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[El Retorno de los Dragones] El Último Sello

Damienman

Vampiro buceador de lagos
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Su armadura quedó destrozada, la fuente de su fortaleza y de su habilidad. Aguantó todo lo que pudo, que ya es mucho decir, teniendo en cuenta las gigantescas amenazas a las que se enfrentó el Artífice.
Estaba con sus compañeros de Capítulo, y ni eso pudo evitar que, en ocasiones, se llenara de temor, terror, odio y desesperación. Sentimientos convulsos, de tristeza, homenaje y pesar al pensar en la hazaña de Nicodemus.

¿Sentiría él eso, al sostener la esperanza del mundo entre sus manos? ¿Se lo pensó dos veces? Era el individuo más amable y afable que vio en Amn, Lekin lo conoció cuando Gambiton ayudó en la reconstrucción de los Salones de la Luna. La conclusión a la que el joven artesano llegó es que el héroe de Tôril estaba hecho de la pasta de los héroes. Tuvo un punto de apoyo para poder salvar el mundo, y lo aprovechó.

¿Había otros de esa misma pasta? Sí, pero...
¿Lo sería el mismo? ¿Lo sería Lekin?

Antes de llegar a una conclusión poco agradable, una chispa le saltó en la mejilla. Como si la armadura le diera un toque de atención, de no pensar en eso, y seguir reparándola en su taller. A pesar de eso, aún sentía la nieve en sus pies, y la sensación de ausencia cuando partió junto a Amn y Murann en la procesión, triste y silenciosa, que llevaba el cuerpo sin vida del mediano.

"Y si no soy de esa pasta, tendré que transformarme en ella"

Hay que hacer honor al héroe, a Nicodemus. Vivir y apreciar el mundo para obtener el coraje para sacrificarte por él, esa filosofía es su gran regalo a Amn, Faerûn y Toril.
 

Layna

Admirador del brazo de Sune
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Nicodemus no podía dormir, presentía que la batalla era inminente y que el desenlace de todo iba a suceder así que cogió tinta y papel he izo una carta para sus amigos de la mancomunidad, algo le decía que esta esta podía ser su ultima noche, una pesadez que se le enquistaba en los huesos.

(Tristeza) Con cada línea la tristeza fue apoderándose de él y lloro, no temía la muerte pero si caía nunca volvería a ver a los que amaba, nunca más podría reír con ellos o ayudarles o simplemente estar sin necesidad de decir nada.

Dejo que el llanto corriera por sus ojos, como siempre decía su madre no es malo llorar, en ocasiones es la mejor forma de sanar el alma, amar es dejar ir, es entender que nada es eterno, es disfrutar cada momento.

Él sabía que le amaban.

Salió de la tienda del campamento de la alianza y miro el cielo.

(Desesperación) Ninguna estrella brillaba aquella noche, solo se veía la oscuridad más profunda en tormentas de desesperación y muerte, la sombra se había extendido por el firmamento y la tierra a su alrededor, hiciera lo que se hiciera ese sería el resultado, tarde o temprano todo acabaría en el olvido.

Respiró profundamente y cerró los ojos para que su ser viajara más arriba, sabía que ahí estaban las estrellas y la luna, sabía que la oscuridad solo era un manto fino que a duras penas tapaba la luz, sabía que el vacío y el olvido, el fin de la existencia solo era una sombra que no podía socavar la vela de la esperanza. Nada podía vencer la esperanza.

De repente y como si la sombra le pusiera de nuevo aprueba un nuevo sentimiento le golpeo.

(Miedo) ¿y si no era el correcto? ¿y si acababa siendo un ser de oscuridad y muerte como Lord Soth? ¿y si condenaba a todos a la oscuridad misma?

Muchos creían que los paladines no sentían el miedo, pero no era así, Nicodemus sabía que tenía dudas, conflictos y miedos como todos, no era más digno que Fery, no era mejor que Sariel, no era mas grande o digno que nadie, se equivocaba y dudaba como todos … y así como aceptaba y entendía las faltas de los demás también amaba y perdonaba las suyas pues gracias a ellas crecía.

Respiro profundamente …

NICODEMUS … MIS ALAS… NO PUEDO MÁS…! – Alas de esperanza rugió en la oscuridad misma y devolvió a Nicodemus a la realidad.

Sintió entonces el dolor en todo su cuerpo, arder su alma con un dolor que le impería moverse y recordó que estaban surcando la brecha, que no podían estar mucho allí.

Delante suyo se erguía la todopoderosa Takhisis, sus cinco cabezas los observaban como quien observa a un mero insecto.



Insignificante criatura… un campeón patético de un mundo patético.

La mirada de la diosa fulmino al hin como un torrente mismo, entro en sus recovecos mas oscuros, clavo sus garras en el espíritu del mediano retorciéndolo en busca de la más mínima pizca de sombra que incendiar y encender, que controlar y manipular.

El tiempo se detuvo de nuevo y el hin fue arrogado a desafíos y juicios, a pruebas que parecieron eternas. Fue apenas un segundo en el mundo material, pero para el hin fue una eternidad.

Takhisis, la Reina de la Oscuridad, la reina de los dragones, la tentadora, la señora de los muchos rostros, la madre del odio, la reina de las mentidas, la de la voz dulce… busco y busco en el pequeño ser que la desafiaba alguna macula que explotar… y no encontró nada.

¡¡¡¡NO ES POSIBLE!!!!

Las cinco fauces de la Reina se abrieron y en ellas Nicodemus vio la muerte, su poder era acogedor, inevitable y fue lanzado contra él.

El hin sintió la lanza palpitar, sintió que una mano le ayudaba a levantarla, supo que era Palatine. Sintió un abrazo que lo protegía del poder acogedor de Takhisis, supo que era Yondalla.




