Pasada unas dekhanas, el Orco Feliz sigue rugiendo, pero entre humo, sudor y canciones desafinadas, se escucha una voz cascada que sube sobre el bullicio. Es el viejo trasgo, o como le llaman en los muelles, “Dedo Torcido”. Se sube a un banco medio cojo, se acomoda el chaleco que huele a rancio...