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Una libreta adornada con plata.

Nethiem

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Una libreta azul y blanca, adornada con detalles de plata brillante. Lo suficientemente grande para albergar recetas, notas, y demás que la cleriga selûnita guarda en privacidad; pero también para caber en el bolso que cuelga de su cinto lunar.

Quienes la conocen en privacidad saben que la lleva siempre, a veces sumiéndose por completo en ella escribiendo anotaciones, unas más largas y otras más cortas. Pero extrañamente nunca la cedió ante nadie ni viajó más allá de su bolso y sus manos.




Una daga en el altar.​
El eco de secos golpes retumbaba por las enormes paredes de la abadía acompañada por la voz de una mujer de avanzada edad —La vida es la flor para la cual el amor es la miel.. —Dando paso a otra suave voz llena de magnetismo y personalidad, —Por ello, una flor florece para su propia alegría y de quienes saben apreciarla —La última provenía de la mujer responsable del eco. Llevando un vestido completamente azul, bajaba las escaleras mientras la joyería de plata brillante que portaba chocaban entre sí acompañando sus pasos.

Terminó por acercarse al altar donde se encontraban sacerdotisas y caballeros de las estrellas dando paso al silencio por unos segundos. La mujer poseía claras cualidades amnianas, pero su aspecto total la lograba hacer diferente a estas. Porte angelical y rasgos bien definidos, un cabello azul lacio que caía sobre sus hombros dándole paso a una larga capa de blancas plumas naciendo de sus hombros. —Selise, nuestra Heraldo de las estrellas —la saludo la mujer de avanzada edad dibujando una sonrisa en su rostro para luego formular una pregunta hacia ella. —¿Cómo te fue? —.

Selise dirigió su dorada mirada hacia la mujer que preguntó curiosa mientras dejaba una bella y cuidada caja en el altar junto a un saco de monedas —Ha sido un hermoso evento, con grandes actuaciones de Ian Songbrid, Paz Adalonsong, Odelina y Onofer de Argluna compartiendo su arte —Respondió mientras abría la caja sacando una daga de oro con filos especialmente agresivos, la hoja decorada con un fino grabado representando exuberantes rosales en ambos lados. —No hay jardín sin rosal ni rosal sin espina —Expresó Selise al leer el grabado de la misma para luego volverla a su caja abierta posandola en el altar.

—He ganado el premio del evento querida Betha, poniendo las frases de las flores que siempre nos dices en las palabras que dedique —Volvió a comentar con su suave voz hacia la mujer de avanzada edad mientras todos la veían expectantes en silencio, para luego dirigirse al grupo que se encontraba allí también, —Y aquí dejaré el máximo reconocimiento con la daga “Espina dorada” que se me fue dada, junto a estas monedas como donación —.

La heraldo de las estrellas dedicó una sonrisa al grupo como es típico en ella, en silencio al igual que como llegó, se alejó acompañada de un caballero hacia los patios internos. Dejando la daga en su decorada caja descansando en el altar siendo exhibida para todo aquel que se acerque a este como representación y recuerdo de los viajes y el evento llevado a cabo ese día en Crimmor, por la Eterna Melodía.

Ceremonia.png




Offtopic :
Hilo de relatos de Selise, sin orden cronológico ni constancia en el uso de la misma persona gramatical.​
 

Nethiem

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Un dragón, su ejército y un grupo de aventureros.​
Capítulo 1.​
Podía ver los rayos del sol danzar sobre la colina mientras subía, un espectáculo dado por el movimiento de las nubes debido al viento, el mismo que hacía que mi cabello se ondeara sobre mi rostro dificultando mi vista .«Mantener ambas manos ocupadas y el cabello tapando mi vista es un problema mientras subo..», pensaba en silencio concentrándome para no caer cuando escuche a Liria reír. —Un poco más y llegamos, no negaré que la colina cuesta arriba se dificulta si carreas toda esta comida ¿No lo crees? —preguntó la misma pero sin dejarme contestar exclamó animada —¡Pero ya llegamos! —.

Le sonreí aliviada al llegar soltando un pequeño suspiro mientras volvía alzar mi vista hacia la enorme estructura, la abadía de Hydcont. Una construcción tan grande como las hazañas que representaba al haber sido donada a los selûnitas como recompensa hace más de un siglo.

—Sacerdotisa Selise. —Exclamó un hombre de gran tamaño, vestido de ropas azules y placas plateadas, con el distintivo de los caballeros de las 16 estrellas. Dirigí mi mirada donde estaba y en silencio asentí haciéndole saber que estaba mi atención en él. — Acaban de traer esta misiva, por favor tome — Terminó por tomar las bolsas de mi mano y cederme la carta —No se preocupe, me encargare desde aquí — sonrió y dirigí mi vista hacia Liria y esta me dedicó otra sonrisa asintiendo —Nos vemos más tarde Selise —.

Camine por el patio interior hasta las escaleras que daban a las habitaciones, solo con ojear la carta y sentir el aroma a menta y frutos del bosque podía saber de quién y qué se trataba, era la respuesta que estaba esperando hace algunos días de la elfa Valrieth. Entré a mi habitación, me quité la capa desatando la parte de mi espalda de la blusa y solté mis plumas dejándolas caer por todo el largo para tomar asiento en el escritorio y abrir la carta.

«..Sacerdotisa de la Luna, os escribo esta oportunidad para solicitar vuestra ayuda en una batida próxima que se realizará tratando de dar caza al dragón..» Leía en mi cabeza con calma. Al terminar la volví a su sobre y abrí un cajón del escritorio, adentro había otras misivas más, la puse encima y lo cerré nuevamente.