En aquel instante último Nicodemus miro a la diosa maligna y supo que el viaje era solo de ida, pero no dudo, no tubo miedo, no estaba solo, todos sus amigos estaban con él, miro al lado y vio cargar a Radix, sintió el grito de Vungrir detrás de si, el perfume de Frey, el sonido de los abanicos de Calendil a su lado al cortar el viento y el hormigueó en su nuca característico que sentía cuando Numina conjuraba, sintió el poder curativo de la dama Anith, cada amigo, cada enemigo, cada criatura viva del mundo estaba con él… no estaba solo, no era Nicodemus, era Faerun.

Fue relámpago, fue bramido, fue estallido, fue rayo de sol, fue rayo de luna, fue cascara, fue martillo, fue justicia, fue amor fue todo y todo golpeo contra Takhisis hiriéndola....

AARRHHH!!!






Nicodemus despertó en un lugar apacible, el verdor y la alegría lo rodeaban parpadeo y se pregunto si aquel lugar eran los campos verdes, ya no sentía la conexión con todo, volvía solo a ser Nicodemus aun así la calma y la tranquilidad se apoderaban de el en aquel lugar de luz.

Sintió el chisporrotear de una hoguera y el olor de guiso haciéndose, la pancita le rugió, tenía hambre y se acercó al lugar.


Reparo entonces en una figura de un anciano que parecía un mago de avanzada edad enclenque y taciturno que aguardaba y lo saludo afable pues a su alrededor se sentía una armonía única.


Bienhallado, no sé cómo he llegado aquí, ¿puedo sentarme junto a usted para reponer fuerzas? – dijo Nicodemus

Por favor, toma asiento, has viajado mucho pequeño amigo mío. ¿Estas cansado?



Han sido unos días duros, aunque no lo crea vengo de una batalla enorme contra una diosa oscura para proteger a mi mundo


¿Y lograste protegerlo?

No lo sé, aunque tengo fe en que así fue. Os agradezco que me dejarais sentarme junto al fuego, aunque no me conocierais de nada.

Oh… yo creo que si nos conocemos. Se mucho de ti y solo cosas buenas.

¿No serán esto los campos verdes?

¿los campos verdes? Oh… no… esto es solo un lugar donde me gusta traer a hablar a los amigos mientras espero. Eres un buen amigo.

Me alegra que lo consideréis, pero tampoco soy perfecto, se me quema el pan mas de una vez cuando me distraigo *bromeó*

Son esos pequeños errores lo hermoso de la vida * sonríe *Creo que nunca más tendrás que preocuparte porque se te queme el pan amigo mío. Tu mundo se ha salvado gracias a ti.

Yo creo que gracias a todos, yo quizá empuñaba la lanza pero todos ayudaron y tenían el deseo de salvarlo, ellos me dieron la fuerza, es la unión de todos lo que ha salvado mi mundo.

Antes de que el anciano pudiera responder un son llego des del linde, una música armoniosa y alegre que elevada el animo y encendía el espíritu.

Des de los árboles una pequeña figura se recorta hasta que se apareció una hin ataviada con una armadura y un escudo de la matriarca Yondalla. Es su rosto ya entrado en años portaba una sonrisa afable y maternal observando con ternura al anciano y al joven hin.



Vaya… ¿ya has llegado? Pensé que tendríamos un poco más de tiempo – el anciano se levanto del tronco estirando sus huesos.

Es hora de que comencemos tu siguiente gran aventura – dijo con una voz melodiosa la mujer.

Ha sido un placer Nicodemus. Y un honor… que todas las bendiciones de la Luz te acompañen…y que nos volvamos a ver…. Llegado el momento.

Si nunca me necesita no dude en decirme ayudar a otros es parte de mi senda –
dijo al anciano el hin.

Bueno hemos de partir, hay quienes llevan mucho tiempo esperándote querido Nicodemus… ¿estas preparado?
La mujer le tiende la mano que antes aguardaba en la empuñadura de su espada corta y Nicodemus entiende de golpe, repara en cada uno de sus detalles de su atuendo como si una venda mágica cayera de sus ojos, cae de rodillas al suelo llorando al comprender que se haya delante de su diosa y que ha muerto.

Siento no haberos reconocidos… gracias por... ayudarnos… por todo… yo…- el hin sollozante no puede seguir con las palabras.- eres mi guía... mi luz... todo ha sido gracias a vos…

La mujer se acerca y besa con ternura la frente del pequeño hin que sonríe entre sollozos de alegría y dicha. Cualquier duda, cualquier temor queda atrás ante la protección y bendición de la Bendita.

No Nicodemus… tu eres mi luz y mi fuerza

La gran matriarca del pueblo hin, vuelve a tender la mano a su hijo que la toma con delicadeza, luego lo alza para que camine a su lado y ante ellos se abren los campos verdes.





Dos cuerpos desprovistos de vida caen cual cometa contra el suelo, uno de ellos es el de un hin que sonríe y llora de dicha.
 
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Mor

Minsorrano sin caminos
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La avariel reposaba desparramada sobre una gruesa rama, a decenas de metros sobre el suelo. Todo semblante de rectitud o dignidad disuelto en un momento de descanso y capricho tras lo que había sido la prueba de una vida.


Un sentimiento extraño la carcomía, un cosquilleo en el estómago. El pensamiento de que, pocas noches atrás, se encontraba frente al fin del mundo y de que durante dekhanas, sangró junto tanto a aliados como junto a enemigos jurados. Ahora, en ese preciso instante, todo ello parecía un sueño, como si nada de eso hubiera sucedido realmente.

Su mirada esmeralda se perdió en un cielo nocturno, parcialmente cubierto por mas ramajes entre los cuales se filtraba la luz de la luna. El cosquilleo persistía.

