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Victor. Origen, tradiciones y pensamientos.

Maca_Caos

Niño sin padres ni hospicio
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2 AÑOS ANTES.​

Nombre: Victor Karysteas
Edad: 19 años
Lugar de procedencia: Akanax, ciudad estado de Khessenta (Khessentano)
Ocupación: Miliciano al servicio de Akanax, un componente más de la aglomeración
de soldados apostados en la frontera de Akanax​

Descripción:

Victor es un joven muchacho de buen físico, torneado por los entrenamientos diarios. De tez y pelo claros, este joven muchacho tiene marcados rasgos Khessentanos, una mandíbula cuadrada, nariz ligeramente pronunciada (Hecho que prácticamente no se nota demasiado) ojos claros y el pelo ligeramente ondulado. Tiene la piel impoluta, libre de cicatrices la mirada despierta y el arrojo y valor de todo novato de guerra.


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Akanax, Khessenta:

Akanax es una ciudad estado más dentro de la aglomeración de estas que compone Khessenta. Más parecida a un campamento militar gigantesco, los varones de la ciudad son reclutados por el ejercito o ejecutados como desertores. Esta ciudad, completamente militarizada, está gobernada por el rey Hippartes, un rey completamente tirano reconocido como posiblemente el mejor guerrero de la nación. Dentro de las creencias de Hippartes, se encontraba un profundo odio hacia los mercenarios que se hace patente en la prohibición de los mismos dentro de las fronteras de la gran ciudad. Población interior: 24.632 La cifra para la población de Akanax no incluye al ejército acampado fuera de ella, formado por cincuenta mil soldados.


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Creencias:

Victor sigue el dogma del caballero rojo, como tal es calmado en el ataque y prefiere una táctica elaborada antes que un ataque sin sopesar. Las enseñanzas que recibió siendo recluta en Khessenta conformaban una táctica, sumamente defensiva, el orgullo de khessenta. Una formación en tortuga completamente inexpugnable que abatía a sus enemigos a base del empuje general de la unidad.
Como seguidor del caballero rojo, también es pausado y prefiere pensar fuera de combate. Esto le ha llevado a aprender tácticas militares, apasionarse por el arte del juego del ajedrez y mantener largas conversaciones sobre estrategia con sus superiores.

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Maca_Caos

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El exilio​

Un año y medio antes.​

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El exilio es todo lo que puede esperar un soldado que no ha cumplido las ordenes de sus superiores. En Akanax, la religión predominante es la del gran estratega, el caballero rojo. El gran estratega recita entre sus creencias que los grandes estrategas deben asumir sacrificios, eso lo sabia. Había estudiado años en las células khessentanas, entre los entrenamientos un poco de formación para los soldados ejemplares, que algún día podrían llegar a convertirse en grandes generales. Unos estudios que se basaban en practicas representadas en jugadas de ajedrez, pizarras con números que representaban fuerzas aliadas y enemigas y el tipo, divididos frecuentemente en pelotones. Arqueros, infantería ligera, infantería pesada, caballería ligera y caballería pesada. Conocía los beneficios de la operación, los conocía por que yo mismo sugerí la carnaza... Pero jamas habría pensado que mi pelotón sería el sacrificado.

El exilio, fue todo lo que pude conseguir - ¡Jajaja! - no, no. Me doy risa a mi mismo... Huí, tenia miedo. No era un valeroso y honorable guerrero Khessentano. Los nervios pudieron conmigo. - ¿Acaso alguien asumiría de buen grado la muerte? - tonterías.

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Fue así como de huí de Akanax, presa del pánico. Siguiendo el río culebra tan rápido como me fue posible. La noche cubría mis pasos al tiempo que oscurecía mi vergüenza y usando lo poco que cogí del hogar sobreviví a duras penas el paso del boque khondal. Llegando dekhanas despues a Elbulder, sabía que mi destino iba a estar manchado para siempre.
 

Maca_Caos

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1 AÑO ANTES

La agradable villa​

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Ahora, os hablaré de Elbulder. Es una ciudad pequeña, con gente agradable y trabajadora. El cambio de Khessenta a aquella pequeña ciudad de rió era impactante. La gente no se dedicaba a luchar, no había instructores y el servicio militar no era obligatorio. Mis ropas, como una antorcha en la noche desentonaban, por lo que tuve que hacerme con una mochila de viaje, donde guardar las ropas Khessentanas y las armas, y vestirme como los lugareños.

