Novedades

Anith Sella

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

FormalAdmiredAllensbigearedbat-max-1mb.gif

Estaba lloviendo a cántaros, como hacía mucho que no había visto llover, pero era normal en unas tierras donde un bosque abarcaba más de la mitad de su territorio.

Anith ayudaba a Sylwen a caminar por el camino de Tezhyr, con la capucha ocultando su cabello y parte de su rostro que tenía bien cuidado de no alzar más que lo suficiente para mirar por dónde iba.

Silwen aún se encontraba débil, en shock tras haber sido derribada por unas bestias en el camino del comercio y, aunque su destino era Caravasar, tras ver en la condición en que se encontraba no iba a seguir el viaje a pie y por supuesto, no iba a dejarla sola en aquella ciudad, así que su única opción fue adentrarse en el bosque que tenía prohibido pisar y acercarse a la Ciudadela que nunca en lo que le quedaba de vida podría volver a ver.

Anith tomó el sendero que se adentraba en el Weldath y se detuvo. Sentía la tensión en sus músculos y un creciente desasogiego que se aseguró de no mostrar.

- Etrielle Sylwen, escuchadme... - le dijo en un tono suave y preocupado -. Cuando entréis seguir el camino del norte, hay centinelas cerca, ellos podrán escoltaros a la Ciudadela donde podréis descansar y recuperaros ¿Os véis capaz de hacerlo?

- Creo... creo que puedo hacerlo – respondió con una voz asemejándose a rescoldos que se estaban apagando poco a poco.

La sacerdotisa frunció el ceño al ver el estado en que se encontraba y no pudo sino maldecir para sus adentros, pues era evidente que no estaba en condiciones para hacer nada. Miró el interior del bosque y después a la elfa.

- De acuerdo, no importa... Os acercaré – resolvió sin querer detenerse a pensar en las consecuencias que podían aguardarla en caso de ser vista, pues asegurar el bienestar de la gentil era prioritario para ella. Así que volvió a cogerla para ayudarla a andar, adentrándose entre los árboles que antaño le acogieron y donde se había sentido en paz, pero por primera vez lo que sentía era miedo.

Era curioso pensar cómo ahora eran los gentiles que habitaban en la Ciudad que había sido su hogar, eran los que habían conseguido que brotase esa inseguridad. Anith caminó bajo la lluvia, mirando de tanto en tanto a la gentil por si debía detenerse y otro tanto a la copa de los árboles. Conocía perfectamente los símbolos que indicaban un puesto vigía, es algo que su padre le enseñó, y tras algunos kilómetros vio uno. Con cuidado se acercó, aguardando hasta ver movimiento, momento en que ayudó a Sylwen a sentarse sobre la hierba mojada.

La elfa, aún en shock pero gracias a su Seldarine recuperada y sin heridas, se dejó caer sobre la hierba, sin nisiquiera hacer el esfuerzo por frenar o amortiguar la caída.


- Ya vienen a ayudaros etrielle Sylwen – susurró volviendo a desviar la mirada hacia las sombras que se acercaban por las ramas. Observó nuevamente a la gentil, con una mezcla de culpa por tener que dejarla ahí y ese desasosiego y sensación de peligro que se había instalado en su interior en el momento dio el primer paso por el camino de Tezhyr. Pero debía asegurarse que ella estaría bien, aunque eso supusiese poner en riesgo su propia vida -. Debo disculpadme por no haber sido capaz de protegeros como debía etrielle, y espero que podais perdonarme...porque ni siquiera puedo llevaros más allá de aquí, pero cuidarán de vos y os recuperaris pronto, ya lo vereis. Todo estará bien.

Ante las últimas palabras que pronunció Anith, algo pareció encenderse dentro de los irises de Sylwen. ¿Remordimiento? ¿Pánico? Era dificil de decir...
- Yo... no. Debería ser yo quién... - comenzó a decir.

Pero los centilenas estaban demasiado cerca ya. La sacerdotisa se retiró tan rápidamente como ellos se acercaron, desapareciendo entre los árboles mientras ellos llegaron para ocuparse de la elfa y llevarla a la Ciudadela, donde podría recuperarse.

descalza.jpg


Anith desapareció del Weldath sin dejar rastro su presencia​
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Pocos eran los lugares que aquellas tierras le ofrecían para poder contemplar la noche estrellada y la plateada luz lunar, en un intento de evadirse de todo lo que le rodeaba para dejar que su mente se transportase junto a su Seldarine. Aunque más que pocos lugares, solo había conseguido encontrar un lugar así; el acantilado cercano al hospicio...

1.jpg
Anith tomó aire, con sus ojos posados sobre una luna creciente, con las manos enlazadas frente así. Podía sentir la brisa salada proveniente del mar y escuchar las olas golpear el acantilado bajo sus pies, nada que ver con aquel tiempo en que todo lo que le rodeaba eran bosques y el susurro de las hojas mientras la luz de la luna la bañaba por contemplo.


- ¡Buena noche! ¡Hola Anith! - el saludo de la mujer sonó cerca de ella, demasiado para su gusto. Giró su rostro hacia la sacerdotisa de Cyric para ver cómo la saludaba con la mano, como si de una amistad de niñez se tratase.

- Pensaba que habiais marchado de estas tierras Amora... - dijo con sinceridad, girando el cuerpo para colocarse frente a ella.

- Estuve un poco recluida, eso es verdad – respondió -. ¿Qué tal van los huerfanos del hospicio? - preguntó con una sonrisa -. ¿Seguís haciendo eso de los cuentos?

La gentil asintió despacio, intuyendo por dónde iba a continuar la conversación. Pero hacía demasiado tiempo que había dejado de callar, así que sencillamente aguardó hasta que la sacerdotisa del Dios de las mentiras mostró un desenfadado deseo de pasarse por los cuenta-cuentos junto a los niños.

- No deseo veros en los cuenta-cuentos dama Amora... - y el rostro de la cyrita se mostró triste ante la elfa, pero Anith no cambió su gesto sereno, hablando con calma pero con una sinceridad directa, sobretodo teniendo en cuenta a quién tenía delante -. Que podais engañar a otros con tono jovial y haciendoos la inocente, no significa que olvide a quien servis y el dogma por el que os regis – le dijo -. Conmigo vuestros juegos y mentiras no funcionan...

- Pero si yo no engaño a nadie... - trató de defenderse.

- Servis al Principe de las Mentiras – le recordó como la primera vez que la conoció -. A aquel que dicta que deben morir todos quienes se oponen a él, aquel que fue capaz de asesinar a sus propios compañeros... Cuando renegueis del Principe de las mentiras, quizás podré comenzar a creeros

- Creo que sois muy dura conmigo y tenéis muchos prejuicios respecto a Cyric.

La sacerdotisa tel'quessir alzó leventemente las cejas, ladeando la cabeza.

- Que se piense que todos los hin son unos ladrones, son prejuicios... Lo vuestro no son prejuicios dama Amora, son verdades. Así que os lo pido una vez más, no uséis conmigo los argumentos que suelen usarse en estas tierras para que se acepte vuestro Dios y su Dogma pensando que aquellos que se oponen a vos son malvados, pues justamente aquellos que se oponen a Vos y vuestro Dios son aquellos que tratan de evitar que llevéis la oscuridad a este mundo.


- No no, si... ¡a ver! con calma – alzó las manos al ver que la elfa no cedía ni un ápice en su actitud hacia ella -. Yo sólo trabajo para deshacer la mala fama que tienen los cyritas y encontrar un camino en el que todos podamos ir de la mano. Existen... muchas facetas en esta tierra, muchos polos opuestos... Y todos son necesarios de alguna manera en el gran ciclo universal.

La gentil posó sus ojos verdes más profundamente sobre la Cyrita, guardando un momento de silencio, pues sabía a dónde quería llevarla. Y no estaba dispuesta de entrar en sus juegos.

- Conozco vuestro dogma, y ya os avisé que conmigo no funcionan vuestras mentiras ni tratar de tergiversar la verdad de vuestro Dios.

La Cyrita se rascó la cabeza cual niña pequeña pillada en una travesura.
- Bueno bueno, ya veréis con el tiempo cómo soy incapaz de romper un plato. Con lo que a mi me gustan los niños.

Aquella sacerdotisa no era la primera ni sería el último seguidor de un Dios corrupto enemigo de su Seldarine con la que se encaraba para proteger a los niños del hospicio de su influencia.

- Matad a aquellos que se opongan a Cyric, a aquellos que traten de traer la paz....- recitó la sacerdotisa de Sehanine en tono serio hacia la sacerdotisa del principe de las Mentiras -. Podeis adornarlo y ocultarlo todo cuanto deseeis, pero a mi no tratadme como una ilusa.
- Ah, ¿tu conoces ese dogma? A mi me dijo otro – rió sin que Anith viese dónde estaba la gracia -. Lo hace constantemente porque quiere que pensemos por nosotros mismos, su dogma nunca es el mismo según su fiel.

Anith cogió aire. Había visto ya tantas veces a seguidores de Dioses malignos haciendose pasar por buenos bajo los argumentos de que nunca habían hecho a nadie -al menos que ellos supiesen-, a bestias de naturaleza vil hacerse los martires, que en ocasiones echaba en falta realmente un sacerdote maligno que no sintiese la necesidad de ocultarse ni mentir, ¿pues qué es un sacerdote que reniega de su propio dogma ante otros tratando de aparentar algo que no es? Quizás en tierras que fuese perseguido por supervivencia podría entenderlo, pero en tierras donde tenian libertad de culto no le veía sentido, sobretodo cuando sabía perfectamente que los sacerdotes contrarios están destinados a enfrentarse como lo están sus Dioses, y que había actitudes que atentaban tan claramente contra el Dios que seguían, que debía ser cuestión de tiempo que éste terminase interviniendo.

- Cuando vuestro Dios trate de no asesinar e instigar a matar a todos que buscan la paz.... quizás os crea. Pero a dia de hoy, vuestro Dios no tiene ni un ápice de bondad en el corazón. Así que sino deseais nada más, prefiero dejar esta conversación aquí.

