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Victoria, sacrificio y pérdida

Juan

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Victoria, sacrificio y pérdida

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El enemigo no descansa, no da tregua y no perdona. El improvisado campamento de las Fuerzas Armadas de Amn, cuya utilidad estaba ligada a la consecución del orbe, había sido atacado por última vez. Varios soldados, entre ellos el valeroso Cabo Juan, fueron asaltados y asesinados por el nefasto arcano de túnica negra aliado a Murann y una de sus creaciones, apariencia de mujer, seca como la mojama y portadora de malas artes.

Habiendo sido alertados, el contingente de campeones salió de la "dimensión de bolsillo" conjurada para la secreta reunión, encontrando ante ellos ceniza y vísceras de los soldados abatidos, y sobre ellas los terribles espectros que habían resultado de su destrucción. fue entonces cuando ambos enemigos se dejaron ver, uno cubierto de un etéreo manto y la otra a su lado, amenazante, impasible.

Tras un cruce de amenazas disfrazadas de advertencias el arcano marchó, cometiendo el error de dejar a su comandante para que acabara con el conjunto amniano, pues sería otro, junto a Moravia, que sería destruida en una intensa y dura lucha.

El plan había sido aceptado por todos, el campamento estaba destruido, sólo quedaba avanzar y lograr el objetivo, y así emprendieron la marcha.




Largo fue el camino, pero ya ante ellos se alzaban las escabrosas cumbres de los Dientecillos.

En la base de donde sus picos parecían morder el cielo, una caverna, oscura, de pesada atmósfera e inquietante silencio, el cual sólo se rompía por los pesados y metálicos pasos de algunos miembros de la comitiva y por el ataque de miembros del Culto del Dragón, los cuales defendían sin reservas el lugar. No les importaba ser heridos o morir, su determinación y obsesión de otorgaban una fuerza y bestialidad únicas, que no dudaba en lanzar contra el grupo que, enormemente preparado y extrañamente trabajando en equipo, lograron sentenciar, hasta que finalmente llegaron a la sala de la cual provenían numerosos cánticos, y pudieron verlo:


EL ORBE.​

Tan cerca y tan lejos, rodeado completamente por devotos y un líder que los guiaba en su ritual, cubierto por mágicas protecciones que lo hacían inaccesible y, por is fuera poco, apestosos muraníes al otro lado de la sala con su mismo objetivo.

La batalla no tardó en comenzar, pero menor aún fue su tiempo de resolución. Ahora el suelo estaba bañado de la sangre de los cultistas y el orbe permanecía inalterable dentro de su prisión mágica, con amnianos y muraníes en lados opuestos. Las protecciones fueron estudiadas y derribadas, dejando el orbe al descubierto, dando comienzo la última batalla por el orbe.


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Acero y magia se cruzaron, saetas volaban certeras entre el caos de la pugna, enormes torrentes de luz sacra iluminaban la lúgrube sala mientras chispas y saltaban furiosas del choque de los metales y, al final, la oscura piedra que bajo sus pies reposaba estaba tapizada ahora con los cuerpos de los muraníes. Su intento fue heroico pero en vano, dejando firme constancia que cuando los amnianos se unen bajo un mismo estandarte son imparables.

A la salida de la caverna, un torrente de dragones de diferentes colores volaban raudos hacia ellos, presumiblemente atraídos por el orbe, por lo que raudos se teleportaron hasta Capaconjuro, para llevar a cabo la última parte del plan.




Allí eran esperados, todo estaba listo. Runas dibujadas alrededor de un enorme círculo de poder. Todos tomaron su posición, defendiendo algunos, colaborando con su poder otros, prestándole total apoyo al líder Selemchant

Pero el mal no se lo pondría fácil, mandando a sus espectros una y otra vez para intentar desestabilizar a los arcanos que ejecutaban el ritual, pero los valientes consagrados a Amn los rechazaron una y otra vez.


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En un instante, el extraordinario arcano colocó sus manos sobre el orbe, y entre gritos de dolor fue dañado. Sus brazos se retorcieron, su cuerpo se marchitó y fue expulsado con violencia siendo tan sólo una carcasa vacía, en su lugar un espectro, pero diferente. Un haz de energía surgió del orbe hacia el cielo, en lo que parecía un rasguño a la realidad multitud de dragones, cromáticos y metálicos luchaban entre ellos, pero uno volaba hacia ellos, una sierpe enorme y formada de carne putrefacta cuyo jinete parecía más temible aún.

Un dragón verde, enloquecido por el poder del orbe, tomo tierra luchando fieramente contra los defensores de Amn y los magos encapuchados que aún permanecían con vida. Y aunque lograron abatirlo, el espectro y el jinete que montaba al dragón cadáver lograron hacerse con el orbe. Con sus artes asesinó a un dragón y lo lanzó contra el grupo, ocasionando grandes daños, a lo que en respuesta, una certera flecha encantada cegó al dragón, permitiendo que una conjurada tromba de meteoros lograse perturbar el vuelo del dragón alzado, haciendo que el orbe cayera al vacío y tanto enemigos como el burgomaestre Baldrak, en un alarde de desinteresada valentía, se lanzaran hacia él para conseguir su posesión.

Se perdieron en las nubes, ni el enano ártico paladín de Bahamut, ni el orbe, ni el enemigo, nada descendió. El esfuerzo conjunto, la victoria aplastante y los caídos por el camino habían sido en vano, habiendo sido uno de los más altos dirigentes de la más respetada organización de Amn, los Magos Encapuchados, el que hiciera fracasar todo.

¿En quién se puede confiar después de esto? ¿Sería cierto lo del secuestro del Consejo por parte de Colmillos Afilados o una treta del poseído Selemchant? ¿Qué sucederá ahora?

La única certeza es que sólamente se podrá hacer frente a la amenaza si la unidad y el trabajo en equipo por un objetivo se mantiene entre los amnianos, como ya se ha demostrado.
 

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