Krystäl
Multa de Rox sin firmar
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Llevaba, no sé... ¿Una hora quizás? Parada frente a Adathiel, con el collar de mi Seldarine entorno a mi muñeca y su símbolo alzado en alto. Quería conversar y su presencia frente a la salida me impedía continuar, y por desgracia, retroceder no era una opción sino deseaba adentrarme más en las cuevas antiguas.
Había tratado que bajase en símbolo en varias ocasiones, a veces realizando amenazas veladas de lo que había hecho a otros que no bajaron el símbolo cuando se lo pidió, otras prometiendo que no me haría daño, solo deseaba acercarse a mi y, a pesar de ello, yo permanecía firme, sin ceder a sus deseos.
- Permitidme compartir con vos un secreto, Anith... ¿Si? - me dijo.
- Adelante... - me pedí sin perderle de vista mientras en mi mente me repetía una y otra vez aquello que no debía hacer, como mirarle directamente a los ojos.
- Conozco los caminos que los Telquessir frecuentan para ir hacia Caravassar desde el Weldath... Tambien soy consciente del claro que hay cerca de los llanos – dijo de forma desenfadada, como una mera información para ponerme al día de sus conocimientos -. Voy a crear un camino de cabezas telquessir durante las proximas Dekhanas tan largo que desde vuestra ciudad los vereis – me amenazó -. Pero no matare a los mas fuertes... Empezare por los niños – se detuvo en su caminar mirándome -. ¿Quereis salvarlos, Anith?¿Quereis hacer un trato conmigo como hicieron antes que vos, otros con fe ciega por sus vidas?
Fruncí el ceño al escucharle. Aunque bien sabía la cantidad de gentiles que pasaban por esas tierras y sus amenazas estaban lejos de siquiera de acercarse un poco a la realidad de su pensamiento, por mi mente pasó llenar toda esa cueva de fuego y llamas como tocase el cabello de un solo gentil.
- No acepto ni amenazas y mucho menos acepto tratos bajo amenaza de los mios Adanthiel – le respondí seria -. Pero escucho lo que deseeis decir.
- Voy a proponeros un trato - prosiguió -. Bajad ese simbolo y dejad que me acerque. Teneis mi palabra de que no sufrireis daño, aunque no me creais. Haced esto y me dedicare a alimentarme de... Hmf... ¿Minotauros? Bandidos de las alcantarillas... Dos Dekhanas sin incidentes.
- ¿Y tras esas dos dekhanas?
- Volveremos a reunirnos... Y sereis vos quien tomareis el relevo a Sir Karren de Tantras... Manteniendo encerrada a la bestia en su unica debilidad: La curiosidad – añadió -. No os imaginais lo dolorosamente cruel que es sentir.... El bien que irradia vuestro ser y corroe mis entrañas cuando me siento cerca... Es casi como una necesidad
Era curiosamente tentador aceptar su trato y de cierta manera podía entender que los anteriores sacerdotes o gente de fé accediesen sin más, pues no parecía dañar a nadie, sino más bien asegurar la protección de inocentes frente a una aberración no muerta. Pero algo en mi interior me decía que eso era entrar en un juego que yo no debía entrar.
- Sin duda no estaréis acostumbrado a lo que voy a deciros, pero no hago trato con no-muertos, menos tras coaccion amenazando a los mios – le respondí -. No sé con cuántos sacerdotes habeis hablado, pero intuyo que todos accedieron a vuestras peticiones.
- Y gracias a eso Amn estaba realmente tranquilo hasta que ese... Alado llamado... - se frotó el mentón de la máscara -. Ni lo recuerdo – dijo sin darle importancia -. Hasta que ese alado decidio irrumpir en el cementerio a espadazos. ¿Qué me decis entonces? ¿Un gesto de confianza mutuo por un bien común?
- Como os dije Adathiel, no hay trato alguno...
En ese momento escuché unos pasos acercarse por mi diestra, al fondo. Adathiel alzó la diestra hacia otra figura que se aproximó, quedándose a cierta distancia hasta el poder del símbolo que mantenía en alto.
- Tranquilo, viene en son de paz. - le dijo Adathiel a la figura -.No ha destruido a ningun alzado. Lleva conversando conmigo varias horas - ¿Horas? ¿llevaba horas ahí abajo? No sé cómo los enanos consiguen orientarse bajo los túneles -. No me la pongais nerviosa que empezara con las expulsiones y los rayos de sol y toda esa retaila de cosas y bastante que por una vez he conseguido encontrarla a solas, maldita sea.
