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Anith Sella

Krystäl

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Apenas había estado un minuto en esas cuevas para comprobar el cementerio, pero había sido tiempo suficiente para verme ahora con la salida bloqueda por un vampiro y otros dos insepultos con la mirada puesta en mi.​

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Llevaba, no sé... ¿Una hora quizás? Parada frente a Adathiel, con el collar de mi Seldarine entorno a mi muñeca y su símbolo alzado en alto. Quería conversar y su presencia frente a la salida me impedía continuar, y por desgracia, retroceder no era una opción sino deseaba adentrarme más en las cuevas antiguas.

Había tratado que bajase en símbolo en varias ocasiones, a veces realizando amenazas veladas de lo que había hecho a otros que no bajaron el símbolo cuando se lo pidió, otras prometiendo que no me haría daño, solo deseaba acercarse a mi y, a pesar de ello, yo permanecía firme, sin ceder a sus deseos.

- Permitidme compartir con vos un secreto, Anith... ¿Si? - me dijo.
- Adelante... - me pedí sin perderle de vista mientras en mi mente me repetía una y otra vez aquello que no debía hacer, como mirarle directamente a los ojos.
- Conozco los caminos que los Telquessir frecuentan para ir hacia Caravassar desde el Weldath... Tambien soy consciente del claro que hay cerca de los llanos – dijo de forma desenfadada, como una mera información para ponerme al día de sus conocimientos -. Voy a crear un camino de cabezas telquessir durante las proximas Dekhanas tan largo que desde vuestra ciudad los vereis – me amenazó -. Pero no matare a los mas fuertes... Empezare por los niños – se detuvo en su caminar mirándome -. ¿Quereis salvarlos, Anith?¿Quereis hacer un trato conmigo como hicieron antes que vos, otros con fe ciega por sus vidas?

Fruncí el ceño al escucharle. Aunque bien sabía la cantidad de gentiles que pasaban por esas tierras y sus amenazas estaban lejos de siquiera de acercarse un poco a la realidad de su pensamiento, por mi mente pasó llenar toda esa cueva de fuego y llamas como tocase el cabello de un solo gentil.

- No acepto ni amenazas y mucho menos acepto tratos bajo amenaza de los mios Adanthiel – le respondí seria -. Pero escucho lo que deseeis decir.
- Voy a proponeros un trato - prosiguió -. Bajad ese simbolo y dejad que me acerque. Teneis mi palabra de que no sufrireis daño, aunque no me creais. Haced esto y me dedicare a alimentarme de... Hmf... ¿Minotauros? Bandidos de las alcantarillas... Dos Dekhanas sin incidentes.
- ¿Y tras esas dos dekhanas?
- Volveremos a reunirnos... Y sereis vos quien tomareis el relevo a Sir Karren de Tantras... Manteniendo encerrada a la bestia en su unica debilidad: La curiosidad – añadió -. No os imaginais lo dolorosamente cruel que es sentir.... El bien que irradia vuestro ser y corroe mis entrañas cuando me siento cerca... Es casi como una necesidad

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Era curiosamente tentador aceptar su trato y de cierta manera podía entender que los anteriores sacerdotes o gente de fé accediesen sin más, pues no parecía dañar a nadie, sino más bien asegurar la protección de inocentes frente a una aberración no muerta. Pero algo en mi interior me decía que eso era entrar en un juego que yo no debía entrar.

- Sin duda no estaréis acostumbrado a lo que voy a deciros, pero no hago trato con no-muertos, menos tras coaccion amenazando a los mios – le respondí -. No sé con cuántos sacerdotes habeis hablado, pero intuyo que todos accedieron a vuestras peticiones.
- Y gracias a eso Amn estaba realmente tranquilo hasta que ese... Alado llamado... - se frotó el mentón de la máscara -. Ni lo recuerdo – dijo sin darle importancia -. Hasta que ese alado decidio irrumpir en el cementerio a espadazos. ¿Qué me decis entonces? ¿Un gesto de confianza mutuo por un bien común?
- Como os dije Adathiel, no hay trato alguno...

En ese momento escuché unos pasos acercarse por mi diestra, al fondo. Adathiel alzó la diestra hacia otra figura que se aproximó, quedándose a cierta distancia hasta el poder del símbolo que mantenía en alto.
- Tranquilo, viene en son de paz. - le dijo Adathiel a la figura -.No ha destruido a ningun alzado. Lleva conversando conmigo varias horas - ¿Horas? ¿llevaba horas ahí abajo? No sé cómo los enanos consiguen orientarse bajo los túneles -. No me la pongais nerviosa que empezara con las expulsiones y los rayos de sol y toda esa retaila de cosas y bastante que por una vez he conseguido encontrarla a solas, maldita sea.
La figura miró a Adathiel. Portaba una armadura ensangrentada con un aspecto que me recordó a los ropajes de los nobles. Su máscara era la de un demonio, realizada de ébano, y de su capucha sobresalian dos cuernos del mismo material.
- Ni una noche de intimidad...- sususrró Adathiel comenzando a ir de un lado a otro -. ¡Ni una noche de calma, maldita sea!

Ante el grito esta figura posó su mirada despacio hacia Adathiel, y un destello de ira apareció en su iris, aunque pronto fue reprimido.
- Baron Agaros me habeis literalmente destrozado la cita – se quejó a la figura. Alcé las cejas ante semejante expresión.
- ¿Bajo qué propósito aparecéis en nuestros dominios? - preguntó el Barón con calma y voz solmente, con esa seguridad característica de quien sabe está en una clara ventaja.
- Porque uno de los vuestros ha estado molestando a los mortales arriba – respondí -, y este era el camino para llegar al cementerio sin usar la puerta principal.
- Busca a un tipo muy bajito que se transforma en tigre fantasma y aterroriza a la gente...¿Os suena? - preguntó Adathiel soltando una carcajada -. ¡Perdonad que no me acerque para reverenciaros Baron Agaros, pero me tienen a raya con un simbolo divino! Aun asi ojala pudieseis acercaros lo suficiente... Es tan hermosa como la noche mas calida de todas cuales existen. Posee una belleza fragil y blanquecina... Y esos ojos... Que ferrea fuerza de voluntad
- No es este vuestro lugar, criatura – continuó Agaros dirigiéndose a mi -. Jamás lo ha sido. Vuestros deseos aquí carecen de significado e interés. ¿Por qué siquiera habríamos de parlamentar?- preguntó entrecerrando los ojos con un tono que ya se intuía cierta amenaza.

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- Vos me preguntasteis y yo os respondi – le dije -. Guardar silencio hubiese sido una falta de cortesía, sobretodo como bien decis, en vuestros dominios.
- Os pregunto porque confiaba en que tendríais siquiera algo que ofrecernos, pero contemplo que no es el caso. Es más, por lo que juzgo, habéis decidido adentraros, aun a costa de lo que ello pudiera implicar.
- ¿Ofreceros? - pregunté ante la idea de que nadie siquiera bajase a ofrecerles nada.
- Decidme, ¿es esta la sabiduría que vuestros dioses os enseñan? ¿Os hacen morir por diversión? - preguntó con una carcajada no muy grave, sin perder cierta cortesía -. Bajan a ofrecernos su vida, querida; recordad en dónde estáis.
- No por voluntad propia por lo que intuyo de vuestras palabras
- Ignoro si es por voluntad propia, pero en vuestro caso parece que es lo que os ha traído hasta nosotros.
- O por poder, por recompensas – añadió Adathiel. Y eso ya no me extraño tanto en unas tierras donde el poder y las riquezas lo significaban todo.
- En mi caso fue mala suerte. Pero debi haber intuido que tanta calma no era normal.
- No puedo sino daros la razón. Pero os habéis confiado, y eso, amiga mía, no es nuestra culpa. Pero todo tiene su precio. - sonrió ladino bajo la máscara.
- ¿Veis como de todos los vastagos yo soy el mas amable?
- Ya le preguntaré a esas mujeres que mancillasteis si opinan lo mismo – le espeté a Adathiel.
- Estan muertas, querida – me respondió -. Es lo que pasa cuando le hundes una espada y activas un anillo flamigero en las entrañas.
- Y como os dije antes, de humanidad.... ya no os queda nada – le respondí sin perder de vista al baron cuando vi que entre las sombras aparecía una figura más, esta más grande y engalada con ropajes densos y azabaches.
- Eterna muerte – siseó con gravedad posando unos ojos viperinos sobre mi.
- Dulce agua – dije en respuesta sintiendo como por momentos mi corazón se iba acelerando. Uno era malo, dos peor... ¿tres? Más de lo que iba a poder mantener a raya.
- Y tan dulces... - dijo relamiéndose sonoramente, humedeciando sus labios con una pérfida y bífida lengua bajo el yelmo.
- Anith... Ese de ahi no va a reaccionar al simbolo... Quiza deberiais confiar en mi palabra
- Mejor mantener dos a rayas que a ninguno ¿no opinais lo mismo? - retrocedí todo lo que pude.
- Os haré una proposición, quizá la más generosa que os hayan ofrecido en vuestra inútil existencia: pedid misericordia, pedidla como nuestra deudora, y pensaré en cómo dejaros marchar.
- Se esta sintiendo acorralada – advirtió Adathiel -. La estais poniendo nerviosa.

La nueva figura comenzó a caminar hacia mi pero manteniendo la distancia, cual felino que está estudiando a una presa. Despacio desenfundé mi espada con la mano libre.
- No pido clemencia ante aberraciones no-muertas.... y mucho menos estoy dispuesta a adquirir deudas con estos – respondí.
- No tiene porque ser asi – dijo Adathiel.
- Pues al menos que me dejeis marchar, no sé cómo va a ser.
- Es cierto – le concedió a Adathiel orientando su zurda hacia él -. A veces las palabras son más útiles que las armas.
- Pues segun tengo entendido los clerigos poseen magia de regreso. ¿No? - dijo montando tomando un arco para ir preparándolo. Sabía que iba a intentar. Atacarme a distancia y desconcentrarme si intentaba huir.

Los pasos de la tercera figura resonaban como ecos en la gruta con un sonido rítmico, pero siniestro. Su mirada permanecía en todo momento sobre mi, salvaje... yendo al lado del Baron para luego acercarse a mi a varios metros y regresar, como el perro que espera una orden para atacar.
- Tengo mis opciones abiertas... - respondí a la suposición de Adathiel.
- Tsk, si fuese asi ya seriamos marido y mujer.
- Ni en vuestras mejores pesadillas – le respondí observando deteniedamente toda la escena
-Que caracter... Me gusta
- Qué terrible mal es el orgullo entre aquellos que han sido escogidos por ciertos poderes, hermano. No importa cuánto hables, que te obligarán a ser severo.

La tercera figura se acercó al barón para susurrarle.
- Decidme, Agaros...¿Deseais que acometa? Sus orejas serian un lindo regalo para la estirpe... - El barón alzó la mano al escuchar el susurro para que aguardase, volviendo a clavar sus ojos rojizos en mi.
- ¿Qué cambiaría vuestra muerte? Nada. Solo sería una resistencia vana e inútil, por un objetivo aun más vacío.
- Mi muerte nada.... sin lugar a dudas – le concedí viendo como Adathiel guardaba el arco bajo su capa -. Pero qué clase de sacerdotisa sería si cediese tan fácilmente...

La tercera figura continuó su ronda de forma felina, tenso, como un animal que está deseando salir de caza pero aguarda a la ansiada señal para poder liberar toda su furia.

- Yo y Auranassar jugabamos a menudo – dijo Adathiel-. Se llama "rayo o verdad" Ella me lanza un rayo solar y si me impacta puede irse. Sino debe responder a una pregunta con sinceridad y luego marchar - Miré de reojo hacia Adathiel. ¿Pero qué sacerdotisas habia en esas tierras?-. ...Y si me destruye ademas puede cobrar...¿Cuatro millones eran?
- Antes la decapitaría, por lo que vuestro juego acabaría siendo intrincado que ese – dijo el barón con firmeza ladeando la cabeza para mirar a Adathiel.
- Le quitais toda la gracia al asunto
- Quizás.... en otro momento – musité siguiendo ese recorrido que hacia el "animal enjaulado", de su amo a mi, una y otra vez. Aguardé paciente sabiendo qué era lo que debía hacer exactamente. Huir, pues era una batalla perdida de antemano. Así que esperé mientros ellos conversaban hasta que la figura se aproximó al Barón -. Pero no será hoy – rápidamente tracé una figura en el aire musitando una plegaria élfica hacia mi Seldarine. Sabía que en el momento comenzaría el conjuro ya no tendría el símbolo para mantenerlos a raya, así que debía, no solo ser rápida, sino concentrarme y evadirme de cualquier distracción, ya fuese una flecha, un golpe, un golpe...Pues no habría una segunda oportunidad.

Así que realicé la plegaria, sentí la fuerza de Sehanine envolviéndome y una leve presión en mi estómago que desapareció al poco. Entonces senti el aire en mi rostro y la luz de los candiles del exterior a través de mis parpados.


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Estaba sana y salva.​
 

Krystäl

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- Mi vida entera era la ciudadela y los tel'quessir... - dije posando mi mirada sobre él -. Todos tenéis grupos, todos pertenecéis a varias organizaciones, amistades a quien acudís dentro de esos grupos, pero yo solo tenía esa ciudad, mi vida era la Ciudadela – sentí una punzada de dolor -. Todo lo que aprendí, todo mi ser, mi propia alma.. estaba ahí Kaiat. ¿Creéis que marcharía por capricho?

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- No lo sé, Anith. Porque por lo que yo sé, nadie te dijo que abandonases la ciudad.
- ¿Y qué puede haber ocurrido para eso?
- No lo sé, Anith
- No... -dije con un deja de decepción al ver que incluso los enanos habían sido capaces de ver la pesadumbre que me suponía estar lejos de mi hogar pero para los elfos había sido un mero capricho -, pero al menos Kaiat, deberíais haber intuido que algo ocurrió que me desgarró el alma - y aguardé un momento de silencio para controlar mi alma llorar en mi interior antes de repetir - Mínimo Kaiat... deberíais haber intuido eso y haber sabido lo que significaba para mi.

RELATOS OCULTOS.
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Me moría, ahora era consciente de ello, el dolor me estaba matando lentamente.​

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Es extraño cuando eres consciente de eso, cuando portas casi un año ese sentir dentro de ti, como un enorme agujero que te recuerda constantemente que jamás volverás a estar completa, que jamás recuperarás lo perdido... y tú te aferras a lo poco que tienes, a la esperanza, al mañana... Pero ese sentimiento permanece y crece con cada nueva falsedad escuchada, con cada hipocresía y mentira, con cada egoísmo disfrazado de alianza, viendo cómo se vendian los valores con los que te criastes por tu propia gente.

