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Aravae Dispar

Zoroaster

Vampiro que no usa azules
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Gigoló... Cada vez que la rana abre la boca me parto la caja, es axiomático... A ver cuando me pongo al día con los relatos y escribo lo de cuando amenazó a Lissandra con un duelo mágico XD

Los vídeos son una pasada tío, cómo te lo curras :eek:
 

unhearted

Restos de un PJ de Aharadad
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En aquellos días Aravae se planteó muy seriamente obtener dinero para hacer un donativo a la Orden del Radiante Corazón y conseguir el permiso para el torneo de justas que tanta ilusión le hacía. Pero sólo conseguía dinero a base de robar chavos a los kóbolds y no era mucho. Por fortuna, el comerciante para el que procuró el ilitio le había prometido una buena suma de dinero si le traía esta vez granito rojo. Así que fue a buscar a su amigo Anhol a ver si él sabía dónde conseguirlo. Anhol era un buen amigo y se ofreció a acompañarlo hasta Nashkel dónde sabía que se podía extraer ese mineral. Se pusieron en marcha y partieron... dos días más tarde, por lentos.

A su viaje se les unió la dama Amithiel, valiente heroína que no decía que no a una aventura, y un asombroso caballero medio dragón al que le dio por aterrizar justo al lado del elfo. Aravae, impresionado y motivado por la curiosidad y la admiración, le invitó a acompañarles y este accedió.

Gracias al poder y la destreza de los compañeros del elfo, el viaje resultó bastante tranquilo. En el camino, encontraron al caballero Brand y la dama Lissandra que se dirigían hacia la sede del Filo.

Al llegar a Torrealta la compañía se había disgregado. Anhol y Amithiel se despidieron para atender unos asuntos en la ciudad. Aikanasar lo hizo con la promesa de volverles a ver y el caballero Brand se retiró a la Sede del Filo tras mostrar dónde estaba la cantera de mineral.

La cantera estaba muy cerca de la sede y pronto apareció un compañero de la dama Lissandra del Filo y se puso a conversar con ella; el caballero Durmas, apodado el Jabalí. Mientras ellos charlaban e intercambiaban pergaminos, el elfo trató de romper la roca infructuosamente. Más tarde, cuando llegó la dama Loen, el elfo canijo continuaba insistiendo con el pico de minero, pero el sol se ocultó entre las montañas sin que hubiera conseguido una sola veta de mineral.

La noche se presentaba fría y el caballero apodado Jabalí propuso ir a tomar algo, así que se alejaron de la cantera y se encaminaron hacia la taberna.

Aravae caminaba pensando en la druida de la que hablaban y sobre la que la mediana Aika le había explicado cosas días atrás, cuando Lissandra le ofreció la mano y le invitó a subir a su caballo. Sus pensamientos volaron, la nieve se desdibujó alrededor y las estrellas parecieron chispear alrededor del bello rostro de la elfa, o al menos eso le pareció a él mientras observaba su imagen cándida y su mano como un niño ante la promesa de subir en un tiovivo. En otras circunstancias, habría pedido permiso a Medianoche para subir en su grupa, ya que era la más afectada al tener que cargar con su peso. Pero en esos momentos sólo pidió permiso a Liss y subió al caballo.

En cuanto montó, la yegua salió disparada al galope. Subió las empinadas escaleras de Torrealta a un ritmo vertiginoso. Cruzó un puente de piedra con el abismo a sus pies y continuó galopando a toda velocidad. La nieve se desplazaba rápida bajo ellos, incluso las estrellas del cielo parecían moverse y las sombras corrían raudas hacia atrás.

Aravae tardó en procesar lo que sucedía, embargado por la emoción que sentía. Confundió el cosquilleo en el estómago con el vértigo a las alturas, los latidos de su corazón con el resonar de los cascos de Medianoche sobre el puente de piedra, el amor con el miedo y el miedo con amor. Pero, en cualquier caso, se abrazó más fuerte a la cintura de la elfa, porque el abismo era profundo y sabía que si Medianoche caía se iban a romper la crisma.

Cuando se dio cuenta de que no cabalgaban hacia la taberna, sino en dirección contraria, y que los compañeros de Liss se habían quedado atrás, trató de advertirle.
- Liss…-empezó a decir.