La figura miró a Adathiel. Portaba una armadura ensangrentada con un aspecto que me recordó a los ropajes de los nobles. Su máscara era la de un demonio, realizada de ébano, y de su capucha sobresalian dos cuernos del mismo material.
- Ni una noche de intimidad...- sususrró Adathiel comenzando a ir de un lado a otro -. ¡Ni una noche de calma, maldita sea!
Ante el grito esta figura posó su mirada despacio hacia Adathiel, y un destello de ira apareció en su iris, aunque pronto fue reprimido.
- Baron Agaros me habeis literalmente destrozado la cita – se quejó a la figura. Alcé las cejas ante semejante expresión.
- ¿Bajo qué propósito aparecéis en nuestros dominios? - preguntó el Barón con calma y voz solmente, con esa seguridad característica de quien sabe está en una clara ventaja.
- Porque uno de los vuestros ha estado molestando a los mortales arriba – respondí -, y este era el camino para llegar al cementerio sin usar la puerta principal.
- Busca a un tipo muy bajito que se transforma en tigre fantasma y aterroriza a la gente...¿Os suena? - preguntó Adathiel soltando una carcajada -. ¡Perdonad que no me acerque para reverenciaros Baron Agaros, pero me tienen a raya con un simbolo divino! Aun asi ojala pudieseis acercaros lo suficiente... Es tan hermosa como la noche mas calida de todas cuales existen. Posee una belleza fragil y blanquecina... Y esos ojos... Que ferrea fuerza de voluntad
- No es este vuestro lugar, criatura – continuó Agaros dirigiéndose a mi -. Jamás lo ha sido. Vuestros deseos aquí carecen de significado e interés. ¿Por qué siquiera habríamos de parlamentar?- preguntó entrecerrando los ojos con un tono que ya se intuía cierta amenaza.
- Vos me preguntasteis y yo os respondi – le dije -. Guardar silencio hubiese sido una falta de cortesía, sobretodo como bien decis, en vuestros dominios.
- Os pregunto porque confiaba en que tendríais siquiera algo que ofrecernos, pero contemplo que no es el caso. Es más, por lo que juzgo, habéis decidido adentraros, aun a costa de lo que ello pudiera implicar.
- ¿Ofreceros? - pregunté ante la idea de que nadie siquiera bajase a ofrecerles nada.
- Decidme, ¿es esta la sabiduría que vuestros dioses os enseñan? ¿Os hacen morir por diversión? - preguntó con una carcajada no muy grave, sin perder cierta cortesía -. Bajan a ofrecernos su vida, querida; recordad en dónde estáis.
- No por voluntad propia por lo que intuyo de vuestras palabras
- Ignoro si es por voluntad propia, pero en vuestro caso parece que es lo que os ha traído hasta nosotros.
- O por poder, por recompensas – añadió Adathiel. Y eso ya no me extraño tanto en unas tierras donde el poder y las riquezas lo significaban todo.
- En mi caso fue mala suerte. Pero debi haber intuido que tanta calma no era normal.
- No puedo sino daros la razón. Pero os habéis confiado, y eso, amiga mía, no es nuestra culpa. Pero todo tiene su precio. - sonrió ladino bajo la máscara.
- ¿Veis como de todos los vastagos yo soy el mas amable?
- Ya le preguntaré a esas mujeres que mancillasteis si opinan lo mismo – le espeté a Adathiel.
- Estan muertas, querida – me respondió -. Es lo que pasa cuando le hundes una espada y activas un anillo flamigero en las entrañas.
- Y como os dije antes, de humanidad.... ya no os queda nada – le respondí sin perder de vista al baron cuando vi que entre las sombras aparecía una figura más, esta más grande y engalada con ropajes densos y azabaches.
- Eterna muerte – siseó con gravedad posando unos ojos viperinos sobre mi.
- Dulce agua – dije en respuesta sintiendo como por momentos mi corazón se iba acelerando. Uno era malo, dos peor... ¿tres? Más de lo que iba a poder mantener a raya.
- Y tan dulces... - dijo relamiéndose sonoramente, humedeciando sus labios con una pérfida y bífida lengua bajo el yelmo.