¿Qué significaba? Se revolvió con extraña incomodidad. ¿Culpa?¿Acaso podría haberlo hecho mejor?¿Podría haber dirigido a sus velahr de forma más efectiva?¿Podría haber luchado con la pericia de Corellon y desafiado a los generales de Takishis?¿Podría su corazón haber brillado con un fuego mas intenso que ninguno y hacer retroceder la oscuridad?

¿Podría haber portado la Lanzadragón?

...

Indigna.

No fueron las palabras que Seralythandrax le dedicó, pero fue como se sintieron en los huesos de la joven guerrera alada en ese momento. Por la mayor parte de su vida, había deseado una oportunidad de demostrar que su nombre sería el siguiente entre las leyendas de su pueblo. Pero no, se le había privado de ese momento, de su momento, su derecho.
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La dragona habló y, los Seldarine callaron. Concedieron.


"No hubo una lágrima que derramase el héroe Tethir, que no acompañase otra lágrima por los enemigos a los que debía dar muerte para proteger a los suyos." Le recordó un eco distante. La voz de la sierpe, retumbando desde un mas allá incierto.

¿Pero cómo era posible?¿Cómo amar aquello que busca destruir todo lo que siempre te ha importado?¿No odió el Protector a Gruumsh en el momento en que, con Sahandrian, le asestó el tajo con el que cercenó su ojo?¿No fue cólera lo que sintió cuando descubrió la traición de Araushnee y la desterró a la oscuridad a la que pertenecía?¿Qué era entonces?

Sus pensamientos transitaron hacia el recuerdo del héroe de Faerûn. El pequeño hin, cuya sombra jamás lograría abarcar. ¿Por qué el? Se había preguntado en el momento en el que la dragona plateada hizo presente su decisión. Pequeño, sencillo... patetico. De ella jamás hubiera recibido nada más que amable condescendencia y, sin embargo... Nicodemus atravesó las sombras. Las mismas que a ella misma la hubieran destruido. Las atravesó sin miedo y guió su lanza hacia el mismo corazón de la Reina de la Oscuridad.

¿Cómo lo hizo?¿Cómo triunfó donde el resto fallaría?

El cosquilleo en sus tripas amainó. Unió su aire al del mundo en una lenta exhalación, prueba de la vida que había sido protegida. Una mariposa blanca revoloteó hasta descansar sobre su rodilla y una inexplicable calma se apoderó de Kyathel.


"Tal vez he estado buscando excelencia en el lugar equivocado."
 
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Airoh

Gerardo de Amn
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Han sucedido hechos que marcarán la historia de Toril hasta el fin de los días. El cielo, antaño mudo, retumbó con los ecos de una guerra que estremeció los cimientos del mundo. Desde las profundidades de la Oscuridad hasta los confines más puros de la Luz, todas las razas, todos los pueblos, todos los corazones fueron llamados a una sola verdad: la existencia misma pendía de un hilo. Todo lo ocurrido años atrás era solo un preludio de todo lo que allí vivimos.

El hin que nos empequeñeció

Asistimos y presentamos batalla, hombro con hombro, hijos del bosque, el Pueblo élfico del Enclave Matadragones, el Capítulo de la Rosa de Plata, aliados de otros lugares como nuestros hermanos montados en águilas gigantes de Evereska, los Puño llameante, unidades de élite venido desde Neverwinter, los hins del sencillo y apacible Gambiton y entre nosotros, un pequeño ser cuya grandeza sobrepasó todo entendimiento: Nicodemus Buenpan, Sheriff de Gambiton... corrijo mi verbo; el hin de la Esperanza, el Portador de la Lanza.

A pesar del cansancio y heridas sufridas, no debía doblar la rodilla, la luz dorada de Corellon Larethian debía seguir allí, iluminando a nuestros aliados por una causa mayor; tan grande que hasta los dioses se manifestaron ante tal aciaga Oscuridad que se dispuso a venir con un propósito: La destrucción de todo Toril.

Cuando la Dragona de la Esperanza emergió entre las nubes, su luz era tan intensa que nuestros ojos lagrimearon ante la visión.

Soy de las personas afortunadas que acompañó al Portador hasta aquel preciso momento junto a los aliados que con férrea determinación aún seguíamos en pie. Cuando la dragona aterrizó y se dirigió a Nicodemus invitándole sin demora a subir a su lomo, la Reina de la Oscuridad se aproximaba con su crueldad.

El hin, sabedor de su responsabilidad y de su destino ya escrito que quedó para los anales de la historia del mundo. No vi temblor, congoja, ni sombra de duda, tan solo vi determinación y una voluntad que nos superó a todos. Su sencillez y coraje fue un claro baño de humildad, no había arrogancia de quién quiere ser un héroe mayúsculo, solo el sentimiento del deber para salvarnos a todos.

"Tú cargas con nuestro destino. Vos partís, pero sabed que nuestras energías y sentimientos os acompañarán"
Me atreví a pronunciar sin saber si el Portador se hizo eco de mis palabras. Fue más un deseo interno que un hecho informativo.

Y tras una despedida muy sentida por los suyos, Nicodemus partió a lomos de una criatura tan majestuosa e inédita como aquella dragona.

El Enemigo temible aunque debilitado tras nuestras pequeñas victorias batalla tras batalla, nuestros cuerpos exhaustos, lo que nos mantenía erguidos como roble venerable, fue nuestro coraje y determinación de no ceder a las Sombras. El Seldarine era testigo y el mundo no hallaría cobardía de mi ser.

El momento decisivo llegó, la Reina de la Oscuridad apareció con su densa niebla de sombras y Nicodemus fue a gran velocidad que la dragona propiciaba. La punta de la Lanza se iluminó y el Hin de la Esperanza cumplió con su misión...

Una misión que se cobró la vida de nuestro valiente amigo, quien se internó en la oscuridad para extirparla de nuestro mundo a punta de lanza creada de meteoros que enviaron las deidades del Bien para asistirnos en tal aciago destino.

