Airoh
Gerardo de Amn
- Registrado
- 22/5/19
- Mensajes
- 517
- Edad
- 40
Un día cualquiera en la actualidad...
Valerie salía del Hospicio de San Annur después de su jornada como voluntaria, iba a casa con una cestita con buñuelos recién hechos que ella ha colaborado en elaborar y hornear. Saludando a todo el mundo que conocía por las calles de Athkatla con su habitual sonrisa, hasta llegar a su hogar, en el distrito Puente, una casa modesta que hace unos años tenía ciertos lujos decorativos pero ahora solo hay muebles, cuadros y macetas de lo más común y corriente.
Su padre Antoine, tullido por un ataque sorpresa por una araña monstruosa en Maztica, esperaba con paciencia la llegada de los buñuelos que su hija le traía. Este se alegró al verla pero con una mirada que ya perdió su sonrisa desde que vino de la guerra incapacitado para luchar. Silvie la saludó con una sonrisa mientras confeccionaba un nuevo vestido. La madre se dedicaba a la sastrería desde hace pocos años y cierto es que no tiene una gran maña para hacer competencia a los grandes de la aguja de la capital, sí que hacía el avío para la economía doméstica haciendo vestidos y complementos a una clientela modesta del distrito.
Valerie saludó con su sonrisa de eterna alegría con su voz dulce y aniñada se acercó a su padre con la cesta y se la puso a su lado. Deseándole un buen provecho le dió un beso en la mejilla acto seguido. Fue a ver el vestido que su madre estaba confeccionando que justo había terminado; corta algunos hilos sobrantes y la asió pinzándola desde las tiras. Silvie invitó a Valerie que se probara el vestido y ésta sonrío alegre pues no se esperaba que su madre le regalara un vestido.
Fue su regalo de cumpleaños, un vestido blanco de telas sencillas y cómoda que suele llevar a menudo en sus paseos.
-Hija mía ya va siendo hora que participes más en las tareas del Hospicio, diles que posees magia sanadora, seguro que se alegrarán de saberlo y podrán ampliarte el jornal.- Dijo Silvie mientras su hija se probaba el vestido.
-Tengo miedo de usar la magia mamá, ya se sabe la histeria y temor que ésta despierta en la ciudad. Sé que no es magia arcana, pero se sabe ya de muchas injusticias que han ido sucediendo a lo largo de los años.- Respondió Valerie mientras se miraba a un espejo mirándose de perfil viendo su vestido le queda perfecto.
-Si por miedo vas a quedarte paralizada no prosperarás. Si yo por miedo me hubiera quedado quieta; ¿qué sería de esta casa ahora mismo? ¿hm?.- Preguntó poniendo los brazos en jarras.
Valerie ladeó la cabeza pensativa por unos segundos.
-Además seguro que esa elfa blanca acabe por enterarse y te enseñe un par de trucos más para sanar con más eficacia o ampliar tus horizontes.- Añadió su madre mientras se acicalaba su cabello recogiéndoselo.
-Esa mujer ha sido una inspiración para mí desde mi estancia en el Hospicio aquellos años ¿lo recuerdas mamá?.- Miró a su madre a través del espejo.
-Claro que lo recuerdo hija mía, jamás se me olvidará. Fueron momentos muy duros, las deudas nos comían y tuvimos que... -suspiró pesadamente- tuvimos que hacer grandes esfuerzos.- Miró hacia otro lado evitando contacto visual con su hija.
Valerie se giró para mirar a su madre personalmente.- Madre... no es mi intención reabrir viejas cicatrices, tranquila mamá les diré a las hermanas que poseo magia sanadora y será como dices, seguro que se alegrarán porque les aliviaré parte de su trabajo y pondré en practica mi don ¿si?- Dijo en tono alegre la última frase para tranquilizar a su madre y añadió- He oído que hay magia sanadora de tanto poder que es capaz de regenerar miembros amputados, seguro que podrán orientarme a como conseguirlo y podré recuperar la pierna a papá.- Sonrío optimista y soñadora ante lo que ella misma desconoce, solo escuchó un rumor a unos aventureros en la enfermería del Hospicio.
Su madre se limitó a sonreír alegre al ver a Valerie convencida aunque en el fondo pensaba de su ingenuidad e inocencia tras escuchar sus palabras. Ese don solo lo poseen los clérigos reconocidos y de gran poder.
