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Astrid Minstreltides

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Tuliosoyyo":20ykenx5 dijo:
Offtopic :
Copio de nuevo los relatos, eso si, me temo que sin fotitos ni adornos, es una chapuza pero algo es algo. En lugar de tener dos hilos, los meto ambos en uno y ya está.

El hilo original y que se perdió es este : viewtopic.php?f=4&t=59806&p=837602#p837602






Empujada por el viento, la nave pirata avanza majestuosa sobre el mar iluminado por la luna. Su capitán se siente orgulloso de su libertad y del navío con que la defiende, y a éste dirige su canción. (Espronceda)


-Astrid MinstrelTides -
​

​


El fragor de la batalla llegaba cuando el día se aproximaba a su cenit, la sangre derramada se mezclaba con el rojizo reflejo del sol sobre el mar, los gritos de agonía se agarraban al alma, el hollín de pólvora quemada se metía por cada poro de piel de los curtidos marineros en un ambiente denso, muy denso.

El capitán ganó el barlovento al enemigo, teniendo así libertad de acción, el abordaje era la continuación de varias embestidas en las que por añadidura, venía una suerte de andanadas de la artillería del buque insignia. Era un combate particular, era un combate definitivo.




Desde popa a proa, desde estribor a babor la marinería se ensalzaba en lucha a muerte. Un nuevo buque había sido tomado, saqueado y sus supervivientes serían vendidos en cualquier mercado, un excelente botín.

- ¡¡Desplegad las velas!! ¡¡Cuidado con el palo de mesana!!
¡¡Quiero que el barco vuele sobre el mar!!

- ¿Qué rumbo seguimos, mi capitán?

- Vamos a una tierra de piratas: Vamos a Brinley. ¡¡Sacad el ron de las bodegas para celebrarlo!!

-¡Mi capitán mirad lo que guarda uno de los barriles!

Un marinero alzaba en una mano un pequeño bulto, en la otra sostenía presta la cimitarra ensangrentada y a sus pies, una mujer que acababa de perecer

-¡Mirad lo que escondía esta ramera, ni siquiera nos darán mil monedas en cualquier burdel de Amn por ella!

Nunca dijo el capitán porqué no acabó con ese pequeño bulto aquel día, todos conocían su falta de piedad, unos decían que era ya viejo, otros decían que así tendría esclava gratis en la mesa y en la cama, pero pronto sostenían que para eso quedaban al menos una docena de años.
Jamás dijo el capitán, qué le movió a hacerlo, pero la conservó y nombró

La pequeña no lloraba a pesar de que debiera estar aterrada,apenas levantaba un metro del suelo cuando sobrevivió a su primera batalla. Astrid la llamó. En lugar de llanto, la niña tarareaba una canción infantil aprendida de la que ahora yacía inerte sobre la madera de la bodega, miedo no mostraba, matar a alguien con ese valor no gustaría a los dioses. El viejo capitán como todos los hombres de mar, era supersticioso

-Astrid, juglar de mareas, Astrid corsaria de Brinley. -Lo anunció el capitán a la marinería y así quedó reflejado en el cuaderno de bitácora.
Cuaderno de bitácora, entrada I (en dique seco)


-Alfonsus ya llegó, Alfonsus vino ya-​


Decían las malas lenguas o las buenas lenguas, que todo depende del crisol con que se mire, que el mono era un cambiante otros, decían a bordo que era un mago que equivocó las palabras arcanas de un conjuro quedándose con esa forma animal para los restos… ¿quién iba a saber la verdad? ¡diantre yo no y que me aspen si lo pretendo!

Lo que se, es que siempre estuvo ahí desde que el viejo capitán me inscribió en el cuaderno de bitácora del buque.

Cuando el barco se hundió, cada uno de los marineros tomamos un rumbo, yo llegué como Akadia me dio a entender hasta la costa de Agujas de oro y Alfonsus me acompañaba aunque es cierto que, al tomar tierra, salió como alma que lleva Cyric hacia los árboles. Le perdí de vista al jodido mono.

Pasaron unos días y de golpe, un tipo con alas apareció por los llanos mirándome fijamente.

-¡Juro por el mostacho de una enana que la pluma de mi sombrero no es de tus alas!

El tipo vestía ropas de legionario, la verdad es que no tenía ni pajolera idea de qué ropas tendrían hasta que alguien me dijo que era así. El tipo, traía un saco en la mano, y tenía varios arañazos y mordiscos. Si no fuese por la explicación venidera, hubiese dicho que el pollo se metió en el corral de otro gallo…

-¿Tú eres la del mono?- preguntó el mordido y arañado palomo.
-¿Has encontrado al macaco?- dije yo- bicho esquivo y rencoroso ¡no me lo dejé a bordo a propósito!
-No tendrá la rabia ni nada ¿verdad? El condenado me mordió la mano…
-Pues rabia no se si tendrá, pero tiene peor carácter que un orco al que le arrancan las muelas en vivo.
-Lo traigo en una bolsa
- ¡Pues entonces debe estar de un humor fino, fino – Reí a carcajadas mientras abría la bolsa.
-¡Eh macaco, sal de ahí!- miré al legionario que se presentó como Ayakaf- Te debo una botella de ron, grumete.


En un momento determinado, Ayakaf mencionó que quizá debiese capar al mono, pero ¡que me aspen si le corto los colgajos al mono!
El macaco tiene locas a las monas, mona que ve, mona que monta.

Entraron en charla dos mujeres, una se presentó como Katala, una seguidora de Sharess, empezamos a bromear todos acerca de otros temas algo inapropiados para los oídos, básicamente cando hice mención a la posibilidad de que fuese un cambiante, terminé por añadir, que Katala tenía poco pelo para el gusto del mono. El legionario dijo que en la legión tenían una cabra, la eterna Manolita. ¡Cosas más raras se ven!

Con Alfonsus de nuevo conmigo, jodido mono, ahora tendré que procurarle comida, agradecí al palomo Ayakaf que lo trajese y ya de paso añadí..

-¿Y en la legión esa tuya, no querréis a Alfonsus en la unidad animal?

Bastó decir eso y que el macaco lo escuchase para que éste saliese por patas hasta perderse entre los árboles.

*Vista de Alfonsus huyendo*



-¡Mono hijo de troll! ¡Vuelve aquí de inmediato o te capo!


Pero no, el mono hizo oídos sordos, Katala se fue en busca de un hombretón al que dar el cariño de Sharess, el Palomo Ayakaf se marchó a curar esos mordiscos moniles y la otra joven, se fue alejando progresivamente toda cauta mientras que yo, fui en busca de un buen ron

-¡Ron, Ron , Ron, la botella de Roooon!



-Oda a Tarant y el mediano Riam-​

¡Demonios, 25000 dartens por escribir un par de palabras!

Eso es lo que pensó Astrid cuando la aventurera aceptó el precio por hacerle una oda y de paso contar cierta historía entretenida.
¿Todo era cierto? ¿Nada lo era? ¿Qué más le daba a Astrid? a fin de cuentas, ella era la que se embolsaría los 25000 en menos que un gallo canta o un trasgo la palma.
Tomó la marinera pluma y papel y con una botella de ron cerca, comenzó a escribir el encargo para la aventurera Tarant.


Esta historia que les voy a narrar
Es una historia singular,
Tuvo lugar en cierto lugar
Cuyo nombre sí que quiero recordar.

Se hallaba la abnegada heroína, Tarant
Junto a su fiel compañero mediano
Riam era por todos nombrado,
En la ciudad de Minsorran

Por extraño que parezca
La sin par dama, descansando estaba
Pues era mucho su trabajo,
Siempre trabajando a destajo
Es una aventurera inquieta
Que jamás puede quedarse quieta

Además de virtuosa,
Es una pelirroja hermosa
Basta el caer de sus pestañas
Para parar el fluir de carruajes
De aquí, a cualquier confín del Toril.

Inquietos como son, el mediano saltó
Con que podrían ir en busca de la
Ciudad perdida de Shatar.
Como se trata de una heroína,
Generosa y desprendida,
Valiente y arrojada…
No tardó un instante
En la propuesta aceptar.

Para prevenir incidentes, accidentes
Y otros contratiempos, al mediano
Reconocido por Riam, contrató.
Nuestra audaz heroína avanzó en su compañía
Con el propósito de investigar.

Dos días anduvieron hasta llegar
A las recónditas murallas de Shatar.
No tardaron mucho en encontrar
Lo que se tenía que hallar.

Nuestra legal, bella, encantadora,
Trabajadora, incansable, abnegada,
Virtuosa, generosa y encima audaz
Fue a ofrecer su salario al mediano
De nombre Riam, que antinatura
Rechazó.

Ofreció en su lugar a nuestra dama
Una baraja encantada
Y nuestra heroína sacó de ella una carta
Los dioses premiaron su valía,
Pues de la baraja grandes tesoros salían
Su bolsa se hallaba repleta

Tomó una segunda carta de la mitad
De la mágica baraja,
Y doradas monedas le asomaron
Hasta por las orejas.
Además de los oros, un nubarrón negro
Acudió, seguro que para camuflar
Ese brillo dorado y cegador.

Pensaron heroína y mediano
Que tres días llovería y que después
Del diluvio, ya pararía,
Pero en lugar de llover tres días,
Tres días tuvieron de batalla y pelea,
Pues una gran sierpe roja
Tras nube y oros salía.

Derribaba el dragón los tejados,
A cenizas reducía todo cuanto olía
Mas nuestra audaz heroína
Con el mediano nombrado Riam, por compañía
Incansables combatían.

Finalmente a la sierpe roja derrotaban
Que cansados se encontraban…
Según el mediano de nombre Riam
Las barajas malditas se hallan
Pues puede que tu muerte
La saques de entre sus cartas.
¡Que me aspen!​

¡Que me aspen!​

...Si entiendo alguna vez las construcciones de tierra firme... con lo simple que es un barco, está la cubierta y bajo cubierta, se acabó.

Todo este asunto vino cuando me encontré de casualidad a una chica, tenía pinta de elfa dada la poca carne pegada al hueso y el busto liso como una tabla de lavar, me dijo que se llamaba Khity y decía ser, miembro del bastión de Acero, sí, era compañera del pollo tomatero, es decir… de Ayakaf. Total, que nos presentamos y esas cosas que dictan hacer los buenos modales. Estoy desde mi regreso a tierra firme tratando de hacerme una señorita y la verdad… es que como diría “Bob el cojo” por hablar finodo, me jodo. Sí, es que me cuesta horrores no soltar improperios, no beber ron mientras estoy reunida con las demás Eternas o simplemente no veo la hora de sentar mi precioso trasero en la silla de la clase en la Arcanum. Como diría también "Bob el cojo", soy culillo mal asiento.

Total, que para matar el tiempo me fui hasta Purskul, a caballo, de ahí iba a dirigirme hasta Amnagua pero carajo… no sé como diantre acabé de nuevo en el camino que lleva hasta esa casona cerca de Purskul. La casa Darnisse dicen que se llama.

Esa casona, esa casona es un puñetero desastre ¡por los mocos verdes de un trasgo resfriado que ya debiera estar derruida! Pero no, no lo está a pesar de los intentos de numerosas almas por acabar con lo que mora dentro y fuera. Por haber hay hasta tiburones, con eso lo digo todo.

Ya estuve allí junto a un grupete, pasaron cosas raras, tan raras como que todo se oscureció de repente dentro de la casa y además, empecé a escuchar voces y ¡juro que no bebí! .Acabamos saliendo de allí después de enfrentarnos a yo que se cuantas cosas que nos esperaban fuera. Madeleine me puso al corriente de lo que pasó después, ella que está como una verdadera cabra, volvió pero mi menda lerenda se lo pensará dos veces y media antes de hacer otro intento.

Bien, el caso es que me encontré a la comadre del pollo tomatero (Ayakaf) que me dijo que estaba buscando apoyo y compañía para entrar en esa casona, iba a decir que ni hablar pero dijo la palabra clave “Tesoros” sí, me gusta más un cofre que a un galán un canalillo y ya no quise escuchar más, dije que contase con mi menda.

Se nos unieron un par más y allá que fuimos hasta la casona, por supuesto dejé a Náufrago en el establo, no sea que acabásemos los dos naufragando en tierra firme.

Bien, nada más cruzar un pequeño camino de tierra salpicada de matojos, una gran bola de fuego fue directa hacía nuestra posición, di un salto atrás salvando mi sombrero por que ¡demonios, es el nuevo! Tras este recibimiento caluroso donde los haya, continuamos “agradeciendo la hospitalidad”, llegamos a las puertas de la casona pero claro ¿Cómo íbamos a entrar sin llamar? Buscamos una alternativa. Yo fui hacia la izquierda encontrándome una pequeña cala que seguro estaba bañada por las aguas que llegan al puerto de Purskul , caminé llenándome de tierra las botas, que sensación más divina sentir de nuevo ese crik-crik de la tierra bajo mis suelas…

Avancé y zasca, me topé con un tiburón allí preparado para pescar incautos, ya se sabe que los muy osados llegan a veces hasta la misma orilla buscando presa, pero no … la MinstrelTides no iba a ser su almuerzo. Le asesté un estocazo que le partí en dos, cuando me pongo bestia me pongo y mucho.

Continué unos pasos más y miré hacia atrás ¡Akadia loada! ¿Dónde se han metido los demás? Ni rastro de la legionaria, ni del legionario ni de nadie de los que íbamos salvo un tipo que estaba en la misma situación que yo. Seguí avanzando y llegué hasta el interior de la casa. No estaba el resto así que continué después de presentar mis respetos a un par de cofres cerrados que había.

Desanduve lo andado y de nuevo me vi en la entrada de la casa, el resto también estaba. Alguien tuvo la idea de entrar por el tejado, bueno, vale… pues a escalar se dijo. Lanzaron unos garfios y subimos tras algún tropiezo tontorrón. Ya estábamos arriba pero tras comprobar la panorámica desde cierta altura, alguien pensó que había que volver a bajar. ¡Por la almorrana del mismísimo Bane! La bajada se presentaba fácil así que sin mucho preparar tomé la cuerda y di un grácil saltito para impulsarme y bajar, tropecé y di de bruces contra el suelo. Bufando volví a intentarlo, en esta ocasión se me fue la mano y caí de espaldas (casi pierdo la pluma del sombrero), aquello estaba convirtiéndose en una cuestión de pelotas y yo Astrid, tengo muchas. Volví a intentar, esta vez se me enganchó el tacón de la bota yendo a golpearme el estómago contra la muralla de la puñetera propiedad Darnisse.

El asunto estaba ya poniéndose negro tinta de calamar, así que hice otro intento. Menos mal que pude poner el brazo si no, ahora me llamarían Astrid la Sindi (es decir, la sin dientes) Frederick, que era el arcano legionario compañero de Khity y del Pollo Ayakaf me pasó un pergamino con magia aérea, sí, al leerlo otorgaba al lector siempre que lo leyese bien, el poder de las aves. Lo leí bien, subí por el aire pero se ve que Akadia mandó una bocanada más fuerte por lo que aterricé justo en el mismo sitio que estaba.

Recurrí de nuevo a la cuerda ante la atenta y estupefacta mirada de los de abajo y del arcano legionario. Menos peso, pensé, y allá que me quité el torso de cuero que protege mis dos amigas, Lola primera y Lola segunda; agarré la cuerda, di un saltito para impulsarme y alehop ¡al suelo por fin!.

Dados los percances y contratiempos, decliné la oferta de recuperación tesoril, que a fin de cuentas una es barda y vive de su imagen y desdentada, coja, tuerta o vete a saber como, iba a ser un poquito incómoda de ver y no tenía arrestos para escuchar a la morena (Madeleine), si por casualidad me presentase o faltase al estreno de la próxima obra…


-El Plan -​
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Y un marinero que se precie, sea de donde sea, tenga patria o no la tenga, siempre tiene en común varias cosas.

La mar, el ron, un código ético y un amor en cada puerto que pise. Un pirata o marinero, llamado así de forma genérica en aquellos lugares en que ser pirata (casi todos) está castigado con la horca, es un alma libre, un espíritu inquieto que tratará de beberse la vida con el descaro absoluto que da no saber cuando será el final. Y así es Astrid MinstrelTides o Juglar de Mareas, así soy yo. Dicho esto, por añadidura, diré que ser un espíritu libre no está reñido con la inteligencia y que de ser inteligente es la adaptación a lo que te rodea. Interpreto un papel, aprendo de la gente de tierra, gozo de lo que pueda y a mi manera, me gano en tierra lo que el mar no me da, pues la gente de tierra no tiene el mismo código que yo. Todo forma parte de un plan.

A bordo yo era como todos, me he criado entre truhanes, entre marinos experimentados y entre gente que rezaba a tal diversidad de credos que yo, casi me empapé de todos. Cada integrante del barco actuaba de una forma, ellos me dijeron lo que significaba mi primer sangrado, ellos procuraban que permaneciese “entera” porque para todos ellos fui su hija y a su manera, velaban por mí hasta que el cuerpo de mujer se correspondió con la edad que ellos creían conveniente. Ellos me explicaron que es lo que un varón quería de una mujer por encima de todo, ellos me llevaron al burdel de confianza para que una mujer me contase lo que debía saber desde el lado femenino. Algo que pocas mujeres tienen.

Al bajar a tierra, al poner pie en Athklata me atrajo la idea de conocer tierra firme, y así lo dije a la tripulación, a mis compañeros de travesía. Zarparon tras aprovisionarse mientras yo quedé en tierra.
En el barco todo era sencillo, si querías beber, bebías (en cubierta tras apagar las velas), sobre todo tras llevar a cabo los trabajos propios de un barco. Si querías jugar a las cartas hasta perder la camisa, jugabas pero jamás por dinero a bordo, si peleabas con alguien no importaba porque se ponía fin a la pelea en tierra, pelear en el barco jamás se consentía, las diferencias se solucionaban en tierra firme, y siempre a primera sangre, más allá de eso, éramos hermanos de una misma madre, la mar.

Y así anduve por las calles del distrito del puerto, había visto más ciudades que seguramente muchos, pero jamás me quedé el tiempo suficiente como para contagiarme de la vida en tierra. Lo primero que aprendí fue que la magia estaba muy limitada, su uso estaba tan reglado que me sorprendió pero esto es Amn y ya se sabe lo que hay.

Tan solo empecé a conjurar, no recuerdo el qué, y apareció una figura gris diciendo que la próxima sería peor, añadió que solo si tenía los permisos adecuados podría conjurar dentro de los muros. No tardé en saber que el lugar para obtenerlos pasaba por ingresar en la escuela de magia. Yo no soy maga, ni hechicera, ni pretendo serlo, ¡los dioses me libren! Yo soy un juglar, una trovadora que sabe de barcos y de mar, pero aun así, me inscribí. Soy como soy, puedo interpretar ser una señorita de alta alcurnia sin que me salgan costras ni sarpullido y eso fue lo que tuve que hacer tras meses y meses siendo alumna. El subdirector, el enterrador, osea… Armeís me llamó a su despacho amenazando con expulsarme si no me comportaba. ¡Si lo llego a saber, ni le saludo al entrar, carajo con el enterrador!
Según él, me tiene simpatía pero en la Arcanum es el director. Me pedía ser de una forma en la Arcanum y de otra cuando no estuviese allí. Y no, se merecía que fuese de la misma forma dentro y fuera, se merecía que me comportase como si me hubiese tragado el bastón arcano. No soy de las que se andan con chiquitas, ya tendrá su lección cuando me gradue en esa Arcanum Scholla.

Apenas unos días en tierra firme y me sumé a un grupo de trovadores y bardos, habían perdido a varios integrantes poco tiempo antes y me acogieron bien, la verdad es que me es grato y aunque parezca lo contrario, aprendo mucho con Madeleine. Ella es, ella es pues eso, una mujer refinada aunque ya me ha dicho que ejerzo una mala influencia sobre ella, de todas formas le gusta esa influencia. Ella también ha influido en mi comportamiento, aunque creo que no demasiado. Siempre me hace jurar que no probaré el ron antes de una actuación, creo que nota hasta si lo huelo… y los dioses saben que se llevó un alegrón el día que le dije “Lo estoy dejando” ¿Qué como es posible que una marinera como yo, adoradora del buen ron, acostumbrada a beberlo desde que ni recuerdo, lo deja? Pues fácil, la culpa la tienen las plantas del distrito de los jardines y sus susurros.

-Las plantas que susurraban a la barda-
​
Caminaba pensando en los gastos que había tenido últimamente, los dartens que había ido guardando del sobrante de los pagos en los diversos concursos y otros trabajos estaban menguando y había que hacer aflojar a Madeleine la bolsa. Para ello, tendría que ir a recoger plantas de diversos tipos, no me molestaba porque así, podría echarme una siestecita a pierna suelta entre planta y planta. No me apetecía ir muy lejos aunque ahora que lo pienso lo mismo hubiese sido mejor. Me encaminé canturreando hasta el distrito de los jardines, preparé mis hoces aprovechando la noche y comencé a tomar frutos rojizos, es decir, esas jodidas bayas.

Llevaba poco metida en el meollo recolector cuando de repente, escuché una vocecilla que pedía clemencia. ¡Carajo! Pegué tres pasos hacia atrás trastabillando hasta caer de culo sobre el empedrado y de esa guisa, miré hacia los lados, miré dentro de la mata y volví a mirar a todas partes. La florista estaba en lo suyo pero yo, la tenía vigilada por si las moscas.
Me recuperé pensando que habría sido efecto del ron, pero que diantre…no lo había probado desde el día anterior así que me dispuse a seguir con mi labor y al alzar la pequeña hoz, esa vocecilla volvía a la carga pidiéndome que las dejase vivir.

¿Vivir una planta? ¿Acaso las plantas hablan? ¿Quería esa mata que la dejase en paz yendo a por las otras flores que altivas iluminaban? ¡Déjanos crecer, decía una y otra vez la mata de bayas. ¡Cosa de medianos! Me dije, y a cuatro patas empecé a remover el arbusto en busca del desgraciado bromista al que iba a dejar sin orejas.

Nada hallé, sin embargo de la mata salió una nubecilla gaseosa de tono morado mientras volvían a susurrarme que las dejase vivir. Empecé a maldecir hasta en Sharrano, por lo que la florista se acercó a preguntar si estaba bien. ¿No las escuchas? Pregunté a la comerciante, ella hizo mutis por el foro y se apartó pensando que estaba loca. Marchó a la otra punta del distrito la muy puñetera…
Yo, cabezona, seguí rebuscando por la mata y hablando con ella o más bien con el mediano que sigo creyendo que se escondió ¿Lo habrá pagado Madeleine para darme una lección en contra del ron? Interesante este dato. Al cabo del rato, en el que la calma llegó, busqué mi petaca y di un sorbo, solo uno antes de volver al tajo. Al alzar la hoz, una luz cayó sobre el matorral y de este, pareció emerger una especie de conjuro lleno de luces y magia, volví a caerme de culo y grité recuperando la verticalidad, corría con las manos alzadas mientras tomaba forma delante mia, un tremendo oso polar. A esto, acudieron dos tipos, uno queriendo ser más tunante que yo, pobre desgraciado.
Quiso aflojarme la bolsa, precisamente a mí ¡ja, ja,ja! Pero que va, yo no me ando con tontadas y por supuesto, no piqué el anzuelo. Llegó después otro tipo, que de inmediato, pretendió sumarse al otro, ¡Ni uno ni dos! A mi no me la dan con queso tan fácilmente. ¡Yo he vivido entre truhanes, yo he crecido entre tunantes! A todo esto, decidí que no probaría una gota de ron más, por si las moscas, solo cuando nada tuviese que hacer. Llegó por casualidad Madeleine, y los cuatro nos pusimos a departir, al final fue ella quien dio los quinientos dartens al primer tipo, porque si esperaba que se los diese yo, iba listo. Claro que se los dio para que fuese él quien cargase con los sacos de plantas que anteriormente había reunido para ella.

Me había dado un hambre canina, así que pensé en dirigirme a la posada del Alandor, comer y luego dormir a pierna suelta. Tomé el camino de la costa norte y unos pasos antes de entrar en el puente saludé a un tipo ataviado con las ropas de legionario.

Seguía mi camino cuando de repente escuché tras de mí:

-¿Pero cuánta tela se ha quedado el sastre?

Era una voz joven, como comprobé al voltear el tipo me estaba haciendo un repaso anatómico al detalle. Así que respondí como suelo responder siempre, es decir, con picardía, descaro y la cara muy dura.

-En verdad, poca…




-El mano-mopa-​


El tipo se estaba afanando en medirme las curvas, no me molestaba en absoluto puesto que siempre he dicho que mirar no desgasta y que lo que se han de comer los gusanos, lo miren los Amnianos, véase que cuando digo amnianos digo Cormyrianos, Sembianos o allá donde esté. El legionario parecía estar más que feliz de que yo llevase la ropa que llevaba, ligera, cómoda y marcada, yo le ofrecí mi sastre para que le hiciese algo con la cantidad de tejido sobrante de mi atuendo.
Empezó entonces un tira y afloja entre ambos, si pensó que iba a encontrarse con una de esas damiselas que se ruborizan y escandalizan por cualquier cosa, es que era más tonto de lo habitual.

-¿Dónde vas?- Preguntó sonriendo de medio lado-
- A comer algo- dije yo- el camino me da hambre y la posada está cerca, ¿Y tú?-
-Si me llevas de la manita voy contigo, eso sí…cada uno se paga lo suyo-, me guiñó mientras hablaba.
-¿De la manita? Si no es en brazos, nada-, dije yo descarada. -¿Qué te pasa en el ojo?- pregunté esperando a ver por donde salía el legionario y avanzando hasta donde estaba. Saqué un pañuelo del escote y lo tomé entre los dedos girando sobre sí misma una de sus esquinas. Estaba dispuesta a sacarle “la mota” de polvo del ojo.

Una vez estuve cerca, la mano del tipo se deslizó aprisa hasta mi cadera, como apoyándose de forma casual.
- Cuidado con esa mano, que luego va al pan- pero el tipo ahí la dejó palpando bien palpada la zona. A medida que el joven pasaba la mano-mopa por mi cadera yo le tomé la cara con la siniestra, y con la diestra le hice mojar el pañuelo con su propia saliva, parecía encantado el truhán. Limpié la cavidad ocular hasta dejarla más roja que la sangre. Si quería mirarme el escote, iba a tener que hacerlo con un solo ojo. Eso sí, ni al concluir mi limpieza apartó la mano de mi cadera. Aquello iba a ser divertido.

De pronto, por el camino, llegaron Sten, Aravae y una chica. El capitán y Vae me saludaron por el nombre la chica me miró mientras el capitán preguntaba si todo estaba bien, ya que sabía que no era algo habitual que yo dejase que nadie se acercase tanto y menos aun, me sobase. Aravae, dedicó un gesto de desagrado al ver al legionario.
-Está todo bien, aunque el legionario no valora su mano lo suficiente…
-¡Eh, qué me miras así! ¿Te debo oro o qué? – dijo el mano mopa sin perder la sonrisa picarona.

Marcharon al poco, mano-mopa y yo quedamos allí hasta que por fin retiró la mano para quejarse, -Me has destrozado el ojo-

Un nuevo tira y afloja empezó, cuando concluyó dijo de nuevo haciendo un repaso a mi cuerpo.

-¿Así que Astrid?
-Así me llaman, si…
-Theros.
-Un placer que me conozcas- dije entre risas- Ahora ya puedo ir a comer, me muero de hambre…
-Aun no nos hemos revolcado, así que no pienso invitarte.
-Descuida, que yo me pago lo mio. Yo como, bebo y tú miras…

Al entrar en los Llanos, el legionario mano-mopa paró en el puesto de un mercader, yo fui a por algo de agua. Quise darme prisa pues había divisado yo al Limpiador de auras, es decir… Lomir, el tipo del abanico.

Lamentablemente me vio y allá que se dirigió a limpiarme el aura de nuevo, juro que me va a provocar una pulmonía de tanto abanicarme. El rubiales voceó desde el puesto de venta mientras se palpaba la entrepierna.

-¡Eh Astrid, date prisa que ya voy!

Menudo jueguecito se traía el mano-mopa, pero ya me había topado con muchos así, truhanes vestidos de señores, señores vestidos de truhanes, y a todos los he cazado.
¿Un descarado llamando a la puerta del Descaro mismo? El juego estaba empezando, a ver quién quedaba encima…




-El juego del derribo-
​


Tras dar de comer y beber a mi cuerpo Amniano, salí de la posada y allí, frente al establo estaba el rubiales mascullando con un tal Drurga, nos presentamos y el gigantón, miró directamente al canal que formaban lola primera y lola segunda, el día que se me ocurra cobrar por mirar, me hago rica. Total, que junto al loco limpiador de auras nos pusimos en camino hacia Crimoor, pude ver que el rubio era un sacerdote, tiempo después me enteré de que era nada más y nada menos que un servidor de Kossut … fuego y más fuego, ya se sabe.

En el camino del rio, nos cruzamos con Madeleine, al ir a presentarlos resultó que ya se conocían, ella le llama “el calentorro” por aquello de ser fiel del señor del fuego, yo le advertí que tenía las manos largas y ella me contestó que quería lo que todos, un revolcón fácil. Reí tranquilizándola, pues una no es de esas que van suspirando por las esquinas, una es como es.
-Hago mio el dicho marinero de un amor en cada puerto, descuida, que estoy bien a salvo, sin lugar a dudas, más a salvo que él- Continuamos hasta entrar en la ciudad caravanera, diluviaba intensamente y Drurga, Lomir, Madeleine y no recuerdo quien más, quedaron cuidando a una loba. Theros y yo, llegamos a la zona de descanso cuando apretó más aun. El rubiales corrió a Mi árbol a guarecerse, yo hice lo mismo pero como llegó antes, no tuve de otra que pedirle sitio, me dejó uno mínimo donde pensaría que no entraría, pero entré. Por supuesto el tunante aprovechó para acercarse y remirar bien la mercancía añadiendo alguna cosa al respecto, a lo que yo sin vergüenza ninguna le contesté que siempre sufría más el que miraba que el que enseñaba.

Llegaron por fin los rezagados, y empezó un toma y daca acerca de que si todas las mujeres le deseaban, que si tenía para todas…y siendo Madeleine como es, entramos en una diatriba sobre el poder de las mujeres, cualquiera en su sano juicio sabe que es cierto todo lo que se dice, y que el dicho ese de “Pueden más dos tetas que dos carretas”, es ley divina. Mi morena amiga, decía que podría fácilmente hacer que cayese rendido a sus pies con solo su voz, sé que es cierto porque yo lo he hecho en alguna ocasión, si algo tenemos los bardos es el poder en la voz, y si a eso, añadimos el poder femenino, no hay rival posible. Pero el rubiales no cedía, y seguía en lo suyo.
Miré a Madeleine alzando las cejas, la morena sabía ya que algo tramaba, vaya que si…

Con el chaparrón que me había caído encima, quise ir a la posada, secarme, comer y dormir, cuando lo dije, el legionario se sumó pensando que era una invitación. Paré a beber agua en la fuente, hizo lo mismo que yo salpicándome agua -¿En serio?- Dije medio riendo. Acto seguido metí los brazos en la fuente atesorando gran cantidad de líquido, líquido que fue a parar a su cuerpo. Tras la sorpresa inicial rió y yo contesté…

-¿En serio crees que me vas a asustar con unas gotitas de agua? Yo, he surcado todos los mares, querido- caminamos hasta la posada donde cada uno, pagó lo suyo y por supuesto, de revolcones, nada….
-¡Fuego, fuego!-

Y un día pasó, otro le siguió y se iban acumulando, en todos menos en los elfos ¡que son eternos! Hecha esta apreciación, diré que aun no he dado con el puñetero mediano, sigo convencida de que alguien me está gastando una bromita con eso de las plantas. Madeleine, que a todo le encuentra explicación, piensa que estoy desarrollando la destreza como innata para hablar con las plantas, parece que hay un conjuro pero como me aburre tanto la Arcanum y solo voy por lo que voy… pues no sé.
El caso es, que iba de vuelta desde Purskul a Athklata ¿y quién estaba allí ¿ Sí, el rubiales. Por supuesto había una joven al lado y él estaba en plan pavo real, luciendo las plumas de colores. Pasé por al lado, saludé y seguí hasta la universidad, compré material nuevo y desanduve lo andado. Antes de partir de nuevo, entré en la posada… ¿Y quien estaba allí? Sí, el rubiales ejerciendo de pavo real. Hizo un nuevo comentario hacia mi vestimenta, volví a ofrecerle la dirección de mi sastre incluso desabroché tres o cuatro botones del traje dejando al aire el cuello. El mano-mopa saltó como un resorte con los ojos abiertos como platos esperando que me despojase de la chaqueta pero no, reí de nuevo y el rubiales se quedó esperando.

