—Entonces, ¿te irás?
—¿Te enfadaras si lo hago?
—¿Te quedarás si me enfado?
—No... —Darion suspiró, frustrado. Alzó la mano y la acercó hasta Annia, rozando sus rubios cabellos con las yemas de los dedos.
—Entonces vete tranquila, no me enfadaré. Aunque tampoco pretendas que me alegre.
—Si el...