Empecé a preparar mis bolsas, consumibles, comida, agua, componentes de hechizos y todo lo necesario para poder enfrentar el mal que acechaba el bosque; cuando tocaron tres veces la puerta. —Adelante —exclamé sin dejar mi tarea en marcha. —¿Te vas nuevamente? —sonó una voz ronca y agresiva. —Hice que me dejaran pasar cuando te vi por el patio, tu me lo permitiste ¿no? Mientras no sea.. —Seguía hablando el hombre maduro hasta que lo interrumpí. —Si, si. Así es, mientras no sean horarios complicados. Marchó hacia Tethyr, Fultón, las Espadas de Myth Drannor me han pedido que sea la representante del grupo en la misión que llevaremos a cabo —. El hombre se paseó por la habitación en silencio intentando conectar sus ojos con los míos, pero no pudo hasta que termine de acomodar mi equipaje. Me paré frente de él y le cedí una de las bolsas. —Ten, acompáñame hasta afuera —Le dije y cuando iba a empezar a caminar nuevamente me detuve a ver sus ojos, estaban llenos de duda y enojo — No puedes acompañarme, no iré a ninguna guerra y por más que lo hiciera, las guerras no son tu lugar ahora mismo —Agregue para luego sí marchar fuera acompañada por el capitán del ejército Amniano.

Caminamos hasta el patio exterior y Fultón se acercó a mí dándome la bolsa — No te queda otra que volver, no dejaré que nadie más me trate aquí y las cosas podrían empeorar —. Si no conociera a Fultón pensaría que es una especie de amenaza, pero en realidad solo está despidiéndose y deseándome lo mejor. Un hombre con un pasado oscuro, que busca iluminar su mente nuevamente y yo era la única que él así lo permitía. —Lo haré, volveré con buenas noticias y podremos seguir recorriendo los trigales Fultón —Le dije mientras tomaba los componentes de mi cintura para teletransportarme y empezaba a conjurar en idioma celestial —Lelhûcel cul pnictel tel hal boelnkal celvellanial — Una fuerte ráfaga de viento nos sopló y desaparecí al instante llegando hacia el destino previsto en mi mente.

Mis pasos eran pesados y ruidosos, pero no lo suficiente para sobresalir del ruido de los trabajadores reconstruyendo la Torre de Tiru Tel'Quessir. Observé a los lados buscando el punto de reunión hasta darme con él y a medida que me acercaba sentía la tensión aumentar en el ambiente. —Buen día a todos —Exclamé llamando la atención en el lugar, tras recibir los saludos correspondientes los batidores expusieron nuevamente los hechos y las acciones a tomar —En las misivas fueron los detalles, pero pondremos en común lo que haremos ahora que estamos todos reunidos en persona —.

La situación era complicada, aldeas a millas de distancia del lugar han estado siendo arrasadas y saqueadas por hombres lagartos, al parecer se llevan a los niños y todos los objetos brillantes, sin atender a razones y miramiento alguno acabando con la vida de todos los que se oponen a su paso. Al preguntarle de donde venían a uno de los humanos sobrevivientes que se acercó a Tiru, respondió que venían a casi un día de viaje por el bosque y señaló en dirección noroeste. Pero el plan a seguir era simple, barrer terreno y estudiar de dónde provienen estos ataques, no sería extraño que estén asociados con el dragón verde. Si logramos discernir la ubicación de su guarida habremos avanzado un paso gigantesco.

—¿Listos? —dijo Lorfindel tomando su arco, en ese momento todos en el grupo afirmamos y empezamos a marchar detrás de los batidores que habrían marcha hacia el noroeste, era tiempo de empezar la misión, una que sin saber más tarde se tornaría difícil y lamentaríamos al final.


Offtopic :
Relato ambientado en una puesta en común de las escenas de DM Khaof seguida de otra escenas de DM Tepes en el próximo cap. Se respetan los nombres reales de NPC's dados por los mismos DM's.
 

Nethiem

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Las hojas siguientes de la libreta estarían arrugadas, otras arrancadas y hasta la tinta corrida por lo que se supone que sería agua.



Tu sonrisa.​
Recuerdo salir de una reunión muy importante, una de las mismas que formarías parte en un futuro. Las cuales culminaron en un arriesgado asalto, pero victoriosas y salvando a más de 150 personas otorgando nuevamente su libertad.

Estaba algo apurada y pensante, te vi en el patio interno de la abadía pidiéndome amablemente charlar en privado, por lo que instintivamente privé a los caballeros de las estrellas acompañarnos. Te llamé a una sala de reuniones común, te hice hablar mientras acomodaba mis papeles y me hiciste una primera pregunta; —¿Por qué tienes tanta confianza, no tienes miedo? —. Y mi primera respuesta hacia tí no fue menos que una simple advertencia acercándose a una amenaza. — Si me quisieras hacer algo morirías aquí mismo, estamos en mi hogar y el de cientos de selûnitas más, es una locura intentarlo. —.

Ese mismo día te mostraste abiertamente a mi, tu naturaleza, tu ser, procedencia, costumbres, religión y sobre todo tuve la suerte de ver esa sonrisa que siempre escondiste, la que privaste tanto atrás de tu máscara sólo para que muchos otros la muestren.

Desde ese día, hice lo mismo contigo, me mostré abiertamente y formamos una amistad con fuertes vínculos. Nuestras misiones eran tan similares que siempre cruzábamos el camino de una y de la otra ayudándonos. Intentaba guiarte, enseñarte y ayudarte con tus dudas, mostrándote el camino que pensábamos era el correcto. Fui dura cuando tenía que serlo, pero también frágil y sensible cuando lo necesitaba.

Pude ver tus primeros pasos aquí en estas tierras, cómo creciste y formaste vínculos, cuando me preguntabas si podías confiar en algunas personas, y te demostraba que si podías. Cómo hiciste feliz a tantas personas sin pensar en los riesgos propios siendo así cómo te fuiste, dándolo todo por quienes querías tanto.

Todo este tiempo a mi lado me trajiste mi hogar qué tan lejos esta, me recordabas a mi hermana hasta convertirte en otra para mí, riendo cómplices y jugando por igual. A empujones y brutas, peleándonos pero siempre riendo al final. Antes de marcharte ese día me prometiste que volverías y me darías la revancha de nuestro último juego, me temo que esa promesa se alargó querida amiga.

