Pulo
Lican gato mamadísimo
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Vilma- Corazón indomable.
En una pacífica y pintoresca comunidad de Lurien, la vida de los hin seguía un ritmo apacible y ordenado. Las verdes colinas y los ríos serpenteantes proporcionaban un entorno sereno para estos medianos, conocidos por su amor por la tranquilidad, la buena comida y las festividades de sus tradiciones.
Vilma, una joven pies ligeros , de trece años, con el pelo rojizo y piel blanca salpicada por algunas pecas , destacaba entre sus compañeros por su espíritu indomable y su naturaleza curiosa. Desde pequeña, había mostrado poco interés por las tareas tradicionales asignadas a las jóvenes de su edad. Mientras las demás chicas se dedicaban a aprender a cocinar y bordar, Vilma prefería explorar los bosques cercanos, trepar a los árboles y perderse en los relatos de antiguas leyendas que su tía le contaba.

Llegó el día en que sus padres decidieron que era momento de cumplir con las tradiciones y buscar un marido para Vilma. Eligieron a Tomlin, un joven hin de una familia respetada ycon tierras. Aunque Tomlin era amable y bien intencionado, a Vilma la sola idea de casarse y llevar una vida convencional le resultaba insoportable.
El encuentro entre Vilma y Tomlin fue organizado un soleado día de primavera. Se les pidió que se conocieran mejor paseando por los campos floridos. Vilma, aunque disgustada, aceptó a regañadientes. Durante el paseo, Tomlin intentó hablar sobre sus sueños de una vida tranquila en Lurien, pero Vilma apenas le prestaba atención, su mente estaba ocupada planeando cómo escapar de aquella situación.
Finalmente, después de un rato de incómoda conversación, Vilma no pudo más. Aprovechando un momento en que Tomlin miraba distraído hacia el horizonte, Vilma tomó una piedra del suelo y, sin pensarlo dos veces, la lanzó con fuerza. La piedra impactó en la frente de Tomlin, abriéndole una pequeña brecha. Con los ojos encendidos de determinación, Vilma le gritó:
—¡No me quiero casar, Tomlin! ¡Nunca quise y nunca querré!
El pobre Tomlin, aturdido y dolorido, apenas pudo responder. Con lágrimas en los ojos, regresaron al pueblo.
La noticia del incidente se esparció rápidamente y, al llegar, Vilma fue recibida por una lluvia de reproches. Sus padres, furiosos, no podían comprender la conducta de su hija.
—¡Vilma, esto es inaceptable! —exclamó su madre, con el rostro rojo de ira—. ¡Tienes que casarte y tener hijos como una buena hin!
—No es justo —protestó Vilma, con los puños cerrados—. ¡No quiero esa vida para mí!
Las discusiones continuaron hasta que los ancianos de la comunidad fueron convocados para decidir el destino de Vilma. Después de largas deliberaciones, llegaron a una conclusión: dada la naturaleza rebelde y violenta de la joven, la mejor opción era enviarla al monasterio de la Orden del Puño hin. Allí, se esperaba que su espíritu pudiera ser templado y su energía canalizada en algo positivo.
—Será lo mejor para ella —dijo uno de los ancianos con voz grave—. En la Orden del Puño hin, aprenderá disciplina y encontrará su verdadero camino.
Vilma, aunque resignada a esta nueva imposición, sintió un atisbo de esperanza. Al menos, en el monasterio, tendría una oportunidad de descubrir quién era realmente y qué destino deseaba forjar por sí misma, lejos de las expectativas que otros habían puesto sobre sus hombros.
Así, con la cabeza en alto y el corazón lleno de determinación, Vilma se preparó para su nueva vida monástica, lista para enfrentar cualquier desafío que se le presentara.
En una pacífica y pintoresca comunidad de Lurien, la vida de los hin seguía un ritmo apacible y ordenado. Las verdes colinas y los ríos serpenteantes proporcionaban un entorno sereno para estos medianos, conocidos por su amor por la tranquilidad, la buena comida y las festividades de sus tradiciones.
Vilma, una joven pies ligeros , de trece años, con el pelo rojizo y piel blanca salpicada por algunas pecas , destacaba entre sus compañeros por su espíritu indomable y su naturaleza curiosa. Desde pequeña, había mostrado poco interés por las tareas tradicionales asignadas a las jóvenes de su edad. Mientras las demás chicas se dedicaban a aprender a cocinar y bordar, Vilma prefería explorar los bosques cercanos, trepar a los árboles y perderse en los relatos de antiguas leyendas que su tía le contaba.

Llegó el día en que sus padres decidieron que era momento de cumplir con las tradiciones y buscar un marido para Vilma. Eligieron a Tomlin, un joven hin de una familia respetada ycon tierras. Aunque Tomlin era amable y bien intencionado, a Vilma la sola idea de casarse y llevar una vida convencional le resultaba insoportable.
El encuentro entre Vilma y Tomlin fue organizado un soleado día de primavera. Se les pidió que se conocieran mejor paseando por los campos floridos. Vilma, aunque disgustada, aceptó a regañadientes. Durante el paseo, Tomlin intentó hablar sobre sus sueños de una vida tranquila en Lurien, pero Vilma apenas le prestaba atención, su mente estaba ocupada planeando cómo escapar de aquella situación.
Finalmente, después de un rato de incómoda conversación, Vilma no pudo más. Aprovechando un momento en que Tomlin miraba distraído hacia el horizonte, Vilma tomó una piedra del suelo y, sin pensarlo dos veces, la lanzó con fuerza. La piedra impactó en la frente de Tomlin, abriéndole una pequeña brecha. Con los ojos encendidos de determinación, Vilma le gritó:
—¡No me quiero casar, Tomlin! ¡Nunca quise y nunca querré!
El pobre Tomlin, aturdido y dolorido, apenas pudo responder. Con lágrimas en los ojos, regresaron al pueblo.
La noticia del incidente se esparció rápidamente y, al llegar, Vilma fue recibida por una lluvia de reproches. Sus padres, furiosos, no podían comprender la conducta de su hija.
—¡Vilma, esto es inaceptable! —exclamó su madre, con el rostro rojo de ira—. ¡Tienes que casarte y tener hijos como una buena hin!
—No es justo —protestó Vilma, con los puños cerrados—. ¡No quiero esa vida para mí!
Las discusiones continuaron hasta que los ancianos de la comunidad fueron convocados para decidir el destino de Vilma. Después de largas deliberaciones, llegaron a una conclusión: dada la naturaleza rebelde y violenta de la joven, la mejor opción era enviarla al monasterio de la Orden del Puño hin. Allí, se esperaba que su espíritu pudiera ser templado y su energía canalizada en algo positivo.
—Será lo mejor para ella —dijo uno de los ancianos con voz grave—. En la Orden del Puño hin, aprenderá disciplina y encontrará su verdadero camino.
Vilma, aunque resignada a esta nueva imposición, sintió un atisbo de esperanza. Al menos, en el monasterio, tendría una oportunidad de descubrir quién era realmente y qué destino deseaba forjar por sí misma, lejos de las expectativas que otros habían puesto sobre sus hombros.
Así, con la cabeza en alto y el corazón lleno de determinación, Vilma se preparó para su nueva vida monástica, lista para enfrentar cualquier desafío que se le presentara.
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