Pero la hermosa elfa detuvo el caballo. Desmontó apresurada y le dijo que bajara. Aravae obedeció sin rechistar y tomó la carta que ella dejó en sus manos.

- ¿La escribiste tú? –le preguntó.

El elfo sabía que la letra de quién había escrito la carta no era suya, pero se tomó dos segundos para reflexionar antes de contestar. En medio segundo vio a Lomir pidiéndole perdón por adelantado. Aravae ya le había perdonado, así que era tontería invertir más tiempo dándole vueltas. Tardó medio segundo más recordando su última conversación con Madeleine, que parecía disgustada con Lomir porque este no mejoraba su conducta ni les hacía caso. En otro medio segundo supuso que estaba básicamente de acuerdo con lo que decía la carta.Y en medio segundo más asintió, respondiendo a la pregunta.

Lissandra le tiró de la nariz en lo que imaginó que era una especie de extraña venganza.

La elfa también se tardó pocos segundos en subir al caballo y marcharse dejándolo ahí plantado.

Sus compañeros del Filo, que se habían percatado de su ausencia, volvían por el puente de piedra. Oyó a Jabalí decir algunas palabras que aún no conocía en la lengua común, y a la dama Loen contestarle. Pero estaba demasiado confuso para dar explicaciones. Así que pasó en silencio entre ellos y se alejó de allí sin preocuparse que pudieran pensar que los elfos eran raros.

Esta vez, cuando cruzó el puente de piedra, de vuelta, con el abismo bajo sus pies, la sensación de vértigo en el estómago le resultó mucho más desagradable.

Era tarde, y no se veía nadie por la calle. No conocía más que la sede del Filo y no quería ir allí, así que, consciente de que pronto sería víctima de una ensoñación espontánea y que debía procesar todo aquello, Aravae volvió a la cantera que conocía. Al fin y al cabo la piedra de granito rojo era lo que más familiar le resultaba y (igual porque le había golpeado tanto y ella no había chistado) le daba confianza para dormir a su lado.

aravae_resignado.png

Los primeros rayos de Lathander descubrieron al elfo ensoñado aún y medio congelado tras haber pasado la fría noche a la intemperie en lo alto de la montaña. La rana asomó por el zurrón y ladeó la cabeza para mirar alrededor. Echó un vistazo al elfo y le despertó a guantazos.
- No me pegues, ¿porqué pegas!? - protestó este con mal despertar.
- Porque si te despierto con un lametón se me quedaría la lengua pegada, estás congelado.

El elfo frunció levemente el ceño, se sentía igual de confuso que la noche anterior a pesar de no haber bebido elverquist. Meditó unos instantes y decidió que lo mejor era olvidar todo lo que había sucedido. Ignorar la realidad pasada se le daba muy bien y era un gran mecanismo de defensa psicológica.

La rana bajó hasta el suelo de un brinco a recoger un platito que había dejado a los pies del elfo.
- Ese es mi plato de madera de las comidas. – le dijo Aravae. ¿Por qué has dejado eso ahí?
- No te importa –le replicó la rana cogiendo una monedita que alguien había dejado en el plato. –Es mi negocio.
- ¿Qué negocio?

Aunque no tenía dientes, la rana mordió la limosna, para comprobar que no era falsa y no perder la costumbre, y la guardó en el zurrón. Sospechó que la había dejado el enano calvo que andaba cerca, a pesar de que no hacía más que gruñirles, porque no se veía a nadie más por ahí.

Puesto que no parecía que la rana fuera a contestar a su pregunta, el elfo se frotó las manos para entrar en calor y pensó en sus propios asuntos.
- Vamos a algún sitio dónde pueda dibujar tranquilo.
- No sabes dibujar, ¿Qué piensas hacer? –preguntó la rana extrañada.
- Tengo que hacer un boceto del torneo.
- ¿Y eso para qué?
- La dama Selena lo pidió, así que supongo que he de entregárselo con la propuesta y la petición.
- No entiendo… -murmuró la rana.
- Ni yo, pero los humanos son extraños. ¿Oíste a la chica que va con ella?
- La seguidora de Illmater, sí. ¿Ya convenciste a Anhol para que te ayude a lanzarla a la fuente curativa que hay llegando a Nashkel?
- No quiere ayudarme...
- Menos mal, tiene más sentido común que tú –replicó la rana acomodándose en el zurrón. –Vamos, a la posada. Te enseño dos insultos más de camino.
 

unhearted

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¿Hola que haces?

