Nobody
Aventurero novato y vago
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//No recuerdo las frases exactas, así que me he permitido ciertas licencias ^^
Uhm ¿Estás seguro que podríamos encontrarlos ahí?- Preguntó Thail un instante antes de levantar la trampilla.
Briian se quedó pensativo mientras Ros, Keuber y Thail lo miraban.
He venido varias veces- respondió finalmente.
Lo cierto es que ninguno de los cuatro sabía a ciencia cierta si encontrarían aquel hongo, pero había que empezar a buscar en algún lugar. La humedad se hacía palpable a medida que descendían por la escala de mano, en cualquiera de los casos, solo echarían un vistazo. Una vez en el interior de la gruta, Thail y Ros observaron a su alrededor mientras Briian y Keuber terminaban el descenso.
Trampas- avisó Ros señalando a escasos metros delante de ellos.
Sin duda aquellos mecanismos de bienvenida habían sido puestos con gran pericia, pero antes de que ocasionaran algún problema fortuito, Thail y Ros se adelantaron con cuidado desactivando sendas trampas.
Ya estamos aquí, sisisi- comentó Keuber dando un último salto desde la escala.
Hay que tener cuidado- comentó Thail levantándose- Briian, ve detrás.
¿Detrás?¿Por qué tengo que ir yo detrás?- se quejó el bárbaro.
Alguien tiene que proteger la retaguardia- respondió Thail.
Briian aceptó a regañadientes quedarse atrás, si bien, horas antes, él mismo había avisado de las continuas emboscadas que realizaban los habitantes de aquellas cuevas. Avanzando lentamente, y creando un perímetro que protegiera al gnomo Keuber, el grupo fue descendiendo más y más, mientras el gnomo revisaba cada esquina en busca de aquellas setas, la búsqueda se hacía larga cuando Thail vio algo entre un numeroso grupo de setas.
Ahí- comentó señalando.
Nono, esas no son- comentó rápidamente Keuber.
Espera, si- avisó Ros acercándose un poco más.
Esas setas no- corrigió Thail- el agujero.
Keuber se acercó alzando la mirada sobre las setas, observando un profundo agujero por el que cabría una persona.
Ah, sisisi, ya lo veo- afirmó el gnomo.
El agujero se hundía en la piedra como una herida profunda y oscura.
Ayúdame a atar esto- le comentó Thail a Ros mientras se dirigía una gran estalagmita con la cuerda en mano- bajaré y os aviso si es seguro.
Ya sostendré la cuerda, compañero- comentó Briian convencido.
El agujero era angosto y la oscuridad lo envolvía como si fuera una caída infinita, por suerte, el conjuro le permitía ver a través de aquella oscuridad, lo cual no quitaba que a medida que bajaba por la cuerda deseara en ocasiones no ver nada, finalmente, el estrecho agujero se abrió mostrando una gran caverna con varios túneles que se perdían en diferentes direcciones. Una vez en el suelo, y asegurado el perímetro, Thail dio dos fuertes tirones a la cuerda avisando a sus compañeros, quienes uno a uno bajaron por la cuerda.
¡Vaya!- exclamó Keuber ciertamente sorprendido.
¿Y ahora?- preguntó Ros observando los múltiples caminos.
Siempre por esa pared a la izquierda- señalando la pared de uno de los túneles- Así cuando regresemos solo tenemos que seguir la pared de la derecha.
Mientras Ros iba marcando en la piedra los caminos que escogían, el grupo se adentró en aquel laberinto subterráneo de roca. Aunque no eran peligrosos, los moradores de aquellas cuevas, unas setas andantes, suponían más retraso, de pronto, tras una fugaz pelea, el techo del pasillo de vuelta se vino abajo poco después de haber cruzado.
Nuestra única salida- gruñó Briian.
Habrá que encontrar otro camino- instó Ros comenzando a caminar.
De nada sirve preocuparse por eso ahora- añadió Thail asintiendo a las palabras de Ros.
La pequeña compañía continuó su paso decidido hasta que tiempo después dieron con otra gran caverna iluminada, y al fondo de ella, la fuente de aquella fuerte luz.