Hay luchas que no valen la pena comenzar, eso es lo que me dijeron en varias ocasiones, y yo las luché porque era justo luchar por los valores de mi pueblo, y recibí innumerables heridas hasta ese golpe final. Y ahora, ese dolor de mi corazón me hizo ser consciente de ese final, asesinada por la hipocresía de los mios tiempo atrás.

Había sido usada por humanos, había sido usada por elfos, incluso por una Diosa humana para que una de sus siervas no manchase su alma dando muerte a un hombre en busca de venganza, usada y despreciada por el consejo, engañada por la propia Reina, traicionada... Muchos elfos vendian los valores de su pueblo por las amistades de sus organizaciones hasta el punto de ser capaces de llamar al mal necesario para que pudiesen concederles el orgullo más grande que podía habre entre los nuestros, corrompiendo lo sagrado en un mero concurso de popularidad y medallas, y todos los pilares que me daban la vida se habían derrumbado hiriéndome tan profundamente que ahora mi tiempo marcaba un final. ¿Cuánto tiempo? Eso incluso yo lo desconocía,ni siquiera sabía si podía detenerse. Pero yo debía callar por el bien de la Ciudadela, pues jamás habría dolor ni sufrimiento suficiente para mi, eso es lo que me habían enseñado estos últimos años.

Supongo que era un buen final para mi, morir de pena sin que nadie supiese nunca qué ocurrió con esa sacerdotisa que falsamente decían era respetada. Pero eso era mejor que ser objeto de hipocresía a que aquellos que provocaron todo esto.

...La noche oscura del alma...​

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Ahora comprendo mucho mejor porqué a Sehanine se le conoce como la hija de las noches oscuras.​
 

Krystäl

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Ya me siento como una traidora Kaiat, dejé mi regreso en manos de otros y esos otros han preferido que incluso cuando la ciudad está en peligro, permanezca fuera, así que repetidmelo cuando deseeis... Ellos ya decidieron dónde me querian.​

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Sin duda la culpa era mia por permitir una vez más que sacasen el tema cuando mi visita tenía otros motivos, y yo por tratar una vez más de decir que no estaba en mi mano. Pero en esa ocasión sencillamente ya no pude más.
- No me escuchais ¿verdad Kaiat? - le pregunté de pie con el bastón en mi diestra. Solo estábamos nosotros dos en la posada aparte del servidor mágico que va de un lado a otro.
- Te escucho siempre, Anith. Otro tema es que lo vea igual que tú.
- No... Kaiat... - le respondí -. No importa cuánto os diga que no está en mi mano. No importa lo que pueda sentir estando aqui, sabiendo que los mios mueren y que permanezco aquí por decisión de otros. Para vos, soy yo....
- Nadie te impediría volver a entrar en la ciudad, y caminar con los tuyos. De eso estoy seguro – explicó -. Jamás se llevó a cabo el ritual de destierro. Sigues siendo una tel'quessir bienvenida entre los suyos.

Sin duda sus palabras trataban de buscar mi vuelta, pero a mis ojos, solo demostraba que no sabía nada ni tampoco se preocupaba en saber. No importaba cuánto lo repitiese, su frase era la misma, una y otra vez... tras dos años en que nadie vino, nadie preguntó, nadie se preocupó, solo tenian esa frase. Ni siquiera ahora estaba delante, me preguntó por cómo me encontraba, qué había pasado, nada... solo que podía regresar.
- Bien – dije sujetando con fuerza el bastón -. Soy una traidora a mi gente, os dejo morir y no regreso por mi pie por decisión propia.... si esa frase os agrada más – dije con un atisbo de ira, pues sabía perfectamente que hablaba la ira al sentirme incomprendida y que nadie era capaz de escucharme, que a nadie le importaba lo más mínimo ni nadie era capaz de ver lo que soportaba al verme anulada.
- No, me agradaría que volvieras – respondió -. El consejo no te impide volver. Si lo hicieran, si desearan que no pisaras el Weldath o Suldanessellar, me habrían dado ordenes al respecto. A mi, o al resto del ejercito. Pero ninguna orden ha sido dada en ese sentido. Ningún pronunciamiento, discurso u orden.

Sujeté el bastón con firmeza, sintiendo como esa oleada de rabia contenida daba paso a un sentimiento profundo que me comenzó a atenazar el corazón.
- Estoy agotada Kaiat.... de mentiras, de silencios, de ser usada.... Estoy agotada que aquellos en quien confio me usen y luego mientan... o me aparten.... o que callen para aparentar.... de ser siempre la última en enterarse de todo... de puñaladas para herirme y sonrisas falsas - dije casi con el tono quebrado -. Llamadme traidora si asi lo quereis... pues yo sé porqué no puedo regresar y Ellos también – cogí aire despacio tratando de matenerme serena, aunque eso ya era imposible -. Ahora....si me disculpais, prefeiría marchar....
- Nadie te llama traidora. Yo no lo he hecho nunca
- Decidlo, pues me han convertido en eso...
- No lo eres ni te has vuelto eso. Deja de caminar sola, y te asombraras de los amigos que tienes.

Amigos que en años nunca tuvieron tiempo para ir a verme, pero sí para ir a ver a otros. Amigos que no sabían dónde estaba, que sino era porque acudía yo a ellos por algo, no les veía, que si era una queja más tiempo pasaría sin verles...

- Lo soy, porque prefiero estar aqui antes que ir a ayudar.... porque no voy porque no lo deseo, porque prefiero saber que la sangre de los mios es derramada y no hacer nada – repetí sintiendo las lágrimas agolpándose en mi rostro -. Decidle a los elfos que no regreseo por voluntad propia, que una sacerdotisa no regresa porque no lo desea porque podría...
- Nadie tiene obligación de vivir en la ciudad y has arriesgado la vida muchas veces por tu gente.
- Traidora....- repetí. Y con cada palabra repetía sentía ese dolor desgarrándome por dentro.
- No te consideramos una traidora. Solo te echamos de menos
- Vos seguid repidiendo eso, que no regreso porque no quiero. Al menos sé con qué se me atacará, por traidora a su pueblo.
- Nadie te ataca.

Negué despacio tras entregarle el anillo que me pidió. Sentía que mi garganta se cerraba y que apenas podía pronunciar palabra alguna.
- No volveré a molestaros Kaiat – dije sujetando con fuerza el bastón a pesar de sentir mis fuerzas flaquear y el aliento faltándome de los pulmones. Giré sobre mis talones cuando Kaiat volvió a llamarme.
- Anith, nunca molestas – Me dijo -. acude a mi siempre que lo necesites, o siempre que quieras charlar un rato.

Pero ya no iba a dar más pasos hacia ellos, no iba a pedirles más ayuda, se acabó. Pues las charlas siempre acababan de la misma manera... tú tienes la culpa de todo... y entonces otra vocecilla en mi interior me repetía nuevamente: y nunca será suficiente dolor.

- Traidora – repetí una vez más calándome la capucha -. En eso me han convertido.

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Krystäl

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Me encontraba en un duermevela, entre el mundo de los sueños y el terrenal, pues podía senir bajo de mí, el mullido colchón y la manta que me protegía del frio, pero al tiempo ver y sentir cosas que sabía no podían estar ahí. Era como si una parte del plano onírico se filtrase al real y se mezclase impidiéndote saber si realmente estás durmiendo o si por el contrario, todo era cierto.

Podía volver a oler el azufre nacido de los Nueve Infierno y escuchar esa lengua silibina y maldita, ver a través de mis párpados cerrados esa enorme luna brillante y el toque de la luz sobre mi piel, cálida... Notar la falta de aire y la presión en mi pecho mientras las fuerzas me abandonaban... sentir el agua cubriéndome como un manto el verano...


Relatos ocultos​

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La niebla cubría el estanque en aquel dia nuboso, donde casi no se atisbaba la luz del Sol entre los resquicios que a veces el cielo deja abrirse. Anith se aproximó al estanque de cristalinas aguas, con el característico rumor de la cascada y las pocas aves que a esta hora cantan en las copas de los árboles. Al fondo, un hermoso arcoiris se veía desde la distancia al contemplar las aguas caer desde lo alto de las montañas.

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La sacerdotisa observó aquel idílico paisaje durante unos instantes, respirando profundamente y llenando sus pulmones del aire fresco que traía la neblina. Al fin había llegado el dia... había tenido que permanecer meses enteros sin poder hacer nada para ayudar a los suyos al verse atada ante la amenaza de los aguijoneadores y un mandato de la Reina Ellesime, y solamente podía repetirse una y otra vez "aguanta un poco más", no por ella... sino por aquellos por los que ahora se encontraba en el estanque.

Anith se liberó de las botas, dejando que sus pies descalzos sintiesen la humedad del la hierba que pisaba. Luego se retiró las armas y el cinturón, dejándolo todo en la orilla y quedando solamente con sus ropajes.

Entonces avanzó al interior del estanque. El agua estaba fría pero no se hace demasiada molesto para adentrarse en ellas y, poco a poco, comenzó a abrirse paso por un lecho limpio pese a la proximidad en la que un día fue la ciudad de Imnescar hasta situarse en el centro del lago. La luz se abría paso entre las nubes, atisbándose la luna aún en plena luz del dia.


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Ella estaba ahí y sabía lo que su corazón anhelaba, así que tomó el amuleto que pendía de su cuello entre las manos, respirando un par de veces para serenarse. Las aguas comenzaron a ondear a mi alrededor, y de repente... el lunar se tornó envuelto en una luz plateada.

El amuleto comenzó a brillar entre sus manos, quizás anteponiéndose a los deseos de la sacerdotisa mientras su mente y su espíritu se concentraban en aquellas palabras que debía formular. No era un ritual sencillo y nunca lo había intentado antes, pero estaba dispuesta a pagar el precio que se precisase con tal de quitar el dolor y pesar sobre la espalda de una buena persona.

La sacerdotisa comenzó a realizar una plegaria élfica entonada con una suave melodía, pues la música era la voz del alma y entrañaba un gran poder cuando las palabras brotaban desde lo más profundo del ser.

- Nube luminosa, vos que protegeis y guiais el camino en nuestro viaje... escuchad la voz de vuestra sierva...- comenzó a recitar sintiendo como una luz resplandecía con fuerza tras de ella, pura y pálida como la luz de la luna -.Escucha mi ruego para que el camino que debe ser andado no sea manipulado por aquellos de alma corrupta.... escuchad mi ruego para que las almas puras sean libres de decidir su viaje y destino... Ayudadme a romper aquellas promesas que fueron realizadas por salvaguardar la vida perdiendo su propia libertad.... para que su viaje sea libre... - La esfera tomó forma y presencia poco a poco, tornándose cada vez más brillante -.Velad el viaje que todo debemos hacer... salvaguardar los secretos que solo vos conoceis.... permitidme con vuestro poder impedir y proteger el sendero y el aprendizaje de quien perdió la libertad, para aliviar su dolor y carga.

Anith sintió como la luz comenzó a rodearla, envolviéndola con aire protector y guardó silencio, sintiendo como las lágrimas asomaron por sus ojos verdes, pues era un toque que hacía mucho que no sentía.

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- "Alma noble y generosa – dijo una voz en su mente -. Un corazón que irradia una luz sin mácula. Trae equilibrio y devuelve la esperanza a aquellos que desesperan en la oscuridad. La Luna te acompaña, se conmueve y cambiará el destino... ¿Desea su leal hija seguir adelante?"
- Sí – pronunció con seguridad sin dudar en ningún momento.

La esfera mayor comenzó a descender, rodeándola y haciéndose una la elfa. Las aguas se apartaron a su alrededor y la gentil quedó elevada sobre un montículo de piedra que se elevaba... a su alrededor, el estanque se había vuelto un espejo que refleja una luna completa.

"Pronuncia las palabras, teje el hechizo... nuestra voluntad es una, libres quedarán de sus cadenas"​

Anith miró la luna reflejada sobre el montículo y después alzó la mirada al cielo. Sus manos comenzaron a moverse, acompañando sus palabras con gestos para que la energía dentro de ella y aquella que la envolvía en ese momento fuese uno y fluyese.
- Romped las cadenas, cambiad el destino... que sean libres de sus promesas y anden su destino sin ataduras...

Durante un instante, en los cielos de Amn se atisbó una Luna Llena como pocas veces se había visto en belleza y tamaño, naciendo un delicado pilar de luz pálido que parecía unir a ese enorme astro luminoso con un punto en la región Sur de Amn. Sin duda todos los licántropos se quedaron embelesados en la contemplación de ese fenómeno único.

Pero entonces, a un lado del Lago las aguas se tornaron negras y candentes, bullendo como si bajo ésta se alzase lava ardiente, y de esa llama profana y oscura, perversa.... se escuchó la lengua de los nueve infiernos. Palabras que la gentil no entendió en un principio, pero que poco a pococomenzaron a cobrar sentido, hablándola directamente a su mente.


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-"¿Crees poder alterar el curso del destino sin pagar el precio, mortal?" - preguntó la voz.

En ese instante, Anith sintió como la luz que la rodeaba era atraída hacia esa oscuridad, como si las llamas y las tinieblas la consumieran y, a cada instante que le era arrebatada esa luz, ella sentía como las fuerzas le abandonan. Anith trató de no romper su concentración, de seguir con el ritual a pesar de todo, a pesar del dolor, hasta su último aliento si fuese necesario. Pero antes de que esa pérfida llama tomase su vida, la luz de esa Luna que estuvo contemplándola disipó la presencia perversa que pretendía reclamar su vida y alma.


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El Milagro fue pertrechado con éxito y con ese el Pacto se había disipado. Anith sintió una profunda debilidad en su cuerpo y en su espíritu, como si hubieran consumido una parte de tu propia esencia en el proceso. Las aguas volvieron a inundar el lugar donde se hallaba y su cuerpo quedó suspendido sobre sus cristalinas aguas... levitando hasta quedar tumbada en el aire y posteriormente depositada con suavidad sobre la orilla del lago donde el cansancio hizo que permaneciese inconsciente durante horas enfrente del estanque de Inmescar.

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Mi cuerpo había sufrido demasiado aquella noche y eso había provocado perder parte del poder de mi Diosa, pues mi cuerpo no se encontraba en condiciones de manejar tal energía tras aquello. Ese fue el precio a pagar y así lo hice a pesar que sabía que posiblemente jamás volvería a recuperarlo, pues esa era la única ayuda que podía ofrecer para aliviar a otros ese mal al que se habían enfrentado y en el que, una vez más, yo no había podido estar presente para tratar de ayudarles. Y al despertar, sin nisiquiera saber el tiempo en el que había estado dormida, supe que lo había perdido. Me sentía sola, débil e incompleta, y fui consciente en aquel momento, que mi mayor protección en tierras N'tel'quessir era guardar el secreto.