Hallamos el cuerpo de la dragona de la Esperanza, junta a ella, estaba Nicodemus Buenpan reposando con una serenidad y paz inquietante. Me acerqué botiquín en mano, como acostumbro a hacer en el campo de batalla al ver a los caídos... Con un rápido exámen visual supe que los medios mundanos no harían efecto alguno, entonces me dispuse a usar uno de mis pergaminos imbuídos en el Poder para traerle de vuelta a la vida...

...Falló...​

Su acto de sacrificio superaba cualquier poder que ninguna entidad o deidad se atrevió a perturbar su descanso apacible. Cumplió su cometido, nos salvó a todos como prometió hacer.

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Un clamor de angustia se alzó entre los presentes, una lágrima fría recorrió mi rostro... de pronto vi a Numina abrazarse al Sheriff de Gambiton con un llanto desconsolado, me aparté para tal momento sentido y solemne... volví con mis congéneres de que, honestamente, no recuerdo como les hallé entre tanta multitud; caballeros, aventureros, soldados, sirvientes del mal que lucharon a nuestro lado... todos agacharon la mirada ante la grandeza de una entrega y sacrificio que gracias a la vida nuestro amigo seguimos existiendo.

Gracias Portador, gracias por darnos la oportunidad de seguir.

"Descansa hijo predilecto de Yondalla"

Que las hojas del Alandor susurren su nombre,
que las estrellas te guíen en tu camino,
y que los Seldarine graben su memoria en los anillos del tiempo.

Porque aquel día, los dioses observaron… y se inclinaron ante un hin.


Offtopic :
Nunca vi una MP tan épica, tan sentida y amada por todo el servidor. Layna, has llevado uno de los mejores pj's y creo que con el mejor final que he visto nunca y raramente será superada. DEP Nicodemus ❤️
 
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Ori Ripacurtia

Piedra calcinada de la Espiral
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*Con lagrimas, totalmente abatido y dolorido por sus cicatrices de batalla el bardo llora leve, desconsolado...mientras puntea su laud bajo un roble milenario y empieza a cantar con voz quebrada por el dolor...*

El Cantar de la Reina y la Lanza


(Balada antigua de la Guerra del Regreso de los Dragones)

Lloró la tierra bajo un cielo sin luna,
del mar profundo llegó la maldad,
sus alas cubrieron la noche y la espuma,
su voz fue un presagio de oscuridad.

Las sierpes rugieron, los reinos cayeron,
el fuego y la sombra velaron la fe,
y el mundo tembló cuando al fin entendieron
que nada sagrado quedaba en pie.

¡Oh Reina sombría, tu noche llegó!
Mas los mortales tu miedo rompió.
Entre sangre y acero su canto alzó,
y en los valles del mundo… la aurora nació.

Kansaldi la Roja, de ojos de fuego,
sus huestes llevó con furia y ardor,
mas clérigos santos tejieron su ruego,
sellando en el aire su último amor.

Moradin tronó desde el yunque encendido,
Selûne lloró su plateado fulgor,
Waukeen ofreció su oro perdido,
y hasta el tirano mostró su rigor.

¡Oh Reina sombría, tu noche llegó!
Mas los mortales tu miedo rompió.
Entre sangre y acero su canto alzó,
y en los valles del mundo… la aurora nació.

El Ritual ardía, los cielos temblaron,
cayó la frontera del bien y del mal,
los dragones rugieron, las lanzas brillaron,
y un héroe pequeño cambió el final.

Nicodemus Buen Pan, del pan y la calma,
cubierto de plata su cuerpo quedó,
la dragona dormía, su fuego sin alma,
y el canto del mundo por fin calló.

“Soy la grieta en el alba,
del silencio, respiro.
Del tiempo sangro eternidad…”

¡Oh Reina sombría, tu reino murió!
La Lanza del justo tu sombra quebró.
Y en campos de barro florece la fe,
pues el héroe pequeño…
salvó lo que fue.


*El laúd se apaga. El viento sopla leve debajo del gran roble. Solo queda la voz del bardo, silvando al viento*
 

Juan

Donante voluntario de sangre
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El fin de la guerra

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En la guerra no hay vencedores o vencidos, sólo pérdida.

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Insólita imagen la que pudieron ver en el sur. Soldados de la División Occidental junto diversos aventureros, reputadas bardos y hasta el magistrado de sombrero picudo, marchaban con la intención de luchar junto al eterno enemigo: Las bestias y muertos vivientes del Imperio Muranní.

"Habeis mostrado honor y fiereza luchando en el norte, es por ello que aquí me hallo, dispuesto a tragarme mi odio y suspicias para luchar hoy aquí con vuestras huestes. Hoy o habrá amnianos o muranies, ¡SOLO HABRÁ SOLDADOS LUCHADO POR VIVIR!"

Expresó el oficial elfico de las Fuerzas Armadas, manteniendo el más duro de sus gestos, siendo secundado por sus compañeros de batalla, dispuestos a morir por salvar Faerun.

La batalla se hizo esperar, tan pronto como los cleros de Asmodeo y Bane comenzaron con su rito, las huestes se abalanzaron contra el grupo como un montón de intoxicados sobre una porción de loto negro. La vanguardia se abrió, los flancos recularon y los tiradores tomaron posición. Habían rodeado al enemigo en una excelsa táctica y golpearon con firmeza hasta su aniquilación.

El Ejército Insólito luchaba con bravura, pero eran demasiados. Comenzaban a perder terreno cuando, como los primeros rayos de sol tras la tormenta asoman, la enorme giganta de busto al descubierto y el más temible caballero de la muerte que Amn ha conocido hicieron aparición junto con sus huestes, arrasando con los dracónidos como si de monigotes se tratara, dando el aire que tanto necesitaba el grupo que cubría los rituales.