La vida en Elbulder se acontecía tranquila, era una ciudad maderera, donde la principal actividad era la carpintería. Con mis recién cumplidos 20 años y mi gran físico, no tarde en abrirme paso entre los leñadores de la zona, sacando unas buenas monedas que ahorraba con recelo, con la esperanza de seguir mi viaje tarde o temprano.

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Lo que mas me sorprendió de la ciudad eran los barcos mágicos, que todos los días cargaban de troncos y los mandaban por el río Arran día tras día. Una vez reuní el dinero suficiente, marché, Khessenta estaba demasiado cerca y los rumores que comenzaban a formarse en el pueblo eran demasiado evidentes como para desoírlos, así, volví a coger el petate y tomé las monedas reunidas. El nuevo destino era Thezyr, pagaría mi viaje con las monedas y haciendo de guardia para la caravana que iba hacia allí. Con historias sobre la ciudad de la moneda y nuevos sueños en mente Thezyr seria el nuevo alto en el camino en unos aproximados 3 o 4 meses.

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Maca_Caos

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La vida en Tezhyr​

6 MESES ANTES
​
La gran Tezhyr, un basto y fértil paraíso para los artesanos de diferentes índoles. No tardé mucho en darme cuenta por que esas bastas tierras, de apariencia árida estaban tan llenas de vida. El antiguo bosque elfico, calcinado según había oído en historias por los ataques de dragones, ahora eran explanadas ocupadas en su mayoría por humanos.

Me llamaba la atención el estilo de vida de las gentes, mucho mas relajado que la vida militarizada en Khessenta. Las llanuras, a menudo salpicadas por los castillos de los nobles lugartenientes albergaban vida en casi su totalidad. Pasara por donde pasase, siempre había algún tipo de población, que estaba dividida por diferentes estamentos sociales. Los mas comunes eran los de siervo y condes.

- Bueno, hay que ganarse la vida de alguna manera. -

Tras una reflexión no muy planificada, mi plan era bastante simple. Iba a aprovechar el supuesto orgullo caballeresco que se extendia sobre los ciudadanos que fantaseaban con ser caballeros. haciendo uso de la erótica de lo desconocido, hice uso de mis ropas de miliciano Khessentano para llamar la atención de los que yo llamaba incautos. Gente de pocos conocimientos en el arte de la guerra que eran derrotados con facilidad y llenaban mi bolsa con la esperanza de pronto poder partir hacia la ciudad de la moneda.

- Es imposible - A voz en grito - Un khessentano, con su lanza, es imbatible -

Las monedas llenaban tanto mi bolsa, como mi orgullo de guerrero. Sabia que no era el más capaz pero por favor, al menos sabia como manejar mi lanza correctamente. Con rapidez, la soverbia me hizo aceptar mayores apuestas, con los primeros soldados ya adiestrados, igualmente primerizos, hasta que llegó.

Envenenado por las victorias, no supe ver la evidencia. El porte de ese guerrero era suficiente indicio para saber que al menos había estado el doble de años que yo practicando con aquella espada.

Una derrota brutal ¿Como había pasado? me dolia la cabeza, habia caido de bruces contra el suelo y no recordaba bien como había sido.. ¿Habia partido mi lanza?

Chico... no conoces los tercios de fuerza ¿Verdad? Por muy fuerte que te veo, eres un amasijo de musculo sin cerebro que no ha sabido ver como perdía. Anda, deja de engañarte a ti mismo y ten un poco de decoro y dignidad.

Escocia, las palabras de aquel hombre eran acertadas, llegaban diáfanas a los oídos de Victor y sonaban como los golpes que rompían sus recién forjados sueños. Borracho de triunfo fui presa fácil al primero de los bautizados por mi mismo engaños Tezhyranos. Ya no quise volver a usar lanza, no una que no viniese de Khessenta, no sin comprender la humillación y poder resarcirme...


Continuara...​


***​
 
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