Pedí algo de comer a kalm mientras que las puertas del establecimiento se abrían de nuevo, otra chica más, Theros estaba que no cabía en si de gozo. ¡Está claro, que siempre estoy rodeado de chicas, venid a mi … que aquí hay amor para todas! No pude contener la carcajada y apoyando los codos con el mostrador a la espalda le miré de lado y dije entre risas. -¡Cuidado,Therosín, que tanta comida se te puede indigestar!-

Me guiñó de nuevo y yo me dispuse a pedir una llave para hacer noche, la económica, por supuesto. La última chica en entrar, tenía pinta de norteña, la saludé y preguntó que qué tendrían las cortesanas que todas querían vestirse como una ¿había oído bien? Sí, había escuchado perfectamente.
El legionario intervino preguntándome a mi si me había llamado ramera, a lo que respondí riendo que en caso de serlo, sería de las más caras. Él respondió a la chica -Te digo yo que no lo es, quiero zumbármela y ¡no me deja!- La otra chica, intervino diciendo que nos dejaba con el flirteo, bromeé diciéndole que no había ningún flirteo, que lo nuestro era sexo más duro que puro. El rubiales casi se atraganta cuando dije eso.
Sugirió una pelea de gatas para ver quién se lo quedaba, momento en que las tres que estábamos allí, nos aliamos por instinto simplemente, y la sugerencia, volvió a salirle mal, puesto que todas coincidimos que lo mismo presumía tanto debido a la escasez y añadí que luego llegaban los -¡Uff, te juro que es la primera vez que esto no levanta!-

Las tres hicimos piña aunque no nos conocíamos de nada, es ley humana y divina, ninguna mujer consentirá que se gane un enfrentamiento posicionándose a favor del hombre, todas haremos objetivo común aunando fuerzas.

Al recuperarse, me enseñó la llave (la cara) de una de las habitaciones, me guiño y cabeceó hacia arriba, yo tenía mi propia llave en la mano pero, era el momento de darle otro escarmiento al mano-mopa.
Me acerqué a él hasta ponerme a su altura, acerqué la boca a su oído y susurré. -Oh gracias Theros, disfrutaré de la habitación- estaba bebiendo y la jarra bailó, le estaba poniendo nerviosillo, ni se coscó cuando le di el cambiazo de llave, la suya, es decir la habitación más cara me la quedé yo guardándola en el escote y volviendo a mi sitio. Él se quedó con la económica, pero echó a reír a carcajadas.

Al rato, había conseguido envalentonarse hasta que justo, entró Madeleine. Le llevaba un encargo pero él, volvía a la carga con ese gesto que tiene en plan sobrado. El caso, es que se ofreció otra vez, a darnos placer a ambas, pero Madeleine elegantemente dijo que solo entraríamos en la habitación ella y yo, El mano-mopa preguntó que era lo que hacíamos juntas arriba, imaginándose una fiesta intima femenina. En ese preciso instante entró en el local Aravae. Creo que el rubio vio los cielos abiertos con un posible aliado, aunque lo mismo también imaginó que podría ser otro gallo para su corral. El caso es que estaba esperando respuesta sobre lo que hacíamos ambas en la habitación, le respondí sonriendo de lado y acercándome a Madeleine. Pues nos tocamos, nos peinamos, charlamos… la cara del legionario era un poema, solo le faltaba el sangrado de nariz por el aumento de presión sanguínea. Mas aun cuando tomé un mechón de pelo de Made y lo puse tras la oreja de ésta. Los hombres y este en concreto, están fatal de lo suyo. No se que tenía ese gesto de erótico pero así parecía tomárselo. Aravae, que vio lo que hice y que estaba junto a nosotras, intervino peinando a Made con su pulgar, la cara de Theros cambió por completo. En su escena imaginaria, el trío se había convertido en cuarteto y sacudió la cabeza mientras soltaba un -Agg…tenías que hacer eso, a mi no me van esas cosas-. El elfo, que a pesar de ser elfo es hombre, en seguida dijo que no era de esos, que a él le iban las mujeres. Theros se convenció y para enmendar un poco la situación, sacó una loción que según él, era el olor de los machos, machotes.

Cuando el elfo destapó eso, por poco muero. Aquello olía a ajos concentrados, fermentados en líquido de calcetín de guerrero muerto hace décadas, pero el elfo parecía convencido de que a pesar de ese pésimo olor, debía ser así y él sabrá porqué se quedó un poco de esa loción.

Se me había impregnado la ropa de esa peste, así que dije que iba a los baños del local, el mano –mopa, volvió a creer que era una invitación, apenas me había quitado una bota cuando le vi cerrando la puerta y desnudándose. Juro, que no he visto a nadie quedarse como su madre le trajo al mundo tan aprisa. Cuando acabó, me pidió algo - Se que vas a gritar, pero procura no gritar mucho o Kalm me pillará-

Alcé la ceja y sonreí mirándole de arriba abajo y de abajo a arriba, le guiñé y grité -¡FUEGO, FUEGO!-, salió corriendo desnudo, con las ropas y las armas hechas un lio entre las manos, yo salí detrás riéndome a más no poder, él corría por entre las mesas con la atónita mirada de los clientes sobre él, cayó al suelo y continuó vistiéndose con movimientos serpentinos. Me miró y yo le miré encogiéndome de un hombro y sonriendo de lado. Una vez se hubo levantado, continuó hacia la habitación, la económica, claro. Yo pregunté a Madeleine si creía que me había pasado y negó. -¡Lo merece!- así que fui a ver si le habría dado por tirarse desde una ventana o algo, pues le vi subir las escaleras poniéndose la camisa.

Llamé a la puerta de la que iba a ser mi habitación, me abrió con una sonrisilla, le pregunté si estaba bien.

-Si, si, estoy bien
-¿Amigos? – dije ofreciéndole la mano-
-Amigos y más- dijo tomándomela y acercándose dispuesto a besarme.
-Ey Ey… no quieras comer tan aprisa que te dolerá el estómago- contesté haciendo un movimiento de cobra hacia atrás.
-Uff… me dejas en ridículo, me das el cambiazo de habitación…- sonreía ya – ¿y no me vas a dar ni tan siquiera un beso?
Coloqué el ala de mi sombrero de lado y al terminar, me acerqué y le di un beso en la frente, giré después sobre mis talones saliendo despacio de la habitación, al cruzar el umbral me giré de nuevo, de lado diciéndole:
-Hasta la próxima Theros… y por cierto, bonito trasero.

-Hasta la próxima, Astrid- dijo para después exhalar un profundo suspiro.

Una nueva batalla ganada en la guerra con el mano-mopa, a ver como progresan las siguientes. Por supuesto, nada de revolcones ni reciprocidad en muestreo de cuerpos ¡Ja!

-El Manubrio de placer infinito-​

Íbamos paseando tranquilamente Madeleine y yo hacia la Universidad, charlando y riendo tranquilamente sobre los últimos acontecimientos, cuando hicimos la parada habitual en los puestecillos del Distrito del Puente.

-Vamos a ver que tiene el nene- dijo Madeleine con su tono cantarín y despreocupado.
-De acuerdo, vamos a mirar las chucherias que oferta hoy y de paso, pues compramos algo de fruta fresca-

Empezamos a mirar sus mercancías mientras conversábamos hasta que rebuscando topamos con un artilugio poco habitual, al menos, en ese puesto.

-¡Madeleine!- le dije yo con los ojos abriéndose como platos a lo que ella me miró extrañada por mi exclamación, señalé hacia el susodicho artilugio y entonces fue ella quien abrió los ojos más que yo.
-Eso… eso no es… no parece un…
Asentí confirmando que a mí, también me lo parecía mientras ambas preguntábamos a Mosqui.

-Nene, ¿quién ha dejado esto aquí para que lo vendas?-
El niño se encogió de hombros con naturalidad mientras que nosotras dos, estábamos pensando ya en el asunto.

Madeleine, seguramente lo viese desde el prisma de quien mira algo que no es para que cualquiera lo tenga y yo, estaba pensando en lo que eso valdría.

Preguntamos al nene, trece mil dartens, nos contestó. Miré a la morena y ella a mí
-Pues no tengo tanto encima…
-Yo tengo de sobra, pero no pienso tocar eso- Susurraba mientras me daba la cantidad para que lo hiciese yo.

Con la mano enguantada, tomé el artilugio con dos dedos, era metálico, con sus estrías labradas en él y estaba cubierto por una especie de grasilla, además, estaba adornado por algunas gemas y para colmo, tenía cierta magia imbuida.

Para ser exactos otorgaría al usuario el poder del gran grito de guerra. Me moría de la risa pensando en mil trastadas pero ciertamente, prefiero lo natural y ese artefacto, iba a reportarnos como poco, la cantidad pagada pero claro… ¿a quién íbamos a venderle eso? Tenía pinta de usado, pensamos Madeleine y yo, y un repeluco de asquete se nos dibujó a ambas. Ante todo, higiene.

Así que me puse a pensar a quién le valdría tal manubrio hasta que recordé a la tal Katala, sacerdotisa de Sharess.

Como cada día, caminaba Katala de camino a su lugar de oración, es decir, el salón de Alindra, llamé su atención y paró con su gesto picarón.

-Me preguntaba si estáis interesada en un artilugio relacionado con vuestra fe, estoy segura de que os gustará tenerlo.- Curiosa, la chica preguntó que de qué se trataba y le comenté que habíamos dado con un objeto fálico profusamente adornado y que sería suyo por una cantidad asequible.

Quiso verlo, claro está. Lo saqué de mi bolsa enseñándoselo a lo que respondió con una exclamación de complacencia.

Por supuesto que le interesó, es más, se preguntaba porque no me lo quedaba y mi “socia” tampoco, a lo que le contesté, que un artilugio así, merecía estar con toda una sacerdotisa.
La chica, intentó explicarme como usarlo, la interrumpí haciendo ver que sabía para lo que servía pero que el metal, pues no era de mi gusto. ¡Lo que hay que hacer para ganar algo de oro para comprarme un manto la mar de interesante que vi!...

Total, que tras un rato, logramos llegar a un buen acuerdo económico, ganando ella el manubrio del placer sin fin y Madeleine y yo, unos cuantos dartens más de lo que pagamos por él.

Por cierto, sigo sin encontrar a ese mediano…



-El arte de tensar y destensar-
​


Cuando me encontré a Madeleine, le transmití y di su parte de la venta del manubrio, como buena comerciante se congratuló por el trato y como mejor persona que yo, estaba contenta de que el nene, no tuviese eso al alcance.

Estaba explicando todo esto cuando llegó la rubia, es decir, Lire a la que pronto tuvimos que explicar acerca de nuestra charla.

Yo, que soy como soy, vi el filón para divertirnos un rato, ojo… no reírnos de, sino con la situación. En verdad no tuvo precio el ver a Lire tapándose los oídos y cantando, tapándose los oídos, cantando y dando saltitos… hasta tuve que abanicarla a la pobre. La cosa fue a mayores cuando le pregunté musitando que si los elfos tenían el mismo tamaño que los humanos. Lire se puso entre un tono morado, azul, rojo… me miró y salió corriendo hacia el bosque. Creo que la asusté con mi pregunta pero ¡carajo! Con la de años que tiene la elfa en su haber y se pone del color de la sangre al nombrarle esos menesteres. Vivir para ver.

Total, que así quedó la cosa, Lire huyéndome, Madeleine yendo por el mal camino gracias a mi y yo, muerta de la risa. Al cabo de los días y notando ya que Lire me evitaba, decidí obligarla a entrar en la Luz del Alandor, allí Ibamos a tener una charla constructiva. ¿Y quién estaba en la posada? Efectivamente, el rubiales mano-mopa.

Que si te miro, que si ven y así te veo caminar con ese contoneo… que llámame Cari… en serio, el manomopa es graciosísimo. Da gusto jugar con él. Total, que a pesar de las intervenciones de Therosín, seguí charlando con Lire, que después de un rato, volvió a asustárseme por algo que dije

-¡Pero Lire!
-Que no quiero escucharte más, Astrid!

Y allí me dejó riendo, momento que el manomopa aprovechó para acercarse, tomarme la mano apretarla suavemente y plantarme los labios en la mejilla. ¿Ahora resultaba ser un romántico? Carajo con el manomopa, pensé mientras sonreía con gesto divertido.

-Hasta la próxima, Astrid
-Hasta la próxima, Therosín.

-Embarcando-​
Estaba llegando el momento de embarcarme con los demás, no sabía cuanto tiempo estaría a bordo ni nada, pero yo seguía con mis asuntos de aquí para allá, incluso había hecho de recadera para un tipo, las más fáciles 50.000 dartens que he ganado nunca. Con oro contante y sonante, pasaba el rato buscando cosas que me diesen un buen servicio y al pasar por el puestecillo del nene, osea de Mosqui, paré por si acaso me acababa contando quien le dejó el artilugio aquel para que lo vendiese, el jodio no suelta prenda… que bien enseñado está. Y allí mientras estaba negociando con el nene ¿quién apareció dándome un empujoncillo? Sí, el rubiales que para todas dice tener. Al cabo del rato y unas cuantas indirectas bien directas cada uno siguió el camino, pero de nuevo, volvimos a cruzarnos.

-¡Astrid!- Dijo mientras llegaba por mi espalda colocando las manos en mis caderas, no sea que se me fuesen a caer o algo.

-Theros…. Cuidado que esas manos, luego van al pan.

Vuelta al tira y afloja hasta que por el flanco derecho me sobrepasó Lire aligerando el paso.

¡Eh Lire, pero no corras!
-¡Que no!- contestó la elfa sin mirar atrás y calándose la capucha más aun, creo que aun está roja.
-A saber qué le habrás hecho…- dijo Theros con ese aire de pavo real que gasta.
-Nada, solo contarle una historia
-¿De las tuyas? Normal que no se pare…¿Qué historia es esa?
- Y por cierto, ¿Donde vas, morena?
-A la Costa norte, ¿y tú?
-También
-¿Te gusta escuchar historias?- Pregunté mirando al legionario y guiñándole el ojo.
-Si es así, ven conmigo ¿qué sabes acerca de las religiones del Toril?- Pregunté mientras cruzábamos los arcos que daban paso al distrito del Templo….




-El arte de tensar y destensar II-​


Miró alrededor mientras señalaba con el dedo a los diversos templos que bordean el distrito

-Que ninguno de estos estaría muy cómodo con la mía
- Bueno, seguramente tampoco estén habituados a la mía

Aquello tenía su gracia, el manomopa pide los favores del Kossut, señor del fuego y yo, cuando rezo, lo hago a Akadia, para que nos conceda buen viento. Cuando caí en la cuenta ya a solas camino al puerto, me rompía en carcajadas… ¡El viento siempre aviva el fuego!

Volviendo a lo anterior, continué hablando.
-Me refiero a deidades más lúdicas- dije usando las manos como si entrecomillase lo dicho – digamos, tipo Sharess...

-¿Te refieres a la que adoran en cada lupanar?
-Si, claro que sí, en prostíbulos, algunas fiestas…etc., etc.
-Parece que en el burdel de Alindra hay hasta un altar a ella
-Lo sé, lo he visto. Pues bien, sabiendo eso, estarás de acuerdo conmigo, Therosín, que los dioses a veces regalan su presencia mediante algunos objetos, objetos divinos…
-Si, si- decía sin saber a qué me estaba refiriendo, que gusto daba ver como se perdía el pobre.
-Pues de eso se trata. Hace un par de días, Madeleine y yo íbamos como tantas veces por el distrito del puente, nos acercamos, como tantas otras al puesto del nene, osea, de Mosqui para ver qué menudencias tenía a la venta

El manomopa escuchaba caminando a mi lado, sabía escuchar sin interrumpir, tenía buena conversación aunque a simple vista pareciese que no, y no me hacía tener que lidiar con un baboso de los muchos que hay por ahí repartidos. Continué la explicación.


-El asunto es, que entre todas sus mercancías asomó un objeto alargado, cilíndrico con estrías marcadas y con piedras incrustadas, llevaba consigo el poder del grito y además, contenía grasa. Si a eso, añades que en su etiqueta decía que era un Dildo del placer infinito, podrás hacerte una idea acerca de esta historia, Theros.

El manomopa pareció sorprendido por el hecho de que Mosqui tuviese un objeto así en sus manos.

-¿Me estás diciendo que alguien ha dejado un objeto fálico sagrado en ese puesto?

Asentí, porque era la verdad

¿Y me estás diciendo, que lo comprasteis?
Volví a asentir – Así es, Madeleine me dio el oro puesto que yo no llevaba tanto y yo me encargué de guardarlo para su posterior venta-
En ese momento el calentorro, como lo llama Madeleine (debido a la fe que profesa), soltó un ¡Ja! triunfal y aunque expliqué los motivos de la morena y los míos, el rubiales dejó su imaginación volar.

Ya estábamos casi en las afueras, cuando soltó lo que esperaba que soltase… ¡hay que ver lo buena que soy previendo estas cosas!

-Astrid, me parece fatal, en serio, pero fatal con ganas que ofreciéndome yo uses un objeto
- Theros, que te he dicho que no lo usamos ninguna, aunque aquello ya había sido usado, que a mi me va lo natural y no lo metálico

Y otra vez vuelta a las indirectas directas y al tira y afloja tan divertido.

-Si si… ya ¡ja!

Continué con la historia narrando a quién se lo habíamos vendido y el porqué Lire corría cuando me veía. Theros afirmó que seguro que la elfa no había visto uno de verdad en su vida, me encogí de hombros porque desconozco ese dato, pero por su reacción, diría que no muchos.

Empezó a llover y el rubiales salió corriendo hacia el cenador que se alza en la costa norte, cerca de las murallas, yo mantuve mi paso, no me asustaban unas gotitas de agua.
Entré en el cenador mientras empezaba a descargar la tormenta, una cortina de agua caía desde el tejadillo de la construcción. Me senté sobre la barandilla, apoyando las dos manos en ésta y cruzando una pierna sobre la otra. El legionario se mordía los labios mirando lo que tenía delante.

-Y claro, ahora cada vez que me ve, sale corriendo, eso sí… Katala la chica que lo compró, me ofreció dos sesiones de masajes gratis, se ve que está muy complacida con el manubrio
-¿En el burdel? Nunca he pagado por zumbarme a una mujer, eso es de perdedores
Sonreí de lado encogiéndome de un hombro y apunté – Si no tendrías que pagar, es parte de un pago y claro…como invito yo, pues estaría allí- La verdad es que me divertía infinitamente alterar al rubiales, ¿no era tan dado a pavonearse con féminas que se sonrojaban? Pues yo no me sonrojaba ni me asustaban ciertas cosas, parece que soy la horma de su bota.

-Seguro que no te podrías resistir, todas me piden más, todas quedan la mar de contentas- contestó
- Seguro que el que no resistiría serías tú, si ahora mismo me desatase el corsé y mostrase a mis dos amigas- Reí con ganas- te desmayarías.
- O eso, o te lo haría aquí mismo- rió también- hasta los guardias se iban a escandalizar
- Claro, hay cinco ¿no? Pero nosotros al suelo como si no hubiese un mañana.
-No sé cuantos hay, si solo estoy pendiente de ti ¿acaso no lo ves?…me importa un carajo cuántos haya y si me sancionasen.

A estas alturas, el rubiales me había encerrado al apoyar sus manos a mi derecha e izquierda, yo no me inmuté, al contrario. A cada gesto de querer devorarme, más tranquila me mostraba yo.

-En serio Therosín… con la de mujeres que hay por ahí, e insistes en querer hacerlo conmigo… ¿porqué?

Pareció pensarlo un momento, luego añadió.

-Astrid…
Astrid, es que es…
…Porque eres Astrid, eres tú. La verdad es que todas vienen a mi, pero solo veo aventureras tontas, sin carácter, sin embargo tú tienes carácter.

Acabáramos, resulta que el rubiales buscaba la horma de su zapato… vaya tela. Bueno aquello era un halago pero también es cierto que se bien que es verdad. Es lo que tiene criarse donde me crié. Forja la personalidad.

Continuó otro nuevo tira y afloja, mientras consciente o inconscientemente empezaba a darme muestras de lo fuerte que era. Se estiró y colgó de los maderos del techo del cenador haciendo flexiones ¡como me gustaba esa visión! Está claro que no iba a regalarle la oreja ¡Ja!

De repente, se dolió del costado, le pregunté y me comentó que fue un golpe durante unas maniobras del bastión.

-Así que el bueno de Ayakaf os ha llevado de maniobras…tranquilo, se como duelen esos golpes
- ¿Lo sabes?
-Claro, tengo cicatrices que lo demuestran?
-Yo también tengo varias

-¿Nos vamos a enseñar las cicatrices, Theros?- pregunté medio riendo- De acuerdo- dije aflojando el corsé y la camisa. Se volvió a acercar, me tomó la mano y con voz queda aunque divertida dijo que él empezaba, llevó mi mano por debajo de su camisa hasta llegar a una cicatriz en el omóplato, era una señora cicatriz desde luego. Me relató como la obtuvo y yo, alabé la señal sobre la carne. A continuación fue mi turno, guié su mano bajo la camisa llevándola hacia el dorsal, mostré una cicatriz en forma de corte, aun tenía color violáceo, expliqué como la conseguí. Siguió él el juego, ambos estamos tan orgullosos de nuestras cicatrices que es gratificante que alguien las admire. Ahora su mano me llevó hacia el pectoral, allí tenía las marcas de una sierpe, impresionantes

Le seguí yo, llevándole hasta la segunda costilla, allí se podían apreciar las marcas de la dentadura de un lobo invernal. El jueguecito estaba siendo de lo más sensual, dicho sea de paso, hasta que el legionario llevó mi mano hasta el pectoral izquierdo, mis dedos no notaron relieves de piel, tan solo el latido fuerte.

-Esta, es la cicatriz que me ha dejado Astrid, al romperme el corazón en mil pedazos- rió entonces, yo salté en carcajadas devolviéndosela. Conduje su mano hasta debajo de mi seno izquierdo, allá donde nace la curvatura de este, él no movió la mano de donde estaba, ni siquiera un milímetro, estaba resultando ser prudente a fin de cuentas.
-Esta, es la cicatriz que Astrid te dejó cuando en mil pedazos el corazón te rompió- Ambos reímos dando por concluido el juego.

-Astrid, Astrid, Astrid… si pronto vas a embarcarte y yo marcho a Vaasa, te vas a arrepentir de no aprovecharme.

-No quisiera distraerte pensando en este cuerpo mio, cuando marches aparte de eso, seguro que te acuerdas de mí, según dijiste con mucho menos ibas a tener consuelo para tres guardias…

-¿Es que no voy a poder decir nada sin que lo uses en mi contra? – dijo mientras reía
-Si es que me lo pones muy fácil, Therosín…
-¿Y si muero? Me jodería mucho, no por nada sino por no haberte conseguido, tú te habrías mantenido firme, pero yo prfff…

-También puedo morir yo fastidiándose mis expectativas.

-¿Así que tienes expectativas conmigo?

-Claro, depende de si las cumples o no.

-Vaya, vaya, vaya… así que tienes expectativas, eso ya es un logro ¿sabes?

-Bueno, creo que esta vez, la batalla puede quedarse en empate – dije ofreciendo mi mano para sellar el acuerdo. Aceptó mi mano estrechándola y una vez hecho tiró con fuerza de mí agarrándome por la cintura. Me besó con ganas y yo le besé con la misma fuerza. Al retirarme me susurró al oído

-Esta vez, la batalla te la he ganado yo, Astrid
-Sólo porque yo, he dejado que me la ganes, Theros.
-Hasta la próxima, Astrid
-Hasta la próxima, Theros

Así que en mi cuenta iban dos batallas bien ganadas, en la suya una. A ver las siguientes...

-Tregua-​


Tanto tensar y destensar, tiene sus peligros, está claro, pero ¡qué demonios! me gusta el juego. El problema es cuando nadie quiere dejarse ganar ni de broma pero el mismo juego te está llevando al borde del precipicio… menos mal que tanto el mano-mopa como yo, somos iguales que si no…

Ya está claro que la atracción es mutua, pero antes que dejarme ganar, me hago hermana de San Anur, por eso, debido a las circunstancias, una tregua me pareció muy saludable, esa es la palabra, saludable.

Crucé las puertas de la Luz del Alandor y ¿quién estaba allí? Efectivamente, el rubiales, distraído con vete a saber qué aunque tampoco es que me interese saberlo. Anduve de puntillas hasta su posición, me agaché poniéndome en cuclillas y planté mis manos sobre sus muslos ¿Acaso es el único que puede llegar y tocar? Pues va a ser que yo, también puedo. Dio un respingo levantándose mientras yo retiraba las manos.

-¿De veras piensas que puedes ocultarte con eso en la cabeza?

Se refería a mi sombrero, claro.

-Pues si fuese un poco más grande, sí- dije riendo levemente y mirando hacia arriba aun en cuclillas.

-¿Qué te han parecido los muslos? Me has tocado las piernas y ya que estabas a un paso de mi entrepierna- rió tan canalla como de costumbre- ¡haber continuado!

-Los muslos bien, duritos… pero ¿tocar con el susto que te has pegado? quedarías muy mal – dije entre carcajadas. Si es que donde las dan, las toman…

-¡Ja!, no sabía que eras tú- dijo guiñándome
- Normal, si hubiese querido que lo supieses, habría hablado…
-Y por tu aroma tampoco puedo reconocerte- Se sentó de nuevo invitándome a sentar, aunque ya estaba arrastrando un taburete para hacerlo.
-¿No? – me olí a mi misma, olía bien por descontado- Al menos no es como esa loción tuya, ¡que horror!
-No- rió divertido- Lo cierto es que no tengo olfato
-¿Y a qué se debe?
-Tú, que crees…
-Por creer, puedo creer muchas cosas – contesté en el mismo tono burlesco que ambos habíamos estado usando desde el día que nos cruzamos la primera vez. Mientras hablábamos, me miraba a veces … ¡hasta a la cara!
-Para bien o para mal, así es- Estaba tan acostumbrado que no le daba importancia al asunto.
-Todo el mundo tiene olfato…
-Pues yo no tengo
-¡Que original eres!
-Por llamarlo de alguna forma – asintió riendo
-¿Cómo te apañas entonces para oler?
-No huelo
-¿Nunca?
-No
-Entonces no puedes reconocer los sabores, o los matices de las cosas – estaba despertando mi curiosidad innata, desde luego. Me interesaba ese asunto.
-Apenas, si son fuertes, llego a distinguirlos, algo con mucho sabor o muy sabroso. Me encanta comer pero no lo disfruto como tú…
-Algo ácido, amargo… salado
-Claro… o muy dulce
-Entiendo, lo que no notas son los matices más finos. Así pues- sonreí de lado- nunca podrías reconocerme por mi aroma.
Resoplaba ya mirando las formas curvilíneas que mi ropa dejaba adivinar.
-No, no podría pero sí que podría reconocerte de otra forma
Me llevé la muñeca a la nariz, a pesar de no usar perfume, olía a flor con toques de canela y cítrico, también a mar, ese era mi aroma natural o eso me parecía a mi.

-¿Y esa forma es?
Asintió comenzando a explicármelo – Cuando hay química entre dos personas, la forma de dejarse llevar o las ganas del uno por el otro se manifiestan de este modo – tomó mis manos con las suyas y se acercó para besarme, le dejé hacer divertida aunque en principio me eché hacia atrás, pudo más la curiosidad de saber donde iba a parar esa explicación. Fue un beso lento, pausado mientras que rodeaba mi cintura y me atraía hacia él. No rechacé la explicación y di muestra de ser una alumna que atiende en clase.
Finalmente, me aparté y sonreí de lado, con el gesto casi malicioso y susurrante.

-Y ahora, ¿es cuando me dices que me has ganado otra?
-¡No! Ya lo has estropeado…- se apartó refunfuñando perdiéndose en la superficie del mostrador, o estaba realmente contrariado o es que lo disimulaba la mar de bien.- pues no, no sabría reconocerte…
-Yo creo que sí- dije
-Cuando deseas a alguien o te enciende de esta forma y es recíproco, se nota con un beso bien dado
Así que ya sabía por donde ir, en ese beso, el único que había besado había sido él, yo atendí simplemente una explicación, no le había besado, el rubiales, continuó hablando haciéndose el interesante.

-Si a lo mejor, se hicieran pasar por ti… supongo que podría averiguarlo de esa forma, dado que no sé a qué hueles- reía con aire divertido- o ¡mientras te apartas y me sueltas una de esas!

Entonces fui yo la que se echó levemente hacia delante, haciendo el mismo camino que él antes, tomé sus manos y le acerqué dándole una explicación mejor que la suya, al principio se sorprendió pero luego respondió.
-Sí, yo creo que podría reconocerte…- El rubiales sonrió levemente mirándome, carraspeó al darse cuenta del gesto que tendría. Yo carraspeé también mirando al posadero, que a esas alturas estaría ya más que acostumbrado a ver esas cosas. Volvió a hablar Therosín haciéndome reír a carcajada limpia.

-¿Subimos y te la met …?-A duras penas pudo contener las carcajadas, demonios ¡hasta me asusté pensando que había sacado modales de paladín!- Demonios, estoy más caliente que las muelas de un dragón
- Naaaaaaaaah- dije yo encogiéndome de un hombro y limpiando las lagrimas que asomaban de reírme.
-¿No?- dijo sorprendido
-Creo que tendrás que consolarte solito ¿sabes?
-¡Oh, diantre, Astrid! ¿Te he hecho algo en otra vida?
-Y yo que carajo sé, Theros- contesté viéndole resoplar.
-¿Cómo no vas a saberlo?, estás aquí haciéndote la dura y te has puesto igual de enferma que yo! –hablaba mientras me señalaba – ¡mira tu modelito, vas a romperlo con ellos! – señaló entonces a Lola primera y Lola segunda.
-Totalmente de acuerdo pero me negarás que es divertido el jueguecito…
-Esto ya es una especie de penitencia o no lo entiendo, esto ya es sufrir sin medida- asentía a mi pregunta riendo- es sufrir de más.
-Tampoco tanto, bueno sí , es sufrir de más pero como comprenderás, no voy a dejar que me ganes por la mano… y mira qué no será que no sabes bien

Meditó unos instantes sobre lo que dije mientras practicaba canibalismo ocular conmigo. Después, pidió una jarra de cerveza fría, dio un sorbo y se la arrebaté bebiendo la mitad de un golpe.
-Te lo pasarías en grande en las celebraciones del bastión- me dijo sonriendo- vaya fondo. Comes y bebes como un hombre…
-Ya te dije que me crié como uno de vosotros…
-¡No se nota! – dijo señalándome- de ser así, estaríamos arriba como animales y no aquí… ¡estoy que muerdo!
Reí de nuevo, la cosa tenía mucha gracia, vaya que sí, contesté – Sí, pero es más fuerte lo que yo quiero. No te voy a dejar ganar ni dejarme ganar, aun.
-¡Pero si esto está ganado! Te mantienes en tus trece por orgullo, yo haría lo mismo pero tienes las mismas ganas que yo.
- ¿Tu crees?- dije desafiante- eso está claro como el día, legionario

-Mira, hagamos una cosa… ¡Esta noche no cuenta!
- ¿Piensas firmármelo? Porque qué quieres que te diga, no me fío de ti ni un pelo
-Donde tú me digas, Astrid
Ambos estábamos riendo, desde luego no éramos normales o como suelen ser los demás. Aquí lo que cuenta es ganar.
-¿Con Testigos? – señalé
-Sin testigos, Astrid, entre tú y yo. Esta noche no contará, será una tregua para los dos y mi palabra cuenta.
Mientras me ofrecía una tregua apunté un detalle.