Pero no sólo ellos tenían refuerzos, uno de los comandantes enemigos irrumpió en el lugar, imparable, con sus huestes y siervos oseos. Parecía, no, era el fin. Pero los cielos se abrieron. Las nubes se apartaron temerosas de la potencia de sus escamosas alas y se pudo ver, la Dragona Verde, enemiga, de Amn, enemiga de Murann, pero ahora rociaba con ácido al comandante enemigo debilitándolo y sobre sus huestes derritiéndolas para formar un sanguinoliento charco de agonía, sellando su actuación con un guiño ante la atónita mirada de los luchadores de ambos bandos, El Guiño del Dragón.

Fue suficiente para que la unión de vivos, muertos y bestias dieran cuenta del lider oscuro y loq ue quedaban de sus huestes, siendo ahora testigos de como los rituales había llegado a su fin de forma exitosa mientras sierpes luchaban en los cielos ofreciendo unas imágenes que jamás se borrarán de las retinas de los presentes.

Aún así, la que estaba intentando renacer luchaba con fiereza contra ella y entonces llegó el momento. Como un fugaz haz de luz cruzaba a través de toda la batalla, imparable, inexorable hacia su destino, el mediado elegido por la dorada, acompañado por el poder divino de otro mundo tomo forma de lanza para impactar de lleno contra la Reina de la Oscuridad, frustrando del todo sus planes de volver a este mundo.

Fue entonces cuando los tres frentes se unieron, pues aún Kansaldi Ojos de Fuego junto a Bruja Roja y sus huestes no se habían rendido, para el último asalto. Extenuados, doloridos, pero esperanzados y dispuestos a todo se lanzaron al combate, haciendo sangrar primero a la dragona y después a su jinete, que con el esfuerzo conjunto de cientos de vidas lograron finalmente derribarla y darle justa muerte.

Todo había terminado, la paz por fin volvería, al menos por un tiempo. Era una guerra que no habían pedido, pero tuvieron que lucharla. ¿Habían vencido? Más bien habían logrado sobrevivir, pues los destrozos y sobre todos las vidas que se perdieron eran incontables, entre ellas la Maestra de la Arcanum Schola Katia, la Zentarim Elaina, el talentoso soldado Ibrak y quién portó la lanza que logró desterrar a quién prometía la oscuridad, Nicodemus, el sherif de Gambiton.

Y es que en la guerra no hay vencedores o vencidos, sólo pérdida, pero al menos lograron vivir un día más.

Offtopic :
Agradecer a todos los partícipes y DMs que lo han estado gestando durante todos estos meses. Esta última batalla estuvo impresionante, ha sido la guinda del pastel y el rol con los compañeros de Murann luchando codo con codo genial, cubriéndonos unos a otros, con sus tira y afloja en rol, algunas camaraderías y peleando con una sincronía de locos, me encantó.
Offtopic :

Lamento los compañeros que pillaron MP, sin vosotros no hubiera sido posible, tremendos valientes que no se retiraron aún con varias muertes a sus espaldas.
 

Loreliel

Pirata sin barco
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Sobre la caída de los heraldos de la Muerte

Kern se interponía en el camino de la Alianza Norte, pero entre los guardianes del Enclave Esmeralda habia una poderosa arma de forja antigua y divina, la lanza de luz que no era obra de mortales, un arma que un día bajo las estepas heladas de los picos de las nubes, eligió por designio divino a Zentakord el sabio, y el arma relampagueó con el brillo del sol durante la noche de pesadilla y debilitó a Kern y menguó su poder para ponerle a la altura de los héroes mortales que batallaron con la fiereza de una bestia del reino salvaje.

Así fue que finalmente el abanderado de Lord Soth cayó y un juramento de venganza fue consumado desde que tiempo antes, se alzó bajo los árboles destrozados del Bosque Álandor y Loreliel tomó su craneo como trofeo impuro y en un ritual de caza de solonor lo quemó y lo pulverizó en la más símbolica representación de la cacería implacable y la purificación de lo maligno.


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Prosiguieron entonces los guardianes Esmeraldinos y avanzaron en medio de la marcha pesada de la Alianza Norte, las batallas en toda direccion eran incesantes, aliados y enemigos caían por centenares, nunca ni se supo ni en los días de antaño de una guerra tan vasta y destructiva. Y cuando por fin llegaron al encuentro contra lord Soth, su poder fue terrible: abatía a decenas con un golpe y desintegraba a multitudes con rayos de energía negativa. Ahora bien, como si no fuera suficiente con contener al Lord, descendió de los cielos tormentosos el dragón blanco mal herido Icehauptannarthanyx. Y hubiera sido mejor que se quedara lamíendo las heridas que le dejaron la batalla de la muerte helada desde los picos, pues vino cuando la llama del valor ardía con esplendor en los corazones de la alianza.

Porque aconteció que Katia una joven arcana conocida como maestra entre los civilizados de piedra, invocó un poder otorgado por una divinidad, tal que un destello de energía pura manó desde el cuerpo de la arcana como si ella misma se transformase en una antorcha de esperanza y la corriente de energia se estrelló contra Soth desintegrando su armadura y reduciéndolo a cenizas; y Katia sonrió tenue y miró hacia sus amigos con los ojos apagados, su piel se comenzó a volver árida y gris, hasta que se comenzó a convertir en polvo en las estrellas y desapareció por completo habiendo sacrificado todo por otorgar a la Alianza un obstaculo menos para derrotar al mal definitivo.


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《Kat . . . Salvaste a miles que hubieran caido antes de vencer a Soth y nos has dado una gran oportunidad, descansa con los espíritus》pensó Loreliel observando mientras se celebraban gritos de guerra que decían 《¡Ha caido, lo logró!》y suspiró y llevó el puño contra el corazon con dolor, pero tenía que seguir adelante junto a sus hermanos guardianes y la alianza, allí vio como sus hermanos luchaban contra el gran blanco y se unió al combate donde los esfuerzos de los guerreros debilitaron de sobremanera al dragón.

