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Un Sendero de Sombras - (Relatos de Alessia)

Sacredlilium

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Cuando mis pies pisaron la tierra húmeda de Athkathla, supe que había llegado a mi destino.
Observo aquello que este lugar me ofrece. Veo vida.


— ¿Vida? Casi como si el poco tiempo que he estado aquí haya olvidado cómo era la vida antes. Pero aquí es diferente. Observo con rencor cada hoja brillante que cae al suelo frente a mis pies o cuando los bosques se mueven susurrando en una melodía suave. Cada risa que escucho a lo lejos hace que mi corazón se entristezca y se resienta en mi pecho.

He escuchado la animada melodría de un bardo en el prado frente al lugar donde suelen descansar, parecía contento, y vi a tres medianos hablar afectuosamente entre ellos. (¿Cómo se llamaban...? Una tenía el pelo rojo, vi que miró mi arco)

También vislumbré a un hombre rubio vestido como me imagino que son los monarcas humanos. Sus telas púrpuras tan brillantes captaron mi ojos con tanta fijeza qué siquiera le pude preguntar dónde las había conseguido. Creo que se llamaba Velandros.



Hago las paces con el hecho de que jamás observaré como observan ellos ​
(E incluso si lo hago, nunca será igual.)
​
​
Les miro. Me miran. Creo qué todo aquél que me ve, incluso tras la máscara, sabe que no soy uno de ellos, ¿Son mis gestos, o mi caminar? — Eso da igual.

Ahogué la tristeza entre la cabeza de unas criaturas no-vivas con mis flechas. Con ese hombre tan gris, Liam.
Su pelo grisáceo a pesar de su apariencia juvenil me confundió. Sus ropajes oscuros a pesar de habitar un mundo tan vivo.

Ajeno. La palabra es ajeno. Es ajeno al color.


​
Pero la realización pesa como una losa cuando la compañía se desvanece. Por muchas canciones que escuche y muchas risas qué oiga. — Por muchas compañías que porte en mi camino la realidad es que siempre abrazaré la soledad como el recuerdo dulceamargo de mi hogar. Al menos las hojas son hermosas.


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Estimado compañero de viaje,
La ciudad de la moneda me recibía con aquella frialdad que estimé. Algunos observan con recelo, quizá conscientes de mi procedencia.


Sin embargo, también me han ofrecido una calidez que no comprendo. Groob el mediano ha dedicado suficiente tiempo a observar que el astro rey daña mi vista y ha tomado el tiempo de encontrar un "parasol". Siquiera sabía que aquello existía hasta que lo posé sobre mi testa.

Veo la bondad en sus gestos, pero no los comprendo. Quizá no conocen mi naturaleza.

Quizá no les importa.​
Largos han sido los días lejos de tomar la pluma, pues el descanso no ha venido a mi cuerpo hasta este amanecer. Inacabables han sido las patruyas que he hecho por el camposanto.

Pero algo especialmente ha tomado mi atención.
Los Tel'Quessir han encontrado mis pasos esquivos. Aquellos que no fueron tocados por las sombras inclementes deseaban conocerme.

Vi en el rostro de la Cinnaess pena y comprensión. El oráculo del pueblo me observó, y una pequeña profecía emanó de sus labios. "Favorable" lo llamó. Una de las Teu'Tel'Quessir me observó con fijeza, quizá incomprensión.



Sus palabras parecieron sinceras. Sus preocupaciones, reales.


¿Me observaban, quizá, como una mano amiga?
​
Por un instante deseé que así fuera. Pero algo en sus gestos evocó mi desconfianza más primal. Algo en sus palabras resonó cuando pronunciaron "No eres traición, pero tampoco pueblo"

Sus manos, en cambio se me hicieron más suaves que las humanas. Su desconfianza venía del reconocimiento y no del temor. Fue una incomodidad que encontré cómoda en su hacer.

