-No me dejes… ¡llévame contigo! –pidió con voz desesperada Aravae al mágico susurro de ella, cuando se dio a conocer el edicto de la reina liche y Lissandra se hizo invisible y le dijo adiós antes de teletransportarse a quién sabe dónde.
Ella no le respondió y el elfo se sintió abandonado como una colilla mojada, terriblemente triste y dolido porque se fuera dejándole atrás. Y luego también un tanto avergonzado de que Nayla le viera derramar alguna lágrima traidora.
Cuando fue a Torre Alta en busca de Lissandra, Bruma trató de disuadirle de que lo mejor que podía hacer era alejarse de ella, dejar que ella lo resolviera a su manera, no intervenir… Pero no iba a hacer eso. Y aunque el elfo sabía que el amor propio no es más que un globo de aire que cuando lo pinchan salen de él tempestades y nunca había tenido demasiado amor propio, esta vez no pudo dejarlo a un lado. Se enfadó con Lissandra porque no le había dejado escoger y la preocupación dio paso a la frustración de sentirse inútil y no poder ayudarla.
Como a un caniche piraña asesino, al elfo le sale la rabia.
En el camino de vuelta de Torre Alta Aravae detuvo sus pasos, dejó a Bruma en el suelo con cuidado y dijo:
- No somos una pareja. Una pareja permanece unida en los momentos difíciles. Ella merece a alguien que pueda darle apoyo en las dificultades, y yo merezco a alguien que cuente conmigo en las cosas importantes.
Asterín aprovechó entonces para mostrar su mirada desdeñosa al gato, con quién no había tenido muy buen trato, antes de dejarlo atrás.
Pero fueron pasando los días y una mañana el elfo se dio cuenta de que su enfado se había esfumado. A pesar de lo que había dicho a Bruma, sólo deseaba ver a Lissandra y estar de nuevo a su vera. Pero como sabía que eso no podía ser, por elección de ella, trató de recordar los motivos por los que se había enfadado y de recuperar los argumentos con los que se había convencido a si mismo de que tenía derecho a estarlo. Finalmente, consiguió enfadarse nuevamente, pero sólo con él mismo por no ser capaz de seguir enfadado.
Entonces al elfo le sale nuevamente la rabia.
Pensó que se estaba volviendo loco, porque él siempre había sido un elfo sencillo y pacífico, y decidió echarle también la culpa de eso a ella y a su ausencia, para sentirse más tranquilo. Pero sabía, resignado, que si ella volvía, muy probablemente correría hacia ella como un pelele sin voluntad y los brazos abiertos.
Y sin embargo los días fueron pasando sin saber de ella.
Esos días Aravae no se dejó apenas ver en público pues al parecer ahora la liche también había puesto precio a su cabeza por haber llevado cabo parte de sus planes de difamación.
Pero tras escuchar las noticias de reconquista de la ciudad de Caravassar y leer el mensaje en contra de la liche del subdirector Aztaroth, el elfo decidió asistir nuevamente con normalidad a las clases de la Arcanum Schola.
En una de las clases, sobre la escuela de ilusión, impartida por la profesora Líre Lilta, Aravae se distrajo entrando en un estado de profunda introspección. Quizá se ensoñó, quizá simplemente fue "un mal aire que le ha dao" (como diría la Blasa), y se puso a reflexionar sobre muchos hechos que no tenían nada que ver con lo que la profesora comentaba.
Helo ahí al elfo en la clase, acuden a él vivencias y acontecimientos del pasado cercano y lejano. Todos saben que los Quessir perciben el paso del tiempo de una manera más lenta y del mismo modo procesan sus emociones. Así que lentamente acuden a él antiguos rastros, viejas voces conocidas; la despedida de padre y madre, los primeros días en Athkatla, la gente nueva que conoció...y recuerdos más dolorosos. La muerte de Reithar, el repudio de la Etriel Valanae, los despechos con Lyriel, los vaivenes emocionales de Nysia… Para su alegría, también en el ojo de su mente esas muchas imágenes se ven salpicadas por momentos más alegres y felices; las pruebas de vuelo, conocer a Lissandra (amén de futuras catástrofes), las clases en la Arcanum, la música de sus canciones, sus poesías...Todo se sucede luego a gran velocidad, como si viera luz que se desenfoca al final de un túnel oscuro. Y en el centro de todos tus recuerdos un denominador común, que ahí perdura y siempre ha estado: la imagen de una Rana, que como siempre, dedica una mirada de reprobador y ¿afectuoso? desdén. Las largas charlas con ella a la sombra de altos árboles, tumbado sobre la hierba, encaramado en altas y gruesas ramas, en sus momentos de derrota, o en los más alocados. Siempre ahí, quizá no del modo que el elfo quería, pero sí del que necesitaba. Asterín siempre supo quién era.
