LaBola
Minsorrano sin caminos
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Día 1 — Hogar en el bosque
No nací dentro de Suldanessellar.
Nací en una pequeña casa de madera y piedra, escondida entre los árboles al sur de la ciudad élfica. Lo bastante cerca para ver sus luces en la noche clara… pero lo bastante lejos para que mi padre pudiera vivir en paz.
Mi madre, Lethariel Naïlo, es elfa y Caballera de la Luz, devota de Corellon Larethian.
Mi padre, Darian Naïlo, humano amniano, es bardo errante y seguidor de Mielikki, dama de los bosques y los senderos.
Los elfos no permiten a los humanos vivir en Suldanessellar.
Así que mis padres hicieron lo único posible: construir un hogar en el bosque cercano.
Allí crecí, entre dos mundos.
Visitaba Suldanessellar con mi madre en ocasiones.
Nunca como habitante, siempre como invitado.
Aprendí pronto que pertenecía a ambos… y a ninguno del todo.
Día 1
Nací junto al bosque, sin muro ni ciudad,
casa entre raíces, silencio y claridad.
Madre de Suldanessellar, de acero y de honor,
padre bardo humano, cantor del verdor.
Corellon en su espada, Mielikki en su voz,
crecí entre dos mundos… y ambos dentro en mí, los dos.
Día 12 — Entrenamiento
Mi infancia no fue de nobleza ni privilegio.
Fue de disciplina.
Mi madre me entrenó en la espada larga y en el juramento de la luz.
Mi padre me enseñó a tocar el laúd, a cantar historias y a entender a las personas antes de hablar.
En casa se honraba a Corellon con reverencia.
También a Mielikki, con respeto.
No competían entre sí.
La luz del arte y la protección del bosque podían convivir.
El último año antes de partir fue el más duro.
Entrenamiento diario.
Canción, combate, oración.
Cuando ambos consideraron que estaba preparado, supe que pronto marcharía.
Día 12
Mi madre me dio filo, postura y decisión,
mi padre me dio cuerdas, historias y canción.
Espada y laúd, sendero y oración,
así fue mi infancia, así mi formación.
No hubo oro ni gloria, ni título ni ley,
solo práctica dura… y aprender a quién ser.
Día 13 — Juramento
Mi juramento no fue en un templo, sino en un claro del bosque.
Mi madre encendió dos antorchas.
Mi padre afinó el laúd.
Ante Corellon, pronuncié mis palabras:
Prometo no servir a tiranos ni someter a inocentes.
Prometo que mi acero será libre y mi palabra sincera.
Protegeré la belleza del mundo, ya sea en arte, bosque o vida.
Y si caigo, que sea con la voluntad intacta y el espíritu libre.
Mi madre me entregó una vaina usada por años de servicio.
Mi padre me dio su laúd de viaje.
Al amanecer, dejé la casa del bosque.
Suldanessellar quedó atrás entre los árboles.
Día 13
En un claro del bosque juré bajo la luz,
que nunca mi acero serviría a la cruz
de tiranos sin alma ni oscuros señores,
que lucharía por vida, belleza y colores.
Corellon escuchó, el bosque guardó voz,
y partí del hogar… con dos dioses en pos.
Día 20
Dejé tras los árboles mi hogar y mi niñez,
Suldanessellar lejos, dorada otra vez.
Mi laúd a la espalda, la espada al costado,
y un mundo demasiado grande a mi lado.
No soy gran guerrero, ni mago de poder,
solo un joven viajero… que empieza a aprender.
Día 38 — Camino hacia Amn
El mundo es más duro lejos del bosque.
También más ruidoso.
He empezado a tener sueños extraños.
Cuevas profundas.
Roca templada.
Una presencia de cobre que no parece enemiga.
No lo he contado a nadie.
Día 38
En sueños vi cuevas de brillo cobrizo,
un calor amistoso, profundo y macizo.
No era amenaza ni sombra cruel,
sino un eco lejano… que me llama a él.
Desperté sin respuesta ni explicación,
solo extraña presencia latiendo en mi corazón.
Día 67 — Athkatla
Llegué a Athkatla sin fama ni fortuna.
Mi primer encargo: dar caza a un lobo que rondaba una granja.
Me llevó más tiempo del esperado, pero cumplí.