Ahora esperaré, imaginaré tu sonrisa como lo hacía cuando te escuchaba reír detrás de esa máscara, y formará parte de mis fuerzas para seguir los trabajos que juntas iniciamos aquí. Gracias por dejar tu legado Dhaunae Lueltar, por demostrar que las lunáticas, como me llamabas, rezamos la verdad entre la igualdad, la comprensión y el amor. Como ustedes, las elegidas de Eilistraee.

Esperaré a caminar naturalmente junto a ti como te prometí en vida, bajo Selûne, riendo y cantando.


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Offtopic :
Relato basado en la experiencia personal de Selise con Dhaunae, y su despedida.
 

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Los últimos dos.​
Te conocí vestido de soldado, estabas borracho y decías tantas cosas sin sentido;
—¡Vamos a beber! Ayudenme a levantar al “borrachin”. Nos podemos perder en una taberna y no salir hasta el siguiente día —. Un soldado más, perdido en alcohol y batallas, es lo que pensaba mientras pasaban los días y seguía observandote.

Empezamos a conocernos más y nuestras amistades en común hacían que pasemos más tiempo juntos de lo que pensé que pasaríamos. Me decías cosas extrañas y yo solo pasaba de ellas, o es lo que demostraba en ese momento.

Recuerdo no tomarte en serio, pensaba que tus palabras eran el efecto del alcohol jugando con tu lengua. Pero así pasaron los meses incluso años, fuiste a la guardia pero también la dejaste y al final me sorprendiste cuando con todo tu corazón apoyaste a Acero Argénteo cuando estaba naciendo. Pasábamos más tiempo juntos incluso, mis tareas empezaron a ser tuyas y tuyas ya empezaron a ser las nuevas ideas que surgían.

En ese momento empecé a entender todo de ti. No eras otro soldado borracho feliz por el alcohol y las luchas. Eras sincero y natural, alegre y divertido, junto a todos empezaste a trabajar para hacernos crecer, teniendo motivaciones como ninguno.

Ahí fue cuando sin darme cuenta empecé a depender de ti, a tu lado enfrentando todos los peligros que nos rodeaban, me hacías sentir una seguridad y voluntad que no puedo describirla. Sabía que mientras te escuchara reír y hablar estaría bien, estaríamos todos bien.

Mientras en cada situación peligrosa, desenfundarás a juramento, seríamos invencibles juntos. Solo restaría finalizar y ver que todos estemos bien. A las afueras de la abadía, en los llanos o perdidos por medio de los bosques, escucharte decir eso que nunca dejaste de decirme, que tanto ignoraba y luego lograste hacer que espere con ansias escucharlo. El amor que sentías a mi, el “te amo” que entre risas y bromas lo decías con tu sinceridad y todo corazón. Tus proposiciones, la vida que prometiste en un futuro juntos y tanto por delante.

Cuando te despediste, peine tu cabello como siempre hacía, apreté con fuerza tu hombro, depositando toda mi seguridad en ti como ya era costumbre, sabiendo que si estabas ahí sería imposible que perdieran, sería imposible perderlos a todos. Y así fue, diste tu vida hasta el final, hasta la victoria.

Cada vez que imagino y pienso, me pregunto tantas cosas. ¿Por qué te mantuviste parado con tantas heridas? ¿Por qué no dijiste nada? ¿Por qué luchaste hasta el final?. Pero las respuestas las conozco, solo me gustaría que me las respondas tú, con tus bromas y felicidad.
Te mantuviste parado sangrando, para que otros no caigan. No dijiste nada para no preocupar a todos en la batalla. Luchaste hasta el final para ver a tus amigos victoriosos y con vida.

Cuando te trajeron a la abadía me di cuenta de lo eras para mi, lamento hacerlo en este momento, pensé que tendríamos más tiempo juntos. Los últimos dos besos, uno fue en la frente por ser quien siempre estuvo a mi lado cuidándome y dándome todo tu amor sincero aunque no te haya dado una respuesta, y el otro en tus labios correspondiendo al fin ese amor.


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Relato basado en la experiencia personal de Selise con Arsen, y su despedida.
 

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Una vez más.​
— ¡Selise! Logramos nuestro primer acuerdo comercial. Ahora podré vender la cerveza de los enanos, los Trazarunas aceptaron el acuerdo. —Me dijo Arsen con una amplia sonrisa por su logro. Esa fue una de las tantas noticias que fácilmente me alegraban y provenía de esa familia tan pintoresca. Hacía tiempo que los conocía, a través de mis más cercanos, con su amistad tan sólida me hacían confiar ciegamente en ellos. Y así fue como empecé a acercarme también, pidiendo su guía en expediciones de minería, hablando de la profesión en común que teníamos con Cargnar, la herrería y los metales que me enseñaba a trabajar. La cervezas que felizmente compartimos mientras Davgnar junto a Joagnar me explicaban su manufactura.

Compartimos aventuras, expediciones, viajes y en cada una de ellas me enseñaban y brindaban tanto que fue fácil empezar a entenderlos mejor y conocerlos a fondo. Las bromas con Marzer y Arsen junto a ellos hacía que todo tome más color y se vuelva más fácil de llevar. Las promesas de los festejos y las cervezas al final de cada aventura. Los momentos en que molestamos a Dhaunae y la imaginamos con barba.

Cuando supe que Dhaunae se había abierto a ustedes y ella felizmente me mostraba parte de su barba trenzada diciéndome que podía confiar. Ella lo hacía, como no hacerlo yo, desde ahí supe que su corazón era mucho más de lo que imaginaba y el valor de familia que poseían.

La última noticia, fue cuando me enteré de sus ingresos a Acero Argénteo, estaba feliz de saber que personas tan centradas, con tanto amor y eficientes se veían atraídas y alentadas por un grupo abierto como el que fundamos. Grandes proyectos surgieron enseguida, uno de los cuales fue el que me encargaron el día anterior a su partida hacia la batalla.
Lamento tanto no poder mantener mi palabra, mis últimas palabras hacia ustedes; —Me encargaré de todo hasta que vuelvan, déjenlo en mis manos, solo vuelvan así luego podemos celebrar la victoria con cerveza juntos una vez más. —.