Anith giró sobre sus talones para alejarse del acantilado y de la Cyrita, pero a los pocos metros se alzó nuevamente la voz de Amora.
- Bueno bueno, pero aquí todos tenemos derecho a libertad de fe, ¿no? Pues ya.

La gentil detuvo su paso y giró levemente el rostro hacia ella, lo suficiente para poder verla con sus ojos verdes.


- Teneis libertad de culto... Pero lo que se os olvida, es que no por ello tengo obligación de creeros ni agradarme vuestro Dios – agregó -. Solo que legalmente no puedo actuar contra vos – dijo poniendo levemente énfasis en lo que podía significar la legalidad para la naturaleza caótica de un elfo -. -Pero no olvideis que la libertad de culto no me obliga a aceptar a vuestro Dios, y mucho menos en confiar en vos. Ya os lo dije la primera vez que nos vimos y os lo repito. Otros sin duda aceptarán vuestras premisas, mentiras y Dios, pero a mi no me volvais a tratar como una ilusa en estas tierras, pues soy una sacerdotisa del Seldarine, y sé perfectamente cómo funcionan las leyes divinas por las que todo sacerdote se rige, y eso es algo que tengo siempre muy presente...

model-savanna-blade-dalam-iklan-war-of-rings-gameplay-androidios_20171220_103957.jpg
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

Me acerqué ante el cántico que llegaron a mis oidos. Deslizándome entre los arbustos con la cautela enseñada y la mirada fija en el objetivo que tenía en mente.

Mis pies descalzos pisaban con cuidado la alfombras de hojas evitando hacer cualquier ruido, mientras mi piel permanecía cubierta por una capa fina de barro para ocultar el fulgor de la pálida piel de los lunares. Mi padre siempre me decía que era piel tan blanca era un problema para ser una cazadora, y por ello me enseñó en ocultarla, sujetando mi cabello en unas trenzas y adornándolos con hojas y raices, dándome la apariencia de los elfos nativos de aquellas tierras, pues si mi padre se sentía orgulloso de algo, era de que su familia ahbía pertenecido al primigenio Clan de Tezhyr, antes de que éste clan se dividiese en otros tantos y se expandiesen por todo el imperio de Keltormir.

Continué deslizandome cautelosa, con la curiosidad innata de toda cría, con una enorme luna llena sobre mi cabeza. El sonido se fue haciendo cada vez más fuerte, aunque con la suavidad del terciopelo, reconociendo el cantar del pueblo élfico, una canción religiosa.

Me agaché y retiré las ramas de un arbusto para contemplar aquello que me abriría un nuevo camino hasta entonces desconocido para mi.

i3hXaq.gif
Vi alrededor de seis sacerdotisas bailando en la esplanada del bosque, con un lago central donde la luz de la luna se reflejaba, arrancando destellos plateados de la superficie.

Las sacerdotisas se movían describiendo círculos, abriendo los brazos y girando sobre sus pies descalzos con una suavidad hipnotizadora, mientras las telas vaporosas de sus vestidos parecían bailar junto a ellas, cubriéndolas, rozándolas, tocando suavemente sus tobillos...

f8c5dc3fb3b468e3544efdb5f6fb2f62.gif
En el centro de aquel cántico estaba la Suma sacerdotisa Aldria, a quien había visto por la ciudadela de tanto en tanto pero a la que poco o nada prestaba atención, pues lo que ansiaba por entonces era poder jugar, correr por los bosques, aprender a usar el arco...

Conocía a varios Seldarine por supuesto, a Rillifane al ser el más venerado en el Weldath, a Corellon porque era el Padre de los elfos, a Solonor por ser el Dios de los cazadores y los arqueros; aquel a quien mi padre seguía, y a Sehanine por mi madre, aunque siempre me había parecido más una madre que una Diosa, y yo ya tenía una madre que me cuidaba y me guiaba si tenía dudas, así que mi curiosidad por ella era mínima.

Pero esa noche, algo cambió en mi visión hacia ella. No sé si era el cántico que alzaban en la quietud de la noche, la devota mirada que dirigian hacia la luna o aquellas tenues sonrisas que te tocaba el alma reconfortándote del frio, pero algo se movió dentro de mi ser al tiempo que mis ojos contemplaban aquella escena digna de los relatos faéricos alrededor de las hogueras.

No recuerdo bien el tiempo que estuve observando esa celebración a la luna, sumergida en aquellos cánticos y bailes, en la danza efímera y aquellas sacerdotisas que parecían elevarse en el aire, pero me quedé embelesada de esa belleza y el mensaje y amor que transmitía esa canción.

Yo quería sentirlo igual, quería poder bailar como ellas, poder observar la luna con tal amor y devoción que te encogía el corazón. Un amor que sabías siempre estaría esperándote cuando el sol se escondiese, y que cuando más oscuro fuese la noche, más brillaría para ti.



elf_princess_celine_by_antilous_de0z6s8-pre.jpg
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Mi gente no puede olvidar, nuestra propia naturaleza no nos deja olvidar, pues cuando ensoñamos volvemos a revivir retazos de nuestra vida... el amor, la traición, la felicidad, el dolor, el deseo, la esperanza... volvemos a sentir todo aquello que sentimos sabiendo que nada podemos cambiar, porque ese camino y aquello que vivimos nos hace ser lo que somos ahora.

wlop-ghostblade-elf-princess-girl-pointy-ears-silver-hair-br.jpg


Nos guste o no, tarde o temprano terminamos reviviendo todo...
​

Cuentos Ocultos​
Video


daf7b8f6505e8e7f0f787a27821522f4.jpg

Marché tan rápida como pude a la Ciudadela, subiendo las escaleras de espiral que conducían a lo más alto y atravesando los puentes colgantes hacia el templo.

No saludé a nadie, tampoco me fijé si alguien lo hizo. Solo caminé rápida hacia el templo, atravesando sus puertas para frenarme en seco ante la dantesca escena que se abrió paso delante de mi.


32e0da74ea0dfba319e296705a14110d.jpg

Estaban todos muertos... algunos desmembrados, con las armaduras agujereadas por las flechas que los clérigos les acaban de retirar y enormes heridas, todos llenos de sangre.

Pensé que quizás, solo quizás... alguno podría ser salvado, pero me equivoqué, y eso me trajo un dolor lacerante que llevaba años en lo más profundo de mi alma. Me acerqué a los cuerpos ocultos por una sábana con bordados del seldarine en los bordes. Mis pasos resonaban sobre el entarimado de madera en un eco incesante hasta que me detuve frente a ellos. Puse mi diestra sobre la sábana.


- Sabes que es tu culpa ¿Cierto?
La voz sonó tras de mi cual dardo envenenado. Cerré los ojos un momento y tome aire. Hacía meses que no la escuchaba, aunque a veces aún podía ver su sombra en algún reflejo o como una lejana neblina que desaparecía como un espejismo. Un eco del pasado.

- Sigues siendo una compañera de viaje espantosa – musité abriendo los ojos. Escuché lo que debía ser una pequeña risilla y su presencia por el rabillo del ojo.
- Pero la única que tuvistes en aquellos momentos, y la única que te dice la verdad, la única que desea que el dolor cese por fin, porque sabes que sufres porque tuvistes esperanza, y es la esperanza lo que te está matando ¿cuándo la dejarás ir por completo? Sabes que no importa tus intenciones, que no importa lo que te esfuerces, pues nunca estarás ahí para salvarles, como nunca has podido estar antes... no importa lo que hagas, lo que intentes, siempre serás esa observadora que verá el dolor de otros, su sufrimiento tras la batalla, pero que nunca está ahí para intentar evitarlo.

- Márchate....

- La única forma de que el dolor cese es dejar marchar la esperanza... pues no son más que meras promesas de que algo puede cambiar, que algo mejorará, que quizás... quizás... puedes salvar una vida, pero no es verdad, solo te engañas a ti misma. ¿Acaso no te ha quedado claro estos últimos años? Es mejor aceptar las cosas y no esperar nada, no luchar, pues solo provoca dolor.

- Quiero que te marches de aquí – repetí con voz temblorosa.

La figura se paseó alrededor de los cuerpos hasta quedar enfrente de mi.

417be8d4b7feb23cd2f70b47b3db6c3d.jpg

Era una sombra, una mujer de profundos ojos negros y vacios, carentes de emoción pero con una voz capaz de persuadir el más férreo de los paladines en un mal día, y yo había tenido muchos de esos en los últimos años, pero algo que no te dicen es que cuando transitas por sendas oscuras corres el riesgo de terminar con un compañero de viaje como ella, y cuanto más tiempo pases ahí, más fácil es para ellos es encontrarte y tratar de destruirte, y sino lo consiguen se aferran a ti como una mancha en la ropa que no consigues limpiar, pues las heridas siguen ahí, latentes, calientes, y continuamente recordándote todo lo que has perdido y lo que jamás recuperarás, y esa era su misión, buscar el momento preciso para volver atacar e ir mermando a la persona mediante susurros y palabras bien-intencionadas cargadas de veneno.

Supongo que hay personas que consiguen deshacerse de ella cuando cierran sus heridas, cuando todo el dolor sale al exterior. Pero en mi caso eso era un imposible... pues habían demasiadas heridas abiertas y había pasado demasiado tiempo para que pudiesen sanar, pues aquello que me importaba lo había perdido para siempre y nunca volvería a ser lo que era. Nunca encontraría sanación.

- Sin más dolor... - repitió de forma seductora -. Seguirías ayudando, seguirías haciendo lo que haces, nada cambiaría salvo que ya no habría más dolor.

Cerré las manos entorno a la manta que cubría los cuerpos, sintiendo cómo las lágrimas se agolpaban en mis ojos.

- Jamás será suficiente dolor, porque mi dolor jamás importó... – mascullé entre dientes mientras una lágrima se escapaba hacia mi mejilla -. Márchate de una vez...