Valerie salía del Hospicio de San Annur después de su jornada como voluntaria, iba a casa con una cestita con buñuelos recién hechos que ella ha colaborado en elaborar y hornear. Saludando a todo el mundo que conocía por las calles de Athkatla con su habitual sonrisa, hasta llegar a su hogar, en el distrito Puente, una casa modesta que hace unos años tenía ciertos lujos decorativos pero ahora solo hay muebles, cuadros y macetas de lo más común y corriente.
Su padre Antoine, tullido por un ataque sorpresa por una araña monstruosa en Maztica, esperaba con paciencia la llegada de los buñuelos que su hija le traía. Este se alegró al verla pero con una mirada que ya perdió su sonrisa desde que vino de la guerra incapacitado para luchar. Silvie la saludó con una sonrisa mientras confeccionaba un nuevo vestido. La madre se dedicaba a la sastrería desde hace pocos años y cierto es que no tiene una gran maña para hacer competencia a los grandes de la aguja de la capital, sí que hacía el avío para la economía doméstica haciendo vestidos y complementos a una clientela modesta del distrito.
Valerie saludó con su sonrisa de eterna alegría con su voz dulce y aniñada se acercó a su padre con la cesta y se la puso a su lado. Deseándole un buen provecho le dió un beso en la mejilla acto seguido. Fue a ver el vestido que su madre estaba confeccionando que justo había terminado; corta algunos hilos sobrantes y la asió pinzándola desde las tiras. Silvie invitó a Valerie que se probara el vestido y ésta sonrío alegre pues no se esperaba que su madre le regalara un vestido.
Fue su regalo de cumpleaños, un vestido blanco de telas sencillas y cómoda que suele llevar a menudo en sus paseos.
-Hija mía ya va siendo hora que participes más en las tareas del Hospicio, diles que posees magia sanadora, seguro que se alegrarán de saberlo y podrán ampliarte el jornal.- Dijo Silvie mientras su hija se probaba el vestido.
-Tengo miedo de usar la magia mamá, ya se sabe la histeria y temor que ésta despierta en la ciudad. Sé que no es magia arcana, pero se sabe ya de muchas injusticias que han ido sucediendo a lo largo de los años.- Respondió Valerie mientras se miraba a un espejo mirándose de perfil viendo su vestido le queda perfecto.
-Si por miedo vas a quedarte paralizada no prosperarás. Si yo por miedo me hubiera quedado quieta; ¿qué sería de esta casa ahora mismo? ¿hm?.- Preguntó poniendo los brazos en jarras.
Valerie ladeó la cabeza pensativa por unos segundos.
-Además seguro que esa elfa blanca acabe por enterarse y te enseñe un par de trucos más para sanar con más eficacia o ampliar tus horizontes.- Añadió su madre mientras se acicalaba su cabello recogiéndoselo.
-Esa mujer ha sido una inspiración para mí desde mi estancia en el Hospicio aquellos años ¿lo recuerdas mamá?.- Miró a su madre a través del espejo.
-Claro que lo recuerdo hija mía, jamás se me olvidará. Fueron momentos muy duros, las deudas nos comían y tuvimos que... -suspiró pesadamente- tuvimos que hacer grandes esfuerzos.- Miró hacia otro lado evitando contacto visual con su hija.
Valerie se giró para mirar a su madre personalmente.- Madre... no es mi intención reabrir viejas cicatrices, tranquila mamá les diré a las hermanas que poseo magia sanadora y será como dices, seguro que se alegrarán porque les aliviaré parte de su trabajo y pondré en practica mi don ¿si?- Dijo en tono alegre la última frase para tranquilizar a su madre y añadió- He oído que hay magia sanadora de tanto poder que es capaz de regenerar miembros amputados, seguro que podrán orientarme a como conseguirlo y podré recuperar la pierna a papá.- Sonrío optimista y soñadora ante lo que ella misma desconoce, solo escuchó un rumor a unos aventureros en la enfermería del Hospicio.
Su madre se limitó a sonreír alegre al ver a Valerie convencida aunque en el fondo pensaba de su ingenuidad e inocencia tras escuchar sus palabras. Ese don solo lo poseen los clérigos reconocidos y de gran poder.
-Iré al Hospicio de nuevo y les diré sobre mi don ahora mismo mamá.- Dijo de forma apresurada, no podía esperar a mañana, ella quería ver a su madre más tranquila y salió a paso ligero hasta al templo del Quebrado y volvió horas más tarde...