-Me embarco en dos días, por cierto- Me miró, soltó la bebida que había vuelto a pedir , miró al posadero y pidió la llave de la habitación más cara soltando una bolsa de monedas sin ni siquiera contarlas. Yo, pedí algo para comer recogiéndolo a duras penas puesto que me había agarrado de la mano y corría en dirección a las escaleras. Tuve que agarrarme el sombrero y todo. Mientras tanto, seguro y decidido, sin risas por ningún bando dijo rotundamente…
- No me voy a esperar a qué vuelvas, no. No cuenta, no te preocupes
-Esta noche no cuenta, así que todo sigue igual, pero a mi vuelta.

Dos días después, subía a bordo rumbo al mar de las espadas, a mi regreso ninguno hizo mención a lo que pasó durante esa tregua, en efecto, las cosas seguían como antes de ella.

-El sombrero emplumado-​


-¿Nunca te quitas el sombrero?
-Claro que sí, para dormir, bañarme…lloraría como una nena si perdiese este sombrero
-¿Llorarías por eso? ¡ja! ¡Basta con que te compres otro!
- No, no hay otro como este, este es un trofeo

El sacerdote de Kossut me preguntó directamente lo que otra gente seguramente se preguntaba, siempre llevo sombrero negro adornado con una vistosa pluma, es tan parte de mí como lo es la sal del mar. Expliqué entonces la historia de ese sombrero al sacerdote, estábamos en el campamento exterior de la ciudad caravanera, amenazaba lluvia ese día.

Habíamos arribado a Puerto Kir, aun formaba parte de la tripulación del barco del que hizo las veces de mi padre, estábamos allí para recargar provisiones antes de volver a surcar los mares y a mí, se me encomendó la tarea de ir hasta la posada y comprar varios barriles de ron. Bajé del barco después de casi dos meses sin pisar tierra firme, no retiré el pañuelo que cubría mis cabellos, ya los tenía bastante largos y se ensortijaban formando un laberinto oscuro, los extremos caían hacia el lado derecho, sobre mi pecho.

Puse los pies en tierra, en mi cadera reposaban mis armas, caminé para alquilar una carreta suficientemente grande donde colocar los veinte barriles de ron que el encargado de las viandas de a bordo había dicho que necesitábamos, aparte varios barriles más de agua dulce. Primero, me encargué del agua, había suficientes pozos como para rellenarlos y aunque era una tarea aburrida y tediosa, cumplí con las órdenes del capitán.
No por ser quien era, se me trataba con benevolencia, si no cumplía tenía castigo como todos y cada uno y desde luego, lo que menos me apetecía era pasarme días y días limpiando la cubierta del barco de rodillas frotando con un cepillo de raíz.

Tras el agua, llegaba la parte de la tarea que me era más grata. Ir hacia la posada en busca del ron y quizá poder disfrutar de las chanzas, cantos y cuentos que los marinos y gentes de tierra firme pudiesen estar contando.

Mi padre se había asegurado de que Alfonsus viniese conmigo, ese macaco tuerto que todos decían que en otros tiempos fue un hombre, un arcano de a bordo al que una borrachera hizo confundir un conjuro, quedando transformado en lo que es hoy, un mono de tamaño medio, con un solo ojo y el pelaje rojizo revuelto. Se contaban muchas cosas sobre Alfonsus pero lo que si era cierto es que era mi guardián, más o menos.

Entramos ambos en la taberna, dirigiéndome hacia el posadero. Allí a un lado, sentados a la mesa, había tres hombres, dos de ellos eran guardias de Puerto Kir, el otro parece ser que era hijo de un principal de la ciudad portuaria, lucía ropas finas y un sombrero emplumado. Estaban borrachos como cubas y pensaron que mi persona podría servirles para pasar un buen rato.

Pagué el ron y pedí uno para mí. Mientras, el trío me rodeaba babeando como perros en celo, Alfonsus comenzó a mostrar los colmillos y uno de ellos, usó su lanza reglamentaria para bloquearle. Los otros dos, se pusieron uno a cada lado, yo bebía mi jarra de ron tranquilamente, ya los había visto llegar.

El hijo del principal deslizó una de sus manos bajo el chaleco abierto que llevaba buscando uno de mis pechos
-¿Te he dado permiso para tocarme una teta quizá?
-Toco lo que quiero- dijo con la voz gangosa y pesada
-Más te vale apartar la mano o me veré obligada a dejarte tirado en el suelo como un guiñapo inservible.

Dio orden a su secuaz de sujetarme pero ambos estaban borrachos y su destreza no era tanta como la mía, Alfonsus había saltado ya sobre el otro guardia, inutilizándolo.
Tal y como se dispuso a agarrarme, agarré fuerte la jarra estrellándola con furia sobre la cara del guardia, que en un alarido me soltó para agarrarse su jeta.

Miré entonces al otro, sonreí y le guiñé mientras mi otra mano, ya libre, se dirigía a mi estoque, tomé la empuñadura del revés y asesté un golpe con toda la fuerza que tenía en los genitales del babas, cuando cayó al suelo me senté a horcajadas sobre él y empecé a hablarle.

-Mira, con suerte, algún sanador podrá hacer algo para que sigas siendo una piltrafa de hombre, si no, puedes ponerte a servir en cualquier burdel, te aseguro que hay tipos a los que le encantarás y si no, siempre puedes ir hacia el bosque y buscar algún orco que te mate.

Naturalmente, aquella trifulca había hecho a algún parroquiano ir en busca de las autoridades, no tenía demasiado tiempo así que tendría que correr bastante, al menos, el puerto estaba cerca.

-Por cierto… me gusta este sombrero, eres muy amable dándomelo-
Lo tomé del suelo donde había caído colocándomelo encima del pañuelo que cubría mi cabello hasta entonces, era mi trofeo. Salí de la posada corriendo, seguida por Alfonsus. Por fortuna, como era habitual, habían llevado el cargamento al barco, nos preparábamos para zarpar de nuevo pero yo, probablemente nunca podré pisar de nuevo Puerto Kir.

- Y esa es la historia de este sombrero- dije mientras comenzaba a llover con fuerza. Theros refunfuñaba, no le gustaba mojarse como a todo buen servidor de Kossut, así que en un gesto que hasta a mí me sorprendió, retiré mi sombrero colocándoselo.
-Es un préstamo, si le pasa algo ... te mato- aseguré.
-¿Me prestas el sombrero?- dijo perplejo
- A mi no me da miedo un poco de agua, ya sabes... he surcado los mares de todo el Toril


-El piano-​

Después de que Lire se empeñase en hacerme trajecitos de su estilo, con la intención de que me los pusiese…un año de estos, me habló de que Noe alias la sirenita, iba a estar en el puerto de la ciudad con la intención de viajar hasta Brinley. Junto a ella había algunas personas más así que estando segura de que Lire no podría buscarme más ropa me uní a ellos.

Desembarcamos en la isla, dirigiéndonos hasta el anticuario. Allí había varios objetos antiquísimos y entre ellos, un piano que sonaba a media noche. El anticuario nos contó que ese piano era un misterio, era un piano fantasma.

Acordamos esperar a la media noche, con las protestas del mercader que hacía mucho quería cerrar. Sonaron las doce y el piano comenzó a tocarse solo mientras una densa neblina nos rodeaba. Al ver lo que sucedía, el anticuario salió de allí, cerrando por fuera… la niebla se fue haciendo más y más densa hasta oscurecerse todo, por suerte Lire me agarró de la mano y con la otra, agarró a un tal Rick, el resto quedó perdido en la sala.

No sé cuánto estuvimos en esa situación pero cuando se aclaró nos vimos en la cubierta de un barco, en un lugar desconocido para todos nosotros. Un marinero nos llamó la atención preguntándonos si éramos los que iban a buscar el piano de nuevo puesto que los anteriores, no habían regresado. El pago serían 50 monedas por barba, algo irrisorio desde luego, pero lo más extraño era que no reconocíamos el lugar. Pregunté dando una explicación extraña por la época en que estábamos y para nuestra sorpresa, habíamos viajado casi setecientos años atrás.

Aceptamos ir en busca del piano en cuestión, creyendo que iba a ser la única forma de regresar a nuestro tiempo. Cuando pusimos el pie en tierra escuchamos el sonido de lo que parecía un piano, ¿estábamos aun en la franja de medianoche? Las chozas de la zona estaban vacías pero habían estado siendo usadas, no cabía la menor duda. Seguimos el sonido de la música y de repente, varias figuras se dirigieron a nosotros, estaban enfermos y errantes, yo diría que estaban muertos. Nos atacaron y uno de ellos logró alcanzarme haciéndome sentir muy mal, el estómago me daba vueltas y mi temperatura subió, vomité varias veces hasta que mi cuerpo reaccionó para mejorar.

Todos los caminantes fueron abatidos mientras aquel piano seguía sonando, lo encontramos, parecía recién salido de manos de los artesanos, reluciente y sobre todo, olía a nuevo. Arrastramos el instrumento hasta llevarlo a la cubierta, en el arrastré sufrió un golpe que dejó una marca en la madera.

El marino, al ver que cumplimos, nos abonó el pago que el capitán del barco había prometido, eso sí… ni rastro del capitán.

Un nuevo parpadeo y de nuevo estábamos en la tienda del anticuario, el piano había dejado de sonar ya pero tenía ese golpe que había sufrido.

La puerta del anticuario se abrió pero ni rastro del mercader ¿nos había encerrado algo desconocido? Probablemente. Fuimos a descansar con el pago. No eran monedas de curso legal, pero aun nos quedaba saber si podríamos venderlas, yo no iba a tomar ni una sola de las antiguas monedas no fuese que acabase de nuevo en vete a saber qué época. Cuando creímos que el anticuario estaría de vuelta, acudimos hasta él que se hizo el desentendido. Aceptó las monedas y a cambio nos dio cien mil dartens. Una vez hecho, repartimos las ganancias ya libres de hechizos y otros menesteres extraños. Volvimos al barco de regreso a Athklata mientras yo me preguntaba quien narices iba a creerse algo así.
¡Este sombrero es mío!

(Continuará)

 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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...Malditos medianos, pocos se salvan y no es que lo diga yo, sino que es un hecho comprobable, comprobado y corroborado.

Estaba tranquilamente en los Llanos escuchando a Aravae improvisar una canción alegre después de que poco más o menos una mujer le mandase a hacer puñetas con sus canciones de amor aunque el elfo explicase que no iba dirigida a ella pero aun así, la mujer salió por piernas sin disimulo ninguno. Acudió al sonido del laúd del elfo la alada Sofía y entre tanto, otro tipo de nombre Rasham se sentó sacando a relucir las artes cantarinas. Se añadía a nosotros tres, el tipo al que encargué unas cuantas maderas y me informaba sobre la situación en la que se hallaba mi encargo. Tras conocer la noticia de la pronta entrega me arranqué contestando con una cantinela al elfo Aravae, cuando por el camino un Hin apareció plantándose a mi lado.

Sacó un pergamino arrugado como un higo, pidiendo con voz quejumbrosa y de anciano que le leyese una dirección, alargué la mano para tomar el escrito y desconfiado, el mediano no me lo cedió…temía que se lo robase el muy ladino.
Así pues, me agaché quedando a su alcance para leer cuando de pronto el mediano alargó la mano y de un tirón mi sombrero se llevó.

-¡Alto ahí mediano, ese sombrero es mio, desvuélvemelo o te corto la mano!

El Hin no hizo ni caso, continuó corriendo hasta la Costa sur y allá que fuimos todos en su busca. Al llegar, estaban Gálagas, Matumbo y el otro charloteando como comadres mientras que por la colina bajaba el otro Hin, el molinero. Gritaba y se lamentaba, sus alpargatas nuevas habían desaparecido de sus propios pies ¿Cómo es posible? , seguramente estaría sesteando tras una de las innumerables comidas que hacen.

Maldecía hasta en Sharrano, ya estaba mi barbilla temblando ¿era posible que mi adorado y alado sombrero me hubiese dejado? ¿Mi trofeo, sustraído?

En mitad de mis pensamientos y ansias de destrozar al ladrón, escuché como alguien gritaba pidiendo auxilio, sin duda, era la voz del mediano. Acudimos cautos, aunque yo más que cauta estaba iracunda, se iba a enterar ese Hin de lo que valía un peine.

Al llegar entre los árboles vimos al ladrón rodeado de un grupo de bandidos, al vernos les chilló envalentonado queriendo hacerles creer, que éramos sus escoltas. Yo fui en busca del mediano arreándole un capón ante la atónita mirada del grupo de asaltantes, incosciente que soy yo.
Reclamé mi sombrero, los otros reclamaron las sandalias del molinero, el grupo de bandidos se disponía a cobrarnos un rescate pero ¡no estaba yo para esas cosas!
-¡Mira questoy mu loco! – dijo el jefe
- Mira que estoy que trino- contesté
-Que tenemos armas mu güenas- volvió a decir
-Mira, no me calientes que yo tengo otra – repliqué sacando mi estoque magnífico mientras que el resto trataba de convencer al mediano para que devolviese lo que había sisado.
Total, que por parte de los bandidos y también por la mia, hubo un lanzamiento de faroles y fantasmadas. Nos salieron bien, pues el grupo de bandidos prefirió marchar a atracar otro lugar.

El hin entonces se vio solo, quiso dar pena pero a mí no me la daba. Yo quería de vuelta mi sombrero… lo recuperé devolviéndolo a mi cabeza. Ya estaba de nuevo vestida. El tal Rasham abrió la bolsa de botín del hin, aparecieron entonces las sandalias del molinero, varias alhajas y una gran suma de dinero.

Estábamos negociando, cuando el mediano salió de nuevo por pies advirtiendo que a la guardia iba a traer. Y así hizo, allí se presentó una pareja de guardias y su sargento. Explicamos el asunto y el hin, reconocido ladronzuelo, de nuevo se vio en apuros echando a correr.

La pareja de guardias fue tras él mientras el sargento preguntaba entrecortadamente

-¿E… e… eres As…Astrid, de la Eterna Melodía?
-Esa soy yo- dije sonriendo encantadora
-¿Me firmas un autógrafo?- pidió
-Por supuesto ¿queréis que os lo firme en el escudo? – contesté aun más encantadora que antes
Pero justo en ese instante, la pareja de guardias le reclamó, el autógrafo iba a tener que esperar o vete a saber qué podrían de él pensar. Con mi adorado sombrero, con la bolsa del mediano ladronzuelo avanzamos por la zona hasta el camino del molino. Sobre el puente estaba el molinero, lamentándose de su suerte y pensando en como se lo iba a decir a su mujer. Al parecer la molinera tenía un carácter fuerte y cuando supiese lo que las sandalias costaron iba a enloquecer.

Por suerte, Sofía le devolvía sus sandalias para que la ciudad pudiese seguir gozando del trigo molido con el que hacer su pan.

-Antes-​
*17 años atrás*​
Apenas dos años antes, en la ciudad de Candelero, vino al mundo una niña de oscuro pelo y ojos azabaches. Sus padres, una pareja joven; él de nombre Richard, ella de nombre Camelia. Él un artesano de la madera y ella una hechicera con dotes para la interpretación. Dieron a la pequeña el nombre de Isabella, un nombre que dejó de pronunciarse cuando los dioses intervinieron en aquél ataque y abordaje.

Isabella tenía la piel sonrosada, como cualquier bebé, unos ojos vivaces llenos de ganas de juegos, por eso, cuando Camelia la escondió en aquél barril pensó que se trataba de uno más. Isabella era como todos los niños, confiada, por la profesión de Richard estaba acostumbrada a los extraños, muchos eran los que acudían al establecimiento paterno para encargar un arco, flechas o cualquier cosa hecha con sobrada y demostrada calidad.

Un viaje fue el comienzo, un viaje hacia Velen, por mar desde Candelero. El barco estaba dotado con ciertas defensas pero no tantas como para anular la presteza del bajel pirata. Las aguas de la Costa de la Espada eran surcadas por multitud de piratas, corsarios y bucaneros. Unos bajo bandera de un señor, otros bajo su propia bandera pero todos eran un enemigo al que un barco no quería cruzarse.

-¡Camelia, despierta! – gritó Richard empuñando uno de los arcos que siempre llevaba consigo, cuando su esposa abrió los ojos, salió de la estancia hacia la cubierta, hacia una zona alta desde la que pudiese abatir a cuantos más mejor. Sus disparos eran certeros, siempre tuvo buena puntería pero aquella vez, debía tenerla mucho mejor, tenía algo que proteger a como diese lugar. Un cañonazo partió en dos el palo mayor, a su vez, éste golpeó con fuerza la plataforma donde Richard estaba lanzándolo al mar. Puede que estuviese vivo, puede que no, pero ya poco importaba. Camelia corrió con la pequeña Isabella envuelta en un manto con las iniciales de ella, oraba a su dios, oraba a todos y cada uno de ellos. Encontró un barril lleno a media altura con manzanas vació las que pudo y dejó el resto junto a su más preciado tesoro.

-Isabella, no te muevas, vamos a jugar ¿si? Tu estate calladita, escuches lo que escuches, no salgas ¿vale? O nos ganarán.

La pequeña asentía risueña, siempre le gustaban los juegos de mami.

-Seguro que habrá mucho ruido, ¡pero no te asomes o perderás! Cuando salgas de aquí, no tengas miedo, no llores y canta la canción que mami te ha enseñado ¿de acuerdo?¡vamos a ganarles!

La niña volvió a asentir, bien sabía Camelia quepodría ser la última vez que viése a su pequeña princesa, pero si todo formaba parte de un juego, no la escucharía llorar y podría desplegar todo el ataque mágico que sus fuerzas le permitiesen. Protegió con un globo de invisibilidad el barril después descargó hasta lo que no se hubiese permitido conjurar jamás. Muchos cayeron, decenas de ellos cayeron pero sus fuerzas menguaban proporcionalmente a cada conjuro.

Reservó las suficientes para un último conjuro. Camelía deseó con fervor, que aquello no estuviese sucediendo, que todo saliese bien y el barco llegase a su destino pero todo quedó en un principio de conjuro, un conjuro inconcluso. La hechicera cayó al suelo, inerte bajo la hoja ensangrentada de aquella cimitarra, no hubo tiempo. Todo su poder se perdió junto a los inumerables caídos, probablemente de no haberla pillado por la espalda, el barco no hubiese caído. De todos los atacantes solo sobrevivieron cinco, uno de ellos el capitán.

La invisibilidad con que protegió el barril se desvaneció mientras una mano ruda entró en el tonel tirando de Isabella, la alzó mientras la niña agarraba la esquina de la capa de su madre, una capa que siempre se preguntó porqué tenía.

Quizá con el tiempo pudiese saberlo. El marinero hablaba pero no podía entenderle, así que hizo lo que su madre le dijo, cantó la canción que ella le enseñó. El capitán la miró de forma extraña pronunciando un nombre, Astrid.

Atrás, perdido en el tiempo quedaba su verdadero nombre, atrás quedó sin volverse a pronunciar el nombre de Isabella.
-Bueno, bueno bueno...

Dije sentada frente al pergamino donde iba a escribir. No era cosa dificultosa, pero claro ¡había que hacer una canción para una parejita jovencita! Madeleine ya me advirtió, que no tendría que hacerla con picardía. Así que me puse a pensar y pensar... hasta que encontré un símil con el que empezar.
Al tal Dagnir, le enloquecen las galletitas así que ¿por que no cantarle a su chica con tal manjar? Si total, no me cabía duda de que a ambas las pretendía devorar igual.

Compré unas galletas y las probé, retiré las miguitas y después, lo que pensé plasmé. Quedó una canción dulce, juvenil y sin demasiada picardía, al menos la pareja no se iba a dar cuenta, yo me partía mientras escribía.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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*A bordo de un barco cualquiera, de los muchos que surcan mares y ríos del Toril, Astrid termina de escribir el relato de una dolorosa experiencia aunque sabida desde siempre. Bardos y resto de arcanos, jamás podrán aceptarse como iguales porque simplemente, no lo son. Tras concluir, enrolla el escrito metiéndolo dentro de una botella que será lanzada al agua desde el único lugar al que puede llamar hogar, un barco*


...Por supuesto que me iba a quedar, pensé cuando Armeís concluyó la clase general sobre Transmutación, añadiendo que los alumnos tipo mueble o macetero, podían marchar.
Reconozco que las clases en la Arcanum son un fastidio, no me interesan en absoluto y ni por casualidad quiero compararme con esos magos y hechiceros que hay por Amn. Yo soy Trovadora y mi magia no se estudia mi magia nace de mi interior, con mi voz, mi magia puede mejorarse, como todo, por eso mismo, empecé en las clases.

Lo que no sé, es de donde estoy sacando esta paciencia porque antaño, hubiese mandado al carajo a la Arcanum, salvando por supuesto, a la rama de trovadores y bardos. Cada día estoy más convencida de que debemos separarnos de la Arcanum. No nos entienden y muchos no les entendemos a ellos. Muchos nos consideran intrusos y muchos de nosotros nos vemos como gentes ajenas a un lugar tan estirado, relamido, encorsetado al extremo. No, no creo que la Arcanum sea un lugar donde un Trovador se sienta a gusto del todo, al menos yo, no lo estoy.

He ido, a lo largo de dos años y medio obteniendo la firma en muchas de las clases que he recibido, todas las generales, y bastantes de las específicas, me reformé, tras la llamada al despacho del director, o dejaba de ser yo dentro de la Arcanum y mostraba "respeto"o se verían obligados a expulsarme de la institución. Cedí, pero no por mí sino por mis compañeras en la Eterna Melodía. Empecé a interpretar un papel y reafirmándome en cada clase que aquel no era lugar para mi, ni para otros bardos y que, los magos y hechiceros, más los primeros que los segundos, eran en parte culpables del miedo a la magia y de la repulsa que causan, aunque a mí, no me la causen.

Lire, me retó a concluir este año y graduarme dentro del mismo, acepté el reto y desde entonces, he acudido a las clases que el reto me obliga, algunas incluso las he pedido yo a los profesores, como el caso que me ocupa, Transmutación.

Cubrí mi ropa con esa túnica que detesto ponerme, descubrí mi cabeza y llegué con puntualidad al aula, me senté en primera fila. Sobre el pupitre mi cuaderno de notas, el tintero y la pluma. He tomado nota de todas las clases, pero no como muchos otros harán, yo lo hago plasmándolo en una historia musical, compongo la melodía de cada clase que doy, no para publicarla o cantarla, sino porque me parece la única manera de estar allí dentro.

Como de costumbre, tracé al comienzo de la clase, las líneas rectas y paralelas en grupos de cinco, formando varios pentagramas que al final, serían una partitura.
Esa clase fue corta, pero las palabras de Armeís me ofendieron. Hacer alusión a ejercer de mueble o macetero de la estancia donde rebotaría cualquier cosa que dijese, me ofendió, aunque en sí, no me llamase mueble a mi, pues bien sabe que a pesar de todo, he participado activamente en todas y cada una de las clases. Pude irme pero me quedé.

Cerré mi cuaderno de notas y me dispuse a escuchar, sin interrumpir pero era una clase magistral hecha a conciencia para magos o hechiceros, sin contar con que un trovador tan miembro del alumnado como el resto, estuviese presente.
Sí, los bardos podemos usar todas las escuelas de magia, pero jamás he visto, esa dedicación enfocada a alguien no mago o hechicero.

No iba a interrumpir la clase, escuché y guardé silencio, observé y entendí lo que se decía pero mi cabeza y mi corazón protestaban por tamaña afrenta. Volví a abrir mi cuaderno de notas y empecé a escribir sobre una vida imaginaria de una rata de las alcantarillas, la rata dentro de la jaula que había en el centro de la clase.

En un momento determinado, el director Armeís me preguntó si no tenía nada que decir puesto que hacía mucho que no intervenía en la clase. Exploté

Dije que estaba esperando a ver qué pasaba con la rata de la jaula, a lo que como es evidente, Armeís me llamó al orden diciéndome más o menos,que perdía el tiempo allí. Contesté, sabiendo que aquello podría acabar en mi expulsión de la Arcanum.

Dije, que el día que diese una clase orientada a los bardos con la dedicación que estaba concediendo a su escuela de magia favorita, yo volvería a intervenir en una clase magistral como aquella.
Firmó mi asistencia a clase y me invitó a salir, añadiendo que no iba a tolerar tan sutil altivez ni allí ni en ningún otro lugar del continente.

Salí del aula altiva, posiblemente volvamos a coincidir en algún momento dentro de la Arcanum, coincidiremos fuera de la escuela, pero es dificil que nuestro trato sea alguna vez como el que probablemente esté acustumbrado y jamás volveré a una clase suya si no es estrictamente necesario, prefiero que nuestro trato sea siempre en zona neutral.
He aquí, el resultado de la jornada de clase, un cuento imposible.

-Cuento de la ratita enjaulada-​

Érase, que se era, en el mundo maravilloso, lleno de humedad, charcos pestilentes y galerías oscuras de las alcantarillas de la ciudad, una ratita de brillante pelaje negro, ojos rojos como rubíes y rabo largo. Se encontraba la ratita saliendo de su ratonera, dijo adiós a sus progenitores dirigiéndose a la ratonera de sus amigas, una rata blanca, un ratón castaño y dos gemelas grises, una con rabo más largo que la otra.

Formaban un quinteto que recorría todas las galerías disfrutando de los más pestilentes placeres que a una rata pueden gustar. La rata de pelaje blanco alzó el morro olisqueando mientras meneaba grácil mente sus bigotes.
-¡Algo se acerca!- chilló la rata echando a correr por los túneles cercanos, cada rata y también el ratón, sabían que cuando algo rompía el hedor de las alcantarillas, ese que tanto les agradaba, debían salir por patas.

Nuestra rata de pelaje negro, ojos rojos y rabo largo, corrió hasta más no poder, pero ese monstruoso ser, terriblemente desagradable que caminaba a dos pies la alcanzaba entre grandes zancadas

-No, no te acerques monstruoso ser! Chillaba la rata mientras arqueaba el lomo erizando su negro pelaje.
El ser monstruoso no estaba solo, ¡que mal olían! pensaba la rata, asqueada y temiendo por su vida.

De pronto, el extraño ser de dos patas zarandeó algo que olía como olían esas cosas largas que se encontraban al final de una galería, esas cosas sobre las que a veces caían manjares pero que todo el mundo ratuno, sabía que cruzarlo era un riesgo y que algunas, no volvían. También se asemejaba a los que habían cerca de ese lugar tan agradable donde había cosas cubiertas de tierra**

De repente se encontró metida entre esas mismas cosas, que al morder, estaban tan duras que las encías le dolían.
De pronto todo fue oscuro, aunque un zarandeo la hacía marear e ir a caer de aquí para allá, eso sí, la peste cada vez era mayor. Allí olía tan distinto a su amada alcantarilla…


Escuchaba de fondo a través de la oscuridad, como los seres de dos patas hacían ruidos extraños, que espanto, que horror, pensó la pobre rata de pelaje negro y ojos carmesí mientras la luz se hacía de repente.

-Dejadme salir!- chillaba la rata sin resultado, estaba perdida y más aún cuando uno de los extraños seres de dos patas echó algo más por encima de ella mas no sabía que sería aquello, pero cuando el ser extraño volvió a sonar empezó a notar la rata de pelaje negro, como se expandía y se expandía.
-¡Ay, mi cuerpo atlético y grácil! – pensaba la rata mientras se golpeaba la cabeza contra esas cosas duras* que no la dejaban salir.

Dicen las leyendas de ratonera, que la rata de pelaje negro, ojos como rubíes y rabo largo, regresó a su alcantarilla, otras dicen que una rata del tamaño de un conejo pulula por la superficie y otras dicen que la rata de pelaje negro, ojos carmesí y rabo largo fue una heroína en las galerías de las alcantarillas de todo Amn…

Érase, que se es, el cuento de una rata enjaulada que además, fue transmutada.

-Crónicas de un Torneo-​

Los carteles anunciando el torneo del Martillo de Sangre ya están siendo sustituidos por otros, cuando no, se van desgastando por el efecto del clima. Pero en las retinas de los que asistimos a los combates (aun estamos recuperándonos de la oscuridad mágica) quedan las impresiones.

La mano inocente, osea, la mía, fue quien decidió en primera instancia los emparejamientos del Torneo en la Sala de subastas del Doblón de Oro. Días más tarde se celebraba en la dorada Agujas de oro el evento de lucha.

La arena de la localidad, estaba ya desde tempranas horas preparándose para la ocasión, los borrachos hasta decir basta, pululaban serpenteantes midiendo la distancia entre pared y pared, el Nene, reconocido como Mosqui también estaba al frente de un puestecillo junto a la tendera .De todos es sabido cuantos dartens se mueven en esos momentos. No podía faltar el viejo de las apuestas… que seguro habría realizado la primera antes de que le saliese el primer diente… y como no, allí estaba también “El Frente Popular de Fudea” “El Frente Fudaico Popular” y “¿Qué es lo que ha hecho Amn por nosotros?"

Llegó entre nervios y ansias vivas, el momento del primer combate.

La pareja formada por Abjorn y Andy, junto a la formada por Zark, junto a Raessah abrieron el Torneo llenando con su sangre la arena.
Una exclamación recorrió el graderio al ver como el tal Zarkk se alzaba cual paloma del suelo. Sí, el monje desde ese instante fue reconocido como el Monje Volador.

Por increíble que pueda parecer, la magia hizo acto de presencia en el torneo, numerosas tormentas de hielo cayeron sobre el recinto, haciendo estornudar a los presentes que fueron alcanzados.

Abjorn, que se las prometía muy seguras, caía en primer lugar sufriendo daños por efecto de la magia arcana, sus ropas estaban ajadas con suficientes heridas por congelación. El resto, empezaron un muestrario de “como caza el gato al ratón” sin duda, una artimaña como otra cualquiera para desmoralizar al contrincante. No Obstante, Andy acabó abatido sobre la arena donde tras finalizar el combate, los sanadores acudieron a socorrer a los participantes.
El saldo de heridas en Andy, uno de los promotores del Torneo, excelente pagador y ágil como un gato, quedó en una fractura en el hombro izquierdo, quemaduras por congelación en ambos brazos y la piel.

Los jueces declararon vencedores del primero a Zarkk y Raessah, dando paso después al segundo grupo.

Éste estaba formado por el tal Bruto y Rasham frente a Jenny, la mediana e Izdihar o tejón invisible.

Poco se puede decir de este grupo ya que tan solo fue un muestrario de magia de ocultación y oscuridades mágicas, lo que obligó al público asistente a tener que tirar de su propia magia o simplemente imaginar lo que estaba aconteciendo.
Rasham, fue herido abundantemente en los brazos, sufrió la amputación de un dedo de la mano izquierda hasta tal punto que de no tratarse prontamente, moriría desangrado, imagino que eso haría que perdiese el combate.