La sombra desapareció para volver a quedar entre las sombras. Apoyé las manos en altar donde estaban los cuerpos y me dejé caer de rodillas con la cabeza agachada, dejando de contener las lágrimas. Sabía que yo no había sido la culpable de esas muertes, pero no pude evitar sentirlo así, y entonces volví a sentir y recordar aquellas veces en que no estuve para ayudar, las veces que vi a amigos y compañeros regresar de momentos difíciles unidos por el sufrimiento compartido, siendo mi papel el de una mera espectadora que aparecía al final cuando todo había pasado, alguien que nunca estuvo para tratar de evitar ese dolor ni pudo ayudar...


b0edadf5d04a752a42f24aad662bd31a.jpg
Nadie que fuese de utilidad​

Y ese día lloré nuevamente en la soledad del templo, frente a los cuerpos de los gentiles asesinados en una súplica silenciosa para que me perdonasen por haberles fallado también a ellos.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
*La sacerdotisa miró al grupo muranita con seriedad, viéndoles preparados para la contienda mientras ella apenas tenía sus armas imbuidas mágicamente.

ad972c4f815ace948906caace6874136.gif

Sabía perfectamente que solo iba a darle tiempo a un único conjuro, y eso si los ataques que le esperaban no la desconcentraban.

contienda.jpg
Nombres borrados para proteger a algunos de los participantes

Solo uno, y debía ser lo suficientemente poderoso para alertar a los vigías cercanos y que acudiesen a la contienda, y fue aquella primera flecha que se le clavó en el costado sin previo aviso quién le dio la señal para tratar de usar uno de los conjuros más poderoso que conocía antes de que toda la horda muranita se lanzasen a por ella*


(Por favor Sehanine... que lo vean)​

tumblr_mfeuzdOUfE1qdch9co1_500.gifv

Desconoce el tiempo que estuvo inconsciente, pero podía sentir su boca llena del sabor salado de su propia sangre y el aroma de bestias a su alrededor cuando despertó. Tosió echando algo de sangre y trató de incorporarse con los brazos doloridos.

e0577b84b89ebd9eb2c4114e7e2648190d2c606fr1-500-279_hq.gif
Le dolía todo el cuerpo, pero parecía que no se habían llegado ningún trofeo de aquella batalla: tenía sus manos, sus dedos, sus orejas... ¿quizás fuese porque los vigías escucharon la batalla y acudieron antes de que pudiesen hacer algo? Pero cuando Anith miró a su alrededor estaba completamente sola. Ninguna patrulla, ningún vigía... nadie...

Apretó los dientes aguantando el lacerante dolor y tomó el arco con cuidado, usándolo cual bastón para apoyarse. No podía pisar la fortaleza, así que los lugares donde poder recuperarse eran escasos, pero por suerte los conocía perfectamente, así que despacio, malherida tras la batalla y con una leve cojera marchó a curar sus heridas*
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
musica
Correr por el bosque era divertido y yo corría con todas mis fuerzas, pisando la hierba con mis pies descalzos para hacer el menor ruido posible y el corazón desbocado como los cascos de los ciervos.

dark-woods-scared.gif
Salté el tronco caido de un árbol cuya corteza estaba llena de musgo fresco y me escondí en el hueco de abajo. Era lo bueno de ser pequeña, que cualquier escondrijo te servía. Entonces esperé a ver pasar sobre mis cabezas a los exploradores que saltaban cual gacelas sin reparar en mi pequeña presencia bajo ellos y, una vez se detuvieron porque no encontraban mis huellas, salí corriendo nuevamente y tomé otra dirección.

d77e147d63882eee12aff214accbe9aedb93d1b4.gifv
Apreté mi carrera para conseguir tomar impulso, ayudándome con una piedra y salté lo más alto que pude al tronco de un árbol. Mis dedos se hundieron en la madera y mis pies trataron de encontrar entre su rugosa corteza puntos de apoyo para ayudarme a escalar. Sentía como me raspaba la piel y el rostro, pero comencé a escalar lo más rápido que pude hasta las ramas más bajas. Cogi una y me aupé sobre ella, comenzando a trepar para esconderme entre sus frondosas hojas verdes.

child-girl-playing-climbing-on-a-tree-in-a-summer-park-outdoor-picture-id957054758
Mi padre me había enseñado que debía permanecer quieta, contorlar la respiración y cualquier movimiento, que no debía asustar a las aves a mi alrededor para no alertar al enemigo y que debía tratar de oscurecer mi piel lo posible. Es por ello que llevaba algunos símbolos tribales dibujados sobre mi piel y mi rostro, hechos con musgo, algunas raices y plantas y arcilla. De esa forma ocultaba el blancor de mi piel y mi aroma.

Aguardé nuevamente despacio, escuchando con atención a mi alrededor. En ocasiones escuchaba algo moverse cerca, quizás uno de los exploradores, quizás algún animal... El bosque permanecía en total silencio y aguardé un poco más antes de volver a moverme. Bajé por las ramas y di un salto al suelo pero entonces sentí algo que rodeaba mi tobillo aferrándose a él y un fuerte tirón.

Sentí como mi cuerpo se daba la vuelta y quedaba boca abajo. Las risas se sucedieron y el grupo de exploradores, amigos de mi padre descendieron de los árboles ágilmente a mi alrededor. Mi padre estaba entre ellos, con una sonrisa en su rostro.

c7954a4796d7e4fd7ce9525a64da8235.jpg
Mi padre se acercó y sacó una daga de la pernera, sosteniéndome antes de cortar la cuerda. Entonces puso su mano en mi cabello.


- Lo has hecho muy bien...

Fueron entrenamientos de mi niñez que rara vez tuve que poner en práctica, pero una vez, mientras mis ojos oteaban la noche del bosque... los recordaba con nitidez, mientras deslizaba una flecha de mi carcaj a mi arco y apuntaba al grupo de bestias que se movian por el Cuello Dragon.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

2c2c02fb2b36d033d267663db999088e.jpg

¿De verdad piensas ir? Ya sabéis cómo acabará... cómo acabareis...
​
La mujer se movía con sutileza y sinuosidad a mi alrededor, mientras guardaba algunas cosas dentro de la mochila.
- ¿Acaso ahora os preocupáis por mi? - pregunté a la mujer. Podía sentir su presencia y ver su silueta por el rabillo del ojo, siempre ahí, siempre aguardando.
- Son muchos años juntos, si os pasase algo os echaría de menos... - musitó con ese tono seductor y falsa preocupación. Giré mi rostro hacia ella. Seguía teniendo esa misma imagen de un ser débil de rostro de porcelana pero con unos ojos profundos y oscuros que se tornaban carmesí cuando algo le parecía especialmente divertido, con un vestido que parecían adaptarse a cada movimiento de forma atrayente.
- ¿Me echariais de menos o echariais de menos no haber sido vos la causante de mi caída? - pregunté directamente. La mujer sencillamente sonrió mientras continuaba paseando.

Hacía varios años que no había visto necesidad en reparar en su presencia, muchos años en que había aprendido a caminar mi sendero sin preocuparme de ella, pero esa ocasión era una oportunidad que ella no desaprovecharía. Yo lo sabía y ella lo sabía.

- Sabeis que volverá el dolor, las heridas volverán a sangrar... - dijo -. No les debéis nada, pues nada hicieron por vos, no movieron ni un dedo, ni pronunciaron una palabra cuando podían evitaros esas heridas...
Cerré la mochila y me la eché al hombro antes de levantarse y ponerme frente a aquella mujer.
- Nada les debo, nada hicieron, nada espero... - le reconocí, pues sería mentira tratar de esconderle a ella precisamente tales sentimientos grabados en lo más profundo de mi alma -.Pero fui educada en unos valores que no traicioné entonces y no traicionaré ahora, sin importar las heridas que se abran y el dolor que deba padecer. Puede que no espere nada de ellos, pero sí que lo espero de mi... Así que disfrutad, pues iré a esos bosques para que esa tierra no sea bañada por la sangre del Pueblo.

La mujer me observó salir del hospicio antes de seguir mis pasos hacia los bosques del Cuello Dragon, aguardando su propia oportunidad.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Musica
¿Por qué deberíamos seguir a una exiliada?
​

0d5d38017ebdb3b7f243ad3b3027d74c.jpg
Aún podía sentir el olor de las plantas recien recogidas en mis manos mientras aguardaba a quess Ralobalar en el otro extremo del tronco de madera, alejada de las fortalezas. No tardó mucho tiempo en que escuché los sonidos de un lbo tras de mi y le vi cabalgando sobre el animal.

Pasó con cautela sobre el tronco que hacía de puente y se quedó en el otro lado enfrente de mi.

_ ¿Ya descansasteis quess Ralobalar? - pregunté bajando el arco. El elfo pronunció mi nombre a modo de saludo mientras bajaba de su montura, con el casco de venado colgando del cinto de cuero que portaba su enorma loba.
- Sí ¿y vos? - preguntó a su vez.
- Lo justo para resistir una noche más – respondí.

Su tono era reservado, inquisitivo. Analizando cualquier movimiento o postura que hiciese mientras entrecerraba un poco los ojos. Dio unos pasos hacia mi, pero manteniéndose a una distancia prudente.
- Puedo suponer que intuyes el motivo de la conversación.

- Puedo intuir muchas cosas, pero sois vos quien teneis las preguntas.

El elfo se cruzó de asintiendo ante la afirmación. Miró hacia el bosque, y de nuevo hacia mi.

- Seré claro, no me gusta seguir a una exiliada – inquirió -. Aún así, no puedo obviar la confianza que mis hermanos tel'quessir tienen en ti.
- Muchos de vuestros hermanos tel'quessir desconocian de mi condición hasta que vine aqui... Y ningun externo de la ciudadela hasta vuestro intervención – mencioné ese dato posando mi mirada en él manteniendo un tono neutral.

75f3842cedc6c6d8030ef3146e94df02.jpg


- Tienen derecho a saberlo.

- Los gentiles sin duda... - le reconocí -. Convertirme en comidilla en tierras humanas por gente que nada sabe ni comprendería, como espero supongais, no es algo que me agrade – pues todos aquellos que me conocían sabían que era muy reservada en cuanto a mi misma. No compartía con nadie mi dolor, ni penas, ni alegrías, ni el peso que podía portar.

- Deben saber a quién están siguiendo, sean de El Pueblo o no. He hecho lo que creo correcto, y ellos ya pueden debatir si confian o no.

