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Vuelta a casa

MotiSJL

Orco del Desolado
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Tresthaven huele igual que siempre.
A sal. A red mojada. A pan recién hecho en alguna casa de la calle principal.
Pensé que volver sería diferente. Que el pueblo habría cambiado o que yo lo vería distinto después de todo lo que pasó desde que me fui.
No cambió nada.
Solo yo.
Llegué a pie desde el camino del sur.
La herida quemaba más de lo normal con el frío de la costa. Llevo días así. Aprendes a caminar con ello. A respirar alrededor del dolor sin dejar que dicte el paso.
El primer que me vio fue un pescador viejo que me conocía desde crío.
Me miró de arriba abajo.
Miró la herida.
Me volvió a mirar.
Y dijo:
"Vaya. Sigues vivo."
No lo dijo con crueldad. Solo con la honestidad directa de la gente de pueblo que no ve razón para adornar las cosas.
Le respondí que sí.
Que sigo vivo.
Mika me encontró antes de que yo la encontrara a ella.
Como siempre.
Estaba en el muelle. Como siempre. Con los pies colgando sobre el agua y la mirada en el horizonte.
Se giró cuando me oyó llegar.
Me miró.
Miró la herida.
Me miró otra vez.
Y no dijo nada durante un momento que se hizo largo.
Mika que siempre tiene algo que decir.
Callada.
Luego se levantó.
Caminó hasta donde yo estaba.
Y sin decir nada me dio un abrazo.
Mika que no abraza a nadie.
Que dice que los abrazos son para gente que no sabe comunicarse de otra manera.
Que lleva dieciocho años corrigiéndome sin tocarme el hombro si no hace falta.
Me abrazó.
Fuerte.
Y yo que llevo semanas con el ki negro en las manos y la herida quemando y todo lo que no nombré en silencio...
Dejé que me abrazara.
Sin decir nada.
Los dos de pie en el camino de entrada al pueblo.
El mar detrás.
Tresthaven despertando a nuestro alrededor.
Cuando nos separamos Mika me miró a los ojos.
Solo un momento.
Y dijo:
"Llegas tarde."
Solo eso.
Las mismas palabras del Padre Ossian cada mañana durante tres años.
No sé si lo hizo a propósito.
Por la cara que puso cuando lo dijo creo que sí.
Fui a la tumba por la tarde.
Está en el cementerio pequeño al norte del pueblo. Entre dos pinos viejos que llevan ahí más tiempo que cualquier persona de Tresthaven. Una lápida sencilla de piedra gris. Sin adornos. Sin epitafio largo.
Solo su nombre.
Y debajo una sola línea que alguien del pueblo eligió poner.
"Enseñó a levantarse."
Me quedé de pie frente a ella durante mucho tiempo.
La herida quemando.
Las sandalias en mis pies.
Las mismas que me puso en las manos el día que salí.
Las que han pisado Athkatla y criptas y santuarios y la sala donde un avatar divino intentó destruir todo lo que había a su alrededor.
Las que siguen aquí.
Las que siempre siguen aquí.
No sé qué se dice ante una tumba.
Nunca lo supe.
Así que no dije nada durante un rato.
Solo estuve ahí.
Con todo lo que traje desde Athkatla pesando en los hombros y la piedra fría de Tresthaven bajo las sandalias y el viento del mar moviéndolo todo alrededor.
Hasta que por fin encontré las palabras.
Pocas.
Las justas.
"Lo intenté."
Pausa.
"Sigo intentándolo."
Pausa más larga.
"No siempre sale bien."
El viento.
Las gaviotas sobre el mar.
Tresthaven a mis espaldas.
"Pero me levanto."
"Siempre me levanto."
"Eso me lo enseñaste tú."
Mika estaba esperándome a la salida del cementerio.
No había dicho que iría.
Estaba ahí igual.
Con dos tazas de algo caliente que había traído de algún sitio sin que yo supiera cuándo.
Me dio una.
Nos sentamos en el muro de piedra de la entrada.
El sol bajando sobre el mar.
Tresthaven encendiéndose poco a poco con las luces de las casas.
Y ninguno de los dos habló durante mucho tiempo.
Que es nuestra manera de decir todo lo que importa.
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(Con motivo de mis días fuera, he roleado que Kennan ha vuelto a su pueblo durante unos días, cuando vuelva, el lo hará también jeje)

 
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