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Valerie La Soñadora

Airoh

Gerardo de Amn
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Hace dos lustros, en el Distrito Puente en una casa modesta con ciertos lujos...

En un cuarto día de la dekhana, era un momento de lo más esperado para Valerie y su hermano Pierre, pues era el día en que llega el correo de Nueva Amn. Su padre, llamado Antoine, estuvo alistado en las Fuerzas Armadas desde muy joven con rango de tropa aunque muy respetable Soldado de Primera; nunca le gustó ordenar a otros compañeros, para él luchar junto a otros compañeros era el verdadero honor y compartir la gloria de muchas batallas victoriosas.

Ese día llegó una carta, todos en casa la esperaba con expectación para saber las nuevas de su querido padre; pero una trágica noticia trajo ese papel adornado con tinta. Antoine viene de regreso a Athkatla con su mujer Silvie de Chateâu y sus hijos, pero viene con una pierna amputada; una araña monstruosa atacó a un grupo de soldados amnianos que escoltaba una caravana para comerciar con los nativos de Maztica, no pudiendo salvar esa pierna pero sí la vida del condecorado soldado. Que a pesar de no tener siquiera un rango de suboficial, tener a Antoine en la tropa era muy importante pues siempre sabía mantener la moral alta entre sus compañeros, además de ser diestro con el escudo y la lanza.

Semejante noticia sentó como un jarro de agua fría pues ya era conocido el escaso o ausencia de trato de favor de un soldado sin más que viene tullido, es abandonado a su suerte sin una paga de compensación, solo unas inspiradoras palabras patrióticas son más que suficiente por un servicio militar frustrado. Por otra parte es motivo de alegría pues el padre de familia vuelve a casa...

Silvie jamás derramó una lágrima delante de sus hijos, es una persona con un carácter estoico que sabe aguantar cambios repentinos e inesperados, pero aquella noticia le tocó lo más profundo de su alma, fue al templo de Ilmáter a encontrar consuelo pues no sabía cómo podía afrontar ese desafuero fortuito y fue aconsejada y bendecida. Padre Vicentius dijo que podían traer a sus hijos el tiempo que necesitara hasta que la economía familiar se recuperara, Silvie con el dolor de su corazón envió a Valerie y a su hermano un año menos que ella al Hospicio de San Annur.

Silvie fue buhonera en su juventud comerciando con su carromato junto a su padre todos los pueblos de la región de Amn. Dicho oficio se lo echó a sus hombros cuando el padre falleció tratando de labrarse un futuro mejor y así pudo ser, pero ella no quería una vida vitalicia en los senderos, ella quería sentar cabeza y vivir tranquila dentro de los muros de la capital y logró hacerse con un local para abrir una tienda. "Antigüedades de Chateâu" se llamó esa tienda de curiosidades variadas, desde muebles de decoración, juguetes, hasta artefactos mágicos de bajo poder.

Pero dicha tienda no tuvo el éxito esperado pues la competencia era y es muy salvaje en la Ciudad de la Moneda y tuvo que declararse en bancarrota. Silvie vendió muchos artículos a precio irrisorio con tal de deshacerse de ellos, pero no todo fue despachado a una clientela feroz a la par de feliz por los bajos precios.

Por aquel tiempo Valerie tenía ocho tiernos años, era una niña curiosa y le encantaba ayudar a su madre con la tienda, cuando se enteró que la tienda dejaría de existir entristeció pues no sabía la suerte que iba a correr. De las últimas cajas que quedaban en el local la pequeña Valerie las abrió para curiosear qué quedaba y hubo cierto objeto que le llamó la atención, no era más que una caracola de mar de lo más extraña, tenía una forma que nunca había visto; se puso la caracola en su oreja para escuchar el rumor del mar, un dicho popular que siempre se escuchaba en marinería, y así sucedió, oyó las olas del mar como si estuviera en la playa. Quedó fascinada y se lo quedó sin que su madre se diera cuenta, ella sin saber por qué caminó hasta los muelles del distrito puerto, donde allí oía las olas al unísono a la de su caracola.

Se sentó en el muelle con los pies colgando feliz y risueña como es habitual en ella y vio algo flotando en el agua, era una cuerda roja muy fina con algunos adornos en dorado y otras eran de madera; se tiró al agua con el vestido puesto a intentar cogerlo pero Valerie no sabía nadar, ella no vio peligro alguno pues creía que las aguas del puerto eran poco profundas y tocaría la arena con sus pies.

El vestido mojado fue su trampa mortal pues era largo y además era más pesado y tedioso para moverse. Valerie apenas podía ver, los cabellos le tapaban el rostro, trataba de coger aire tan rápido como le fue posible, pero tragaba más y más agua. Solo oía el sonido del chapoteo retumbar su alrededor, su respiración agónica que cada bocanada era más corta y más lenta y notaba los latidos del corazón acelerado como un tamborilero en el festival del Verdor en su pecho; hasta que su cuerpo se detuvo y poco a poco iba hundiéndose. Una oscuridad iba cerrando la visión de la alegre y curiosa Valerie pero comenzó a ver cosas que antes nunca vio.

Sus oídos entaponados no hacían más que escuchar el amargo silencio del mar, aquella fina cuerda roja pasó ante sus ojos, parecía tener vida propia y buscó la diestra de la niña y enrrollarse en su dedo meñique. Una mariposa revoloteaba su mano con un vuelo la mar de grácil y traviesa a su vez como si estuviera al aire libre, se posó sobre su dedo.

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Otra mano apareció y entrelazó los dedos con los de la joven con suavidad y delicadeza. Era la mano de un hombre de piel muy suave, era cálido al tacto y reconfortante. La niña aún estando inerte en el agua sonrió feliz y rió con júbilo, entonces la cuerda roja y fina se entrelazó en el dedo del hombre y Valerie sin verle el rostro supo que le sonreía con bondad y ternura al unísono de su risa divertida. La mano del hombre cogió con delicadeza la mano de Valerie y ella respondió de la misma forma...

¿Era su final? ¿Los ángeles se la llevaban a los Cielos? ¿Sin pasar por el juicio de Kelemvor?


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De repente su visión oscura por un mar traicionero ,se tornó de luz blanca, una luz que parecía sostener el propio alma en el aire. Volvió abrir los ojos y se vio caminando en las nubes con un sol ambarino tostando los cielos de un color dorado.

Una voz agradable y lejana llegan a los oídos de la joven:

"Sois Valerie de Chateâu, mi adalid de la bondad y la luz en la tierra, sois parte de mi alma dichosa. Obra sin pronunciar palabra. Deja mi mensaje en aquellos que os rodean con acciones, el mundo necesita Ver, Oír y Sentir... el mundo os necesita."


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La joven Valerie abrió los ojos y se encontraba en su habitación, extrañada por lo que acaba de Ver, Oír y Sentir en su Sueño, miró en todas direcciones y vio esa cuerda fina anudada delicadamente en su dedo; los adornos de ésta eran pequeñas manos abiertas de latón y madera y Valerie no hizo más que anudárselo al cuello y llevarlo a modo de colgante.

Pasaron los días y ese sueño fue cayendo en el olvido o dormido en la mente de Valerie. No recuerda nada, pero a partir de ese momento es capaz de canalizar poderes divinos menores y cada vez que ayuda a un necesitado, enfermo, herido o al hambriento su alma se ensancha y goza de una Virtud como nunca puede experimentar de otra forma.

Offtopic :
Gracias al pj Felaern por el pseudónimo precioso de Soñadora, me ha gustado mucho y no tuve otra que ponerla ^^
 
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