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Un trasgo poco común

TheSusoGUN

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16/7/21
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Descripción física:

Craglugg es un pequeño trasgo, cuya altura se sitúa en torno al metro de altura. Su piel es de un tono grisáceo y se encuentra repleta de cicatrices de arañazos. En cuanto a su rostro, es de poco relieve, es decir, plano, y está conformado por unos grandes y oscuros ojos de tono amarillento (los cuales se encuentran en todo momento en busca de presas), una nariz de un tamaño grande y ancha, una boca bastante ancha, repleta de dientes torcidos y colmillos afilados, y de aspecto enfermizo, destacando que de ella sale un característico olor a putrefacción. Además, sus orejas son puntiagudas y bastante grandes en comparación con el tamaño de su cabeza.

En cuanto a su cuerpo, se puede observar que es un ser enclenque, muy pequeñito y, lo que más destaca, es su aspecto totalmente descuidado, lleno de suciedad. A mayores, desprende un olor bastante fuerte y desagradable. A pesar de medir solamente un metro, siempre va montado en su huargo Volguk, con el cual tiene una especial relación. Entre ambos los dos logran alcanzar el metro noventa.

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Historia:

Debido a que la sociedad de los trasgos tiene una esperanza de vida extremadamente corta, tienden a reproducirse en gran cantidad, por lo que se podría decir que Craglugg no tiene una familia como tal, sino que su clan es su familia.

El clan en el que Craglugg se crió se desplazaba por la Costa del Mar de la Espada, el cual abarca desde zonas montañosas o boscosas hasta alguna que otra urbe, destacando entre estos la abundancia de las zonas de bosque. Dicho clan tendía a instalarse cuevas o ruinas abandonadas, siempre encontrándose éstas próximas a pequeños asentamientos o caminos transitados, los cuales saqueaban para poder vivir.

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Craglugg destacaba en su clan por ser un muy buen tirador y tener una gran percepción. También destacaban entre sus habilidades su buen olfato y oído. Además, el pequeño trasgo siempre tuvo muy buena relación con el chamán de su clan. Debido a ello, Craglugg pudo desarrollar un mínimo de aptitudes mágicas y aprendió a emplear varitas y pergaminos. Algo que también le favorecía era que, como era de una altura pequeña incluso para ser un trasgo, resultaba ser bastante sigiloso.

Desde bien pequeño, el chamán del clan se fijó en que Craglugg era un trasgo muy inteligente, por lo que, cuando tenía una muy temprana edad, dicho chamán comenzó a enseñar a Craglugg a leer y escribir. Con el paso de los años fue consiguiendo leer fluidamente y escribir fácilmente, pero destacaba su terrible caligrafía, siendo sus escritos casi ilegibles. Pero la curiosidad del pequeño trasgo iba más allá. Además de escribir, también le interesaba plasmar la realidad en el papel, por lo que, en sus ratos libres, Craglugg dedicaba su tiempo a dibujar el paisaje que le rodeaba. Esa curiosidad le llevó a aprender a realizar mapeados, con el paso de los años, claro está.

Al llegar a la edad de catorce años, un día como otro cualquiera, el chamán le dijo a Craglugg que era hora de mostrar su valía, que con el paso de los años había adquirido la suficiente cantidad de conocimientos y habilidades para hacerse destacar entre los demás trasgos que conformaban el clan. Al principio Craglugg permaneció confuso ante las palabras del chamán, pero una vez comprendió la situación, comenzó a trabajar en un plan para arremeter contra el que era el jefe del clan en aquel momento. Craglugg aspiró muy alto, podría decirse que excesivamente alto. Pensó en el hecho de que el líder descansase en una zona apartada, ya que todos los trasgos dormían juntos a excepción de éste, que se separaba de los demás tanto por seguridad como por privilegio. Finalmente, decidió colarse en el habitáculo en que éste dormía apartado y, aprovechando que estaba dormido, atacarle. Lo que no pensó muy bien fue el modo de ataque, pues lo que hizo fue arrancar tanto sus ojos como sus párpados. El grito del gran trasgo despertó a todos los demás, quienes acudieron rápidamente al lugar. En cuanto fueron llegando, formaron una especie de corrillo en torno a los dos sujetos para observar la pelea. Pelear contra un trasgo ciego no le resultó una tarea demasiado ardua, claro está.