Se que cada momento lo valoré y lo viví felizmente a su lado. Pero aún así deseo poder repetirlos junto a todos, una vez más. Riéndonos, burlándonos unos de los otros festejando nuestras victorias, para al final separarnos diciéndonos, hasta pronto. Recibir sus enseñanzas, aprender nuevas cosas, salir de aventuras y superarlas lado a lado. Una vez más escuchar otra noticia de ustedes que me alegre.


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Relato basado en la experiencia personal de Selise con Cargnar y Davgnar, junto a su despedida.
 

Lemuu

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Me encantaron...el de arsen me rompió el _desamorr
 

Nyra

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Ñaa uf este post me ha hecho reír y llorar a partes iguales con cada uno. Lleno de recuerdos de los momentos vividos en el servidor con nuestros pjs.

Qué de risas con cada grupo, cómo una expedición de Davgnar por setas y la conversación de almejas. O las veces cómo dices en el relato qué molestaban por la barba a Dhaunae. Los juegos de pedazos de brutas de ambas qué otros se quedaban en plan: _confuso2

Tantas cosas, con tu post de cada uno me haces pensar en ellas. En todas. Sobretodo en cómo Arsen a veces salía cantando por ahí con Marzer sobre el amor a su amada Selise.

Muchas gracias y te ha quedado muy bien y tierno los tres <3 (aunque dolor). <3
 

Nethiem

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Clamores y lamentos se escuchaban por todo el salón, gritos llenos de odio y festejos que podrían aturdir a cualquiera que esté a pocos metros. Pareciera que el ruido ensordecedor reinaría aquellos fríos muros por una eternidad, pero el silencio fue el que lo hizo de un segundo a otro.

Unas alas blancas se extendieron lentamente a lo largo del fondo del salón mientras se teñían de rojo vivo rozando con la sangre que vertía aquel trono horripilante en el que estaba sentada ella, hecho de sangre y huesos. Decenas de demonios y diablos empezaron a arrodillarse en silencio como si se tratara de una coreografía practicada arduamente.
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Tenía el mismo gesto soso sin emociones aunque estaba más consumido convirtiendo ese amable rostro que una vez tuvo en uno tétrico llamando la muerte con su mirada, la cual ya no brillaban de amarillo. Sus ojeras eran tan negra como la misma oscuridad haciendo resaltar el rojo carmesí que se había poderado de sus ojos. Su cabello que una vez fue de un azul vivo, ahora caía como seda en sus hombros con un tono blanco apagado y sus puntas teñidas de sangre.
Todo iba acompañado por lo que pareciera una tétrica corona que se perdía en su cabello asomando únicamente las puntas de un oscuro metal puntiagudo.

La que había sido su armadura plateada brillante junto a su ropaje azul se había convertido en negras y rojas, sin brillo ni gracia, invitando que la oscuridad reine allá donde ella caminaba. El símbolo que con fervor y amor portaba siempre, los ojos de una doncella con siete estrellas aún lo llevaba con ella, pero ya no transmitía el amor de antes, no causaba más que repulsión y espanto;
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Este símbolo ahora estaba tallado en la frente de una calavera que colgaba de su cinturón.​
Al lado derecho de su cintura ya no colgaba su Mano de Luna brillando con la luz de la misma Selûne llenando de esperanza a todos que la acompañaban. Por el contrario, llevaba un arma rodeada de muerte y manchada de la sangre de todas las víctimas que asesinó a su paso.

Hizo golpear su arma en el suelo provocando un sonido seco retumbando por todo el salón donde ahora reinaba el silencio, lo cual bastó para que las aberraciones miren con la cabeza agachada a la mujer portadora de desgracias. Sus labios resecos empezaron a moverse y de ellos salieron palabras que se supone que no debería entender, era el idioma de los baatezu pero lo hablaba y entendía tan fluido que me sorprendía.

— ¡Lo he decidido!. Se que hermoso adorno será el próximo que cuelgue de mi cinturón.—Sus palabras retumbaron por todo el salón mientras acariciaba una de las calaveras y una sonrisa macabra se apoderaba de su rostro.
La imagen de él estaba en mi mente, sosteniendo su cabeza ensangrentada con un gesto de horror en mis manos, me sentía feliz y satisfecha. ¿Por qué? Lo tendría conmigo siempre ahora, no se separaría de mi cinturón y adornaría mi ser en muerte por siempre.

Nuevamente los gritos de guerra empezaron a rugir con ferocidad apoderándose de ese pequeño momento de silencio y los demonios empezaron a marchar al exterior.
Ella extendió sus alas y de un impulso emprendió vuelo pasando por arriba de aquellos seres infernales mientras la sangre de sus alas manchaba a los que iban por abajo.

La imagen se apagó cuando empecé a escuchar que entre gritos me llamaban. — ¡Selise! Vuelve, no dejes que esta aberración torture tu mente.—Abrí mis ojos, estaba transpirando y mi cuerpo se sentía débil, podía ver como todos los caballeros de la estrella me rodeaban con sus armas desenfundadas y preocupación en su rostro. Juana sostenía mi cabeza y su mirada transmitía una mezcla de miedo y tristeza.

Era una realidad, tenían miedo, tenían miedo de lo que fuese capaz de hacer si perdía el control de mi misma.

¿Había sido una visión? Eran tan real. ¿O acaso era mi futuro?. Todo fue tan vivido que pensé que no volvería de allí. Mire mi mano y aún estaba tallada en fuego las runas aquellas. Me levanté y realice una plegaria a Selûne, los rostros de aquellos que hace unos segundos estaban preparados para acabar con mi vida empezaron a calmarse y sus armas eran enfundadas una por una. Tenía que hacer algo, no podía perder el tiempo ni poner en peligro todo lo que era más importante para mi. Salí con presura de la abadía, y conjuré desapareciendo a los segundos.