- ¿Deseais que me marche? - le pregunté.

- No te confundas. En este conflicto, cualquier ayuda es necesaria. Pero si que es cierto, que si no confiasen en ti mis hermanos tel'quessir...

- Seré clara quess Ralobalar, como aprendí a serlo hace mucho – le dije, pues más que títulos o desconfianza, era que mi privacidad fuese aireada -. Vos podeis considerar que todos y cada uno tienen derecho a saber lo que soy para el pueblo élfico aunque vos mismo no sepais nada... Considerais que pueden juzgarme sin saber, todos y cada uno de ellos, y convertirme en rumores y confabulaciones aunque ello afecte mi vida....

- Estabas muy segura de tus actos antes de partir, que no importaba el título de exiliado si habías hecho tanto por El Pueblo y estas tierras aún con el rechazo. ¿Por qué te importa la opinión de los n'tel'quess?

- Lo que me importa es que no os ha importado nada si me convirtiais en comidilla de tabernas para que hablen de mi vida...

- ¿Debería importarme? - preguntó alzando una ladeando la cabeza -. Vuestro título no hace que te reconozca cómo parte del Pueblo, hubiese hecho lo mismo si era información necesaria si hubiese sido un humano, por ejemplo. Ser una exiliada conlleva eso, supongo que ya lo sabes – añadió por último.

Cogí aire, recordando ese tiempo... recordando esas enseñanzas... recordando ese tiempo cuando aún confiaba y creía en ese Pueblo...
Callarás y aceptarás todo cuando digan de ti, todo el odio que viertan en ti, sin excusas, sin palabra alguna, proque tienen derecho a ello...

porque mi propio dolor jamás se equipararía al de otros,
porque nunca sería suficiente dolor para mi,
porque mis propias palabras nunca tuvieron valor,
​

Bajé el arco apoyando un extremo en el suelo, un gesto de derrota contra mi misma, pues sabía perfectamente qué se esperaba de mi.


addc994452632cff885e071ecbe2d09a.jpg

- ¿Qué deseais de mi quess Ralobalar?

- Quisiera saber los motivos del exilio, y si te niegas a compartirlos, lo respetaré, pues puedo entender que no es algo agradable, pero quiero saber a quién estoy siguiendo.

- Qué importa ahora esos motivos – respondí -. Lo único que importa es que como decis, soy una exiliada, ello conlleva ser una traidora para el Pueblo y haceis bien en desconfiar de mi, es lo que espero del pueblo de la ciudadela de Tezhyr. Eso es lo único que importa.

- Se que no puedo confiar en tí, pero quizás, conociendo los motivos, mi desconfianza fuese menor. Pero tienes razón, tu título es el que es, y no va a cambiar.


cacaa86830989813c3ae1758dbc3b02b.jpg

- No, nunca podrá cambiar, es un exilio de por vida.

- Aunque seas una exiliada, cómo guerrero de Rillifane, tengo que agradecer los actos para ayudar al resto.

- No deseo que me agradezcais nada – le dije -, porque sé que realmente no confiais que esos actos tuviesen un buen motivo, sino uno escondido... Recordad vuestras palabras quess Ralobalar, soy lo que soy y nunca cambiará.... Nunca podreis confiar en mi – inquirí en tono tranquilo.

- Supongo que intentaba ser agradable, pero tienes razón, si – asentí nuevamente a sus palabras -. No tenía más motivo para esta conversación, Anith.

- Solo un consejo si me permitis... - le pedí antes de que marchase. Ralobalar me miró curioso -. No dejaros llevar por el odio por lo que soy, al fin y al cabo... la verdad permanecerá velada por la Nube luminosa. Desconfiad de mi, pero nunca dejaros llevar por el odio...

- El odio está reservado para criaturas astadas y trasgos que amenazan al Pueblo, Anith. Un exiliado no merece tanta energía, no te preocupes.
- Un exiliado es un traidor que amenazó al pueblo y lo puso en peligro...¿no? - pregunté posando mi mirada en él -. ¿Qué acto tan horrible se puede cometer para ese castigo sino equivale a algo propio de un enemigo?

El elfo me observó, alzando una ceja, quizás contrariado al ver que no solo no me defendía, sino que yo misma le daba motivos para desconfiar aún más.

- ¿Que buscas con esas palabras, provocarme? Va en contra de los deseos de mis hermanos tel'quessir. Tendrás tus motivos para actuar así, pero mientras sigas ayudando, mi filo no se acercará a tu cuerpo. Y no olvidemos, que no solo los tel'quessir confian, sino la propia Sehanine, y eso son palabras importantes.

- No, no deseo provocaros... Solo apoyar vuestras palabras y premisas quess Ralobalar.

- ¿Quieres añadir algo más antes de que vuelva a tiru'tel'quessir, Anith?

- Dulce agua y leve risa quess Ralobalar, que la Nube luminosa vele vuestro viaje – cabeceé hacia el elfo antes de tomar mi arco y marchar nuevamente hacia el oeste para continuar vigilando la frontera.

966054e7fdf38c93f2b648a523465ea5.jpg
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Caminó con paso rápido por el bosque, sin que ninguna palabra saliese de sus labios, siguiendo un sendero que conocía perfectamente en su cabeza hasta que llegó a su destino y, entonces, apoyó la espalda contra la fría montaña a su espalda y alzó la mirada hacia el cielo, lanzando un desgarrador grito al solitario bosque al tiempo que las fuerzas le abandonaban y caía de rodillas sobre la hierba bajo sus pies

5b91cddc18c88958ccedb70a8d84ed0e.gif
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
A una flecha de poder terminar esta guerra... y al tiempo saber que una armadura le protegía de esa flecha...​

1.png
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

¿Cuánto tiempo más crees que puedes mantenerse en el interior de una armadura sin que te afecte?​

f1a9528c1c187793651745b97f197f4f.jpg

Hay personas que nacen para la guerra, otros para la paz, otros para hacer renacer la tierra... algunos nacen para ser felices, otros para viajar y conocer... y cuando ese camino se desvía de su propia naturaleza, sientes como comienza a ahogarte poco a poco.

Yo ya conocía esa sensación que desde hacía varias dekhanas me asaltaba en el Cuello Dragón por estar imbuida en el interior de una armadura durante más de tres meses, haciendo una labor que sin duda no me correspondía pero que hacía por propia voluntad, vigilando día tras día las lindes... observando el bosque, prestando atención a aquello que fuese más fuerte que el cantar de un pájaro. Abatiendo a los grupos enemigos que avanzaban y regresando nuevamente a una eterna vigilancia. Supongo que es algo que aprendí cuando era pequeña con mi padre, siempre vigilante, y que sin pretenderlo reproducía su actitud y comportamiento en tales situaciones.

Lo más peligroso de esa senda, es que tu propio viaje se emborrona para poder divisar y moverte mejor por el camino que estás caminando en ese momento. Cambia tu percepción, cambia tu forma de actuar, cambias tú mismo durante ese periodo porque lo necesitas para sobrevivir, para poder proteger a otros y de no ser así, comienzas a caer en una lenta pero incansable melancolía porque estás actuando en contra de su propio ser.

La primera vez requerí meses para restablecerme y dejar las armas a un lado hasta que un vampiro me obligó a volver a tomarlas tras atacar a los mios. Supongo que esta ocasión no será distinta.

La armadura me pesa cada día más y el antebrazo me arde cuando estoy cerca de ellos, pero resistiré cómo lo hice en la guerra de los aguijoneadores, como lo hice en la guerra de los aserraderos... porque no tengo otra opción que resistir y cuando todo esto acabe... ya me preocuparé de volver a dibujar mi camino lejos de estas tierras.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música
b702ebd242ce94f6c3e558c162f70d96.jpg
La gente marchó del Cuello a otros quehaceres, mientras mi ojos se posaron sobre la máscara de Vandora que cabalgaba sobre su unicornio. Sentía el mango del arco en mi diestra y una sensación tensa en el ambiente. Tras unos momentos en que ni ella ni yo dijimos nada, me dispuse a marchar nuevamente para seguir vigilando, pero entonces escuché la voz de la elfa amortiguada por la máscara.

- Aunque no podáis verlo tras la máscara, estoy sonriendo – dijo. Pero esas palabras en aquella situación solo me traían sensaciones que sé, debía mantener lejos.
- Aunque no lo muestre – dije girándome a ella -, las heridas de mi alma no han dejado de sangrar desde que he pisado estas tierras Vandora, así que no tenéis motivos para sonreír.
- Esas son heridas difíciles de cerrar. Pero mi alegría es por veros en el bosque. Seguimos siendo habitantes de este y nos preocupamos por él ¿No?

Mi diestra se cerró más entorno al arco, girándome hacia ella y alzando el mentón. La elfa permanecía sobre los lomos de su unicornio.

191a80be7bd9b722b05f97879340e580.jpg

- Esas son heridas que jamás cerrarán, jamás... - dije con una seguridad aplastante en mis palabras -. Estoy aquí por unos valores que me fueron inculcados y en los que creo, los mismos valores que para protegerlos me vi obligada a marcharme, porque la opción era mirar hacia otro lado y permitir que fuesen prostituidos o perder mi hogar, y no Vandora, sé perfectamente qué heridas pueden sanarse o no, y las mías son de las que no pueden sanar.
- ¿Quizás necesitáis un abrazo? - preguntó. No sé si lo decía de broma, o si simplemente trataba de hacer aquello que en el pasado hacía como un intento de mostrar cariño que bien conocía ella, no era de mi agrado. Pero sus palabras hicieron brotar la sangre caliente de la herida en mi corazón.

