Krystäl
Multa de Rox sin firmar
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Música
Fue como si el tiempo se hubiese ralentizado para que pudiese ver nítidamente cada herida sangrante, cada gemido de dolor, cada trozo de carne seccionada por ese dragón.
Belegor estaba malherido aunque ella sabía perfectamente que el paladín no iba a quedar en segunda fila, sino que iba a luchar hasta su último aliento, y es por ello que, tras ver la segunda vez que cayó por ir a ayudar a Erika, determinó que de todos los presentes su vida era la que más peligro corría y que debía permanecer junto a él.
Anith veía como cada vez el descontrol en el grupo crecía, como había gente que en cuanto veían un enemigo corrían alejándose veinte metros del resto, como el grupo se separaba y algunos se veían rodeados.
- ¡Dejad de separaros! - había gritado varias veces para que dejasen de hacer eso, pues muchas veces se creaban varios pequeños grupos que la bloqueaban en los túneles impidiendo que pudiese llegar al otro, pero de nada sirvió. La primera vez Belegor y ella quedaron solos combatiendo, el paladín tratando que no atacasen la retaguardia del grueso del grupo que parecía no se había percatado que tenían problemas, pues dos miembros se habían lanzado a atacar repentinamente en cuanto vieron al enemigo, sin percatarse que habían otros enemigos en la sección de su izquierda, y el resto al verlos les siguió, dejando tanto al paladín como a la sacerdotisa solos. La segunda vez fue porque Erika se lanzó sola contra los aguijoneadores y Belegor al verla superada fue a ayudarla. La sacerdotisa al verlos intentó llegar, pero el camino era estrecho y el grupo y enemigos le impedían avanzar. Tuvo que rodear todo el pelotón y corrió tan rápido como pudo solo para ver cómo una de esas bestias cercenaba la vida del paladín dos segundo antes de que ella ayudase.
No podía evitar sentir que en parte era su culpa, su culpa por permitir que la gente no entendiese que eso no era ir a cazar dragones como hacian en los llanos, que no supiesen que habia más gente en ese grupo y que no todos iban a estar tan preparados ni portar el equipo que ellos... su culpa porque llegó dos segundos tarde esa vez.
Así que cuando llegaron a la cueva del dragon tomó la decisión de no alejarse mucho de Belegor, pues su cuerpo no soportaría otra caida, y lo cumplió. Apoyó tanto como pudo a la gente, con todo y los más poderosos conjuros que su Seldarine le otorgó hasta que el dragon quedó herido de muerte. Entonces vio como el enorme lagarto rojo se centró en derribar a Belegor, una vez... dos.... Anith corrió, y esta vez llegó justo a tiempo tras ser derribada por ese dragón que impedía ayudarla, pero Belegor regresaría a casa, debía hacerlo.
Anith sanó las heridas del paladín y le miró y el paladín se devolvió la mirada. Esa simple mirada estaba llena de conversaciones.
Anith gritó y se levantó al final, pues el dragón ya había terminado lo que tanto ansiaba hacer, matar a ese paladín, y la sacerdotisa, con la rabia de su interior provocó que una barrera de cuchillas naciese bajo el dragón mientras dos guerreros seguían combatiendo con él... 10 segundos... eso fue lo que necesitaron para matarle después de que Belegor cayese, 10 segundos...
Una vez cayó corrió hacía los heridos. Primero atendió a Erika, pues ella también había caído y, aunque estaba maltrecha, sabía que podría salir adelante, pero Belegor...
- Dejad a Anith, quizás pueda hacer algo – escuchó decir.
Hacer algo, sí... sí podía... aunque ello implicase perder su poder nuevamente y para siempre. ¿Pero de qué sirve poseer un gran poder si no puedes usarlo para ayudar y proteger a tus amigos? Había usado su poder para proteger y sanar a personas que le faltaban continuamente al respeto, a personas que parecía no importarles la vida y otros que simplemente la despreciaban y sentían la necesidad de pisarla para quedar por encima de ella. Debía tener suficiente poder para poder hacer algo por alguien que podía considerar un amigo digno de confianza.