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Relato basado en las visiones de Selise debido a las runas de la maldición.
 

Nethiem

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Oraciones en élfico se escucharon entre los gritos y sonidos de batalla al mismo tiempo que una lingote de plata voló directo al portal. Entre soldados, caballeros, aventureros y diablos paso directo hasta pegar en el vórtice del portal haciéndolo convulsionar, cerrándose poco a poco al mismo instante que el último diablo cayó derrotado y gritos de alerta empezaron a escucharse;

—¡Se está cerrando! ¡Jack está del otro lado, hay que ir por él!. —

Del otro lado del portal figuras horribles se asomaban con un semblante tétrico en un paisaje que invitaba a la desesperación misma. Pero no fue suficiente para que empiecen a verse héroes valientes saltar por él.

Unas alas dracónicas se extendieron y con un fuerte impulso salieron volando hacía el portal, de su pierna iba un enano enganchado gritando —¡Estoy enganchado, suéltame escamoso! —Mientras una druida por atrás corría intentando socorrerlo.
Otros gritos se empezaron a escuchar de quienes poco a poco iban cruzando, algunos dirigidos al alma encadenada atrás del portal y otros a quienes se quedaban atrás.

Tras el paso del último valiente, el portal se cerró completamente. Aislados de lo que antes podrían llamar su plano, ahora se encontraban en uno sumamente diferente. Con un ambiente hostil llamando a la muerte misma, cientos de ojos empezaron a iluminar la oscuridad infinita que rodeaba a todos. Al fondo del tétrico camino agrietado, un orbe de sangre se mantenía en lo alto formando algo dentro de él, con una alma encadenada de todas las extremidades gritando de angustia. Un diablo de tamaño considerable abajo de este se dio vuelta y empezó a observar a los asaltantes.

El aire era pesado, en especial para aquellos dotados por sus deidades de forma divina, todos se sentían con menos fuerza y suma angustia, las dudas empezaron a surgir, las inseguridades seguido del temor que ocasiona el para nada agradable paisaje que los rodeaba empezaban a invadir a los aventureros.
Pero sin tiempo de preparación, apenas recuperando el aliento de la carrera, de las grietas empezaron a surgir más diablos, como así también de los ríos de sangres, incluso aquellos que estaban empalados empezaron a saltar sobre ellos con una ferocidad propia del ambiente rodeandolos en un círculo sin fin de diablos.
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Alaridos de guerra empezaron a escucharse, incluso festejos desde la oscuridad por aquellos diablos que aún no se acercaban al combate, como si disfrutaran del evento que los rodeaba.

Pero estos no habían llegado para flaquear ni dudar, estaban más determinados de lo que podían llegar a imaginar. Avanzando en círculo, empezaron a abrirse paso hacia el alma de su amigo.
 

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Virotes llueven sin cesar por todo el lugar dándole directo a los diablos, relámpagos surgen de la oscuridad del cielo azotando con la fuerza de un druida a las aberraciones mientras que los arcanos conjurando desde la distancia ocasionan fuertes daños por cada sortilegio.
Los guerreros se fueron abriendo paso junto a la mujer que se encargaba de mantener el grupo con vida. No existía una vanguardia, no existía una retaguardia, estaban totalmente rodeados y los diablos no dejaban de surgir, mientras que los cuerpos se amontonaban creando pequeños monticulos.

Erinias del cielo descienden con fuerza sobre estos intentando acabarlos, pero aún así el grupo no flaqueaba, algunos caían, pero lograban levantarse nuevamente gracias a las sanaciones.

Pisando las montañas de cadáveres de diablos y no muertos, un paladín de casi tres metros se alzaba sobre los que aún acortaban el paso hacia su objetivo, con su escudo del tamaño de un portón en una mano arrojaba numerosos lémures por los aires, mientras revoleaba su espada cortando otros tantos, pero estos no se rendian.
Intentaban tomarlo de todos lados aferrándose con garras y colmillos de las placas de este para lograr tirarlo. Pero el semi ogro no estaba solo abriendo paso, unas alas detrás de él se desplegaban haciendo volar más diablos mientras su espadón pasaba de refilón sacándoles los otros que colgaban del cuerpo del gigante. Un humanoide híbrido jabalí arremetía con sus armas, incluso su cuerpo entero para repeler los ataques sin cesar y ayudar a abrir el paso, a la vez que sanaciones caían como un respiro de aire fresco para estos guerreros, seguido de bendiciones y alientos de una mujer desde el medio del grupo. —¡No temáis, sigan adelante con voluntad! —.

Cuando parecía que la batalla no acabaría, una rafaga proveniente de la druida con una fuerza considerable golpeó a los diablos haciéndolos volar por todos lados. Dejando el paso libre, los aventureros sin saberlo ya estaban al frente del diablo gigante que los observaba.
El resto cesaron el ataque y los gritos, pero las miradas desde la oscuridad nunca se apagaron. El lugar se quedó inmerso en un silencio sepulcral por unos segundos hasta que un rugido y grito se escuchó provenir del mismo Grezgoux —¡¿Osan traer a la reina ante mi!? —Por más increíble que pareciera, el grupo tendría una oportunidad de dialogar con semejante aberración intentando salvar el alma de su amigo.

Burlas e invitaciones a la muerte sólo podían escucharse del diablo, pero los aventureros no se irían sin un miembro, cruzaron un mar de diablos hasta su amigo para volver con él.
Grezgoux empezó a ver como algunos del grupo flaqueaban ante él e intensificó su mirada de tal forma que llamó la muerte más horrorosa que podían tener aquellos valientes en su propia mente. Uno a uno empezaron a caer al suelo, incluso gritando de pavor, pero dos quedaron de pie, la cleriga no apartó la mirada de los ojos del diablo y aún así con sus puños tensos avanzó nuevamente hacia él levantando la voz pidiendo a su amigo. Seguido de esta el paladín de casi tres metros se posó a su lado.

