duBal
Shevarasita que habla bajito
- Registrado
- 10/4/15
- Mensajes
- 970
| Nombre: Vaenir Apodos: El Halcón Peregrino, El Niño Perdido de la Legión de Nanna-Sin Raza: humano Origen: untherico Nacimiento: Shussel, Unther Vocación: caballero sacerdote Deidad: Bane. Antes Lathander |
Faerun Map - LoreMaps
loremaps.azurewebsites.net
Parte I. Odisea
Nadie habría imaginado que un niño pudiera haber visto tantas tierras y mares como Vaenir en su historia más temprana. Esto, unido a su gran adaptabilidad, le valió el sobrenombre de 'El Halcón Peregrino' en las tierras de los Antiguos Imperios. Viajó de Unther a Chessenta, pasando por las costas meridionales de la península de Aglarond, a bordo de la galera esclavista de Priamor, un mercader conocido por su oportunismo. A pesar de su condición de siervo fue tratado como un objeto preciado. Era bello y estaba maldito, rasgos ambos que, a pesar de estar contrapuestos, lo dotaban de cierta singularidad. Lo llamativo de su cabello negro y plata contrastaba con el defecto de su mala salud. Para Priamor era su pequeño diamante en bruto, por eso lo colmaba de atenciones y lujos con intención de realzar su figura y poder exhibirlo como la mejor mercancía.
Fue en Cimbar donde Priamor encontró lo que buscaba. Allí la familia de los Phadaron liberó a Vaenir de sus grilletes invisibles pagando un alto precio. Lo adoptaron y educaron siguiendo las enseñanzas de Lathander, el Señor del Alba, pues los Phadaron estaban vinculados a su iglesia. En ella sirvió como novicio, creciendo a la par que su familia adoptiva, la cual peleaba por aumentar su influencia en el senado de la ciudad. De entre todas las mujeres que servían a la misión lathanderita, Vaenir se enamoró de la más prometedora, Criselia, su más joven oráculo. Dicho amor se mantuvo latente durante mucho tiempo pues, en agradecimiento por su liberación, Vaenir decidió consagrarse con el destino que se le había marcado.
Su sueño, su mundo, se hizo trizas cuando el patriarca de los Phadaron desposó a su primogénito con la oráculo con la intención de forjar una alianza duradera con el clero de la Mañana. Todo por un bien mayor. Entonces aparentemente incólume, el corazón adolescente de Vaenir comenzó a llenarse de pena y odio, regresando de nuevo a su infancia. Fuera donde fuera seguía siendo como un algo, incluso cuando ese algo era parte de una relación paternal o de un pacto benévolo. Si tan especial o único le hicieron creer que era, pensó, debía aceptarlo.
Tan pronto como interiorizó sus nuevos sentimientos, tomó un corcel y se alejó, dejando atrás sus esperanzas, su templo y sus maestros, poniendo la vista en los cielos confusos de la cordillera Akana.
Parte II. El comienzo de otro comienzo
La ciudad-estado de Reth le dio su peculiar bienvenida. Allá en su puerto, entre gladiadores y mercenarios, comerciantes y confidentes, Vaenir se abandonó a los placeres. En el tiempo que medió entre sus primeros días como luchador en el coliseo y las noches en los lupanares ocultos de los muelles, se enteró de la muerte de Criselia en Cimbar. La causa, un suicidio, hizo más tormentosa si cabe la asimilación de la noticia. Vaenir se sintió culpable y, a su vez, culpó a su fe y a sus devotos, poniendo fin a su vínculo con Lathander -si algo quedaba ya de él- y a su pasado reciente con las últimas lágrimas que alguien le vería derramar.
Mientras ahogaba sus aflicciones y miedos en vino y orgías de pura perversión, ciertos hombres y mujeres le susurraron, induciéndolo a la corrupción. Sin darse cuenta de en qué momento inició aquella transición, Vaenir coqueteaba con unos y otros usando a quien se le antojara, fuera local o visitante, para sus propios fines. En un momento dado descubrió, o más bien le hicieron descubrir, que era solo un cazador cazado. Quienes abrazaba como amantes eran en realidad agentes del culto de Glorganna, Señora de la Ruina y Suma Sacerdotisa de Bane. El culto, especialista en tácticas de manipulación mental, vio su potencial y sus maneras sofisticadas, fruto de su educación cimbariana, y lo atrajo lentamente para sí.