Luego ayudé a un criado a convencer a su señor de abandonar un barrio peligroso.
Palabras en vez de acero. Mi padre estaría orgulloso.
Esa noche soñé con una caverna iluminada por reflejos cobrizos.
Día 67
Athkatla me recibió sin nombre ni honor,
primer trabajo humilde: cazar un lobo feroz.
No fue gran hazaña, ni canto en salón,
solo granjero aliviado… y unas monedas en don.
Esa noche en la posada, sin fama ni voz,
soñé con la cueva… y un brillo atroz.
Día 70
Convencí a un noble de huir del lugar,
su criado temía que fuera a acabar
en barrios oscuros de daga y traición,
usé más palabras… que fuerza o presión.
Mi padre estaría orgulloso de mí,
la lengua también salva… aprendí allí.
Día 79 — Trabajo humilde
Dos días limpiando ratas de unas alcantarillas.
Poco digno. Necesario.
Mi madre decía que la luz debe entrar incluso en los lugares bajos.
Día 79
Ratas en cloacas, hedor y humedad,
poco honor en el pago, pero necesidad.
Espada en lo bajo, sin gloria ni luz,
también ahí la promesa… mantiene su cruz.
Si la luz no entra en lo oscuro y ruin,
¿qué valor tendría jurar por el bien?
Día 96 — Camino a Crimmor
Transporté cajas desde Athkatla a Crimmor.
Largo camino, pocas monedas.
Soñé otra vez.
Escamas de cobre en la oscuridad.
Calor agradable, no hostil.
Al despertar, el aire parecía más cálido de lo normal.
Día 96
De Athkatla a Crimmor llevé cargamento,
cajas y cansancio, polvo y viento.
Camino sin canto ni historia que contar,
solo pasos firmes… y seguir sin parar.
Mas al dormir, en la noche callada,
la risa de cobre volvió… susurrada.
Día 112 — Catacumba
Me pagaron por recuperar un elixir perdido.
La cripta no estaba vacía.
Esqueletos menores se alzaron de nichos rotos.
Un par de zombis torpes custodiaban el interior.
Nada glorioso… pero peligroso para alguien como yo.
Salí herido, pero con el elixir.
Trabajo cumplido.
En la salida creí oír una risa grave en la piedra.
La misma de mis sueños.
Día 112
Catacumba vieja, encargo menor,
buscar un elixir perdido en su interior.
Esqueletos torpes salieron a luchar,
y zombis lentos quisieron morder y atrapar.
Salí con heridas, el frasco y temor,
pero el sueño esa noche… fue aún mayor.
Día 131 — Cuevas
He explorado pequeñas cuevas de trasgos cerca de Purskul.
Kobolds dispersos.
Un orco que casi me mata.
Su hacha rozó mi cuello.
Sobreviví por poco.
Esa noche, el sueño volvió con más fuerza.
Una silueta de cobre, observando.
Esperando.
Día 131
Cuevas de trasgos, kobolds y un orco brutal,
su hacha casi acaba mi viaje mortal.
Por poco mi historia terminaba allí,
sin canción ni memoria… ni nombre de mí.
Esa noche en fiebre, la visión volvió,
una sombra de cobre… que me observó.
Día 147 — Presente
Viajo entre Athkatla, Crimmor, Purskul, Imnescar y Caravasar.
Trabajos pequeños:
matar ratas,
escoltar suministros,
investigar cuevas,
resolver encargos discretos.
Nadie canta mi nombre.
Nadie me espera.
Cada noche repito mi juramento a Corellon.
A veces también rezo a Mielikki, como hacía mi padre antes de dormir.
Y siempre vuelven los sueños.
La cueva.
El calor.
El cobre.
No soy un héroe.
Solo un viajero con espada, laúd y promesa.
Pero algo, en lo profundo de la tierra y del sueño…
parece conocerme.
Día 147
Hoy sigo viajando sin fama ni hogar,
por caminos de Amn sin mucho que contar.
Ratas y encargos, bandidos tal vez,
pequeñas tareas… una y otra vez.
Pero al cerrar ojos y oír el calor,
siento que algo aguarda… profundo y mejor.
No soy gran héroe ni sabio dragón,
solo espada, laúd… y un joven corazón.
Mas sé que el destino, en piedra y fulgor,
me llama en silencio… con voz de dragón.