Y eso hice.​

Pero durante aquel duermevela, podía sentir la luz de la luna que se colaba a través de la ventana acariciándome el rostro, tan suave como el beso de una madre antes de sumirte en un profundo sueño y, durante un momento, me pareció notar un resquicio de algo que había perdido años atrás, algo que nació en aquel beso onírico y comenzaba a recorrer mi cuerpo nuevamente.


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Pero no sabía si era un sueño o la realidad.​
 

Krystäl

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Esta es tu tierra, tu hogar y recuerda que estés dónde estés, allí estará tu hogar - dijo colocando una piedra en la palma de la mano de la elfa. Sus ojos aún permanecían enrojecidos a causa de la llantina que acababa de pasar. Sencillamente ese dia se había terminado quebrando, la diferencia es que en esta ocasión, había alguien a su lado para recoger ese dolor y que la escuchaba sin tratar de dar lecciones -. Soy aventurera, una trotamundo, pero caminaré a tu lado, y seré parte de tu pueblo, cuando sientas desfallecer, a tu lado estaré, y tienes gente que desea aprender de ti. Háblales desde el corazón, como sabes hacer, y si te caes, te ayudaré a levantarte, porque eso hace la familia, si tienes miedo acudiré a tu lado... No tengo ni oro, ni riquezas, ni busco la fama ni el poder, solo puedo ofrecerte lo que ves... sencillamente yo.
 

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Serisal tenía razón, haceis demasiado ruido.​
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Todo era confuso. Podía entrever luces a través de mis parpados, voces familiares hablándome en una idioma que me indicaba que estaba a salvo y, aun así, sentía como si todo mi cuerpo hubiese estado sumergido en llamas.

Pero al menos seguía viva​
 

Krystäl

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Música

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Había aprendido con el paso de las dekhanas que el "ver" no importaba tanto allí donde me encontraba y, sino fuese por la magia de Sehanine, ni siquiera hubiera sido capaz de moverme por aquellos túneles. Así que pasé meses en completa oscuridad, valiéndome de mi escucha más que de mi visión al menos que requiriese desplazarme para asegurar dos de las salas. ¿Lo que había más allá? No me importaba.

Era extraño, porque te habían enseñado toda la vida que el silencio en un bosque significa peligro, pero allí el ruido era lo que te alertaba de que algo se acercaba, pues siempre se estaba sumido en aquel eterno silencio, solamente roto por una leve precipitación de agua que se filtraba desde la superficie al interior. Pero era un silencio plagado de enemigos y depredadores que sabías perfectamente que deambulaban por las cercanias. Nunca se podía estar seguro, y cualquier ruido era una señal que algo vivo se estaba moviendo, y cualquier cosa viva era un enemigo a combatir o una presa a cazar, sin distinción.

Yo era ambas cosas.​
Pero según fueron pasando las dekhanas y la presencia de la custodia de las salas se hizo patente para los grupos de la infraoscuridad, dejaron de acercarse, incluso podían pasar dekhanas sin ver grupo alguno acercarse mientras los dias transcurrían conmigo sentada en la soledad de aquella oscuridad, con mis manos sobre mi regazo, mis ojos cerrados y escuchando cualquier sonido que no me fuese familiar, alerta en una extraña calma...

Lástima que los grupos muranitas no cesasen de aparecer como los seres de la infraoscuridad.​
Pero cuando tenía días más difíciles que otros, sobretodo las primeras dekhanas, recordaba a Sehanine y su prisión. Se decía que Sehanine fue enviada a un lugar oscuro, lo más alejado del poder de la luna para mantenerla encerrada y así no pudiese dar aviso a Corellon de la traición de su esposa. Pero, no solo resistió en aquella prisión, sino que escapó para salvar a Corellón antes de que su esposa le asesinara. Perdió parte de su poder para conseguir liberarse pero aún así, sigue siendo parte de los Seldarines más poderosos que hay. Siempre me he preguntado dónde fue enviada y cómo consiguió escapar, ¿Alguien la ayudó? ¿Vhaeraun cometió algún error? ¿A quién o cómo perdió ese poder?

Eran respuestas que nunca podría saber ni responder, pero al menos sí había podido dar respuesta a las incognitas del muro de la segunda sala y descubierto algo inesperado durante mis rutinarias vigilancias, así cómo había recibido una valiosa lección para no perder la noción del tiempo.


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Sin duda los enanos saben cómo moverse por los túneles oscuros y, si algún día salgo de ahí, tendré que darle las gracias a maese Himrick por ese consejo.​
 

Krystäl

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Música

Anith observó su rostro en la oscuridad de aquel mar, con las estrellas sobre su cabeza y el manto de la noche a su alrededor. De forma distraida se llevó la diestra a sus cabellos, tomando uno de los mecholes blancos. Ya apenas recordaba cuando tenía el cabello largo y se lo sujetaba con dos trenzas a los laterales, pero eran otros tiempos que nunca podrían regresar.
- Yo tambien vengo aqui a observarlo...La voz sonó a la siniestra de la sacerdotisa, amortiguada por una máscara que ocultaba su rostro -. A veces lo miro durante horas hasta que sale el sol... - Adathiel guardó unos momentos de silencio, mientras la mirada de la sacerdotisa se posó sobre la figura que le acompañó -. ¿Habeis venido a ponerme fin, Anith? Estoy tentado de permitiroslo... Me siento hastiado, cansado... Casi como si todo no tuviese sentido...
- ¿Una mala dekhana?
- Soy un vampiro, ha sido una mala vida. Por eso soy asi – respondió -.
- Sin duda destruiros es algo que me alienta mi Seldarine – dijo ella en un tono calmado -. Pero temo que eso es algo que no podrá ser esta noche.
El vampiro tomó una piedra del suelo y lo lanzó hacia el lago, haciéndola rebotar en la superficie durante varios saltos hasta que se hundió en las profunidades.
- Da igual, Anith... El mundo siempre creará monstruos... Siempre habra otro Adathiel, otro segador...
- Me extraña esta faceta pesimista y finalista de vos..

Lentamente el vastago se llevó las manos hacia la capucha, tirando hacia ella para retirársela. Un cabello negro y oscuro asomó por primera vez mientras con la otra mano se desencajaba la máscara de su rostro. Era un joven de unos veincicinco años, con unos ojos rojo sangre que destacaban sobre su piel blanquecina.


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- Todos tenemos un lado amargo – dijo posando su mirada sobre Anith al tiempo que esbozaba una sonrisa que dejó al descubierto sus comillos -. ¿No es asi? - La sacerdotisa le miró, aunque jamás posaba sus ojos directamente en los de Adathiel-. Es horrible cuando le pones rostro¿Verdad? Cuando ves que no hay un monstruo bajo la mascara, sino un niño que no pudo crecer...
- Es parte de la vida... Pero
- No he venido para poner rostro al monstruo Adathiel, solo a decir algo que el niño que está dentro de vos necesita escuchar...


Música

Tal frase hizo que el vástago girase sobre sus talones, fijando sus ojos rojizos sobre la sacerdotisa y, aunque Anith no le mantuvo la mirada, podía sentir desprendiéndose de él, una extraña expresión de dolor y tristeza.
- Siento no haberos podido ayudar ni a vuestra familia ni a vos cuando érais pequeño, ni que ningun sacerdote ni hombre de fé o bondad haya podido ayudaros – Adathiel ladeó la cabeza sin comprender, hasta que su rostro se tensó y sus ojos se llenaron de dolor.
- No.... Tienes... Ningun derecho – dijo despacio, pero ella no se detuvo. Recordaba las pocas veces que se había cruzado con él, y de esos encuentros, cómo acusaba a los sacerdotes y Dioses de no no haber estado para ayudarle de niño. No era la primera vez que veía algo así, pero cuando caminas durante tantos años en lo más profundo de la oscuridad, eres capaz de ver el dolor ajeno y saber que aquello que tú necesitas escuchar, muchas veces es lo que ellos también necesitaban.
- Comprendo el dolor y la ira al ver que otros sí que han sido ayudaros, pero vos.... estuvisteis solo, y fue justo ni nunca debió haber pasado.
- No sigas ese c... ¡No tienes derecho a quitarme mi odio, a sentir compasion hacia mi! - gritó -. ¡Tu eres mi enemiga y debes odiarme, no sentir piedad!...¡¡No soy un niño indefenso, soy el precursor de una estirpe inmortal... Tememe!!
- Sois un niño que buscó la forma de escapar del dolor.... puedo verlo en vuestra alma.
- ...Yo no tengo alma, soy un vampiro
- Un niño que quiso buscar la fuerza y el poder para que nadie jamás le dañara... - continuó ella diciendo -, y que consideró que si nadie le ayudó, tenia derecho a no sentir compasión por otros.... porque nadie la tuvo por vos

El rostro del vastago se tensó, gruñiendo y dejando entrever unos enormes y afilados colmillos mientras sus ojos brillaron con energía negativa.
- ¡¡Basta!! ¡¡Basta Anith maldita sea!! - alzó aún más la voz rompiendo en silencio en aquella noche -. No tienes ningun derecho a tocar esa parte... Ni tu, ni la orden, ni mis hermanos, ni nadie. ¡¡Esa luz es mia, mia!! - gruñó -. No sigas... - amenazó a la sacerdotisa desenvainando las espadas. Pero las manos le temblaban y una de ellas cayó torpemente al suelo. Se agachó a recogerla mientras buscaba a ciegas la máscara entre las pertenencias de su cinto -. ¡¡No sigas, te matare si sigues!!
- La conversación más dura que alguien puede tener, es consigo mismo – aseguró sabiendo muy bien de ello -. Cuando debe entrar en lo más profundo de su alma y aceptar el dolor, la ira, el sentimiento de traición.... aceptar lo que se ha hecho y conocerse realmente.
- Yo no puedo aceptarlo....¡¡No quiero aceptarlo, soy el segador de Kanchelsis y el hijo de Ireth Cantoscuro y ella me ama!! ¡¡ME AMA,ME AMA!!!
- ¿Estais seguro de eso?
- ¡¡Basta!! - bramó una vez más -. ¿Quien te ha traido aqui?¿¡Es por el!? - Adathiel se giró y gritó a la noche, con las armas en las manos -. ¡¡MUESTRATE!!¡¡MUESTRATE HOMBRE OSO, NO TE TENGO MIEDO!!! ¡¡YO SOY SU FAVORITO,ELLA ME ELIGIO Y TU SOLO ERES UN RECUERDO!!!
Una oleada de dolor y tristeza azotó el interior de la sacerdotisa, pero no lo dejó entrever. Se mantuvo quieta, con las manos entrelazadas. No comprendía ni sabía porqué gritaba lo que gritaba, y algo le dijo que no era asunto suyo tampoco.
- No hay nadie aqui Adathiel, ni nadie me ha mandado...
Adanthiel lanzó un rugido de rabia inhumana, soltando un golpe con su arma a la corteza del árbol cercano, furioso, mirando a su alrededor buscando alguien que no estaba.
- ¡¡Callaos todos!! ¡¡Es mentira, es mentira!!¡¡Soy digno!!!
- ¿Con quienes más estais hablando?
- So- so... - el vástago comenzó a reir histéricamente, incapaz de continuar su frase, pero con los ojos inundados en lágrimas de sangre. Anith se acercó a él con tranquilidad, con el bajo del vestido bailando entorno a sus pies. Adathiel alzó la mirada hacia ella, con todos los músculos de su cuerpo tensos. Estiró las espadas hacia ella.
- No.... N-no ¡¡Detente!! Ella me.... Ella me ama... Yo lo se – dijo como un niño pequeño tratando de convencerse de algo -. No le ama a el... Ella me ama a mi, Shamaelthalar es solo un recuerdo...Soy digno, soy digno, soy digno... Digno de sus salones, de su abrazo, de su amor... Soy digno,digno digno digno....

Sin duda, aquello era algo que la sacerdotisa no deseaba saber y, aunque desconocía realmente porqué Adathiel decía aquello, comprobó que habían cosas que nunca cambiaban, siempre se enteraría de ese tipo de cosas por terceros. Pero no era asunto suyo, ni importaba ya.

El vástago envainó las espadas.

- Venga... Hazlo. Ponle fin, hazlo. ¡¡Hazlo!! - pidió mientras Anith se terminaba de acercar hacia él -. Me has... Hecho daño... - dijo con un tono de voz más débil y Anith no pudo hacer otra cosa que sonreir, pues eso es algo que le habían grabado a fuego, no importaba lo que hiciese ni cuánto lo intentase, siempre acabaría dañando y defraudando a aquellos que se acercasen a ella. Anith estiró una mano al rostro de Adathiel, posando la palma sobre su mejilla.

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- Siento que la vida no fuese justa para vos.... y os llevase a caminar estos senderos – repitió en un tono suave -. Pero no vengo buscando derramar vuestra sangre.
Adathiel posó directamente los ojos sobre ella y, durante un breve instante, estos se tornaron azules... mostrando a través de ellos el niño asustado que aún seguía huyendo de sus miedos, para al instante ser devorado por el carmesí de su mirada.
- Porque no me matas... ¿Porque?¿Porque no me destruyes, porque tienes piedad de mi?
- Porque a veces, incluso los monstruos necesitan escuchar un "lo siento".... y sentir que se les comprende. Porque en ocasiones las palabras hacen mucho más que un arma buscando destruir.
- ... Lo que has hecho.... Jamás te lo perdonare, Anith Sella... Jamás

Anith retiró su mano, volviendo a entrelazarla con la otra. El vampiro retomó el control de si mismo, ocultando nuevamente su rostro tras la máscara y la capucha.
- Cuando concluya mi labor, quiero que seas tu quien concluya con mi eternidad.
- ¿ya os cansasteis de ella? - preguntó.
- No... Pero tarde o temprano alguien lo hara
- Si deseais acabar con vuestra existencia, solo puedo prometeros que permaneceré con vos para que veais el amanecer una vez más y que no esteis solo.

El vástago permaneció en silencio unos instantes.
- Sois un autentico angel, Anith... Este mundo os despedazara – aseguró sin saber realmente las veces que el mundo y los suyos la había despedazado a esas alturas -. Pero os prometo que cuando ensamble las piezas... Sereis una hermosa hermana.
- Eso es algo que temo debo rechazar...
- Yo también lo rechacé, pero aquí estoy – respondió -. ¿Pero a vos quién os salvara de vuestra compasion, Anith? - preguntó mirando a la sacerdotisa -. Decidle a vuestros compañeros de armas que habeis salvado el cementerio. No volveré a asaltar a nadie alli – dijo -. Habeis ganado. Porfin, habeis ganado el combate, Anith

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Offtopic :
Fragmento resumido de escena
 

Krystäl

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Llévabamos varias horas caminando por las frias cumbres nevadas, subiendo cada vez más a una de los picos en busca de aquel caramada perdido mientras el frio comenzaba a quemarnos, atenuándose con cada paso que dábamos hacia la cima.