Ya como uno más de la cohorte de Glorganna, Vaenir se ayudó de sus contactos para dar con el paradero de un viejo conocido: Priamor. Desde su llegada a Reth su enfermedad había avanzado rápidamente y con ella las pesadillas se hicieron más frecuentes. Para su suerte Priamor residía en la ciudad. De camino a convertirse en un célebre mercader de esclavos pasó a perderlo todo, terminando por ganarse la vida como contrabandista. El joven lo condujo con promesas vagas al Templo de los Ojos Oscuros y allí le hizo pagar por todas sus transgresiones pasadas. Priamor suplicó entonces el perdón y le contó a Vaenir la verdad sobre sus orígenes. Le dijo que era un niño perdido de la Legión de Nanna-Sin, un niño que, por alguna razón, no era un aasimar como ellos, sino un humano cuya transformación no llegó a completarse. Le contó además que su condición era una maldición y que otro como él, Gardion, fue quien lo puso en su camino con intención de hacer que los entes extraños que lo perseguían se entretuvieran con otro objetivo. Las tierras de los reyes-dioses eran un misterio, pero, en este caso, el relato se antojaba demasiado real.
La pista de Gardion se perdía en las Tierras de la Intriga. Su nombre estaba ligado a la cura que, irremediablemente, Vaenir necesitaba. El joven se armó pues como caballero misionero de Glorganna e hizo de Priamor su aliado, no sin antes doblegar su espíritu y recordarle, a través de un miedo atroz, que escapar no lo libraría de volver a ser encontrado. Viajaron juntos una vez más. Esta vez con los papeles intercambiados y con otro objetivo en mente: los reinos del oeste.
| La Legión de Nanna-Sin Cuando los habitantes de Shussel, en Unther, fueron transportados al espacio residual del plano de Zigguraxus, lo hicieron para ser la voluntad de un dios desaparecido: Nanna-Sin. Un dios rebelde que con el último vestigio de su poder dio forma a una legión. Una legión igualmente rebelde, cuyo propósito sería regresar a Faerûn. |
Descripción físicaNo hay mirada que primero no se deje perder sobre su cabello. Lo raro de este nace de lo llamativo de su color, que va desde un negro tan puro que luce como satinado, a un plateado que surge desde la mitad de la cabeza hacia el otro lado, de manera que ambos colores parecen estar separados a conciencia. A un ojo medianamente experimentado no se le escapa que esta característica es natural y que no se debe a ninguna clase de tinte, sino más bien a una especie de alteración o mutación. En otro aspecto su pelo es lacio y acostumbra a llevarlo siempre cepillado.
Los rasgos de su cara son suaves y su estructura está bien proporcionada, lo que lo hace un hombre hermoso y cautivador. Sus ojos almendrados tienen unas pestañas densas y negras que hacen resaltar el iris, de color avellana. Su nariz es delgada al igual que sus labios, cuya forma encierra una poderosa malignidad. En contrapartida su voz suena agradable. Nunca lleva barba y en cuanto a su piel, esta tiene un tono oliváceo. Se intuye que cuida su imagen, pero no por frívolo sino por suntuoso, siendo alguien dado a valorar y utilizar su físico a modo de herramienta. Su lenguaje corporal invita a pensar que se tiene a sí mismo en alta estima.
Es alto y, aunque delgado, se ve musculado, de manera que se mantiene en óptimas condiciones para el combate. Sus armaduras suelen llevar ornamentaciones y su vestir es elegante; mientras su posición lo permita se le verá rodeado de lujo. Porta prendas de buen tejido y se esmera en dar buen mantenimiento y aspecto a aquello que posee. Centrada en su pecho siempre hay una piedra preciosa verde y redondeada, coronada por un puño, lo que lo identifica como miembro de la Iglesia de Bane.
[Quien lo observe con detenimiento podrá apreciar una serie de tumoraciones en varias partes de su cuerpo. Las más accesibles a la vista son las que están en la parte del cuero cabelludo donde su pelo es plateado. Sin embargo sus bultos tumorales más evidentes son los que están a la derecha de su caja torácica, por no estar camuflados entre pelo. Para verlos haría falta encontrarlo de cuerpo desnudo. De cuando en cuando su piel adquiere subtonos enfermizos que disimula bien por medio de cosméticos.]
Personalidad
"Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres".
Maquiavelo.
Maquiavelo.

Aunque no es un diplomático ni tampoco un hombre que acostumbre a imponerse por medio de la agresividad, Vaenir es un seductor nato, lo que hace que sepa manipular de igual manera. No solo lo hace sino que se maneja de una forma tan natural que es complicado diferenciar si se trata de habilidad o simplemente del rasgo de una personalidad narcisista. Es educado y a la vez irónico y mordaz, calmado y cerebral, adjetivos todos que refuerzan las redes que teje a través de sus gestos y palabras. Prefiere por tanto abrirse paso sutilmente antes que por la fuerza.
Contrariamente a lo que su tendencia por la lascivia, la fiesta y el lujo parecen indicar, Vaenir es, en el fondo, un pensador. Tal vez esto devenga en una suerte de materialismo espiritual. Lo cierto es que su lado reflexivo, su fe y su obsesión por la mejora y la perfección, conviven con su modo de vida, haciendo de él una persona compleja.
Última edición:

