Vys
Minsorrano sin caminos
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Contrato: Búsqueda del Kraken (I).
Aventureros gremiales: Madeleine, Zahal, Tessela, Lufram, Vraask.
Aliados externos: Markus, Lyandra, Lucius.
Tesoros obtenidos: 4 tesoros [DM Faker]
Trofeo: Mano gigante de gorila.
I. Los preparativos.
La expedición comenzó de la forma más común posible: con un grupo de aventureros reunidos a las puertas de La Luz del Alandor, al caer la tarde, con el cielo rojo desangrándose lentamente en negro. Sobre la pequeña mesa exterior de la posada se amontonaban los contratos que habían cogido de Doyle. Habían encargos pequeños y rápidos, suficientes para llenar la bolsa de oro, pero no la memoria. Y luego el que había captado la atención de todos: el que hablaba de una bestia marina, azote de las rutas comerciales de Amn, un monstruo del que los marineros no pronunciaban el nombre para no atraerlo.
II. El viaje.
Mar abierto, viento constante, conversaciones amistosas entre compañeros y camaradería sin tierra a la vista. El viaje comenzó sin incidentes. Con el acuerdo tácito entre todos de no hablar de dioses ni la muerte hasta el regreso. Millas de olas suaves, olor a salitre y capas azotadas a ráfagas de aire a una temperatura agradable.
Hasta que aparecieron los piratas.
No hubo advertencia ni desafío. Solo el choque repentino de embarcaciones, el grito de los asaltantes y el acero desenvainado sobre cubierta. La lucha fue rápida y brutal. Pero para aquellos piratas fue una sorpresa inesperada que la supuesta fácil presa tuviera como pasajeros a un feroz grupo de aventureros y vieron aquí el final de su vida de crimen. El barco resistió, pero no sin pagar un precio: tablones abiertos, cuerdas rotas y un mástil que crujía más de lo debido cuando el viento soplaba.
Con el casco dañado, buscaron refugio en la masa verde más cercana: una isla cubierta de jungla espesa, demasiado intacta para resultar tranquilizadora.
III. La isla inexplorada
Mientras la tripulación del dañado navío se afanaba en las reparaciones, los aventureros se internaron en tierra firme ya que poco podían ayudar a los atareados marineros. Encontraron ruinas que no parecían antiguas, quizá la muralla de algún pretérito fortín pirata. Pero no tardaron en darse cuenta de que no estaban solos en aquella isla salvaje. Entre la vegetación, los observaban gorilas enormes, de cuatro brazos, que movían con una coordinación inquietante.
La batalla fue salvaje. El suelo se convirtió en barro y sangre, y los otros gorilas no tardaron en unirse al combate, caótico y mortal entre los árboles. Cuando todo terminó, el grupo seguía en pie, pero a duras penas. Heridos, exhaustos… y entonces se dieron cuenta de algo peor.
Se habían desorientado durante el combate. Estaban perdidos.
Sin la guía de Anaeris, la jungla se cerraba sobre ellos como un laberinto vivo. Avanzaron durante horas, recibiendo la hostilidad de los gorilas que encontraban y que ahora los consideraban enemigos, anatemas de su isla. Agotador combate tras agotador combate a través de la asfixiante vegetación. Hasta que, entre la maraña verde, apareció una línea imposible de ignorar: el mástil del barco, erguido contra el cielo.
Nunca una forma tan simple fue recibida con tanto alivio.
Regresaron a Athkatla sin haber encontrado al kraken. El cansancio y heridas de Markus, Lyandra, Lucius y Tessela hizo evidente que la caza tendría que esperar. Aun así, no volvieron con las manos vacías. En el gremio dejaron la gigantesca mano del gorila alfa, prueba de la aventura y recuerdo de aquella isla, fuese la que fuese.
Aventureros gremiales: Madeleine, Zahal, Tessela, Lufram, Vraask.
Aliados externos: Markus, Lyandra, Lucius.
Tesoros obtenidos: 4 tesoros [DM Faker]
Trofeo: Mano gigante de gorila.
I. Los preparativos.
La expedición comenzó de la forma más común posible: con un grupo de aventureros reunidos a las puertas de La Luz del Alandor, al caer la tarde, con el cielo rojo desangrándose lentamente en negro. Sobre la pequeña mesa exterior de la posada se amontonaban los contratos que habían cogido de Doyle. Habían encargos pequeños y rápidos, suficientes para llenar la bolsa de oro, pero no la memoria. Y luego el que había captado la atención de todos: el que hablaba de una bestia marina, azote de las rutas comerciales de Amn, un monstruo del que los marineros no pronunciaban el nombre para no atraerlo.