El caso de Bruto merece comentarios aparte, no tuvo heridas de gravedad, tan solo arañazos superficiales pero imprudentemente quiso prevenir sacando un vendaje y colocándoselo, momento que fue aprovechado por su contrincante haciéndole morder el polvo. Parece ser que tras el Torneo tuvo una pelea con un ogro que se acercó hasta la arena, esta que relata no se quedó a ver si la bestia, poseía lo que llaman cinta roja o permiso de permanencia del Consejo. Damos nuestras condolencias a la familia y amigos, si los tuviere.” Bruto, no te conocimos porque no nos dio tiempo”

El tercer combate fue algo más movido, gracias a los dioses, la pareja formada por Raessah y Zarkk por un lado, Jenny e Izdihar por otro mostraron un recital donde las tormentas heladas eran esquivadas por Zarkk con suficiente maestría aérea, declarándose vencedor


Jenny, la mediana, mostraba tras el combate zonas quemadas por el efecto de los proyectiles mágicos, actualmente no tiene cejas (esperamos que le crezcan de nuevo) y en su cuerpo hay tanta magia residual que los encapuchados la deben oler desde el Sanatorio. Izdihar o El tejón invisible, solo sufrió rasguños sin importancia y algún moratón en el estómago.

Los jueces declararon vencedores al monje volador y a la”hermosisisissima” Raeesha.
Primer y segundo premio para los vencedores y nuestras felicitaciones.

Quiero, personalmente dedicar una oda a tan grácil pájaro, que nos dejó atónitos a la mayoría.
¡Yo ví, yo ví!
Ay que lo vi ahi
Hoy no traigo nada para cantar


solamente traeré la historia
del monje voladooooor
el monje voladooooor
el monje voladooooor
el monje voladooooor
y dice así
Amniana, o Halruana -ana
Amniana o Halruana-ana

Y digo así
salto como una rana
zumbo como un mosquito
pio como un pollito
nado como una ballena
miro como una vaca.....
¡¡muuuuuu.!!
pero ustedes lo que quieren es
el monje voladooooor
el monje voladooooor
el monje voladooooor
el monje voladooooor
Hubo una fiesta en el barrio,
llego un paladín
llego el paladín Martín
llego el paladín Antón
llego Silverio también vino Charles,
pero hacia falta un monje
¿saben quien es?
mmmm...
el monje volador
el monje volador


Esta es la historia de un monje
del que no se sabía nada
nadie supo en su vida lo que le pasaba
Sólo se supo que el monje volaba
y que era El monje volador,
el monje voladoooor​




-El alma de sal, el cuerpo en tierra I-

​


¿Cuánto llevo en tierra? ¿Cuánto llevo sin ser una nómada en el mar? Bien es cierto que mi alma siempre será de sal, esa sal que abunda en el líquido elemento de mi amante, el Mar de las Espadas. Mas mis pies comienzan a estar atados a tierra firma, a gentes de tierra y a cosas de tierra. Desembarqué la primera vez en Amn pensando en tener mi propio barco, no obstante, la fortuna que hace falta para poseerlo, me podría conducir a vender mi alma a los nueve, y mi alma es demasiado libre como para venderla por nada.

Mojo los pies cada día en el agua salada, me meto avanzando hasta que el nivel del mar me cubre por completo; luego, me dejo secar por los susurros de Akadia, vuelvo a tierra firme, a veces me echo la siesta dándome el sol en la cara sobre la arena de la Costa Norte y sueño. Sueño con una niña que camina por un puerto, ataviada con un vestido del color azul del mar, se queja por las trenzas, sin éxito, luego mira hacia arriba; a la derecha, allí un hombre al que sonríe mientras éste, le hace burlas en un esperpento divertido, el hombre huele a madera, a su izquierda una mujer de larga túnica, mangas vaporosas y piel suave. Sobre sus hombros un manto, es igual que el que poseo aunque con los colores mucho más vivos. Ella es hermosa, como tocada por Sune, será por eso que muchos la saludan. Sueño más tarde con esas tres personas, la sombra de todos se alarga, pero aún se alarga más, la sombra de ese bastón que siempre acompaña a esa mujer de mis sueños.

Y me despierto entonando una canción, la misma de siempre…




-El alma de sal, el cuerpo en tierra II-​


Y empecé a pensar que si declaraba mi piratería, habida cuenta de mi presencia en el barco de mi “padre” mi cabeza no iba a tardar en separarse de mis hombros, y la verdad…qué carajo, a mi me gusta llevarla puesta; siendo así el asunto, y con el instinto de supervivencia al máximo, cada vez que alguien hacía referencia a mi persona con el sobrenombre de pirata, corregía diciendo que la piratería, estaba perseguida en Amn y que estaba claro que a mi no me perseguía nadie.

Quizá fue en ese instante cuando eché el ancla a tierra, aunque no es que me percatase de ello, tampoco soy la única pues se dice y se comenta, que el propietario del Regalo del Mar era un viejo pirata.

Tras deambular por el puerto con la botella de ron bien a mano, acepté presentarme a un concurso, un concurso que pretendía a cambio de un suculento premio, loar a Wauken en Agujas de Oro, casi gané el primer premio pero estuvo bien el segundo ya que así, apartaba miradas curiosas sobre mi persona, la desconfianza es algo que me enseñaron durante años, sobrevives más tiempo, cada paso que daba en la ciudad de la moneda, me anclaba más a tierra firme. Por equivocación, tomé el camino hacia el paseo del puente, quizá de haber tomado el que desde el puerto conducía hasta los barrios, otro gallo hubiese cantado, pero no se puede volver el tiempo atrás y a pesar de todo, y a pesar de la urticaria galopante que me daba, cada vez trataba más con gente dispar a mí, o eso pensaba.

Mi padre, me hizo la encargada del cuaderno de bitácora, de tratar con comerciantes de bien y de mal, de usar mi cara a modo de trampa cuando alguien debía caer en las redes de la tripulación, se me daba bien la música y se me daba bien interpretar a alguien que no era yo, ¡que bien lo pasaba…carajo! Sin embargo encontré la forma de usar eso de forma distinta y con ello, anclarme un poco más...
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Tuliosoyyo":1ovtng2v dijo:
-El alma de sal, el cuerpo en tierra III-​



…Y me enrolé en la tripulación de otro marinero con alma de paladín, Sten. ¿Qué decir? Pues que me imaginé volviendo de nuevo a lo que hacía antaño, disfrutar del mar, de la navegación, de los tesoros escondidos y porqué no, del saqueo tras vencer a otros navegantes.

En verdad eran marineros de postín, muy alejados de lo que yo había vivido, era una tripulación inverosímil, formada por un elfo, varios humanos, la funesta alada, una que iba a medio vestir y todos ellos, con el extraño comportamiento que les asemejaba más a paladines.

En el primer embarque, perdimos el barco a manos de un kraken, como pudimos arribamos a una isla, una isla que guardaba un secreto, por fortuna parte de ese secreto era un portal que nos devolvió a tierra firme. Pasaron los meses sin embarcarnos de nuevo, al menos yo no lo hice puesto que tras poner el pie en tierra les perdí bastante la pista. No me gustó la experiencia por primera vez desde que eché los dientes, aquello no entraba en mi idea de lo que debía hacerse mas el capitán era el que decidía.

Mientras tanto, en tierra, seguí adaptando mis dones para la tierra, eso sí que me gustaba por incierto que pareciese no obstante, volví a formar parte de la marinería.

Esta vez, regresábamos a Skaug, la zona estaba como recién salida de una gran catástrofe, era un hormiguero de putas, de gañanes, de bandidos y de vividores, toda una fuente de ingresos, desde luego pero… no todo sale como debe salir.

Pusimos el pie en tierra haciéndonos notar en exceso, lo que buscábamos allí aun es un misterio para mí, parece que buscábamos información. Nadie iba a darnos nada por nada, eso estaba claro pero aun así, observaba sorprendida como se comportaba el resto de la marinería.

En cierto momento, uno de nosotros se separó del grupo lo suficiente como para desaparecer, por más que se le buscó, no se le encontró, tan solo el rastro de una gran meada dejada en un callejón. Preguntaron sin mucho éxito, yo lo hice por mi cuenta como tantas veces había hecho para mi” padre” sin confiarme, sin fiarme y con la mano bien dispuesta sobre la empuñadura de mi estoque. Avanzamos ciudad adentro donde nos conducía el tipo al que pagué. Al llegar todos en fila y yo siguiendo al grupo de lejos escuché como nuestro guía decía a un grupete de mal vivir “Aquí te traigo al resto” mira por donde habíamos hallado al que desapareció. Estaba rodeado de dos matones, otros tantos flanqueando, le habían robado sus pertenencias y avisaban de que seguramente, se quedarían con algo más, incluso nuestro pellejo.

Mi pellejo se iba a quedar conmigo, por encima de todo, ya había avisado a la tripulación que estábamos haciéndonos notar mucho, demasiado. Así que me adelanté para parlamentar con el matón que parecía tener más luces. La negociación fue simple, ellos se quedaban con las pertenencias del compañero y unas pocas monedas más y nosotros nos íbamos con calma sin causarles ningún problema. Aceptaron pero para mi sorpresa, los demás dijeron que había que darles su merecido, entregarlos a la autoridad ¿autoridad? Válgame, jamás he escuchado tanta estupidez junta. El elfo, Aravae, me recriminó que hablase al capitán como le había hablado, pero Sten y su alma paladinesca nos estaban conduciendo a la muerte directamente y todo, por un orgullo mal entendido. La Alada, me recriminó también ¿y quién era ella para hacer eso? Sólo era una invitada del capitán.

Ante la situación, todos querían introducirse más allá de lo que veíamos pensando que solo estarían los matones que veíamos. Por lo que hablé con el matón jefe, había muchos más esperándonos y eso iba a ser nuestro final. Anuncié que yo me largaba y los dejaba allí, que no era ese el lugar que buscábamos, di media vuelta y después me siguió el resto. Paré y señalé “Ahí tenéis lo que buscábamos”

Dos travesías que no llegaron a buen puerto… cada día más anclada a tierra.

-El alma de sal, el cuerpo en tierra IV-

​




Mis contactos, variados, me estaban proporcionando beneficio. Así como me hablaron del concurso en Agujas de oro en honor a Wauken, me condujeron por un lado a unirme a una compañía artística.

No hacían preguntas, no se metían en nada importante y apreciaban mis dotes para la música y la interpretación. Así fue como pisé por primera vez el Teatro de la Alegría de Crimoor. La compañía había logrado tiempo antes costear su reconstrucción y allí estaba yo, haciendo un papel en una obra de teatro vestida con un elegante vestido, nada más y nada menos. Me encontré tan agusto que incluso yo me puse a escribir obras e incluso me apunté a la escuela de magia de Athklata por consejo de Madeleine y Lire, dos compañeras de la compañía.

¿Qué puedo contar sobre la Arcanum? Pues que tiene carencias que me he propuesto conseguir que no sean tantas, al menos en lo que concierne a los trovadores. Lire, ante mi calmada asistencia a las clases, me daba igual obtener una licencia un año que otro así que Lire me tocó la vena sensible. Me hizo apostar, si ganaba, yo obtenía algo a cambio pero para eso tenía que graduarme y en verdad… ¡por las mareas en el mar! Que no pensé que se me fuese a hacer tan cuesta arriba pero bueno, a cambio sacaré beneficio propio, tomar los apuntes de clase formándolos en pentagramas fue una excelente idea, propia de mí.

Pero claro, relacionarse con la gente de tierra firme tiene su coste, tuve que adecuarme a ellos sin perder mi identidad libre, ya decía el contramaestre que el que algo hace queriéndolo hacer, no paga tan alto precio y así es, no me estaba molestando en exceso hacerlo, me hacía gracia.

Sin perder de vista la mar, la satisfacción por encontrar un tesoro o incluso el arte de un buen saqueo estaba ya más tiempo en tierra que en el agua y así, en el agua fue como acudí a una reunión con los miembros de La Bota y el Sendero. Allí se habló de muchas cosas pero también me di cuenta de lo que podría hacer. Empecé así a dar vueltas a una idea que, a buen seguro me daría riqueza y fama, No está mal a fin de cuentas quedarse en tierra durante largas temporadas, no…también se encuentra la satisfacción.
Innata, La magia en la sangre


...Y otra vez esa canción asaltándome mientras duermo, se queda en mi boca casí la mitad del día. Cada vez empieza con un tarareo, que crece mezclándose con risas de personas que desconozco pero que parece se pierden en mí ser como si fuesen mi yo.


Isabella, es el agua, es el viento
Es resumen de todo lo que siento
Es la arena, es el sentimiento
Es la tinta que no borra ni el silencio...

Isabella, es el aire de puntillas
Es la calma cogiendo carrerilla
Es el sabor de lo pequeño
Es tocar un sueño...

Isabella, es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon...

Isabella, Magia es probar a volcar lo que hay en el fondo de ti
Magia es verte sonreir...
Magia es probar a saltar sin mirar
Es caer y volver a empezar...

Isabella,
Es el tiempo, es la hoguera
Es la mano que mece la marea
Es la tierra, es la bandera blanca
Es la gota de una lluvia de esperanza...

Isabella,
Magia es probar...
Es el mapa de un suspiro
Es lo que hay cuando te miro
Es el duende del latido de tu corazon y el mio
Es la meta y el camino
Es la suerte y el destino

Es la fuerza del latido de tu corazón...​


¡No hay más urticarias!
(Porque a pesar de todo, te voy a ganar la apuesta, Lire)
​

http://youtu.be/8e8oEqPI4rs


Por fin... ¡Por fin!... por fin finalicé mis clases en la Arcanum, varias estaciones han pasado hasta que por fin, no tengo que asistir nunca jamás a las clases. Solo queda la graduación pero eso ya, es pecata minuta.

Decepcionante, esa ha sido la experiencia en mi tiempo allí, sabía de antemano que no estaba hecha para estar en ese lugar, La Arcanum, y que adaptarme a la encorsetada institución, tampoco sería moco de pavo pero…¡carajo! Eso parece que sólo iba conmigo, una alumna.

¿Porqué digo esto? Pues porque después he comprobado que se es más laxo con otros, me refiero a ciertos profesores.

En el final de mi última clase, donde se trataba un tema que me interesaba, las líneas sanguíneas de los innatos como yo, la clase entera fue víctima de una bromita de Tesla, el Mystrense que habían escogido entre los últimos profesores.

Todos los alumnos, tendrían algo que hacer pero eso a mí me era indiferente, pero yo también tenía trabajo y eso, sí que me afectaba .Tesla, tras la pregunta de la extraña Cressida de si la clase había terminado, dijo que no podíamos irnos, se dirigió a la puerta y salió, encerrándonos allí dentro. La verdad es que ya estaba harta de tanta tontada con las puertas pero la dirección sabrá, a mi ya me quedan dos suspiros de sunita para olvidarme de la Arcanum y aunque pensé presentar una queja a Armeís, decidí que no perdería mi tiempo en eso, aunque a mí, casi estuviese a punto de expulsarme por “mal comportamiento”.
A fin de cuentas, estoy a punto de obtener la licencia mágica, que es lo que me interesaba de ese lugar y sigo pensando que los trovadores deberían tener una formación aparte y acorde con lo que somos, con profesores acordes y temario acorde aunque con la misma matriz. Ninguna de mis propuestas hechas cuando nos reunimos el claustro y yo, parecían cobrar forma y a la vista de las nuevas adquisiciones de profesores, llegados de Edive la mayoría, tampoco iban a tenerse en cuenta. Pobres Bardos, que han de verse encerrados en ese lugar.

En compensación, había obtenido gran beneficio económico por diversos trabajos relacionados con la Arcanum así como conocer a gente interesante, como Runabismo.

Runabismo, ese enano al que puede verse el humo saliendo de su cabeza de tanto estudio, pero que aun siendo un enano y todos sabemos el difícil trato que tienen, pedía ayuda con tal corrección que hasta yo me sentiría avergonzada de no prestársela, gratis, pues iba a cobrar con creces lo que pudiese pedirle a él por un bando.

¿Qué me llevo de la Arcanum? Apenas tengo que pensarlo. La licencia mágica cuando me gradúe, mejor relación si cabe con los bardos de la Eterna que allí quedan, alguna aventura fuera de las aulas y una gran soltura en el manejo de la magia de encantamiento, aparte de poder leer con suma facilidad la magia escrita (algo que ni siquiera saben entre los profesores, curioso ), conocer las propiedades mágicas o no mágicas de cada chisme repartido por Faerum… y la certeza de que nunca más, me colocaré ese saco de patatas gris encima.

(Continuará , que aún queda)
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-Las apuestas, son sagradas-​


En el barco, me enseñaron desde el principio que se pagan, que jamás puede dejarse una sin cobrar pues son fruto de conflicto, y si esos conflictos se llevan a bordo, el desastre está asegurado.

Yo, siempre pago las mías, y las cobro.

Cuando estando el paseo del puente, charlando con Runabismo de cosas sin importancia, apareció una mujer ataviada con las ropas típicas de la marinería, parecía estar despistada, la muy cenutria buscaba el mar pero iba en dirección opuesta. Ante su altivez no hice nada por detenerla.

Todo cobró sentido cuando otro tipo, vestido de la misma guisa, llegó caminando, como buscando alguien, se detuvo ante nosotros y preguntó si habíamos visto a una mujer. Al describirla supimos de inmediato de quién se trataba. Afirmamos haberla visto y de paso, comentamos hacia donde se dirigía.

El tipo además de contrariado, se mostró preocupado por la situación, nos pidió ayuda. Cuando nos hubo explicado qué quería, acepté. Runabismo aceptó venir para salvaguardar mi integridad ¡Ja!, que gracioso el enano.

El tema iba de apuestas, el marinero había apostado con la tipa a ver quién encontraba o cultivaba una perla antes que el otro. La apuesta tenía un comienzo, éste radicaba en el banco, como señal de seriedad, tras ello, debía seguirse unos cuántos pasos siendo el siguiente, presentarse sólo, sin ayuda, en La corona de Cobre, situada en los barrios bajos. Los barrios son peligrosos pero lo son más al oscurecer, eso no me preocupaba pero sí el hecho de que me obligasen a aflojar la bolsa mas prefiero la bolsa a algo más irremplazable.

Se nos unieron un par de arcanos más, no obstante, prefirieron largarse en post de otras cosas. Tanto mejor, así no tenía que estar escuchando sus diatribas del porqué las nubes son blancas o negras. Cuando entramos en el tugurio aparté a Runabismo mientras el marinero se presentaba y afirmaba estar solo. Bernard aceptó su llegada dando por buena la siguiente etapa de la puesta. Ahora, debíamos ir hacia La Luz del Alandor sabiendo que la tipa, ya nos llevaba buena ventaja.

El marinero, entró en la posada, kalm confirmó su llegada mientras yo estaba fuera, enterándome por Lire que el mano-mopa estaba en Athklata. Cuando acabase con lo que andaba haciendo, iría a “saludarle” al Bastión.

Proseguimos Lire y yo junto al marinero, esta vez con premura hacia la Costa norte, allí es donde había posibilidad de hacerse con algunas perlas.
La tipa ya estaba allí, y cuando el marino la vio, comenzaron a insultarse, darse empujones… en definitiva, pelearse por esa apuesta.

Yo, no intervine en esa pelea, ni dejé a Lire intervenir, esos asuntos han de ser resueltos entre los afectados y qué caray… siempre gusta una buena pelea.

Siendo así la cosa, la tipa acabó por hacerse con la perla, mientras el marinero protestaba entendiendo su derrota. Había perdido Mil dartens, yo quinientos pues esa iba a ser mi parte. No obstante… las apuestas son sagradas y que me lleve la bruja del mar si yo, me atrevo siquiera a intervenir…
Años atrás


Desde Brinley, la isla a la que arribaron, partieron los piratas tras avituallarse de lo que era necesario para el viaje hasta la isla de Némessor en lo profundo de las Nelanzher.



Fue el nuevo hogar de Astrid, allí permanecería hasta que la edad le permitiese embarcarse con su nueva familia y a la que regresaría cuando las travesías terminasen. Meses embarcada, meses en tierra.
La isla era un lugar que podría considerarse casi idílico, con un gran manantial de agua dulce del que saciar la sed de la comunidad, de frutales que otorgaban una fuente inagotable contra el escorbuto y colinas suaves, que hacían las veces de escudo protector del asentamiento, así como resguardo contra los vientos marinos asegurado para los buques atracados en el puerto natural. Tal ubicación ya bastaba para dar sustento a los isleños aunque de por sí, las corrientes fuertes y los vientos que Akadia tenía a bien mandar hacían muy complicado el acceso a la isla.
Contaban los viejos marinos del lugar, que la isla de Némessor guardaba en su interior secretos y tesoros desde el mismo tiempo de los emperadores-magos Shunitas, que un incontable número de cuevas se adentraban por toda la isla y que quizá, más allá bajo el suelo del Mar de las Espadas. Esas leyendas que tanto gustaba escuchar Astrid no hicieron mas que despertar la curiosidad de ella y de otros tantos infantes, haciendo de éstas su lugar de juegos. Los mayores en época de fuerte temporal y tormentas, los llevaban a su interior. Era un refugio a fin de cuentas. La Isla de Némessor, una fuente inagotable de rumores y leyendas entre los mismos piratas, bucaneros o corsarios; se hablaba a menudo de las luces guardianas dejadas allí por los magos del imperio Shun o que tan solo eran fuegos fatuos, la cosa cambiaba mucho dependiendo de quien narrase el cuento... Muchos se preguntarían porque un pirata de La Corriente crió a una niña que no era suya, parte de un botín mas hacía mucho tiempo que los piratas de esta zona de la isla , dejaron de ser los sanguinarios asesinos que antaño eran, quizá por eso, Astrid siguió con vida tras la valentía y poder mostrados por su verdadera madre.

Jackes, el capitán de La Némessor, condujo personalmente a la pequeña hasta la casa que a partir de entonces sería su hogar, desde ella, asomándose por los ventanales podía verse la fragata "familiar", a los lados, algunos frutales, más allá, el lugar donde se reparaban las artes de pesca, a la izquierda un tendedero para secar pescado.

En verdad, era como cualquier otro pueblo de Faerum. Los niños, propios o acogidos, jugaban a lo que todos, hacían lo que todos y aprendían como cualquier otro, conociendo desde la cuna lo que era la navegación.

Quizá las primeras semanas fuesen complicadas para ella y también para su padre adoptivo pero sin duda, era mejor destino que ser esclavidaza y vendida al mejor postor.

El capitán, procuró que la mocosa recibiese educación, él podía enseñarle a usar las armas así como todo lo que debiese aprender del arte marítimo pero no más allá, quedó bajo tutela de Helena, una prostituta según decían aunque ¿quién lo sabe? Muchos hablaban de ella como una corsaria de armas tomar. Ella, le enseñó todo lo que creyó conveniente que supiese, la acunó como cualquier madre podría hacerlo. Tom Steinner, prófugo de la justicia habría de enseñarla a leer, escribir … darle una educación, al igual que hacía con el resto de niños de la comunidad, con frecuencia, se embarcaba en El Némessor, momento que la chiquillería tomaba a modo de vacaciones, no… no era una vida muy diferente a la que todos los niños o pueblos llevaban, Astrid tenía un nuevo hogar y muy pronto dejó de acordarse de su nombre, ya no era Isabella sino Astrid, su madre ya no era Camelia sino Helena y su padre ya no era Richard sino Jackes
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Astrid MinstrelTides​


Y te acercas y te vas, después de besar mi aldea
Jugando con la marea te vas pensando en volver...
​

…Y pasan los días tan aprisa que apenas tengo unos instantes para acudir al puerto, sentarme en el embarcadero y mirar. Mirar la flota que zarpa hasta el último rincón de los mares, oler la sal del agua e imaginar, que despliegan las velas ante las órdenes del capitán del barco.

Toda mi vida la he pasado a bordo, o casi toda, pero a la par el gusanillo que como trovadora siento en tierra me divide. No quiero olvidar ninguna de mis debilidades.

Entre mis pensamientos, quisiera transportar un navío a tierra y al navío, el Teatro de la Alegría o cualquiera de los que La Eterna Melodía pisa, un imposible pero los imposibles forman parte de mi y lo sé.


Imposibles
​

Me dijeron que sería imposible que alguien como yo, cuadrase en tierra mas yo decidí pisarla y quedarme, sabiendo de antemano que la navegación no iba a esfumarse. De un modo u otro, los barcos siempre estaban presentes y por ello, tributé a ellos, creando un objeto que acercase cuanto fuese posible el mar a la gente de tierra y lo estaba logrando.

Aun así, cada vez que daba un paso, más me unía a tierra mientras que a veces, en la línea que hay entre el sueño y la vigilia escuchaba la misma canción que por otro lado, sentí que no era un canto de sirena.

Trabajo
​

Si el trabajo a bordo era duro, más duro era el trabajo que un trovador desempeña. Lo supe en el primer instante que escribí esa Oda a Wauken para sacarme unos dartens, muchos, a decir verdad, supe que ya no solo se trataba de vitorear a los marineros que por años habían sido mi familia, comprobé, que para los tiempos de paz, se requiere otra cosa.

La Eterna Melodía por suerte, es una de las más reputadas compañías de bardos que hay, no tiene competencia real y casi todos piensan en nosotros cuando requieren organizar algo, el pago… el pago es suculento casi siempre.

Y suculento fue el que el “Manomopa” ofreció por organizarle un evento litúrgico diferente, nada que se hubiese visto antes y que a pesar de la particularidad de lo pedido, no resultase perjudicial para la imagen de la Compañía de eso, ya me encargaba yo.

Ciertamente, el fuego y la brisa hacen buen conjunto, cuánta más brisa, más fuego pero cuando se tratan temas tan serios, un halo de formalidad nos cubre a ambos, diríase que somos dos personas distintas.
A pesar de mis bromas, mi tono siempre jocoso, y mi descaro, en mi descargo he de decir que se esfuma cuando embarco, cuando interpreto, cuando voy por los caminos con alguna expedición o simplemente cuando mis sentidos se agudizan y se alertan. Soy otra mujer.

Pero, a veces… hay que optar por poner el aderezo de la risa en lo que se hace, es lo que hice cuando pensé en la jornada de canción de las Cinco Jarras, no podrá pagarse con nada la visión de algunos amigos vestidos para la ocasión, lo recuerdo y me desternillo. O ir al camposanto, un lugar que de entrada transmite seriedad y de casualidad, leer el epitafio de una lápida. ¡Qué complicado se hace el contener la risa en un momento en el que no puedes reírte! Pero ¡ay! Cuando los que te juzguen desaparezcan, podrás reír a tus anchas mientras saltas de lápida en lápida leyendo y después, comentas la idea con una de tus compañeras y de ahí, sale un libro ¡No tiene precio!

Y más tarde, debes desviar trabajo a otros, por falta de tiempo, por desacuerdos o simplemente, porque el deber que adquirió la Eterna Melodía cuando reconstruyó el Teatro de la Alegría, no era otro que ayudar a otros bardos y acogerles en el Teatro Templo de Crimoor.

No obstante, no puedo ocultar lo que me hace sentir todo esto, una especie de orgullo materno salvando las distancias. Los dioses me libren de tener que ejercer como madre de nadie, me reafirmo en no querer pensarlo siquiera, por algo existe esa preciada Raíz de Nara puesto que jamás me he privado de las relaciones carnales ni tengo pensado hacerlo.

Posiblemente, ese enano tenga razón, soy una Truhana de alfiler, supongo que debe llamar así a Griel, mi estoque, pero mejor que nunca sepa lo que ese alfiler puede hacer cuando se pone en movimiento y de saberlo, que se mueva en dirección a otros.
¿Qué soy?

¿Y vos, aún me lo preguntáis? soy como los dioses me dan a entender…



-Asamblea-​



Cuando volvía a bordo del barco sumida en mis propios pensamientos, rememoré cada detalle de lo acontecido, estaba preocupada, muy preocupada por como iban a desarrollarse los acontecimientos a partir del momento en que el Trono de Coral desapareció.

Dejé mi sombrero a Theros, a buen recaudo, a pesar de a quién se lo encomendé sabía que guardaría mi símbolo de identidad, pedí a Azalea que comunicase a Madeleine mi ausencia, no sabía cuánto tiempo iba a estar fuera, ni siquiera si volvería, mas no compartí esta inquietud con mi compañera de la Eterna.

Partí con Alec hacia Agujas de Oro, éste quería saber más de lo que había sido desde que me hizo aquella entrevista, así que decidí dejarle venir conmigo, siempre y cuando siguiese con sumo cuidado algunas pautas de protocolo pirata.

Una vez en Agujas, nos ataviamos en una zona desierta con las vestimentas que ocultarían nuestra identidad. El peligro de la piratería una vez de vuelta era la horca, pues la flota de Amn seguía padeciendo los asaltos de corsarios, bucaneros y los propios piratas, optamos por un barco con bandera negra, procedente de Kara Tur, el Metseng.

Transcurrieron varias deckanas desde la partida pues no era sencillo que la marinería piratesca nos condujese así como así al lugar donde iba a celebrarse la asamblea, deckanas costó convencerles y un día más, que nos dejasen atravesar la Empalizada de Algas.
Niebla densa como presagio a lo denso del asunto, tras la espera, el momento más peligroso para Alec y para mí. No éramos de Kara –Tur, de descubrirnos los dioses saben qué hubiese sucedido mas nuestro” disfraz” funcionó, la noche fue nuestra cómplice. Junto a nuestro barco, atracaba el barco de los Cake procedente de Murann, otro más con un gran ogro, procedente también de la ciudad de las bestias.

Los vigías, vigilaban de cerca cada movimiento mientras que el corsario que nos recibía pedía los nombres de la tripulación y del barco para después, pedir el tributo para la asamblea. El nuestro sería un cargamento de sake reservado en nuestra bodega y un cofre de marfil revestido de terciopelo negro sobre el que descansaba una daga. El presente fue aceptado tras su examen minucioso, Subimos pues a las barcazas que nos conducirían a Skaug. Yo usé un nombre que habia usado hacía años cuando aun navegaba con mi padre, Mei- Tse, Alec sería Yao-Tse. Podíamos escuchar las burlas hacia nosotros, poco imaginaban que les entendíamos perfectamente, no era algo importante. Yo hubiese hecho lo mismo en algún momento.

A cada una de las tripulaciones se les recordaban las leyes no escritas de los piratas y el estricto cumplimiento de ellas, todo se reducía a una sola cosa.

“La sangre debe ser siempre en el mar, dentro de las posadas y casas de Skaug está prohibido luchar y mucho más, dentro de la Asamblea”

Conocía muy bien las leyes del mar junto a las leyes de la piratería habían sido mi única ley más de la mitad de mi vida, sabía de la importancia de seguirlas por el bien de la tripulación. Un pirata, Bucanero o Corsario que no cumpliese eso, no merecería seguir con vida.

Al poco, llegamos a Skaug el más importante puerto junto a Puerto Calavera, justo antes de que Balagos lo destruyese, eso sí lo supe cuando aun navegaba con mi padre, había casas reconstruidas, realmente parecía florecer de nuevo.

Una vez bajamos de las barcazas pude observar el poco trasiego en las calles, aún estando todos en la Asamblea, estaba claro que no todas las tripulaciones estarían allí dentro. Un chico nos condujo hasta el edificio elegido el más imponente, La Mansión Proa maliciosa, donde un bucanero nos ponía al corriente. Dejé que los Cake cargasen con el grueso de tareas menores, que fuesen ellos los que nos hiciesen el trabajo, Alec, el Ogro y yo, guardábamos un segundo y cómodo plano.


Cuando atravesamos las puertas observé una marea viviente de marineros, bucaneros, corsarios y piratas, busqué a los míos hasta dar con ellos y con grandiosa dificultad, puede llegar hasta ellos y decirles que era yo, mi padre habría estado a buen seguro en la primera votación.