- Anith... Ese de ahi no va a reaccionar al simbolo... Quiza deberiais confiar en mi palabra
- Mejor mantener dos a rayas que a ninguno ¿no opinais lo mismo? - retrocedí todo lo que pude.
- Os haré una proposición, quizá la más generosa que os hayan ofrecido en vuestra inútil existencia: pedid misericordia, pedidla como nuestra deudora, y pensaré en cómo dejaros marchar.
- Se esta sintiendo acorralada – advirtió Adathiel -. La estais poniendo nerviosa.
La nueva figura comenzó a caminar hacia mi pero manteniendo la distancia, cual felino que está estudiando a una presa. Despacio desenfundé mi espada con la mano libre.
- No pido clemencia ante aberraciones no-muertas.... y mucho menos estoy dispuesta a adquirir deudas con estos – respondí.
- No tiene porque ser asi – dijo Adathiel.
- Pues al menos que me dejeis marchar, no sé cómo va a ser.
- Es cierto – le concedió a Adathiel orientando su zurda hacia él -. A veces las palabras son más útiles que las armas.
- Pues segun tengo entendido los clerigos poseen magia de regreso. ¿No? - dijo montando tomando un arco para ir preparándolo. Sabía que iba a intentar. Atacarme a distancia y desconcentrarme si intentaba huir.
Los pasos de la tercera figura resonaban como ecos en la gruta con un sonido rítmico, pero siniestro. Su mirada permanecía en todo momento sobre mi, salvaje... yendo al lado del Baron para luego acercarse a mi a varios metros y regresar, como el perro que espera una orden para atacar.
- Tengo mis opciones abiertas... - respondí a la suposición de Adathiel.
- Tsk, si fuese asi ya seriamos marido y mujer.
- Ni en vuestras mejores pesadillas – le respondí observando deteniedamente toda la escena
-Que caracter... Me gusta
- Qué terrible mal es el orgullo entre aquellos que han sido escogidos por ciertos poderes, hermano. No importa cuánto hables, que te obligarán a ser severo.
La tercera figura se acercó al barón para susurrarle.
- Decidme, Agaros...¿Deseais que acometa? Sus orejas serian un lindo regalo para la estirpe... - El barón alzó la mano al escuchar el susurro para que aguardase, volviendo a clavar sus ojos rojizos en mi.
- ¿Qué cambiaría vuestra muerte? Nada. Solo sería una resistencia vana e inútil, por un objetivo aun más vacío.
- Mi muerte nada.... sin lugar a dudas – le concedí viendo como Adathiel guardaba el arco bajo su capa -. Pero qué clase de sacerdotisa sería si cediese tan fácilmente...
La tercera figura continuó su ronda de forma felina, tenso, como un animal que está deseando salir de caza pero aguarda a la ansiada señal para poder liberar toda su furia.
- Yo y Auranassar jugabamos a menudo – dijo Adathiel-. Se llama "rayo o verdad" Ella me lanza un rayo solar y si me impacta puede irse. Sino debe responder a una pregunta con sinceridad y luego marchar - Miré de reojo hacia Adathiel. ¿Pero qué sacerdotisas habia en esas tierras?-. ...Y si me destruye ademas puede cobrar...¿Cuatro millones eran?
- Antes la decapitaría, por lo que vuestro juego acabaría siendo intrincado que ese – dijo el barón con firmeza ladeando la cabeza para mirar a Adathiel.
- Le quitais toda la gracia al asunto
- Quizás.... en otro momento – musité siguiendo ese recorrido que hacia el "animal enjaulado", de su amo a mi, una y otra vez. Aguardé paciente sabiendo qué era lo que debía hacer exactamente. Huir, pues era una batalla perdida de antemano. Así que esperé mientros ellos conversaban hasta que la figura se aproximó al Barón -. Pero no será hoy – rápidamente tracé una figura en el aire musitando una plegaria élfica hacia mi Seldarine. Sabía que en el momento comenzaría el conjuro ya no tendría el símbolo para mantenerlos a raya, así que debía, no solo ser rápida, sino concentrarme y evadirme de cualquier distracción, ya fuese una flecha, un golpe, un golpe...Pues no habría una segunda oportunidad.