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Tras derrotarle, Craglugg pensó que se encontraría con miradas de aprobación y respeto entre los demás, pero no fue así. Cuando se giró a observar a los trasgos, vio miradas hambrientas de poder. Los trasgos vieron en él a un ser débil y fácil de derrocar debido a que había luchado en una situación bastante ventajosa. De pronto, toda la confianza que había tenido en sí mismo hasta el momento se convirtió en pavor. En ese momento, al observarlos a todos, supo que no se encontraría a salvo en ese clan. Finalmente, esa misma noche, cogió las pocas cosas que pudo y huyó sin pensarlo.

Pasó días caminando solitario y sin un rumbo fijo, hasta que uno de esos días llegó al Bosque de Ardeep. Comenzó a adentrarse en aquel peligroso bosque a la par que sus pies se iban hundiendo en la arcillosa tierra, dejando una tras otra sus huellas a lo largo del camino. La flora era espesa y abundante, destacando sobre todo ello unos hongos brillantes, los cuales llamaron mucho la atención de Craglugg, pues al pequeño le fascinaba cualquier cosa que brillase. A medida que se iba adentrando en lo más profundo del bosque, la vegetación comenzaba a volverse cada vez más densa. De un momento a otro, el pequeño trasgo se encontraba rodeado de una espesa niebla, enredaderas asesinas y numerosas criaturas oscuras y peligrosas que allí habitaban.

Iba caminando cuando, en algún momento del día, Craglugg se topó con una amplia cueva. Era muy oscura, pues nada más asomar a la cavidad se hacía imposible vislumbrar cualquier detalle más allá de la negrura. Al profundizar en la cueva, el trasgo se topó de pronto con una manada de huargos, unos cánidos oscuros, de enorme tamaño y que portaban en sus rojizos ojos miradas fieras y sedientas de sangre fresca. Dichas bestias se abalanzaron sobre el pequeño trasgo sin pensarlo dos veces. Craglugg no tuvo tiempo de reaccionar. De un momento a otro, el trasgo tenía a la manada encima. Las enormes fauces de las bestias se incrustaron en la piel de Craglugg numerosas veces, a la par que sus enormes y afiladas garras rasgaban su fina piel. El trasgo quedó inconsciente mientras su cabeza era ocupada por un recurrente pensamiento: que era su fin.

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Horas después, el pequeño volvió en sí. Su cuerpo se encontraba repleto de heridas y ensangrentado pero, por fortuna, ninguno de los arañazos y mordiscos había resultado mortal. A su vera se encontraba uno de los huargos rugiendo y defendiéndolo del resto de la manada. Craglugg permaneció confuso durante unos instantes. Dicho huargo se convirtió desde aquel momento en su fiel compañero, Volguk.

Con el paso del tiempo y la convivencia con el huargo, Craglugg comenzó a respetar y tratar como a un igual a Volguk, quien se había convertido en su compañero de vida. El huargo y él se trataban con sumo respeto y se protegían como si fuesen hermanos. Craglugg comenzó a criar y domesticar al resto de su manada de huargos con el paso de los meses, siendo Volguk su predilecto.

Durante años, el pequeño trasgo fue acomodándose y apoderándose del bosque, hecho que llamó la atención de los guardabosques y de los Arpistas, quienes defendían las lindes del bosque. Éstos iniciaron entonces una batida de caza para, de este modo, dar muerte tanto al trasgo como a sus fieles compañeros los huargos. Finalmente, lo que para Craglugg era un día como otro cualquiera, los sujetos anteriormente mencionados realizaron su ataque. Durante la trifulca, los grupos defensores de los bosques se cobraron las vidas de numerosos huargos, aunque a su vez también perdieron a una gran parte de los miembros de ambas agrupaciones. Craglugg se dió cuenta de que sus huargos y él contaban con una gran desventaja, sabiendo que la situación acabaría en una derrota para ellos. En un momento, Craglugg hizo una señal sonora a sus huargos y éstos huyeron a gran velocidad del lugar.

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Pasó un largo tiempo viajando hacia el sur, alimentando a sus huargos con los viajeros perdidos que iban encontrando por los caminos. Al final de dicha travesía, Craglugg y sus huargos llegaron hasta Murann y se instalaron en los bosques cercanos a la ciudad.

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