En el piso inferior, se encontraba el sacerdote de Umberlee, el único que lograba hacer callar al gentío, a su lado el príncipe Gaelen y sus principales partidarios, frente a él el Capitán Shond Tarvin. Todos los piratas murmuraban y debatían, de tanto en tanto los ponentes reclamaban su atención tal y como hizo entre gritos Shond Tarvin.

“¡Ya está bien, todos sabéis lo que tenéis que hacer! ¿Queréis seguir siendo siervos de los Amnianos? ¡¿Desde cuando nos preocupa la paz, el bienestar y la salud!?¡Somos piratas! ¡No vendemos nuestra libertad!”

Llegó el turno de réplica de Gaelan, aunque los turnos estaban lejísimos de respetarse.

“Yo no traeré paz ni tranquilidad, pero he sabido protegeros cuidando nos hemos enfrentado a los enemigos que no pudimos enfrentar. Por mucho que lo quisiéramos no éramos rival para el Imperio, nuestra paz con Amn ha hecho posible que estéis aquí hoy en esta Asamblea. Os prometo prosperidad, conozco riquezas al este, en las nuevas tierras de Maztica, he oído hablar de ellas a muchos marineros amnianos.
Os prometo, estabilidad, este lugar seguirá siendo de los piratas como lo fue antaño, cuando me nombrasteis príncipe, dejaremos de matarnos entre nosotros para avanzar juntos!”

Era un buen discurso, pero tan poco probable de cumplirse como de que el mar se llenase de hierba fresca. Mas cuando escuché a ese Cake, supe de inmediato lo que no quería.

“¿Quién nos impide asaltar las flotas de Maztica? Total, Amn ha de pasar por aquí, Velen, Calisham y todas las grandes rutas. ¿Tememos a la Flota de Amn?”

Francamente, la flota de guerra Amniana era una importantísima maquinaria de guerra, obviar eso era obviar que el sol sale cada día

Volvía a hablar el príncipe entonces

“Nadie lo impide, pero debemos saber seleccionar nuestros objetivos. Debemos ser precavidos”

No podía estar más de acuerdo. La precaución era la madre de la supervivencia y por eso, aun quedaban piratas sobre el Toril, hacer caso del discurso de Cake era cuánto menos, peligroso. Volvía a gritar reclamando atención.

“¡Sin riesgo no hay fortuna!”

De nuevo, el Capitán Shond tomó la palabra, riéndose.

“Prevenidos, precavidos… ¡Toda la flota de un Imperio, pero aun más poderosa de lo que una vez fue! Inmortales, Espectros a nuestro servicio ¿Amn?¿ Velen? ¡Ja!, seguidme pues yo tengo la llave. Desenterrada bajo la mismísima Shunakh!"

Mostró entonces, alzándola una gema azulada que brillaba con su propio fulgor continuó hablando

"¿Veis como reacciona!? Esta cámara, el Trono de Coral ¡Estamos bajo una de las Torres del mar y ella ha reconocido a su dueña! ¡Seguidme! ¡Seguid a mi flota! ¡Conquistaremos el Toril!"

Se volvió a escuchar el murmullo y opiniones de ambos bandos, de pronto ruido de sables alzados. Los cake desenvainaron abriéndose paso a golpes hasta el piso inferior con la premisa de proteger a Shond, mientras que este, se abría paso a pesar del príncipe y aliados hasta el Trono de Coral. Fue entonces cuando una gran honda expansiva nos alcanzó derribándonos cuando quisimos darnos cuenta, el Capitán Shond desapareció junto al Trono de Coral. Ninguno sabíamos qué pasaba, pero sin duda no era nada bueno, la confusión reinó en Skaug, Por mi parte, decidí salir de allí, me despedí de los míos y nos alejamos antes de que la marabunta viviente quisiese salir de allí.

No sé que pasará, pero sí sé lo que no quiero. Estar dirigida por un loco que pretende usar no muertos para luchar, no quiero que decidan sobre mí aquellos que no respetan la ley del mar y la piratería…

Probablemente, habría que empezar a buscar el Trono de Coral y al capitán Shond, pero… ¿acaso quería vender a los que consideré mis hermanos ante el Gobierno Amniano? Nunca, aunque la tesitura que se me presentaba, me iba a marcar el rumbo en un antes y un después.

Mi gesto, mi persona, había sufrido la mayor transformación, había embarcado hacia las Skaug siendo una y desembarcaba en Agujas de Oro siendo... distinta.







-Si o no, ser o no ser, he ahí toda cuestión-​

Definitivamente, no soy la misma desde que regresé de las islas. Los pensamientos se agolpan en mi cabeza sin concierto, revueltos y asaltándose unos sobre otros mientras pienso, qué podría suceder y sé, que si contase lo que vi, pondría en riesgo mi propia vida de inmediato. Quizá advertir, quizá suplicar pero jamás he suplicado y me niego a hacerlo hoy día.

Por si no fuese suficiente aquella propuesta que encontré "sentar la cabeza en un futuro el uno con el otro" un acuerdo conveniente para ambos, una especie de transacción, una propuesta que no me pareció tan descabellada y con miles condiciones acepté, seguramente ese fue el principio del fin, del fin de mi proceder al menos con él. Me niego, me niego, me niego a reconocer lo que está pasando, pero aun estando muy lejos de ser amor tal parece que comienza algo que desconocía y que jamás habría pensado pero bueno... está aquí y ya no puedo echarlo atrás, supongo que esas cosas pasan cuando juegas duro como jugué yo.

Con lo que dije, me estaba poniendo en sus manos, nunca había confiado tal secreto a nadie, pero mal que me pese, me conoce , me conoce mucho y desde luego, las muchas deckanas en las que me ausenté, habían hecho mella en él. Estaba lejos de la lascivia que siempre usaba, que usábamos.

Y por primera vez desde que nos conocimos, compartimos el lecho sin más, mientras dormitaba tomé pluma y pergamino. Una línea horizontal cruzó el papel de izquierda a derecha, después otra.... Acabé dejando secar la tinta leí mis pensamientos y yo misma me sonrojé oculta por las sombras

"Finos trazos sobre el papel
Mientras susurro y preguntas
¿Eso qué es?

Mas no sé, es la historia de dos
Que ni siquiera saben qué son

Fino rasgar con mi pluma el pergamino
Poco a poco en cinco horizontales trazos
Dibujados mientras miro tu espalda
En duermevela...

Y sabiéndote protegido, sonríes.
Y sabiéndome inmune, sonrío
Y para tí una Princesa
Y para mí, la sorpresa

Suaves caricias yacen con tinta
Explicaciones otorgadas
En susurro respondidas
Mas te grito en silencio
Cuánto me importas

Complicadas notas
Imposible cada letra
¿Cómo cantarte mi tormento?

Niego, niego, niego
Yo no soy una princesa
Ya has roto todo esquema
Con susurrada caricia
En peligroso juego"​




-Un rincón donde parar-
​

Tenía tanto en que pensar que no me bastaba perderme en cualquier posada, había que ser más drástica así como drásticos eran los cambios que me afectaban. Así pues, entré en los bajos del faro que ilumina las aguas desde Crimmor. Comencé a escalar despacio pero poco a poco la velocidad aumentaba, tenía prisa por sentir la altura, el viento y también la lluvia, a cada escalón, el latido de vida se hacía más rápido, sonoro y fuerte.



Maldigo a los magos de la Arcanum por hacer que Madeleine esté semiencerrada en ese edificio, aunque fuese por voluntad propia, algo estaba pasándole pero ese algo, era totalmente desconocido para mi.
Si ella hubiese estado, como siempre, podría haberle contado lo que me rondaba por la cabeza, y no es que ella no me hubiese advertido sobre como podría acabar, siempre lo hizo pero mil veces lo negué. "A mí no, descuida... yo no soy de esas, a mi me gusta jugar y juego bien, cuando me aburra lo dejaré atrás. Solo hay lo que se ve, es solo un juego"

Pero Madeleine sabía que ese juego podría llegar a no serlo, tantos años jugando una partida y precisamente ahora, tocaba mostrar las cartas.



Envuelta en una partida cuyas cartas no marqué, me sentía como si mirase a través de un espejo y lo que viese fuese alguien frágil, dulce, amable, educada, yo viendo mi otro yo, me faltaba el aire pero no me ahogaba, me dolía el estómago y no tenía hambre, estaba entrando con una baraja distinta que pensé, era la misma, distinta dentro de la misma y aunque vi la variación aposté el resto con sedas y encajes.

Si Madeleine hubiese estado, yo no habría dado tiempo suficiente para unas charlas que estallaban en sensatez, palabras que se interesaban en mis cosas, gestos que estaba viendo mas no hice nada, solo aceptarlos y añadir los propios.

¿Culpo a Madeleine? ¿Me culpo yo por jugar a lo que tanto me divierte? ¿Por qué la variante me divierte más aun?



¿Esa era yo? ¿Era yo la que parecía que recién empezaba a jugar con las cartas impolutas y sin marca?
Y a pesar de todo, Madeleine me lo advirtió, me advertiste amiga mía y no puse el cuidado debido.

Mi jugada quedó sobre unos muslos firmes, que debería conocer de memoria pero no era así. La premura e intensidad del juego no me habían dejado ver todos los detalles. Con todos los naipes volteados hacia arriba, dejando ver mi apuesta mientras que frente a mi, me mostraban otra jugada similar a la mia.
Pero no, no era un juego ganado, ni una batalla, ni una partida.

Es extraño, pero la derivación a otra partida me gusta incluso más, no olvido la anterior y ambas me producen un cosquilleo constante y sorprendente mas a pesar de todo, no me siento mal, me siento bien, quizá tardíamente he seguido el rumbo de las cosas y por la tardanza, mi situación es la que es. Ya no me admiten regateos, ni acuerdos, ni tratos, me he dejado descubrir y me aceptan tal cual soy, ¿o me quieren como soy?

Por fin, llego con el corazón desbocado tras la carrera, concluyo los últimos peldaños de la estrecha escalera, la brisa fuerte me golpea en la cara justo en el instante que el horizonte se envuelve en tonos encarnados...


-Porque hasta en Khazad se escuchan trinar los pajarillos-​

¡Oh sí!

Qué es lo que vieron mis ojos y escucharon mis oídos…música celestial justo para darle con ella a cierto enano, arcano, para más señas.

Y es que de todos es sabido, que el enano Runabismo apellidado, tiende a arrugar el ceño cuando algo se sale de tono, y yo, que ya son varias, le he visto airear al viento esa barba que su cara puebla.

Tal fue en la fiesta organizada en las Zapatillas de Sune, ese enano debió perder esa noche mucho más que la sobriedad, le vi dar buena cuenta de cierta bebida en particular.

Y es que este enano que digo, ojo, que no me cae para nada mal, necesitaba ya un pequeño ¡zasca!
Verán sus señorías, el enano, que con gusto ayudé cuando aun la Arcanum pisaban mis pies, me señalaba con el índice, huía de mi persona y a veces hasta me ignoraba ¡a mí! Que tan solo le ayudé a descansar tras días sin la vista de los libros despegar.

Como el recondenado enano se resistía, con aspavientos decía que no descansaría mientras el estudio no acabase, yo, que no ando corta de maña, artimañas y cualquier parecido menester, decidí que iba a dormirse allí y en ese instante.
Entoné, afiné y muy dulce, dulce, dulce, una nana interpreté, fascinado quedó el enano, por supuesto ¡a mí se me iba a resistir! Yo, contenta…bueno contenta no, más bien orgullosa por salirme otra vez con la mía, allí le dejé, roncando y pensando en vete a saber qué.

Claro está que cuando el enano despertó, le faltó tiempo para reclamarme, a mí, que solo quise ayudarle…

Desde entonces el enano me llama pirata de alfiler, y no sé bien el porqué, puesto que no soy una pirata, eso está penado por la ley, ni tengo más alfiler que el de mi sombrero.

Como he dicho que el enano me cae bien, pues me rio cuando lo hace, a buen humor, no me gana nadie y menos un arcano, sea o no sea, enano.

Sin querer cebarme, los dioses saben que paaaaaaara nada, no quisiera dejar de comentar, aquel día cerca de la posada del Alandor.
Allí estaba Lire, la más casamentera, su hermana de raza, la elfa a la que sus orejas me dan ganas de arrancar, sin acritud, por supuesto… para nada, para nada y el enano arcano Runabismo apellidado.

Tenía Runabismo el gesto atribulado, y una que se interesa pues preguntó qué sucedía. Por respuesta dijo qué últimamente tenía la cabeza en otros asuntos.
Como tampoco es algo anormal y contando que estaba la casamentera cerca, pregunté sin doble intención (anda que no) si a una enana había dejado preñada.

¡Y se indignó! Contestó todo agraviado, señalándome con el índice que quién me pensaba que era, qué el nunca, nunca, ¡nunca se atrevería a tanto!

Está bien, está bien, dije con mi reconocida mano apaciguadora cuando justo, justito, por mi flanco derecho, avanzaba una turgente enana.

Sonrió, guiñó y saludó a Runabismo, se acercó y le tomó el brazo llevándolo del tirón hasta su escote, planto literalmente la mano del enano en su teta. El enano parecía ponerse nerviosillo, muy nerviosillo..
Se presentó como Micra, la prometida de Runabismo ¡Ooooh, qué bonito! Dije yo
Me ofrecí por descontado a ayudarla en los preparativos de sus esponsales, ella dijo que para eso, ya estaban sus numerosos familiares.

Música empezó a sonar en mis bárdicos oídos cuando a Micra oí relatar que se le había roto el picardías de boda que le regaló su santa madre, poniendo en conocimiento del enano, que debería ser arreglado para la noche que se consumase el matrimonio.

Runabismo respiraba hondo, muy hondo, acabando por contestar mientras su gesto parecía más atribulado que nunca.

“Mis manos os lo arreglarán si fuera preciso mi señora, mas sería una pérdida de tiempo pues el ímpetu de este enano os asegura que…llegado el día, esa prenda volverá a quebrar” sonrió socarrón y yo, no daba crédito a mi suerte. Anuncié que estaba segura de que Runabismo engendraría muchos hijos para el pueblo robusto.
Mientras tanto, Micra agradecía a su prometido y añadía sonrojada “¿Cómo no podría querer pasar el resto de mi vida con semejante semental? Aunque hasta la boda, no podré enseñar a mi querido Rhognar la pasión de una buena enana. No hay nada más importante que los hijos. 55 tendremos aunque creedme, que ganas no me faltan”

Yo ya es que hasta daba las gracias a los dioses de todos los panteones por lo que estaba oyendo, ahí quería yo ver a ese enano, sí señora.

Runabismo, resoplaba, sin duda debía estar pensando que sufría demasiada presión, así que abrochó completamente su larga gabardina y metió las manitas en los bolsillitos, carraspeaba con disimulo… ¡menudo truhán!
En eso, que la ardiente Micra, corrió a abrazar por la espalda a Runabismo, poniéndole bien pegados los turgentes y enormes senos.

El enano, dirigiéndose a la enana que su tetamen en la espalda le aplastaba dijo intentando desviar la atención de lo que andaban haciendo sus manitas

“Mi señora, las pelotas de este enano están pidiendo a gritos un respiro…” Señalaba a su prometida, que andaba toqueteándose a lo que Micra, susurraba pero no lo suficiente como para que servidora no lo oyese, "Nadie me dijo que no pudiera hacer manualidades." Y allá que ambos se fueron, seguramente a hacer manualidades mientras que a mi, me parecía escuchar a los pajarillos de Khazad trinar, aunque también andaban persiguiéndome a mí los pajarillos trinando, ¡aaaains! .
 

Tuliosoyyo

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LARA​


Esto es un salto cuantitativo en la relación, vaya que si. Dos deckanas habían pasado desde que nos vimos por última vez, asuntos en el Bastión habían retenido a Theros dentro de sus muros, pero era algo que supe casi de forma inmediata, lo sobrellevé aunque la situación no era la de antaño, claro.

Regresaba atravesando el Campo de Batalla hacía los Llanos, ese lugar que jamás estaba vacío, ese lugar que atraía misteriosamente, no me entra en la cabeza que los posaderos no hayan montado un servicio de bebida exterior, seguro que ganarían mucho más. Así que yo, me dirigía a ellos aunque solo fuese de paso, mas tras las empalizadas de protección, veladas por los soldados, se encontraba alguien agachado jugueteando con un perro, era un legionario, era mi legionario pero... ¿y el perro?

Fui hasta él cuando alzó la vista y esbozó una sonrisa, estaba más delgado, rapado, pero era él. Corrí para estrujarle en un abrazo, le había echado mucho de menos, mientras tanto el perro ladró, me ladró, como es evidente. Bastó una orden de Theros para que el animal parase.

-¿Y esto?
- Se llama Lara, me encontró en los Picos de las Nubes, seguramente será una mezcla de lobo y algún perro osado, de los que se adentran hasta las montañas. Me siguió hasta el bastión je,je,je

-Así que Lara… es chica entonces – dije sonriendo
-Es nuestra, es de los dos
-Vaya, vaya, vaya… así que tenemos perro, ya solo nos falta una casa y ¿qué más?- comencé a reír pensando en como era unos meses atrás y como era actualmente, cómo éramos más bien porque el cambio era palpable en ambos.

Tengo que decir, que he hecho buenas migas con Lara, aunque él se empeñe en apellidarla Firecrowm cuando cualquiera sabe que MinstrelTides, es mucho más sonoro para un animal tan precioso como nuestra perra, pero bueno, también dijo que yo era la señorita Firecrowm, cosa que me hizo casi doblarme en carcajadas, claro que Made seguramente diría otra cosa ¡siempre dice otra cosa!

Pero hablemos de Lara. Lara, es apenas un cachorro, de pelo largo, tanto que parece una bolita cuando se acurruca a nuestros pies o frente a la chimenea de la habitación en Naskhel, el pecho blanco como un manto de nieve, el lomo surcado por un camino oscuro que solo acaba difuminado en la cola. Tiene unas orejas puntiagudas, a veces una de ellas se pliega hacia abajo dándole un aspecto muy gracioso, puñetera… ¡me rivaliza en belleza! Sus ojos, despiertos como no podía ser menos, de color claro, casi grises y con buen carácter.

Theros, se encarga de su adiestramiento, yo, de mimarla aunque solo sea por chinchar al decurión. Me encanta medirme con el señor fogoso, por eso lo vengo haciendo desde que nos conocimos.

Lara empieza a pasar más tiempo conmigo, la muy truhana sabe que encontrará a su compañero de juegos si lo hace, no es otro que Tillo, el perro de Azalea.

Y conmigo andaba cuando mi Decurión avanzaba por el camino, se acercó a mí uniéndose a la conversación ya comenzada. Al ver a Lara silbó, el animal enseguida corrió hasta su amo, dándole mil quinientos cincuenta y tres lametones, poniéndole las patas delanteras encima... en definitiva, parecía querer comérselo. Suerte que Alfonsus jamás hizo eso, dioses, que repeluco. Adoro al macaco, pero de ahí a que me reciba de esa forma… no, no y no y más conociendo lo que a bordo se decía; Alfonsus en otro tiempo fue un arcano de gran poder o eso creía puesto que uno de sus conjuros salió mal y desde entonces, Alfonsus es el macaco más feo del Toril, como no podía hablar, pues nadie pudo ayudarle remediando aquel fallito.
Tras Lara llegaba corriendo Tillo, Theros le miró con el gesto serio puesto que yo, ya le había dicho que Lara había hecho muy buenas migas con él.

-¿Cómo que buenas migas?- dijo frunciendo el entrecejo
-Pues eso, que han hecho buenas migas, que juegan… y todo eso que hacen los perros
-¿¡Qué!? ¿Cómo que juegos?

Cada vez arrugaba más la mirada, no parecía querer ningún macho alrededor de Lara, no. Tanto que acabé diciéndole que Tillo no la había montado aunque no sirvió demasiado porque volvió a mirar malamente al perro de Azalea. Si algún día llega a tener una hija, tendrá que encerrarla en casa, no sea que se cruce con algún legionario ¡je!

Así que así estamos, Lara pasa mucho tiempo conmigo, en las dependencias del teatro de Crimoor, cuando no, es con Theros con quien se halla.

No creo que lo reconozca al Decurión, pero Lara es su mejor regalo hasta la fecha.


En medio del infierno, La Arcanum destruída, enterrados vivos
​

*Muchas páginas escritas con distinta letra casi todas, entre ellas, la letra de la trovadora en pequeños huecos de papel, algunos pergaminos están manchados de sangre, otros están mutilados en alguna de sus esquinas. Ella misma los llevará bajo el brazo cuando vuelva a el exterior o alguien los encontrará quizá junto a su cuerpo*
-Prólogo-​

Desperté dolorida, en mitad de este sitio que detesto, nunca quise estar aquí, si estuve, fue por mero interés comercial y si volví, fue pensando que esa vieja loca, tan poderosa como loca, podría mandar retirar la licencia mágica a todos los que no habíamos ido a su “clase magistral”

Más me hubiera valido quedarme sin Licencia. He mirado alrededor con espanto, salpicada de vísceras y restos de sangre, he tenido que retirar de mi estómago un antebrazo que por suerte, era de otro. Gracias a Tymora estoy entera y viva.Echando un leve vistazo he podido ver a casi toda la Eterna Melodía allí, salvo Azalea. Miré pude ver a Greta. Recorrí la estancia con la mirada y vi como Lire era desintegrada literalmente. Iban en serio desde luego. Por suerte, Lysebeth pudo traerla a la vida lo que nos dejaba a toda la compañía de bardos allí, exceptuando Azalea.

Por otro lado, nuestra presencia poco habitual en la Arcanum aseguraba que al menos, La Casa Galdrim, El Martillo de Sangre, El Doblón probablemente, quizá, el Bastión de Acero, y la Orden a la que pertenecía Alec supiesen ya que estábamos ahí dentro, eso sí… vivos o muertos pues el exterior desconozco como puede hallarse.

Tarde o temprano, irán en nuestra búsqueda pero ¿Quién demonios era el que nos hizo aquello?.Solo pude escuchar el mensaje de unos diablillos que aparte de vigilar la zona nos mantenían muy a raya.

Odio la Arcanum, ahora era eso, odio absoluto a este lugar, en el fondo me alegro de su destrucción (aunque no de la muerte de nadie, no tengo tan mala sangre), es una sensación extraña porque quizá, quede por siempre sepultada en tierra, en una tierra que no me gusta. Me rio y lloro a la vez pensando en la situación, en mí situación. He arrancado de mi la maldita túnica de graduado, el bastón arcano lo usaré a modo de pico para no caerme entre los escombros. ¿Me expulsaránpor no llevar el uniforme? En realidad sí que tenía gracia, si.

*Día primero*​

Hemos logrado ver más o menos la situación. Allí dentro no solo está la Eterna Melodía casi al completo, sino también magos y hechiceros. Los muertos se cuentan por docenas, incluida la vieja Felicia.
Hay bastantes supervivientes, los heridos son atendidos por nosotros, los trovadores, se nos ha encargado esa función por parte de la dirección, no me importa, lo prefiero mil veces antes que otra cosa. Algunos de los que atiendo, me han comenzado a contar historias que escucho con sincera gratitud.

En mi tiempo libre, me siento a leer los apuntes de otros, confirmando que muchos de ellos, eran peores alumnos de lo que aparentaban ser.

*Día segundo*​

El encierro saca lo peor de cada casa, vaya que si, me acerqué hasta la zona donde estaba el grueso de arcanos, solo Runabismo me caía bien, el resto me eran indiferentes ciertamente, ni yo les conocía ni ellos a mí. Estaba la sacerdotisa, que acompaña al grupo de curación, la conocía de vista, de cerca me parecía agradable. Estaba Lire y estaba Anahel.

Llevaban tantas horas divagando que a ese paso, no saldríamos jamás de allí, teorías sobre cada cosa, teorías sobre cada paso, a veces su inteligencia les hace dar demasiadas vueltas a cosas sencillas. Seguramente el encierro ya estaba haciéndonos mella. Escribí acerca de ellos, de lo que estaban haciendo, hice una pregunta, comencé a sugerir una idea pero supongo que me he ganado a pulso la idea que tengan sobre mí igual que ellos se han ganado a pulso las que me haya creado de ellos, estamos en paz. Pero ¿Anahel recriminándome que me pusiese a ayudar en lugar de perder el tiempo? ¿Estábamos en el mismo grupo de curaciones o ella estaba en otro? Juraría que la he visto dando ánimos al herido que estaba a la diestra del herido al que yo animaba. Es lo que he estado haciendo desde que desperté, sin parar apenas para descansar y que no tengan que atenderme a mí.
Las situaciones extremas hacen aflorar las verdaderas personalidades de todos, veremos que sucede si no logramos liberarnos pronto…





Día incógnita 1º​

No sé siquiera cuánto llevamos aquí. Si es día o noche, si llueve o no, no sé nada. He decidido numerar los días como incognitas.

Sigo cumpliendo los turnos de atención sanitaria, no ha muerto nadie más, o eso dijo Cressida poniéndome los pelos de punta con solo verla y mira que la condenada es bonita pero esa forma de mirar, esa frialdad… como escarpias me pone el pelo.

Cada grupo cumple su cometido, me he apartado lo más posible evitando enfrentamientos tontos que no llevarían a ningún lado. Siempre me ha dado igual lo que piense la gente y el hecho de estar encerrada no cambia eso. Les necesito para salir de aquí y ellos me necesitan a mí, todos los necesitamos. Si logro salir de este maldito nicho, habrá tiempo de cobrar deudas.
Ante la falta de novedades Greta, Roxx, Marvin y yo hemos estado jugando a las cartas. Greta ha dado una paliza a Roxx, yo le he ganado 200 dartens a Marvin.
Al menos, hemos pasado y han pasado los que miraban un rato “normal”…

Día incógnita 2º​

Ha habido novedades, entre turno y turno de atención sanitaria, me han puesto al día. Se ha encontrado lo que parece la mitad de una nota, varias frases inconclusas aunque creo que no inconexas.

Recogí jornadas antes todo el papel del suelo, eran apuntes de alumnos simplemente pero quizá ahora sirviesen para algo más que escribir estas líneas. He propuesto cotejar los trazos de escritura con los hallados en la nota. He sido alumna de la Arcanum y es posible que como yo, alguien tomase los apuntes de forma distinta. Yo los tomaba formando una partitura con sus notas musicales correspondientes, dudo que nadie sin dotes para la música, entendiese mis apuntes. Quizá algún alumno o incluso la propia Felicia usasen el idioma de la nota también.
Pregunté intentando convencerme a mí misma de que Cressida sea de carne y hueso, si sabía como embalsamar cadáveres, aunque los cuerpos están contenidos tras un muro se estarán corrompiendo. Para mi sorpresa, Cressida asintió añadiendo que siempre salía de casa con sus líquidos y vendas . Espero que sea una broma, la gente normal sale con otras cosas de su casa. Aún así, al compartir con el resto la idea de embalsamar, parece que la han aceptado.

Día incógnita 3º​

Hemos recibido un recado de ese Duque, nos exige quince anillos de poder moderado, para mantenernos vivos.
Los grupos siguen su función, atención de heridos y exploración.
Madeleine, Greta, Lire, Armeís, Lissanne, Roxx y yo, hemos ido hacia el despacho de Felicia, buscando cualquier cosa que sirviese a nuestro propósito. Hemos lidiado entre Armeís y yo con un diablillo que guardaba la estancia. Mis dotes diplomáticas parecen haber servido para bien. Al final, soltó la presa que mantenía, Greta se ocupó del supuesto animal. Parece que los rumores acerca de Felicia, son ciertos. El animal ensartado con suficientes agujas como para matarlo, no era otro que Nalmos, miembro del claustro. No he dado con nada de lo que buscaba, ni memorias, ni diarios de Felicia en los que buscar alguna reseña de lo que se había descubierto ya.

He soñado con Theros, desperté ahogándome en mi propio llanto silencioso. Por el día no me permito ni un pensamiento hacia él, me volvería loca. En la inconsciencia del sueño no puedo evitarlo.

Echo de menos el ruido de las olas, el olor a mar…



Día incógnita 4º​

Nalmos sigue vivo, aunque incosciente, le han acomodado en un lugar más apartado. Los heridos comienzan a recuperarse, al menos no empeoran, que ya es mucho.

Se han encontrado más notas escritas en gigante, tras cotejar durante horas las notas con algún texto estoy prácticamente segura de que en efecto, fue Felicia quien las escribió, al menos ya no habrá que dar vueltas a si fue ella o quién. Lo comunicaré a Armeís, ya que a día de hoy, sigue siendo el director.

Tengo las manos llenas de grietas, desescombrar junto a Roxx la zona donde se ubicaba la mesa de Felicia, ha tenido consecuencias. Un par de vendas lo han solucionado. El hedor a pesar de todo comienza a ser verdaderamente preocupante. Paso el tiempo entre turno y turno de asistencia sanitaria con Madeleine, Lire, Greta, Alec , Runabismo a veces, y la misteriosa Cressida. Al terminar mi turno, entré en el aula, allí sentada a oscuras estaba Noelani, mantenía un libro entre las manos, un libro en blanco, su libro de pensar, dijo.

No sé si es que su mente ha logrado abstraerse del caos o es que ha perdido la razón momentáneamente, decía cosas tan extrañas que por momentos parecían tener sentido, un loco sentido. Me quedé allí con ella, al poco, entró Cressida con su habitual actitud. No se en qué momento se llegó de hablar de manzanas a hablar de comerse los propios dedos.
Al poco, entró Tesla, le indiqué con un gesto que se sentase si tenía a bien hacerlo, lo hizo, pero supongo que no le era agradable escuchar lo que ambas decían, o simplemente fue a sus cosas. Francamente, hasta yo quise salir corriendo. Mira que he visto cosas pero esas dos estaban logrando darme repelús extremo. Entró Draconeo, entró Lissanne y Armeís.

Todos sin excepción estábamos cansados de estar allí, les escuché hablar sobre la situación, preferí no meterme.
Noe se retiró sentándose de nuevo sobre su libro de pensar, Cressida, ha hablado con nosotros durante largo rato, aunque fuese sobre temas un poco escabrosos. Al final, nos hemos quedado Madeleine y yo charlando sobre cosas que nada tenían que ver con la situación mientras, Lissanne quedó dormida y agotada sobre una mesa…



Día incógnita 5º, por darle un número.​

No sé si es exacto, pero ¿porqué no? Si sirve para medir el tiempo de alguna forma, me vale aunque también es posible que quede por algún rincón un reloj de arena. No es importante así que si se encuentra de casualidad, genial, si no… seguiré midiendo el día por los rezos de los mystrenses.

No soy demasiado religiosa, pido cuando debo pedir, ofrezco cuando lo creo conveniente. Pero si guardo el debido respeto a quien ora.

Sigo con los turnos, he descubierto que uno de los heridos iba a declararse ese día a una de sus compañeras, no sabe nada de ella, yo no puedo ayudarle porque no sé quien es, puede que alguien del equipo de atención sanitaria sepa, aunque lo más probable es que se encuentre entre los muertos repartidos por todo el edificio. No tengo valor para abrirle los ojos a la realidad.

Una chica, se encontraba en el edificio simplemente porque había reunido los dartens para pagar la inscripción de la Arcanum, ni siquiera sabía que había prevista una clase magistral de Felicia… pobre, quizá debieron robarle el oro para que no se viese en esa situación o quizá debió ser más lenta en el ahorro o quizá escoger otro día.

Muchas son las historias que me cuentan, algunas se quedarán grabadas en mi memoria para siempre, como el ofrecimiento de uno de mis “pacientes”.

Había comprado un vestido nuevo como regalo de cumpleaños para su sobrina, pero al ver como mis ropas estaban cada vez en peor estado, y la ausencia por su parte en el festejo hicieron que me cediese la prenda.
Era un dos piezas, la parte inferior preferí guardarla, aunque si me vestí tras asearme un poco con el cuerpo del traje. No me quedaba mal, aunque si me hubiese quedado pésimamente, me habría dado igual, era un detalle y es lo que hay que reseñar.