Y fue allí donde el Jinete Furioso Radix montando a su fiel compañero Jilguero, había tomado impulso en el cielo y se lanzó en picada como un poderoso proyectil emplumado con una lanza alfrente exclamando 《¡Por el Norte!》y se estrelló contra Icehauptannarthanyx atravesándole la garganta con el último golpe definitivo y el dragón cayó muerto ahogándose en su sangre, y el clamor se alzó entre los estandartes de la Alianza y continuaron avanzando mientras en el cielo, emergía un capullo de energía oscura donde la reina de la oscuridad estaba surgiendo lentamente.


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Loreliel palmeó el hombro de Radix y le dijo. —Ese fue un buen golpe Jinete Furioso —señaló su lanza y sonrió fiera—, desde hoy le llamaré Tuodiel la Rasga Tormentas. Radix rió sonoramente y negó con la cabeza y prosiguieron junto a la manada Esmeralda y la alianza norte.

Y así marcharon, mientras en los cielos la oscuridad arremolinaba las nubes y una sombra mayor comenzaba a despertar.


Sobre la pequeña Luz que alumbró al mundo


Grande fue la guerra en los valles helados del norte, pero terrible en los cielos donde la furia de los dragones arrazaba con cientos de enemigos, solo era alzar la vista al cielo y se podían observar a las grandes sierpes mágicas de distintos colores como dorado, azul, plateado y sin embargo, también cientos de aliados caían ante la devastadora fuerza mortal y ominosa del enemigo. Mientras avanzaban en el campo de batalla luego de haberse separado de sus hermanos Esmeralda debido a las caoticas trifulcas del combate Loreliel se sintió perdida por primera vez y vagó buscando a los suyos, su olfato ya no le respondía porque el hedor a sangre y humo sofocaban el aire, entonces encontró con Aedren con quien ya había hecho muy buena amistad durante la estancia del campamento de guerra y los asedios contra el enemigo y él le habló de los elfos y del mismisimo Rothormir que estaba en persona; lo que sorprendió a la Lythari y ella asintió con respeto y estrechó con fuerza el hombro del semielfo explorador sonríendole y se transformó en un Lobo Plateado místico que corrió a través de la guerra.

Por fin en medio de la búsqueda, la Lythari no solo vio al Rothormir, sino que encontró a sus hermanos Esmeralda y sus amigos elfos y caras conocidas de aliados, por un momento se alegró pero vió que retrocedian ante una oleada implacable y muchos yacían mal heridos otros inertes, mientras el enano druida a quien ella siempre llamó Pastor de Brisalegre (Kharmin) retenía a las oleadas enemigas con su marabunta hambrenta. Por tanto Loreliel se apresuró y entró en combate uniéndose a ellos en el avance con el rugido ferviente de un lobo que defiende a su manada, y luchó incansable como un torbellino de determinación y furía hecha filo, sin embargo ver a Boti tan mal herido le causó a Loreliel un vacío creciente en su pecho y lo instó a retroceder y recuperarae, pero el Alfa estaba decidido a ir hasta el final, hoy no era el momento de rendirse, pues muchos ya habian entregado sus vidas y otros seguirían haciéndolo.

Loreliel lo comprendió y asintió con firmeza y entonces decidió quedarse cerca de él en el resto de la batalla final, mientras ella misma resultaba mal herida y casi caída, pero la gracia del Seldarine a través de las cálidas manos de las sacerdotisas élficas Sylwen y Aelindar la mantuvieron en pie, de lo contrario su fin se hubiese precipitado inefablemente.

Pronto la alianza se encontró en el climax de la batalla, el momento decisivo se construía en el cielo que por fin se desgarró, la reina de la oscuridad emergía en mayor proporción y con monstruosas cabezas de dragón que devoraban la luz, estas fueron enfrentadas por los grandes dragones de Toril; en el campo de batalla Loreliel y el Enclave Esmeralda se encontraron con muchos conocidos de buena amistad así como con los que hasta hace poco consideraron enemigos, los Muraní. Sobre ellos, entre las nubes oscuras surgió un fulgor, pues iba surcando allí montado sobre un dragón plateado como magnifica montura; Nicodemus Buenpan sosteniendo la lanzadragón, y él parecía un haz de luz fulgurante que atravesaba el cielo oscuro y tormentoso, como un rayo de esperanza atravesando la noche, cargando con un peso enorme entre sus manos solo sostenido por la magnitud de su propio espíritu.


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《GRRRRR》se escuchó un rugido de grave tono que sacudió el suelo y les recordó a los guerreros de la alianza, que la batalla aún no terminaba, era la bruja roja Kasandil, sierva de la reina oscura y su forma era la de un dragon rojizo tan grande como la misma Colmillos Afilados, sonaron cuernos de guerra, tocaron tambores de guerra y se hizo el ensordecedor clamor de la Alianza, 《¡Por el Norte, Por Nico!》y los corazones rebosaron con determinación y valentía, entonces comenzó el enfrentamiento contra kasandil, un siervo de la reina oscura aún más poderoso y terrible que lord Soth, por tanto cruel y extenuante fue esa batalla, porque las tropas aliadas ya estaban cansadas y heridas pero fueron implacables en su resistencia; Loreliel notó como el dragon tomó aire para exhalar y se alejó con rapidez y agilidad, pues una descarga de flamas irradiadas de un misterioso poder de marchitamiento se disparó desde las fauces del dragón y abrazó todo a su alrededor y muchos guerreros élite de la alianza, fueron heridos de gravedad, otros murieron en el acto y la nieve se convirtió en vapor que cegó el campo mientras se disipaba.