No nací dentro de Suldanessellar.
Nací en una pequeña casa de madera y piedra, escondida entre los árboles al sur de la ciudad élfica. Lo bastante cerca para ver sus luces en la noche clara… pero lo bastante lejos para que mi padre pudiera vivir en paz.
Mi madre, Lethariel Naïlo, es elfa y Caballera de la Luz, devota de Corellon Larethian.
Mi padre, Darian Naïlo, humano amniano, es bardo errante y seguidor de Mielikki, dama de los bosques y los senderos.
Los elfos no permiten a los humanos vivir en Suldanessellar.
Así que mis padres hicieron lo único posible: construir un hogar en el bosque cercano.
Allí crecí, entre dos mundos.
Visitaba Suldanessellar con mi madre en ocasiones.
Nunca como habitante, siempre como invitado.
Aprendí pronto que pertenecía a ambos… y a ninguno del todo.
Día 1
Nací junto al bosque, sin muro ni ciudad,
casa entre raíces, silencio y claridad.
Madre de Suldanessellar, de acero y de honor,
padre bardo humano, cantor del verdor.
Corellon en su espada, Mielikki en su voz,
crecí entre dos mundos… y ambos dentro en mí, los dos.
Día 12 — Entrenamiento
Mi infancia no fue de nobleza ni privilegio.
Fue de disciplina.
Mi madre me entrenó en la espada larga y en el juramento de la luz.
Mi padre me enseñó a tocar el laúd, a cantar historias y a entender a las personas antes de hablar.
En casa se honraba a Corellon con reverencia.
También a Mielikki, con respeto.
No competían entre sí.
La luz del arte y la protección del bosque podían convivir.
El último año antes de partir fue el más duro.
Entrenamiento diario.
Canción, combate, oración.
Cuando ambos consideraron que estaba preparado, supe que pronto marcharía.
Día 12
Mi madre me dio filo, postura y decisión,
mi padre me dio cuerdas, historias y canción.
Espada y laúd, sendero y oración,
así fue mi infancia, así mi formación.
No hubo oro ni gloria, ni título ni ley,
solo práctica dura… y aprender a quién ser.
Día 13 — Juramento
Mi juramento no fue en un templo, sino en un claro del bosque.
Mi madre encendió dos antorchas.
Mi padre afinó el laúd.
Ante Corellon, pronuncié mis palabras:
Prometo no servir a tiranos ni someter a inocentes.
Prometo que mi acero será libre y mi palabra sincera.
Protegeré la belleza del mundo, ya sea en arte, bosque o vida.
Y si caigo, que sea con la voluntad intacta y el espíritu libre.
Mi madre me entregó una vaina usada por años de servicio.
Mi padre me dio su laúd de viaje.
Al amanecer, dejé la casa del bosque.
Suldanessellar quedó atrás entre los árboles.
Día 13
En un claro del bosque juré bajo la luz,
que nunca mi acero serviría a la cruz
de tiranos sin alma ni oscuros señores,
que lucharía por vida, belleza y colores.
Corellon escuchó, el bosque guardó voz,
y partí del hogar… con dos dioses en pos.
Día 20
Dejé tras los árboles mi hogar y mi niñez,
Suldanessellar lejos, dorada otra vez.
Mi laúd a la espalda, la espada al costado,
y un mundo demasiado grande a mi lado.
No soy gran guerrero, ni mago de poder,
solo un joven viajero… que empieza a aprender.
Día 38 — Camino hacia Amn
El mundo es más duro lejos del bosque.
También más ruidoso.
He empezado a tener sueños extraños.
Cuevas profundas.
Roca templada.
Una presencia de cobre que no parece enemiga.
No lo he contado a nadie.
Día 38
En sueños vi cuevas de brillo cobrizo,
un calor amistoso, profundo y macizo.
No era amenaza ni sombra cruel,
sino un eco lejano… que me llama a él.
Desperté sin respuesta ni explicación,
solo extraña presencia latiendo en mi corazón.
Día 67 — Athkatla
Llegué a Athkatla sin fama ni fortuna.
Mi primer encargo: dar caza a un lobo que rondaba una granja.
Me llevó más tiempo del esperado, pero cumplí.
Luego ayudé a un criado a convencer a su señor de abandonar un barrio peligroso.
Palabras en vez de acero. Mi padre estaría orgulloso.
