Krystäl
Multa de Rox sin firmar
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Música
Estaba lloviendo a cántaros, como hacía mucho que no había visto llover, pero era normal en unas tierras donde un bosque abarcaba más de la mitad de su territorio.
Anith ayudaba a Sylwen a caminar por el camino de Tezhyr, con la capucha ocultando su cabello y parte de su rostro que tenía bien cuidado de no alzar más que lo suficiente para mirar por dónde iba.
Silwen aún se encontraba débil, en shock tras haber sido derribada por unas bestias en el camino del comercio y, aunque su destino era Caravasar, tras ver en la condición en que se encontraba no iba a seguir el viaje a pie y por supuesto, no iba a dejarla sola en aquella ciudad, así que su única opción fue adentrarse en el bosque que tenía prohibido pisar y acercarse a la Ciudadela que nunca en lo que le quedaba de vida podría volver a ver.
Anith tomó el sendero que se adentraba en el Weldath y se detuvo. Sentía la tensión en sus músculos y un creciente desasogiego que se aseguró de no mostrar.
- Etrielle Sylwen, escuchadme... - le dijo en un tono suave y preocupado -. Cuando entréis seguir el camino del norte, hay centinelas cerca, ellos podrán escoltaros a la Ciudadela donde podréis descansar y recuperaros ¿Os véis capaz de hacerlo?
- Creo... creo que puedo hacerlo – respondió con una voz asemejándose a rescoldos que se estaban apagando poco a poco.
La sacerdotisa frunció el ceño al ver el estado en que se encontraba y no pudo sino maldecir para sus adentros, pues era evidente que no estaba en condiciones para hacer nada. Miró el interior del bosque y después a la elfa.
- De acuerdo, no importa... Os acercaré – resolvió sin querer detenerse a pensar en las consecuencias que podían aguardarla en caso de ser vista, pues asegurar el bienestar de la gentil era prioritario para ella. Así que volvió a cogerla para ayudarla a andar, adentrándose entre los árboles que antaño le acogieron y donde se había sentido en paz, pero por primera vez lo que sentía era miedo.
Era curioso pensar cómo ahora eran los gentiles que habitaban en la Ciudad que había sido su hogar, eran los que habían conseguido que brotase esa inseguridad. Anith caminó bajo la lluvia, mirando de tanto en tanto a la gentil por si debía detenerse y otro tanto a la copa de los árboles. Conocía perfectamente los símbolos que indicaban un puesto vigía, es algo que su padre le enseñó, y tras algunos kilómetros vio uno. Con cuidado se acercó, aguardando hasta ver movimiento, momento en que ayudó a Sylwen a sentarse sobre la hierba mojada.
La elfa, aún en shock pero gracias a su Seldarine recuperada y sin heridas, se dejó caer sobre la hierba, sin nisiquiera hacer el esfuerzo por frenar o amortiguar la caída.
- Ya vienen a ayudaros etrielle Sylwen – susurró volviendo a desviar la mirada hacia las sombras que se acercaban por las ramas. Observó nuevamente a la gentil, con una mezcla de culpa por tener que dejarla ahí y ese desasosiego y sensación de peligro que se había instalado en su interior en el momento dio el primer paso por el camino de Tezhyr. Pero debía asegurarse que ella estaría bien, aunque eso supusiese poner en riesgo su propia vida -. Debo disculpadme por no haber sido capaz de protegeros como debía etrielle, y espero que podais perdonarme...porque ni siquiera puedo llevaros más allá de aquí, pero cuidarán de vos y os recuperaris pronto, ya lo vereis. Todo estará bien.
Ante las últimas palabras que pronunció Anith, algo pareció encenderse dentro de los irises de Sylwen. ¿Remordimiento? ¿Pánico? Era dificil de decir...
- Yo... no. Debería ser yo quién... - comenzó a decir.
Pero los centilenas estaban demasiado cerca ya. La sacerdotisa se retiró tan rápidamente como ellos se acercaron, desapareciendo entre los árboles mientras ellos llegaron para ocuparse de la elfa y llevarla a la Ciudadela, donde podría recuperarse.