"Algunos contratos pagan el pan, otros ofrecen algo mas duradero."
Vraask Duskvale
Partieron hacia el puerto de Athkatla, preguntando en los muelles por un barco ligero y rápido. Fue más difícil encontrar a un capitán dispuesto a llevarlos cerca de la última ubicación donde se decía que la bestia había sido vista por última vez. La suma por correr el riesgo fue generosa. Pero con la luna en su cenit los aventureros partieron.Vraask Duskvale
II. El viaje.
Mar abierto, viento constante, conversaciones amistosas entre compañeros y camaradería sin tierra a la vista. El viaje comenzó sin incidentes. Con el acuerdo tácito entre todos de no hablar de dioses ni la muerte hasta el regreso. Millas de olas suaves, olor a salitre y capas azotadas a ráfagas de aire a una temperatura agradable.
Hasta que aparecieron los piratas.
No hubo advertencia ni desafío. Solo el choque repentino de embarcaciones, el grito de los asaltantes y el acero desenvainado sobre cubierta. La lucha fue rápida y brutal. Pero para aquellos piratas fue una sorpresa inesperada que la supuesta fácil presa tuviera como pasajeros a un feroz grupo de aventureros y vieron aquí el final de su vida de crimen. El barco resistió, pero no sin pagar un precio: tablones abiertos, cuerdas rotas y un mástil que crujía más de lo debido cuando el viento soplaba.
Con el casco dañado, buscaron refugio en la masa verde más cercana: una isla cubierta de jungla espesa, demasiado intacta para resultar tranquilizadora.
III. La isla inexplorada
Mientras la tripulación del dañado navío se afanaba en las reparaciones, los aventureros se internaron en tierra firme ya que poco podían ayudar a los atareados marineros. Encontraron ruinas que no parecían antiguas, quizá la muralla de algún pretérito fortín pirata. Pero no tardaron en darse cuenta de que no estaban solos en aquella isla salvaje. Entre la vegetación, los observaban gorilas enormes, de cuatro brazos, que movían con una coordinación inquietante.
"Si los vientos nos han traído a esta isla será por alguna razón. Investiguemos."
Madeleine Sweeny
Zahal fue quien habló entonces, con la calma de quien sabe leer el lenguaje del peligro. Convenció al grupo de que aquellas criaturas no atacarían si no eran provocadas. Así, avanzaron despacio, con las manos visibles, sintiendo cómo las miradas los seguían desde todos los ángulos.Madeleine Sweeny
"Voy a tener pesadillas."
Tessela Dreisend, cruzando junto a las piernas de un gorila gigante.
El aire se volvió más pesado conforme se adentraban en la isla. Finalmente llegaron hasta un claro central. Allí los esperaba el mayor de todos: un gorila colosal, el mayor que habían visto, con el cuerpo lleno de cicatrices antiguas. Golpeó su pecho, arrojó hojas al cielo, lanzó un rugido que sacudió la jungla y atacó sin más. Habían pisado donde no debían, y el rey de aquella jungla los consideraba intrusos indignos de su territorio.Tessela Dreisend, cruzando junto a las piernas de un gorila gigante.
La batalla fue salvaje. El suelo se convirtió en barro y sangre, y los otros gorilas no tardaron en unirse al combate, caótico y mortal entre los árboles. Cuando todo terminó, el grupo seguía en pie, pero a duras penas. Heridos, exhaustos… y entonces se dieron cuenta de algo peor.
Se habían desorientado durante el combate. Estaban perdidos.
Sin la guía de Anaeris, la jungla se cerraba sobre ellos como un laberinto vivo. Avanzaron durante horas, recibiendo la hostilidad de los gorilas que encontraban y que ahora los consideraban enemigos, anatemas de su isla. Agotador combate tras agotador combate a través de la asfixiante vegetación. Hasta que, entre la maraña verde, apareció una línea imposible de ignorar: el mástil del barco, erguido contra el cielo.
Nunca una forma tan simple fue recibida con tanto alivio.
Regresaron a Athkatla sin haber encontrado al kraken. El cansancio y heridas de Markus, Lyandra, Lucius y Tessela hizo evidente que la caza tendría que esperar. Aun así, no volvieron con las manos vacías. En el gremio dejaron la gigantesca mano del gorila alfa, prueba de la aventura y recuerdo de aquella isla, fuese la que fuese.
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