Una interferencia: sonidos externos.

1e.png


Ola ke ase?

Más interferencias; una voz rugosa. Y silencio otra vez.
1e.png



¡¡¿Qué haces??!!
2e.png


- ¡ESTABA MEDITANDO!!-exclamó el elfo a la rana que, desconsiderada, había interrumpidos esos pensamientos suyos.
- ¿Meditando? Estabas ensoñando despierto otra vez-replicó Asterin.

El elfo trató de recuperar el hilo de sus pensamientos inútilmente. La rana se echó a reír con un ruidoso croar y se sintió algo avergonzado.

- Lo has estropeado… -se lamentó.
- ¿El qué? -preguntó el batracio.
- Sólo imagino cosas que me gustan –se excusó.- No hago nada malo.
- ¿Pensabas en chicas desnudas?
- No. Pero tengo ese poder. Y no hago daño a nadie.

Se marchó. El elfo estaba un tanto susceptible y dejó a la rana a solas.

- Meditando… -murmuró Asterin con cierto tono de burla en la voz. Luego guardó silencio reflexiva unos instantes.

Y empezó a meditar como el elfo...
vinr1.png


vinr2.png


vinr3.png


¡No hago daño a nadie!
 

Nómada_

Screenshot secreta de Minen
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[BBvideo 425,350:dtu624e7]http://www.youtube.com/watch?v=5_LxyhCJpsM[/BBvideo]
 

Anthala

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:D enormee!!

(tengo que hablar con Lomir, tenemos cartas que escribir. Esa rana necesita ...un empujoncito :p )
 

Zoroaster

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*se huele campanas de boda al ver a la rana y a Tremain :p* Qué genial, lo que me he podido reir... :D
 

unhearted

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Me alegro que os gusten los dibujillos. Quise hacerle un homenaje a Tremain, pero después de ver los dibujos, la galleta que dió para la rana “estaba un poco pasada” jajaj que gañán. Y no sabía que Lhyta fuera tan lianta pero no me toquéis a la rana xD que con un pj que vaya coleccionando calabazas ya basta!

Nómada, el vídeo está muy chulo, pero conste en acta que este pj no se ha ganado ni un solo po cantando. La corrupción le va a llegar por asaltakóbolds jaja



En lo alto de una rama una rana leía tranquilamente las memorias de un viejo mago desmemoriado. Un joven elfo trepó hasta dónde estaba, se sentó a su lado y dejó caer sobre el tronco algunas pequeñas semillas secas que había recogido en el bosque para hacer un collar.
- ¿Para quién será? –le preguntó la rana al elfo.
- No lo sé –contestó.

El viento, que había escampado las nubes tras la borrasca, agitó sus azules cabellos y las hojas del árbol dónde se encontraban. También la tormenta de emociones y sentimientos del elfo había arreciado. Podía verlo en sus ojos. Su mirada se había vuelto más resignada, más cauta y también menos jovial que tiempo atrás.

- ¿Y bien? –se decidió a preguntar la rana.
- Quiere que sea feliz –respondió.
- ¿Y no hay recuento?
- Dos, en la mejilla…
- Maternal –croó la rana.
- …y uno en la frente porque me puse a llorar por Lyriel.

Era lamentable. Aravae lo sabía, pero no podía ocultarle nada a la rana.

- Peor de lo que creía -pensó Asterin. Pero se guardó sus palabras.

La rana, que cotilleaba parte de las conversaciones desde su hueco en el zurrón, sabía que un “ex” inmortal que enamoraba con dos frases, capaz de enojar un dios, que además era una Tribu de Uno y una personalidad suya era un hechicero poderosísimo, otro elfo de las estrellas y un canalla con el que le habían relacionado desde el principio… eran algo que superaba cualquier elfo sencillo de bosque.

Se oyó el sonido de una página pasar. Asterin era una experta en pasar página. Aunque se había permitido algunas licencias con la imaginación, Asterin era, ante todo, pragmática. Era una rana realista y sabía que era verde. Cerró su libro y dijo:

- Bájame al suelo, ¿quieres?

Aravae cogió a Asterin con cuidado y tras subirla sobre su cabeza, empezó a descender precavido, con lentitud, por el tronco del árbol.