¡Esas!- avisó Keuber corriendo hacia el grupo de setas luminiscentes.
Mientras Ros, Thail y Briian vigilaban, Keuber sacó varios frascos y una enorme variedad de instrumentos con los que fue recogiendo un gran número de muestras de aquellos hongos.
¡Listo!- comentó el gnomo mientras guardaba todo nuevamente.
El camino de regreso, a pesar de no encontrar más resistencia de los moradores, resultó más ajetreado, mientras buscaban un camino de vuelta a la cuerda, un continuo temblor presagiaba lo peor, aquellos túneles estaban a punto de desplomarse, con ellos dentro. El grupo aceleró el paso mientras escuchaban tras ellos el sonoro eco del derrumbe de la estancia en la que habían estado hacía tan solo unos minutos, pero el temblor continuaba, y este parecía no detenerse como la primera vez. Sin pausa, siguieron corriendo sin saber si quiera hacia dónde les llevaba la gruta.
¡Allí!- gritó Ros señalando al frente.
De una manera sorprendente, habían dado una gran vuelta regresando al punto de partida, la cuerda, aún colgando de la estalagmita de la caverna superior, les renovó las fuerzas, invitándoles a aumentar el ritmo mientras todo a su alrededor comenzaba a desmoronarse…
¿Estáis todos bien?- preguntó Thail ya en la seguridad de las calles de Minsor.
La tierra y el polvo de sus ropas corroboraban lo cerca que habían estado de quedar sepultos. Durante esos primeros minutos, renovando el aire viciado de las profundidades por uno más limpio y puro, se aseguraron de que todos estuvieran bien.
Ahora a trabajar, sisisi- comentó Keuber mientras observaba una de las muestras del hongo.
Lo dejo en tus manos entonces- asintió Thail- Yo aprovecharé para comprar el resto de equipo que necesitaremos.
Mientras Keuber se dirigía a la Universidad de Azkathla para comenzar sus pruebas, los tres restantes se encaminaron a la posada más cercana. La aventura, no había hecho más que empezar…
Uhm ¿Estás seguro que podríamos encontrarlos ahí?- Preguntó Thail un instante antes de levantar la trampilla.
Briian se quedó pensativo mientras Ros, Keuber y Thail lo miraban.
He venido varias veces- respondió finalmente.
Lo cierto es que ninguno de los cuatro sabía a ciencia cierta si encontrarían aquel hongo, pero había que empezar a buscar en algún lugar. La humedad se hacía palpable a medida que descendían por la escala de mano, en cualquiera de los casos, solo echarían un vistazo. Una vez en el interior de la gruta, Thail y Ros observaron a su alrededor mientras Briian y Keuber terminaban el descenso.
Trampas- avisó Ros señalando a escasos metros delante de ellos.
Sin duda aquellos mecanismos de bienvenida habían sido puestos con gran pericia, pero antes de que ocasionaran algún problema fortuito, Thail y Ros se adelantaron con cuidado desactivando sendas trampas.
Ya estamos aquí, sisisi- comentó Keuber dando un último salto desde la escala.
Hay que tener cuidado- comentó Thail levantándose- Briian, ve detrás.
¿Detrás?¿Por qué tengo que ir yo detrás?- se quejó el bárbaro.
Alguien tiene que proteger la retaguardia- respondió Thail.
Briian aceptó a regañadientes quedarse atrás, si bien, horas antes, él mismo había avisado de las continuas emboscadas que realizaban los habitantes de aquellas cuevas. Avanzando lentamente, y creando un perímetro que protegiera al gnomo Keuber, el grupo fue descendiendo más y más, mientras el gnomo revisaba cada esquina en busca de aquellas setas, la búsqueda se hacía larga cuando Thail vio algo entre un numeroso grupo de setas.
Ahí- comentó señalando.
Nono, esas no son- comentó rápidamente Keuber.
Espera, si- avisó Ros acercándose un poco más.
Esas setas no- corrigió Thail- el agujero.
