La recompensa ofrecida por la caballero Krill provocó exactamente lo que muchos esperaban y otros tantos temían: durante las horas siguientes comenzaron a llegar cartas, mensajes y testimonios de todos los rincones de Athkatla. Algunos afirmaban haber compartido mesa con Corin apenas la noche anterior; otros aseguraban haberlo visto embarcar rumbo a Calimshan, huir con una amante o incluso participar en reuniones secretas de una logia contrabandista. No faltaron quienes aprovecharon la ocasión para buscar notoriedad, favores o simplemente unas monedas fáciles.
La mayoría de los testimonios resultaron ser fantasías, rumores reciclados o intentos torpes de llamar la atención. Sin embargo, entre aquella montaña de relatos inconsistentes hubo tres que destacaron por encima del resto:
La primera carta llegó firmada por Maela Dorn, propietaria de una modesta pensión cerca de los muelles.
Conocí a Corin durante años. No éramos amigos, pero sí clientes habituales el uno del otro. Hace cuatro noches recibió una visita que le alteró profundamente. Nunca le había visto así. No sé quién era aquella persona, pero sí sé que Corin salió tras ella y regresó varias horas después con algo que escondió en su habitación. Si deseáis conocer el resto, tendréis que venir en persona. No pienso dejarlo por escrito.
La segunda procedía de un anciano escriba llamado Varrus Pell.
Durante meses llevé ciertas cuentas para varios trabajadores del puerto. Corin entre ellos. Hace poco descubrí algo extraño relacionado con pagos que no encajan con el sueldo de un simple estibador. No sé si tiene relación con su desaparición, pero sí sé que alguien ha intentando comprar mi silencio desde entonces. Estoy dispuesto a hablar, aunque no en lugares públicos.
La tercera llegó sin remitente, escrita con caligrafía elegante y sorprendentemente cuidada.
Corin Vane no desapareció porque fuera miembro del jurado. Fue elegido para el jurado porque alguien sabía que iba a desaparecer. Pensad en ello. Si queréis entender el porqué, acudid a la vieja lonja abandonada del Muelle Sur cuando la campana marque la medianoche. Id sola. Si lleváis escolta, no me encontraréis.
Fery, sin embargo, había tardado muchísimo en cribar aquellas cartas, que si no eran verdaderas al menos parecían mucho más creíbles e interesantes. Comprendió que, por desgracia, todo ese tiempo consumido así como sus obligaciones como caballero de Sune y miembro del jurado le dejaban poco margen de acción. Solo podría seguir dos de aquellas tres pistas. Solo ella podía decidirlo...
Y si alguna de las tres puertas ocultaba la verdad sobre Corin Vane, una de ellas tendría que permanecer cerrada.
Al menos, por el momento.