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Yoh Nabil [En construcción]

Nythria

Enano con acento ruso
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Ficha del personaje

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Nombre del PJ: Yoh Nabil.
Clase: Druida.
Raza y/o Subraza: Khultana, mestiza de Eshúe y Tabaxi.
Lugar de Procedencia: Alrededores del Río Olung, Khult.
Deidad: Ubtao.
Edad: 16 años.

Aspecto:
  • Altura: 1,70 m.
  • Complexión: Alta y esbelta, musculatura ligeramente desarrollada.
  • Pelo: Negro azabache. Usualmente cuidadosamente trenzado y recogido.
  • Ojos: Caoba.
  • Piel: Oscura.
  • Rasgos: Muy marcados, lo que a menudo le otorgan cierto aire de seriedad.
  • Detalles: Pueden apreciarse varias marcas tanto en sus tobillos como en ambas muñecas.
  • Carisma base: 12.

Descripción: Por el color de piel es fácilmente reconocible como una mujer de raza khultana. Sus facciones, que todavía le otorgan cierto toque aniñado, la delatan como una adolescente del montón que debe rondar los dieciséis o diecisiete años. Es alta y de musculatura ligeramente desarrollada, lo que parece indicar que en el pasado fue sometida a trabajo constante. Sin embargo, ni de lejos parece ser una mujer dedicada al combate, si no más bien todo lo contrario.

Sus ojos color caoba parecen inundados de seriedad y a menudo escrutan todo lo que la rodea, analizando cada detalle con severa minuciosidad. No es muy dada a sonreír ni gesticular cuando se expresa, ya que siempre mantiene unas formas muy protocolarias, quizá fruto de alguna experiencia pasada. Acostumbra a vestir ropas simples que siguen vagamente los cánones humanos, lo suficiente como para pasar desapercibida entre aquellos que la rodean.

Tampoco suele ser la primera en iniciar una conversación, pues al instante da a entender que es una mujer de pocas palabras. Detesta el contacto físico imprevisto, como puede ser un abrazo espontáneo, y aunque sus facciones dirán otra cosa, nunca lo exteriorizará. Se lo guardará todo para sí misma, como muchas otras cosas.
 

Nythria

Enano con acento ruso
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Capítulo 1

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Todavía lo recuerdo todo como si fuera ayer.

Mi nombre es Yoh, Yoh Nabil, y tengo la suerte de poder presentarme como una de las pocas mujeres de raza khultana que salen de su país, por unos motivos u otros, y tienen el privilegio de ver mundo.

Nací en la aldea Krasarang, cerca del río Olung. La tribu, conformada por cinco familias más (además de la mía), vagaba de un lado a otro según el período estacional del año o el estado de las cosechas. Desde bien pequeños los mayores enseñaban a los jóvenes a cazar, tanto a los chicos como a las chicas, pero yo detestaba esas cosas, así que a menudo me escaqueaba o fingía encontrarme mal.

Era una niña algo revoltosa, pero qué se le iba a hacer. Por aquel tiempo no era del todo consciente de lo que mis actos suponían, y fue precisamente una de esas imprudencias la que me llevó a abandonar Khult forzosamente.

Mi madre era una de las chamanes de la tribu, era poderosa y muy sabia, así que espero que durante los años que estuve con ella se me pegase algo, aunque todos allí decían que teníamos el mismo carácter serio. No lo entendía, ¿cómo que serio? Yo no era seria... Porque eso era algo malo, ¿verdad?

Por otra parte, mi padre y mi hermano se encargaban de la defensa de la aldea; eran guerreros, y esperaban que yo lo fuera algún día también, pero yo odiaba esas cosas. Salían de caza cada noche, y todos los chamanes de la aldea (y yo) realizaban los rituales pertinentes para asegurarles prosperidad y seguridad. Ubtao los vigilaría.

¡Ah, sí! Se me olvidaba. Ubtao es nuestro dios. Es el creador de todo lo que conforma Khult: las plantas, los animales, los dinosaurios, las montañas... Todo. En Khult todos rezamos a Ubtao, y aunque las historias dicen que se distanció de nosotros hace mucho tiempo, nosotros sabemos que no es así. ¿Quién si no hace que nunca nos pase nada malo?

