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Acala Fediel

Finnereg

Discípulo comegemas
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14/3/09
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Una joven elfa pasó corriendo por delante de la escuela donde cada mañana solía asistir para ser instruída en los saberes de su pueblo y su raza. Ésta vez no entró como había hecho tantos días atrás. La joven pelirroja no mediría más de metro y medio, pero sus pies ligeros y menudos corrían sin parar de vuelta a casa, su cuerpo delgado y aun por desarrollar, se movía inquieto, intentando esconderse de aquellos que la reconocieran y evitando que le preguntaran porqué no estaba donde debía en esos mismos momentos.
Llegó a su casa, y en lugar de entrar por la puerta, se coló directamente por la ventana de su cuarto, entró con mucho cuidado de no tirar nada ni hacer ruido. Se asomó de puntillas escuchando, parece que había suerte, sus padres no estaban ya, habrían salido a sus quehaceres y el abuelo tampoco estaba sentado en su sillón practicando la escritura. Los dioses me sonríen, pensó. Seguro que es lo que quieren que haga, se repetía. Mientras cogía una mochila y metía en ella una muda de ropa, un odre con agua, unas manzanas y unas galletas. Descolgaba de la pared el arco que su padre le había regalado unas primaveras atrás, recogía cuerdas de repuesto y un carcaj lleno de flechas de colores, parecía sin duda un regalo para un niño más que un arma real, pero sin duda, podría defenderse con ello. Arrojó todo por la ventana y dando un último vistazo se despidió sin pena de su hogar,- ¡me voy! –Sentenció.

Esa misma mañana se había levantado como siempre, se había aseado y tomado un frugal desayuno junto a su familia y cogiendo su cuaderno pasó por casa de Yendar, su vecino y buen amigo, para ir juntos a la escuela. Siempre se habían llevado muy bien, y él siempre había estado ahí para protegerla. Pero en los últimos años las cosas habían ido cambiando poco a poco. Sus compañeros comenzaron a señalarle y hablar a sus espaldas, algunos incluso le trataban mal por ser un “orejas redondas”. Pero a Acala esto no le importaba, Yendar era su amigo, y al contrario del resto, ella lo seguía viendo igual, si que era cierto que había ido cambiando los últimos años, pero que su voz se volviera algo más grave, que hubiera crecido… mucho, o sus brazos y cuerpo fueran más anchos que los de los demás, a ella no le importaba, porque seguía siendo él, aunque más triste y taciturno. Aquella mañana, pasó como siempre por su casa, pero su madre con ojos bañados en lágrimas le confirmó que había partido para no volver.

Acala corrió dejando caer sus cuadernos por el camino hacia la salida de la aldea, deseando encontrarlo, gritarle que no se fuera, o que por lo menos la esperara, pero aun corriendo todo lo que pudo, el camino que abandonaba su hogar estaba completamente desierto. Gritó su nombre, y no obtuvo respuesta. Así que decidió volver a casa sin detenerse, y hacer una pequeña maleta para salir en su búsqueda y acompañarle.

Durante toda la mañana estuvo primero corriendo, y luego caminando sin parar hasta que casi al medio día le vio sentado al pie de un gran roble comiendo. Acala se escondió a una distancia prudencial, su primer impulso fue salirle al paso y gastarle una broma. Pero mientras estaba escondida tras unos arbustos florales, pensó en lo cerca aún que estaban de casa, y que sin duda Yendar la arrastraría de vuelta, debía esperar a estar más lejos y que no tuviera más remedio que llevarla con él.

Y así lo hizo, durante dos días se ocultó y siguió de lejos entre la espesura a su buen amigo. La joven elfa siempre había sido muy buena escondiéndose, y no fue hasta el tercer día que decidió salirle al encuentro.

Evidentemente la reacción de Yendar no fue muy buena, pero no tuvo más remedio que soportar aquella carga, que quién sabe si era un alivio más que una carga, el llevar a su joven amiga de compañera, aunque de la misma edad, con una gran diferencia en madurez debido a la sangre humana que corría por sus venas.

Y es así, como en el primer pueblo civilizado Yendar obligó a Acala a escribir una carta a su familia, haciéndoles saber que estaba bien, y que acompañaría a su amigo a conocer los mundos humanos y las otras razas. Evidentemente no esperó a conocer la respuesta de su familia, pues bien sabía lo que opinarían.

Durante meses atravesaron Calimshán y recorrieron sus ciudades, haciendo pequeños encargos para sobrevivir fuera de los bosques. Oyeron de un barco que salía a Amn, y decidieron probar en una zona nueva.
 

Finnereg

Discípulo comegemas
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Queridos padres,

Cómo resumir en sola una carta todo lo vivido estos últimos seis meses desde que dejé Calim. Yendar se ha portado conmigo realmente como un hermano en todo momento, he tenido a quién acudir cuando lo he necesitado, y ahora que se acerca la entrada de la primavera, y mi mayoría de edad, siento nostalgia de vosotros.
Ojalá pudierais estar a mi lado en este momento, pero no os preocupéis, en mi corazón llevo vuestra compañía y la seguridad de que siempre hay un lugar al que puedo regresar si las cosas se tuercen.

Contaros que la primera vez que llegamos a Amn, tuvimos un problema con bandidos, nos asaltaron y Yendar quedó muy malherido, yo hice lo que siempre me indica en estos casos, correr y esconderme trepando a un árbol. Pero en aquella ocasión un señor, todo un caballero, Onofer se llamaba, acudió en nuestra ayuda y cargó a Yendar hasta el templo más cercano, fue un gesto totalmente desinteresado de una gran persona, y siempre le estaré agradecida.