898ed16e748cd2b9014dfe39595a0b41.jpg

- Justicia era lo que necesité – le recriminé. Así que lamento no poder corresponderos con vuestro afecto, pero cuido mucho a quien otorgo mis abrazos.
- Hay muestras y actos que nunca se ven – respondió ella.
- Pues estos eran los que se precisaban ver Vandora, pues no mostrarlos y no hacerse tuvieron el mismo efecto .
- No os diré que no, aunque a veces no se ven.
- Pues conmigo jamás los mostrasteis, aunque yo sí necesitaba verlos porque necesitaba saber que no estaba sola, y el resultado lo tenéis delante –dije - . Un alma rota, cansada por haber tenido que luchar sola y desgarrada de por vida - No podía creer palabra alguna de lo que decía, pues nunca podría olvidar que ninguno movió ni un dedo por buscarme, que ninguno de lo que se hacían llamar amigos, ni mi maestro fue capaz de preguntar qué había ocurrido, que estuve sola con el alma rota, a merced de la propia muerte.... y que nadie salvo yo se peleó con su propia gente por preservar y proteger nuestros valores. Solo miraron para otro lado, creyeron lo que otros les dijeron y callaron como hicieron todos, buscando castigar y acallar las voces de quienes se oponían para que otros pudieran cumplir sus deseos egoístas. Solamente el Pueblo Robusto comprendió el dolor que portaba sin preguntar, solo ellos fueron capaces de ver lo que mi propia gente no vio y comprender aquello que solamente aquellos que poseen el sentir de un pueblo podría comprender... Lo siento Vandora, pero dejé de creer en la palabras de los elfos de la Ciudadela hace mucho tiempo...
- No os lo dice una ciudadana de la Ciudadela, sino una habitantes del bosque.

Negué despacio para mi, despidiéndome y guiando mis pasos nuevamente a los límites del Cuello Dragón, mientras en mi mente seguía bullendo aquellas palabras que conseguí acallar, aquellas que nunca podría pronunciar en voz alta.

a9e630f28e02e0bc73d37baf01cf7730.jpg
Dejé de creer en la honradez del consejo, en la integridad de vuestra Coronal y en la bondad de la dragona de plata...
Vi como destruían aquello que debía ser protegido, como aquellos que debían velar por el Pueblo vendían los valores que debían preservarse... incluso por encima de los designios y deseo del propio pueblo. Todos mirasteis hacia otro lado y callasteis... y aquellos que no lo hicieron marcharon como lo hice yo...

Entre todos destruisteis los pilares en los que creía, y un gentil jamás podrá seguir a aquellos en quienes no confía sin traicionarse a él mismo.

Pero sé lo importante que es para la supervivencia del pueblo que el resto crean en esa ilusión y sea yo quien ahora guarde silencio...
​
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

Me acerqué al Robusto tras haber abatido a un grupo de bestias que se habían adentrado en el Cuello, algo bastante habitual pero de lo cuál estábamos más que acostumbrados tras tantos meses.

- ¿Todo tranquilo camarada Belegor?
El Robustó asintió con firmeza sosteniendo las riendas de su montura con firmeza. El enano llevaba casi tanto tiempo como yo en el cuello vigilando, evitando dejarme sola desde que supo del encuentro de las bestias y cómo tanto a Aravae como a mi nos habían amputado algunos miembros, y desde que llegó no había marchado en ningún momento, aunque se notaba que los bosques no era su ambiente. Permanecía vigilante siempre, mostrando así la disciplina de su pueblo.

2b377f87da810e15f8b64663f1b7ced7.jpg

- ¿Y por vuestra parte camarada?

- He estado dias sola vigilando la zona y no vi a nadie...

El Robusto fijó su mirada en las lindes, y yo lo fijé también. Pronto sería la batalla y el ambiente se iba cargando poco a poco.

- ¿Querríais hablar con alguien de estas tierras camarada antes de ir a luchar? - preguntó mientras se retiraba el yelmo colocándolo en la grupa del animal.

- Sé cuál es mi posición durante las batallas - respondí -, y ellos tendrán todo decidido, nos adaptaremos a lo que digan.

- No decía por la guerra camarada, decia por tu clan.

Cogí aire despacio.

- Mi padre me repudió con mi exilio y mi madre sencillamente no hablará de mi para no recordarlo... - dije con un tono suave. Lo cierto es que no les había visto desde mi marcha, pero conocía suficiente a mi padre para saber su reacción -. Soy lo que soy para ellos, ahora mismo un mal necesario y un arma... Solo desean el poder que pueda otorgarme mi Seldarine y nada más – dije con resolución, recordando unas palabras que la Coronal me dijo tiempo atrás. El poder de Sehanine estaba por encima de mi propio valor como elfa.

- Eres entonces una Sinclan

- Supongo que es el equivalente, si... - asentí despacio -. Ser una exiliada viene con ser repudiada en tu casa, por tu familia, amigos y por tu hogar. Es algo que ya sabía que pasaría cuando tomé esa decisión.

c370ff5c3e0ae51a432e1aa9b6022ea0.jpg
El robusto se quedó pensativo ante mis palabras, con la mirada al frente durante varios segundos.

- ¿Deseas resarcir tu honor camarada?

- Mi honor está intacto Belegor – respondí tomando la cantimplora y retirando el tapón de corcho con los dientes. Di un trago y volví a colocarme la cantimplora atado en el cintó -. Marché para proteger mi honor y mis valores... - entonces posé mi mirada en el paladín, que me escuchaba reflexivo -. Soy yo quien perdió la fé en ellos... de no haber sido así, nunca habría marchado. Pero los pilares que sostenian mi fé fueron destruidos por ellos, y un gentil nunca podrá seguir a un líder en quien no confia. El líder deber ganarse la confianza, debe demostrar ser digno de esa confianza... probar con actos ser alguien que defenderá y protegerá a los suyos, que se preocupa por ellos. Pero ellos me mostraron algo totalmente distinto... y callaron sin importar el dolor que ocasionaron.

- Sea entonces, tu palabra será con los dioses entonces y tu fe vendrá dada junto a tu obra en tu vida

Asentí al robusto.


- Es un camino que nunca hubiera esperado ni deseado para mi, pero si es el que debo caminar, lo hará bajo el amparo de la luna de plata.... la señora de los sueños, porque Sehanine siempre ha estado ahí por mi, ella conoce toda la verdad... todo lo que porta mi alma, todo mi camino...


Belegor se removió en la grupa del animal agarrando la correacon firmeza.
- La voluntad será siempre férrea si se sigue los caminos señalados por los altos dioses, no habrá juicio sobre la roca que pueda superar nunca al amparo de un alto padre. Mientras sea así, la lucha sigue, y se afrontará la vida sin flaqueo alguno

8cdcaae4597e6a7016305083f8937947.jpg
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

El sonido de las espadas y las magias se sucedían una tras otra. Los elfos avanzaban por el bosque sin ceder terreno alguno, aunque sabían que los muranitas debían ser mucho más fuerte que ellos, pero por extraño que pareciera, ese día la fortuna no parecía estar del lado de las bestias.

95f2511779bf9cfe384d3a6eae24cf26.jpg

En cuanto Anith vio al primer muranita, un gnolls, no dudó en soltar una flecha para alcanzarle, y todo el contingente de los elfos marcharon en busca del grupo. Todas las bestias cayeron en unos minutos, y aquellos que no cayeron por las armas y flechas élficas huyeron adentrándose en territorio de bestias.

Pero nadie estaba dispuesto a retroceder. La sacerdotisa observó que todos estuviesen bien, sobretodo Belegor y Calendil, quienes se habían visto involucrados en esa guerra por ella, combatiendo ahora en primera línea contra las bestias más fuertes para aguantarlos.

Anith les siguió en segunda línea. Sabía cuál era su cometido, aunque en esta guerra había tenido que adoptar más un estilo de batalla agresivo que de apoyo, aunque eso nunca faltaba...

Hubo un segundo ataque en la zona quemada por las bestias y los elfos se lanzaron nuevamente sobre las bestias. Las flechas silbaban cerca de su oreja clavándose en las armaduras de las bestias al tiempo que Anith usaba los dones de su Seldarine para tratar de aturdirlos, cegarlos o dañarlos, sabiendo que cuerpo a cuerpo no podría contenerlos, pero ellos no podrían contener el poder de su Diosa.

Corrió nuevamente tras el grupo que se dividió para dar caza a las bestias y aberraciones que trataban de huir o ganar alguna ventaja cuando se topó con Sagrath sobre una enorme montura, a solas. Sin pensarlo mucho usó sus dones en aquel mismo lugar, pero entonces vio cómo estiró las riendas colocando su atención sobre ella. Alzó su arma y la dejó caer sobre la sacerdotisa.

Quizás fuese la adrenalina del combate, o la furia al ver que estaban perdiendo terreno, pero Anith sintió como ese primer golpé fue prácticamente mortal. El arma oxidada del ogro se clavó en su armadura y la desgarró como si fuese papel, cortando músculos y tendones. Anith cayó de rodillas sin ni squiera recordar si había conseguido terminar de realizar el conjuro. Alzó la mirada y vio al ogro alzando nuevamente el arma, tras él pudo vislumbrar al Belegor que fijaba su atención en ellos, alzando un grito que fue amortiguado por el sonido de batalla que sucedía a su alrededor.

Con ese segundo golpe la sacerdotisa de Sehanine cayó seminconsciente en el suelo.​

662c28774c243cde64fa881b13786a68.jpg

El resto es confuso, pero aún fue capaz de ver cómo el arma del Robusto emitió una luz celestial mientras corría hacía el ogro. Estaba solo, nadie más iba a apoyarle en esa lucha, pero no dudó ni un instante. Con toda la fortaleza de su pueblo alzó su hacha y lanzó un golpe hacia la montura del ogro, el cual se encabritó. Sagrath trató de golpear al enano, pero éste pudo contener sus golpes con el escudo, manteniéndose en su posición como una roca.

bel.png
Nuevamente otro golpe robusto y otro del ogro. Belegor se defendía contra un enemigo que era mucho más grande que él y que permanecía montado sobre un enorme animal, pero se defendía y conseguía golpearle, cosa que Sagrath no podía hacer, ya fuese porque la altura le impedía ser eficaz o porque su suerte se había terminado con los dos golpes mortales hacía la sacerotisa

El sonido del metal chocándose resonaba en los oídos de Anith, mientras sentía la sangre caliente derramándose por sus heridas. Belegor envistió al ogro y después volvió a golpearle... y entonces la elfa perdió por completo la conciencia.