Pero volvería a ser inutil, el diablo no los dejaría marchar, no sin poder cumplir su deseo. Cuando empezaron a aceptar todos el trato que le propuso, el semi ogro se adelantó convencido.
Con solo su espadón, se postró frente al Grezgoux clavandolo con fuerza en el suelo, mientras este lo miraba riéndose convencido de que podría romper el pacto del paladín gigante. Pero lo que ocurrió al momento siguiente, fue el sonido de un pesado gruñido proveniente de él.

—Frum Yelm… Kriggen jotunbrug —Con sus dos manos sosteniendo el espadón, a gran velocidad se puso de pie haciendo estallar su arma en llamas plateadas mientras con un golpe quizás dirigido por el mismo vigilante, aterriza un brutal tajo en el diablo distraido.
Gritos de batalla vuelven a reinar el lugar, — ¡Que habéis hecho! Todos morirán ahora. —Exclamó Grezgoux mientras brutalmente abatió al paladín sosteniéndolo desde la cabeza.
Pero el alma encadenada, su amigo Jack ya sin poder aguantar ver a sus amigos sufrir gritó hacia el diablo aceptando voluntariamente el sacrificio para poder salvarlos.

Grezgoux entre risas y gritos soltó al paladín y clavó su filo sobre el alma de Jack terminando de rematar lo poco que quedaba de él —¡Jack! —. Empezaron a gritar todos sus amigos atónitos por la escena.

—¡Tomen sus manos! —Fue el siguiente grito de la clériga de azul mientras agarraba la mano del semi ogro inconsciente. Haciéndole caso todos empezaron a entrelazar sus manos formando una cadena y está clavando una vara de cobre en sus muslos empezó a conjurar. Poco a poco el paisaje horroroso empezó a mezclarse con el de su hogar nuevamente. Aquellos que estaban abandonando el mismo infierno vieron como una figura considerablemente más fuerte y temerosa renacía, fue el tiempo suficiente para que los ojos del rey renacido se posaran fijamente en la cleriga portadora de la marca hasta que desaparecieron.


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Relato basado en el rol del intento contra Grezgoux para recuperar a Jack.
 

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La reliquia de Myth Lharast.​

Un eco producido por la madera al crujir por ser empujada rompió el silencio del gran salón al que daba paso, una puerta de madera adornada fue abierta de a poco, lo suficiente para que alguien no muy robusto pueda pasar con facilidad. Y así fue, de la misma se asomó una mujer de altura media y contextura atlética. «Un ser cuasi celestial», pensaría cualquiera que se pare a apreciarla.
De ella cae una cabellera azulada adornada por un par de ojos amarillos brillantes, la belleza de sus rasgos fácilmente harían que la confundan con una elfa, pero los más avispados podrían saber que no es así. De sus hombros nace una capa blanca de plumas bien cuidadas acompañando al vestido azul y plateado que porta. Paso tras paso se acerca a su destino llamando la atención de todos, pero no solo los rasgos descritos anteriormente hacen que su persona no sea fácilmente ignorada, el gran magnetismo personal que porta ayuda a ello.

—Sacerdotisas —dice suavemente al frenar, a su frente dos mujeres más charlan al lado de un altar que adorna el salón.

La mujer de mayor edad, que portaba un claro rostro de preocupación alivia su gesto—Ah, hola hola. Veo que al fin has encontrado tiempo entre tus labores —mientras que la más joven sonríe y como si tratara de excusarse empieza a alejarse añadiendo que tiene labores que atender.

—Así es, me disculpo por la tardanza Umae ¿Ocurrió algo? —Responde la mujer de cabellos azul mientras sonríe a la que se alejaba.

—Descuida, querida —Responde Umae también de inmediato forzando una sonrisa añadiendo—: Tampoco quería presionarte, pues solo tengo una tarea un tanto pesada para ti, ven sentémonos.
Ambas mujeres se perfilaron para las escaleras del fondo y se sentaron una al lado de la otra recogiendo sus vestidos.

—¿Conoces la historia de Myth Lharast, Selise? —preguntó Umae a la mujer peliazul una vez estuvieron ambas sentadas en las escaleras.

Selise rebusca entre sus bolsas, aún sin responder, para sacar un anillo el cual lo lee y lo vuelve a guardar al terminar respondiendo inmediatamente que no.

—Fue una antigua ciudad, como un enorme templo dedicado a nuestra Señora de Plata. No creas que se mucho, sin embargo, entre los enormes muros de esta abadía resguardamos algunas reliquias que nos fueron donadas por otros templos debido al respeto que profesan de dicho pasado —continúa explicando Umae—Algunas son objetos sin poder más que los recuerdos e historias que resguardan, otros representan su caída y portan con ellos el sufrimiento de su desaparición.

Umae hace una breve pausa e indaga sobre Selise—Seguro te preguntas porque esta señora mayor lunática te habla de esto, ¿Verdad? —.

A lo que Selise responde—Así es. ¿Nos han robado Umae? —.

La mujer veterana niega despacio y le responde a Selise—Resguardamos un amuleto que perteneció a una sacerdotisa que defendió esa ciudad antigua, pero esta corrupto. Pese a los años, con todos los problemas en la ciudad fue algo que bajó de prioridad en nuestras preocupaciones. Pero recientemente hemos recibido amenazas y visto a cultistas de la Bestia que amenazan con recuperar lo que es suyo, pues ellos fueron quienes corrompieron el amuleto —.

Otra breve pausa da lugar a un silencio que vuelve a interrumpir Umae—Nuestros resgistros indican que un guardián sigue sellado producto de la corrupción, por lo que tememos que si caen en manos equivocadas puede ser liberado. Ahí es donde entras tú querida —.

Selise sin pronunciar palabra alguna hace un ademán para que Umae siga explicando la labor que tiene por delante.

—Si bien compartes la devoción a este templo como todas, eres quien más acostumbrada está a defender y moverte fuera de estos muros. Varias de nosotras hemos perdido la práctica con los años —.

