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Ylenthar ---> Fantasmas del Pasado

Ser Pato

Perro de Dan
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23/4/14
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Aquella mañana, había sido productiva, había realizado un servicio de escolta se había reunido con un alado y había cerrado un trato por un par de productos que le interesaban, además su hombres estaban siendo pertrechados y todo parecía empezar a asentarse en Athkala. Tras encontrarse con Lythana, la elfa oscura seguidora de Elistree le invitaron a una actuación cercana a los llanos de la Ciudad de las Moneda, y fue allí cuando tras escuchar la melodia y el canto de aquel bardo, sintió la necesidad de huir, de correr de aquellos ecos del pasado que parecían perseguirle. Cuando el acto termino se despidió tenso con palabras entrecortadas y corrió, corrió a encerrarse en el hospedaje en la ciudad tratando de calmar aquello que le sucedía.

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Ched Nassad hace 15 años

En las sombrías y laberínticas calles de Ched Nassad, me movía como un espectro entre las sombras. Un simple mensajero de mi casa, atrapado en un juego de intrigas que nunca elegí. La desconfianza era mi compañera constante; cada paso que daba estaba impregnado de precaución, consciente de que en cualquier esquina podría acechar un rival dispuesto a acabar conmigo. La política drow era un terreno peligroso, y no podía permitirme el lujo de bajar la guardia.

Fue en ese ambiente tenso donde conocí a Lirael, una mercader de especias y productos exóticos. Su puesto, lleno de coloridos frascos y aromas embriagadores, atrajo mi atención desde el primer momento. Su cabello plateado caía en suaves ondas, y sus ojos ámbar brillaban con una luz propia. Desde que cruzamos miradas, sentí una conexión inexplicable.

Recuerdo el primer encuentro. Me detuve a observar cómo ofrecía una muestra de una especia brillante a un cliente. La forma en que hablaba, con una pasión que hacía que cada palabra pareciera un canto, me cautivó. Cuando se dio cuenta de que la miraba, me sonrió. "¿Te gustaría probarla?", me preguntó, levantando un pequeño frasco de polvo dorado.

"¿Qué es?", inquirí, intrigado.

"Es una mezcla secreta que hará que cualquier platillo sea especial. Pero ten cuidado, solo los valientes se atreven a probarla", respondió, con una chispa traviesa en sus ojos.

Acepté el reto, y al probar la mezcla, una explosión de sabores invadió mi paladar. Ambos reímos ante mi reacción. "Eres valiente, pero también tienes buen gusto", dijo Lirael, y en ese instante, supe que había encontrado no solo una mercader, sino una compañera de aventuras.

A medida que los días se convirtieron en semanas y estas meses, nuestros encuentros se volvieron más discretos. Nos veíamos entre la multitud, intercambiando miradas cómplices y sonrisas furtivas. Cada vez que pasaba por su puesto, buscaba su rostro, y cada vez que me veía, su sonrisa iluminaba mi mundo. Compartíamos historias breves, siempre con un aire de misterio, como si supiéramos que el tiempo era un lujo que no podíamos permitirnos.

Finalmente, un día tras algunos años conociéndonos, Lirael me invitó a su refugio, un pequeño almacén donde guardaba sus especias. Era un lugar lleno de aromas y colores, un rincón secreto en medio de la oscuridad de Ched Nassad. Allí, rodeados de frascos, comenzamos a abrirnos el uno al otro. Lirael, con su energía contagiosa, me habló de sus sueños de explorar el mundo y cambiar su destino. "No podemos quedarnos atrapados aquí para siempre, Ylenthar", dijo, su voz llena de pasión. "Hay un mundo más allá de estas paredes, y yo quiero verlo contigo".

La idea de escapar juntos me llenó de esperanza. "¿Y si encontramos una forma de hacerlo?", sugerí, sintiendo que cada palabra era un paso hacia un futuro que parecía inalcanzable.

Con el tiempo, nuestra amistad se transformó en algo más profundo. Lirael era la soñadora que iluminaba mi vida, y yo me convertí en su refugio. Las risas se tornaron en miradas cargadas de significado, y las caricias casuales se convirtieron en toques llenos de deseo. Una noche, mientras compartíamos un trozo de pan en el almacén, tomé su mano y la miré a los ojos. "Eres mi luz en esta oscuridad", confesé. "No sé qué haría sin ti".

Lirael sonrió, sus ojos llenos de emoción. "Y tú eres mi ancla", respondió, y en ese momento, ambos supimos que estábamos destinados el uno para el otro.

Antes de despedirnos esa noche, Lirael sacó de su muñeca una pulsera de cuentas brillantes que había hecho con sus propias manos. "Quiero que tengas esto", dijo, ofreciéndomela. "Es un símbolo de nuestra conexión. Siempre que la lleves, recuerda que hay alguien que te espera".

La acepté con gratitud, sintiendo que ese pequeño gesto sellaba nuestro vínculo. "Y yo te daré algo también", respondí, desabrochando un pequeño brazalete un amuleto que me había dado mi padre. "Este es un símbolo de protección. Quiero que lo lleves contigo".


Ella sonrió al recibirlo, y en ese instante supe que, sin importar lo que sucediera, siempre tendríamos una parte del otro.

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Ahora, en ese cuarto del distrito del puente no puedo dejar de temblar de rabia de dolor de desesperación, tras destrozar y tirar todo lo que me rodeaba. Mirando el pequeño cofre tirado al suelo donde entre monedas vislumbro aquel fantasma del pasado....aquella pulsera de cuentas brillantes, sabedor que nadie me espera...
 
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