Esa noche soñé con una caverna iluminada por reflejos cobrizos.
Día 67
Athkatla me recibió sin nombre ni honor,
primer trabajo humilde: cazar un lobo feroz.
No fue gran hazaña, ni canto en salón,
solo granjero aliviado… y unas monedas en don.
Esa noche en la posada, sin fama ni voz,
soñé con la cueva… y un brillo atroz.
Día 70
Convencí a un noble de huir del lugar,
su criado temía que fuera a acabar
en barrios oscuros de daga y traición,
usé más palabras… que fuerza o presión.
Mi padre estaría orgulloso de mí,
la lengua también salva… aprendí allí.
Día 79 — Trabajo humilde
Dos días limpiando ratas de unas alcantarillas.
Poco digno. Necesario.
Mi madre decía que la luz debe entrar incluso en los lugares bajos.
Día 79
Ratas en cloacas, hedor y humedad,
poco honor en el pago, pero necesidad.
Espada en lo bajo, sin gloria ni luz,
también ahí la promesa… mantiene su cruz.
Si la luz no entra en lo oscuro y ruin,
¿qué valor tendría jurar por el bien?
Día 96 — Camino a Crimmor
Transporté cajas desde Athkatla a Crimmor.
Largo camino, pocas monedas.
Soñé otra vez.
Escamas de cobre en la oscuridad.
Calor agradable, no hostil.
Al despertar, el aire parecía más cálido de lo normal.
Día 96
De Athkatla a Crimmor llevé cargamento,
cajas y cansancio, polvo y viento.
Camino sin canto ni historia que contar,
solo pasos firmes… y seguir sin parar.
Mas al dormir, en la noche callada,
la risa de cobre volvió… susurrada.
Día 112 — Catacumba
Me pagaron por recuperar un elixir perdido.
La cripta no estaba vacía.
Esqueletos menores se alzaron de nichos rotos.
Un par de zombis torpes custodiaban el interior.
Nada glorioso… pero peligroso para alguien como yo.
Salí herido, pero con el elixir.
Trabajo cumplido.
En la salida creí oír una risa grave en la piedra.
La misma de mis sueños.
Día 112
Catacumba vieja, encargo menor,
buscar un elixir perdido en su interior.
Esqueletos torpes salieron a luchar,
y zombis lentos quisieron morder y atrapar.
Salí con heridas, el frasco y temor,
pero el sueño esa noche… fue aún mayor.
Día 131 — Cuevas
He explorado pequeñas cuevas de trasgos cerca de Purskul.
Kobolds dispersos.
Un orco que casi me mata.
Su hacha rozó mi cuello.
Sobreviví por poco.
Esa noche, el sueño volvió con más fuerza.
Una silueta de cobre, observando.
Esperando.
Día 131
Cuevas de trasgos, kobolds y un orco brutal,
su hacha casi acaba mi viaje mortal.
Por poco mi historia terminaba allí,
sin canción ni memoria… ni nombre de mí.
Esa noche en fiebre, la visión volvió,
una sombra de cobre… que me observó.
Día 147 — Presente
Viajo entre Athkatla, Crimmor, Purskul, Imnescar y Caravasar.
Trabajos pequeños:
matar ratas,
escoltar suministros,
investigar cuevas,
resolver encargos discretos.
Nadie canta mi nombre.
Nadie me espera.
Cada noche repito mi juramento a Corellon.
A veces también rezo a Mielikki, como hacía mi padre antes de dormir.
Y siempre vuelven los sueños.
La cueva.
El calor.
El cobre.
No soy un héroe.
Solo un viajero con espada, laúd y promesa.
Pero algo, en lo profundo de la tierra y del sueño…
parece conocerme.
Día 147
Hoy sigo viajando sin fama ni hogar,
por caminos de Amn sin mucho que contar.
Ratas y encargos, bandidos tal vez,
pequeñas tareas… una y otra vez.
Pero al cerrar ojos y oír el calor,
siento que algo aguarda… profundo y mejor.
No soy gran héroe ni sabio dragón,
solo espada, laúd… y un joven corazón.
Mas sé que el destino, en piedra y fulgor,
me llama en silencio… con voz de dragón.
Offtopic :
Yo si me he ayudado muchísimo de Chat GPT, si quieres lo lees y sino, no
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