Sehanine me había permitido ver dónde se encontraba el enano, alzado como esqueleto, permaneciendo de pie en mitad de un pentagra a y flanqueado por dos grandes estatuas de manos. Era una misión de recuperación, pues para los enanos como para los elfos, alzar el cuerpo de uno de los tuyos era una aberración que no se podía permitir.

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Pero no fue un viaje fácil, pues el camino estuvo lleno de esqueletos, liches, y gigantes de hueso que lanzaban piedras en cuanto sentian nuestra presencia y aún así, seguiamos adelante, ayudándonos unos a otros, sanándonos, combatiendo para proteger a los demás, hasta que la cima, las esculturas y el enano se abrieron paso ante nuestros ojos.

Cuatro abishais y el camarada alzado en el centro del pentagrama entre las dos esculturas de piedra, eso es lo que Dainn nos había dicho antes de subir el último tramo, y lo que Loreliel nos confirmó. Pero debiamos ser cautos, pues había en juego dos poderes enfrentados; un liche que alzaba no-muertos y un Señor de una de las capa del infierno. Debatimos durante unos minutos si acercarnos o no, hasta que vimos pasar sobre nosotros un gran abishai y una gran explosión de rojo sangre hizo retumbar la cima y el suelo bajo nuestros pies.
- !Maldita sea! !Se nos han adelantado esos abishai! - bramó uno de los enanos.

Pero cuando nos acercamos los demonios estaban muertos alrededor del pentagrama, mientras que el enano permanecía inmovil en el centro. Puede que ese lugar fuese uno de los nodos, pero mi pensamiento era que esos abishai habían muerto por tratar de cruzar el pentagrama y acercarse al enano y, en ese momento, solo habían dos opciones, acercarse y arriesgarse a terminar como los abishai, o deshacer el camino hecho y buscar más ayuda.

No era una decisión fácil para Dainn, quién mandaba en la expedición, y la retirada y buscar más ayuda parecía lo más conveniente a pesar de las ganas de luchar de Thorgrim, pues no tardarían en aparecer más alzados y gigantes no-muertos a nuestras espaldas, y cuanto más permaneciésemos quietos, más peligroso sería para nosotros y más posibilidades tendrían de cercarnos.
- Maese Dainn, dejadme acercarme para copiar ese pentagrama – le pedí -. Creo que esos demonios fueron destruidos porque quisieron adentrarse, pero yo no tengo intención de acercarme y mucho menos entrar – le aseguré -. Pero necesitamos dibujar ese pentagrama para los arcanos, para saber a qué nos enfrentamos. Si se mueve puedo teleportarme rápidamente a otra zona, solo preciso que estéis preparados en caso de que algo ocurra.
- Bien ¡Hazlo rápido! ¡En cuanto se mueva sal de ahi! - dijo el enano señalando hacia el camara alzado.
- No aguantaremos este ritmo mucho más.... - dijo imrik tomando aire tras el último combate con el gigante. Todos estábamos cansados y malheridos, y marchar era una prioriedad. Pero no antes de que yo dibujase ese pentagrama para que pudiesen estudiarlo y decirnos si ese lugar era uno de los nodos que se buscaba.

Me acerqué a un pequeño montículo a varios metros del pentagrama para tener una visión del dibujo sin requerir acercarme a él. Tomé un pergamino y la un carboncillo, pero antes siquiera de poder apoyar el carboncillo en el pergamino, mi cuerpo dejó de responder. Me quedé completamente inmóvil, con el carboncillo en mi diestra mientras a metros más alejados de mi, el grupo estaba alerta ante cualquier movimiento del enano que permanecía en el interior pentagrama, pero ignorando por completo que acaba de entrar en juego una fuerza que no podían ver, y sin poder siquiera avisarles.
- ¿Y si le tiramos un hachazo desde lejos? - sugerió Thorgrim aún con la sangre caliente por la lucha.
- No se ha movido de ahi, nisiquiera cuando la rodeaban 5 abishais. ¿Porque habria de moverse con nosotros¿ - preguntó Loreliel -. Anith dijo que puede que los abishais hayan muerto al tocar el circulo.

Música
Repentinamente unas llamas comenzaron a aparecer de las puntas de la cruz del pentagrama, y las líneas que las unia comenzaron a arder. Un fuerte templor sacudió el círculo alertando al grupo de que algo estaba ocurriendo.
- Brrrr !Ahora que! - bramó Dainn -. ¿Qué coño es eso?
Las llamas mágicas desprendian energía negativa, era algo que podiamos sentir cualquiera, y en medio del mismo apareció un ser esquelético embutido en una túnica negra.
- !Anith! Alejate de ahi! - me gritó Dainn. Pero no me moví.
- Mala cosa mala cosa mala cosa... - murmuó Loreliel.
- ¡Anith! - volvió a gritar Dainn.

Entonces el liche estiró uno de sus dedos huesudos hacía mi y mi cuerpo se acercó a él. No quería, luché en mi interior para ello, pero nada pude hacer para evitarlo, pues alguna fuerza exterior movió mi cuerpo hacia aquella aberración no-muerta. Mi cuerpo cruzó la línea del pentagrama y se detuvo frente a él.

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Thorgrim y Dainn se lanzaron corriendo con toda su furia contra el liche tratando de salvarme, pero una barrera protectora les frenó en seco, golpeándose con esta y cayendo hacia atrás en la nieve. El liche comenzó a reir.
- ¡Suéltala cabrón! - gruñó Thorgrim.
- Solo hace falta un pequeño cebo para atraer a los idiotas de la zona – rió divertido mientras posaba una mano sobre el cráneo del camarada alzado cual mascota -. ¿No es mono?
- ¡Calla huesudo! - gritó furioso thorgrim.
- ¡Sal de ahi escoria! ¡Te voy a aplastar el craneo! - le amenazó Dainn impotente. Irla se acercó para tratar de poner algo de "paz" y que se separasen del pentagrama y del luche.
- ¡Eres un cobarde! - siguió Thorgrim -. como te atreves a profanar ese cuerpo y cotrolar a Anith
- Veo que los enanos teneis el cerebro que describen las leyendas... a ver si seguis asi – entonces comenzó a acumular energía negativa a su alrededor y con ello, la tierra comenzó a sufrir temblores.

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No podía moverme, no podía hacer nada, no podía ayudarles ni decirles que marchasen. Solo podía permanecer mirando a aquel esqueleto moviendo una mandíbula huesuda mientras las palabras salían de aquel craneo, conjurando al tiempo que sus cuencas varias y muertas se posaban en el grupo.

Podía escuchar al grupo a mi izquierda gritando órdenes desesperadas para tratar de sacarme y huir, pero el liche seguía acumulando esa energía negativa a su alrededor hasta que la energía salió disparada en potentes rayos que alcanzó a Irla y Caelach. El sonido de sus cuerpos sin vida desplomándose sobre la nieve llegó hasta a mi.


- (Marcharos, por el seldarine... marcharos) – decía en mi mente impotente, escuchando los gritos del grupo.
- Dainn retiremonos – sugirió thorgrim con un gruñido de frustación -. tenemos heridos.

Himrick miraba la escena con preocupación a medida que el Liche seguía acumulando energía negativa y los temblores se hacian cada vez más fuertes. Ellos sabían que no tenían otra solución que huir de ahí, aunque sé que toda su alma les invitaba a quedarse y derramar hasta la última gota de sangre con tal de salvarme. Pero hubiese sido un sacrificio inútil. Debían proteger al grupo, avisar y sobrevivir para poder combatir otro día a ese mal frente a ellos.


(Marcharos, solo soy una vida... marcharos y salvar al resto)

Rápidamente tomaron los cuerpos, gritando órdenes, colocándolos sobre Eolas que se había convertido en un enorme oso para poder transportarlos. Otro rayo salió disparado e impactó en el enano-no-muerto, el cual se desintegró por completo frente a mis ojos.
- ¡Dain hay que retroceder!, no podemos contra él – gritó himrik -. No pudo la elfa, no podemos el resto, esperemos volver a por ella, ¡Anith volveremos!

Eso era algo que no dudaba, viva o muerta, sabía que regresarían por mi, pero ahora debían salvar su vida.

Entonces comenzaron a caer meteoritos por todo el lugar. Impactando contra la nieve y las rocas, creando cráteres y haciendo saltar decenas de rocas al aire. El grupo esquivó como pudo los meteoritos, sufriendo golpes y quemaduras mientras la barrera me mantenía protegida a mi y al liche, quién disfrutaba con todo el espectáculo hasta que los enanos marcharon, malheridos, impotentes y preocupados.

Las cuencas oscuras del craneo se posaron sobre mi.

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- Tu y yo... tenemos cosas pendientes.. Puede que me sirvas...​
 

Krystäl

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Hacía muchos años que comencé a ver cómo poco a poco los propios elfos empezaron a construir un puente hacia la ciudadela para los amigos de sus grupos, al principio disimuladamente, aunque ahora sin disimulo alguno, usando muchas veces la baza de la "Reina", haciéndole flaco favor a la misma al usarla cual argumento y excusa para poder favorecer a quienes quisieran.

El problema no es que los n'tel'quessir viesen la ciudadela como un premio, sino que varios elfos lo habian convertido en eso mismo.
Y a mi se me obligaba a ver y callar cómo vendian mi cultura y mi gente.
​

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Valrieth no era una elfa a la que conocía, mi primer contacto fue por un cartel que invitaba a todo el que quisiese al Weldath para hablar sobre el Myth Drannor, sobre su auge, su caida... y temí que eso crease más discrepancia entre los propios gentiles, no por aquello que es más conocido, sino por los detalles que solo permanecen para el Pueblo para aprender de ellos, y por ello pedí hablar con ella.

Pero solo requerí dos preguntas para poder ver más allá de lo que ella pensó que me mostraba.


- Bienhallada, sacerdotisa – saludó descendiendo por las escaleras del anfietrato, donde había estado esperando su llegado. La joven elfa tras saludar se puso a mi lado, pero no me miró, realmente en ningún momento se giró hacia mi, sino que quedó mirando al bosque.
- Dulve agua Valrieth ¿qué tal estais? - le pregunté con cortesía.
- Oh, bastante bien. Me han ido mejor adaptandome a estas tierras – respondió con su mirada al bosque y la mano en la barandilla -. ¿Deseabais hablar conmigo?
- Así es, deseaba hablar con vos después de ver vuestros carteles.
- Os escucho entonces – sonrió afable. Pero realmente era yo la que deseaba escucharla a ella, saber qué clase de gentil era pues no dudaba que podía suponer cual era mi preocupación y ella era la única de disiparla. Puede que solo una sencilla charla pudiese calmar mi desazón, pero pasó todo lo contrario.
- Antes desearía escuchar cómo teniais pensado enfocarla, ya que es algo que afecta a nuestra gente – le pedí.
- Bueno, es una historia bastante conocida – respondió -, incluso aparece en los libros de historias de otras razas por la importancia de la Myth Drannor, ¿hum? Pero pretendía presentar algunos relatos que hablasen de lo que aquel imperio significó, cómo se podría apreciar desde fuera y, en parte, el contraste con llo que era. Sobre los lugares y razas que lo componían y las que luego se añadieron. Pero más que relaciones y canciones, mi idea era generar una conversación al respecto, sobre el símbolo que representa y lo que se puede aprender de ello para mejorar lo que somos y hacemos actualmente – y entonces me miró de reojo, sonriéndome -. Si lo que os preocupa es que pueda desvelar algún secreto del pueblo, podéis estar tranquila, no es mi intención ni pretendo apuntar a ello.

Fue extraño, como quien se prepara las respuesta del examen antes del mismo y en cuanto el profesor pregunta, el alumno suelta todo lo aprendido de memoria tratando de evitar cualquier hueco que pudiese requerir una nueva pregunta. Y no me da vergüenza decir que cuando la vi mirarme de reojo, sonriéndome con la actitud de quien quiere demostrar que conoce un secreto, me dijo más de lo que esperaba saber de cómo iba a continuar dicha charla.

- No es mi única preocupación... -le comenté -. Pero por lo que me decis, abarca su renacer y lo que significaba el Myth Drannor en todo su esplendor – traté de centrarme en el tema.

- Principalmente – asintió -. Vengo del bosque de Cormanthor y me gusta traer parte de su legado incluso a estas tierras tan lejanas. ¿Pero cuál es exactamente vuestra preocupación, sacerdotisa? - preguntó.

- Hay preocupaciones que no requieren ser desveladas y esperar si estas son disperas con el calor del amanecer – dije criptica, algo habitual en nuestro clero, muy habitual en las visiones de Sehanine. Aunque pocos tienen en cuenta esta forma de expresarse.

- Entonces no hubiera sido necesario que me acercase a hablar con vos ¿no creeis?

- ¿Conoceis las historias de estas tierras? Ya que venis de Cormanthor – quise saber.

- ¿Os referis al Weldath? Tengo nociones, así es...

- ¿Y cuales son esas nociones?

- Depende de si os referis a la historia del pueblo con los humanos, o a los clanes que conforman el bosque – me dijo -. Las tierras de la intriga son una zona muy rica en historia y enseñanzas, es una de las razonas por las que me aventuré aqui. Bueno, no solo con humanos. También dragones y gigantes -arrugó la nariz levemente.

Algo en mi interior me dijo que lo mejor que podía hacer era dar por finalizada dicha conversación. No sé si era por la actitud en sus respuestas, esa mirada inicial, por el hecho que ni siquiera se giraba hacia mi para conversar o que realmente no sentía que le importase realmente mi opinión a pesar de sus palabras.

- Creo que con lo que me habeis dicho ya habeis respondido a mis dudas etriel Valrieth – dije prefiriendo finalizar.

- Perdonad mi insistencia, pero volveré a preguntaros ¿qué preocupaciones o aprenshiones guardiais? - quiso saber como si inicialmente no hubiese dejado caer "ese secreto que conocía" -. No es la única charla que pretendo dar, mi motivacion para viajar es conocer, aprender e investigar más sobre el pasado para poder ponerlo a discusión en conjunto y hacer un futuro mejor. Es posible que toque historias que involucren al pueblo, sin hablar de aquello que no nos enorgullece, claro está. Así como de otros imperios que se alzaron en estas tierras. Por lo que prefiero que si tenéis algo que decir podamos aclararlo ahora mismo y así tenerlo en cuenta ¿hum?