Una vez estuvieron abajo, Asterin cogió una ramita del suelo y trazó un círculo y varios signos mágicos en la tierra.

- Cuando camines por la sombra… -empezó a aleccionar al chico en dracónido- te sentirás como si tuvieras un peso en el alma y cautivo. Notarás la oscuridad, hambrienta de luz y de tu calor. Los sonidos serán distantes, tu música apagada y los objetos se te antojarán resbaladizos al tacto. Es un lugar de almas frías y olvidadas, Aravae.

Bajo las frondosas copas de los árboles del Eldat, el elfo la escuchaba atento.

- En ocasiones no es tan diferente a esto –continuó Asterin. -Pero no hay sol, ni estrellas, ni hay distancias precisas… Las cosas cambian rápidamente y no valen los mapas, así que deberás confiar en tú instinto. Es el menos acogedor de los transitivos, pero será tu frontera al astral.

Y mientras el elfo la escuchaba con interés, la rana se felicitó a sí misma por lo sencillo que le resultaba distraerle.

- ¿Dónde está tu maestra enana?
- Es mediana –corrigió el elfo.- Una hin.


Días más tarde llegó una carta a la sede de la Liga de la Bota y el Sendero; un mensaje breve. La misiva decía:

Apreciada Nysia,
No te he escrito antes, porque no sabía como contactarte. Pero si en algún momento lees esto, espero que estés bien y hayas aprendido muchísimas cosas en tus viajes. Quería decirte que te echo un poco de menos.
Atentamente,
Aravae Dispar
 

Zoroaster

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Se abre el telón, aparece Lissandra ensimismada contándole algo a Aravae mientras va enumerando con los dedos y éste se pone cada vez más y más triste sin que ella se dé cuenta. ¿Cómo se llama la película? "Todos mis ex".

Y tras ese chistaco que no merece llamarse tal y que me da que va a desatar abucheos y amenazas de muerte, felicitarte por el relato y recordarte que tenemos una cosilla pendiente ;)
 

unhearted

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El último dibujo por petición popular de Lhyta


- Lhyta es una persona maravillosa. Adora los animales y los animales la adoran a ella.
L1.png

Diría que es capaz de recoger cualquier pobre bicho que se encuentre por ahí.
L2.png

Es muy buena persona, pero cuando se convierte en la escudera de Lomir…
L3.png

… puede parecer un poli malo. Y Lomir el bueno.
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Me hicieron pensar en Lissandra en el lababo.


- Pero me gusta aún más. Tengo muchas ganas verla. Iré a Torre alta y le preguntaré si quiere venir a la ceremonia de sanación del Wéldazh conmigo-dijo el elfo.
- ¿Tú solo a Torre Alta? Te matarán por el camino - contestó Asterin.

Como la idea de morirse por el camino no le gustaba, pero tampoco quería que la rana le hiciera cambiar de opinión, Aravae cambió de tema :

- Hoy he aprendido dos insultos nuevos: "Pechundido, tumbado en la playa pareces relleno de arena" y cabezalmendra.
- ...Bien. Pero llegas tarde a la clase de Abjuración.
 

Anthala

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Jajajajaja , gracias por la caricatura ¡¡¡me encanta!!!, si hasta sale Manchitas .Eres un artista.Estoy deseando saber como acabo tu viaje a Torre Alta.
 

El_Vara

Copia defectuosa de Kronobot
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MADAFAKA! Que puntazo lo del dragón y el poli malo xDDDDDDDD que bueno, a ver si conoces a mi pj y haces otra caritatura de mi Vennt xD
 

Sorcerer

Copia sin mente de un convocado
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dios, creo que ha sido la mejor actuación de Lomir como personaje secundario xDDDD
 

unhearted

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Bolívar, era una poderosa y malvada hechicera del plano infernal que seguramente nadie echaría en falta. Decidí enfrentarme a ella, pero cuando llegué a su plano ya me estaba esperando.
1.png

Me vi obligado a escudarme tras una columna. Pero la columna pronto cedió destrozada por uno de los proyectiles mágicos que la hechicera me lanzaba y que amenazaban con desintegrarme. Sólo podía correr.

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La hechicera convocó dos Balrogs que me cerraron el paso y enfurecida lanzó un nuevo proyectil que siguió una trayectoria circular.
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Pero lo logré esquivar por los pelos y el proyectil impactó sobre ella misma.

