FUEGO EN EL HUMEDAL
Kalathyr - XVII
“No hay más camino hacia la virtud que el que pasa por la acción.”
Desmontó de su yegua y caminó hacia el centro del bastión. Por el camino dedicó una mirada hacia el par de guardias que custodiaban la entrada. Era posible que no conociera sus nombres, y más posible aún que ellos no conocieran el de ella. Pero que se conocían, eso era cierto.
Allí se encontró a Kael, en un estado de duermevela previo a la misión. Se sentó guardando una distancia para con el paladín. Había visto a Kael reir, bromear, enfadarse y reivindicar en repetidas ocasiones. Había discutido con el paladín en varias jornadas el sentido de la justicia, y en Kalathyr finalmente se permitieron ambos hablar de sus historias. Decidió no despertarle aquella ocasión.
Evelyn tomó su estoque, que relampagueó en su mano cuando afianzó el agarre. Con un paño, comenzó a limpiar y a preparar la hoja con aceites. Tan querida era aquella arma para ella que le dedicaba más confidencias que a un amante, un aliado o un amigo cercano, pues cuando todo se derrumbaba a su alrededor, el estoque estaba ahí. Cuando celebraba, también estaba.
Suspiró, y en aquella rutina previa a la acción tomó algo entre sus manos. Un medallón plateado con el sigilo del vigilante, que ahora colgaba de la funda de su espada como un recordatorio a mirarlo, como un añadido al ritual que le profesaba a su acero y a su mente para la contienda.
Luego llegó Thomas.
Los andares de Thomas eran rectos, pero rápidos en su hacer, con una cadencia de optimismo y propósito que en ocasiones chocaba de forma directa con la frialdad que ella había conocido desde la cuna.
-
¡Muy buenas noches! - Se sentó frente a ella, con aquella perpetua sonrisa en su rostro. Thomas Langley era apenas menor que ella, recordaba con viveza cuándo se conocieron, pero no por qué cruzaba la calle aquél día. En su mente replicó su propia voz con aquella primera palabra.
"No corras, muchacho." Ahora Thomas relucía con el uniforme de la división occidental, casi como si con él hubiera enterrado al muchacho que conoció.
El recuerdo le devolvió una mueca tenue, imperceptible para cualquiera que no la conociera en profundidad. Thomas traía consigo una frescura que la estructura de los Blackwood jamás habría tolerado: una fe intacta en el mundo, un optimismo que a ratos le parecía a Evelyn una peligrosa imprudencia, pero que, en mitad de la podredumbre del humedal, actuaba como un extraño contrapunto. Alzó la vista hacia él, apartándola del estoque.
- Plácida sea. ¿Has leído mi informe?
- Me disponía a hacerlo justo ahora. ¿Cómo estás?
- ¿Me preguntas como amigo, o como guardia? Quizá la respuesta cambie.
- Evelyn, pensaba tener una conversación cordial.
Volvió la vista al estoque, y después a Thomas. Entonces se permitió algo extraño, algo diferente en su faz. Una sonrisa, una sincera, pero contenida.
- Me tranquiliza venir aquí con la yegua. Kalathyr me recuerda a tiempos más dificiles, y a cómo los sobrevivimos. Me agrada. ¿Cómo estás tú?
- Necesitaba descansar para volver sobre mis pies, estoy bien, más centrado. Este periodo me ha ayudado mucho.
A pesar de haber tomado a Thomas como aprendiz, ya dificilmente reconocía al niño que una vez comenzó a instruir. Veía al hombre, joven, sí. Alegre, también. Para ella la madurez iba de la mano con la pérdida y el dolor. A subir una y otra vez escalones, independientemente de quién quedase atrás. Él los había subido, y de alguna manera se había conservado íntegro.
Sonrió.
- Con vuestra cháchara no me estais dejando dormir.
Respondió Kael entonces, abriendo un ojo.
Cassian llegó primero. El ingeniero arcano y ella habían compartido varias veces lugar en Kalathyr, se conocían, y dentro de todo, era uno de los pocos arcanos que respetaba.