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He aquí que la Lythari con el cabello chamuscado se encontró con Ewan quien cerraba los ojos de Ibrak y le decia 《Bien hecho soldado》ella solo pudo apretar la mano del elfo arquero dándole confort y lo ayudó levantarse recordándo que el monstruo aún vivía y ambos volvieron al combate, donde poco a poco el gran enemigo dragón iba cediendo y se hincaba.

Luego Loreliel vió a Sofirá transformada en un Ent Gigante que chocaba contra las patas del dragón, vio a Radix junto a Jilguero volando alrededor del dragón rojo mientras algunas de sus plumas ardían y él atacaba con Tuodiel, observó a Lux y Orisong dando vueltas como locos ayudando a los heridos, vio a Enma cabalgar en su ciervo, a Lufram mientras gritaba por la sed de la batalla y vio a Boti transformado en dragón rojo lleno de vitalidad quien mordía las alas del gran enemigo y había resistido el fuego terrible que incineró a muchos en un relampagueo; luego retomó el combate y se atrevió a convertirse en el Lobo Plateado Místico y aprovechando la lluvia de flechas poderosas y silbantes de Ewan, saltó sobre la cola del dragón y trepó por ella hasta alcanzar la espalda del gigantezco rojo y volvió a su forma élfica y clavó en la dura carne del dragón su espada de doble hoja llamada "Corazón de Roble" desde las antiguas batallas por el corazón del bosque weldazh.

El dragón rojo bramó por el pinchazo mientras decenas de heroes y antiheroes de la Alianza le enfrentaban y hacían más daño aún, él se movió agil y lanzó sobre Loreliel un zarpaso, y la aguerrida exploradora recibió el golpe de lleno y salió volando por los aires sobre los combatientes y cayó lejos contra la nieve quedando inmovil boca arriba tendida en un mar de su propia sangre, con los huesos rotos, tres grandes cortes sobre su cuerpo, solo veía a través de uno de sus ojos; y vio como el dragon rojo cayó abatido por la Alianza y le alegró ver que sus amigos y hermanos estaban aún vivos.

Arriba en el cielo, la luz creciente que se movía dejando una estela de esperanza ascendió por fin disparada como un proyectil de esperanza contra la reina oscura y una explosión cegadora roció al reino entero con destellos calidos, la reina gimió de dolor y una luz plateada divina decendió del cielo para sellarla de nuevo y eliminar su presencia de la faz de Toril.

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Todos supieron en aquel momento, que fue Nicodemus Buenpan quien había logrado asestar el golpe con la lanzadragón y con ello trajo beatitud al mundo, trajo el dulce trago de la gloria, la amable vision de un futuro sin oscuridad, pero a un alto costo y Loreliel cuya vida se apagaba, lentamente sonrió tirada en el suelo con su colmillo roto, su ojo apagado y estiró con esfuerzo su mano hacia el cielo, queriendo alcanzar a Nicodemus 《Lo lograste Nico . . .hoy nos has enseñado el verdadero valor. Honraré tu memoria, ahora descansa en paz con los espíritus》y exhalo su último momento de consciencia con una lágrima de su ojo bueno que se congeló sobre su rostro sonriente y tranquilo.


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Así cayó Loreliel la Plateada habiendo cumplido su deber como guardiana del equilibrio en el Enclave Esmeralda y unos aullidos se escucharon de la lejanía, pronto los guerreros de la alianza pudieron notar como un par de Lobos Plateados de aspecto mistico llegaron al campo de batalla agachando la cabeza en respeto ante los héroes del mundo y se acercaron a tomar el cuerpo de Loreliel y se lo llevaron solemnes hasta que desaparecieron entre la nieve dejando el rastro de su sangre y las plumas sueltas de su cabello y nada más se supo de la Lythari.

Offtopic :
Gran cierre de trama, Katia y Nicodemus, un gran reconocimiento para ustedes, y en dedicación a las buenas tramas y disfrutar las escenas con los jugadores y claro, dedicado a la manada del Enclave Esmeralda.
Ahora me retiro para despejar la mente y renovarme disfrutando de buenas vacaciones, nos vemos en Noviembre.
Y al staff, gracias por tan arduo trabajo y por tanta paciencia.
 

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Loreliel

Pirata sin barco
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Del espíritu indomable y Resuelto

Mientras tanto, en un lugar secreto y distante, suenan como ecos perdidos en un abismo sin fin, los gritos de la guerra, los estruendos del choque entre armas, los clamores de jubilo y de desespero; en una vision ininterrumpida que parece no acabar nunca, está Loreliel en medio de las grandes batallas que acaecieron durante la terrible guerra de dragones y trajeron oscuridad, desde la operación liberación de álandor, hasta la batalla de la savia derramada en el Bosque Álandor, hasta la batalla final de innumerables tumultos sobre la fria nieve del norte, y en sus ojos se refleja la preocupación, el dolor de la pérdida más también la llama de la determinación.

Y entonces como una fatal profecia nunca cumplida, la luz de la lanza divina de Nicodemus Buenpan héroe del mundo se desvaneció antes de golpear a la reina de la oscuridad y la alianza fue reducida por el enemigo, y entre ellos, Loreliel contempló con horror la ruina de sus hermanos Esmeralda, a los elfos dispersos en la derrota y a la humanidad pereciendo bajo la sombra.


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—¡Nooo! —clamó Loreliel con desesperó en su sueño, estirando la mano hacia un enemigo que ya no existía.

Entonces escuchó una voz familiar, profunda y salvaje que la llamaba desde el mundo de los vivos:

—Calma hermana. Porfin has despertado —Dijo Wulfthiel tomando la mano de la Lythari, ofreciendo una confortante sonrisa salvaje acolmillada—. Llevas muchas lunas inconsciente atrapada en pesadillas eternas.

