Prólogo
En la hora sin aliento, cuando el velo se rasgue,
una flor de fuego nacerá del susurro y la marea.
Sus pétalos no marchitan: hieren, curan, despiertan.
Nadie la siembra, y sin embargo, brota.
Verás su sombra bailando entre llamas,
allí donde el perfume enmascara la garra.
Luce seda...