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Quedó destrozada, pero luego la curé.
También me enfrenté al Gran Trasgo Vampiro; yo y dos compañeras.

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Nos contrataron de la ciudad de Caldero, dónde tienen muchos problemas. Los trasgos simplemente eran un problema más.

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Pero los trasgos no eran rival para la magia ni para la espada vorpalina de mis compañeras de aventuras, así que el Gran Trasgo Vampiro pronto hizo su aparición.
- Dejad de matar a mis trasgos- dijo.
Y me atacó.

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No pude con él en un principio. Me lanzó al suelo y entonces atacó a una de mis compañeras, dejándola inconsciente, mientras la otra se enfrentaba al resto de trasgos con su espada voparlina.
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Acudí en su ayuda y, tras una terrible batalla contra aquel trasgo jefe, le vencí. Pero al hacerlo, nuestro enemigo se convirtió en una neblina gris y se esfumó.
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Lo encontramos más tarde en su ataúd durmiendo plácidamente…

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Asterin, que captaba los pensamientos del elfo, al terminarse todas las palomitas, interrumpió su ensoñación despierta con cierta resignación:

- ¿Te ha estado explicando Uko sus aventuras últimamente?
- Sí, ¿por qué?
- Eso es una suplantación ilegítima.
- Pero seguro que a él no le importa…
- ¿Es que no puedes recrearte en ninguna aventura propia?
- Sí, bueno…. Sí.
- A ver, explícame la última.
- ¿La más reciente?
- Eso he dicho
–dijo la rana.

El elfo reflexionó unos instantes, conflictuado, y luego empezó a relatar:
- Sabes que el otro día conseguí dinero. Me lo dió Madeleine por unas bayas. Y fui a Amnagua a pagar las curas de Ikwe. Pero como Madeleine me había dicho que guardara el oro en el banco para que no me robaran y en Amnagua no encontré el banco para sacar el dinero…
- …aprovechaste el viaje para pasar la noche en un puente a ver si pasaba Liss de casualidad
–terminó la rana.- Deberían haberte bastado las calabazas.

Aravae continuó rapidamente simulando no haber oído.
- Pues a la mañana siguiente fui a la Túnica Amarilla a ver qué objetos mágicos vendía el mago del pueblo.
- Eso me lo perdí.
- Porque no te apareciste; siempre encerrada en el cubículo.


Esta vez fue la rana quién no dijo nada y el elfo prosiguió:
- El mago de la tienda parecía preocupado, así que le pregunté que ocurría y si podía ayudarle. Me explicó que unas creaciones suyas se habían rebelado en su torre. Me miró fijamente y debí resultarle imponente o que sé yo porqué me dijo que yo podría ocuparme de ellas.
- ¿Tú?
–Asterin alzó una ceja incrédula.
- Mismamente –pronunció con orgullo Aravae, imitando la pose de brazos cruzados de Uko. - Parecía tan seguro cuando lo dijo que le creí.

La rana soltó una carcajada, pero el elfo prosiguió su relato:
- Además, recién había aprendido un conjuro para convocar un jabalí terrible y temible. Pensaba que podría con esas criaturas…

Ahora la rana escuchaba atenta, con curiosidad, mientras Aravae relataba:
- Pero cuando el mago me teletransportó al piso sellado de su torre, lo que parecía una meada en el suelo lanzó un escupitajo al jabalí y…¡Zas!¡Se fundió de repente!
- ¿Se fundió?
- Corroído por el ácido del escupitajo.


La rana miró al elfo con cierta inquietud y preguntándose como había salido vivo de esa aventura.
- ¿Y estabas solo? – preguntó.
- Sí. Yo y esa especie de gelatina fundidora. El jabalí murió.
- ¿Y qué hiciste?
- Pues, con una impresionante sangre fría,
- explicó adornando un tanto la historia- pensé: esa cosa no tiene ojos ni nariz, por lo tanto no puede verme ni olerme.

La rana lo miró expectante.
- Me quedé quieto.

Asterin aguardó a que Aravae continuara, aunque parecía que él hubiera dado por terminada la historia.
- ¿Y bien? –preguntó Asterin impaciente.
- Me quedé quieto. Ese ser debía percibir el movimiento, porque no me detectó.