- Son vuestras charlas, debates y vuestro camino... - dije tratando de mantenerme neutral, aunque llevar a debate las historias del Pueblo no es algo que me agradase escuchar. -. Sois vos quien lo caminais y decidís cómo, con quién y de qué manera. Aquello que deseaba saber y de lo que deseaba asegurarme ya lo habeis hecho.

- ¿Puedo conocer de qué se trata? Es algo incómodo haber sido citada solo para ser... analizada – se frotó la nuca -. Podéis sinceraros conmigo.

- Yo os pregunté y vos me respondisteis... ¿Esperabais algo más? - le pregunté. Aún permanecía mirando al bosque, incluso cuando me preguntaba.

- Conocer vuestra preocupación, la razón por la que me habeis citado – rió despreocupada -. De otra manera, esto parece más una forma de interrogarme que una conversación ¿no creeis?

- Fuisteis muy precisa en las respuestas y detalladas Valrieth... - le recordé -. Es una charla que deseais realizar para abrir debate, no será la única y hareis más incluyendo los imperios de los gentiles para dar a conocer la historia y debatir entre los que asistan ¿Qué más dudas pensais que podría tener?


- Oh, solo quería asegurarme de que no tuvierais mayores preocupaciones. Estoy abierta a recibir vuestro consejo ya que sois más exprimentada y este es un camino que recien comienzo a recorrer.

- Vuestra visión y la mia sobre cómo tratar la historia y a quién enseñarla son muy diferentes Valrieth. Claro que me preocupa vuestras clases y sobretodo si pensais nombrar a algún imperio élfico, pues eso conlleva una época y unas guerras que jamás se habla fuera del pueblo élfico.

- No hablaré de las guerras de la corona – aseguró. Pero yo jamás toqué tales guerras y aún así, nunca pude encontrar historia entre nuestra gente que no fuese para avergonzarse. Pero para ellos el secreto solo era esas guerras -. Si he de tratarlas, será únicamente con el pueblo, pues conozco el peso que trae para los nuestros y que no es algo de lo que se hable con orgullo. Así que podéis estar tranquila en lo que a ello se refiere.

- Vais a hablar de historia de gentiles a n'tel'quessir – le recordé -. Debatir sobre cosas que nuestra gente hizo o no, y se emitirán juicios al respecto. Nombrar los imperios élficos que alguien podria usar para investigar en un principio o usarlo contra nuestra gente, claro que me preocupa – me tomé las manos -. No todos los gentiles lo verán bien ni lo aceptarán. Hay historias conocidas que no hay problema, otras no son ni para contar ni para debatir.

- Los imperios tienen el detalle de ser tan relevantes, que obtener ingormación de ellos no significa dificultad grande. Si alguien quiere aprovecharse de eso lo hará estén o no en mis charlas como parte de su tema. Pero como os dije, mi forma de enfoque es diferente – se excusó -. Es posible que algunos gentiles se molesten, pero si llega a ocurrir, hablaré bien con ellos de esto mismo y explicaré mi visión.

- Pero lo haceis después, no antes... - cuando el daño ya está hecho.

-¿El qué? ¿quereis que no haga mis charlas por temor a que alguien pueda ofenderse? - se rascó la mejilla como sino comprendiese mis palabras o no desease comprenderlas. Y ahí vi que no veía problema en crear discrepancia y malestar en el pueblo, pues su deseo estaba por encima -¿Quereis que pregunte a cada miembro del pueblo si es algo viable?

Ladeé la cabeza sutilmente ante lo que consideré una pregunta que no sabía si era una burla o una falta de empatía. Tomé aire.

- Sois vos quien decidis cómo os dije, cómo hacerlo y a quién – repetí -. Nadie va a negaros dicha libertad. Pero si lo haceis fuera del pueblo entiendo que es porque deseais contársela a n'tel'quessir y abrir a debate con ellos, sacar esta historia fuera de nuestra gente. No la habeis planeado para elfos, sino para realizarla abiertamente a cualquiera que asista en el Weldath[/color ]-lo que suponía un peligro añadido -. Sois de cormanthor, el Myth drannor fue un momento de esplendor, nadie negará eso, pero hay temas e historias que no deben ser relatadas ni discutidas fuera del pueblo, y las batallas de los imperios élficos son una de ellas. Y velaré para que así permanezca Valrieth – aseguré, pues es ámbito de los Olin Gisir velar por aquellos secretos, reliquias o conocimiento que puedan dañar al pueblo -, aunque suene brusco decirlo, necesitaré ver realmente que en vuestras charlas se salvaguarda los secretos de nuestra gente y que nuestros antepasados no son juzgados por otras razas.

- Mi misión es simplemente mostrar la visión de esta humilde servidora y que aquello sirva de aprendizaje – dijo sin dejar de mirar hacia el bosque, sin hablar conmigo de frente -. Esa es vuestra visión, lo cual es aceptable, pero solo enfocaré aquello a lo que ya se tiene acceso.

- ¿y por qué n'tel'quessir? - pregunté a Valrieth -.

- ¿Por qué no? Compartimos con ellos más que con otras razas – sin duda no conocía la relación de nuestra gente con el pueblo Robusto. Nuestra cultura y visión de Faerun tiene mucho más en común que ellos que las raza humana -. El pueblo de la luna siempre se ha caracterizado por abrirse a conocer y darse a conocer con toras culturas. No comprendo realmente vuestra pregunta.

- Porque presiendo que dais más importancia a los no-elfos que a los propios gntiles, y de ahi desear dar esas charlas antes a ellos que a los elfos, de forma que el dia de mañana puedan decir que tanto saben de los elfos – algo que tristemente pasaba muy amenudo -. ¿Perteneceis a algun grupo Valrieth? - quise saber. Pero no me hizo falta su respuesta. Sé a qué grupo pertenecía, al mismo que aquellos humanos que venian un premio la Ciudadela, a los mismos que pensaba hablar de la historia de nuestra gente.

- ¿Y puedo preguntaros porqué esda impresion? - dijo sin haber sido capaz de ver la actitud inicial que mostró y cómo se dedicaba a excusarse sin importar lo que los gentiles pensasen -. Apenas me conoceis, la charla está abierta al pueblo. Pero en esta conversación, si me permitis a mi ser sincera, me habeis interrogado, amenazado ligeramente y ahora me cuestionais sin ni siquiera conocer o ver mi trabajo ¿no os parece un poco duro?

La miré con seriedad ante semejantes afirmaciones, aunque ella no me dirigía mirada alguna.

- No, no os conozco, como vos no me conoceis a mi... - le dejé claro -. Ni os he interrogado etriel Valrieth, ni os he amenazado. Os he preguntado y me pedisteis sinceridad. Siento que os hayais sentido así y os pido disculpas por ello.... si hay algo que soy es muy protectora con los asuntos del pueblo, y puede que me haya excedido en fromas.

La charla no dudaría mucho más desde ese momento. Terminamos de forma cordial, yo otorgándole cierta confianza aunque nada me incitaba a dársela, pero sentí que al menos debía ceder un poco en eso antes de que nuestros caminos se separaron, yo camino a la cascada, ella permaneciendo aún con la mirada en el weldath.

Pero no podéis esperar en esta historia que ella se disculpase por su actitud ni palabras, pues solo aquellos que tratan de proteger al Pueblo élfico y se preocupan por cómo puedan sentirse, son los que deben pedir perdón por defenderlo mientras se nos obliga a ver cómo el pueblo nos vio crecer, la cultura que se nos enseñó a respetar, las tradiciones que se nos enseñó a amar, se venden desde hace años a a amistades sin importarles nada más que eso.​
 

Krystäl

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La pequeña elfa dio un brinco cerrando las manos entorno del sapo que trató de saltar al estanque. Con gesto concentrado y mordiéndose la lengua como si acabase de hacer un gran esfuerzo abrió las manos muy despacio esperando ver su gran captura, y en ese instante, el sapo saltó de las manos a su cara. La pequeña dio un grito y se cayó de culo sobre la hierba húmeda por el rocío de la mañana.

El sapo dio un último brinco y se lanzó al estanque.​
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- ¡Se ha escapado! - se quejó la niña asomándose al estanque. Pero no vio nada más que el ondeante agua cristalina.

- Ha sido más listo que tú – sonrió su padre.

- No le digas eso a su tu hija – le riñó Alÿria dándole un capón -. Yo creo que lo has hecho bien, solo que ese sapo era más grande que tus manos – le dijo mostrándole una amable sonrisa a la pequeña gentil. Su padre resopló y la pequeña le devolvió la sonrisa. Alÿria no era como su madre, ella era una extraordinaria arquera de la casa Aendyr como su padre, de piel tostada, ojos avellana y una larga melena oscura que portaba siempre recogida en una gran trenza y adornada con plumas o pequeñas cuencas de animales de los lagos del bosque. Para la pequeña era como su tía, sí, era su tía Alÿria.

- Yo creo que el problema es esa piel – comentó otro compañero con voz tosca -. Hasta se le podría ver desde esa ciudad humana de mercaderes.

Entonces los tres elfos comenzaron a discutir de "cosas de mayores" como se piensa a tan temprana edad, por lo que la pequeña siguió jugando por el bosque, con los pies descalzos y llenos de tierra, tratando de cazar saltamontes, seguir mariposas o acechar a los pájaros que se posaban en el suelo buscando algo de grano, pero entonces sintió como todo se quedó en silencio a su alrededor.

Música

La pequeña se giró buscando esa protección y tranquilidad de su padre, esperándole ver hablando con sus amigos con tranquilidad, pero éste estaba con los músculos tensos y la mirada alerta, como sus dos compañeros, lo que provocó una oleada de miedo.

Su padre se acercó rápido y sigiloso. Se acunclilló frente a ella y le miró a los ojos.

- Escúchame aténtamente y haz lo que te diga - susurró a su hija. Ella asintió asustada -. Quiero que te escondas en aquel hueco del árbol, tal como te enseñé y que no te muevas de ahí hasta que yo vaya a buscarte. ¿Entendido?

- Sí papá – dijo con un tono infantil. Entonces se acercó al hueco del árbol, gateó para adentrarse entre sus raices y se abrazó a si misma. Valandil no se movió hasta que comprobó que se había escondido y trató de sonreir para infundirle fuerzas.

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- No tardaré – le aseguró antes de desaparecer.

La niña miró a su alrededor. Dentro del hueco hacía más frio y humedad que en el exterior, y podía sentir la corteza raspándole los brazos, pero ella permaneció ahí quieta, intentando controlar las lágrimas. De vez en cuando sorbió los mocos y se los limpió con el brazo. Los segundos le parecieron minutos, y los minutos horas... hasta que finalmente escuchó unos pasos sobre las hojas del bosque acercándose. La elfa sintió cómo su corazón se calmaba y se movió para salir y buscar la protección en los brazos de su padre, pero entonces escuchó algo que no comprendió... Era una lengua extraña, algo tosca, varias voces ¿risas?

La elfa se quedó congelada y se echó todo lo que pudo atrás mientras su corazón se desvocaba y las lágrimas brotaban de sus ojos. Quería volver a casa, quería irse con su madre o que su padre viniese.
Vio un pie remover cerca de ella y entonces se detuvo, más palabras incomprensibles y un rostro que se asomaba por el hueco. La elfa comenzó a sollozar. El rostro desapareció un momento... palabras, más palabras que ella no entendía pero el tono parecía alguna pregunta, quizás, no podía estar segura. Entonces esa persona se agachó nuevamente e introdujo el brazo cogiéndola de la pierna para sacarla. La elfa comenzó a llorar y a dar patadas aterrada, pero no tanto como los ojos de aquella persona cuando la sacó y vio a la pequeña elfa.

El joven, apenas un muchacho que no debía ni llegar a la mayoría de edad, de cabello corto y negro, ojos grandes y aspecto algo descuidado la soltó de immediato y le dijo unas palabras que ella no entendió. Con él iba otro hombre más mayor y con pelo canoso en la parte baja del rostro que pronto comenzó a hablar rápidamente al más joven, mirando a su alrededor con el mismo terror que la pequeña sentía. Era como si de pronto se diesen cuenta que acababan de molestar a la cría de una manada de lobos.

...y entonces ocurrió...​

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- ¡Abajo! - escuchó gritar a su padre. La niña obedeció. Se cubrió las orejas y cerró los ojos agachándose. Entonces una flecha silbó cortando el viento. Sonó un fuerte golpe y algo pesado desplomarse. Nuevamente otra flecha silbó y otro sonido de algo desplomándose, aunque éste trajo consigo sonidos quejumbrosos.

- Ya está Anith ya está - Alÿria la tomó entre sus brazos y la volteó para asegurarse que no viese nada mientras le acariciaba el cabello, aunque la niña solo hacía que llorar, buscando esa seguridad entre los brazos de quienes conocía.

- ¿y qué hacemos con estos? - preguntó el compañero de su padre con un tono claramente de asqueo. Se acercó al hombre mayor y con un corte limpió se aseguró que los quejidos desapareciesen.
- Echad sus cuerpos al primer barranco y demos aviso – sugerió mi padre -. Si estos han llegado hasta aquí otros lo harán.

Aún faltaría más de cincuenta años antes de que la Reina Zaranda naciese y otras tantas décadas hasta llegase al trono y consiguiese esa tensa relación, pero mientras tanto, las heridas de 300 años de masacre seguían muy vivas y presentes en todo tel'quessir.​
 

Krystäl

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Cada año sobre la misma época ella regresaba y Marianne, la aldeana que cada día se levantaba con el primer canto del gallo, ordeñaba la pequeña cabra del establo y ponía a hervir la leche para cuando sus dos hijos se levantaban, Timothy y Anne, lo sabía.

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Recordaba la primera vez que la vio hará unos diez años, cuando Timothy tenia cuatro años y la pequeña Anne aún permanecía en su interior, dando patadas nerviosas. Su marido había marchado a la guerra contra los Muranitas del cuello dragón como otros hombres y ella había quedado sola en la casa cuidando de la cosecha. Su marido le enviaba una carta cada pocas dekhanas para que supiese que estaba bien, hasta que casi al final de la guerra, en el momento en que más se recrudeció, dejó de recibirlas... y según pasaba las dekhanas sin saber nada se iba poniendo cada vez más nerviosa.


- Mamá ¿cuándo regresará papá? - preguntaba el pequeño Timothy, o Timmy, como su madre le llamaba cariñosamente.
- Papá regresará lo antes posible, cuando derrote a todas esas bestias malas – le decía con una sonrisa en un rostro ennegrecido por el hollín mientras trataba de calmar a la pequeña de su interior posando la mano sobre el vientre.