1a7528e07670d7ed8134fd5cc7e9a4c9.jpg

Cuando Anith abrió los ojos nuevamente, lo primero que vio fue a Belegor junto a ella, de pie, mientras el resto seguía moviéndose de aquí para allá en busca de muranitas escondidos, mientras él había estado velando por su ella. El cuerpo de Sagrath y su montura yacía junto a la sacerdotisa y entonces el Robustó estiró un brazo hacia la Gentil, como aquel que extiende el brazo para ayudar a levantarse a un camarada. Anith estiró su brazo y aceptó esa ayuda, cogiendo con fuerza el antebrazo para ponerse de pie.

forehand.png

Volvió a tomar su espada y se dispuso a seguir la luchar​
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música
Vos direis etrielle ¿En qué puedo ayudaros?​

3666e18c5b431ee673cb435bdc51bb98.jpg
La lluvia se convertía en unos frios cómos de nieve según se desprendía de las nubes grises, tiñiendo todo el exterior de Khazad con un manto blanco.

Hacía apenas un par de dekhanas que había marchado del Cuello esperando poder descansar, pero ocuriró todo lo contrario, pues había cambiado la vigilancia de un bosque por la vigilancia de unos túneles.

Anith permaneció con la vista fija en la Sylwen, colocando las manos tras de ella, aguardando aquello que había ocasionado que la lunar se acercase hasta la Ciudad Robusta en tierras amnianas.


- Antes que nada, me gustaría mostrarte mi gratitud por cuando has sangrado y hecho en el conflicto que se cernió sobre nosotros, Etrielle – dijo -. Si bien es cierto que el motivo que me lleva aquí guarda una proposición, no partiría de aquí en buena conciencia sin haberte mencionado estas palabras.

- Bien sabéis que no fui buscando ni esperando gratitud Sylwen.... todos sangramos en esa batalla – respondió en suavemente recordaba como el primer día Kalthalas le había agradecido responder a su llamada, y ella tuvo que decirle que no sabía nada de ninguna llamada, y que nadie de la Ciudadela le había pedido ayuda. Fue porque así sintió que debía hacerlo y así lo hizo, siendo fiel a si misma sin esperar nada a cambio y si por ella hubiera sido, nunca hubieran sabido de su presencia ni ayuda -. Pero os agradezco vuestras palabras.

Sylwen negó despacio, esbozando una tenue sonrisa.
- No traigo la gratitud de Suldanessellar, Etrielle, sino la mía propia. No olvido acciones y palabras, o al menos, trato de no hacer tal cosa – quiso explicarse antes de proseguir -. Como bien sabrás, las bestias de Murann han sido rechazadas por el momento, brindándonos la oportunidad de recuperar el territorio colindante a la Poza de nuestra señora – enlazó las manos con calma cerca de su bajo vientre, exhalando un quedo suspiro. Un fino vaho blanquecido salió de sus labios al hablar debido al frio exterior de Khazad. La sacerdotisa de Plata asintió despacio, dejando que se explicase -. Lamentablemente, pese a que hemos vencido por ahora, el territorio ganado está desolado y la Poza mancillada. Restará un tiempo hasta que... todo vuelva a ser como antes. Del verdor no puedo ocuparme, pero de la restauración de la Poza de la Diosa, sí- aseguró -. Quería ofrecerte la posibilidad de asistir en dicha restauración, si así lo deseas, claro está.

"Ofercerte la posibilidad de asistir"​

9f36ce29147f5bbadba89aaaa3f31bbc.jpg
Anith no supo porqué esa simple frase hizo que parte de su ser se pusiese a la defensiva, como si su propio corazón se armase con escudos y arcos sintiendo una punzada en su pecho. Cogió aire tratando de ignorar ese hecho.

- ¿Ya habeis podido verificar el daño causado o qué usaron para corromperla? - preguntó para distraer su mente de aquella punzada.

- Un hechizo desacralizador, aunque témome que mi vistazo ha sido preliminar- asintió -. Pediré la escolta del Ejército de Armas a futuro y con fortuna, la propia Ciudadela se encargará de los gastos que reportarán el ritual purificador... Si la Nube Luminosa lo dispone, volverá a ser bendita con su toque.

- Hacéis bien en avisar para escolta pues es necesario en tales rituales, y confío como vos que la Ciudadela corra con los gastos que pueda ocasional tal ritual – comentó en un tono neutro-. Y aunque agradezco vuestra ofrecimiento de posibilidad de asistir, creo que esta fue una conversación que ya tuvimos en el Cuello – su mirada se fijó en Sylwen durante unos momentos en silencio, recordando perfectamente dicha conversación -. Actualmente vos sois la sacerdotisa de la Nube Luminosa de la Ciudadela, vos sois la encargada, es a vos a quien desean y quien debéis demostrar que pueden confiar en vos y que velareis por los intereses del Seldarine en esas tierras – le dijo, pues siempre tenía presente si título para dicha ciudad con toda y cada una de sus implicaciones -. Mi asistencia, o mi solo nombre pondrían nerviosos a muchos, no estarían cómodos, lo podrían considerar una ofensa... y en tales rituales la armonía es primordial. No seré yo quien altere lo que debe volver a ser santificado. Así que aunque agradezco vuestra intención y ofrecimiento y tenéis mi total apoyo, no podré acompañaros a dicho ritual – y cogió aire -. Pero tampoco me necesitáis, vos brillareis bajo el manto velado de la Seldarine

Los ojos de la joven clériga se desviaron ligeramente según Anith le dio su respuesta, permaneciendo un breve momento en silencio.

- ... por un instante, la parte más ingenua de mi corazón creyó que tu respuesta acabaría siendo afirmativa, y que ambas, en sintonía y unísono, podríamos traer de nuevo la luz al lugar santo de nuestra señora. Que de alguna manera... - dijo apretando con suavidad los labios, quedándose en silencio.

Anith conocía bien la ingenuidad de ese tipo de corazones. Ella lo tuvo tiempo atrás... cuando la vida parecía ser mucho más sencilla, cuando no poseía heridas imposibles de sanar... cuando creía que todo acto nacido de un corazón que solo desea ayudar siempre encontraría una mano amiga que respondería... cuando creía en la justicia...
3ec4724be6a2bfc451952fd5d9adeeca.jpg
cuando aún tenía fe en esa Ciudadela...​

Sylwen carraspeó finalmente, mientras el rostro y gesto de Anith permanecía tranquilo, observando a la elfa.
- Pero comprendo lo que quieres decirme – dijo finalmente -, y veo el razonamiento en tus palabras. Las respeto, como te respeto a ti, Etrielle Anith.

La sacerdotisa de Plata cabeceó agradecida.
- En ocasiones los caminos que debemos hacer son solitarios... - dijo hablando de su propio camino -. Y aunque no pueda estar junto a vos, mi espíritu lo estará y sé que llevareis la luz nuevamente a ese lugar.

- Restauraré la luz de la Nube Luminosa en la poza de la clarividencia y quizás, a futuro, pueda volver a ser un lugar de reflexión y de trascendencia del espíritu.

- Seguro que guiada por vuestra mano, así será – aseguró la Sacerdotisa de Plata.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

46dce0da43210266748b21ef1be1c90c.jpg

La sacerdotisa caminó sobre la espesura de la nieve, dejando sus huellas con cada paso que daba. Era un sendero que hacía casi una década que no caminaba pero en esos días había sentido la necesidad de regresar a ese lugar, de rehacer nuevamente el camino que tiempo atrás había realizado.

El tiempo había sido amable durante toda la subida a la cumbre nevada y no dejó de serlo cuando llegó a aquella recóndita cueva. El vahó salía caliente de su boca con cada exhalación, y sentía sus dedos fríos por el ambiente, pero su corazón calentaba su sangre y su alma solo le indicaba que debía continuar.

Hacía mucho tiempo había fallecido una gentil en aquel lugar sin más compañía que el frio y la oscuridad y, aunque no sabía porqué ahora, ella sintió que debía recordarla, hacerle saber que alguien aún se acordaba de aquella elfa que una noche entró en aquella cueva pero nunca consiguió salir. Ese era su deber como seguidora de Sehanine, así que sus pasos siguieron firme hasta el interior de la cueva sin vacilar ni un ápice.

El ambiente era más resguardado una vez cruzó el umbral, pero más oscuro que el exterior, y cada paso que daba hacía un leve eco mientras un continuo goteo tintineante resonaba en el interior de la cueva. Anith encendió una antorcha con un poco de yesca y se dirigió hacia el interior de la cueva. El fuego alumbró todo a su alrededor, calentando su rostro y brazos, algo que agradecía tras caminar durante horas por aquella montaña helada. Ahora podía ver mucho mejor que las paredes estaban húmedas y brillantes debido a algunas filtraciones del exterior, pero no había sonido alguno salvo ese incesante goteo.

Tras unos pocos minutos llegó al fondo de la cueva, donde una sala más amplia que abría paso. Frente a ella había los restos de una antigua hoguera y una manta roída y sucia sobre el suelo. Parecía que nadie había pisado esa cueva en años, pero Anith era capaz de ver frente a ella la figura de aquella elfa tan vívida como si se encontrase ahora mismo ahí.


9c5ad41c040b9b93b1865d6e56aa1d0d.jpg

Podía ver si silueta encogida sobre la manta, los surcos de lágrimas en sus mejillas sucias, los labios resecos y agrietados por el frio y la piel cada vez más pálida y helada, mientras sus ojos simplemente agonizaban. Anith se acercó a la manta del suelo y buscó en su trafilquera una pequeña rosa tallada con adularia. La rosa emitía destellos celestes que recordaban la luz de la luna en todo su esplendor, dotándole de ese aire místico tan acorde con la Seldarine. Se arrodilló y en un gesto solemne dejó la flor sobre la manta.

- Sé que sufristeis mucho, sé que estuvisteis sumida en pesadillas durante días y dekhadas y que nunca pudisteis salir de aquí... - murmuró en un tono tan suave que parecía el propio rumor del agua deslizándose por las paredes de la cueva -. Pero yo aún me acuerdo de vos, de vuestra sonrisa, de vuestra risa, de aquellos sueños que teníais, de la ilusión que poseíais... Yo comparto vuestro dolor, y algún día os liberaré de esta cueva para que podáis descansar en paz y sin pesadumbre alguna en vuestra alma.

