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Cumplió la fecha en que prescribía su promesa de servir en la guardia de Amn, y aunque servir... el elfo había servido más bien poco (y menos había patrullado por no tener pareja de guardia), se había empleado en todo aquello que le habían ordenado y, por su parte, la deuda estaba saldada. Ya una vez sin ataduras, decidió que era el momento de hacer una visita a Candelero y a su familia en Eternôska.
Se calzó sus raídas botas de cuero rojo, tomó su laúd, se echó el escudo a la espalda, cogió sus dos espadas y el resto de sus bártulos y salió de la posada como cada día. Pero esta vez encaminó sus pasos hacia el norte. Cruzó los Picos de las Nubes hasta Náshkel y, siguiendo el camino de la Costa hacia Beregost, tomó el desvío que conducía a Candelero.
Pagó el acostumbrado precio para acceder a la gran biblioteca, un libro inédito; su nueva
Guía de supervivencia para el plano de la sombra, que pensaba regalar en la inauguración de la Sociedad de Estudios Planográficos.
Empleó en la fortaleza del conocimiento varios días al estudio de la geografía conocida y de antiguas leyendas sobre el mythal de Lantan. Después de esta breve estancia se dirigió hacia Puerta de Baldur, donde permaneció media dekhana visitando la ciudad. Desde allí, acompañó a unos caravaneros por los Campos de los Muertos hasta llegar a Soubar, dejando el río Khionzhar al sur. Siguió luego el sinuoso curso del Arroyo de la cola de la serpiente por su orilla este y, evitando el Bosque de las Sierpes, vadeó el pantano de Khélimber por el norte. En el último tramo de su viaje, se adentró en el Bosque Olvidado por caminos secretos que había descubierto tiempo atrás, y finalmente halló el valle escondido de Eternôska, “El hogar fortificado”, oculto entre doce altas colinas.
Mientras atravesaba con alma y pies ligeros el valle de viñedos y árboles frutales que conducía a la esplendorosa ciudad élfica, escuchó reconfortado los versos de una la bella tonada que tiempo atrás solía escuchar cantar a su hermana.
Ella cantó a las hojas, las hojas de oro
y las hojas de oro brotaron.
Del viento cantaba, y el viento sopló
y el viento sopló en las ramas.
ah ahahá
Más allá del Sol, más allá de la Luna
está la espuma del mar.
En la antigua Cormanthyr crecía un árbol de oro
ah ahahá
Bajo de las trece estrellas de Corellon
brillaba Myth Drannor,
entre los muros verdes del Cormanzhor.
Mucho han crecido las hojas de oro en los años de la Retirada,
mientras que aquí a este lado del mar
ahora caen las lagrimas de los elfos.
Oh el invierno viene, el día desnudo y deshojado.
Las hojas caen sobre la corriente, el río fluye lejos
ah ahahá
Oh demasiado tiempo he vivido en esta antigua tierra
y en una corona que se desvanece, vislumbro la dorada Arvandor
ah ahahá
Pero si de los barcos ahora debería cantar,
...¿qué barco vendría hacia mí?
¿Qué barco me llevaría hacia el otro lado de un mar tan amplio?
El Retiro había quedado atrás, y también grandes y terribles batallas. Pero Eternôska perduraba, en piedra y árbol moldeada.
¡Cuanto agradecía a Seldarine que su familia hubiera marchado con la gran podredumbre! Esto les había ahorrado ser testigos de su vergonzoso destierro, y ahora esa ciudad se le antojaba lo más cercano a un hogar que podía llegar a tener entre los elfos.
Traía presentes para todos y algunas historias que contar. Para su sobrina, un hallazgo especial. Durante los felices días de su estancia en aquel lugar, explicaría la asombrosa historia de su descubrimiento en más de una ocasión.
¿Como iba a dejar de contarla?
De cómo el elfo encuentra una estatuilla del monstruo del lago Esmel o de un ser que comparte cierto parecido… que tras ponerle ruedines, regaló a su sobrina
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Cuando Sten, mi capitán, regresó a Athkatla, consiguió reunir rápidamente una nueva tripulación para el Velanegra. Carik, uno de los nuevos Apátridas había encontrado un mapa que señalaba el lugar de un tesoro escondido. Pero no se hallaba en medio de ninguna cálida isla del sud, sinó oculto entre las nevadas cumbres de los Picos de las Nubes. El lugar que marcaba la X, señalaba una antigua torre de vigilancia en ruinas. Allí encontramos una trampilla cubierta por la nieve…
Contaba nuestro grupo con mi fiel amigo Parien, un aventurero de audaz y valiente condición, mi aprendiz Gñé, de gran voluntad y coraje, la mediana Renata, que no se calla, el susodicho marino Carik poseedor del mapa, la bella e implacable Aitana que creció en una granja y tiene una fuerza terrible, el capitán Sten y yo.
Pronto descubrimos que no hay trampillas ni puertas que se resistan a Aitana. Su habilidad para abrir cosas avergonzaría a cualquier cerrajero y cerrojo. Así que en seguida nos adentramos en el interior de las ruinas del viejo torreón abandonado. Tras descender por unas empinadas escaleras, encontramos las pertenencias de un tipo que al parecer (teniendo en cuenta lo que indicaba una misiva que guardaba en su posesión) se había escondido allí de la guardia. Por ello sospechamos que el tesoro podría ser algún objeto valioso que habría robado.