Keuber se acercó alzando la mirada sobre las setas, observando un profundo agujero por el que cabría una persona.
Ah, sisisi, ya lo veo- afirmó el gnomo.
El agujero se hundía en la piedra como una herida profunda y oscura.
Ayúdame a atar esto- le comentó Thail a Ros mientras se dirigía una gran estalagmita con la cuerda en mano- bajaré y os aviso si es seguro.
Ya sostendré la cuerda, compañero- comentó Briian convencido.
El agujero era angosto y la oscuridad lo envolvía como si fuera una caída infinita, por suerte, el conjuro le permitía ver a través de aquella oscuridad, lo cual no quitaba que a medida que bajaba por la cuerda deseara en ocasiones no ver nada, finalmente, el estrecho agujero se abrió mostrando una gran caverna con varios túneles que se perdían en diferentes direcciones. Una vez en el suelo, y asegurado el perímetro, Thail dio dos fuertes tirones a la cuerda avisando a sus compañeros, quienes uno a uno bajaron por la cuerda.
¡Vaya!- exclamó Keuber ciertamente sorprendido.
¿Y ahora?- preguntó Ros observando los múltiples caminos.
Siempre por esa pared a la izquierda- señalando la pared de uno de los túneles- Así cuando regresemos solo tenemos que seguir la pared de la derecha.
Mientras Ros iba marcando en la piedra los caminos que escogían, el grupo se adentró en aquel laberinto subterráneo de roca. Aunque no eran peligrosos, los moradores de aquellas cuevas, unas setas andantes, suponían más retraso, de pronto, tras una fugaz pelea, el techo del pasillo de vuelta se vino abajo poco después de haber cruzado.
Nuestra única salida- gruñó Briian.
Habrá que encontrar otro camino- instó Ros comenzando a caminar.
De nada sirve preocuparse por eso ahora- añadió Thail asintiendo a las palabras de Ros.
La pequeña compañía continuó su paso decidido hasta que tiempo después dieron con otra gran caverna iluminada, y al fondo de ella, la fuente de aquella fuerte luz.
¡Esas!- avisó Keuber corriendo hacia el grupo de setas luminiscentes.
Mientras Ros, Thail y Briian vigilaban, Keuber sacó varios frascos y una enorme variedad de instrumentos con los que fue recogiendo un gran número de muestras de aquellos hongos.
¡Listo!- comentó el gnomo mientras guardaba todo nuevamente.
El camino de regreso, a pesar de no encontrar más resistencia de los moradores, resultó más ajetreado, mientras buscaban un camino de vuelta a la cuerda, un continuo temblor presagiaba lo peor, aquellos túneles estaban a punto de desplomarse, con ellos dentro. El grupo aceleró el paso mientras escuchaban tras ellos el sonoro eco del derrumbe de la estancia en la que habían estado hacía tan solo unos minutos, pero el temblor continuaba, y este parecía no detenerse como la primera vez. Sin pausa, siguieron corriendo sin saber si quiera hacia dónde les llevaba la gruta.
¡Allí!- gritó Ros señalando al frente.
De una manera sorprendente, habían dado una gran vuelta regresando al punto de partida, la cuerda, aún colgando de la estalagmita de la caverna superior, les renovó las fuerzas, invitándoles a aumentar el ritmo mientras todo a su alrededor comenzaba a desmoronarse…
¿Estáis todos bien?- preguntó Thail ya en la seguridad de las calles de Minsor.
La tierra y el polvo de sus ropas corroboraban lo cerca que habían estado de quedar sepultos. Durante esos primeros minutos, renovando el aire viciado de las profundidades por uno más limpio y puro, se aseguraron de que todos estuvieran bien.
Ahora a trabajar, sisisi- comentó Keuber mientras observaba una de las muestras del hongo.
Lo dejo en tus manos entonces- asintió Thail- Yo aprovecharé para comprar el resto de equipo que necesitaremos.
Mientras Keuber se dirigía a la Universidad de Azkathla para comenzar sus pruebas, los tres restantes se encaminaron a la posada más cercana. La aventura, no había hecho más que empezar…