DM Caotica
Dungeon Master
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Habían pasado siglos desde su última misión pero eso no influía en el actuar de las mujeres. Pasando gran parte del tiempo intentando espantar a las ardillas y recordando dónde habían dejado el bastón.
Alwen la Reumática, montada en su fiel oso de guerra, al que todos llamaban Peluchón. Blandía con orgullo su arma legendaría, una sartén encantada. Según ella, servía para repeler el bosque de demonios y hacer tortitas los domingos.
A su lado marchaban Miriel la Sorda, que oía batallas donde no las había y Thilwen la Impaciente, famosa por discutir con las nubes cuando no llovía a tiempo. Las tres juntas eran un espectáculo. Armadura chirriantes, bastones que servían más para apoyarse que para golpear y un portal mágico que se abría solo cuando se pronunciaba la palabra siesta.
Una tarde, un joven sinvergüenza intentó colarse por el portal para robar tesoros elficos. Mala idea. Awen lo detuvo con un golpe certero de sartén y grito - ¡Por el honor de un desayuno sagrado!
Una tarde, un joven sinvergüenza intentó colarse por el portal para robar tesoros elficos. Mala idea. Awen lo detuvo con un golpe certero de sartén y grito - ¡Por el honor de un desayuno sagrado!

El malhechor huyó tan rápido que, según dicen, aún tiene una marca redonda en la frente con forma de sartén.
Allí todos cuentan las hazañas de las ancianas, algunos con respeto y otros con un poco de temor.
Offtopic :
Las ancianas se irán dejando ver por el bosque recordando sus viejas hazañas y haciendo de las suyas. Quién este interesado de los norteños que me hable por privado y fecho.