Así que realicé la plegaria, sentí la fuerza de Sehanine envolviéndome y una leve presión en mi estómago que desapareció al poco. Entonces senti el aire en mi rostro y la luz de los candiles del exterior a través de mis parpados.
Apenas había estado un minuto en esas cuevas para comprobar el cementerio, pero había sido tiempo suficiente para verme ahora con la salida bloqueda por un vampiro y otros dos insepultos con la mirada puesta en mi.
Llevaba, no sé... ¿Una hora quizás? Parada frente a Adathiel, con el collar de mi Seldarine entorno a mi muñeca y su símbolo alzado en alto. Quería conversar y su presencia frente a la salida me impedía continuar, y por desgracia, retroceder no era una opción sino deseaba adentrarme más en las cuevas antiguas.
Había tratado que bajase en símbolo en varias ocasiones, a veces realizando amenazas veladas de lo que había hecho a otros que no bajaron el símbolo cuando se lo pidió, otras prometiendo que no me haría daño, solo deseaba acercarse a mi y, a pesar de ello, yo permanecía firme, sin ceder a sus deseos.
- Permitidme compartir con vos un secreto, Anith... ¿Si? - me dijo.
- Adelante... - me pedí sin perderle de vista mientras en mi mente me repetía una y otra vez aquello que no debía hacer, como mirarle directamente a los ojos.
- Conozco los caminos que los Telquessir frecuentan para ir hacia Caravassar desde el Weldath... Tambien soy consciente del claro que hay cerca de los llanos – dijo de forma desenfadada, como una mera información para ponerme al día de sus conocimientos -. Voy a crear un camino de cabezas telquessir durante las proximas Dekhanas tan largo que desde vuestra ciudad los vereis – me amenazó -. Pero no matare a los mas fuertes... Empezare por los niños – se detuvo en su caminar mirándome -. ¿Quereis salvarlos, Anith?¿Quereis hacer un trato conmigo como hicieron antes que vos, otros con fe ciega por sus vidas?
Fruncí el ceño al escucharle. Aunque bien sabía la cantidad de gentiles que pasaban por esas tierras y sus amenazas estaban lejos de siquiera de acercarse un poco a la realidad de su pensamiento, por mi mente pasó llenar toda esa cueva de fuego y llamas como tocase el cabello de un solo gentil.
- No acepto ni amenazas y mucho menos acepto tratos bajo amenaza de los mios Adanthiel – le respondí seria -. Pero escucho lo que deseeis decir.
- Voy a proponeros un trato - prosiguió -. Bajad ese simbolo y dejad que me acerque. Teneis mi palabra de que no sufrireis daño, aunque no me creais. Haced esto y me dedicare a alimentarme de... Hmf... ¿Minotauros? Bandidos de las alcantarillas... Dos Dekhanas sin incidentes.
- ¿Y tras esas dos dekhanas?
- Volveremos a reunirnos... Y sereis vos quien tomareis el relevo a Sir Karren de Tantras... Manteniendo encerrada a la bestia en su unica debilidad: La curiosidad – añadió -. No os imaginais lo dolorosamente cruel que es sentir.... El bien que irradia vuestro ser y corroe mis entrañas cuando me siento cerca... Es casi como una necesidad
- Sin duda no estaréis acostumbrado a lo que voy a deciros, pero no hago trato con no-muertos, menos tras coaccion amenazando a los mios – le respondí -. No sé con cuántos sacerdotes habeis hablado, pero intuyo que todos accedieron a vuestras peticiones.
- Y gracias a eso Amn estaba realmente tranquilo hasta que ese... Alado llamado... - se frotó el mentón de la máscara -. Ni lo recuerdo – dijo sin darle importancia -. Hasta que ese alado decidio irrumpir en el cementerio a espadazos. ¿Qué me decis entonces? ¿Un gesto de confianza mutuo por un bien común?
- Como os dije Adathiel, no hay trato alguno...
En ese momento escuché unos pasos acercarse por mi diestra, al fondo. Adathiel alzó la diestra hacia otra figura que se aproximó, quedándose a cierta distancia hasta el poder del símbolo que mantenía en alto.
- Tranquilo, viene en son de paz. - le dijo Adathiel a la figura -.No ha destruido a ningun alzado. Lleva conversando conmigo varias horas - ¿Horas? ¿llevaba horas ahí abajo? No sé cómo los enanos consiguen orientarse bajo los túneles -. No me la pongais nerviosa que empezara con las expulsiones y los rayos de sol y toda esa retaila de cosas y bastante que por una vez he conseguido encontrarla a solas, maldita sea.