Día incógnita 6º​

Da igual el número de días que llevamos encerrados aquí, da igual como fuese nuestra vida anterior, qué tuvimos, que ofrecimos o que fuimos.

Turnos de sanación constantes, desescombrar con cualquier excusa buscando una salida, vuelta al aula magna.

Tesla ha logrado dar con el truco perfecto, prestidigitación mayor creo que lo llamó, en verdad, mi cabeza hoy no logra recordarlo gracias a eso, un simple trozo de pan duro que aun conservaba se ha transformado en un dulce de leche de los que tantas veces degusté.

Un nuevo diablillo nos ha observado mientras estábamos accediendo a la pequeña biblioteca, Darhan lo ha molestado poniendo en riesgo la vida de todos, un conjuro de protección contra el mal, qué ironía. Es una de las condiciones del Duque, no atacar a sus criaturas, protegerse contra él quizá lo considerase un ataque.
Con el peligro que esa acción tenía me salió de forma inmediata el darle una colleja, eso distraería la atención del diablillo, el ego en ellos es tan grande que es fácil hacer que lo aumenten pero, no nos podemos fiar, siempre quieren algo y ese en concreto, quería lo mismo que dimos a Furfursil.

Por fortuna, se fue con su maldito aleteo solo los dioses saben a qué.
Continuamos con la sala de reuniones solo para ver lo que allí se escondía. Un ser infernal dotado de poderes especiales. Vi, como de él salían tentáculos repugnantes y de cada uno de ellos, pendía como un trapo una persona. Reconocí a pesar de todo a uno de los directores de la Arcanum, Galad Amastine.

Conversaciones entre el ser y algunos de nosotros, quería a Runabismo pero desconozco el motivo. Decidimos dejarlo allí, ese ser estaba tan atrapado como nosotros pero ¿por qué? ¿desde cuando? quién lo encerró allí?

No puedo pensar más, estoy cansada, muy cansada…
Día Incógnita 7º​

Pudimos ver, con tranquilidad relativa, lo que encontramos en las salas. Trozos de acertijos que tendremos que resolver, pero nada nos asegura que resolverlos nos libere

Un nuevo mensaje del Duque. Exige un tributo, uno más, un tributo de vida, una de las vidas de los que hemos sobrevivido a cambio de las del resto.
Quiero salir de este lugar, quiero irme de Amn sin mirar atrás en este instante. Sea como sea, o uno de nosotros se sacrifica o elegimos a alguno de los que cuidamos. Una vida o se cobrará el precio por diez…


Día incógnita cualquiera​

Ya no cuento los días, pueden ser sólo horas pero es una agonía.

Vuelven las sospechas sobre Armeís, algunos parecen creer que nos esconde algo, no lo sé. Sólo se que cuando acabé con el turno de atención correspondiente, Armeís no estaba allí, Lysebeth parecía concentrada, después supe que estaba vinculada mentalmente al director. Armeís había salido de la sala dejando una imagen de él mientras se entregaba al sacrificio. Otros hablan de enfrentarse ya y luchar. Tuve que pedir por favor, que se dejasen los reclamos a Armeís para cuando se pudiese reclamar algo, probablemente jamás pueda hacerse tal cosa, Tesla dijo a viva voz que estaba harto de los tratos del director con demonios, parece que en el pasado hubo más, recordé en ese momento el recado que me pidió alguien poco recomendable del que había escuchado hablar en el puerto, llevar a Armeís ¿qué más daba ya?.
Cada día se va apagando más la esperanza de salir de este maldito edificio. Draconeo y Anahel están estudiando los textos que encontraron no sé cuando exactamente, requieren silencio, requieren estar concentrados, un conjuro de silencio mágico a su alrededor para conseguirlo.

Sé que nos están ocultando cosas al resto, adivino que por no preocuparnos más pero consiguen justo lo contrario. De pronto gritos de dolor extremo y agonía resonaron, era Armeís. Tapé los oídos fuertemente ante la impotencia que sentía, fueron gritos espantosos provenientes del piso inferior de la Arcanum. Al rato, nos devolvieron casi escupiéndolo el cuerpo del director, parecía un muñeco de trapo roto, junto a él un pequeño frasco con un contenido negruzco. Estaba en un hilo de vida, la sacerdotisa hizo su labor pero casi al tiempo, susurros quedos entre ella y Sevel mostraban lo que no querían que supiésemos. ¿Acaso creen que somos niños? Runabismo se esfuerza en tener ocupados a algunos, en otro tiempo, estudiantes, no sé por cuanto tiempo lo logrará realmente, seguimos dando ánimo a todos allí, es lo que somos, pase lo que pase, el espectáculo debe continuar y continua. ¿Recordarán como la Eterna Melodía se hermanó con la Arcanum? ¿Recordarán que dos de los míos son o eran profesoras de la institución? Siento que no es así.

Creo que es la hora de escribir a Theros por si alguien alguna vez, entra en el edificio, pero me duele tanto escribir una despedida que relego siempre el momento, sé que tengo que hacerlo.
Si sobrevivo, me llevaré solo dos cosas de este encierro forzoso, el olvido y la lucha por sobrevivir. Olvido de mi tiempo en la escuela de magia, olvido de lo que una vez me llevó a apuntarme.
He recuperado la túnica de graduado, le falta algún trozo gracias a la ira con que la arranqué de mí. Túnica, diploma, bastón de graduado arderán en una hoguera en el instante en que pose un pie fuera de aquí, representan lo que no quiero recordar.
Estoy tan cansada…tan cansada…
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-Otro ¿día? más-​

*Otro nuevo descanso en el turno de atención a heridos, evolucionan bastante bien por lo que Astrid, tiene más tiempo *

Puede que sea otro, puede que sea el mismo, puede que solo hayan transcurrido unas horas…no tengo la menor idea en verdad, todos estamos nerviosos, todos estamos hartos de esperar una muerte que puede que llegue o puede que no. Puede que salgamos con vida pero sin ser ya lo que fuimos.

Con Armeís hecho poco menos que una piltrafa, parece que en un sobrehumano esfuerzo dijo unas palabras, "Incumplid las normas, tienen imprevistos". Después se sumió en la inconsciencia, aunque está recuperándose junto a Nalmos según parece. Los magos parecen no saber decidir qué hacer, qué no hacer, si luchar contra el Duque en los subterráneos abiertamente, si llevar a cabo un ritual para llamar a otro ser de la misma naturaleza, el problema estriba en que el Duque Bermar facilitó con Armeís un ingrediente alternativo para dicho ritual. Sin Armeís como cabeza de mando, varios han optado por actuar por su cuenta sin tener en cuenta al grupo, no les culpo, están, estamos, desesperados por nuestra suerte.

Diablos, Demonios…realmente importa poco lo que sea, pero llamar a uno para combatir a otro, no parece lo más lógico teniendo en cuenta las facilidades que nos ha dado nuestro captor que por contra, sabemos que tuvo preso al que podríamos traer nosotros, eones planeando una venganza debe llevar.

Por fin se han podido estudiar sin profundidad (demasiada información para tan excaso tiempo) los tomos que encontramos, un Tratado de componentes de conjuros avanzados y un Tratado de planos inferiores.
En ambos se detallan cosas que explican algunas de las pistas que dejó Felicia. Ahora sabemos que el frasco que dejaron junto a Armeís no era otra cosa que Dolor Líquido, un componente sustitutivo de otro para llevar a cabo el ritual.

Runabismo acudió a entregarse al ser de la sala de reuniones, para su sorpresa no estaba allí, en su partida había dejado restos de gente básicamente escupida de sus tentáculos, la imagen es grotesca sin duda. No obstante, se halló una baldosa con la letra de la difunta (aunque realmente, no termino de creer que esté muerta), bajo ella una gema, una esmeralda.


Madeleine, Greta y yo salimos por nuestra cuenta y riesgo, sin protección alguna, del aula magna. Las tres hemos perdido bastante peso ya, aunque la sacerdotisa se encarga de proveer para nutrir lo básico. Si salimos de esta, tendremos que pasar horas dentro de una bañera, nos aseamos en lo posible pero no se puede desperdiciar agua a la ligera.

Las tres llegamos frente a las puertas, pensé que podríamos hacer uso de lo que mejor teníamos, nuestra voz, si alentaban ejércitos, ahuyentaban al enemigo en gritos de guerra colosales, bien podríamos hacernos escuchar desde fuera, más la barrera que impedía el paso seguía estando ahí. Tan lejos y tan cerca del exterior.

Las tres nos unimos a Runabismo, Cressida y Roxx. De vuelta seguíamos el rastro de esa cosa, el Visiodonte. Iba directo hasta el portal mágico que llevaba a la biblioteca, es decir, el piso inferior. Sobre el portal una especie de tapón que todos identificamos como material dejado por el Visiodonte, solidificado con apariencia de un témpano de hielo enorme. Así mismo, curiosamente no vimos ningún diablillo vigilándonos, era curioso puesto que siempre estaban ahí sobre nuestras cabezas. Eso nos daba una oportunidad para movernos libremente por las zonas despejadas.

Greta buscó alguna apertura, alguna zona por la que se colase un hilo de luz, aire ya sabíamos que entraba o estaríamos muertos desde hacía mucho ¿pero por donde? la Arcanum ya no es que fuese como era antes.

Volvimos al aula magna y expusimos las intenciones que teníamos, Runabismo explicó la ausencia del Visiodonte, Madeleine o Greta, ya me es complicado recordarlo, propusieron un conjuro de retrospectiva, o mejor dicho dos a la par con distinto propósito.

El resultado fue muy esclarecedor.

Retrocedieron hasta unos veinte días atrás, viendo quién levantaba la barrera que nos impedía el paso fuera, no fue el Duque Bermar ni sus esbirros, ni siquiera Felicia antes de morir, fue levantada desde el exterior, por los Encapuchados , no pueden ser otros. Eso tenía, al menos para mí, una lectura inequívoca. Si salíamos de la Arcanum, nos apresarían e iríamos directos al Sanatorio casi seguro.

Por otro lado, Lire vio a Felicia corriendo invisible hacia la biblioteca, tras escribir la profecía de Alaundo y romperla en cuatro trozos, y ocultar cinco gemas de las que teníamos cuatro ya. Vieron, como los diablillos tras devolvernos a Armeís, se llevaban al Visiodonte y como con su sustancia, erigían esa especie de témpano.

Ahora, con todo más o menos atado y estudiado, llegaban los peores momentos.
Algunos como Runabismo, hablaban de la decisión madura que nombraba la profecía, creía que se refería a la decisión de hacer el ritual de llamamiento, Otros como Lissanne, partieron por su cuenta tomando decisiones sin contar con los demás. La situación se parece más a la carrera de un ave sin cabeza…



*Más abajo, Astrid escribe el texto completo de todas las notas y la gema que se encontró *
Ojo de Cristal.

"Aquí empieza el Ritual,
con un troll del Norte.
No es algo accidental,
tampoco es que eso importe."


Diamante en bruto
"Tras el troll viene el dragón,
que falló como guardián,
No tendremos compasión,
pues no entra en nuestro plan."

Rubí Raro

"Prisión fue durante eones,
atrás dejamos ya el hielo.
Es hora de emprender acciones
pues aprendimos a no tener miedo."


Esmeralda deslucida.
"Te ofrezco en estos cuartetos,
entre el polvo y las cenizas,
los ingredientes secretos,
del ritual que armonizas."​


*Vuelve a escribir más abajo*

Ha llegado el momento de escribir mi adiós a Theros, reservaré para él el poco papel que me queda del que recogí por el suelo las primeras horas, tras despertar. Quiero tener fuerza suficiente para escribirle...



-Y otro más-​

*Tras el turno de atención sanitaria, Astrid vuelve de nuevo al Aula Magna, las ojeras por la falta de un descanso decente son visibles ya, así como la palidez por la falta de sol*

Han encontrado la quinta gema, un grupo acabó por bajar a los laboratorios no sé quien exactamente pero acudieron todos salvo Lissanne, Tesla y Lire. Los dos últimos estaban centrados en conseguir suficiente polvo de diamante como para llevar a cabo el plan de huída, nos quedan tan pocas opciones que cualquiera puede ser válida.

Madeleine, Alec, Cressida y yo, emprendimos una alternativa para salir, aunque primero, habríamos de comprobar si era o no viable.

La extraña e imperturbable Cressida, tan marmórea como siempre, con el gesto inalterable de siempre y sus frases propias de alguien que se crió con un enterrador en un cementerio habló de cavar, cavar hacia abajo, creo que lo dijo igual que podría haber dicho cavar al aire. Increíblemente se le da bien, ya me dijo en este encierro que también hacia armaduras, curiosa la chica, desde luego.

Se pertrechó con un pico, su imagen era… bueno, era. Dejémoslo ahí.

Decidimos como ya hablamos el grupo de bardos, ir hacia los baños, buscar los desagües y picar, por narices las canalizaciones irían directas al rio o al mar pasando por las alcantarillas. Era una opción viable. Madeleine sugirió usar la moneda escucha.

Empezaron Cressida y Alec a cavar en los baños justo cuando empezaron a emanar las materias fecales, el hedor era supremo entre eso y los cuerpos que aun quedase. Los encargados de limpiar las letrinas el día de autos, no se esmeraron nada, digamos que se distrajeron en su tarea.

Mientras cavaban, llamé a mí convocado, un sátiro que me guardará rencor mientras tenga memoria por traerle a tal sitio, he de decir que apenas movió un cascote del tamaño de un chino de rio. Madeleine, convocó a una Lilenda que tampoco sirvió de mucho.

Francamente, de no estar en la situación que nos encontramos, vería la parte cómica del asunto. Tres de los bardos más carismáticos y populares que había estaban envueltos en la tarea más escatológica del Toril… pero no, estábamos allí buscando una vía de escape.

Pronto se abrió un boquete suficiente en el suelo, Cressida picaba casi mejor que un enano, juro que me ha sorprendido más que cuando en mitad de la desesperación, convocó un instrumento musical, un órgano de tamaño pequeño tocando la música más lúgubre. Acierto seguro, si digo que tenía que ser la encargada de los actos fúnebres allí en su cementerio.

Madeleine dio instrucciones a la Lilenda, que presta bajó por el agujero, escuchamos sus lamentos al poco, algo parecía detenerla, se había atascado, pero al menos comprobamos que la barrera mágica no llegaba ahí.

Volvió entonces a convocar a unos pequeños mefits de aire, pedí a Akadia que los empujase con sus vientos hasta la salida. Todos aguardábamos con nerviosismo. Mandó otro detrás, ambos desaparecieron, Madeleine dijo que habían muerto, ella debía saberlo o sentirlo puesto que eran sus aliados. Volvió a convocar otros tantos, los ocultó en un conjuro de invisibilidad y dio una de las monedas escucha, la otra se la quedó ella. En efecto, no había barrera pero sí infernales.

Si por casualidad se convertía en una salida, habría que luchar con ellos desconociendo su número y poder real.

Regresamos al aula magna en silencio, no habíamos conseguido gran cosa en realidad. Al entrar en el aula nos miraron como cualquiera miraría a alguien apestoso, apestábamos y mucho, Así que Tesla usó sus conjuros para limpiar nuestras ropas, yo fui hasta la zona apartada donde Nalmos y Armeís permanecían inconscientes. Me asee allí por ser la zona más privada total, estaban inconscientes y si por casualidad despertaban, tendrían una visión agradable…No despertaron.

Es la hora de prepararse para seguir con el plan de la mayoría, parece descartada la opción de invocar al Regente para combatir al Duque Bermar.

Ya no tengo voluntad para seguir encerrada aquí, ya no tengo fuerzas para seguir esperando mi muerte, ya no más, ya no.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-Ultimos momentos en el aula magna-​

-No debe salir nadie de aquí Astrid...
-Descuida, que si alguien intenta salir, le corto los pies en ese mismo momento

Y en verdad lo habría hecho, Grilel o la "sacaojos " estaba tan dispuesta como yo a enfrentar la realidad , aun así, guiñé a Madeleine para que pensase que bromeaba. No pactamos con el Duque, al menos no tengo constancia de que así fuese pero las palabras de Tesla y después del mediano, me estaban dando mucho en qué desconfiar, muchísimo.

-¿Habrán escapado por el agujero de las letrinas? ¿crees que debimos taparlo?
-Madeleine, ¿de verdad piensas que un par de piedras les hubiesen impedido el paso? Esto, todo, forma parte del plan de alguien... estoy cada vez más segura. Hemos sido meros conejillos maztiqueños.

Esperábamos cerca de la puerta, puse a Made detrás mio, como siempre que salíamos o nos aventurábamos en lugar peligroso, soy mucho más diestra que ella con las armas. Nadie debía salir y si salía, no volvería a entrar.

El mediano acusó por fin abiertamente a la sacerdotisa de llevarnos al desastre pero no era el momento, le buscaré y hablaré con él, quiero escucharle.
Lysebeth conjuró su don materializando un portal a lugar seguro, los heridos y alumnos cruzaron los primeros, después los graduados, no lo pensé dos veces, al cruzar agarré a Made del brazo, me importaba un carajo que fuese profesora , ella cruzaba conmigo.

Abrí los ojos doloridos por la luz, sentí el olor del agua corriendo y las voces de un hombre entre las voces del gentio.

-¡Al suelo, elimina cualquier resto de magia de tu cuerpo e identificate!

Así lo hice, comenzó a llover, lo agradecí.
Eran los encapuchados, aquellos que habían levantado una barrera impidiéndonos la salida, tenían que saber que había gente viva dentro pero nos encerraron igualmente a esperar una muerte segura.
Todos fueron saliendo apresuradamente, la última, la sacerdotisa. Nos habían encerrado tras unas vallas.
Los curiosos se arremolinaban , unos se alegraban de vernos vivos, otros gritaban acusándonos de algo de lo que no éramos culpables, al menos yo no lo era.

De repente nuevos temblores, cascotes cayéndonos encima y el caos nuevamente.
Tesla me protegió con su escudo, apenas pude agradecerle el gesto cuando de la Arcanum salieron diablos, infernales y toda sarta de criaturas que se habían parapetado en el piso inferior, el ataque fue inmediato. Ante nuestros gritos pidiendo que nos sacasen de allí para poder ayudar en la defensa contra los infernales, cedieron.
-¡Ayudad a salvar la ciudad!-

Así hicimos, pero el Duque pudo escapar, dándonos las gracias por liberarle. ¿Liberarle?¿Cómo íbamos a liberarle si ni siquiera sabíamos como llegó allí, porqué y para qué? Jamás aceptamos un pacto, al menos yo, nunca acepté nada.

Llegan horas oscuras para los arcanos, horas oscuras que ellos mismos se han labrado por mucho tiempo. Quisimos hermanarnos con ellos, para suavizar la imagen que se tenía de ellos en Amn, organizamos eventos con ese fin... pero ni nuestras mejores intenciones sirvieron.

Nunca odié a los magos por serlo,nunca les tuve inquina por ser unos estudiosos, jamás. Pero nunca pude compartir ese mirar por encima del hombro por el mero hecho de tener el poder de la urdimbre en sus manos, nunca pude entender ni compartir muchas cosas mas no olvido que, aunque de forma distinta, también hay magia en mí de forma innata. Por eso me aparté de ellos cuanto más pude. Quise quemar la túnica de graduado, el bastón... no obstante, decliné mi propia intención guardándolos en el fondo de un baúl.

No voy a ir con ellos a Edive, no me deben nada y no les debo nada; visitaré a Madeleine, Greta , Alec y Lire hasta que decidan irse de allí. Cuando se celebre el juicio de los hechos, iré si me llaman con mis escritos de ese encierro.
Una nueva época se acerca, y el Duque Bermar jugará un papel protagonista...
¿FIN?


Cuatro con farolillo​

Llega el ocaso
Y oscuro se vuelve el cielo
Tres mujeres en la fuente
Sin más magia, qué suerte

Una saca su farol,
De hojaplata bien brillante

Otra saca su farol
De oscuro buen latón

Otra saca su farol
De finos labrados
Y quejosa lo enciende
¡Ay, que ya me quemé tres veces!

Tres faroles encendidos
Donde antes habría de luz, cantos.
Para magias no es momento
Los símbolos se han guardado
Esperando mejor tiempo.

Y la luz que tintinea
Y el olor a aceites prendidos
Se ilumina en derredor
Y de sombras es clamor

Se acerca por el camino
Otra mujer con su cetro altivo
Rosada luz, se une a los destellos
Que bailan amarillos

Cuatro son, cuatro son
Las mujeres que los lucen

Cuatro son, cuatro son
Hasta que de nuevo, brille el sol.​
 

Tuliosoyyo

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-LA PRUEBA FINAL DE ASTRID MINSTRELTIDES-

I
​

Pasaba cerca de la Arcanum cuando pensé -¡Qué narices! entro hasta las estancias y descanso gratis- Y así iba a hacerlo cuando al cruzar el umbral de la puerta me topé con la morena. Madeleine , esa mujer a un bastón pegada, con lo incómodo que es... pero ella sabrá. Total que la saludé mientras ésta me recordaba la cita.
Juro por la pluma de mi sombrero, que no sabía nada de la cita que mencionaba, cuando yo digo que pasa mucho tiempo con los magos...

Pero bueno, volviendo al asunto. Me habló de la prueba,dioses...¡la prueba! esa que según dicen es la preocupación de todo mago, hechicero o bardo que pase por la Arcanum, menos la mía. Anda que no tenía yo cosas que me preocupaban más que esa prueba, no obstante Made y yo comenzamos a hablar.

Mujer, ¿quieres dejar estos muros o prefieres estar vinculada para siempre a la Arcanum?- me preguntó entre susurros con aire divertido.

Pues si... ¡si sabes que yo no vengo por aquí si no es estrictamente necesario...¡Ronchas me salen!Tengo unas ganas de quemar esa túnica delante de la puerta del edificio que..uff

Ante mis explicaciones, Madeleine volvió a hablar con pintas de pensar " No tiene remedio"

La prueba, mujer... la prueba ¡Y nada de quemar uniformes!

¿Hoy? Ya te digo que a mi ese saco no me va a servir ni para darle brillo al escudo ¿eh?
Claro, si te lo dije

Total, que en mitad de nuestras diatribas, avanzó por el pasillo tras de mi,el director. Saludaba con una sonrisa a Madeleine, a mi me saludaba también, pero con más pinta de tener una piedrecilla en el zapato que otra cosa, recíproco, he de decir. Seguí a ambos por las salas y pasillos laberínticos de la Institución, hacía los sótanos, Armeís abrió una de las puertas, Madeleine entró delante y yo tras ella, él cerraba la comitiva.

Allí, se encontraba una criatura que no era ni eso, un engendro deforme con las manos y pies excesivamente grandes, ni sentía ni padecía según me confirmó Armeís, suerte para él como más tarde narraré.

La Prueba, vaya sitio para hacer una prueba... una celda maloliente, con una gran cuchilla central en forma de péndulo, la verdad, de no ser porque Madeleine estaba allí, haría rato que tendría la "Sacaojos" apuntando al gaznate del mago, sin acritud, por supuesto.
Madeleine me pidió que me situase bajo ella, pensando que debía tratarse de una especie de prueba de obediencia, me situé bajo ella," mirala fijamente" y la miré fijamente, hasta que los párpados empezaron a pesarme como me pesaban en las clases de abjuración.
Me dormí, comenzando a soñar. ¿Madeleine me habría hipnotizado? Aunque teniendo como tengo Soltura mayor con Encantamiento... ¿quién lo sabe? el caso es que mientras dormía, soñé.

Antes de volver a abrir los ojos,me parecía oler la sal del mar, el ruido de las olas chocando y rompiéndose en el mascarón de proa, estaba claro, estaba en alta mar. Abrí pues los ojos. Cuando salí del aturdimiento propio del sopor, observé a mi alrededor un ajado camarote, cubierto de polvo, con olor a antiguo y a madera podrida, como único mobiliario un destartalado catre y una mesita de noche anclada al suelo. Sobre el catre, los restos óseos de alguien, sobre la mesita, tres diamantes impecables y una especie de diario escrito en varios pergaminos de un tono marrón otorgado por el paso del tiempo ,tan ajados como el resto de la habitación.

La escritura del diario era clara en un principio, no me costó leer lo que se narraba pero a menudo que los días iban aumentando, la letra se volvió ininteligible, tuve que esforzarme por entender lo que seguramente, el individuo del catre, escribió aun en vida.

Día 1º

"No sé dónde me encuentro. Hace unas horas viajaba en barco de regreso a mi casa, a mi hogar, con mi esposa y mis dos hermosos pequeños... pero algo ocurrió, la niebla lo ocultó todo, vimos una silueta que se recortaba entre los jirones de esa inmensidad grisácea.. otro barco, un aullido y... no recuerdo nada más.
Mi mujer y mis hijos al menos están a mi lado y es todo lo que me importa en estos momentos. Pero he de buscar una salida.”

Día 2º

"Temo dejar el camarote. Aún tenemos comida, gracias a los dioses tenía mi bolsa de viaje cuando todo ocurrió. Pero terminará por agotarse, como el agua. He de encontrar el camino de salida lo antes posible.”


Así, que había sufrido un abordaje o algún ataque mientras navegaban, algo bastante común en toda la Costa de la Espada. Al parecer eran cuatro los miembros de esa familia. Miré bajo el catre, por si hubiese más restos oseos,tan solo polvo acumulado de ve a saber cuántos años, seguí leyendo. La letra se iba haciendo a su vez, cada vez más complicada de entender.



Día 5º


"Me da miedo salir ahí fuera. Sé que no estamos solos. Algo... nos observa.”

Día 12º

"Han desaparecido, ¡no están! Mi esposa, mi Katerina... Y Julian y Mary... ¡No hay rastro de ellos! Los dejé un momento, quería encontrar la salida, por ellos, para sacarles de esta locura... ¡dioses, y ese ruido que no cesa, esas palabras que se repiten en mi cabeza y no entiendo! Son murmullos constantes que no me dejan dormir... Tengo que seguir buscándoles.”


Ahora conocía más sobre esos pobres desgraciados, dos niños Julian y Mary y una mujer, Katerina, todos habían estado encerrados en el camarote donde me encontraba, observé alrededor con más detenimiento, la puerta seguía trancada desde dentro, y unos arañazos probablemente hechos con las uñas de uno de los adultos adornaban tétricamente la puerta.

Día 19º

"Son ellos, son sus voces... ¿cómo puede ser? Voy a volverme loco. Entiendo lo que dicen, es una suave brisa a mi alrededor, pero no sé de dónde procede... creo que deliro por la falta de comida. Katerina... Julian... Mary... Katerina... Julian... Mary... Katerina... Katerina...”

Los tres nombres se repetían sin cesar ¿qué cosa terrible había tenido lugar allí?

Día 22º

“ Me llaman. Me están llamando. Están... ahí fuera.”

Tomé el diario en una mano, en la otra los tres diamantes, di un empujón con el pié a la arañada puerta, cedió sin problemas. Ante mí, una habitación que parecía dar continuidad a la anterior, polvo acumulado de años y años, una puerta a la izquierda cerrada mágicamente y sobre el suelo, dos montones de huesos. Me acerqué a uno de ellos tomando uno de los fémures. Eran de menor tamaño, sin duda, eran Julian y Mary, pobres niños, encerrados en una tumba que nunca debió serlo. Al tomar entre los dedos elhueso, una neblina comenzó a elevarse conformando dos figuras humanoides, los niños.

Mira que he visto cosas, pero nunca dejan de sorprenderme hechos así, di varios pasos atrás echando la mano hacia donde pendía Griel, mi estoque.

¿Uh? ¡Oh! ¿Cómo has entrado?

"Carajo" dije con cara de sorpresa miendtras seguía retrocediendo

¿Si nosotros no podemos salir, porqué ella puede entrar?

Eh.. no sé..- El pequeño me miraba fijamente, comencé a hablar.


¿Has visto a mamá..? ¡Es la señora katerina! ¿Y papá?
Espera, espera, espeeera... Pues... Erm... bueno, ver... ver.... no
La pregunta, tienes que hacerle la pregunta! - Julian daba manotazos a su hermana mientras le repetía que debía hacerme la pregunta.
Pues tu padre está ahí dentro ...eh, eh, eh niño, deja de darle a tu hermana

¡Pe-pero no podemos ir allí!

¿Ir donde?

Si no te hace la pregunta... -El pequeño neganba resignado
¿Y tu padre como se llama? a ver, contestadme.. ¿ir donde?

¡Dentro!

Francamente, si podía evitar que entrasen donde estaba el que fuese su padre, tanto mejor. No me importa que los adultos puedan ver algo que les haga sufrir, es ley divina pero los ñiños son los únicos que se mantienen puros y limpios a pesar de lo que les rodee, consegui mi objetivo mientras Julian apremiaba a Mary a preguntarme, al fin lo hizo.

Mira, mira, es una historia que me contó papá! pero has de estar atenta, si no no te la cuento!- igualmente empezó a contármela, parece que tengo mano con los niños...-
Un bucanero le regaló a otro bucanero un loro... ¡y le dijo que el loro repetía todo lo que oía!
Dos dekhanas después, los bucaneros se encontraron de nuevo. El bucanero que tenía el loro le dijo al otro bucanero... que el loro no decía una sola palabra! y que era un mentiroso! pero el otro, en verdad no mintió...
¿Cuál es la explicación?

No sé cuántos años hacía que me habían contado esa historia en Némessor, la conocía de memoria así que contesté rauda.

-El loro es sordo


¡Ala qué lista!


La puerta de la habitación, la de la izquierda, comenzó a abrirse lentamente mientras el niño, llamaba de nuevo mi atención .

Oye, Oye, oye ¿No tendrás diamantes? Una vez me dijeron que con un diamante sería libre¡Y eela con otro, también!¡¡Podrñiamos ver a papá y a mamá! ¡Bueno no, solo a mamá!


La verdad es que llevaba conmigo los tres diamantes que había tomado de la mesita de la anterior estancia,así que les entregué uno a cada uno pidiéndoles como si fuésemos amigos de toda la vida, que no fuesen contándolo por ahí, pobres niños, El padre sin embargo, no me producía pena alguna. Cuando estos tomaron los diamantes, empezaron a desvanecerse, eran libres después de no sé cuánto tiempo.

Continué atravesando la puerta, ésta conducía a otra estancia más, a modo de sala y más allá había unas escaleras que llevaban a una especie de bodega. Conforme iba bajando escalones, la música de arpa comenzó a sonar, paré un instante para tratar de identificarla, las botas sobre la madera, eran un impedimento. Cuando acabé de bajar, la letra acompañó a la melodía.


"De aquí no pasarás, pirata
si no demuestras cómo cantas
o una historia me relatas
para saciar todas mis ansias."​

Era un fantasma, el fantasma de una mujer ¿sería Katerina?, cuando hizo su petición lentamente la música se desvaneció, clavando su atención en mi persona, como esperando. Parpadeé e improvisé, como buena bardo que soy.


No te inquietes, no te inquietes...
Que unas notas yo te canto
Dicen que las olas llevan el compás....
De una dulce melodía...
Con sabor a sal...
Dicen que los vientos, que soplan en el mar...
Forman los acordes entre espuma de mar...
Y entre tanto, gotas brillantes como el cristal....
Mojan las rocas terminando el compás...​
Poco a poco la aparición empiezó a moverse, amoldándose al ritmo que tomana la canción

Suave algunas veces, otras con bravura colosal...

Escucha siempre, el canto de la mar
Cuando concluí mi improvisada actuación, el fantasma de la mujer se liberó, desvaneciéndose como los dos niños se desvanecieron, quiero pensar que en otro tiempo, fue su madre.

De nuevo, la puerta de la bodega se abrió, tras ella se podía escuchar el jolgorio alegre propio de un espectáculo, entré en la sala y ante mí una nueva visión de seres que quizá, hace mucho que vivieron...