Anith desapareció del Weldath sin dejar rastro su presencia
Estaba lloviendo a cántaros, como hacía mucho que no había visto llover, pero era normal en unas tierras donde un bosque abarcaba más de la mitad de su territorio.
Anith ayudaba a Sylwen a caminar por el camino de Tezhyr, con la capucha ocultando su cabello y parte de su rostro que tenía bien cuidado de no alzar más que lo suficiente para mirar por dónde iba.
Silwen aún se encontraba débil, en shock tras haber sido derribada por unas bestias en el camino del comercio y, aunque su destino era Caravasar, tras ver en la condición en que se encontraba no iba a seguir el viaje a pie y por supuesto, no iba a dejarla sola en aquella ciudad, así que su única opción fue adentrarse en el bosque que tenía prohibido pisar y acercarse a la Ciudadela que nunca en lo que le quedaba de vida podría volver a ver.
Anith tomó el sendero que se adentraba en el Weldath y se detuvo. Sentía la tensión en sus músculos y un creciente desasogiego que se aseguró de no mostrar.
- Etrielle Sylwen, escuchadme... - le dijo en un tono suave y preocupado -. Cuando entréis seguir el camino del norte, hay centinelas cerca, ellos podrán escoltaros a la Ciudadela donde podréis descansar y recuperaros ¿Os véis capaz de hacerlo?
- Creo... creo que puedo hacerlo – respondió con una voz asemejándose a rescoldos que se estaban apagando poco a poco.
La sacerdotisa frunció el ceño al ver el estado en que se encontraba y no pudo sino maldecir para sus adentros, pues era evidente que no estaba en condiciones para hacer nada. Miró el interior del bosque y después a la elfa.
- De acuerdo, no importa... Os acercaré – resolvió sin querer detenerse a pensar en las consecuencias que podían aguardarla en caso de ser vista, pues asegurar el bienestar de la gentil era prioritario para ella. Así que volvió a cogerla para ayudarla a andar, adentrándose entre los árboles que antaño le acogieron y donde se había sentido en paz, pero por primera vez lo que sentía era miedo.
Era curioso pensar cómo ahora eran los gentiles que habitaban en la Ciudad que había sido su hogar, eran los que habían conseguido que brotase esa inseguridad. Anith caminó bajo la lluvia, mirando de tanto en tanto a la gentil por si debía detenerse y otro tanto a la copa de los árboles. Conocía perfectamente los símbolos que indicaban un puesto vigía, es algo que su padre le enseñó, y tras algunos kilómetros vio uno. Con cuidado se acercó, aguardando hasta ver movimiento, momento en que ayudó a Sylwen a sentarse sobre la hierba mojada.
La elfa, aún en shock pero gracias a su Seldarine recuperada y sin heridas, se dejó caer sobre la hierba, sin nisiquiera hacer el esfuerzo por frenar o amortiguar la caída.
- Ya vienen a ayudaros etrielle Sylwen – susurró volviendo a desviar la mirada hacia las sombras que se acercaban por las ramas. Observó nuevamente a la gentil, con una mezcla de culpa por tener que dejarla ahí y ese desasosiego y sensación de peligro que se había instalado en su interior en el momento dio el primer paso por el camino de Tezhyr. Pero debía asegurarse que ella estaría bien, aunque eso supusiese poner en riesgo su propia vida -. Debo disculpadme por no haber sido capaz de protegeros como debía etrielle, y espero que podais perdonarme...porque ni siquiera puedo llevaros más allá de aquí, pero cuidarán de vos y os recuperaris pronto, ya lo vereis. Todo estará bien.
Ante las últimas palabras que pronunció Anith, algo pareció encenderse dentro de los irises de Sylwen. ¿Remordimiento? ¿Pánico? Era dificil de decir...
- Yo... no. Debería ser yo quién... - comenzó a decir.
Pero los centilenas estaban demasiado cerca ya. La sacerdotisa se retiró tan rápidamente como ellos se acercaron, desapareciendo entre los árboles mientras ellos llegaron para ocuparse de la elfa y llevarla a la Ciudadela, donde podría recuperarse.
Anith desapareció del Weldath sin dejar rastro su presencia