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Zalûg

werty2010

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Zalûg, Capítulo 1​


Zalûg hijo de Malach y Mirivech nació en una cálida noche de verano, en el seno de una familia poco adinerada.

Su madre siempre trató de que el pequeño tiflin, a pesar de las penurias, estuviese bien alimentado y no le faltase de nada.
Malach, sin embargo era asiduo a la bebida, al juego y a las mujeres.

La infancia de Zalûg fue muy dura; maltrato por parte de su propio padre tanto a él como a su madre, y gasto de dinero en vicios del mismo que hacía que lo poco que tenía la familia se desvaneciera en un abrir y cerrar de ojos, volviendo de nuevo a una de las situaciones más miserables de todo el país.

Una mañana cualquiera Mirivech pudo observar que su marido no regresó de la noche anterior. El pequeño tiflin lloraba y lloraba, a causa del hambre y el hedor que residía en aquella pequeña casa.
Su madre lo cogió en brazos mientras que, con las lágrimas saltadas, le cantaba al niño una nana hasta que éste logró dormirse, intentando no romper a llorar tras la impensable situación en la que se encontraba.

Aquí el pequeño, tenía tan solo 4 años.

A sus cinco, el joven intentó por primera vez integrarse con los demás niños que jugaban a pillar. Los pequeños humanos desconfiaban de él, pues aunque era apariencia era prácticamente idéntica, la extraña cola puntiaguda y los pequeños cuernos que brotaban de su cabeza fueron motivo suficiente para darle la espalda y seguir jugando sin prestarle siquiera atención al joven tiflin.
Zalûg entonces, enfurecido, miró fijamente a uno de los que le habían negado su integración en el mismo grupo. Fue entonces cuando la camiseta del observado por el tiflin empezó a humear hasta que finalmente se prendió fuego. El niño logró quitársela antes de que se produjera un daño mínimo. Nadie supo que el causante de tal acto fue el mismo Zalûg.

El pequeño tiflin llegó a su casa asustado, no tenía ni idea de como podía haber sucedido tal acto. '¿De verdad he sido yo?' Se preguntaba una y otra vez...

Su madre, al enterarse de que tal acto había sucedido y que Zalûg se encontraba con los humanos se quedó paralizada, sin embargo no hizo nada al respecto. Siguió con sus labores diarias.

El pequeño se alejó al bosque. Al adentrarse profundamente en él encontró un tronco partido, al parecer, por un rayo.
Zalûg lo miró fijamente, con la misma intensidad con la que miró al pequeño cuando quemó su camiseta; sin embargo, no sucedió nada.

Pasaron varios días desde entonces y el pequeño seguía al margen de la sociedad, los demás grupos de niños no lo querían como amigo y en ocasiones se burlaban de él.

Mirivech le otorgó al pequeño de una educación ejemplar. El amor que sentía hacia su hijo era mucho mayor del que sentían muchas madres por sus propios hijos en aquel entonces, pues sabía que el pequeño solo la tenía a ella.

A sus seis años, y al salir del pequeño mercado que se encontraba en las calles de la ciudad junto a su madre, pudo ver como un perrito agarró con los dientes una manzana que se encontraba en la cesta de su madre. El pequeño tiflin salió corriendo tras el perro, mientras este, juguetón intentaba que el mismo no lo alcanzase.
Tras un largo recorrido sin parar de correr tras el animal logró acorralarlo en un callejón sin salida. El niño se encontraba furioso, sabiendo que lo que comería prácticamente en todo el día (junto a las demás hierbas y verduras de calidad pésima y un trozo de pan duro que el comerciante le había vendido a su madre por apenas dos monedas.) se encontraba en la boca del perro (refiriéndome a la manzana en lo que se posiciona en la boca del animal.)