Fue una noche en que la vio por primera, cuando miró a través del ventanal. En esa ocasión pensó que era un espectro que salía del bosque, moviéndose con un halo blanquecino a través de la cosecha hacia la casa mientras una enorme mole de tierra le seguía.
Marianne mandó a su hijo al dormitorio y ella cogió la escoba para defender a su familia. Ese ser espectral se acercó hasta la casa y entonces... llamó a la puerta. Marianne recordaba sentir su corazón latir con fuerza, con tal estado de nervios que la pequeña de su interior se comenzó a mover nerviosa. Nuevamente tocarón a la puerta, pero esta vez sonó la voz de una mujer.


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- ¿Hay alguien?
Con una mezcla de sorpresa y desconfianza entreabrió la puerta para ver quién estaba tocando. No era ningún ser espectral, sino una elfa tan blanca que le había parecido un fantasma en la noche. Era la primera vez que veía a una elfa aunque había escuchado centenares de historias sobre los elfos del weldath, y en ese momento sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas. ¿Por qué iba a ir un elfo a su casa sino era por...?
- No... - murmuró como si la elfa fuese un mensajero de Kelemvor -. No... no... no....nonono.... - comenzó a murmurar mientras las lágrimas escapaban de sus ojos. La elfa la miró con una profunda tristeza y descendió la mirada.
- Lo siento dama...

Marianne apenas recuerda algo tras ese momento, solo fogonazos y fragmentos. La elfa permaneció en la casa con ella hasta que recuperó las fuerzas, cuidando del pequeño, velando por las cosechas... Solo eran fragmentos, pero la recordaba sentada junto a ella en la cama, pasando la mano por su cabello mientras ella sollozaba abrazada a la almohada.

Su marido fue enterrado en la parte de atrás de la casa, y desde ese día, cada año se pasaba por el aniversario de la muerte de su marido, preocupándose por el bienestar de ella y sus hijos y ayudándoles cuando lo requerían. La cabra la trajo la elfa tras el nacimiento de su hija y le enseñó a hacer queso para sus hijos, y hará un par de años trajo unas semillas de manzano y las plantaron cerca de la casa.

Así que no resultó extraño cuando un año más la elfa fue a visitarles, y como cada año, Marianne le invitaba a coger algo mientras le contaba todo lo que había hecho, todo lo que sus hijos habian aprendido, y ella escuchaba en silencio.

- Aunque este año la cosecha no ha ido tan bien – le dijo mientras servía a la elfa un cuenco de sopa de verduras -. El Lord no para de exigirnos la paga, ya sea en oro o trigo, pero de dárselo no tendremos para poder pasar el invierno, así que iremos la próxima dekhana a vender los quesos y el pan al mercado a ver si conseguimos algo con que contentarle, espero que lo entienda.
- Debería entenderlo – dijo la elfa olfateando el cuenco de comida.

Entonces alguien tocó de forma brusca la puerta, con tanta fuerza que Timmy y Anne salieron para saber qué ocurría.
- Ir a dormir, no será nada – les dijo su madre con una sonrisa tranquilizadora. La elfa por su parte se levantó y se alejó de la puerta, pues conocía lo que su presencia podía ocasionar. Marianne abrió la puerta y en su rostro se reflejó cierta sorpresa.

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-Lord, no... no os esperaba, es tarde ¿qué haceis aquí? - dijo Marianne, y con un gesto disculpándose salió afuera para hablar con él.
- vengo a por lo que me debes Marianne – dijo el Lord a la mujer. Era un hombre no muy alto pero de constitución fuerte, vestido con ropas ricas y un soldado que imponía mucho más que él, con una espada en el cinto y un peto de hierro con el símbolo de la casa marcado a fuego.
- Yo... ya sabeis que hemos tenido una mala cosecha Lord, pero en unas dekhanas iremos al mercado a vender el pan y el queso, así que podremos darle lo que ganamos.
- Sabes que eso no será suficiente – alzó el mentón.
- Sí, lo sé, pero os pagaré en cuanto tenga el dinero, pero no puedo daros todo el trigo de la cosecha my Lord, mis hijos no tendrian para comer este invierno.
- Ese no es mi problema Marianne – le respondió -. aunque siempre podemos redenegociar las condiciones del alquiler de los terrenos... - el tono que usó y su mirada hizo que la mujer se tensase, y su hijo, quien andaba espiando a través de la puerta, ya un adolescente de sangre caliente y más emocional que racional saliese en defensa de su madre.
- ¡No se os ocurra hacerle nada a mi madre! - le gritó. Marianne trató de detener a su hijo, pero el soldado que iba con el Lord se adelantó y le arremetió un golpe tirándole al suelo.
-¡Dejadle en paz! - bramó Marianne defendiendo a su hijo.
- Vais a asustar a la pequeña – la voz surgió de la puerta de la casa, perteneciente a la elfa, cubierta con una capa oscura con capucha.
- ¿Y tú quién eres? Esto no es asunto tuyo.

La elfa caminó hacia el Lord, posó su mirad aun instante en el muchacho en el suelo junto a su madre y se detuvo frente al noble. Entonces llevó las manos a su capucha y se la retiró, mostrando los rasgos claramente élficos. Los ojos verdes de la elfa se clavaron en el noble.

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- En eso os equivocais my Lord... - dijo -. Esta familia está bajo mi protección, así que lo que les pase a ellos, me incumbe, por lo que en este momento vos sois de mi incumbencia.
El noble tardó unos momentos en reaccionar y la elfa sabía perfectamente porqué.
- Esa mujer me debe el dinero del arrendamiento de mis tierras – dijo tratando de mostrar una altivez que estaba muy lejos de impresionar a la elfa.
- Y ella os dijo que la cosecha fue mala este año y os pagará lo que pueda para poder pasar el invierno. No os dijo que no os fuese a pagar, sino que esperaseis... Creo que es algo que bien podriais hacer ¿No creeis señor?
- ¿Y por qué debería esperar? Estoy en mi derecho y la ley me ampara.

La elfa sonrió ladina.
- Porque si vos olvidais esta pequeña deuda hasta que la cosecha mejore, yo podría olvidar por el momento que vuestra nobleza se dedicó a cazar a mi pueblo como si fuesemos animales – el noble se quedó tan blanco como ella -. Ya sabeis que mi gente no olvida fácilmente, menos las trasgresiones de ese índole, pero podría hacer una excepción si la dejais pasar, porque como os he dicho, esta familia está bajo mi protección, pero si insistis... ¿conoceis la historia de Dinos Akhmelere? Mi padre me la contaba cuando era pequeña, en primera persona además...
El noble se movió más incómodo. La elfa sabía que los habitantes de Tezhyr y sobretodo los nobles tenian muy presente lo acontecido con los elfos y la sangre derramada por sus cacerias, y sin duda los rumores y cuentos posteriores habrían acrecentado el miedo y creado sombras más grandes de lo que seguramente ella sabía, pero sin duda el noble tenía presente.
- Bien, seré benevolente por esta vez, ¡pero me deberá pagar todo en cuanto la cosecha mejore!
- Sois muy amable mi Lord – dijo la elfa con un cabeceo.

El Lord y el soldado marcharon más rápido de lo que habian llegado y Marianne abrazó a la elfa agradecida.

No sabía ni comprendía porqué aquella elfa llegó por primera vez a su hogar salvo para entregar el cuerpo de su marido para ser enterrado cuando los soldados de tezhyr eran lo encargados, menos aún porqué cada año regresaba para asegurarse que se encontraban bien, pero era agradable saber que tenian una especie de ángel guardian que velaba por ellos.
 

Krystäl

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Adalon se levantó levemente abriendo un ojo, después el otro. La joven Ferja estaba nerviosa pero Anith confiaba que todo saldría bien. Desconocía qué había podido hacer los elfos años atrás para enfurecerla, pero los enanos no tenían porqué pagar por los errores de los elfos y Anith sentía que debía hacer lo posible para poder ayudarles ya que ellos estuvieron ahí para ella.

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La última vez que la sacerdotisa había visto a la dragona ella le pidió que le cantase las canciones de la luna, ese era el recuerdo que tenía de ella, escuchando con tranquilidad y agradecimiento la canción.

Anith se inclinó de forma respetuosa hacia Adalon, saludándole de forma cortés, pero no tardó en darse cuenta que el último recuerdo que tenía de ella, de esa dragona que respetaba quedaría hecho trizas ese mismo día, en cuanto la vio alzarse mirándolas con desdén, tomando una roca entre sus garras.

- Dulce agua Adalon ¿Me recordáis?
- Bien hallada dama Anith y....vuestra acompañante – respondió Adalon mirando a la enana que se bajó la cabeza -. Un dragón nunca olvida, menos uno como la guardiana de plata – añadió haciendo estallar la roca que tenía entre sus garras hasta convertirlo en polvo.

Había algo que no terminaba de encajar, pero Anith continuó tratando de ignorar ese fatal presentimiento que comenzaba a cernirse en su corazón. Debía guardar la esperanza que todo saldría bien.
- Ella es la dama Ferja del Pueblo Robusto de Khazad – presentó a la enana haciendo un ademán para que se acercase a Adalon y nada temiese de ella. La joven robusta se acercó y la dragona le examinó minuciosamente
- Un corazón noble late...
- Vengo en posición de acompañante de Dama Anith y como acto de presencia de mi pueblo. Es todo un honor estar frente a usted – se presentó.
- Y decidme ¿dónde está lo que os demandé? - preguntó repentinamente -. Quiero ver el corazón de mi enemigo, porque habéis venido a cumplir vuestra palabra ¿verdad?

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¿Palabra? La historia del enfado de Adalon era algo que Anith conocía de forma escueta, un grupo bajó y ella acabó enfurecida años atrás. Exigía el corazón de un dragón verde y no volver a ver pasar a nadie en sus dominios bajo amenaza de muerte. Nunca supo los motivos por el que bajó el grupo ni porqué, y sabía que Etharion y otros marcharon hacia más de un año a cazar el dragón verde porque se lo comentó una de las noches en que ella estaba vigilando el cementerio durante la cruzada. Pero nada más sabía, ni siquiera que había una palabra dada pues no pertenecía a Suldanessalar y no sabía de los elfos desde hace más de dos años. ¿Pero por qué iban a decirle nada a ella cuando ni siquiera se preocuparon por su marcha? Pero tras tanto tiempo deberían haberle cazado a ese dragon, pues Etharion había regresado.

Anith se adelantó para hacer que la enana se sintiese más protegida.
- De eso deseaba hablaros, pues me comentaron hace tiempo de un grupo que vino a visitaros y vuestras demandas.
- ¿Y os hablaron de todas?
- Como recordareis guardiana de Plata, yo no estaba con aquel grupo que bajó, pero sé del dragón verde y de los años exigidos, y deseaba hablar con vos, si tenéis a bien...
Adalon avanzó hacia nosotras frunciendo el ceño. La tierra tembló bajo sus pasos.
- Ah... sí, esas fueron mis...¡PALABRAS! - rugió.
Ferja bajó aún más la mirada sin atreverse a mirar los ojos a la dragona, pero Anith trató de mantener la compostura, mientras aquella sombra se hacía más y más profunda. Sabía perfectamente cómo iba a acabar todo aquello y que nada iba a importar, pero debía intentarlo, debía aferrarse a esa esperanza.
- ¿Y osáis acudir ante mi presencia sin el trofeo incumpliendo la palabra dada? - siseó. Lo de la palabra dada era nuevo para ella, pero eso era algo que dudaba fuese a importar.
- Quiero comprender porqué – dijo -. Sé que vuestro corazón es noble, igual que sé que está roto.
- No habéis comprendido nada... En vuestro favor también en mi infinita sabiduría, subestimé la degradación de vuestros valores – Anith frunció el ceño ante tales palabras -. He dejado que mis sentimientos nublaran mis actos dejando que me tomarais como una estúpida criatura, un perro guardián al que tirar un hueso de vez en cuando – la sacerdotisa no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, no podría creer que tales palabras saliesen de Adalon -. Os he de estar agradecida y por eso no desataré mi ira contra vos, antigua aliada por retirar el velo de mis ojos demostrando que no hay sentido en mantener un trato con nu pueblo que no tiene palabra. ¡Ni siquiera cuatro míseros inviernos! - gritó.
Adalón no sabía o seguramente no le importaba cómo cada palabra de esa frase le acababa de desgarrar el corazón y el alma. Esa no podía ser Adalon, se negaba a pensar que la guardiana de plata se podía comportar de esa forma.
- ¿Me permitís hablar?
- Hablad porque será la última vez que podréis hacerlo y escoged bien vuestras palabras.
- No sé qué habrá hecho mi gente o yo misma para ofenderos como decís estar... y siento enormemente que penséis que se os ha tratado mal, pero sé que las pocas veces que os he visto que tenéis un alma noble, que buscáis la bondad y no toleráis la maldad en las almas – dijo -. Sabéis que los dragones verdes son enemigos de los gentiles, si os causan problemas bien sabéis que lucharemos, no era preciso mandar a gentiles a buscar vuestro enemigo como un castigo por sus actos – tras ello miró a Ferja -. Nosotros teníamos un trato con el pueblo Robusto para bajar a las minas, ellos desean además proteger la zona para que de esa forma vos y vuestras crias estuvieseis más protegidas porque sois la guardiana, impedís que los seres de la inraoscuridad derramen sangre y no tenéis que hacerlo sola – Adalon la escuchaba con paciencia pero con gesto adusto, mientras se erguía aún más -. No dejéis a los gentiles bajar, castigarme a mi por romper lo que otros prometieron, pero permitid que los enanos pasen libremente...

Ferja asintió reafirmando lo que acababa de decir, y Adalon le pidió que se acercase.
- ¿Vos conocíais el trato que nos ata a nos con el pueblo gentil?
- Conozco la existencia de este y el requisito de la muerte del dragón verde. No conozco todos los detalles porque no pertenezco a su pueblo.
- Y decidme, si un enano da su palabra la cumple siempre ¿verdad? - preguntó mirándo de reojo a la sacerdotisa, una mirada que nada agradó a Anith, pero aún así, se mantuvo callada.
- Honor, deber y lealtad es el lema de mi pueblo. Siempre que haya una posibilidad, será.
- Entonces nada debéis temer de mi persona, pero vigilad de otros que dicen tener palabra y la quebrantan sin remordimiento. Ahora podéis ir donde os plazca en estos túneles porque ya no estaré más para protegerlos.