La figura miró a Adathiel. Portaba una armadura ensangrentada con un aspecto que me recordó a los ropajes de los nobles. Su máscara era la de un demonio, realizada de ébano, y de su capucha sobresalian dos cuernos del mismo material.
- Ni una noche de intimidad...- sususrró Adathiel comenzando a ir de un lado a otro -. ¡Ni una noche de calma, maldita sea!
Ante el grito esta figura posó su mirada despacio hacia Adathiel, y un destello de ira apareció en su iris, aunque pronto fue reprimido.
- Baron Agaros me habeis literalmente destrozado la cita – se quejó a la figura. Alcé las cejas ante semejante expresión.
- ¿Bajo qué propósito aparecéis en nuestros dominios? - preguntó el Barón con calma y voz solmente, con esa seguridad característica de quien sabe está en una clara ventaja.
- Porque uno de los vuestros ha estado molestando a los mortales arriba – respondí -, y este era el camino para llegar al cementerio sin usar la puerta principal.
- Busca a un tipo muy bajito que se transforma en tigre fantasma y aterroriza a la gente...¿Os suena? - preguntó Adathiel soltando una carcajada -. ¡Perdonad que no me acerque para reverenciaros Baron Agaros, pero me tienen a raya con un simbolo divino! Aun asi ojala pudieseis acercaros lo suficiente... Es tan hermosa como la noche mas calida de todas cuales existen. Posee una belleza fragil y blanquecina... Y esos ojos... Que ferrea fuerza de voluntad
- No es este vuestro lugar, criatura – continuó Agaros dirigiéndose a mi -. Jamás lo ha sido. Vuestros deseos aquí carecen de significado e interés. ¿Por qué siquiera habríamos de parlamentar?- preguntó entrecerrando los ojos con un tono que ya se intuía cierta amenaza.
- Os pregunto porque confiaba en que tendríais siquiera algo que ofrecernos, pero contemplo que no es el caso. Es más, por lo que juzgo, habéis decidido adentraros, aun a costa de lo que ello pudiera implicar.
- ¿Ofreceros? - pregunté ante la idea de que nadie siquiera bajase a ofrecerles nada.
- Decidme, ¿es esta la sabiduría que vuestros dioses os enseñan? ¿Os hacen morir por diversión? - preguntó con una carcajada no muy grave, sin perder cierta cortesía -. Bajan a ofrecernos su vida, querida; recordad en dónde estáis.
- No por voluntad propia por lo que intuyo de vuestras palabras
- Ignoro si es por voluntad propia, pero en vuestro caso parece que es lo que os ha traído hasta nosotros.
- O por poder, por recompensas – añadió Adathiel. Y eso ya no me extraño tanto en unas tierras donde el poder y las riquezas lo significaban todo.
- En mi caso fue mala suerte. Pero debi haber intuido que tanta calma no era normal.
- No puedo sino daros la razón. Pero os habéis confiado, y eso, amiga mía, no es nuestra culpa. Pero todo tiene su precio. - sonrió ladino bajo la máscara.
- ¿Veis como de todos los vastagos yo soy el mas amable?
- Ya le preguntaré a esas mujeres que mancillasteis si opinan lo mismo – le espeté a Adathiel.
- Estan muertas, querida – me respondió -. Es lo que pasa cuando le hundes una espada y activas un anillo flamigero en las entrañas.
- Y como os dije antes, de humanidad.... ya no os queda nada – le respondí sin perder de vista al baron cuando vi que entre las sombras aparecía una figura más, esta más grande y engalada con ropajes densos y azabaches.
- Eterna muerte – siseó con gravedad posando unos ojos viperinos sobre mi.
- Dulce agua – dije en respuesta sintiendo como por momentos mi corazón se iba acelerando. Uno era malo, dos peor... ¿tres? Más de lo que iba a poder mantener a raya.
- Y tan dulces... - dijo relamiéndose sonoramente, humedeciando sus labios con una pérfida y bífida lengua bajo el yelmo.
- Anith... Ese de ahi no va a reaccionar al simbolo... Quiza deberiais confiar en mi palabra
- Mejor mantener dos a rayas que a ninguno ¿no opinais lo mismo? - retrocedí todo lo que pude.