Pero algo era cierto, y es que no soy pueblo.
​
Aún no comprendo sus intenciones para conmigo, querido compañero, pero sé que al menos recogerán mi silencio con cautela, y no odio.

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Estimado compañero de viaje,

Mi mente ha observado daños, pues en una de mis patrullas un pielfría de ascendencia antigua atacó mi mente con su embrujo.

El odio se traspasó por mi piel cuando vislumbré su faz destransformarse de murcielago a hombre. Mi arco se alzó contra su rostro, pero mi voluntad cedió ante su mirada.

Mis piernas flaquearon, y caí al suelo sobre mis rodillas. Entonces, una voz me sacó de mis pensamientos.

Una tiefling de ropajes rojos, Vraska. Había observado cómo aquél vampiro mermó mi voluntad, y lanzó uno de sus conjuros para parar mis pies antes de que caminasen a los llanos humanos.

"El dolor en el orgullo pesa más que en el físico" Mencionó.


Pero se equivocaba.
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No era dolor en el orgullo aquello que ardía en mi interior. Era la furia de no poder alzarme en armas contra mi enemigo en el nombre de la madre. Soy consciente de que no podré luchar con todos ellos, y que con alguno quizá me veré obligada a compartir aire.

Aquello me turba, pero no me rompe. Ella ha puesto el destino frente a mí, y mi camino ya está escrito.

Pronto, querido compañero, te contaré sobre las personas que he conocido en mis viajes.



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Estimado compañero de viaje.

He llegado a la conclusión de que incluso donde el color es más vivo, siempre existe una sombra sobre la luz que oscurece aquellos colores y los vuelve opacos y mortecinos.

¿Quién soy? - ¿He perdido el propósito con el que pisé estas tierras?

No. Aquello reposa en el fondo de mi mente arrastrándose hacia lo más profundo de mi conciencia, el susurro de aquello que no se ve, pero existe profundo permanece en mi cabeza cuando todo el mundo habla a mi alrededor.

Poco a poco me he acostumbrado a ser esa sombra para aquellos que solo pueden ver los colores bajo luces difusas, el intruso en su mesa cuando las luces repasan sus armaduras doradas y plateadas

He puesto mi arco a sueldo de aquél que quiera comprarlo. Eso me hace estar más cerca de ella. Más cerca del frío.





Encontraré el camino, o crearé uno.​
 

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Estimado compañero de viaje.
Te escribo esto desde el hospicio de San Annur. Muy a penas he conseguido abrir los ojos.


Durante una de mis patrullas, una de esas bestias conocidas como tumularios trató de hacer de mi cuerpo su festín. Me rodearon, y por lo que me han contado me arrastraron hacia el interior de su cueva.

Esa criatura vil y carente de emoción alguna me mordió. Y sus dientes traspasaron a mi carne una enfermedad que debilitó mi cuerpo y me dio temblor.

Cuando recobré la consciencia, estaba siendo arrastrada fuera del clérigo de Crimmor. Siquiera él podía curarme. Me subieron a lomos de mi yegua.

Del trayecto no recuerdo nada más que el agitar del caballo, creo que vomité varias veces. Cuando llegamos, incluso los clérigo de San Annur me dieron un término poco favorable. Por suerte, lograron quitar la ponzoña de mi cuerpo finalmente.




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Estimado compañero de viaje.
Te escribo desde la ciudad inclinada.

Largos han sido los días en los que he caminado ya este lugar humano. He trabajado en escoltas de material y rastreos para diversas organizaciones.


He descubierto que el clima nevado me agrada. Su frío y sus nubes tratan adecuandamente mi piel, más clementes que el abrasador sol.


Por otra parte, he asistido al Gremio con una escolta de pescado hacia Kalathyr. Perdímos al buey de carga por el camino presa de una arpías, aunque pudimos encontrar maneras de entregar la carga sin sufrir mucho más percance. Prosigo vendiendo mi arco a aquél que tenga oro para pagarlo.











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