Silas no tardó en seguirle, también con el uniforme de la división occidental. Madeleine cerró el grupo, con la misma presencia serena que parecía resistirse a la urgencia del lugar, casi como si flotase por el aire. Madeleine siempre había sido como un símbolo de calma en toda tribulación, y junto a Kael, la diplomática del grupo.
- He estado revisando la situación geopolítica de la zona. Si controlamos los ríos lo tenemos todo. Nos conviene aliarnos con la tribu que controla los cauces fluviales, pues son los más cercanos a Kalathyr, quitando a los que ya son aliados nuestros, y su rey se jacta de controlar todo el cauce de la región. Si eso es cierto, nos conviene.
-
¿Y los Gnolls...? - Replicó Kael -
No sé si me agradan más los gnolls que los sapos gigantes. Quizá sea más fácil negociar con ellos si son inteligentes.
- Ya me pegaron piojos una vez, Kael. Prefiero no cortarme el pelo otra vez.
Thomas soltó un carcajeo, apoyándose en el mango de la espada, y el grupo continuó camino hacia las puertas del bastión, donde se encontraron finalmente con Ewan.
-
¡Gloria a Amn! Providencial encuentro, debemos avanzar hasta el campamento de la tribu para comenzar a movilizarnos hacia la siguiente.
Thomas y Silas se cuadraron, replicando el saludo. Aquél "¡Gloria a Amn, Capitán!" y por un instante Evelyn sintió el impulso de reir. El Capitán Ewan, tan añejo como siempre, sosteniendo el arco con todo galardón posible. Habían sido confidentes en muchas ocasiones, aliados en gestas que ya empezaban a ser incontables. Evelyn se permitía llamarle por su nombre, nunca rozando las confianzas, pero sí los espejos de ambos. No eran amigos.-Pensó. Pero sí que aliados en los intereses de la nación, y eso bastaba entonces para ambos.
El grupo avanzó hacia la tribu de los Escama de Junco. Una tribu que había ayudado a Amn en las gestas de Imnescar, y que ahora nuevamente cedía la ayuda al bando Amniano. Allí, Ewan habló unos instantes con Silas y después volvió junto al grupo, al que se sumó Loreliel.
- Debemos controlar las redes fluviales, nos conviene aliarnos con aquellos que controlan el río.- Comenzó el Capitán Élfico.-
Pero tenemos problemas con tramperos en la zona. Podría ser dificil negociar.
- No mucho más dificil que las tribus que ya hemos enfrentado antes en los humedales. Quizá más preparados, Capitán. Pero no es mucho peor que lo que hemos enfrentado antes. - Continuó la espadachina.
Thomas miró a Evelyn unos instantes.
- Ha sido una gran idea, Evelyn.
Evelyn miró de reojo a Thomas, por un instante deseando referirse a él como su aprendiz, como Thomas, o quizá con una cadencia diferente.
- Solo aporto mis capacidades, soldado Langley.
Madeleine y Kael hablaron con el sabio escama de junco, garantizando la ayuda de los hombres-lagarto a la causa. Mientras tanto, los más marciales preparaban los materiales para la marcha.
El camino hacia los Bullywugs era sinuoso y lleno de peligros. Criaturas del río agresivas atacaron a la comitiva hasta llegar finalmente al cauce del río. El agua estaba verde, contaminada y maloliente. Cassian tomó muestras de todo aquello para después, mientras Madeleine y él asistían a Silas.
La cienaga se volvió pesada cuando llegaron al territorio de aquella tribu. El sabio escama de río había dejado implicito que el Rey de los Bullywugs de aquella zona era un ritualista, y cuando el grupo llegó pudieron comprobarlo.
La podedumbre del río no era un signo natural, sino el hacer de los bullywugs, quienes estaban hechizando las aguas. Kael, Evelyn y Thomas se movían con incomodidad entre las aguas fangosas, mientras Ewan guardaba distancias, arco en mano.
Fue Madeleine la primera en hablar con la tribu.
-
¡Salve! Debemos hablar con vuestro lider, tenemos una proposición para con él.