-LA PRUEBA FINAL DE ASTRID MINSTRELTIDES-
II
​


Allí vi varias formas fantasmales, humanoides, que permanecían acomodadas en ese salón, todas parecían estar atendiendo a una figura alzada delante de ellos, parecía exponer algo. La figura se percató de mi presencia y dirigiéndose a mí dijo:
-¡Vos serviréis ,sí señora!
Fue entonces cuando pregunté que para qué fin, la figura contestó a mi pregunta.
-Todos contestan, todos se emocionan..¿sabréis responderme ahora?

-Bueno,si no sé que queréis preguntar...
-¡Sirve y serviréis, pues los acertijos...acertaréis!- rió después con una fantasmagorica risa

El ser comenzó, pues, paseando de un lado a otro del improvisado salón mientras que yo no dejaba de seguirle, vigilarle, con la mirada

-¡Algo mejor que el ron, para tumbar a cualquiera!- la voz resonaba por toda la estancia, continuó- Mejor que la valeriana o un golpe en la cabeza... ¿Cuál será el conjurode primera esfera, que bardos y magos conocen para no pasar la noche en vela?

Repetí mentalmente el acertijo, tomándome un momento, contesté después mientras que el ser me apremiaba a responder.

-¡Tic, tac, tic, tac... el reloj no parará!

-Que sí, que si... que manía con las prisas... ¿Dormir? un buen conjuro de dormir y a soñar con unicornios rosas...

-¡Acertó la dama del sombrero! Un aplauso démosle, aunque es el acertijo primero...

Las manos transparentes de la audiencia aplaudían chocándose entre símientras que yo, hacía unas reverencias a mi publico allí fantasmagoricamente presente.

El fantasma del escenario volvía a alzar la voz- ¡Otro acertijo, señora, que son cinco los que tocan!
Adelante, adelante, dije yo invitándole a seguir, prosiguió
-¿Cómo se llama la zona donde mi magia funciona, pero no de manera correcta... pues la Urdimbre se halla en alguna parte rota?

Cerré un ojo mientras daba golpecitos en mi mejilla derecha

-¿Zonas de magia salvaje ?

El presentador alzó las manos y exclamó ¡Bravo, bravo, esta muchacha sabe de lo que hablo! - Animó al publico a aplaudir, éstos lo hacían y también silbaban animando el espectáculo. Más tarde, la figura fantasmal, pidió silencio a los espectadores espectrales, volvió a hablarme.

-¡Van dos de cinco, pero aún no déis brincos!, aquí va otra cuestión...¿la escuela de Transmutación, de cambio y transformación.. se subdivide en subescuelas o es única y entera?-

El publico esperaba espectante mirándome con sus ojos translucido, contesté.

- Única y entera- respondí segura de mi misma.

Ante mi respuesta el presentador afirmaba mientras que los espectadores aplaudían y yo saludaba cual Alustriel en su carroza. Solicitaba de nuevo calma el presentador para continuar con la cuarta pregunta

- Mystra, que una vez nació... murió otras tantas veces ¿cuántas veces se reencarnó y en quienes?

Aquello tenía su miga pues hacía tiempo había escrito la mitad de una obra de teatro sobre este tema, con Madeleine, pero por increíble que pueda parecer, erré la respuesta o más bien, no la terminé.
-¡Tres fueron las reencarnaciones! Se reencarnó en Medianoche, y...¡cáspita que las otras dos no recuerdo!
Se escucharon murmullos en la sala hasta que el presentador elevó el pulgar girándolo hacia abajo mirándome. Puse una burda excusa, mi fallo se debía a que en mi estómago nada había, entonces el presentador bromeó contestando que me invitarían a comer algo pero como veía... ni comían ni bebían.

-¡Quinta y última pregunta!¿estáis preparada, mujer astuta?
-Sí, si, adelante- contesté mientras el presentador carraspeaba y colocaba sus manos a la espalda, prosiguió.

-Hablamos de esferas de poder de bardos, magos y hechiceros, hay un tope en todos ellos y lo queremos saber ¿qué limite encontraremos en cada tipo de ser?
- A ver, a ver, empecemos por los magos mismo...

Los fantasmas parecían contener el aliento aunque estaba claro que no podían hacer eso.

-Nueve son sus esferas de poder sí... al igual que de hechiceros...y para los más graciosos, hermosos y simpáticos son séis.

Todas las caras etéreas se giraron hacia el presentador, a la espera del veredicto mientras el presentador mantenía la seriedad al principio , sonrió después emitiendo un bardico gritito -¡Ya tenemos ganadora, ella tiene su victoria!
Todos aplaudían entre vítore, coreando mi nombre ¡Aaaaaaastrid, Astriiiiiid! mientras yo alzaba mi sombrerosaludando a los presentes. De repente, algo cambió pues los espectros cambairon su alegría por consternación, empezaron a dispersarse por la sala, muchos la abandonaban; bromeé diciendo a los que huían que no sabían que el espectáculo no acababa hasta que la más gorda cantaba, escuché tras de mí, tras el portón, gran jaleo reconociendo como alguien decía que -¡si no se unen por las buenas, lo harán por las malas!- El portón se movía bajo el efecto de los empujones, el combate parecía que iba a ser inminente así que desenfundé a Griel, la sacaojos protegiéndome con el escudo. Las puertas cedieron y varias formas humanoides que aun conservaban parte de su carne, encabezadas por un espectro se dirigieron a mi.
-¡Fíjate, está viva!¡Atrapadla!
-¡Que me aspen, que me aspen!¡Podridos y más podridos! ¡hasta el moño que nunca me hago estoy de vosotros!-Empecé a luchar con ellos, blandiendo como sabía mi estoque, eran más duros de lo que parecía, aun así mi vida iba a vender cara -¡Vivita y coleando estoy y así voy a permanecer!y si no, ¡Bien caro mi pellejo os voy a vender!
El combate estuvo muy reñido, la lucha con el espectro que los capitaneaba fue dura, veía como mis fuerzas menguaban, como mi carne en heridas se abría, me desangraba pero por fortuna el golpe final fue a mi favor, el espectro quejumbroso se desvanecía entre murmullos. Cuando esto sucedió, al suelo caí incosciente.
El dolor fue desapareciendo, pensé que por falta de riego sanguíneo, me dormí.

-¿Astrid? Astrid, bonita... ¡Astrid! No se mueve mucho..

Escuché la voz de madeleine con cierto tono de preocupación mientras que Armeís parecía despegarse de la pared al notar movimiento en mi. Al abrir los ojos estaba de pésimo talante, teniendo aun bien presente el combate por lo que desperté dando patadas y puñetazos al viento.

Al ver mi reacción, Madeleine suspiró más tranquila diciendo - Ah, vale... sí- mientras se apartaba esquivando mis patadas.


-Vaya, ha debido impresionarle la cuchilla... bueno Mad, cuando quieras comenzamos

- De acuerdo...tienes listo el conjuro ¿verdad?

Asintió el mago sin apartar la vista de mi mientras que yo, me incorporaba con dignidad y de pésimo humor. Pregunté pues.
-¿Ya estamos con las bromitas?
-Tengo aquí los pergaminos donde llevo escritas las preguntas... ¿bromitas?

- No, me no me...- Advertí mirando cuchilla y engendro.

-¿No te qué...? Hija, tómatelo en serio

-Seguro que hay algo en el aire, vamos ..

Madeleine sonrió y mirando a Armeís le pregunto -¿Empezamos?

Terminé por levantarme, propinándole una patada al engendro, tenía que desfogar mi mal humor advirtiéndole que ni me mirase.El director, sabiendo que era mejor que no interviniese, dejó que Made tratase conmigo. Tomó el pergamino de su bolsa empezando a leer.Yo no retiraba la vista de la cuchilla.

-"Astrid Minstreltides, tengo el honor de hacerte saber que has logrado superar la exigente prueba de graduación de la Arcanum Scholla, ¡felicidades!"

Parpadeé incrédula mirando a la morena, pensando que estaba como una regadera, como poco, el mago sonreía de lado hasta que Made vio mi gesto, aun así, sonreía ampliamente
- Mujer, ¿y esa cara?¡Que te has graduado!
-Enhorabuena Astrid -Dijo armeís, por fin se iba a quitar la misma piedra de la bota que iba a quitarme yo

-Osea... que la cosa consiste en que una se duerma... y tenga pesadillas... no, si cuando digo que cada día estamos peor...
-No lo empeores que aún no te hemos entregado el diploma
- Claro, claro -dije siguiéndole la corriente , encantadora.

- Anda, dame un abrazo- me dijo la morena sabiendo como soy y conociendo que a mi me daba igual lo que sacase de allí, lo mio era simplemente una apuesta comercial, aunque hubiese aumentado de paso, mis conocimientos sobre la urdimbre.

-Bueno, vayamos a recogerlos, aunque por el entusiasmo que demuestras cualquiera diría que no te alegraras ni un ápice de perderme de vista- dijo Armeís a lo que respondí, faltaría más.

-No, si mudarme de Athklata no voy a mudarme, Armeís... se siente.


salimos de aquel cuchitril no sin antes hacer un apunte sobre las extremidades del engendro, raro era que ningún arcano hubiese pensado en usarlo para darles masajes.

-Adelante, graduada -Armeís me cedía el paso mientras preguntaba a Made que cual era su opinión sobre ser famosa atemporalmente. Madeleine nego sonriendo, pensaría que era alguna ocurrencia de las mias
-Ya queda menos para que abandones este recinto... Me estoy acordando de mi prueba... ¿uhm?
¿Cómo dices? ¿atemporalmente?
- Si, si... como te digo

Armeís me miraba con la ceja arqueada, normal, jamás me ha entendido y ya no creo que vaya a hacerlo, por suerte para mí, aun así, sonreía. me iba a echar de menos, seguro.

Volvimos los tres por el pasillo que llegamos, me hicieron esperar tras la puerta del, supongo, almacén, mientras yo aproveché para dejar mi esencia en la Arcanum, tomé una pequeña daga y en la piedra de uno de los muros grabé mis iniciales "A.M" el polvillo obtenido, fue directamente bajo una de las alfombras. Justo a tiempo de que salieran.
Mientras , en el interior del almacén, Armeís y Madeleine estaban charlando entre ellos. Armeís descolgaba una túnica de graduado y tomaba un bastón también signo de graduación del armario haciendo amago de entregarlos a Made. -¿No quieres dárselo tú?- decía made
-Pensé que te haría ilusión- contestaba Armeís, dándole por fín a Made, la horrible túnica gris.
-Me hace ilusión verla graduada, entregarle esto... en cambio será un agradable recuerdo si se lo das tú- Made en el fondo tenía un humor ácido , muy ácido.
- Preferirá tenerte a tí en el recuerdo...además, será divertido ver su reacción cuando le entregues la túnica-

La puerta se abrió de nuevo, salían justo tras yo ocultar la arenilla, llevaba Made unas ropas bien dobladitas congando del brazo y armeís, con un bastón distinto al que llevaba siempre. Made comenzó a hablar con la dignidad y templanza que siempre transmitía.
Regresamos con los símbolos que ha de mostrar con orgullo todo graduado...


NO me lo podía creer, en serio que aquello era una broma digna de Erevan ¡Otro saco de patatas!, Armeís, siguió tras Made.



-Astrid, este báculo será la insignia que te reconocerá como una barda oficial de la nación de Amn. Serán los símbolos que tendrás que mostrar en el edificio del consejo para obtener la licencia
Serán los símbolos que tendrás que mostrar en el edificio del Consejo para obtener la licencia.

Mi cara debía ser el reflejo de la incredulidad, es que no me podía creer aquello tomé ambas cosas con resignación. Era el trapo más feo del Toril, sin duda alguna. Pero tras casi tres años, me graduaba en aquel lugar tan encorsetado e inamovible, por fín no tendría que pasar por el aro que nunca había pensado pasar. Eso sí... iba a tener que desembolsar 50.000 dartens para abonar la licencia...
A la luz de un farol


Francamente, el ir encendiendo el farolillo cada vez que el ocaso llegaba, me fastidiaba, pero no estaba el asunto como para usar la magia, aunque solo fuese en un inocuo conjuro de luz.
Nunca he sido de ir desperdiciando mis dones, cada cosa tiene su momento y ahora, no era el adecuado para lucirlos aunque, a decir verdad, me siento orgullosa de mí misma y de lo que soy.

Con la cantidad de trabajo que teníamos, lo que menos me convenía era precisamente tener altercados con los encapuchados o cualquier descerebrado que me acusase de desviacionista, estaría bueno…

Tras recuperarme del encierro, al menos físicamente, pues no soporto estar en un lugar cerrado a cal y canto demasiado tiempo, recuperé el ritmo nuevamente. Todos lo hacíamos y comenzamos con la obra encargada a la Eterna Melodía por Raysha. Todo estaba dispuesto prestamente, Azalea había escrito una obra que habría tenido que presentarse en el Teatro de la Alegría en Crimoor, pero los hechos acontecidos, terribles para la ciudad, hicieron que ésta,se representase en el teatro de las Cinco Jarras, en la ciudad de la Moneda. Fue un éxito, y más aun la decisión de donar lo recaudado a Crimoor, además de añadir las donaciones que hicieron los que asistieron, yo, doné además una suma para este fin.

Días después el alcalde de la ciudad caravanera nos recibía aceptando de excelente grado nuestra donación, no era la primera vez que la Eterna melodía se comprometía con la ciudad, años atrás, cuando Bálagos la destrozó, La Eterna aportó lo que mejor sabía hacer, reconstruyó con su esfuerzo el Teatro –templo, en agradecimiento, la Eterna obtuvo el emblema de Crimoor, de su alcalde.

De nuevo, nuestra compañía volvía al trabajo, trabajo que consistía en hacer olvidar al pueblo su pesar, con nuestro canto, nuestra voz y nuestra presencia.
Nuevos encargos se sucedían, el de Maese Runabismo entre otros, yo misma me encargaría de escribir la Oda para tal fin, a pesar de todo.
Además, la dama Niut había hecho otro encargo abonándolo por adelantado de forma generosa.

Por más problemas que individualmente tuviésemos, dábamos siempre lo mejor de nosotros, entregándonos en cada evento por completo.

Así mismo, esperábamos muchos de nosotros el juicio de los Encapuchados por eso mismo, rebusqué entre mis pertenencias unos encendedores para prender la llama de mi farolillo, no sabía que iba tener tanto éxito.

Con la caída del sol ,la luz dejaba de ser clara para tornarse en sombras, sombras que marcaban el instante en que debía sacar de nuevo el farol que iluminaba el sendero. Abrí su puertezuela disponiendo la mecha mojada en aceite. Dejé el farolillo encima de una piedra y tomé el viejo encendedor. Es un encendedor simple, una cuerda hecha a base de hilos de algodón, dispuesta en vertical y metido su extremo en una pequeña rueca que al ser girada, hacía saltar la mecha del pequeñísimo pedernal. Las chispas prendían la cuerda de algodón y cuando empezaba a salir humillo, soplé suavemente sobre ella avivando más la llama. Cuando la brasa era viva, solo tenía que acercarla a la mecha del farol y comenzaba así el baile de la llama contoneándose e iluminando alrededor.

Precisamente ese día, estaba allí Andy o Andrés como algunos le llaman, el Martillo compañero de Alec y Azalea, se interesó por el encendedor y me lo pidió como regalo. No hay tanta confianza como para tal cosa así que, por un módico precio se lo cedería. Hubo, como no, regateo, al final el mechero rústico fue suyo por menos de doscientos dartens y una firma sobre el mechero. Mira por donde iba a llevar mi nombre por cualquier lugar donde lo encendiese “ este encendedor un día perteneció a Astrid MinstrelTides, que gustosamente lo vendió al Martillo Andy”.
Además, no solo fue Andy el interesado pues hasta los llanos llegaba Anahel y una elfa amiga suya, Silmëwen. La primera, hablaba de un trato con el Doblón para su fabricación, pero el Doblón ya me había fallado cuando solicité formalmente que avalasen los flotadores de cara al Consejo, no tuvieron a bien contestar a mi solicitud, hecha a través de Lire. Ahora, no iba a volver al mismo error y llevarles nada aunque tampoco tenía ningún problema con ninguno de ellos. Mi relación con Lire era la de siempre, desde luego. Y aquí me hallo, volviendo a rebuscar entre mis cosas, para sacar otro encendedor que, como cada noche, alumbre mi sendero.

-Entre vendas rancias andaban las cuatro Marías-​


Ya se me estaba quedando oxidada la Saca ojos, o Grilel. ¡Y que me aspen si lo consiento!
Fue un día de esos que te encuentras con las conocidas y amigas en Los llanos y de repente, te pones a comentar y da la casualidad de que sale el tema de cierta vez que fuiste a un sitio y alguien te comentaba que había un problemilla. Habrá quien decida echar una mano porque sí, otras como yo, además del porque sí, lo hacemos por el oro y la fama y como no, por dejar una historia de heroínas.

Y allá que fuimos las cuatro sin pensarlo mucho hasta Gambitón, donde se comentaba que había cierta dificultad con la cripta alzada en lo más alto del lugar.

Yo, que ando escasa para mi gusto de dartens, ví de inmediato la posibilidad de incrementar mis arcas además, tenía que contar una historia a Lilimel en unos días y quería algo nuevo.
Nos plantamos, las cuatro marías, allí delante de la puerta junto a las demás lápidas del pequeño camposanto de Gambitón desenfundamos y cruzamos el umbral de la puerta.
Que tufo a rancio, qué tufo a muerto antiguo… vi nada más entrar una escalinata amplia de esas señoriales... la verdad es que no entiendo bien porqué se hacen construcciones de ese calibre pero bueno, ellos no entenderán porque se hacen barcos así que a la par estamos.
Bajamos con toda la finura que a tres bardas se les supone, Raysha bajó como sin pisar, los aires de Akadia la llevaban en volandas. Nos recibieron al poco unos cuantos no muertos, pero nada de no muertos con porte no… eran no muertos de los reconocidos como podridos, osea, zombies putrefactos y algunos desmembrados… ya sabéis, un ojo por aquí… otro en Sundabar…una oreja en El Espinazo del Mundo y la otra dispuesta a partir.
Tanto Madeleine, como Lire y como Yo nos preparamos para agradecer dignamente el recibimiento, cánticos y música dándonos buen empuje, armas afiladas, armas bendecidas y a dar estocadas. Raysha por su parte, daba cuenta a la señora Akadia de sus plegarias, concedidas fueron y allá que las cuatro avanzamos con el pie derecho por esos pasillos hediondos cual almeja en mal estado.
Tras los zombies, salieron al encuentro las momias caminantes con sus vendajes ya no blancos, sino de un color verde moho cubriéndolas de polvillo, el mismo que se les pone a las naranjas con una estación de antigüedad, que a cada golpe iba esparciéndose. Eran duras las puñeteras, muy duras, pero nada que ver con lo que nos aguardaba en el centro de la cripta.

Aquello no era normal, claro que tampoco es normal que los muertos anden y sin embargo los nigromantes se ocupan y preocupan de que así sea.
El maldito no callaba, prometía una muerte para nosotras pero no, yo es que aun no tengo edad de morir y por eso, mi estoque iba y venía en aquella finta. Casi me da un parraque cuando esa cosa abría la boca, que aroma… que pestazo salía de aquella cosa en otro tiempo boca.
Y el maldito conjuraba palabras arcanas de gran poder, nos maldecía y nos succionaba las fuerzas, pero no hay nada que haga deponer la idea de cuatro señoras de armas tomadas… no señor.

El vendado, nos prometía sufrimiento y horror, y carajo vaya que si lo cumplió, sobre todo con mi persona. No sé que conjuro usó para tal fin pero de pronto, en el suelo me ví desprovista de aliento, de fuerza y en resumen, de vida.
Después ya me contaron que el engendro me había, lo que se dice, matado. Por suerte Raysha cumple los preceptos del sacerdocio y siendo yo, una seguidora de Akadia como ella, para la vida me recuperó.

¡Que me aspen! si después de aquello y tras arrastrarme y los demás sanarme y haciendo que mis fuerzas recuperase, iba a dar un paso atrás... dí dos.
Y después de esos dos a la carga que fui, a vengarme del maldito vendado. Hice cuanto pude al igual que las demás, pero fue Lire la que le consiguió dar el golpe mortal.
Y allí quedó esa cosa en el suelo, y nosotras vivas a la postre. No había mucho tesoro, la verdad que no había nada pero ¡carajo! que a mí bien me vale para una historia a Lilimel contarle.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-Hasta que Amn nos separe-​


Es que nos pilló el día tonto, tonto del todo pero las cosas son así. Theros había vuelto de una de las misiones del Bastión, no pregunté donde porque generalmente no pregunto y yo había estado viajando para poner en marcha la ambiciosa empresa de hacer una ruta artística por distintas ciudades de Amn, cada uno con sus cosas y menesteres.

Ya hacía tiempo que habíamos llegado al acuerdo de pasar el futuro juntos, él acompañándome a mí en mis cosas, con la premisa de que no me pasaría todo el futuro a bordo de un barco y navegando y yo acompañándolo a él en los actos que como decurión tuviese. En ese entonces todavía no habíamos reconocido lo que sentíamos el uno por el otro y que no era solo sexual, pero sin embargo tal y como me dijo Madeleine al contárselo, era el previo a algo más, qué razón tenía. Ya teníamos una perra en común incluso.

Así que pasado el tiempo, pasó lo que pasó. Una petición de matrimonio.

Nos dirigimos a Caravasar en vista de que Naskhel estaba con algunos problemas, nos gustaba la habitación de la posada de allí pero preferí Caravasar y de allí pues quien sabía.

El caso es que en aquel paseo, de suelo blanco y negro atravesado por los guardias a caballo, comenzamos a hablar, no sé porqué mencionó que estaría bien que luciese un anillo en mi dedo para que los galanes supiesen que no estaba disponible, creo que le salió la vena celosona.

Como decía, íbamos charlando, yo diciéndole lo pellizcable que era pero que no sabía como iba a resultar con esa armadura de legionario que llevaba puesta. El puñetero me desafiaba mencionando mi valor y osadía, aunque sabía de sobra que no sólo podía pellizcarle sino más aun. Él decía que si lo hacía, me mordería y al final, al acercarme, acabé mordiéndole suavemente la mejilla mientras él me cogía por la cintura.

-¡Ay, Theros…. Theros!- dije sonriendo y suspirando a la par acompañándole en su suspiro mientras me miraba.
-Dime- dijo
-Nada, solo estoy comprobando lo que sienten esas señoritas que van suspirando por sus caballeros, suspiro y eso…
Reí entonces y él sonrió, añadiendo con el rostro ladeado y tono bromista una cuasi sentencia.
-Recuerdame porqué no nos hemos casado…
-¡Oh, si la memoria no me falla y sé que no lo ha hecho, por dos razones…!
-¿Cuáles?- Dijo Theros sin dejar esa sonrisa y sin dejar de abrazarme la cintura, seguía siendo el manomopa de siempre.
-Una, porque no nos casaría nadie en su sano juicio- enumeraba con el índice ya alzado, él se reía ya mientras que yo, aguantaba la carcajada.
-Dos, porque no me lo has pedido…tres, yo a ti tampoco, cuatro… ¡carajo, son más de dos! Pero… ¿para qué?- pregunté dejando caer lo innecesario de un acto así
-Así, no te me escaparás
-¿Escaparme?- pregunté encogiéndome de hombros mientras él, asentía
¿Dónde voy a ir si me tienes cogida por la cintura?
-Por si de aquí a unos años, se te ocurre…o si se te acerca algún galán y no vea el anillo- me guiñó con el mismo gesto jocoso de todo el rato- mi mujercita – añadió.
-Espera, espera, espera… a ver si es que yo no ando muy allá ¿qué me estás contando, Theros?
-Nunca has andado muy allá – contestó bromista aunque la verdad, tenía hasta razón.
-Ni muy acá tampoco – reí- va… va..
-¿No me parecen malas razones? ¿No te convence?
-¿Estás diciendo que quieres casarte conmigo, Theros?

Los dos nos echamos a reír, francamente no podía ser de otra manera, conociéndonos, carraspeó, rió, puso gesto pensativo, cara de circunstancias, un nuevo carraspeo y un nuevo gesto de estar pensándoselo en serio. Parpadeé y abrí la boca con cara de sorpresa.

-La madre que me trajo…- mientras tanto, él sonreía y comenzaba a bajar la rodilla a tierra cogiendo mi mano, yo miraba a los lados a ver donde estaban escondidas las chicas. Le miré y alcé la ceja en mi gesto de “te pillé la broma”
Theros frunció el entrecejo como protestando, resoplaba y al final, habló.
-Mira, no se me da bien
-No, si a quien se le diga que llevas años codeándote con trovadoras y aun no se te da bien…
-No- dijo lentamente queriendo ganar tiempo
-A ver…- dije rodando los ojos mientras él alzaba la mano para pararme.- ¿Qué? Pregunté dándole margen.

-El sol nace y se pone contigo, Astrid. Que es lo que se, además de no pensar en nuevos días si no estás en ellos
Yo, le imité mientras tanto, en realidad a mi esas cosas me pillaban tan de sorpresa que no sabía qué había que hacer. Acabé arrodillada frente a él, como si fuese su imagen del espejo mientras él alzaba las cejas
¡Que te amo, Astrid!- dijo exclamando sin saber qué más decir.
-¡Y yo te amo a ti, Theros! – anuncié en el mismo tono exclamativo mientras alzaba la mano que me dejó libre
-… Y quiero pasar el resto de mi tiempo contigo, lo que Amn nos permita- bromeaba- ¿Quieres casarte conmigo, Astrid MinstrelTides?

Protesté porque había alzado la mano para hablar, había que ir sentando unas bases de conducta, vaya que sí.

-A ver, pero que no te adelantes ¡Que no te adelantes!¿porqué te adelantas?
-¡Astrid!- dijo sonriendo y sorprendido
-¿Qué?- contesté airada
-Te estoy pidiendo matrimonio- me señaló con el dedo- ¿A qué me he adelantado?
-Que sí, que ya lo sé, pero estaba por darte unas indicaciones para que quedase así bonito y en plan color rosa… así es que no se puede, no se puede…- dije negando- qué desaprovechada me tienes
-Vale, me espero entonces. Dime- dijo dándome pie
-Pero espera bien, que te veo muy suelto…- estaba a punto de romper en carcajadas, yo también, proseguí – veamos…Theros…¡digo Astrid! , bueno, tu ya sabes, tendrías que decir mi nombre y eso- indicaba
-Astrid…
Continué- El sol amanece cuando llega- le susurré que lo repitiese
-El sol amanece cuando llega- repitió divertido.
-Y los días, ni los pienso porque estoy contigo- seguí hablando sin ser consciente que no estaba diciendo nada bien, me temblaban las rodillas y eso, que las tenía en tierra, el me seguía.
-Y los días ni los pienso porque estoy contigo… Astrid- dijo de forma tierna atrayéndome hasta él, que ya se había sentado en el suelo. Menuda estampa, parecíamos indigentes o algo parecido.- ¿Recuerdas el día que te dije que eras mi princesa?- Asentí- Lo vi reflejado en tu rostro, quiero para ti un final de cuento y que por una vez, seas la protagonista de mi historia, juntos, sin guiones, vives cada día en escenarios, ofreciendo las historias de otros a la gente. Serás la princesa de este cuento si me dejas
-Theros ¿y tú recuerdas cuando me ofreciste ese acuerdo?- asintió- ¿Recuerdas que te dije que aceptaba?- volvió asentir- Sabes que ese acuerdo ya no podría ser, ya no tendría sentido un acuerdo así, porque bueno… ¡que más dará ese acuerdo!... Sí- Un guardia a caballo pasó por tercera vez, nos miró con cara de "a la próxima, os encierro".

-Si- dijo él- ¿¡Si!?- ladeo el gesto
-¿El qué?- dije
-¿Si?¿que sí?- preguntaba sorprendido.
-¿Se puede saber qué dices, Theros?
-¿En serio? – dijo señalándonos
-Si…¿no?
-¿Me has dicho que sí? ¿Nos vamos a casar?- cada vez estaba más sorprendido, claro que yo tardé tres días en dejar de estarlo.
-¿No iras a decirme ahora que me has ganado la partida? Porque te estrangulo con armadura y todo… ¿no? digo…
Frunció el entrecejo sin creérselo, estaba emocionado incluso ,yo parecía que estaba dirigiendo una obra de teatro, no era consciente de lo que estaba pasando y a la vez, sí que lo era.

-Astrid
-Theros
-Nos vamos a casar, voy a ser tu marido- echó a reír con la cara reflejando la felicidad que sentía, empezó a comerme a besos mientras yo hablaba, entre besos, como podía
-Si, eso es… carajo que mal suena…
-Ehh- paró un instante- ¿y ahora qué?
-¿Qué? ¿ahora que te demonios te pasa , Theros? Te veo muy suelto… pero que muy suelto
-¿Suelto? – reía, no habia parado desde hacía rato.
-Sí, muy suelto, ahí sentado en el suelo, todo un decurión de Amn..suelto, suelto, pero ¿y ahora?
-Eso te pregunté, Astrid
-Pues… ahora… podríamos celebrarlo- le guiñé- Ah espera, te referías a otra cosa… - de nuevo estallaba en carcajadas.- Carajo, haberlo dicho, legionario- espeté bajando su rango. Se incorporó dejándome en el suelo.
-Ah… pero no vas a llevarme? Eso sí, no pienso llamarme Firecrowm
-La señora Firecrowm, suena muy bien
-Que no… ¡he dicho que no!, ni hablar…
-¿Quieres celebrarlo aquí o en Naskhel?
-Entonces ¿no vas a llevarme en brazos?
-¿No nos hemos casado y ya me das problemas? ¿No quieres mi apellido? Eso se supone que cuando nos casemos, Astrid
-Ya tengo el mio. ¿No nos hemos casado y ya estamos con detalles tácticos? Pues nada, iré caminando…
Paró un momento y con suavidad me tomó en brazos.
-Si es que…si es que…
-Estás muy mandona tú hoy.-rechistaba sonriéndome
-Que va, que va, es que tú andas muy suelto- contesté alegre
-…Para un día…-continuó con cierto deje de protesta- ¡Para un díaaa!
El encargo de Maese Runabismo​

Y después de casi una estación, el encargo que me hizo Runabismo pudo llevarse a cabo.
Edive estaba una vez más presto a el entretenimiento que tanta falta les hacía tras los avatares del destino.

Un escenario rodeado de cuatro farolillos de tela altos que daban una luz ténue, centros de flores rodeando el perímetro, un asiento y una gran arpa dorada esperando.

Yo, para la ocasión, llevaba un vestido en azul noche y plata, salpicado de bordados representando estrellas y martillos, acompañándolo de unos guantes largos en el mismo tono de azul. Es lo que pasa cuando Azalea se encarga del vestuario, que me toca llevar vestido.
Lire, un traje de chaqueta y pantalón en los mismos tonos, hizo sonar el violín como solo ella sabe.
Alec, Madeleine y Azalea, danzaban representando la canción.
Las chicas iban vestidas y adornadas como las estrellas del emblema Mystrense miientras que Alec, era un espejo de las ropas de Runabismo.

Presenté el evento mientras los demás se posicionaban, después caminé hasta el arpa comenzando a tocar y cantar.





De Mystra plateada estrella
De roca fuerza y gloria
Desde Edive a Khazad
Lazos de amistad se han de sellar

Tejer en el telar, la piedra picar
Mientras emblemas con hilo de plata
Se comienzan a bordar.

De momentos y vivencias,
Grabados en las mentes
De los servidores de la magia
Eterna magia nacida entre cenizas
Cenizas, magia, fuerza y voluntad

Estrella del firmamento
Entregada a una meta
Maese del pueblo robusto
Escudero de esa estrella.