Música

Anith sintió en ese preciso momento como toda la sangre de su cuerpo se baja hasta el suelo y el corazón se detenía.
- ¿Cómo decís? ¿marcháis?
- ¡Cómo! - gritó Ferja al tiempo echándose para atrás antes de cubrirse la boca.
- Esta ha sido la última gota que ha colmado la copa de veneno – dijo mordaz -. No me dignaré a cumplir mi parte del trato que no habéis sabido cumplir, vuestros actos hablan por sí solos. Ni cuatro años y un día habéis podido esperar...
- Esperad... - Anith se adelantó hacia Adalon. Toda esperanza, todo lo que pensó que podría recuperar tras tanto tiemp sola se destruyó en ese momento. Matadme – le pidió entonces.

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- Matadme – repitió como las lágrimas se agolpaban en sus ojos y su corazón sencillamente se quebraba -. Si tanto os ha ofendido mi presencia, matadme como pago por mi ofensa, pero no culpéis a los elfos por mis actos.
Ferja comenzó a llorar, mirando la situación que se sucedía delante de ella.
- No os lo merecéis – respondió Adalon. Pero toda palabra dicha, todo juicio emitido, mostraba lo contrario. Pero para Anith, ella no quería matarla, lo que deseaba era verla sufrir, y ni siquiera pensaba que fuese capaz de ver o le importase lo más mínimo si eso la mataba en el proceso. ¿pero porqué debía importarle? Sin honor, sin palabra, como una copa envenenada... porqué debía importarle...
- Acabáis de hacerlo... aunque no queráis verlo, acabáis de matarme en vida.
- Vuestro castigo será llevar mi mensaje a vuestro pueblo.
- No tengo pueblo – respondió dolorosamente a la dragona, pues así era y tras esto jamás volvería a tenerlo -. Matadme.
- No, no pienso mancillar mis garras con sangre pura – dijo.
- Ya lo habéis hecho... - murmuró con un hilo de voz comprendiendo que no había nada que hacer, en un leve estado shock, dejando que las lágrimas escapasen de sus mejillas ya incapaz de seguir luchando, con toda esperanza destruida -. Debo.... devolveros a vuestro pueblo dama Ferja... - pues esa sí era una promesa que ella había hecho, devolverla sana y salva a su clan.
- Anith, espera – le pidió la enana, y entonces se adelantó a la dragona, quizás buscando un resquicio de compasión o bondad en una dragona que Anith no podía reconocer -. Sé que conoceis a mi pueblo, probablemente lo conozcáis casi todo en el mundo... y yo... ni siquiera llego a ser un enano adulto. Pero no podemos hacernos cargo de defendernos del todo de la Infraoscuridad, mi pueblo la necesita. Hemos luchado contra la infraoscuridad, cuidado que nada que no sea del exterior salga a dañarlo, reconocemos su lucha.
- Dejadlo Ferja... - le pidió la sacerdotisa. Adalon caminaba de un sitio a otro ignorando a la enana por completo.
- Quizás el pueblo gentil no haya entendido bien el porqué de su petición y en su integridad no la hayan llevado a cabo... - las lágrimas brotaron con más fuerza de los ojos de la enana -. Pero nadie necesita esta lección, no es una lección... es un castigo.

Anith se acercó a Ferja, colocando su diestra sobre su hombro. Ella solo podía sentir el vacío en su interior, la esperanza perdida, el futuro que durante un pequeño momento pensó podría recuperar y quedó destruido como la roca entre las garras de la dragona, convertida en polvo.
- No dejéis que la pena inunde vuestro corazón, pues nada habéis hecho mal... Dejadme a mi eso – susurró. Ferja se giró y la abrazó entre lágrimas.
- Lo siento Anith, lo siento.
Adalón bufó exasperada.
- Vos no tenéis nada que sentir Ferja... Vuestro Pueblo tiene suerte de teneros – acarició el cabello de la enana tratando de calmarla. La sacerdotisa ya había dejado de llorar y solo habia un surco en sus mejillas muestra de la esperanza perdida.
- Sí, ahora debo contarle a mi pueblo que... nos prepararemos para defender esta caverna también. Siento no poder haber hecho nada...
- Descuidad, los Dioses parece que desean que... muera.... Sin duda se afanan en ello – apartó la mirada, ya incapaz de dirigirla a la dragona. Realmente nunca podría volver a mirarla -. Salgamos, os dejaré en vuestro hogar con los vuestros.
- Tu muerte no va a arreglar nada.
- He sido usada por los míos, por humanos, por Dioses, menospreciada por el consejo, engañada por mi reina... No tengo Pueblo y ahora esto...

​
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...Por guardar esperanza...


Años habian pasado desde aquel fatídico dia que siguieron noches oscuras que apenas recuerda y meses velando por la puerta sola, enfrentándose a los seres de la infraoscuridad, y Anith, además de aquellas palabras que acabaron con la llama que brotaba en su pecho, solo podría pensar...

- Ni siquiera pestalleó... - murmuró Anith mirando el Pueblo de Suldanessalar desde lo alto de la cascada. Ni siquiera pestañeó mientras destruía una vida. Llevaba consigo un castigo cuyo objetivo era hacerla regresar al Pueblo y volver a establecer los lazos que antaño se rompieron, pero lo que nadie sabía es que ese día había perdido mucho más de lo que jamás podría recuperar, la esperanza de restaurar la confianza perdida, de restablecer los lazos perdidos... De renacer... Ahora nunca podría volver a mirar a Adalon como lo hacía antaño y ni siquiera deseaba volver a verla, nunca podría olvidar sus palabras, sus palabras, la frialdad mostrada… cómo la breve esperanza de sentir algo más que dolor desapareció en ese preciso momento...

El vacío dejado por la esperanza nunca podría volver a ser rellenado, pues ese día la habían asesinado en vida después de otras tantas heridas inflingidas y ya no le quedaban más lágrimas para derramar.
 

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Algunos dicen que no se te puede corromper, pero yo no lo creo, todo puede ser corrompido.​

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Permanecía de pie en mitad del valle, con las hierba húmeda refrescándome los pies desnudos. La brisa acariciaba mi cabello mientras mis ojos contemplaba el manto estrellado sobre mi, tintineares y silenciosas. El bajo del vestido se arremolinaba en mis tobillos y el aroma de los primeros brotes de la primavera llegaban hasta mi, junto al sonido del arrullo del rio.

Estiré la mano hacia el cielo, acariciando las estrellas en la lejanía, escuchando esas canciones cantadas de vidas pasadas, las historias de los amantes, los deseos susurrados y protegidos por el manto de la luz de la luna.

Todo era quietud en ese lugar hasta que alguien pronunciaba mi nombre y volvía abría los ojos, dejando que la realidad se hiciese presente una vez más frente a mis ojos.

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La piedra de las almas permanecía frente a la puerta de la reja tras las últimas amenazas del sacerdote para que me salvase a cambio de renunciar a mi Diosa, pero todo ello solo me demostró que nada sabían de mi y mucho menos de la relación que tenía con mi Seldarine. Nunca podrían hacerme dudar de Ella, nunca de Ella.

“Ella no me ha abandonado ni lo hará, ni yo la traicionaré”​

Sin duda aquella no era una realidad agradable y bien sabía que ni siquiera tenía poder sobre mi destino, pero aún tenía suficiente voluntad para liberarme de su prisión y volver a caminar por los valles y bañarme en lagos cristalinos junto a las náyades sin que ellos pudiesen evitarlo. Solo necesitaba un pequeño gesto para escuchar nuevamente esa canción...y sentir la brisa del exterior.

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...¿Acaso no escucháis esa canción? Yo puedo escucharla nítidamente...​
 

Krystäl

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Recordad las enseñanzas de vuestro pueblo, mostradles el valor de vuestra gente.... sois un miembro del pueblo robusto, pertenecéis a algo más grande, a un pueblo que ellos jamás comprenderán… ​

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Había perdido la cuenta del tiempo que llevaba ahí encerrada, pero el suficiente para que los grilletes le hubiesen abrasado las muñecas por el roce y la falta de alimento y agua le hiciesen sentir cansada. Pero según opinaba algunos, sino obraba para el bien de la Corte bien debería permanecer en las peores condiciones posibles, aunque otros consideraban que matarla de hambre solo haría enfadar a la Corte, pues la necesitaban con vida, al menos por el momento.

Nocturnal permanecía en uno de los extremos de la celda, fuera. Sus manos sujetaban con firmeza un báculo acabado en un cráneo mientras su mirada no se apartaba de la sacerdotisa. Fue en ese lugar donde Anith la conoció, una mujer que estaba enferma por los deseos de poder, exigiéndole los conocimientos de la Alta magia élfica de la creación de los mythales, de los cementerios de los antiguos imperios… Después los suyos se preguntaban que porqué Anith era tan reacia de compartir ciertos saberes.

- Adathiel, se te da bien la labia... - dijo la Nigromante -. A decir verdad ¿A cuantos vampiros se les debe dar mal? El libertino os doto de grandes dotes sociales – rió -. ¿Podrías convencerla de abandonar y renegar al seldarine y la deidad que procesa fe?

El vampiro se aproximó a las celdas de la cautiva.
- ¿Podríais vos convencerme de que yo abandone a Kanchelsis? No. Hay que ofrecerle algo a cambio de algo…

- Y eso he hecho ¡El débil Seldarine lumínico por el poderoso Seldarine oscuro! - respondió la Nigromante como si no viese ninguna falla en semejante argumento -. ¿Acaso no te gustaría una Anith sacerdotisa de Kiaransalee? Solo imaginate cuantas Drows podría... Traer a su misa.
La sacerdotisa dirigió una débil mirada a la mujer. No llegaba a entender qué clase de gente de fé habían tenido en ese lugar para pensar que un sacerdote es capaz de renegar y traicionar a su Dios ofreciéndole a su enemigo natural. Tampoco estaba segura de desear saberlo.

- Eso jamas lo hará... - dijo con impaciencia otra figura, un sacerdote con una túnica oscura, una exótica figura que antes de recibir los continuos rechazos por parte de los sacerdotisa, trató de mostrarse diplomático y solemne, pero ahora se mostraba tal como era en realidad, como una criatura odiosa insidiosa... maldita al fin y al cabo -. Hacedla escribir el conjuro de umbral en este pergamino... y después traedla todo el oro y los mayores tesoros que poseamos.

- ¿Os solicitan un conjuro de Umbral, dama Anith? - preguntó el vampiro junto a las celdas.

La sacerdotisa alzó la mirada hacia Adanthiel. Tenía las muñecas doloridas pos los grilletes que le mantenían cerca de la pared y estaba algo agotada de tener que repetir lo que para ella era tan obvio.

- Mis dones no me pertenecen, pertenecen a mi Seldarine para que pueda obrar según sus enseñanzas, y no permitiré que éstos sean usados por no-muertos para sus oscuros propósitos.

Adanthiel asintió complacido, o quizás sabiendo ya de antemano cuál iba a ser su respuesta. Entonces se giró alzando la voz a los guardias de la puerta.

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- ¡Traedme lo que os había solicitado! ¡Traedme a la chica! ¡O al chico, traedme lo que sea! - inquirió con cierta impaciencia.

La figura menuda de un enano no tardó de aparecer junto a dos guardias en fundados en sus armaduras negras, con unas espadas de un rojo intenso en su filo. El enano no levantó la vista, andando despacio junto a sus captores, con una barba blanca y sucia y un cabello canoso.
La guardia lo dejó junto a Adanthiel y éste colocó una de sus insidiosas manos en el hombro del enano en un gesto de total dominación hacia el enano. Los ojos de la sacerdotisa se abrieron, intuyendo lo que planeaba y se levantó de la fría piedra, apoyándose en la pared para poder mantenerse de pie.

- Dile a la dama Anith como te llamas – le pidió al enano.

- Dunan, señor – el enano portaba aún sus ropajes del exterior, aunque ya sucias y rotas, y por su actitud debía estar ahí desde hacía bastante tiempo.
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- Dunan...¿Tienes hijos?¿Familia? - pregunto a Adanthiel. Anith escuchó el repiqueteo de los dedos de la Nigromante sobre su bastón, quien comenzaba a disfrutar del espectáculo.

- Si... Dos hijos.

- Dunan, esa mujer de ahí es la dama Anith Sella. Decidle que no queréis morir – le dijo cual serpiente viperina a su oído.

El enano posó su vidriosa mirada en la sacerdotisa y el corazón de la elfa se encogió.

- Señora Anith, no me deje morir por favor – le rogó. La sacerdotisa sintió una oleada de rabia dentro de su ser. Apretó los puños y lanzó una mirada severa hacia Adathiel maldiciéndole.

- ¡Sí quereis pelear con alguien hacedlo conmigo maldito!

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- Ahhh siii...¡¡Ese fuego es el que quería ver!! Mirad que fuego... Casi me encantaría arder en ella – Adanthiel apretó su garra en el hombro del enano de forma que sus dedos se hundieron superficialmente en la piel del maese, impidiendo que este se alejase de él.

- Por favor… - rogó el enano, arrodillándose -. Por favor

- Si, por favor.... - dijo en cierto tono burlón el vampiro.

- Y qué haréis… - la sacerdotisa trató de controlar las emociones que la inundaban, la lucha, la duda, la impotencia -. ¿Traerme a todo esclavo que tengáis cuando me niegue a cualquiera de vuestras peticiones?

Ninguno respondió a la pregunta, aunque tampoco hacía falta. Quebrado había dominado la mente del enano, haciendole hablar, contándole sobre sus hijos, sobre su aldea...

- Sabed, Dunan, que sera voluntad de la Dama que caminéis eternamente como esclavo en estos sacrosantos muros y nunca contempléis las barbas de Moradin.... ese mismo destino tendrán los tuyos, aquellos que amáis - dijo el sacerdote.

- Vamos, Anith... Soy el vástago de mayor rango aquí...- dijo Adathiel acercándose -. Y el hijo de la reina. Lo liberare. Seguramente me caiga alguna bronca de la guardia pero... El pergamino será suficiente

- No confío en vos… - las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de la elfa, observando al enano mientras Quebrado penetraba en su mente, haciéndole hablar, haciendo que hablase de sus hijos, de su aldea, hablándole al tiempo de lo valioso que sería para él poder volver a verlos y abrazarlos -. Cuántos esclavos tenéis aquí...

- Demasiados... - respondió el vampiro -. ¿Sabéis que es lo bueno de los esclavos? ... Trabajan a oscuras... No necesitan ojos... Se los quitaré.
- ¡Dejad de urgar en su mente! - soltó repentinamente la elfa al Quebrado.

- ¿Entonces dama Anith, tenemos un trato?¿Nos daréis ese pergamino? - preguntó Adathiel.

- ¿O tendre que Necrofalitzarlo? - preguntó ansiosa la Nigromante.