Umae se pone de pie y se encamina hacia el altar, saca de él una caja, la cual estaba presente desde el inicio y regresa hacia donde está Selise ya de pie. Una vez de frente abre la caja para que pueda ver el amuleto. Este parece cubierto por una viscosidad negra que no se expande ni se pega a otras superficies.

—Quería pedirte, en nombre de este templo, que te aseguraras de eliminar la corrupción del amuleto, para poder reducir los riesgos de sufrir un ataque a mayor escala por parte de los seguidores de la bestia —, sigue explicando Umae,—Según creemos, el portarlo hacia el este donde se dice que la Ciudad de la Luna yace escondida, acudiendo a uno de los montes más altos donde la Señora de Plata se encuentre más cercano ayudará a combatir la corrupción. Quien lo porte deberá elevar una plegaria a nuestra Diosa para que interceda por el —.

Umae cierra la caja y vuelve alzar la vista hacia Selise estirandola hacia ella.

—¿Crees que puedes hacerte cargo, Selise? —.

La mujer peliazul observa la caja y afirma una sola vez—Caminaré bajo los ojos de Selûne mientras me guía en esta labor para poderla cumplir correctamente.

Umae termina por ceder la caja a Selise y le sonríe—Quien vaya a elevar la plegaria necesitará portarlo. Pero te advierto, al estar corrupto drena las energías de quien lo carga. Necesitarás llevar escolta, pues tu mente y cuerpo serán lentamente consumidos hasta que alcances tu destino. Y, querida, no descarto que puedan seguirte para robar nuestra reliquia, trataré de mantener tu salida de forma discreta para que no llames la atención y se centren en la abadía —.

—Entiendo, me encargaré de ocupar un grupo bien sólido para dicha labor. Lo haré lo más rápido posible para que no corran peligro la vida de todos aquí. Hay muchos, que con gracia, querrán seguir mis pasos para poder brindarnos una ayuda —.Responde Selise sonriendo afable y continua—: No te preocupes —.

Umae se vuelve unos pasos y sonríe nuevamente a Selise, un poco más aliviada para terminar de advertirle una sola cosa.—Como bien sabes, esto es más que algo personal. Representa una necesidad de todas las siervas de la Señora de Plata —.

La sacerdotisa más avejentada mientras se despide de Selise se aleja para nuevamente retomar sus labores, quedando la mujer peliazul con la caja en la mano mirándola unos segundos antes de darse vuelta y subir las escaleras. Entra por un pasillo largo y gira hacia la derecha abriendo con una llave una habitación, quizás, un tanto diferente a las demás.
Una armadura plateada brillante está acomodada en un porta armaduras junto a una maza que brilla como si se tratase de la luna misma. Selise entra y cierra la puerta, se dirige a una mesa donde apoya la caja y toma una empuñadura de un estoque quebrado que estaba adornando esta, llevándolo a su pecho mientras susurra algunas palabras.
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Offtopic :
Realto basado en el rol prologo de la quest.
 

Nethiem

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Caminata Lunar.
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Había alcanzado el punto más alto dentro de la caótica organización eclesiástica de las iglesias de Selûne en Amn. Cumplir con la promesa de la caminata lunar que había hecho a mis sacerdotisas bajo mi cuidado había sido un desafío que se había retrasado demasiado. Los altos cargos a veces se vuelven una jaula que atrapa las buenas intenciones, pero finalmente, llegó el día de cumplir mi palabra.

Nuestro viaje comenzó con cuidadosa preparación. Reuní a mis devotas clérigas, Tea, Diana, Chandra, Nahiara y Amaris, en la majestuosa abadía que se alzaba en lo alto de la Montaña de Plata. Desde allí, contemplamos la luna, nuestra guía celestial, y deliberamos sobre nuestra misión. En un tranquilo y largo debate decidimos buscar las cimas de las Montañas Dientecillos en Amn, deseando acercarnos a Selûne en las alturas donde ella reinaba con esplendor. La caminata lunar no sería fácil; nuestras provisiones se empacaron meticulosamente, y la regla era clara: salir caminando desde la abadía y llegar caminando a la cima de la montaña, usando sólo nuestra fuerza.

La noche en la que partimos, la luna derramaba su luz sobre nosotras, guiándonos en esta caminata lunar. Pasamos por la ciudad de Inmescar para terminar nuestros preparativos. Algunos devotos se acercaron y pidieron la bendición de la Doncella Luna a través de mí; otros buscaban la fertilidad, guiados también por la Dama Luna. Bendecimos a todos los fieles y compramos los suministros necesarios antes de dejar la ciudad.

Como clerigas de Selûne, llevábamos en nuestros corazones la promesa de la diosa y en nuestras almas la determinación de llegar a lo más alto. El viaje comenzó lentamente, reflexionando y rezando mientras caminábamos durante la noche. De día, descansábamos y compartíamos palabras de ánimo.

Atravesamos el bosque, sin antorchas ni linternas de mano, ya que la capa que me fue regalada en las Puertas de la Luna por mi ascendencia, un ángel de Selûne, brillaba como si fuera una porción de la misma luna, iluminando nuestro camino.
Llegamos al paso que daba a la subida de la montaña sin más, sin ningún peligro aparente. Era curioso que hubiéramos cruzado el inicio del bosque sin contratiempos. ¿Era una señal de Selûne? ¿Un respiro antes de las pruebas que nos aguardaban?

Las subidas, algunas empinadas, nos desafiaron físicamente. El peso de nuestras armaduras y equipaje nos hacía avanzar lentamente, pero juntas superábamos cada obstáculo. Cuando menos nos dimos cuenta, la cima estaba más cerca. Decidimos descansar esa tarde para culminar nuestro camino durante la noche, a los ojos de la Doncella Luna.

La noche llegó, y retomamos el camino. El cielo nocturno estaba completamente despejado, y la luna brillaba como nunca antes, como si hubiera estado esperando este momento. Pero la paz de la noche se rompió cuando, en la última llanura de la montaña, nos encontramos rodeadas por un grupo de bestias. Orcos feroces, gnolls sedientos de sangre e incluso dos gigantes de las colinas colosales bloqueaban nuestro camino.