Tras mucho insistir a mi madre conseguí prescindir de las jornadas de caza nocturnas a cambio de iniciarme en las artes chamánicas, pues no podía quedarme sin hacer nada; todos servíamos para algo. ¡Eso era genial! Adoraba esas cosas, así que... ¿por qué no intentarlo?
 

Nythria

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Capítulo 2

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No tardé demasiado en hacerme a las costumbres de los chamanes. Generalmente eran todos ancianos, pues nuestra sociedad se regía por las geron... geronto... lo que sea; vamos, que gobernaban los más viejos. Me sentía como una mayor cuando hacíamos los rituales, mientras los adultos entraban en trance y oraban para proteger a nuestros guerreros, yo quemaba las puntas de las ramitas que utilizábamos para el ritual en la hoguera y me encargaba de dibujar los diseños tribales en los rostros de éstos. La primera vez me salieron muy mal, y creo que por eso unos Batiri les robaron todo lo que habían conseguido, pero poco a poco fui mejorando.

Al cabo de dos años, con unos... nueve, más o menos, ya era prácticamente una chamana hecha y derecha. Conocía los procedimientos del ritual y ya había participado en los rezos a Ubtao, sabía cómo sanar las heridas de los guerreros que volvían tras la caza y podía hacer toda clase de cosas con unos pocos huesos de dinosaurio, un cuenco y un palo bien gordo, como entrar en contacto con los espíritus.

Algunos decían que era una privilegiada, una prodigio, pero a mí no me gustaba que me adularan de aquella manera, así que simplemente les decía que todos los demás eran mejores que yo, sin embargo, no podía evitar sentirme realizada cuando me piropeaban de aquella forma. ¡Era genial!

Durante ese período había escuchado toda clase de historias de boca de los sabios de la aldea, entre ellas la de la revolución de las Yuan-Ti del río Tath o la que narraba la guerra entre Tabaxi y Eshúe hace muchísimos años, de cómo el gigante de sombra asedió la ciudad de Mezro y el bara Ras Nsi la defendió con fiereza.

Ras Nsi era uno de los gobernantes de Mezro, la capital de Khult. Traicionó a nuestro pueblo y ahora es el culpable de que todos los que mueren se alcen de nuevo bajo sus órdenes. Tenía diez años cuando ví un no-muerto por primera vez... ¡era asqueroso!

La no-muerte estaba presente día y noche, al igual que muchos otros peligros. Con doce años conocía prácticamente todas las criaturas que poblaban Khult: trasgos (Batiri), enanos (khultanos, subterráneos y salvajes), aldani (hombres-langosta), no-muertos (zombies, necrarios y necrófagos...), yuan-ti, plantas carnívoras (espina de sangre, atrapahombres, enredadera asesina...), dinosaurios, depredadores (leones, panteras, leopardos, guepardos...) y otras tantas leyendas sobre la historia de la isla.

No sabía por qué, pero la leyenda de la Pirámide de la Luna, (una edificación de forma triangular que relucía cada noche en un lugar aleatorio de la isla y obligaba a quienes la vieran a adentrarse en ella, quedando atrapados para siempre), me llamaba muchísimo la atención, aunque quizá pronto lo sabría.
 

Nythria

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Capítulo 3

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Mamá no estaba.

Aquella mañana me había despertado pronto, como cualquier otra. La noche anterior habíamos realizado uno de los rituales pertinentes a Ubtao para proteger a nuestros guerreros, por lo que estaba muy cansada. Cuando salí de la tienda me percaté de que algo andaba mal; todos me miraban apenados y yo no tenía ni idea del por qué.

Mamá no estaba.

Papá hablaba con uno de los ancianos de la aldea, Nykwuo, con seriedad, mientras mi hermano corría a abrazarme. No sabía qué estaba pasando, pero automáticamente un nudo se me formó en la garganta y, con lágrimas en los ojos, pregunté:

—¿Dónde está mamá?

Miré a mi alrededor por encima del hombro de mi hermano, que sollozaba a mi espalda. ¿Dónde estaba mi madre? ¿Por qué no estaba conmigo? ¡La necesitaba! ¡La-la quería de vuelta! Rompí a llorar. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas hasta encontrar su final en mi barbilla, humedeciendo así la hierba.

Era época de cambiar de terreno. El suelo estaba seco y las cosechas ya habían sido recogidas, por lo que debíamos irnos. Recogí mis pertenencias con muy mal cuerpo y sin parar de preguntarme dónde estaba mi madre salí de la tienda para unirme al grupo.