Al recuperar la consciencia, el dolor corporal se apoderó de la Lythari y se lamentó mucho aquella noche, y ella observó como su cuerpo estaba cubierto de vendajes manchados de sangre y notó que no podía moverse a voluntad y que solo veía la mitad de lo que siempre sus agudos ojos observaron en su rango de vision, y también le costaba respirar, cada exhalación le ardía como el fuego y comprendió con amarga claridad que habia vuelto a la realidad, aunque sus memorias del final de la batalla estaban difusas en medio de su mente aturdida.


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—Una vez más, te debates entre la vida y la muerte Loreliel —habló una voz tranquila pero profunda, era el padre de la Lythari Womoniel y suspiró mirándola—. Cuando supimos que marchaste con tus hermanos guardianes hacia la guerra del mundo, nos preocupamos y quisimos ir a por tí para rogarte que no pelearas, pero llegamos tarde, ya estabas muriendo. Tendida sobre un charco de tu propia sangre con los huesos rotos y los grandes cortes de garra de dragón sobre tu cuerpo, acudimos al don de los espíritus de la montaña para llevarte rápido con chaman Siomir, mientras te llevamos mucha gente se reunió alrededor de un hombre pequeño, un mediano.

Loreliel recordó entonces que su padre hablaba de Nicodemus y pensó en su sacrificio y sonrió con una fragilidad fracturada.

—Siomir ha estado sanándote —continuó el padre hablando—, han pasado semanas sin que abras los ojos, incluso meses . . . Ay mi querida niña, sentí que esta vez si te perderiamos, rezamos a los espíritus del bosque y a Solonor; porque mírate ahora, ya las heridas no sanan de la misma forma y no es porque la edad mengúe la capacidad de curación, es porque en el último siglo has participado en tantas batallas y salido mal librada de algunas de ellas, que tu cuerpo ya esta sobrepasando los límites de la bendición divina, todo tiene un límite y siento que la próxima gran batalla que amenace a este mundo será realmente la última para tí hija mía.

Entonces Wulfthiel interrumpió con ánimo a su padre. —Hermana, ¿no es cierto que ya hay otros ancianos Esmeralda como tú?—preguntó el corpulento Lythari—. Porqué no vuelves con nosotros ya y dejas que ellos se encarguen, seguro que ya dejaste un legado y ellos podrán mantenerlo.

Loreliel miró a su hermano y a su padre y negó con una débil y apagada sonrisa aún con ese colmillo roto.

—Justamente, por ese legado he hecho un juramento—ahora gruñó fiera esforzándose inutilmente por sentarse, Wulfthiel tuvo que ayudarla—; ya hace mucho tiempo tomé la decisión de que mi convicción fuera la del verdadero guardian del Equilibrio incluso sabiendo que ello me puede llevar a mi final y no pienso cambiar de parecer, espero que puedan perdonarme por preocuparlos pero espero que me comprendan y lo acepten. Incluso un sabio enano druida llamado Kharmin me pidio que salvara a los que pudiera para pensar en el futuro, en sembrar sobre lo destruido, porque podria hacer más estando viva que muerta, sopese mucho sus palabras, puse a salvo a algunos cuantos por si todo salía mal, pero mi decision siempre fue luchar hasta el final y así logramos derrotar al maldito Kern y defender el Bosque de la dragona negra.

Y ambos el padre y el hermano suspiraron con resignación y abrazaron a Loreliel con delicadeza y ambos inclinaron la cabeza como lo hacen los animales salvajes en forma respetuosa y se mordieron sus muñecas de su propio brazo derecho clavando sus colmillos, en una forma ancestral propia de los Lythari.

—Mi promesa . . . Mis hermanos . . . Mis amigos. Deben estar todos muy preocupados —dijo Loreliel con voz quebrada depronto recordando y tosio sangre—, deben de saber que sigo viva . . . GRRRR. Gruñó con fiereza haciendo futiles esfuerzos por moverse y su hermano la detuvo.
—Me encargaré de ello —rugió el joven Lyrhari, el menor de los hermanos—, ya conozco el aroma de tus compañeros sabré hacerles llegar el mensaje ¡Y tú tienes que recuperarte!

Y él frunció el ceño sentía un poco de celos al sentir el aroma de otra manada impregnada sobre su hermana mayor, pero comprendía muy bien y suspiró negando para sí mismo, luego se puso a pensar en cómo habría de comunicarse o dejar el mensaje, pues como cualquier Lythari siempre ha evadido al mundo y a sus personas viviendo solo como una leyenda que nadie ha visto.

Luego Loreliel habló con su madre Ewamanial quien trataba sus heridas con calma y la sutileza de los ancestros, y hablaron sobre el legado y la descendencia que para los Lytharis es de suma importancia pues son escasos y su naturaleza misma fue el regalo del propio Corellon hecho un don divino que no se puede dejar perder.

—Es cierto, a este ritmo moriré antes de poder tener a un cachorro que mantenga nuestro linaje bendito por el padre de los bosques —dijo Loreliel rascándose la cabeza—. supongo que ya es hora de buscar un elfo digno y fuerte que me aguante ¡ja!

Exclamó débil aunque pronto se tornó en tos y sangre, así que prefirió mantener el reposo, para continuar sanando lentamente con los cuidados del chaman Siomir, el mismo que hacía mucho tiempo le enseñó a ella a respetar y ofrendar a los espíritus de la naturaleza.

—Bendito es el don del padre de los bosques —comentó Siomir—, si no tuvieras la fortaleza y resistencia del linaje Lythari, no estarías aquí. Recuerda Loreliel ofrenda a los espíritus y a Solonor como es merecido, pues sus manos aun te sostienen.

Y así, bajo el amparo de la luna creciente y el susurro de los árboles antiguos y las hadas, Loreliel volvió del letargo entre pesadillas de guerra y esperanza, para darse cuenta de había regresado a la vida, aunque esta ya no sería la misma y estaba lejos de recuperar su salud y lograr volver con los guardianes Esmeralda y con sus amigos.
 

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