El joven se acercaba pasito a pasito hacia el pobre animal, quien no soltaba la manzana. Tras encontrarse a 4 metros con él, su mirada se clavó en el mamífero de cuatro patas; no podía dejar que se llevase su comida, aunque la misma ya estaba babeada y mordida por el mismo animal, aunque poco le importaba. Fue entonces cuando el perrito calló al suelo de repente, abatido por una extraña causa que el joven ya empezaba a recordar.
Justo en aquel momento su madre apareció, sofocada y angustiada al haberlo perdido de vista corriendo tras él.
Al presenciar al perro ya muerto y al pequeño tiflin junto a él, la madre no dudó en escribirle una carta al conocido arcano Marcus Saladar, célebre por ser el director de la mayor escuela de magos que se encontraba en el lugar.


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' Estimado Saladar.

Hace tiempo que no me pongo en contacto con usted, y lamento no poder hacerlo al menos anualmente, ya que mis quehaceres me mantienen ocupada día tras día. Espero que esté bien.

Mi vida ha cambiado mucho desde que dejé la escuela. La miseria en la que vivo no puede compararse con la de cualquier otro residente del poblado.
Pasamos hambre; mi hijo apenas puede comer 2 veces al día, teniendo en cuenta que es el que más veces come de la casa. Siendo anteriormente tres personas y actualmente dos.

He observado que, como yo, tiene capacidad para participar en la urdimbre.

Por eso le ruego que lo acoja en la escuela y le enseñe. No es mal chico, y estoy segura de que aprenderá rápido.
Por favor, le ruego que me permita este favor, ya que es el único que he pedido y le pediré en mi miserable vida.

Cuídate, Marcus.

Firmado: La Maga Azul.



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Al pasar tres días dos hombres acompañados con una mula llamaron al hogar de Mirivech.

Hombre 1: Buenos días señora, un encargo de parte del señor Saladar. Una mula llena de alimento para usted y este saco de oro *Mientras lo descuelga de la mula para ofrecérselo a la mujer* también para usted.

Hombre 2: Esta carta es también para vos, señora. *Le acerca un sobre.*


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Querida Mirivech.

Hace tiempo que no sé de ti, y eso me lastima día a día.
Me ha alegrado enormemente el día saber de ti.

Actualmente me encuentro bien de salud, quien lo diría, y la escuela está en su pleno esplendor. Muchos son los alumnos que corretean por sus pasillos, ansiados por el conocimiento que le ofrecemos en las aulas de la misma. La verdad es que daría un riñón (el malo) por poder volver tiempo atrás y disfrutar de nuevo mi estancia en la que fue mi centro de estudios hace ya unas décadas.
Me alegra también saber que tienes un hijo, y aun más saber que será alumno en mi escuela.

Te he facilitado un carro con provisiones para varios días y unas cien mil monedas de oro para que puedas iniciar tu vida desde cero.

Aun así como ya sabes hay una condición a todo esto, y es que no volverás a ver a tu hijo hasta pasados 14 años.
Si aceptas el trato, envía a tu hijo junto a mis hombres. Ellos se encargarán de traerlo hacia el castillo.


Me alegro de que dentro de lo que cabe te encuentres bien.

Firmado: Marcus *Al lado un sello cuya imagen representa un lagarto, símbolo de la escuela.*


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Mirivech: 'Hijo, te irás con ellos. *Mientras se agacha ante él, mirándolo fijamente a los ojos* ellos te darán lo que yo nunca he podido darte, una vida digna. '


La madre se despidió del pequeño con un beso en la frente, acto seguido los dos hombres se llevaron al niño hacia el castillo, propiedad de Marcus Saladar.


Fueron dos largos días los necesarios hasta que pudieron llegar, fatigados y sin apenas provisiones.

Al bajarse del pequeño carruaje, llevado por una mula, un hombre vestido de negro y con una máscara muy curiosa recogió al joven tiflin, quien lo llevó por los pasillos del grandioso castillo hasta llegar al despacho del gran director.

-'Te estaba esperando' -dijo el mismo.
 

werty2010

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//Modificada la historia por completo. Un saludo
 
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