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Una caída contundente

Damienman

Vampiro buceador de lagos
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9/6/16
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Vuelo entre los picos nevados del Norte. Fuera del rango de proyectiles o conjuros de potenciales enemigos, y del territorio del maldito Lord Soth.

Los motores de mis propulsores emiten más potencia que de costumbre, demasiada magia extremadamente poderosa, mucha cantidad de Residuum ambiental.
Es una advertencia, una mala señal.

El viento gélido abraza mi rostro como si fuera el mismo mundo dándome ánimos. Los protocolos de compensación ambiental de mi armadura contrarrestan el frío helador del ambiente.

Por fin alcanzo la altura deseada, muy lejos del suelo, donde mi cuerpo de carne se esfuerza en respirar y alimentar a mis músculos y órganos con en frío aire a mi alrededor.

-No me gustan, nunca lo han hecho, las multitudes. Tantos individuos en el campamento de la Alianza hacen que mi ánima se vea pequeña en su comparación. Héroes, leyendas, artefactos mejores que los que nunca podré crear...Y enemigos cuya colaboración responde a una amenaza apocalíptica.

-Siento envidia, celos por la maestría de Cromwell. Ni Selûne ni Gond me han bendecido con tal inspiración. Supongo que no sería necesario. También siento que soy un necio, por estas afirmaciones. Existe Kananthil, y muchas otras artesanías que han pasado por mis manos, que se han convertido en piezas importantes.
Apago los propulsores en el punto más alto. Me dejo caer, siento como mi cuerpo responde a la gravedad, elevando mis brazos y piernas hacia arriba, puesto que el torso es la parte más pesada, caigo descontroladamente.

-Quiero ser útil, quiero que mi armadura, que Kananthil y que todo lo que haya creado y hecho sirva para algo. Nashkel nos acogió durante la guerra civil, y tengo que devolverles el favor.

Antes de ganar tanta velocidad que al encender los propulsores para parar la caída me provocaría daño, los activo. Siento como hay una pugna entre la cinética, la gravedad y mi armadura por ver quién gana.

-Me gustaría ser un civil, pero en estos tiempos todos debemos actuar. ¿A quien quiero engañar? Desde que pisé Amn dejé de ser un civil, mucho menos tras el Acero Argénteo, tras ser nombrado Caballero mis sacerdotisas y mi diosa, y menos tras ascender en el Gremio de Artesanos.
Los propulsores ganan, mi cuerpo se estabiliza y aterrizo en mitad de la nieve. El impacto, inofensivo para mí, ha creado un agujero entre la nieve, levantándola por los aires y, debido al vapor y al humo de mis artificios, evaporándola. Un par de animalillos salen corriendo por el estruendo del aterrizaje.
-Esto está a punto de finalizar. No debo tener envidia. No he realizado pactos con nada, ni he tomado nada prestado. Yo he creado mi propia utilidad, mi propio poder con motores, engranajes y acero que también me he forjado. Si mi armadura fuera destruida, tengo en mi mente los planos, puedo volverla a crear. Yo y mi mente somos los que aguantarán las tropas de Soth, y ayudarán en su derrota. Soy útil.

El lantanés volvería al campamento de la Alianza, tras una larga caminata silenciosa, habiendo buscado despejarse con esta excursión.

 

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