El elfo recuerda todas tus búsquedas e investigaciones para ayudarla, recuerda el fallido viaje a Maztica con la magia salvaje, recuerda la peligrosa incursión al Imneoscuro, recuerda a Asterín tal como realmente es, como una Faerie en su versión más dracónica.
- … entonces hasta aquí la clase de ilusión- dice la profesora Líre.
El elfo cae en la cuenta de manera súbita de todos los riesgos que ha asumido y a los que se ha expuesto por su amistad con Asterín. Le llega de pronto, directa y contundentemente el sentimiento de orgullo que a veces le lleva a convertirse en un bravucón. Pero cuando nota un agradable hormigueo en el corazón (y en las orejillas), es consciente a su vez de que tras sus actos hay una nobleza que tiempo atrás podía llegar a sorprenderle. Muchos se resignarían, muchos, pero él había corrido los riesgos. Hizo caminos tortuosos, largos, salpicados de penurias, de riñas, de desamores y pérdidas…
Entonces vuelve a ver la mirada desdeñosa de la rana que le dice: el amor propio es un globo de aire que cuando lo pinchan salen tempestades. Y contagiado del gesto del anfibio, mira inconscientemente atrás. No de una manera literal, sino de una manera imposiblemente figurada. Puede ver el camino que ha hecho tras de sí. Los que cosechan una vida de éxitos caminan en línea recta y ascendente. Pero él había dado vueltas, se equivocó, desandó y reemprendió la marcha, recorriendo como consecuencia un camino mucho más largo que el de otros con una trayectoria más lineal y ascendente. Todas esas experiencias le hacen volver la vista nuevamente, hacia Asterín.
… Y Armeís le da un golpecito a Aravae en el hombro al pasar.
Y un algo, muy discretamente antes de que el elfo rompa su ensoñación, parece guiñarle el ojo.
- Aravae, ¿ya estas ensoñando?
¡Croack!
- Eh... no, no estaba ensoñando, estaba pensando... Disculpad -dijo sobresaltado a la profesora.-
Líre…
- ¿Sí?
- ¿No creéis que he madurado?
- Bueno, has cambiado un poco sí -respondió diplomática-
¿A qué viene la pregunta?
- Quiero aprender muchos conjuros ¿vos creéis que podría llegar a ser mago de barco?
En la siguiente clase, sobre nigromancia, tomó la decisión de alzar de nuevo sus armas más poderosas; la tinta y la pluma de escritura.
A la excelentísima Felicia, directora de la Arcanum Scholla:
Apreciada directora de la Arcanum Scholla, hoy asistí a una de las clases de nigromancia y desviacionismo que imparte el profesor y subdirector Azrtaroth. En dicha clase el profesor nos explicó que un liche no fenece si no se destruye su filacteria y que es muy difícil dar con ella, pero que aún así sería posible encontrarla. Para ello, un número considerable de arcanos deberían trabajar unidos en ritual para detectar su magia y poder así localizarla.
Posiblemente estéis al tanto de las desgracias que se han sucedido en la ciudad de Caravasar recientemente, que fue invadida por una reina liche. Actualmente Caravasar ha sido reconquistada pero temo, que si nadie destruye su filacteria, de aquí a un tiempo la liche regrese con fuerzas renovadas. Es por eso, por la preocupación sincera de un ciudadano de Amn y alumno de esta escuela, que solicito vuestro permiso y vuestro beneplácito para convocar y movilizar a los profesores y compañeros que estén dispuestos a llevar a cabo ese ritual que permita encontrar la filacteria y destruir de forma definitiva la liche.
Sin más que comentar y atento a vuestra respuesta, se despide
Aravae Dispar.
PD: Gracias DMNómada por la parte de la introspección ^^