SeliTwo2.png
Como siempre, lo primero que hice fue extender la mano en un gesto de oferta, invitándoles a redimirse y encontrar la luz en sus corazones. Pero en respuesta, rugieron con violencia y deseo de muerte. Mi corazón se llenó de dudas y miedo por segundos.

¿Por qué ofrecer la redención cuando sabía que la rechazarían? Pero no había tiempo para más pensamientos como esos, sabía que era nuestra responsabilidad hacerlo, como ella nos enseña.
No teníamos opción, debíamos defendernos. No era la primera vez que lideraba este grupo bajo presión y en una batalla poco ventajosa. Me recordó a los ataques en Nashkell, y de mis labios brotaron palabras de valor y valentía, acompañadas de una bendición que nos prepararía para la cruel y triste batalla que se avecinaba.

La batalla que siguió fue un torbellino de caos, violencia y desesperación. Los enemigos superaban en número a nuestras valientes almas, y el abismo de la derrota se abría ante nosotras. Ellos eran cautelosos y pacientes, sabían que era cuestión de tiempo que nos cansáramos y empezáramos a ceder.
Fue entonces cuando de nuevo me vi atrapada en el dilema que habitaba en mi corazón desde antes de comenzar la batalla.

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¿Es el bien justificable cuando la supervivencia exige la destrucción de otros?

¿Qué más podía hacer para evitar la muerte y la destrucción, lograr guiar a esas pobres almas por el camino correcto?

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Un fuerte grito salió de mi garganta, otro llamado a la rendición y la paz. Quizás, por las burlas y risas que escuchaba como respuesta, pensaron que era una desesperada súplica por nuestra supervivencia. Pero no era así; era la forma de convencerme de que no podía hacer más para salvarlos. Que sus risas y burlas, su sed de sangre y destrucción eran más que suficientes para mostrar nuestra otra cara, como Selûne nos enseña. Invitar a la redención y, al mismo tiempo, castigar con el poder y las fuerzas necesarias sin remordimiento a aquellos determinados a sembrar el mal.

Con la capa de plumas blancas de la shard brillando tras de mí y mi Mano de Luna en alto, representando las cuatro estaciones de la luna, de mi garganta nuevamente salió un grito. Esta vez, parecía un verso, un poema, que aquellas bestias no podían entender, pues estaba convocando la ira y la furia de Selûne desde mi lengua celestial.

tormenta.png
El viento cesó, mi capa dejó de ondear y seguido se empezó a ver lo que creé. Invoqué con determinación una tormenta divina. Una nube oscura se alzó sobre el campo de batalla, si la noche era oscura con el cielo despejado, ahora lo era más.

La noche se llenó con el poder que Selûne me confió, con la ira divina que llamé. Las clérigas se acercaron sabiendo lo que estaba por desatarse:
relámpagos y truenos empezaban a azotaban con fuerza aquella montaña que había quedado envuelta en la nube negra. Las risas, burlas y los gritos de batallas fueron callados por los fuertes estallidos de los truenos que golpeaban a las bestias. La mayoría, aturdidas, intentaban no caer, pero con malos resultados.

Pues seguido de esto, una lluvia ácida cayó sobre ellos, erosionando su carne cruelmente sin piedad. Sí, las burlas y risas se convirtieron en gritos de dolor y desesperación, hasta quizás súplicas que fueron silenciadas por los relámpagos que desgarraban el cielo. Los gigantes que en su momento bloqueaban el paso, caían por la montaña aturdidos sin saber qué ocurría. Aquellos enemigos que habían podido resistir hasta el momento, ahora huían con desesperación.

Al final, se sumaron granizos que cayeron como juicio divino. Si lo anterior había dejado una inimaginable posibilidad de supervivencia para ellos, ahora desapareció. El granizo empezó a golpearlos bajo su implacable peso y precisión incluso rematando los que habían caído antes.

El epílogo de esta tormenta despiadada llegó, la visibilidad se desvaneció, y las bestias lucharon por sobrevivir en la ferocidad de la naturaleza misma. Los ataques a distancia resultaron inútiles, los hechizos se perdieron en la vorágine.

Mientras desataba la furia divina, quizás, la primera y última vez que estas desafortunadas bestias verían, mis reflexiones se mezclaron con los estruendos de la tormenta. Observando el caos que desataba, me pregunté si esta era la única forma de sobrevivir.

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¿Qué es el bien, qué es el mal, cuando la necesidad de sobrevivir eclipsa todo?

La redención ahora parecía una quimera inalcanzable en medio de la furia de la Tormenta divina.
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Cuando la tormenta finalmente se disipó, las bestias yacían derrotadas pero no todas fueron aniquiladas. Nosotras, las clérigas de Selûne, habíamos sobrevivido, pero el precio del proceso fue alto. El dilema que enfrentamos esa noche bajo la luna llena era uno entre muchos. ¿Una prueba? ¿Una forma de asentar más nuestros valores?

El viaje continuó en silencio hasta la cima, donde cada una se postró ante la majestuosa luna. En silencio, dentro de sus mentes, reflexionaron sobre lo ocurrido y oraron a Selûne.
Después de terminar nuestros rezos en el punto más alto de las Montañas Dientecillos y completar nuestra caminata lunar, regresamos a la Abadía de Hydcont mediante un poderoso acto de teletransportación. Nuestros corazones, aún cuestionadores, estaban llenos de gratitud por haber sobrevivido, pero nuestros labios yacieron sellados, sin pronunciar una palabra sobre el triste hecho.

Este viaje fue una prueba de fe y moralidad, una prueba que, aunque difícil, superamos con la bendición de Selûne. Bajo la luz de la luna y las estrellas, continuamos siendo devotas de la Dama Luna, buscando siempre la redención, incluso en los momentos más oscuros de la vida.
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