Arcadio Jeremías irrumpió en el «refugio de don Sulion Suravar», como habían acabado llamando los trabajadores de la Casa Gáldrim al cuartucho en el que se retiraba cada día, idos a saber para qué. Las contundentes pisadas del muchacho semiorco habían hecho innecesario tener que llamar a la puerta; las noticias, innecesario esperar a que le dieran paso.
El medio-elfo había acabado de pulir la última pieza de madera del juego que había comenzado cuando terminó su primer discurso en Púrskul. Sopló uno de los orificios, y las virutas salieron volando hacia los pies de Arcadio Jeremías.
—Han hablado —aventuró Sulion, y el semiorco asintió—. ¿Última etapa, entonces? ¿Van a anunciar alcalde? —preguntó el semielfo, y Arcadio Jeremías sonrío, orgulloso de haber formado parte, de alguna manera, de todo aquello.
Se sacudió Suravar los restos de madera de las manos y se puso en pie. Estirando el brazo, interpuso entre su rostro, tan afilado, y el de Arcadio Jeremías, tan bruto, la pieza con la que había acabado: una máscara, como aquellas de las que tanto se burlaba y desconfiaba el medio-elfo.
—Que sea lo que deba ser —declaró, súbitamente, alzando sus cejas—. Estaremos preparados.
Arcadio Jeremías jamás lo confesaría, pero empezaba a temer que Sulion Suravar se hubiese dado un golpe en la cabeza cuando estuvo en el Norte.
Una pastoral para Púrskul
(que Beamdog impidió interpretar en el juego)
Al despertar con el alba
Marchamos hacia el vergel
Al despertar con el alba
Marchamos hacia el vergel
Y rezamos a la diosa
Para que pueda crecer
Con un susurro muy bajo
Pedimos a nuestra fe
Con un susurro muy bajo
Pedimos a nuestra fe
Que deje atrás la sequía
Y que comience a llover
La alondra surcando el cielo
Nos trina las buenas nuevas
La alondra surcando el cielo
Nos trina las buenas nuevas
Que los frutos ya han crecido
En esta tierra sagrada
Abramos nuestros graneros
Que ya se acerca la cosecha
Abramos nuestros graneros
Que ya se acerca la cosecha
Y recojamos el grano
Que ha bendecido Chauntea
Y recojamos el grano
Que ha bendecido Chauntea
Siempre se olvidan del campo
Hasta que llegan las guerras
Siempre se olvidan del campo
Hasta que llegan las guerras
Por eso vigilaremos
Que no sufran nuestras tierras
Por eso vigilaremos
Que no sufran nuestras tierras
Offtopic :
Canción adaptada en base a la canción del ilustre José Antonio Labordeta con la que martirizaba de niño a mis familiares. ¡Que me hubiesen comprado otro casete, si tanto les molestaba!
Como se cayó el servidor maestro de Beamdog, Sulion no pudo atormentar a los asistentes. Ya sabréis disculparme (o darles las gracias a ellos).
¡Nos vemos el jueves!