath. Se prometió a sí mismo no volver allí salvo que fuera estrictamente necesario durante lo que le quedase de vida.
Tras días de caminata, a Faurin se le ocurrió que quizás el fardo a su espalda pueda curarse de alguna manera. Primero utilizó un cetro de resurreción que no tiene éxito. Eso le dejó confuso, porque podía ser que no estuviera realmente muerto o que su diosa lo reclamara para sí. Intentó sanarlo pero no respondía a los tratamientos con hierbas. De mala gana, se lo volvió a echar a la espalda para buscar la salida. De paso y siempre que no le costara esfuerzo adicional, se resarcía destruyendo la vegetación a su paso en señal de venganza.
Finalmente se dijo que tendría que volver a orientarse de nuevo. Se quitó la armadura y dejó al mediano junto a ella, a expensas de posibles depredadores. Subió con mucho trabajo, lentamente y aferrándose torpemente al tronco. Una vez estuvo en la copa, cayó sin más presa del cansancio.
-¡AIEEEEEeeeEEEeeEEEeeEEEHHH! -exclamaba durante su caída, centrando con el grito su mente en alto distinto del daño que se iba a hacer.
Al caer contra el suelo, el enano se abrió la cabeza y ahora había dos cuerpos inertes en el suelo. Pasaron las horas sin novedad. Finalmente, Med abrió los ojos todo lo que podría sin sentir dolor e intentó incorporarse. Doblado como un junco pero sin partirse, examinó la escena mientras ponía en orden sus pensamientos. Mirando alrededor, llegó a una conclusión:
-Ve..veamos. Estoy en un... bosque. Eso es bueno. O no. Ese es Faurin, con una brecha en la cabeza. Bonitas manos -miró sus propias manos, hinchadas y amoratadas- y bonita armadura.
Poco tardó en echarle mano a su anillo anti-veneno, que le había costado un fortunón. La cura no fue definitiva, pero ahora se sentía algo mejor. Tras esto, intentó curar a Faurin con una de sus pociones, que al estar el enano inconsciente se le derramó por una de las comisuras de la boca. A falta de botiquines y recordando algunas soluciones caseras de su vida entre los de su raza, meó en un pañuelo y le aplicó el líquido curativo en la herida a modo de cicatrizante. Por desgracia, la herida era tan grande que solo consiguió que la frente de Farun oliese a orín. Buscó entre las cosas de Faurin una venda, pero sin embargo no entendía el sistema de runas de los enanos y no localizó la bolsa de contención llena de botiquines, con la inscripción "curas".
Tras ello, conjuró un aguante sobre si mismo para poder conjurar algo en condiciones. Reparó en que en su estado no podría llevar consigo la pesadísima mochila que llevaba Faurin y tiró algunos de sus enseres al azar. Cascos, armas de mithril, armas de maestro herrero únicas en su género, un cetro que no logró identificar... cuando Faurin despertase, posiblemente le arrancase la cabeza por tirar un arma del metal sagrado.
Haciendo gala de un esfuerzo más allá del que puede pedírsele a un arcano dadas las circunstancias, consiguió teleportar al enano con la mayoría de sus fardos, dejando atrás un reguero de porquería. A pesar de esa pequeña satisfacción contra el bosque, una insana sensación, como de que el propio bosque le quería retener le asaltó durante la ejecución del conjuro de teleporte.
Charlotte charlaba alegremente con la mediana Tikal sobre asuntos comunes cuando de pronto un estallido le sobresaltó. Pronto corrió en auxilio de los dos maltrechos aventureros que farfullaban incoherencias sobre defecar sobre arañas y con la ayuda de voluntarios y curiosos fueron trasladados al hospicio, donde se recuperaron en un proceso lento y agónico.
INFORME SOBRE LA EXPLORACIÓN DEL INCIDENTE EN WELDATH
SOLDADO: Med Fergard.
ESTADO: Recien incorporado a filas. 4 días de tratamiento intensivo en el hospicio. Le acompañó en el hospicio el teniente Faurin Yunque de Piedra del clán rompecráneos.
COMENTARIOS: Tras divisar una cortina de humo, Faurin y yo nos acercamos a descubrir el origen del fuego. Nuestro viaje nos llevó al bosque de Weldath. Tras días de caminata, fuimos derrotados por una fuerzas hostil compuesta por arañas. Algunas muy grandes. Tras diversos incidentes, como la brecha craneal del teniente Faurin al intentar escalar un árbol, conseguimos ponernos a salvo.
OTROS: Al no poder teleportarnos con todo el equipo, tuvimos que dejar algo atrás. Pérdidas conjuntas estimadas en torno a las 270.000 monedas a precio de mercado.
INFORMACIÓN OBTENIDA: Ninguna.
SOLDADO: Med Fergard.
ESTADO: Recien incorporado a filas. 4 días de tratamiento intensivo en el hospicio. Le acompañó en el hospicio el teniente Faurin Yunque de Piedra del clán rompecráneos.
COMENTARIOS: Tras divisar una cortina de humo, Faurin y yo nos acercamos a descubrir el origen del fuego. Nuestro viaje nos llevó al bosque de Weldath. Tras días de caminata, fuimos derrotados por una fuerzas hostil compuesta por arañas. Algunas muy grandes. Tras diversos incidentes, como la brecha craneal del teniente Faurin al intentar escalar un árbol, conseguimos ponernos a salvo.
OTROS: Al no poder teleportarnos con todo el equipo, tuvimos que dejar algo atrás. Pérdidas conjuntas estimadas en torno a las 270.000 monedas a precio de mercado.
INFORMACIÓN OBTENIDA: Ninguna.
//No sacar nada de la megatrama en una escena donde sufres la mp cada instante no tiene precio. Espero que os riais tantísimo como Faurin y yo nos reíamos por el ts. Puede que el azote sea el rey de los 1´s, pero Faurin tiene el peor conjunto de tiradas en un día que yo haya visto nunca.