- Os haré una proposición, quizá la más generosa que os hayan ofrecido en vuestra inútil existencia: pedid misericordia, pedidla como nuestra deudora, y pensaré en cómo dejaros marchar.
- Se esta sintiendo acorralada – advirtió Adathiel -. La estais poniendo nerviosa.
La nueva figura comenzó a caminar hacia mi pero manteniendo la distancia, cual felino que está estudiando a una presa. Despacio desenfundé mi espada con la mano libre.
- No pido clemencia ante aberraciones no-muertas.... y mucho menos estoy dispuesta a adquirir deudas con estos – respondí.
- No tiene porque ser asi – dijo Adathiel.
- Pues al menos que me dejeis marchar, no sé cómo va a ser.
- Es cierto – le concedió a Adathiel orientando su zurda hacia él -. A veces las palabras son más útiles que las armas.
- Pues segun tengo entendido los clerigos poseen magia de regreso. ¿No? - dijo montando tomando un arco para ir preparándolo. Sabía que iba a intentar. Atacarme a distancia y desconcentrarme si intentaba huir.
Los pasos de la tercera figura resonaban como ecos en la gruta con un sonido rítmico, pero siniestro. Su mirada permanecía en todo momento sobre mi, salvaje... yendo al lado del Baron para luego acercarse a mi a varios metros y regresar, como el perro que espera una orden para atacar.
- Tengo mis opciones abiertas... - respondí a la suposición de Adathiel.
- Tsk, si fuese asi ya seriamos marido y mujer.
- Ni en vuestras mejores pesadillas – le respondí observando deteniedamente toda la escena
-Que caracter... Me gusta
- Qué terrible mal es el orgullo entre aquellos que han sido escogidos por ciertos poderes, hermano. No importa cuánto hables, que te obligarán a ser severo.
La tercera figura se acercó al barón para susurrarle.
- Decidme, Agaros...¿Deseais que acometa? Sus orejas serian un lindo regalo para la estirpe... - El barón alzó la mano al escuchar el susurro para que aguardase, volviendo a clavar sus ojos rojizos en mi.
- ¿Qué cambiaría vuestra muerte? Nada. Solo sería una resistencia vana e inútil, por un objetivo aun más vacío.
- Mi muerte nada.... sin lugar a dudas – le concedí viendo como Adathiel guardaba el arco bajo su capa -. Pero qué clase de sacerdotisa sería si cediese tan fácilmente...
La tercera figura continuó su ronda de forma felina, tenso, como un animal que está deseando salir de caza pero aguarda a la ansiada señal para poder liberar toda su furia.
- Yo y Auranassar jugabamos a menudo – dijo Adathiel-. Se llama "rayo o verdad" Ella me lanza un rayo solar y si me impacta puede irse. Sino debe responder a una pregunta con sinceridad y luego marchar - Miré de reojo hacia Adathiel. ¿Pero qué sacerdotisas habia en esas tierras?-. ...Y si me destruye ademas puede cobrar...¿Cuatro millones eran?
- Antes la decapitaría, por lo que vuestro juego acabaría siendo intrincado que ese – dijo el barón con firmeza ladeando la cabeza para mirar a Adathiel.
- Le quitais toda la gracia al asunto
- Quizás.... en otro momento – musité siguiendo ese recorrido que hacia el "animal enjaulado", de su amo a mi, una y otra vez. Aguardé paciente sabiendo qué era lo que debía hacer exactamente. Huir, pues era una batalla perdida de antemano. Así que esperé mientros ellos conversaban hasta que la figura se aproximó al Barón -. Pero no será hoy – rápidamente tracé una figura en el aire musitando una plegaria élfica hacia mi Seldarine. Sabía que en el momento comenzaría el conjuro ya no tendría el símbolo para mantenerlos a raya, así que debía, no solo ser rápida, sino concentrarme y evadirme de cualquier distracción, ya fuese una flecha, un golpe, un golpe...Pues no habría una segunda oportunidad.
Así que realicé la plegaria, sentí la fuerza de Sehanine envolviéndome y una leve presión en mi estómago que desapareció al poco. Entonces senti el aire en mi rostro y la luz de los candiles del exterior a través de mis parpados.
Estaba sana y salva.