La rana visualizó la escena.

[BBvideo 425,350:2uxiutpm]

- ¿Y cómo saliste de ahí? –exclamó, al fin, exasperada.
- El mago se apiadó de mí y me sacó de allí.
- ¡Vete al carajo!
–croó la rana- ¿Qué tiene eso de épica aventura?
- Tú no sabes lo difícil que es quedarse quieto, sin ni siquiera pestañear, durante muchísimo rato.


La rana puso los ojos en blanco.
- Sí, claro. Ya conozco tu sorprende habilidad de aguantar sin ir al baño…
- Sí, también tengo ese poder…
-bromeó Aravae, pero sin la alegría que la rana hubiera esperado.
- ¿Qué pasa?
- Quizá estaría bien si volviéramos a casa.
- Oh, vamos
–dijo la docta Asterin en cabezología.- No vamos a irnos sin saber qué guarda el minibolsito…
- ¿El minibolsito?
- El Gran Minibolso
– resaltó arrancandole una sonrisa al elfo.
 
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Anthala

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Jajaja cada dia te superas mas.Muy bueno.
 

gineu

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que bueno!!!! _risa2 _risa2 _risa2 _risa2 _rana _rana
 

Quetzalcoatl

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Menuda imaginación gasta Aravae :D ¡y cómo mola que hayas dibujado a Maddy! _olee
 

Zoroaster

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Qué inmenso de principio a fin :-D _olee
Eso sí, lo de ver a Liss como la doncella en apuros me resulta extraño, apuesto a que si los dibujos los hubiese hecho Maddy saldría con cara de loca lanzando rayos a diestro y siniestro XD
 

unhearted

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Era más probable algo así...
7vision_M1.png

¡Pero el que sueña es Aravae! Déjale que sueñe sus momentos de gloria, jajaj.

Ahora le voy a poner música solemne, sino me va a perder crédito el elfo.


[BBvideo 425,350:h5leac2u]

- Myt Drannor, Myr Rhynn, Myt Unnohyr... la alta magia élfica de nuestros ancestros está fallando, se corrompe... - le susurró la anciana seanchai. - En cualquier caso, parece ser voluntad de los Seldarine que viva para entonar los cantos fúnebres de aquellos que sostuve en mis brazos cuando eran niños. Creo que ya entiendo porqué decidían echarse a dormir nuestros antepasados…

La mirada triste que le dedicó la vieja lindetur le hizo pensar que también ella había decidido emprender ese viaje muy pronto.

La oyó entonar un rezo, ajada la voz, contenido el suspiro:

Veloces trazan las estrellas su senda por el firmamento,
ansiosas por plantar su último beso sobre tus ojos.
Delicada te acoge la tierra en su abrazo,
para acallar el arrollador trueno.
La daga en la vaina, el arco lacio.
En ésta, tu última hora,
sólo el silencio.


Luego se marchó y le dejó solo en aquel claro, en lo profundo del Wéldazh. Con sólo el silencio.

Aravae se sentó en el viejo tocón de un árbol derruido y observó el pequeño fresno que trataba de hacerse un sitio en ese lugar del bosque al que no había llegado aún la podredumbre.

Había muchos otros árboles recién plantados, demasiados; cedros, olmos, hayas y robles, de apenas dos o tres años de vida, por cada elfo caído.

Pero aquel fresno era el de Reithar Tuel'ran, cuyo cuerpo alimentaba ahora las plantas y animales de su tierra natal y cuyo espíritu había sido liberado para entrar al Arvandor.

Aravae sintió pesar por el vacío en el corazón que no podría llenar ya con nuevos recuerdos de su hermano y también vergüenza por haber postergado el deber para con su pueblo. Se había estado engañando a sí mismo con débiles excusas. Hacía tiempo que había consultado los viejos tomos de todas las grandes bibliotecas de Amn, a petición de la etrielle, pero se había demorado en el norte por estúpidos sentimientos egoístas, lejos del Wéldazh, de su ruina, de su guerra y de la muerte.

Ruar, Olkiir, Daoin… Existían tantas palabras en su idioma para mencionar las estrellas, cada una con un matiz diferente… Y sin embargo tan solo una daba nombre a la razón de los anhelos por los que el elfo había permanecido alejado del otrora bosque inmaculado, el Kyre Mista.

