Novedades

Alastor de Mystra

Guty

Reidor de gracias de los Admins
Registrado
24/1/12
Mensajes
2,057
Edad
34
Alastor de Mystra

Alastor de MystraDespués de 1 año haciendo todo lo posible por encerrar su pasado tras la puerta del olvido, y motivado por la recuperación de su cordura, Alastor aprovechó los días que duró su viaje a Amn para reflexionar y reexponerse a sus recuerdos. Un par de carboncillos le sirvieron para plasmar los retales de su vida anterior en el cuadernillo que siempre llevaba consigo.


Yo tuve mucha suerte en crecer en una familia feliz. Mi madre, era el tipo de persona que mismo pudiendo aspirar mucho más, decidió vivir una vida tranquila y modesta al lado de mi padre, un erudito de los mejores, no por su gran conocimiento, sino por dedicación y comprensión de la Urdimbre, un auténtico Mystrano.​


La vida hogareña que anhelaban mis padres era en las cercanías de Aguas Profundas, en una comunidad llamada Debajo de la hoja (Underleaf), era un lugar para asentar su familia y permitir que los Aransilars pudiesen florecer.
Mapa Alastor.jpg
Mapa de Aguas Profundas a la izquierda y a la derecha el mapa de Faerun
Mi amado padre, Enterus Aransilar (37 años), era un hombre gentil, dulce y muy amable, muchas veces intento ser como él, pero me resulta muy difícil. Después de dedicarse al estudio de la magia y buscar desarrollar su primero conjuro, decidió dejar sus quehaceres del templo de Mystra y dedicarse solamente a la familia. Todos decían que era un erudito prometedor, pero al final, la familia era más importante para él que cualquier otro poder.

Mi dulce madre, Violetta Aransilar (35 años), era la mujer más hermosa y dulce que he visto nunca. Siempre muy sonriente, amistosa, con sus mejillas rojizas *esboza una sonrisa con el recuerdo de su madre* era ella que siempre nos estaba incentivando a rezar y hablar con Mystra, era una mujer de fe.

Bueno, ahora puedo parecer un chico normalito, pero eso no quita que durante casi 1 año estuve muy cerca de la muerte, todos los días la muerte me visitaba y yo la quería aceptar, porque mi vida ya no tenía sentido. Ver los cadáveres de mis padres y mis hermanos menores tirados desangrando por mi culpa, es un peso muy difícil de cargar.

Mi historia, la que me trae aquí, a Amn, realmente empieza en un triste y caliente noche de invierno.


Jarr'MolithComo solía hacer por las tardes durante aquel último año, me quedé hasta tarde en la biblioteca de Aguas Profundas, estudiando y leyendo, en este caso, un antiguo ejemplar explicativo de Khelben “Vara Negra” Arunsun donde él mismo explica como estudiar magia. A la medianoche, cuando regresé a mi casa, me sentí animado para entrenar un truco de magia que estaba aprendiendo en una piedra de un color rojizo mezclado con azufre y cuando lancé el conjuro remendar, la piedra se rompió y causó una explosión que me hizo volar junto con parte de mi antigua casa y un demonio apareció, mató mis padres y hermanos, haciéndoles desangrar hasta la muerte. Mientras yo estaba en un estado entre inconsciente y consiente viendo mi familia que moriría a las manos del demonio.



Tras el evento más dolorido de toda mi vida, hacen un año que lucho en contra mi propia razón, la cual me acusa día tras día de que la sangre de mi familia sigue pegada en mis manos…​
 
Última edición:

Guty

Reidor de gracias de los Admins
Registrado
24/1/12
Mensajes
2,057
Edad
34

EL RETORNO DEL PEREGRINO

La Travesía por las Tierras de la Magia Viva y el Nuevo Amanecer de Amn


d583976b0cef3580d31e4895fc4b0f77_50%.jpg

I. La llamada del viento del sur

Hay noches en las que el silencio de la biblioteca parece abrirse hacia horizontes lejanos. En lo alto del Templo de Edive, a la luz tenue de un candil de aceite, Alastor examinaba una antigua carta celeste trazada sobre vitela sureña, con su báculo de fresno apoyado al alcance de la mano.

Afuera, la brisa de los Picos de las Nubes soplaba fría sobre los valles de Amn, una tierra donde la magia se vivía con recelo, oculta tras cerrojos por temor a los castigos y a la desconfianza del pueblo.

Sin embargo, entre los márgenes de aquel mapa arcaico, las notas de los antiguos astrónomos hablaban de una realidad muy distinta.

Describían las costas de Halruaa, una tierra al otro lado del mar donde las agujas de piedra blanca se alzaban hacia cielos despejados y los legendarios veleros celestes flotaban en el aire impulsados por corrientes mansas de La Urdimbre. No eran historias de guerra ni de tiranía; eran relatos sobre una sociedad entera donde el labrador, el médico y el artesano convivían con el Arte con la misma naturalidad con la que se recibe la lluvia o se enciende el fuego del hogar.