La sacerdotisa colocó su diestra sobre el amuleto del paladín y rogó a sehanine su poder para poder traer su alma de vuelta, se lo rogó... se lo suplicó... oró en élfico para que le permitiese traerlo y pudiese regresar a su hogar sin importarle importaba el coste que tuviese que pagar, solo deseaba traerlo y poder borrar de su mente aquella última mirada que le dirigió el paladín antes de ir a luchar una última vez contra el dragón.
Él había ido a defenderla y protegerla los meses en que estuvo en el bosque de tezhyr contra los muranitas, permaneció con ella... le protegió cuando Sagrat le hizo caer y siempre tuvo una palabra de ánimo para ella. Debía hacer algo, pues esa clase de gente son muy raros en esas tierras... Y haría todo lo que estuviese en su mano sin importar el coste.
Por favor, no me hagas esto
Nada podía hacer Anith, pues al fin y al cabo no era su decisión... Pero eso no impidió que se abriese una nueva herida en su corazón, pues cuando necesito realmente de su poder para ayudar a un amigo, había fallado.
Diez segundos... ese era el tiempo que había necesitado para evitar que un corazón dejase de latir por siempre.
Por favor, no me hagas esto
Fue como si el tiempo se hubiese ralentizado para que pudiese ver nítidamente cada herida sangrante, cada gemido de dolor, cada trozo de carne seccionada por ese dragón.
Belegor estaba malherido aunque ella sabía perfectamente que el paladín no iba a quedar en segunda fila, sino que iba a luchar hasta su último aliento, y es por ello que, tras ver la segunda vez que cayó por ir a ayudar a Erika, determinó que de todos los presentes su vida era la que más peligro corría y que debía permanecer junto a él.
Anith veía como cada vez el descontrol en el grupo crecía, como había gente que en cuanto veían un enemigo corrían alejándose veinte metros del resto, como el grupo se separaba y algunos se veían rodeados.
- ¡Dejad de separaros! - había gritado varias veces para que dejasen de hacer eso, pues muchas veces se creaban varios pequeños grupos que la bloqueaban en los túneles impidiendo que pudiese llegar al otro, pero de nada sirvió. La primera vez Belegor y ella quedaron solos combatiendo, el paladín tratando que no atacasen la retaguardia del grueso del grupo que parecía no se había percatado que tenían problemas, pues dos miembros se habían lanzado a atacar repentinamente en cuanto vieron al enemigo, sin percatarse que habían otros enemigos en la sección de su izquierda, y el resto al verlos les siguió, dejando tanto al paladín como a la sacerdotisa solos. La segunda vez fue porque Erika se lanzó sola contra los aguijoneadores y Belegor al verla superada fue a ayudarla. La sacerdotisa al verlos intentó llegar, pero el camino era estrecho y el grupo y enemigos le impedían avanzar. Tuvo que rodear todo el pelotón y corrió tan rápido como pudo solo para ver cómo una de esas bestias cercenaba la vida del paladín dos segundo antes de que ella ayudase.
No podía evitar sentir que en parte era su culpa, su culpa por permitir que la gente no entendiese que eso no era ir a cazar dragones como hacian en los llanos, que no supiesen que habia más gente en ese grupo y que no todos iban a estar tan preparados ni portar el equipo que ellos... su culpa porque llegó dos segundos tarde esa vez.
Así que cuando llegaron a la cueva del dragon tomó la decisión de no alejarse mucho de Belegor, pues su cuerpo no soportaría otra caida, y lo cumplió. Apoyó tanto como pudo a la gente, con todo y los más poderosos conjuros que su Seldarine le otorgó hasta que el dragon quedó herido de muerte. Entonces vio como el enorme lagarto rojo se centró en derribar a Belegor, una vez... dos.... Anith corrió, y esta vez llegó justo a tiempo tras ser derribada por ese dragón que impedía ayudarla, pero Belegor regresaría a casa, debía hacerlo.