Ah y cuando llegamos a la ciudad, ni siquiera habíamos entrado en ella cuando tuvimos un encuentro super curioso con dos enanos, si si, como os cuento, dos enanos vinieron directamente a nosotros con un bebe humano en brazos. Uno de ellos me lo puso en los brazos, porque era mujer, y me dijo que seguro que sabría que hacer con aquello.
¿Os lo podeis creer? ¡Tenia un bebe en mis brazos!, parece ser que tienen tantos que a algunos los abandonan, y tienen un lugar, el hospicio lo llaman, para criarlos y velar por su bienestar.
Esto en nuestro mundo, sería impensable. Todavía me paso por el hospicio a ver como va de salud el pequeño. Este acontecimiento despertó en mí algo, que debe quedar dormido aún durante muchos años, espero que muchos muchos, pero que muchos años. ¿He dicho muchos?

Y la ciudad de Azthakla, que contaros, lo que dicen es cierto, es la ciudad de la moneda. Si tienes oro, se te abren todas las puertas. Comercio, suciedad en algunos lados, pulcritud y esplendor en otros. Se nota cuál es el barrio más aventajado al igual que el que no se debe pisar si no quieres tener problemas.

Aquí he conocido mucha más gente variopinta de la que os pueda contar, me voy a dejar a muchos, pero desde damas comedidas y remilgadas, hasta las más abiertas en todos los aspectos. Caballeros de la orden cuyo honor es tan recio como sus brillantes armaduras, y otros que van encapuchados escondiendo sus rostros por miedo a que les descubran algún delito. Hay bastantes artesanos, que venden sus productos en los llanos, en la entrada de la ciudad. Y bailarinas y actores de teatro.

Podría nombraros a la bella e intensa Ethain, que me enseñó como ser falsa, y fingir para beber sin emborracharme, y evitar los peligros de los hombres. Bueno, es divertido dejar que me ayude, y si..os prometo que no beberé mas de lo debido. Haman, siempre me ha tratado como su hermana pequeña, aunque triplique su edad, y es muy bueno conmigo. Decirle a Tevari que Yendar tiene novia, se llama Valeria, es una chica muy maja. Me regaló un cervatillo que estaba perdido y huérfano, lo estoy criando y cuidando amorosamente.

Si hay algo a lo que no me acostumbre es a la costumbre que tienen de tocarme el pelo, besarme o abrazarme por que sí, sobre todo mujeres. Los humanos no tienen limites fisicos, y aunque me incomoda, se que lo hacen sin mala intención, y permito ese acercamiento como parte de mi aprendizaje a estar con otras razas.

También contaros de Sheela una hermosa paladina con la que ayudamos a un pobre Thimae Kelytha (pegaso) herido, y que se encarga de alimentarlo y cuidarlo. Liam, un divertido mediano, el cual se ha convertido en mi discípulo, ¡claro! Que no os he dicho que soy maestra, ¡ja!, y siendo menor de edad, y pensabais que con esta cabeza loca no iba a llegar lejos. Me pidió ayuda y no me cuesta nada echarle una mano.

He conocido a muchos mas, que si os hablara de cada uno de ellos, no tendría pergamino suficiente para enviaros, así pues paso a los que más os importa, seguro.

Acudí a la ciudadela, si padres, por fín he podido ver y pisar Suldanesselar, es tan bello como me lo habíais contado, es más incluso verlo con mis propios ojos. Actualmente y desde que Yendar pasa más tiempo con su pareja, permanezco más en la ciudadela que en Athkatla, y eso es debido a que tengo maestros que velan por mi aprendizaje y evolución en diferentes campos. Estariais orgullosos de mí, seguro.

Primero conocí al Sauliak Eltharion, él se prestó voluntario enseguida para enseñarme las artes de la arquería arcana, durante muchas largas sesiones, he aprendido a inscribir runas en las flechas, a usar mi voz para cantar y dirigirlas, a cuidar el arco y a tantas cosas que no podría enumerároslas. Ha sido un gran maestro, y digo que ha sido, porque hace mas de un mes que partió a Evereska con su amada. Durante un tiempo, me enfadé bastante y dejé mi practica con el arco de lado, me dediqué a la realización de pociones y me acerqué más al Akr’Velarhn Aralhel, un seguidor de Shevarash aferrímo, que me ha ayudado con el arte del rastreo, la vigilancia, leer huellas, y todo aquello relacionado con moverme en los bosques. Con lo que tú padre me enseñastes, y con lo que él me aporta, estoy aprendiendo mucho.

Y bueno, con el tiempo y mis largos paseos por los bosques, me topé con el Quess Nuadha. Qué podría contaros de él, que se ha convertido en uno de los mejores maestros que jamás pensé que tendría. Que es duro, os engañaría si os dijera que es duro, es lo siguiente. Pero os juro que nunca he disparado tan rápido tres flechas a la vez, ni he afinado tanto la puntería desde que él me enseña. Le respeto mucho, tanto a su persona como a sus largos silencios. A cambio creo que disfruta de mi compañía y charla despreocupada, me consta que a veces cargante. No he de decir que tenga mucha paciencia, pero lo suple con enérgico golpe de arco, siempre merecido.

Y que más, que en breve será mi fiesta, que espero que sea agradable sin muchos problemas ni altercados, aunque si los erevanitas se presentan, poco podré hacer más que seguir sus bromas.

Decirle a U’Osu que le quiero, y que la próxima vez que nos veamos, ya podrá dejar de llamarme Etriel para pasar a llamarme Etrielle Acala.

Vuestra Syolkiir
Acala​
 
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