Al cabo de unas horas deambulando por la selva sin aparentes problemas, encontramos el claro que nos pertenecía. Durante el camino nos topamos con la aldea Chulwia, que procedía a hacer lo mismo que nosotros. Al parecer en su aldea también había desaparecido gente, los padres de una niña que no paraba de llorar.

Nos miramos.

Nos entendimos.

Nos abrazamos.

Tenía ganas de llorar. Todavía recordaba que mi madre no estaba conmigo, que no iba a poder abrazarla, pero ése simple hecho me recorrió el cuerpo súbitamente, haciéndome sentir muy mal. Miré a mi hermano, con el que me llevaba unos seis o siete años. ¿Qué íbamos a hacer ahora?

Rápidamente montamos nuestras tiendas y procedimos a ayudar en la distribución de la comida, pues era la hora de comer. Mi hermano se me acercó y me confesó al oído:

—Yoh.

Yo ni siquiera me giré, no tenía ganas de hablar. La pena me lo impedía.

—Yoh. Va en serio, mírame.

Lo miré a los ojos, y entonces él abrió la boca.

—Voy a ir a Puerto Castiglar. La Sociedad me espera. Soy de la Sociedad, Yoh.

¿Qué? ¿La Sociedad? ¿Qué Sociedad? Sacudí la cabeza, confusa.

—¿Sociedad? ¿De qué estás hablando?
—La Sociedad Tricerátops, Yoh. Voy a encontrar a Mamá.

Las lágrimas inundaron mis ojos de nuevo. ¿Mi hermano en la Sociedad Tricerátops? Debía de ser una broma, un sueño tal vez.

La Sociedad Tricerátops era un grupo similar a los Arpistas del Norte, se encargaba de vigilar la jungla, procurando garantizar su "paz". Si algún aventurero entraba en la jungla, podía garantizarle que la Sociedad sabía de su existencia y seguía sus pasos muy de cerca. Si mi hermano pertenecía a ellos, podría... Había esperanza.

Mamá, vamos a encontrarte.
 

Nythria

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Capítulo 4

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Al día siguiente mi hermano nos abandonó sin despedirse. No podía hacerlo, pues yo era la única que sabía de su identidad secreta, así que decidí guardarlo en secreto, haciendo que mi padre sufriese aún más. Aquel día no lloré, ni siquiera sentí pena. Sabía que podía defenderse bien y llegaría sin problemas, y si eso suponía encontrar a mamá...

El problema fue que papá se dio cuenta. Llevaba unos días frustrado, enfadado, confuso. Rezaba a Ubtao constantemente, preguntando por qué le había sucedido aquello a él. Su mujer y su primogénito lo habían abandonado, y no tenía fuerzas suficientes como para disimular su estado a lo único que le quedaba, su hija.

Estuvo muy raro conmigo aquella noche, pero sin embargo decidió no preguntarme nada. Yo sabía que él era consciente de que yo conocía algún dato que a él se le escapaba, y me extrañó mucho que no decidiese preguntarme nada. Las cosas en la tribu no solían funcionar así entre familias, pero supongo que al ser su hija no iba a amenazarme o algo así.

Todos debíamos conocerlo todo, esa era una de las normas de las tribus Tabaxi. No hay secretos.

Y ésta vez sí que lo había.

Aquella noche me encargué de realizar los ritos a Ubtao yo sola mientras los chamanes colocaban una serie de ofrendas en nuestro altar familiar, pidiendo que mi madre y mi hermano estuviesen bien. Ya no me dolía tanto como al principio, lo había asimilado... y sólo había pasado un día.

¿Ése era el carácter serio de mamá? Esperaba que no...

Papá no fue a cazar aquella noche, simplemente se quedó en la tienda, tumbado mirando hacia el cielo, preguntándose dónde estaría su familia, dónde habría parecido la pirámide aquella noche y otras tantas cosas más que yo no alcanzaba a preguntarme. Seguía raro conmigo, y aquello me molestaba un poco, pero debía guardar el secreto o saldría a buscarlo.
 

Superñu

Niño sin padres ni hospicio
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//Me encanta este personaje. Tanto por historia como por caracterización.
Felicidades.

Un beso!
 

Nythria

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¡Muchísimas gracias! Pronto continuaré la historia, ^^.
 
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