De la garganta del Bullywug se formó una burbuja, y pisó el fango con cierta ira. - Si querer ver al rey, un sacrifio deber entregarnos. Uno de vosotros.
- Pero tenemos una propuesta que quizá le agrade, y...
- Ya basta. - Ewan alzó el arco. -
La única sangre que correrá en este pantano será la vuestra como no nos permitais el paso.
Evelyn suspiró y se posiciono frente a Madeleine, que en un rápido vistazo con Ewan había entendido que las negociaciones se habían acabado. Desenvainó el estoque, y antepuso su escudo frente a la barda.
Thomas y Kael se arreciaron, tomando las espadas. No se iba a derramar sangre amniana en aquél pantano, y menos por un sacrificio.
- No permitiré que continuéis con vuestros rituales heréticos. - Pronunció Kael con seriedad.
- Las negociaciones han acabado, pero quizá los de delante sean más diligentes.- Mencionó Evelyn tras acabar con aquella avanzadilla. Thomas se giró.
- ¿Pretendes negociar con aquellos que quieren sacrificarnos?
- Pretendo matar a cualquiera que decida atacar a un miembro de esta compañía.
Al avanzar por el fango, Loreliel encontró finalmente el campamento fortificado. Fue el fuego el que habló en lugar de las palabras entonces, cuando Ewan prendió cinco flechas y las disparó por encima de los muros. Las flechas quemaron todo el campamento, un fuego incontrolable que hacía que los gritos de los Bullywugs cortasen el aire nocturno.
Evelyn miró hacia Ewan, bajando su voz solo hacia el Capitán Élfico.
- Muy bonito.
Ewan le guiñó un ojo, y la comitiva siguió el camino hacia la entrada.
El campamento ardió. Los Bullywugs salieron a enfrentar al grupo. Kael pateó braseros para incendiar los hogares de sus enemigos. Thomas, detrás, ejecutaba a los hombre-rana sin mucha limitación. Loreliel, tan salvaje como era, pero justa en su medida, mató a aquellos que hacían peligrar el equilibrio de la naturaleza.
Y Evelyn hizo danzar su estoque, hasta que de los hogares en llamas el lider resurgió clamando venganza. Lo siguiente que recordó entonces fue su vista nublada entre las llamas. El suelo, candente bajo sí misma. Unas quemaduras que acariciaban su espalda como un látigo. Y a Kael y a Thomas junto a Cassian en el suelo junto a ella.
Cerró los ojos. ¿Iba a morir ahí? ¿Iban a morir ellos, con ella? Vio otra flecha del elfo sobrevolar sus cuerpos hacia el líder de la tribu antes de perder el sentido, en un esfuerzo de Ewan por salvar a su vanguardia. El estoque iba tomando temperatura hasta hacerse insostenible, pero aún inconsciente, la mano de Evelyn no lo soltó. Se aferró a su acero, incluso cuando este la lastimaba, con sus últimas fuerzas.
Su mente vagó mientras las llamas crecían. Las palabras de su madre llenaron el eco de los gritos de Madeleine y los esfuerzos de Loreliel y Silas.
"¿Alguna vez has sido feliz, todo esto ha merecido la pena...?" Un destello verde impidió aquella respuesta, cuando la magia de Loreliel la trajo de vuelta. Evelyn tomó aire de golpe. El humo le abrasó los pulmones y el dolor en la espalda volvió enriquecido con una punzada feroz. A su lado, Kael soltó un juramento ahogado mientras se incorporaba a duras penas, sujetándose el costado, y Thomas tosía con fuerza, utilizando la espada clavada en el barro para no volver a caer. No podía moverse, estaba demasiado herida como para siquiera pensarlo. Pero estaba viva, y pasaría los próximos días en Kalathyr recuperándose.
Offtopic :
Grupal de Kalathyr, muchas gracias a @DM Belfegor por llevar la trama y a @Juan por invitarme. Como siempre, todo esto es el POV de Evelyn, asi que si me he dejado acciones o conversaciones, perdonadme!