Alastor posó la yema de sus dedos sobre las anotaciones en lengua halruaana, sintiendo en su nuca el suave y familiar hormigueo que siempre acompañaba a sus momentos de discernimiento.

Comprendió que para enseñar a su pueblo a no temer a la magia, las palabras no bastaban: necesitaba conocer de primera mano aquella armonía, aprender sus métodos y traer consigo pruebas vivas de que el miedo podía ser vencido por el conocimiento y la templanza.

Con esa certeza serena en el corazón, Alastor cerró el mapa, ajustó su capa azul de viaje y tomó el camino hacia los puertos del sur, dispuesto a cruzar el mar como peregrino y estudiante.

II. En la tierra de los veleros de luz: Los años en Halruaa

Cuando las naves tocaron los puertos de Halarahh, Alastor no halló un imperio soberbio como el antiguo Netheril, sino una tierra bañada por una luz dorada y apacible que parecía acariciar las colinas de viñedos y las cúpulas de electrum.

Allí, los barcos no solo navegaban sobre las olas del mar: flotaban con majestuosa lentitud por el cielo azul (los veleros celestes de Halruaa), impulsados por corrientes mansas de La Urdimbre que no levantaban tempestades ni asustaban a los niños. En los mercados de las villas sureñas, el panadero utilizaba una chispa controlada de transmutación para calentar sus hornos sin humo; el médico del pueblo cerraba fracturas con la suavidad de una plegaria a la Dama sin que nadie corriera a llamar a los guardas; y los campesinos cantaban himnos a la fertilidad de la tierra mientras las hebras mágicas guiaban el agua clara hacia los surcos secos.

Durante casi nueve inviernos, Alastor se sumergió en aquella vida. Trabajó como copista en las grandes bibliotecas capitulares, respirando el aroma a pergamino antiguo, tinta de nardo y madera de cedro. Tradujo manuscritos arcaicos en lengua halruaana, dialogó con artífices que construían autómatas para ayudar a los ancianos en sus labores y perfeccionó su Teoría de los Primordios en talleres donde la ciencia y la fe se sentaban a la misma mesa.

Aquellos años templaron su espíritu. No hubo en su estancia batallas estrepitosas ni vanaglorias; hubo el trabajo paciente del estudioso que aprende a escuchar el latido más puro de la creación. Alastor comprendió la verdad más hermosa de su fe: la magia no es un privilegio para dominar a los mortales, sino el manto que Nuestra Señora dispuso para abrigar la fragilidad del mundo.

III. La madurez del custodio (Los 28 años)

El tiempo, que en el sur parecía deslizarse con la gracia de un río transparente, transformó al muchacho de mirada asustadiza que había sobrevivido a las sombras de Aguas Profundas en un hombre maduro y sereno de veintiocho inviernos.

Su rostro conservaba la dulzura y la piel nívea del erudito que pasa sus noches entre libros, pero sus ojos de zafiro guardaban ahora la profundidad inmensa de los mares del sur y la certeza inquebrantable de quien ha visto la paz hecha realidad. Su paso, siempre acompasado por el báculo de fresno que su padre le inspirara a portar, no transmitía la prisa del ambicioso, sino la paciencia infinita del sembrador que sabe aguardar la cosecha.

Alastor sabía que su tiempo en el paraíso sureño había concluido. Quedarse en Halruaa habría sido cómodo y seguro; pero un siervo de Mystra no busca el refugio fácil mientras sus hermanos en el norte continúan tropezando en la oscuridad del recelo.

Llenó sus alforjas de cuero con códices de agricultura armónica, tratados de ética pedagógica, muestras de aleaciones de mithril y el manuscrito preliminar de su obra magna: La Magia para Todos.

IV. El regreso a Amn: La siembra de la concordia

El regreso a los puertos de la Costa de la Espada y la visión de las cimas azuladas de los Picos de las Nubes sobre el horizonte de Amn no llenaron su corazón de nostalgia, sino de un fuego sagrado y renovado.

Al pisar de nuevo los caminos de tierra y adoquín de Náshkel y Edive, Alastor respiró el aire húmedo de las colinas. Las gentes continuaban mirando de reojo a las túnicas azules, los guardas seguían empuñando las lanzas con recelo y la arcanofobia seguía viva en cada taberna.

Pero Alastor ya no traía solo teorías; traía consigo la prueba viva de nueve años de experiencia. Traía la memoria de un pueblo entero que vivía sin miedo a La Urdimbre, y la determinación de volcar cada día de su vida —en las aulas de las escuelas de magia, en las plazas de las ciudades, en los conventículos de los Centinelas y en los caminos de Amn— para demostrar a sus vecinos que el Arte es su mayor aliado.

Gemini_Generated_Image_ld7fhvld7fhvld7f_50%_50%.jpg
Con una sonrisa sosegada, Alastor apoyó su báculo en el suelo de Amn, tocó el amuleto de las siete estrellas sobre su pecho y susurró a la brisa:

Aquí estamos de nuevo, Señora. El invierno del miedo ha sido largo... pero el amanecer ya ha comenzado.
 
Arriba