Sacredlilium
Jugador de fichas de rol
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Cuando mis pies pisaron la tierra húmeda de Athkathla, supe que había llegado a mi destino.
Observo aquello que este lugar me ofrece. Veo vida.
— ¿Vida? Casi como si el poco tiempo que he estado aquí haya olvidado cómo era la vida antes. Pero aquí es diferente. Observo con rencor cada hoja brillante que cae al suelo frente a mis pies o cuando los bosques se mueven susurrando en una melodía suave. Cada risa que escucho a lo lejos hace que mi corazón se entristezca y se resienta en mi pecho.
He escuchado la animada melodría de un bardo en el prado frente al lugar donde suelen descansar, parecía contento, y vi a tres medianos hablar afectuosamente entre ellos. (¿Cómo se llamaban...? Una tenía el pelo rojo, vi que miró mi arco)
También vislumbré a un hombre rubio vestido como me imagino que son los monarcas humanos. Sus telas púrpuras tan brillantes captaron mi ojos con tanta fijeza qué siquiera le pude preguntar dónde las había conseguido. Creo que se llamaba Velandros.
Hago las paces con el hecho de que jamás observaré como observan ellos
(E incluso si lo hago, nunca será igual.)
Les miro. Me miran. Creo qué todo aquél que me ve, incluso tras la máscara, sabe que no soy uno de ellos, ¿Son mis gestos, o mi caminar? — Eso da igual.Ahogué la tristeza entre la cabeza de unas criaturas no-vivas con mis flechas. Con ese hombre tan gris, Liam.
Su pelo grisáceo a pesar de su apariencia juvenil me confundió. Sus ropajes oscuros a pesar de habitar un mundo tan vivo.
Ajeno. La palabra es ajeno. Es ajeno al color.
Pero la realización pesa como una losa cuando la compañía se desvanece. Por muchas canciones que escuche y muchas risas qué oiga. — Por muchas compañías que porte en mi camino la realidad es que siempre abrazaré la soledad como el recuerdo dulceamargo de mi hogar. Al menos las hojas son hermosas.