La sacerdotisa miró al enano, con las lágrimas resbalando por sus mejillas y el corazón sobrecogido en su pecho.

- Respeto a vuestro pueblo, no sabéis cómo.... - y lo que iba a decir después, iba a causarle más dolor de lo que ella esperaba -. Pero sabéis maese, que no puedo ceder ante ellos.…- se le hizo un nudo en la garganta -. Recordad las enseñanzas de vuestro pueblo, mostradles el valor de vuestra gente.... sois un miembro del pueblo robusto, pertenecéis a algo más grande, a un pueblo que ellos jamás comprenderán… - dijo tratando de infundirle el valor de aquel Pueblo que estuvo con ella tiempo atrás, del valor que Himrick le había mostrado poseían los enanos.

- El...Pueblo...robusto – murmuró el enano.

- ¡¡Me... Ofendes!!! - gritó Adanthiel y en ese mismo momento subió la mano que tenía en el hombro del enano a su rostro rápidamente y hundió su uña en la cuenca del enano, sujetándolo con fuerza para que la elfa pudiese contemplarlo. El enano soltó un gritó de dolor -. -. Le arrancare la cara a sus hijos… Haré que su mujer coma su carne...¡¡REDUCIRÉ LA ALDEA A CENIZAS!!!

- ¡Dejadle en paz! - la sacerdotisa trató de llegar al enano con tanto ímpetu que cuando los grilletes la detuvieron se lastimo las muñecas, sintiendo cómo el metal le abrasó y le hirió -. ¡Soltadle!

Los gritos del enano a causa del dolor inundaron las celdas ante la parsimonia y disfrute de los no-muertos. El enano cayó de rodillas llevándose las manos al rostro.

- ¡Por favor dama! Haced que paren ¡Mi ojo!

- ¡Dadme el maldito pergamino tel’quessir! ¡Ya no estamos en los llanos, está en mi casa! ¡No soy compasivo!

Anith miraba el enano, impotente, sin poder contener las lágrimas. Todo su cuerpo temblaba de rabia y entonces el vampiro tomó la cabeza del enano y la estampó contra las rejas de la celda. La sangre brotó de la brecha en la cabeza del enano y un nuevo grito desgarró el aire.

- ¡Dejadle en paz!

El Segador en respuesta comenzó a estampar la cabeza del enano contra el barrote, una vez, otra, otra...

- ¡¡¡ME!!! - golpeó la barra de la celda -.¡¡HAS!!! - volvió a golpearlo -. ¡¡OFENDIDO!!! y un con un tercer golpe el rostro del enano quedó completamente desfigurado y su vida expiró frente a los ojos de la elfa -. Tienes un dia para tomar ese pergamino o lo próximo que aplastaré contra esta verja será un niño elfo.

El cuerpo cayó inerte frente a la celda con un golpe sordo antes de que la Nigromante alzase el cuerpo lanzándolo contra las celdas de la sacerdotisa para que lo contemplase. Anith se dejó caer de rodillas, sintiendo las lágrimas surcar su rostro.

- Podíais haberlo salvado... Solo era un maldito pergamino Anith... - negó lentamente -. Me habéis ofendido... Pero os perdono... Se que lo hacéis de buena fe. Seguís siendo mi sacerdotisa favorita... Ahhh…. el amor... Soy un sentimental

- Y después serán otras tres.... y después será más esclavos.... y después.... continuará....No son solo tres runas, es una línea que no debo cruzar... No traicionaré a mi Seldarine ni os otorgaré ningún poder suyo a través de mi.... - Anith cerró los ojos, tomando aire, tratando de volver a controlar su respiración -. Pero esto es lo que haréis hasta que ceda daros mi poder, matar uno por uno delante de mi.... a inocentes...

- Básicamente – confirmó el vampiro.

La sacerdotisa abrió la mirada y pasó esta por la estancia. Bajo la litera había un hueso, un fémur. Mientras los muertos conversaban sobre otras víctimas, sobre arrasar aldeas… la elfa estiró un brazo para alcanzarlo con una idea en su mente. Adanthiel se percató del gesto de la sacerdotisa y se quedó mirándola curioso, hasta que repentinamente vio como Anith estrellaba el hueso contra la pared astillándolo por la mitad y sin pensar, sin aguardar a nada, se clavó las astillas en el antebrazo. El dolor cruzó su rostro de la elfa cuando la sangre comenzó a brotar de la herida y volvió a alzar el brazo con el fémur astillado. La intención era clara. Sin ella no había motivos para matar a más inocentes.

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- ... No pued… ¡Anith maldita sea! - Adanthiel abrió la puerta y la embistió contra la pared, sujetándole la mano -. Hmrf... Estupida elfa suicida. Tu destino Anith.... no es morir aquí ni ahora… - La sangre brotaba abundantemente del antebrazo de la gentil -.¡Que alguien la sane maldita sea!

Quebrado entró con un pergamino que usó para que la herida sangrante se regenerase mientras la Nigromante sacaba varios utensilios para sanar la herida y evitar que muriera desangrada mientras el hechizo hacía su trabajo. El vampiro le arrebató el fémur astillado y lo lanzó fuera de la celda - exhasperado -. ¿¡Es que estáis loca!?¿¡Como podéis pensar en hacer siquiera eso!?¡Es horrible! Yo jamás... Permitiré que murais Anith... Os estimo demasiado... así que no moriréis aquí... pues seria vuestra voluntad... no viviereis aquí pues seria vuestra voluntad... sabed que no tenéis voluntad aquí... aquí solo reina la Muerte...
 

Krystäl

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La única verdad es que habéis corrompido vuestra alma bajo la falta promesa de un poder infinitivo en la no-muerte, y resulta que el poder que deseais lo posee una mortal.​

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La nigromante cogió a la niña del cabello para arrastrarla hacia la dama de hierro. Las runas que había dibujado en el sarcófago con una luz rojiza y tenebrosa brillaron intensas.

- ¡Aléjate de ella! - la sacerdotisa empujó a la Nigromante, sintiendo como una vez más los grilletes le abrasaron las muñecas, las pulseras retenian su magia y la sangre brotaba por las recientes heridas al lanzarse hacia delante. Habían roto la muñeca de la pequeña frente a ella, le habían arrancado un dedo entre gritos de dolor y lágrimas hasta que el dolor fue tan intenso que la pequeña perdió el conocimiento.

Pero a pesar de eso, a aquel que llamaban el Barón no mostró la más mínima señal de detenerse ni esperar conversación alguna. Solo deseaba escuchar una palabra de la sacerdotisa y si no lo escuchaba, seguiría infligiéndole dolor a la niña. Tal era la contundencia en sus actos que provocó que Anith cediese a cambio de la vida de la niña, a cambio que la dejasen con ella y le permitiesen sanarla. De ser así les otorgaría lo que tanto parecían ansiar, el poder que le reclamaban en un pergamino, pero cuando pusieron los papiros frente a ella y escuchó a la Nigromante hablar con soberbia de que le hiciese otro a ella para sus estudios… En su mente apareció la visión de celestiales aprisionados, torturados, corrompidos y despojados de su poder por los no-muertos, vio aldeas y centenares de vidas inocentes perdidas y todo a través del poder de su Diosa. Qué valía más ¿La vida de una inocente o la de decenas? ¿Qué estaba dispuesta a perder si cedía? ¿Qué consecuencias estaba dispuesta a cargar por otorgar ese poder a unos no-muertos? ¿Cuántas vidas de inocentes pondría en peligro en un futuro por eso? La gentil sabía que iba a sufrir y Dioses, cómo iba a sufrir. Cerró los ojos con fuerza y cerró las manos sobre su regazo. No tomó la pluma, no cogió los pergaminos y cuando se percataron que se negaba a obedecerles nuevamente, no tardaron en volver a encadenarla y arrastrar a la pequeña dentro de la celda donde habían preparado varias máquinas de tortura.

Aún así, Anith aferró el filo del arma del Barón en un gesto de resistencia en un gesto de resistencia. Las muñequeras anti-magia brillaron conteniendo la magia que deseaba brotar de ella contra aquellos seres, y ese acto pareció agradarle por algún oscuro secreto suyo y cuando vio a la Nigromante coger del cabello a la niña para arrastrarla dentro de la doncella de hierro sacó fuerzas de donde no había para empujar a esa mujer lejos de la niña. La mujer cayó de espaldas junto a la Dama de hierro y tras de si la elfa sintió entonces una mano que trató de sujetarla y el aliento frio de la muerte cerca de su cuello. Pero sin saber cómo lo puso hacer, consiguió deshacerse del abrazo del Barón y tomar a la niña entre sus manos.

Sabía lo que debía hacer para evitarle el sufrimiento, para que no muriese en una agonía dentro de esa caja de tortura. Sabía lo que debía hacer y tenía los conocimientos para ello, solamente no debía pensarlo, debía hacerlo rápido y de forma precisa y todo acabaría en un segundo… una muerte rápida por su mano antes que la tortura de la agonía por ellos. Pero cuando sus manos tomaron el rostro de la niña, algo en su interior la frenó.

Sus manos temblaron en el rostro de la pequeña y los ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

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No podía… no podía hacerlo…​

- Mátala... - susurró tras las rejas el sacerdote -. Acaba con su sufrimiento, Anith, no dudes más… ¿Por qué alargar su tormento, Anith...? Su muerte ya está escrita, y lo sabéis.... Hacedle un favor a la pequeña y arrebatadle la vida sin más sufrimiento – se deleitó el sacerdote al ver a la gente con las manos en el rostro de la pequeña.

El Barón se había recuperado del embiste que le dio la elfa cuando trató de saciarse de ella y se irguió para cogerla nuevamente, pero cuando sus ojos vieron lo que estaba sucediendo, se mostró mucho más complacido.

- Mátala – le incitó.

- No llores señorita, todo esta bien… - dijo la niña. Anith rodeó a la pequeña en un abrazo casi protector.

Seldarine… qué estaba haciendo...​

- Perdóname… - susurró. No sabía si ese perdón nació por condenarla al sufrimiento al no haber tenido el valor necesario para terminar con todo aquello o por el simple hecho de siquiera haberlo pensado. Tomó el rostro de la pequeña y besó su frente antes de apoyar la suya en la de la niña, mientras el sacerdote trataba de inducirla a ser ella quien le diera muerte -. Sé fuerte…

- Lo seré… - respondió la niña.

- Estaré junto a ti.… En todo vuestro camino.... no estarás sola.... - le susurró.

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El Barón se acercó a la gentil y la cogió del brazo para separarla de la niña. Entonces Nocturnal se levantó ayudándose del bastón y tomó nuevamente a la niña llevándola a la doncella de hierro. Metió a la niña dejando fuera una mano magullada e hinchada y el chirriar de la doncella cerrándose resonó cuando la nigromante cerró la puerta.

- Disfrutad de la eternidad, pequeña criatura, y consolaos con que esta elfa, quien ha sido dueña de vuestro destino, seguirá viva – dijo en Barón en alto antes de que la puerta se cerrase. Anith se obligó a mirar, a permanecer con su mirada en los de la niña a través de la apertura para que supiese que no estaría sola, rezando para que todo pasase lo más pronto posible para ella mientras la puerta se cerraba, escuchándose un chasquido y el grito que se elevó en las celdas. La sangre comenzó a brotar del bajo de la doncella de hierro hasta que todo volvió a quedar en silencio.

EL Baron retrocedió unos pasos dedicándole una última mirada de suficiencia a Anith

- Seríais adecuada para trascender.

- Por ahora bastará – añadió el sacerdote.

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Dejaron el sarcófago dentro de su celda, alzando un espectro de la niña para que le hiciese compañía a la cautiva sacerdotisa.
 

Krystäl

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Recordaba esa sensación y, sobretodo, cómo continuaba​
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Anith apoyó la diestra contra la corteza del árbol y después apoyó la frente, apretando los dientes mientras aquella maldita sensación volvía a hacer presencia.

Sabía perfectamente cómo comenzaba, como el adormecimiento de un músculo que acaba de sufrir una torpe caída, nada que inicialmente pareciera grave, pero lo era, pues según pasasen los minutos, las viejas heridas volverían al presente para recordar aquello que jamás fue sanado ni podría ser sanado... acentuándose por fantasmas, por la memoria de quién no puede olvidar... uniéndose todo aquel dolor y pensamientos en un punto concreto del corazón. Entonces sentirías como una pequeña aguja, afilada y penetrante se te clavaba en el corazón, marcando el punto de inicio en aquel dolor se extendería todo a cada extremidad de tu cuerpo y tu alma.

Por eso marchó a la soledad de las montañas, donde nadie pudiese ser testigo de aquel momento salvo su Seldarine.


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No fue una buena idea...¿De verdad pensabas que algo bueno podía salir de ahí? ¿Acaso aún no has aprendido nada?

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​

Anith cerró los ojos, con el puño cerrado sobre su corazón, apoyada contra el tronco del árbol nevado. Tomó aire despacio, llenando sus pulmones del aire frio de las montañas.

- Contrólate... mantenla a raya – murmuró para si. Se inclinó hacia delante, apoyando la siniestra en la rodilla y volvió a tomar aire despacio, intentando controlar su respiración y su mente.

Eres una niña tonta.... eso es lo que eres... por esperar algo que sabes que solo va a terminar matándote.

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Cada palabra, cada juicio, cada recuerdo que le vino a la mente se le atenazó en el corazón como mil cuchillos ardientes, provocándole tal dolor que por un momento perdió el equilibrio y cayó de rodillas en la nieve. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y los pulmones le abrasaban con cada respiración.

Apretó los dientes acallando un grito y se levantó, ignorando el dolor que amenazaba con desbordarla como otras veces en el pasado.
- Céntrate en combatir... piensa ahora solo en eso, y el dolor se olvidará... mantenlo a raya...- Se obligó a pensar en otra cosa, en cualquiera que alejase su mente de lo que su corazón estaba soportando.

Por fortuna, quisieron los Dioses que a su diestra se encontrase un grupo de bestias que habían sentido su presencia y su debilidad. Anith tomó la empuñadura de su espada, mirando al grupo que comenzó acercarse a ella, lanzas en ristre, hablando en aquella lengua que no comprendía pero que tampoco hacía falta comprenderla para saber de sus intenciones.

Una raza tan orgullosa... y a la vez tan frágil....

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(céntrate en la batalla, mantenla a raya... no la dejes hablar, respira... ignórala, tú ahora céntrate...)​

Anith usó la magia de su seldarine para encantar la espada y se obligó a no pensar en nada más que en aquella batalla, acalló aquella voz y devolvió a aquel dolor a lo más profundo de su alma una vez más.
 
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