Anith sanó las heridas del paladín y le miró y el paladín se devolvió la mirada. Esa simple mirada estaba llena de conversaciones.
El ruego de ella de que no continuase arriesgándose, la decisión de él de que mientras tuviese un aliento de vida, seguiría luchando. La promesa que se mantendría junto a él durante esa lucha y el agradecimiento del paladín mientras tomaba su hacha y se lanzaba nuevamente contra el dragón rojo.
Todo en esa simple mirada
Fue entonces cuando todo fue mal... El dragón, sabiendo ahora que ni la elfa ni el Robusto eran capaces de resistir sus embestidas los derribó a ambos ignorando al resto de combatientes para centrarse solamente en el Robusto. Les tiró al suelo y atacó con sus garras a Belegor mientras estaba indefenso en el suelo y, cuando ambos trataron de levantarse volvieron a ser derribados nuevamente y otra vez golpeó a Belegor con sus garras, y así una y otra y otra vez... Anith solo podía mirar como el dragón abría profundas heridas en la armadura del Robusto, tratando de levantarse para llegar a él pero incapaz de hacerlo porque en cuanto intentaba de apoyar las manos para hacerlo, el dragón volvía a embestirles sin darle la oportunidad de defenderse, hasta que finalmente el Enano quedó inconsciente tras una nueva embestida y golpe y entonces se lanzó contra él con su mandíbula abierta y lo devoró con sus fauces, antes de escupir un cuerpo medio comido e irreconocible.Todo en esa simple mirada
Una vez cayó corrió hacía los heridos. Primero atendió a Erika, pues ella también había caído y, aunque estaba maltrecha, sabía que podría salir adelante, pero Belegor...
- Dejad a Anith, quizás pueda hacer algo – escuchó decir.
Hacer algo, sí... sí podía... aunque ello implicase perder su poder nuevamente y para siempre. ¿Pero de qué sirve poseer un gran poder si no puedes usarlo para ayudar y proteger a tus amigos? Había usado su poder para proteger y sanar a personas que le faltaban continuamente al respeto, a personas que parecía no importarles la vida y otros que simplemente la despreciaban y sentían la necesidad de pisarla para quedar por encima de ella. Debía tener suficiente poder para poder hacer algo por alguien que podía considerar un amigo digno de confianza.
La sacerdotisa colocó su diestra sobre el amuleto del paladín y rogó a sehanine su poder para poder traer su alma de vuelta, se lo rogó... se lo suplicó... oró en élfico para que le permitiese traerlo y pudiese regresar a su hogar sin importarle importaba el coste que tuviese que pagar, solo deseaba traerlo y poder borrar de su mente aquella última mirada que le dirigió el paladín antes de ir a luchar una última vez contra el dragón.
Él había ido a defenderla y protegerla los meses en que estuvo en el bosque de tezhyr contra los muranitas, permaneció con ella... le protegió cuando Sagrat le hizo caer y siempre tuvo una palabra de ánimo para ella. Debía hacer algo, pues esa clase de gente son muy raros en esas tierras... Y haría todo lo que estuviese en su mano sin importar el coste.
Os lo ruego Nube Luminosa...
Pero a pesar del ruego, a pesar del poder para realizar el conjuto y el sacrificio que estaba dispuesta a correr, el alma del paladín no accedió a la petición de la elfa, pues para él, el poder de la sacerdotisa y su noble corazón sería más valioso para proteger al pueblo Robusto que su propia vida, así que marchó a los salones de Moradín junto a todos los Robustos que como él, había dado la vida para recuperar un hogar perdido.
Por favor, no me hagas esto
Nada podía hacer Anith, pues al fin y al cabo no era su decisión... Pero eso no impidió que se abriese una nueva herida en su corazón, pues cuando necesito realmente de su poder para ayudar a un amigo, había fallado.