1d84a45b17b189f193ca7ce0a676b039.jpg

La sacerdotisa permaneció unos momentos arrodillada, musitando una plegaria silenciosa antes de levantarse y dirigirse hacia la salida, pero antes de cruzar el umbral de la entrada se detuvo y giró el rostro, echando un último vistazo a aquel lugar donde hacía diez años había entrado con el corazón y el alma rota... pero nunca había podido salir...
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música
b0a4cca39bb29acbbd41fcc87fda2b24.jpg
Belegor tendió unas flechas a Anith arrancadas de los aguijoneadores mientras continuaban caminando por la infraoscuridad.

Cargnar y Belegor se movían con soltura por aquellos túneles oscuros, aunque no era tan sencillo para la elfa, ya que ella no era capaz de ver en al oscuridad total como los Robustos, así que se debía valer con unas gemas de luz y la magia para tratar de vislumbrar algo en aquellas cavernas.

La elfa se echó las flechas al carcaj, pasando por el arco de lo que parecía el acceso a otro túnel, cuando sus ojos se posaron sobre un mural que conocía perfectamente, pero que no había vuelto a ver desde hacía diez años.

Era el mural que había estado estudiando durante los tres meses que permaneció en la infraoscuridad custodiando la entrada de Adalon, realizando y trazando cada dibujo, estudiando cada repisa tallada en piedra, descifrando cada figura imaginándose cómo pudo llegar esos dibujos al muro y el motivo por el cual se realizaron. Aunque parezca extraño fueron tres meses en los que al menos pudo sentirse conectada nuevamente con sus raices, sus antepasados y su historia... aunque no hubo dekhana que no terminase malherida por enfrentamientos con los muranitas.

Pero si ese mural estaba ahí significaba que...

Cargnar se adelantó cruzando el pasillo.

- Despejado - susurró.

Pero Anith no se movió, en lo más profundo de su corazón y su alma, ningún músculo deseaba dar un paso hacia esos túneles. Era como revivir aquel momento en que aquella dragona de plata fue capaz de destruir sin inmutarse el último fragmento de esperanza que le quedaba a la sacerdotisa. Aún podía escuchar nítidamente sus palabras, y sentir cómo se quebraba como el cristal esa esperanza dentro de ella.

Anith siempre había respetado a la Dragona, era una dragona de plata, de buen corazón, de naturaleza bondadosa...


...Deseo que me cantéis la canción de la luna de vuestro clero...​

b26c3bb33b3cc5b64479d38489020f0a.jpg

Esa fue la última frase bondadosa de aquella Dragona hacia la elfa, que le cantase la canción de su clero, algo que ella hizo con toda la devoción hacia Sehanine y el respeto hacia ella.

Tras ello, aquel fatídico día en que todo quedó destruido por siempre, solo vio como la naturaleza de los dragones era la de someter a través del miedo, imponerse para demostrar que ellos mandaban, ellos tenían el poder. El nombre de Orchtrien resonó en su mente ese día, el Señor supremo de los Dragones de Oro que, aunque se dice que son de naturaleza bondadosa y luchan contra el mal, en los primeros tiempos tenían esclavizados a elfos y otras razas para sus propias guerras con otras razas de dragones. Y Anith vio la similitud en la actitud de Adalon con la de Orchtrien, la soberbia, el no importarle el daño, el dolor que hacía a otros si con ello conseguía lo que quería. Dejó de creer ese noble corazón ese mismo día... pues solo buscaba causar el mayor dolor posible hacia la elfa sin importarle si ello la mataba en el camino, y lo consiguió. Aquella elfa finalmente moriría meses más tarde por todas las heridas infringidas por su propia gente y sus palabras...


- Aguardaré aquí si deseais seguir adelante . .. - consiguió articular la sacerdotisa, sujetando con firmeza su arco.
- ¿No nos acompañas mas? - preguntó extrañado cargnar.
- No sería leal por nuestra parte dejar a un compañero atrás – respondió Belegor -. ¿Qué te sucede?
- Sé lo que hay detrás de ese umbral de piedra – dijo -. No... no puedo acompañaros.
- ¿Es porr Adalon? - quiso saber Cargnar.
- Ahí me arrancaron la última esperanza de que algo podía cambiar y mejorar... Sin ni siqueira parpadear – dijo con los nudillos blancos por la fuerza en que sujetaba el arco -. No me acercaré donde esté esa dragona...
- Perro es una ruta de acceso que conosemos, y no encontrrarremos otrra si no vienes con nosotrros – comentó Cargnar hacia la elfa. Anith tomó aire, con un debate interno muy doloroso. Finalmente asintió despacio.
- No me detendré... ni dirigiré mirada ni palabra alguna con ella... Suficiente tuve con sus últimas palabras... - dijo con un tono que dejaba entrever que la sacerdotisa había dejado de creer en la bondad de dicha dragona y que no esperaba nada bueno de ella.
- Solo pasarr de larrgo, sí – aseguró Cargnar -. Si desde abajo hallamos otrra subida a superrfisie, no te harremos pasarr porr esto nunca mas.

La infraoscuridad era cambiante cómo le habían dicho a Anith. No recordaba que hubiese tantas cavernas para pasar al lado de la gruta de la Dragona, y es por ello que tras tomar uno de los caminos sus pies volvieron a negarse a andar, cuando le pareció ver una figura al fondo.

Su corazón se aceleró y sus ojos pudieron ver a Ferja llorando suplicando piedad mientras Adalon resoplaba aburrida por las lágrimas derramadas, sin compasión alguna, mientras la esperanza abandonaba la mirada de la elfa para no regresar jamás...


...Ni siquiera parpadeó...​

Pero no había nadie ahí, al menos no cuando volvió a mirar. Los Robustos aguardaron junto a ella hasta que comenzó a andar y una vez salió, tenía tal tensión que apretaba los dientes como si con ello pudiese ahogar un grito que quería salir de lo más profundo de su ser. Belegor le dio una palmada en el hombro.

- Gracias camarada por dar este gran paso...
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

La sacerdotisa dio pasó atrás de forma instintiva ante la visión que apareció frente a ella​

5e3f606696208d67401e3ba279119aec.jpg
Había perdido ya cuenta de los días que llevaba junto a los Robustos caminando por aquellos túneles, pero era indudable que ellos estaban hechos para poder moverme por la total oscuridad mientras que ella requería la ayuda de la magia para conseguir ver algo en aquella eterna oscuridad y aún así, todo su ser le indicaba que ella no pertenecía a los mundos subterráneos, era una criatura de los bosques. Necesitaba tener el cielo sobre su cabeza, sentir la brisa de la mañana, ver el danzar de las hojas de los árboles... Pero no era la primera vez que había tenido que caminar o permanecer en la infraoscuridad, aunque nunca había bajado tanto como ahora.

Aún así, se había comprometido a ayudarles y no iba a dejarles de poder ayudar y evitar que la sangre de aquel pueblo fuese derramada por las criaturas corruptas de la infraoscuridad.

Pero entonces, en un momento del camino, las criaturas que aparecieron las conocía muy bien, de las historia de sus padres, de las enseñanzas de su pueblo y por supuesto, de haber tenido que combatir contra ellas mucho tiempo atrás. Media docena de drañas se dejaron caer desde el techo cavernoso frente al grupo, con espadas que reflejaban el veneno y los ojos teñidos de carmesí, como prueba del deseo de sangre que poseía sus almas.

- ¿qué es eso? - preguntó uno de los robustos.
- Son drañas, servidores de la reina araña, condenados por no haber podido superar el ritual de lealtad y ahora esclavos...

davide-gordon-composition.jpg
Las drañas se lanzaron sin contemplaciones a por el grupo, usando la magia para crear pegajosas telarañas para frenar al grupo y atacar con sus venenosas armas. Pero el grupo estaba preparado y tras unos minutos de combate consiguieron acabar con todas ellas.

- ¿Y tras esta condena aún siguen a esa diosa? - pregunto Dagnar.

- El destino de los dhaerows están tejidos por la reina araña... disfrutan de la sangre, de la tortura, la compasión es una debilidad que cercenan y sacrifican en cuanto uno de ellos lo muestra... Por ello es tan difícil que escapen de su control, su naturaleza está corrompida desde su nacimiento - les explicó la sacerdotisa mientras continuaban su camino. Pero no tardaron mucho el detenerse y cuando la sacerdotisa fue a ver el motivo, dio pasó atrás de forma instintiva ante la visión que apareció frente a ella.

36990297561_b395b9851c_b.jpg

Era una estatua Lloth, y eso no era bueno en ningún sentido. Dagnar se encaró con la estatua, advirtiendo a la Diosa que dejase de enviarles a sus esbirros o acabarían con todos ellos mientras Anith solamente podía sentir esa enemistad entre su Seldarine y la Traidora, ese odio que Lloth dirigía a Sehanine por haber desbaratado sus planes de poder. Si un elfo no es querido por los dhaerows, una sacerdotisa de Sehanine mucho menos.

- ¿Creéis que debemos destruir el altar? - preguntó el robusto. tanto Cargnar como Anith negaron.

- En este lugar, lo que menos deseáis es que la Diosa se percate de nuestra presencia... Dejadlo estar, pues sin seguidores, ese altar perderá su poder y será olvidado...

El robusto asintió y el grupo siguió su camino hacia los niveles más profundos de la infraoscuridad.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música
Decidme etrielle N’Landroshien ¿Qué buscais ahora de mi?
​

12945840439081196bb2117bf5c0072e.jpg

N'Lalandroshien, la oscuridad de la noche, así es como había bautizado a aquella compañera de viaje tras tantos años, pues pensé que incluso esas sombras que somos capaz de ver por el rabillo del ojo se merecían tener un nombre con el cual dirigirnos a ellas, aunque ello las hacía más reales. Pero en mi caso eso no importaba, pues Ella había dejado de ser hace mucho tiempo una neblina que presientes en las noches oscuras o susurros durante las épocas de dolor, para convertirse en una compañera de viaje.