Cuando había leído la carta de despedida de Liss y soltado al búho, Asterin le había preguntado, sorprendida, porqué lo había dejado marchar.
- Uluvathae...
- ¿Es que no le vas a contestar? – le preguntó. La rana suponía también, como Madeleine, que tendría muchas cosas que decir, que debía sentirse inspirado, pero no había música ni palabras en su corazón.

Sólo silencio. Un ominoso y aplastante silencio.

Se rompió cuando varios pájaros alzaron ruidosamente el vuelo sobre las copas de unos árboles cercanos. Debían haber captado algún movimiento en el bosque.

Aravae se puso en pie, alerta, y cogió su arco lentamente.

- Slaugh… -murmuró el elfo, con leve inquietud. Había tomado una valiente determinación. No abandonaría el Wéldazh hasta que el bosque sanara o él mismo muriera en el empeño de lograr una cura para su hogar. Y, osado pero prudente, dando un rodeo estratégico, se dirigió hacia el lugar dónde se encontraban los intrusos.
 
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unhearted

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[BBvideo 425,350:3jp2llwr]


Eran tres enormes y otro más pequeño. Dos de ellos removían la tierra, olfateando ruidosamente, como gorrinos que hubieran encontrado trufas bajo la hojarasca. Otro parecía distraído sin mirar a ningún punto en concreto. Y el orco más grande permanecía alerta, en guardia y vigilante. Pero no le había visto. Aravae había sido precavido y cauteloso, porque muchos enemigos rondaban por el Wéldazh en estos días aciagos.

Por un momento el joven elfo sintió unas ganas terribles de encaramarse a un árbol y aguardar hasta que se fueran. Pero controló su miedo. Pensó en la gloria de los valerosos y que los orcos estaban desprevenidos. Quizá podría encargarse de uno o dos antes de que llegaran a su altura… Pensó que sólo eran cuatro… que cualquier héroe mínimamente avezado tendría que poder encargarse de cuatro simples y viles orcos…

Debería haber pensado más todo esto y aprender a contener su ímpetu, pero su mano ya empuñaba el arco, presta la flecha, apuntando en el ojo y disparando rápido.

Le dio en el muslo a uno de los orcos, y ni siquiera era el más grande.

Le vieron y se abalanzaron al instante hacia él, con la sangre inyectada en las pupilas.

Aravae los vio venir, como aquel que ve pasar toda su vida por delante, con aparente fría calma, como si pudiera calcular cada uno de sus movimientos a toda velocidad.

Lanzó otra flecha, pero esta salió disparada contra el tronco de un árbol. Trató de utilizar la varita que le había dado Liss para convocar al canarconte, pero comprobó que no habían practicado lo suficiente para usarla. Tartamudeó tratando de conjurar un hechizo de invisibilidad, pero uno de los orcos ya se le había echado encima.

Fue por puro miedo que desenvainó con energía su espada en el momento preciso y con la fortuna de que fue a golpear contra la hoja que blandía el orco, evitando que le cercenara el cuello de un tajo.

- ¡Ahora!! -gritó un elfo segundos tarde.

La espada se le escapó de las manos al recibir el salvaje golpe y un leve cosquilleo recorrió su brazo dolorido del impacto antes de que el orco que le había atacado cayera encima suyo con todo su peso.

Se sintió aplastado. Oyó gruñidos y gritos de orcos, silbidos de flechas y palabras en elfico susurrado. Pero sólo podía ver un pedazo de cielo desde su posición debajo de esa mole enorme que se le había caído encima, abatida por las flecha de los centinelas.

Una risa cantarina sonó familiar por encima suyo y pronto vio asomar un rostro conocido.

- Mira quién tenemos aquí.
- ¡Hopiel!! -exclamó sorprendido y encantado de verle. Empujó el cadáver del orco tratando de quitárselo de encima pero pesaba demasiado.

Hopiel se tomó su tiempo para recuperar las flechas del cuerpo de su víctima y solo después le ayudó a apartar el cuerpo del orco y le tendió una mano con expresión burlona. Mostraba una sonrisa divertida como en los viejos tiempos; esa apreciada sonrisa suya. Aravae aceptó la mano que le ofrecía su amigo y se puso en pie.

No hacía mucho que se habían visto, cuando Lyriel se había marchado y Aravae había vuelto forzosamente al Wéldazh.