Avanzamos por un oscuro pasadizo y llegamos hasta una sala más amplia dónde nos atacaron un grupo de terribles arañas venenosas que dejaron a Carik en muy mal estado. Tras dar cuenta de ellas y estabilizar al camarada, observamos que aquella antesala se abría en tres nuevas direcciones; una habitación antaño cómodamente amueblada, una puerta blindada y fuertemente cerrada y un oscuro pasillo.
El capitán ordenó investigar la habitación e intentaba mantener la disciplina y organización del grupo mientras revolvíamos entre los viejos estantes y armarios maltrechos por el tiempo. Y a fe mía que lo hubiera conseguido si los hins pudieran ser disciplinados. Gritaban y trasteaban (sobretodo la hin) y no dudaría en afirmar que la antigua estructura no era capaz de aguantar tanto jaleo. Salimos de allí cuando el techo empezó a caer sobre nosotros.
Descubrimos que esas ruinas no eran seguras y que, además, habían albergado una legión entera de soldados de Nashkel. El diario de un antiguo sargento indicaba que un misterioso y temible mal había acabado con las vidas de los soldados y que el lugar se había convertido en el cubil de un monstruo al que no habían logrado vencer.
Exploramos el pasillo oscuro y un antiguo dormitorio de la guardia que se encontraba al otro lado, sin dar con nueva información sobre la historia de aquel lugar.
Lo más prudente era salir. La ominosa puerta blindada que se hallaba en la antesala dónde ahora nos encontrábamos, era testigo de que algo malo aguardaba al otro lado. Pero Gñé, que no podía mantener a raya su curiosidad, retuvo al capitán. Tentó al capitán Sten con averiguar lo que escondía esa puerta, y este ahora batallaba contra el dilema de enfrentarnos al monstruo terrible, o retirarnos sensatamente.
Me consultó. He de decir que Sten me tiene en alta estima y que confía tanto en mí, como yo en él. Así que me preguntó si conocía una forma segura de averiguar lo que había al otro lado de la puerta minimizando los riesgos.
Yo estaba elaborando un ingenioso plan para disminuir de tamaño a uno de nosotros y colarlo por un pequeño agujero, protegido con un hechizo de invisibilidad, para averiguar o que podíamos encontrar al otro lado, cuando entonces… de repente…
Dibujo by Sinsajo
La puerta, no resistió un envite de Aitana.
Todos entraron, así que les seguí. En la estancia que había más allá de la puerta nos esperaba una terrible escena. Los pobres guardias que habían tratado de hacer frente al monstruo yacían muertos por doquier, desparramados sus resecos esqueletos como en una polvorienta tumba.
Pero allí, en medio de esa escena terrible destrucción, encontré algo que jamás hubiera esperado encontrar.
Una brillante y dorada estatuilla de latón, con la forma de un maravilloso y misterioso ser que no había visto jamás (ni siquiera en los libros), permanecía impertérrita e indemne en medio de tan macabra escena.
Quién la había dejado allí, era un misterio.
Pensé que ya podíamos irnos, habiendo encontrado el tesoro del monstruo. Esa estatua brillaba bajo la capa de polvo que la cubría y, sin duda, debía ser importante. Pero el capitán Sten es intrépido y valiente y quería dar muerte al monstruo que había acabado con la vida de aquellos desafortunados soldados. Así que ordenó descender por un enorme agujero que había en medio de la estancia, como hecho por una lombriz gigante. El agujero descendía unos 20 o 30 metros hacia la más profunda oscuridad.
El capitán no parecía interesado en la estatuilla. Ninguno de mis compañeros lo parecía, así que decidí cargar yo mismo con el tesoro.
Descendimos y descendimos a través de oscuros túneles en precario estado. El suelo temblaba a nuestros pies y el techo se resquebrajaba sobre nuestras cabezas.
Sin que pudiera esquivarlo a tiempo, un derrumbe atrapó a Carik. La dama de la buena fortuna no le sonreía ese día, a pesar de que el mapa era suyo y, por extensión, el tesoro debía pertenecerle.
Carik había quedado terriblemente aplastado por una enorme roca. Ni aún con la fuerza de Aitana, Parien, el capitán y yo juntos pudimos moverla. Carik gritaba, sus huesos crujían. Aunque consiguiéramos sacar la terrible piedra de encima suyo -pensé-, solo podía sobrevivir si fuera como un trol y su cuerpo se recuperara rápidamente. Entonces, decidí dar a grandes males, grandes remedios y transformarle en un trol, para que se recuperara y fuera a la vez suficientemente fuerte como para quitarse las rocas de encima.
El plan no resultó tal como yo esperaba; a veces las varitas fallan. Pero con la fuerza de un trol conseguimos mover la roca que aplastaba a Carik. Le ayudamos a recomponerse con pociones magicas y continuamos avanzando por la oscuridad de aquellas profundas cavernas para hacer frente al temible monstruo.
Offtopic :
Dedicado a DM Gamba y DM Pereza en agradecimiento a la aventura que se curraron y el rato tan divertido que nos hicieron pasar. Y a Sinsajo por prestarme su dibujo. Gracias!