Los páramos estaban en calma esa noche mientras yo me había sumergido en mi propio ser, siendo consciente de aquello que sucedía a mi alrededor, pero al tiempo ajena al menos que mi vida corriese algún peligro, sintiéndome protegida por Sehanine durante ese periodo de tiempo. Algunos se detuvieron a saludar sin hallar respuesta en mi y no tardaron en saber que no la hallarían hasta unas horas más tarde, dejándome en mi soledad.

Pero en aquella ocasión N'Landroshien quedó frente a mi, con ese vestido largo y su gesto de tener toda la eternidad para conseguir aquello que deseaba. Mis ojos se abrieron hacia ella.


- Decidme etrielle N’Landroshien ¿Qué buscais ahora de mi?

La mujer giró un momento tras ella. Oteó la noche y volvió a posar la mirada sobre mi. Por primera vez en su rostro me pareció ver algo parecido a la extrañeza.

54c00103c4c017bbcd3a6d13e8a82d65.jpg

- Eso deberia preguntaroslo yo pequeña... - dijo en un tono pausado -. No percibo dolor en vos salvo aquel que habéis acostumbrado a portar, no percivo las heridas de vuestra alma ahogándoos el corazón amenazandoos con estrangularlo... No huelo en vos esos momentos en que la frialdad de mi abrazo es lo único que puede reconformaros de la tortura de lo perdido... pues es más cálido que los recuerdos de una sonrisa que nunca regresará a vuestros labios ¿Qué hago yo aquí sacerdotisa?

Durante unos instante me quedé mirando hacia la mujer, con tanta extrañeza como ella parecía mostrar. Podía moverme, hablar con ella, aunque sabía que mi cuerpo permanecía en ese estado de trance. ¿Quizás tenía algo que ver con las enseñanzas de Sehanine? La meditación era importante, el conocernos a nosotros mismos, nuestros deseos, nuestras debilidades, nuestras fortalezas, incluso aquella parte que nadie desea ahondar por lo que puedes encontrar. Pero esa era la única forma de trascender, la única forma en que el alma podía elevarse, ser inquebrantable, crecer...

En cuanto estos pensamientos me cruzaron por la mente, una sonrisa se perfiló en la mujer frente a mi.
- Vyshaan... - dijo adelantándose a mis propios palabras -. Soy vuestra ancla - fruncí el ceño ante sus palabras, o más bien por esa sonrisa ladina que mostró -. Vuestra alma nunca podrá trascender completamente mientras yo permanezca con vos... - dijo ensanchando su sonrisa -. Oh pequeña mía, comienzo a adorar la longevidad de tu raza... así el juego durará más.

No me agradó ninguna de las palabras que pronunció, y mucho menos esa sonrisa en su rostro mientras sus ojos se posaron sobre mi como quien mira un deseo oculto, pero había algo que no estaba teniendo en cuenta, ella no podía estar aquí por eso, debía haber algo más.

acb5101177cd892134e51760e3433da5.jpg
Guardé silencio tratando de ordenar mis propios pensamientos, recordando el momento en que la vi por primera vez, recordando aquello que lo provocó... y entonces sentí nuevamente esa punzada que me atravesó el corazón cortándome la respiración. Estaba entre la ensoñación de lo vivido y la meditación... pero sea lo que fuere, sé que estaba bajo el amparo y la protección de Sehanine.

- No trateis de hablar mi pequeña, pues nada saldrá de vuestros labios ya que vuestras lágrimas terminaron por ahogar vuestras palabras – dijo en un tono exquisito. La sacerdotisa cerró los ojos, pensando que así desaparecería, al menos, si conseguía volver a dormir, el tiempo pasaría y dejaría de sentir durante ese tiempo ese insufrible dolor en su corazón.

Pero Ella no marchó a ningún sitio, su voz siguió inundando su mente
....................​
- Recuerdame pequeña...¿qué significaba ser un tel'quessir? - preguntó con cierta sorna sabiendo que tal palabra le provocó tal desgarro en el corazón que las lágrimas brotaron frias de sus ojos.
<Tel'quessir significa parte del pueblo... y ser parte del pueblo significa todo...>​
- Pero tú ya no eres parte del pueblo, tú ya no tienes pueblo...

....................​
La sacerdotisa podía sentir una herida en su interior, profunda y caliente al escuchar las palabras de esa mujer, y las lágrimas resbalaron una vez más por sus mejillas hasta el suelo de la cueva. La mujer estiró una de sus manos al rostro de la elfa y esta cerró los ojos, pero siguió sintiendo una caricia en su rostro, fria, pero al tiempo provocaba que sus sentidos se adormeciesen.
....................​
- Una raza tan orgullosa... y a la vez tan frágil- dijo -.Recuerda que estás en mis dominios pequeña, y solo es cuestión de tiempo... Pero no te preocupes, marches o quedes, yo no te dejaré como otros, permaneceré junto a ti todo el tiempo...

Solo eran retazos de la muerte de la inocencia, pero entonces N’Landroshien sonrió.
- Fue mucho más que la muerte de la inocencia pequeña. Presencié una de las cosas más hermosas que puede presenciar alguien como yo. Cómo la última lágrima de esperanza derramada de un alma pura se llevó vuestra sonrisa... - dijo la mujer -. Un precioso recuerdo. No habéis podido sonreir después de aquello ¿Me equivoco?

Cerré los ojos un instante al recordarlo, sintiendo esa herida caliente abrirse en mi corazón, extendiéndose nuevamente por todo mi ser.

Debía haber algo más, esta no podía ser una de esas ocasiones en que solamente aparecía para torturarme y disfrutar de ello...​

Abrí los ojos y cogí aire, sobreponiéndome al dolor, tratando de alejar de mi mente esa neblina que no me dejaba pensar con claridad, o quizás... esa neblina que yo misma coloqué para evitar ahondar en esa verdad pues no estaba preparado para ello. La verdad de un sendero que está oculto bajo la nube luminosa hasta el momento adecuado.


d01f736b098e8c662d1fcd6acd4265b6.jpg

Ella era mi ancla porque era el recuerdo de algo que no quería ver, de aquello que me había causado tanto dolor y daño que había tenido que enterrarlo para sobrevivir, algo que me negaba a pronunciar en voz alta aunque sabía que estaba ahí, de algo que prefería no traer al presente aunque nunca me había abandonado.
- Perdí la esperanza de algo mejor para mi – dije alzando el mentón y fijando mi mirada en Ella -. Perdí la fé en muchos en quienes confié, en muchos a quienes apreciaba y respetaba, y me negué a permitir que nadie más se acercase a mi para no volver a sentir ese dolor. No puedo tener hogar porque revivir eso me mataría, ni busco ningún tipo de felicidad, pues comprendí que eso está fuera de mi alcance, y mi sonrisa fue el precio que tuve que pagar para no morir de dolor sola en aquella cueva - dije con firmeza -. Vos no sois mi ancla etrielle N’Landroshien, solo sois la consecuencia de mi dolor. Yo soy mi propia ancla.
 

Krystäl

Multa de Rox sin firmar
Registrado
21/9/11
Mensajes
4,162
Música

La sacerdotisa sostuvo aquella carta lacrada entre sus manos nuevamente, con la mirada puesta en aquel sello y los bordes amarillentos del papel tras casi una década en la cual, la carta había permanecido sin abrir.

lacre.jpg

El fuego de la hoguera danzaba frente a ella mientras su mente se alejaba a una época que la dejó marcada y herida de por vida y tras todo lo sucedido, eso era lo único que le quedaba, una misiva que le había enviado Shamaelthalar cuando optó por el exilio de por vida de Suldanessalar.

Jamás había abierto esa carta pues por aquel entonces sentía que mientras esa carta permaneciese cerrada podría contener en su interior las palabras que necesitaba para no morir... Pero que sabía que una vez lo abriese, tal sería el sufrimiento que no podría seguir peleando ni un día más, pues en el interior de aquella carta no había esperanza alguna, solo la realidad que la terminaría por matar.

Así que guardó la carta sin abrirla, solo un hálito de una esperanza perdida en un corazón destruido. Pero ahora, mientras la sostenía, su mente se negaba a recordar y revivir ese sentimiento, pues en el fondo sabía que, aunque el consejo, Ádalon y otros tantos elfos la habían matado en vida y condenado para el resto de su existencia, esa carta simplemente provocaría que su corazón dejase de latir.

carta.png

¿En qué momento había otorgado tal poder a una persona?​

Ira, eso es lo que sentía al recordar esa época... debía reconocerlo pues era mortal, y como sacerdotisa se Sehanine debía explorar su interior y reconocer aquello que estaba en lo más profundo de su alma, pues era la única manera de poder avanzar, y engañarse a una misma no era bueno ni humilde, pues ser sacerdotisa no te hace ajena a ciertos sentimientos mortales, y sabía que la ira provenía de aquellas heridas nunca cicatrizadas, de aquellos momentos de traición, de la soledad... Y aún así, fue fiel a sus enseñanzas, fiel a Sehanine, fiel a si misma, fiel a su Pueblo... aunque eso nunca fue recíproco.

Recordó sus meses en Cuello Dragon, cuando acudió sin llamamiento, vigilando durante meses, peleando... sintiendo cómo era juzgada por otros que nada sabían sobre ella, despreciada por aquellos con los que había convivido desde que nació, tolerando comentarios despectivos hacia ella mientras sangraba y perdía brazos por detener a los muranitas, convirtiéndose en cotilleos de taberna por los elfos mientras ella no dejó de vigilar esa frontera ni un solo día. Ni un gracias salió de esa ciudadela hacia ella como tampoco salió del Rey de Minsor por las largas vigías en el cementerio ni su participación durante la cruzada. ¿Pero acaso esperaba algo distinto?

Un objeto al que usar cuando era requerido y después deshacerse de él cuando no... y habían sido fieles a esa premisa que ella consiguió entrever tras buenas intenciones​

Anith tomó una rama de la hoguera y la acercó hacia la punta de la carta.

burning-a-letter-unhappy-girl.gif

Deshacerse de todo aquello que una vez te unió a esa ciudadela, y ello incluía esa carta, el nombre del que fue su maestro, del gentil que respetó y admiró.
 
Arriba