Aravae reparó en que le estaba examinando en busca de heridas y negó con la cabeza.

- Por fin has vuelto. ¿Ya has dejado de perseguir doncellas de ensueño…? Te marchas un día a pasear por el bosque para que te dé el sol y no te volvemos a ver en meses -rió Hopiel. Se mostraba satisfecho por el éxito de la incursión y por haber llegado a tiempo de salvarle la vida.

Por un momento parecía no haber cambiado. Pero luego su amigo de la infancia se volvió hacia él con tono más autoritario y serio:

- No marches solo -le dijo como un padre preocupado- demasiadas cosas hemos tenido que lamentar ya.

Aunque Hopiel sí había cumplido la mayoría, no era muchos años mayor que él. Pero parecía más adulto que la última vez que se vieron. Se volvió para dar algunas órdenes rápidas a los miembros de su grupo. Hablaba con una seguridad y autoridad que Aravae no conocía antes en él.

Hopiel le miró de nuevo.

- Has venido a ver el árbol de tu hermano… Tuvimos noticias de que un grupo de orcos rondaban por aquí. Y ya ves… justo a tiempo.

Aravae sonrió agradecido a todos los miembros del grupo de exploradores que le habían salvado la vida y se encaminó con ellos hacia Suldanessallar.

Durante el viaje de vuelta les habló de sus planes:

- No somos los únicos que hemos sufrido las consecuencias de la podredumbre, y que estamos perdiendo nuestro hogar y nuestros hermanos. Os hablo de buscar aliados entre los sátiros, los duendes, las dríades, los grilios, los pixies, los gnomos, los dragones metálicos, los centauros… -les decía mientras los guerreros elfos le miraban con cierta reserva.

- Quizá algunos acepten… -murmuró un elfo más anciano. - Pero no lo harán todos.

Aravae asintió y continuó hablando con entusiasmo:

- Si se unen al grueso de nuestro ejército es más probable que el enemigo fije la mirada en él, distraído, y deje tranquilas las expediciones que enviemos a anular los rituales que están drenando la energía del bosque.

- ¿Desde cuándo eres estratega? -le interrumpió Hopiel.

Aravae miró a su amigo desconcertado.

- ¿Qué te hace pensar que te van a hacer caso? Y pretendes hablar al Cónclave…¿Dónde está tu nobleza? -No hacía falta que Hopiel fuera plebeyo para que le lanzara esa puya.- Tampoco te has ganado honor en la batalla.

Aravae pensó que se preocupaba por él, pero no iba a dejar que le hiciera cambiar de opinión y dijo con suavidad:

-Haré que me escuchen. Puedo ayudar.
- Aravae, lo que quiero decir es que no eres más que un quitapolvos de biblioteca. No veo tus heridas de guerra. ¿Qué potestad tienes para hablar?

Aravae, que era uno de los elfos con menos suspicacia para esas cosas entre los suyos, no esperaba que las críticas más duras provinieran de esos labios, aunque debiera haberlo imaginado, y tardó en descubrir el tono de reproche. Le dolieron las palabras de su amigo más que cualquier burla o negativa que pudiera haber recibido de otro elfo.

- Eso no es justo - susurró, desarmado, considerando que no era oportuno contarle la cantidad de golpes que había recibido en la expedición al Vigía. En cualquier caso, las heridas más profundas y dolorosas que había recibido no dejaban cicatriz visible.

Hopiel siempre había pensado que Aravae era débil porque nunca ganaba en las batallas, ni subía con facilidad el árbol más alto o lanzaba las flechas a mayor distancia. Pero Aravae le contestó con una voz que no mostraba debilidad alguna:

- Verán que tengo razón cuando lo demuestre.
- Normalmente se demuestra antes, para que te hagan caso.
- Se demuestra cuando se puede -replicó en un tono más serio del que hubiera deseado emplear.
- Bien, inténtalo -le concedió su amigo.

A Aravae no le gustó que le hablara como si le estuviera dando permiso para actuar y zanjó la cuestión, procurando no mostrarse desconsiderado.

- Eso voy a hacer, en cualquier caso.

Al fin y al cabo, Hopiel le acababa de salvar la vida y era su mejor amigo. Quizá lo que se había propuesto le iba a resultar más difícil de lo que había imaginado en un principio.
 
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