Admirad lo sublime
Guardo y hoy muestro
Me siento perplejo
Porque aun os sobra un último aliento
Tesón cuando todo es adverso
No flaqueais, ni flaqueo
Pues mi voluntad es vuestro reflejo

Y a este enano, arcano
Acogistéis tutelado
Mas os juro que soy afortunado
Honrado, bajo el manto de mi estrella
Estrella,a quien rindo pleitesía
Sois Lysebeth, señora mía.​

¡Esto es una señal!​
Lo que son las cosas, resulta que ”el manomopa” me era infiel… pero no infiel con una mujer ¡qué va! lo es con el Bastión, con el cuerpo legionario…y poco remedio hay para eso, qué le voy a hacer. Yo también lo soy con mis cosas je, je, je


Estaba a punto de comenzar la última obra de teatro en Crimoor, le ví sentarse a lo lejos, uniformado, mal asunto pero bueno, también era posible que tuviesen zafarrancho en el Bastión, cosas de militares ya sabemos.

Concluimos entre aplausos nuestro espectáculo y él bajó cuando justo salía de la parte posterior, me agarró de la mano tirando de mi hacia dentro, me besó y acto seguido dijo que marchaba con Runabismo, asentí claro, yo tenía también otros asuntos lo que no sabía, es que el condenado legionario iba a pasar deckanas sin asomarse, tan sólo unos minutos y solo para decirme que el enano le había dicho que ¡ya era hora de que alguien la haga sentar cabeza! …puñetero medio metro, seguro que lo estaba disfrutando pensando en aquella escena taaaaaaaaan idílica que presencié entre él y su desaparecida mujer, encima al Fogoso se le ha ocurrido invitarle a la no - boda, carajo.

Bien, como decía, Theros se fue a sus asuntos y yo a los míos, que eran muchos pero claro, pasaba un día, pasaba otro, pasaban dos, cuatro… una deckana ¡dos y tres! y seguía sin saber nada, así que tramé mi pequeña venganza para el legionario.

Miré hacia mi arcón, ese donde guardo mis ropas, aparté lo que quedaba de mi túnica de graduado en la Arcanum, aparté el bastón, y allí estaban, un juego de medias de seda de calidad.

-Te vas a enterar, Therosín- pensé sonriendo con una malvada sonrisa.

Metí una de las medias en un paquete, lo envolví muy bien y entre ella, coloqué una notita. Decía así:
“¿Te gusta? Hace pareja con la otra, pero es una verdadera pena que no lleve el relleno dentro, la otra sí… así que ya sabes, tengo dos piernas y una sola media”


Cuando acabé, mandé llamar a un mozo del teatro, y lo envié hasta el bastión, para que uno de los reclutas lo llevase hasta Theros.

Como no había señales, volví a sentarme en el teatro, con los dedos repiqueteando sobre la mesa, mandé la otra media con el mismo proceso.

Pasaron los días y nada, sin respuesta, había que dar la puntilla y lo hice, mandé algo más, uno de mis corsés.

De nuevo, sin respuesta ¡no me lo podía creer!

Así que seguí con mis cosas, con las chicas y matando el tiempo, escribiendo y componiendo sobre todo…

Con todo lo que estaba pasando en Amn, apenas veía a Theros. Ni siquiera mis envíos parecían ser efectivos, el remate llegó al tiempo, cuando iba hacia Agujas de Oro con Madeleine. Nos paramos a charlar cerca de las murallas de Athklata y de pronto ruidos de armaduras. Era Theros con algunos legionarios, seguidos de miembros del Martillo de Sangre.

Nos giramos las dos y saludamos, para mi sorpresa, Theros solo cabeceó ¿en serio me había hecho eso? Ni una simple palabra, así que ofendida, enfadada y más aún, metí prisa a Madeleine para irnos de allí, me despedí de todos menos de él, ¡que se fastidie, pensé!

Una vez en Agujas de Oro, cruzamos el dintel de las puertas del templo, mi trovadora amiga, trataba con gestos y palabras, que no diese importancia al hecho anterior, sin mucho éxito pero creí conseguir disimularlo, ella sabía que no era así.

Hablamos con el Moneda Sagrada y éste nos expuso el problema que seguía teniendo en sus sótanos, allá que nos adentramos las dos a investigar lo que pasaba.

Nos compenetramos bien y armadas cual guerreras, anduvimos por aquellos siniestros pasillos.

De pronto, escuchamos algo y nos dispusimos a defendernos de lo que fuese que era.

Ante nosotras, una figura jadeante, armada se nos acercó. Era Theros al que no le fue difícil seguir el rastro una vez sabía desde que nos despedimos de Azalea (miembro del Martillo), ella sabía de nuestros planes.

Con voz titubeante, temerosa incluso, el decurión se dirigió a nosotras, luego a mí.

-¿Tienes un momento, Astrid?

-Phss… puede que sí o puede que no lo tenga para ti, Decurión Firecreown- Estaba dándole de su propia medicina.
-¿Qué quieres?-
- Solo quiero secuestrarte y llevarte conmigo, por favor.
Madeleine se disculpó, añadiendo que tenía cosas que hacer dejándonos a solas. El conjuró junto a mí llevándome con él, aun armada y letal.

Aparecimos en la habitación de Naskhel, retiró el yelmo mirándome con la culpa del dolor profundo en los ojos.

-¿Puedes envainar, Astrid?
- Claro, aunque tampoco voy a matarte – Envainé
-¿Podrías deshacerte de la magia que te envuelve?
Asentí y deshice la magia que yo misma me había puesto encima, le miré con el gesto airado, y con dosis de hiriente genio, respondí.

-¿Y bien? Ya he comprobado que recuerdas mi nombre, hace unas horas pensé que no, que simplemente jamás habíamos compartido nada-
Bien sabía que no era así, pero igualmente, le escupí mi enfado, aunque a la par que yo hablaba, el también lo hacía.

-Lo siento Astrid, de veras que lo siento, siento no haberte dicho nada, pero si lo hacía, te habría tomado entre mis manos besándote sin parar olvidando mi deber.

-¿Y ahora?- dije igualmente airada
-Ahora solo quiero estar con mi mujer, Astrid, y que me abraces, solo eso.

Parecía muy cansado, y reflejaba en su voz y en su mirada cuánto le había dolido pasar de largo. Pero yo quise herirle con cada una de mis palabras.

-¿Sabes acaso como me he sentido?¿Sabes cuántas ganas de apedrearte he tenido?
-Astrid, por favor, solo quiero que me abraces y sentir el latido de tu pecho, ya te he pedido perdón…
Y ciertamente, no pude continuar, porque igualmente, moría de ganas de compartir apenas un momento con él mas no podía hacerlo sin más.

-Recibiste mi “mensaje” – asintió
-Casi muero, maldita sea, rodeado de legionarios y con esto entre mis dedos…-
Sacó del interior de su armadura, mi media, sonriéndome. Fue entonces cuando le rodeé con mis brazos tal y como me pidió. Apoyó su cara en mu cuello, escondiéndola apenas e inspirando mi olor, después le besé.

Me aparté unos pasos y retiré botas y pantalón, dejando ver una sola media puesta

-Eso es mio…
-Quieres que te lo devuelva, claro
-Ajá, por favor…
Se acercó hasta donde estaba, dispuesto a colocarla pero hice que en su lugar, retirase la otra.
-Astrid, que yo solo quería un abraz… Astrid ¡por los dioses!- exclamó mientras yo desataba las cintas del corpiño dejándolo a un lado, cada vez parecía más un animalillo indefenso frente al poderoso que le puede apresar. Tragaba saliva mientras yo seguía.

-¿Y todo bien con los reclutas?-interrogaba con voz dulce mientras desabrochaba la amplia blusa ahora libre de las ataduras del corpiño.

-¿Qué? – preguntaba sin saber qué contestar, pues hacía rato que no podía escuchar nada.

La blusa, caía al suelo mientras le hablaba.
-¿Y ahora qué, Theros?

-…. Ahora, hazme tuyo ¿no?

… Y vaya que si fue mio…

-La Batalla por Imnescar y un "no-bodorrio"-​
Después de dejar claros los conceptos, cada uno volvió a sus asuntos, Theros al Bastión y yo a mis cosas.
No sé porqué me meto en ese tipo de asuntos pero tras lo sucedido en Imnescar y el problema que podría traernos incluso a La Eterna, un suceso de tal calibre, decidí acompañar a Madeleine y gente del Orbe y algunos más al camposanto de la ciudad de Imnescar.

Ciertamente no era la primera vez que me presentaba allí, ya había visto como era la situación, la cantidad de gentes malviviendo entre el caos de una selva , insectos , podredumbre y ataques , el pánico es lo peor que uno puede experimentar, sin duda.

Allí estaban los regimientos de legionarios, elfos, gente del Fénix, gente del Orbe, enanos y grupos de mercenarios como el Martillo de Sangre. La batalla por la ciudad era inminente.

Como decía, llegamos con el ocaso acercándose, la sensación de humedad, el olor a muerte, el olor a vegetación creciendo y pudriéndose tanto como los muertos que descansaban en el cementerio era casi insoportable, pero aun así, permanecí velando por Madeleine, ella no sabe luchar como yo, ella es distinta aunque sin duda, tiene otros talentos ocultos más poderosos que los que yo tenga, no obstante esa era mi función, no dejar que traspasase nada sin vida la línea que separaba a los elfos de los alzados, tras esa línea pronto se situaría una joven del Orbe, Jade.

Tesla mostraba especial interés en ella, imagino el porqué pero me la encomendó y a cada rato buscaba mi mirada y mi gesto. Yo asentía pues antes de llegar a la chica, habrían de pasar mi estoque. Atrás quedaron aquellos roces en la Arcanum y en verdad, es mucho mejor así y más sensato.

Fue realmente agotador, por eso, cuando quisieron regresar y adentrarse en las criptas del cementerio buscando el origen del mal, me negué e intenté que Madeleine no fuese, pero en un momento de despiste marchó con los demás.
Era como hablar con una pared, todos sabían que era una locura meterse en aquella situación suicida, pero sin embargo hicieron oidos sordos a mis palabras. Tymora quiso que saliesen con bien. Días más tarde tuvo lugar la batalla por la ciudad, yo, me dediqué a hacer lo posible por los que escapaban malheridos, evacuados dejando en manos de otros aquella locura. La ciudad se recuperó para Amn.


Así que, pasaron los días y sabiéndonos todos a salvo, las chicas hicieron las invitaciones para el graaaaaaan día, el día de la NO boda.

Colgué yo misma en el tablón de la Liga de La Bota y el Sendero, unas cuantas, no sé cuántas veces las descolgué ,me resistía a dar ese paso a perder la libertad y no sé cuantas otras volví a colgarlas repitiéndome que lo que iba a hacer, no iba a representar ninguna pérdida para mí. Amaba a ese legionario de tres al cuarto y aunque no necesitaba nada que lo hiciese oficial, debía cumplir con el acuerdo que hacía tiempo hicimos, aunque, ese acuerdo había tenido ciertas modificaciones.


Las chicas, se habían encargado de organizar todo, todo absolutamente pensando que si me lo dejaban a mí, Lire y Azalea se convertirían en elfas venerables mientras yo aun estaba con los preparativos, reconocen bien.
Lo único que elegí fueron dos cosas.

El lugar, La Bota Argentea en la ruta de Gambitón.
Siempre me pareció que la planta del edificio tenía forma de barco, y cuando la visité, supe que sería el lugar.

Y el vestido.
Quise que fuese confeccionado en seda, la seda que con el viento pareciese cobrar vida como las velas de un barco ante los vientos de Akadia. La falda, llevaba dos capas superpuestas dándole más sensación de movimiento, el tejido se dejaba caer sobre las caderas y muslos marcando mis formas mientras los diminutos bordados plateados en forma de olas y anclas resplandecían con la luz. El cuerpo del vestido, sin embargo era ajustado, estaba salpicado de perlas blancas y agua marinas colocadas estratégicamente para simular el color del Mar de las Espadas y la espuma de sus olas. La parte del pecho, se abría en un escote con forma de V bordado con hilo de oro y cobre formando pequeñas llamas de fuego, la espalda quedaba al desnudo con tan solo mi melena para cubrirla en parte.

Todo estaba listo o eso pensé. Regresaba a la ciudad de la Moneda cuando me crucé con Azalea, estaba dándole el traje a Theros que a su vez, departía con Jesh.

También me entregó a mí otro traje, más cómodo que el primero y más acorde para la fiesta tras la No boda.

Theros, al verme se dirigió a mi, besándome con ganas y yo besándole a él mientras notaba que mi pierna se doblaba hacia atrás fruto del romántico instante. Azalea bromeó pidiendo que dejase algo para la noche de bodas, él rió, diciendo que acababa de volver de una guerra y se alegraba de verme. Anda que si llega a saber que yo, estaba por allí…

En fin, una noche más y habría que dirigirse hacia la Bota Argentea. Procuré buscar y dar con Alfonsus, por suerte, logramos “acicalarnos” en las cascadas cercanas a la posada y después, dirigirnos hasta el interior.

Así que pasé ocultándome a los que ya se habían situado en la posada, escuché al maldito Runabismo y en mi cabeza,
retumbaban sus risas señalándome y gritando al Toril que ya era hora que alguien me metiese en vereda.

*Entre tanto, en el salón y ajenos a los pensamientos de Astrid*

-Maese, voy a buscar a la no-novia, para que se cambie, ya sabéis… el novio no ha de verla antes de no-casarse.

-Hmf... Que no se os escape, pues saben los dioses que es lo único que ronda en su mente en estos momentos...
-¿Vos creéis?
-Oh sí…- asentía el enano con cierta sonrisilla

Madeleine salió por la puerta pillándome infraganti, gritando al macaco y amenazándole con cortarle las pelotas si me hacía subir al tejado. Aunque antes que a mí, se cruzó con Theros acompañado de Lara.




-Uh... ¿y Astrid? Bonito atuendo, por cierto
-No lo sé
-Espero que no haya.... ( huido) tenido problemas para llegar…

Entonces debieron escucharme, claro.

-¡Alfonsus, que bajes del tejado!
Theros debió poner cara de “qué hace esta loca”.

-¡Baja o te corto las pelotillas!

-Vale... ésa es ella, sin lugar a dudas.
- Voy...entrando – anunció Theros.

-¡Como me hagas subir al tejado, te capo, mono del abismo! … madre que parió al macaco este…
-¡Astrid! ¿¡Astrid, donde estás!?
-¡Aquí!
-¡Ven, ven!
-¿Ya llegó?
-Hola, Alfonsus, acaba de entrar , iba con vuestra perra
- La leche... que puntual
- Con Lara, ella si que obedece, no este jodio macaco. Bueno, vamos … o lo dejamos para otro día ¿mm?
-Es una perra, suele decirse que son animales muy fieles .Los monos no sé yo... Anda, no le hagamos esperar más, nada de otro día ¡Alfonsus, que no se escape!

Y entré, llevada de la mano cual reo mientras escuchaba ahora en verdad, al enano reirse

-Vamos venga, cambiate- apremiaba Madeleine
-Vooooy
-Voy a decirle a las chicas que ya está todo listo... Oish... ¡preciosa! – exclamó al verme.
-Ya estoy... en serio morena ...¿no podemos dejarlo para otro día? Que por mí no hay problema…qué ridícula estoy, carajo
-¿Vas a dejarle ahí, esperando? Y después de todo lo que hemos preparado… te queda muy bien, Astrid. ¡Uy! Toma, te falta esto

Y allí, para rematarme mostró un ramo de tulipanes amarillos, cada vez estaba más nerviosa y más fuera de sitio.

-¿Me vas a hacer llevar eso?!
-Pero si son tulipanes...
-Madre de los dioses.... esto es para olvidarlo, osea
- Vosotros lo habéis querido.. Anda, no seas tonta.
-¿Un traguito de ron?
-No. Pero sí un abrazo
-Tengo que llevar estos floripondios ¿en serio?
-Hacen juego con tus ojos castaños y con el color de cabello de Theros, mujer
-Que desastre... bueno, te sigo
-Dame un segundo que les digo a todos que ya sales y fuera esos nervios, piensa en las veces que has actuado… los nervios terminan al salir a escena.


Y Madeleine salió, dejándome con el ramo esperando. Según parecía, tenía que aguardar a Alec…

...Y sin ron, sin ventanas no fuese que le diese el volunto de salir por ellas aguardó a que Alec entrase a recogerla, terminaba de colocar el estoque en el muslo de forma que no se notase mucho, aunque algo sí se intuía.

Mientras tanto en el salón de la posada, Lire preguntaba por la novia, las chicas de la Liga ya habían llegado y Mirriel tomaba una de las estrellas de mar con las que habían hecho un pasillo hasta llegar a lo que era un altar con dos llameantes braseros.

-Mirriel entiende… - la realidad es que seguro, no entendía nada pero toda prudente, decidió no preguntar aunque olisqueaba la estrella marina para después de mirar a los presentes, llevarse el adorno para probarlo
- Mirriel…es decoración- comentó Azalea a la intrépida Mirriel mientras ésta era saludada por Madeleine y a su vez, con la mano que le dejaba libre la estrella, saludaba a la barda.
-…Ya parecía a Mirriel que no…- volvía a catar la estrella hasta que por fin, llegó a la conclusión de que no era de su agrado dejándola en el suelo junto al resto del decorado.
-Luego hay pescado para ti, Mirriel, pescado directamente del rio cercano.
-Mirriel gusta, sí. Mirriel más convencida de venir.

Mientras llegaba el momento de la salida del brazo de Alec, los invitados departían cada uno con sus locuras.
Alec llegó a la posada preguntando con tono cantarín si era allí donde No se casaban, Mirriel dedicó una mirada ceñuda a Lara para acabar por saludar a Alec con la mano.
- Es aquí- dijo negando y riendo Theros, aguardaba ya junto a Madeleine mientras que Runabismo refunfuñaba sobre el malfario que traía negar tanto un compromiso, lo sabía de buena tinta

-Voy a ver si pesco algo por ahí atrás... –dijo Alec a Theros guiñándole mientras que Theros, asentía. Madeleine le preguntaba quedamente si estaba nervioso , el no novio, alzaba una ceja negando, por alguna extraña razón estaba casi tranquilo aunque acabó por decir susurrando


-Si no vas me parece que no saldrá- mientras tanto Azalea sacaba el arpa para empezar a tocar una melodía de nuevo, no nupcial.
-Saldrá, tranquilo
-¿Te imaginas que se escapa ahora? Preguntaba Lire a Azalea a lo que ésta respondía
-Capaz, tiene pánico- contestaba mientras hacía sonar el arpa, Lilimel sonreía ampliamente al escucharla. Mirriel continuaba echando una ojeada al suelo por si encontrase algún elemento marítimo más que llevarse a la boca, cuando descartaba la posibilidad, negaba contrariada. Runabismo repiqueteaba la bota sobre el suelo impaciente y Theros acababa por balancearse de un sitio a otro esperando que saliese esa estación.
El enano comentaba para sí mientras miraba la puerta de soslayo acusando las arrugas del entrecejo.
-No saldrá… sabré yo…
Madeleine hacía llevadera la espera mirando a Mirriel pensando para sus adentros en lo acertado de no poner una pecera y por fin, se abría la puerta. El primero en salir fue Alec y al verle, el enano volvía a pensar ¡Lo sabía, lo sabía un servidor!

Y tras Alec, asomaba Astrid con cara de ser un pez fuera del agua, con las flores bocabajo mientras se aseguraba de que el estoque no se notase, con la mano libre, cogió el brazo que Alec le ofrecía. Las chicas comenzaron a tocar la marcha nupcial o mejor, la marcha no nupcial. Astrid pudo ver la expresión de Theros sorprendido y con los ojos muy abiertos, era la primera vez que la veía con un ramo de flores.
Entre tanto, Mirriel advertía a Nephis de que no probase las estrellas de mar

-..Y encima, está Runabismo…carajo- dijo Astrid a Alec susurrando mientras avanzaba.
-Venga, vamos allá, bucanera- Ahora mientras avanzaba por la sala, Astrid pudo ver la sonrisa de Theros dibujarse, mientras que ella, sonreía viendo la decoración, dedicaba una mirada con los ojos entrecerrados a Runabismo con su aire triunfal y por fin, una sonrisa amplia a Theros que como siempre, le guiñaba complice.
Lire, en sus adentros hacía recuento, una casada, ahora solo le quedaban tres por casar.

Acabó el eterno pasillo hasta que Alec, dejó a Astrid junto al Decurión, al hacerlo, la barda se deshizo del ramo de flores endosándoselo al trovador mientras que a buen seguro, las demás estaríanpensando que sería el siguiente en casarse, cosas peores se han visto aunque el bardo, lo tomó entre las manos con cara de circunstancias. Theros acercaba el brazo hacia Astrid sonriendo mientras que ella, de nuevo inspiraba profundamentetomando la mano de él y éste con suavidad la apretaba tranquilizándola.
La ceremonia, daba comienzo, por fin mientras que en cuchicheo, las chicas de la Liga traficaban con cosas para tirar o no tirar, tras la boda o mejor dicho, no boda.

- Pst, eh. Cuando terminen hay que tirarles cosas? Mirriel sólo tiene bolas de papel y balas. – cuchicheaba Mirriel
-He traido arroz- respondía Lilimel- dicen que da buena suerte
-Para la fertilidad va bien- añadía Azalea.
- Zsi tieness dudass ess mejor no hazserlo... aunque no conozsco vuezstrass tradizsioness. Zsi ess una no-boda mejor tirar no-cozsass- concluía toda seria Nephis
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-Antes de nada, quiero dar la bienvenida a todos los presentes, tanto a los invitados como a los protagonistas de esta celebración.
Una celebración que ellos mismos denominan como su No-Boda.
Y tienen toda la razón, esto no es realmente una boda.

Azalea soltó una risilla ahogada pensando que todo parecido era pura coincidencia. Lire asentía satisfecha pues aquello era un bodorrio por todo lo alto.

-Solo es una excusa para casarse sin nervios- comentaba Lilimel a Azalea mientras que ésta le respondía igualmente en susurros- Eso pensamos todos y aún así creo que a la marinera le ha faltado un pelo para huir corriendo…- a lo que Lire, apuntaba que había pensado en eso y que antes de que escapase, inmovilizaría a Astrid pues tenía el conjuro preparado. Mirriel rompía ramitas que llevaba en el cinturón tratando de lanzarlas al brasero, sin mucho éxito pues pesaban muy poco. Continuaba mientras tanto Madeleine evitando distraerse con lo que hacía Mirriel , Alfonsus, los cuchicheos…


-Yo no soy clérigo y no poseo ninguna potestad ni ante los hombres ni antelos dioses para unir sus vidas en matrimonio pero oficiaré esta celebración por petición expresa suya
Astrid Minstreltides, Theros Firecrown.
Irrumpisteis en nuestras vidas hace ya unos años como sólo la juventud y una recia personalidad permiten hacerlo.
Astrid, a veces tormenta en un mar embravecido, a veces brisa y melodía marina que dejas que acaricie tu piel.
Theros un incendio imposible de aplacar, un vendaval ígneo que arrasa con todo.
Un buen día, vuestras sendas se unieron, vuestros destinos se fusionaron.
Empezó como un simple juego, como un entretenimiento.
¿Quién es el mejor jugando? ¿Quién ganará la siguiente batalla dialéctica? ¿hoy se arrodillará ante mí?
Yo fui una mera espectadora de la evolución de esta relación, y como tal, vislumbré el principio de algo que ellos mismos aún no habían alcanzado a comprender.
Sus juegos, sus “dimes y diretes”, esas pullas que se lanzaban el uno al otro...
... dieron paso a la amistad, y poco a poco, peldaño a peldaño, advertí cómo esa amistad mudaba hacia algo diferente.
Así es... Lo pude ver en sus miradas y en sus gestos, en la forma en la que se dirigían la palabra. He de confesar, con sinceridad ante todos, que me preocupé por Astrid así que tuve unas palabras con ambos.

A él le sermoneé sobre la conveniencia de no herir a quien no debía, de mantenerse alejado si lo único que deseaba era la diversión de una noche
A ella le avisé de que estaba cayendo lenta pero inexorablemente en las redes de Sune. Como podeís comprobar…cada uno hizo lo que el corazón le dictaminó.
Por eso estamos aquí, para festejar el amor de Astrid y de Theros, un amor cuyas férreas cadenas les unirán hasta que Amn les separe.
Por favor, las cadenas... digo... Los anillos
Si tenéis preparados vuestros votos no-nupciales, es el momento, je.

Theros miró a la marinera susurrándole.

-Empezaré yo- proclamó nervioso

-Está bien, adelante- dijo ella.
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-Han pasado muchos años desde que te vi cruzar los Páramos del Alandor, con tu forma de caminar y tu sonrisa. Me crucé contigo y no pude más que girarme para acercarme a ti, eran tiempos en los que yo era distinto al hombre que soy ahora.

Al escuchar las palabras de Theros, Astrid soltó las manos de las de Theros, retirando uno de los guantes y lanzándolo hacia atrás mientras que el novio continuaba mirándola de la forma que solo ella había visto hacerlo.

-Recuerdo aquella cena juntos en las Cinco Jarras tras alquilar la planta baja para poder estar a solas, casi obligados a llevar un traje y de mutuo acuerdo, estabas casi tan radiante como hoy.
Cada día junto a ti me he dado cuenta de las pequeñas cosas que te hacen única.
La paciencia con la que me escuchas o me preguntas como me ha ido todo, las largas esperas mientras estoy destinado, las risas juntos en nuestra habitación de la Luz del Norte, la forma en que me miras cuando crees que estoy totalmente dormido sobre tu pecho, tu carácter fuerte y tu mal genio cuando lo hago aflorar como solo yo sé. . . Disfruto de todas esas cosas nuestras que compartimos cada
día que pasa, como bien te dije : me completas Astrid.
Desde que era un crío no he sentido el calor y el abrigo de una familia o alguien que velara por mí, se que tú dejaste atrás todo lo representan esos mismos valores para ti. Ahora nos unimos para ser uno parte del otro, formar parte de lo que dejamos atrás y ser uno.
Mis días terminarán de una forma u otra pero supe desde el día en que te vi que tú formarías parte de ese final , que yo sería partícipe del tuyo y quizá con esfuerzo y cariño convertir los días que te restan a ti, en el cuento de princesas que siempre he anhelado que tuvieras.
Te amo, Astrid.

Inspiré acercándome a besar su mejilla antes de comenzar mis votos.

-Y pensar que hace tiempo habría salido corriendo, me habría divertido y hubiese dicho adiós o ...¡hasta otra!. Pero tenías razón, Lire, cuando me dijiste que había vuelto, yo quería salir corriendo, pero claro... estabas allí y no iba a a dar mi brazo a torcer.
Y ni aunque me hubiesen pasado por la quilla, hubiese admitido todo lo que tuve que admitir aquella noche en las cinco jarras y por eso, por lo que descubrí que sentía hoy…
Te ofrezco lo que soy, para que jamás dudes de mí, te entrego la sal que en mi sangre guardo...
Te entrego el mar y su brisa suave...
No escaparé aunque pienses que echaré a correr
Te doy la música que suena desde una caracola del inmenso mar
Te canto con el viento en mis susurros y con ellos, con cada uno, avivaré la llama que portas en ti. Te amo, Theros

Los votos estaban hechos, aun quedaba la parte más importante de la No ceremonia.


… Madeleine sonreía con amplitud, conteniendo a duras penas una lagrimilla de emoción, ya que como oficiante de la ceremonia, debía guardar cierta compostura Lilimel en susurros eclamaba un “Oioioioioioi” tan largo como la charla de un sacerdote en horas altas mientras sacaba su tesoro particular, unos paquetitos de papel rellenos de arroz.

Theros asentía a los votos de Astrid acercándose para besar su mejilla como anteriormente, hizo ella, sonreía, ambos sonreían. Runabismo no se acababa de creer el asunto apoyándose sobre su bastón.

Nephis, conocedora de las costumbres de Lilimel, miraba a la mediana con cara de estar pensando qué era un poco tarde para ponerse a cocinar arroz, la verdad es que le eran desconocidas ciertas tradiciones locales. Mirriel, contemplaba y escuchaba pensando que aquello era una representación de poesía dándole la importancia debida mientras que Alec, miraba de reojo a Alfonsus que hacía rato se había colocado a la vera del trovador, dándole la manita interrogándose si era posible que el macaco, pudiese ponerse a lloriquear tal cual le pasaba a él ya que cabía la posibilidad de que lo que Astrid contaba sobre el mono, en otro tiempo mago, fuese real. Era una panda de sensibleros de aupa, desde luego.


-Podéis colocaros los anillos de no-compromiso- dijo Madeleine haciendo gesto a Lire de que los acercase. Eran simplemente preciosos y representaban lo que cada uno de ellos era, fueron regalo de las chicas de la Eterna Melodía, sin lugar a dudas.

[Anillo de Theros: Esta alianza de no-boda ha sido forjada en oro conteniendo un rubi que recuerda al fuego y las llamas que brotan entre los dos amantes, formando parte de un juego de dos, esta alianza” Corazón de fuego” hace juego con la pareja “Melodía marina” formando dos piezas únicas que encajan si se colocan juntas de forma inequívoca una con la otra]

[Anillo de Astrid: Esta alianza de no boda ha sido forjada en oro y contiene un diamante azulado que recuerda a las mareas, las bravas corrientes y las tempestades desatadas entre los dos amantes. Formando parte de un juego de dos, esta alianza “Melodía marina” hace juego con la pareja “Corazón de fuego” formando dos piezas únicas que encajan si se colocan juntas de forma inequívoca una con otra]

Theros tomó el anillo Melodía marina sujetando la mano de la barda más marinera mientras que Runabismo, Azalea, Lilimel, Nephis y Lire traficaban con el arroz y pétalos de flores, el joven khosuita dijo mientras deslizaba el anillo en el dedo de astrid



-Este anillo simboliza nuestra eterna unión, con él te desposo- A lire solo le faltó dar saltitos pensando que ya era hora de llamar las cosas por su nombre, llegaba el turno de la marinera mientras Azalea levantaba la ceja seguramente analizando eso de “te desposo” en lugar de “no te desposo”. Madeleine susurró al hasta ahora decurión.


-Te no desposo, osea ¿no? Vale, pues… bueno - su cara era de ¡ha dicho desposo, ha dicho desposo!

Azalea mientras sonreía sospechosamente, quizá pensando en lo que aquello era o no era o si que era, a saber, su cara era de querer gritar a la marinera a viva voz que aquello era una encerrona puesto qué él, sí que era un sacerdote, de Kossut, pero sacerdote.
Llegaba ya el momento de la verdad, el turno de Astrid que tomando el anillo Corazón de fuego entre índice y pulgar miraba de reojo a las bardas, a las ligueras, al enano, y de fondo, al bardo sensibleras junto a Alfonsus.

Astrid miró a Theros inspirando y continuando.

-Este anillo, representa nuestra… nuestra… nuestra nuestra unión y con él… -tragó saliva y volvió a mirar de reojo a las demás. Lire parecía animarla cual animadora en una carrera de caballos, solo le faltaba correr y acabar de meter el anillo en el dedo, Lilimel era la personificación de la contención mientras que el enano miraba a la barda fijamente, en vilo ya. Theros sonreía sin dejar de mirarla. Atrás el bardo más sensible de Amn, alzaba las cejas tantas veces que parecía tener un tic, todo, empujándola mentalmente a deslizar del todo el anillo en el dedo del sacerdote.

-…Y con él yo…

-Vengaaaa- susurraba pero no tanto, Lili. Alec pensaba si funcionaría si le lanzase a Alfonsus y Jesh, compañero en la legión imaginaba que ahora le dijese que no.
Runabismo, quizá por experiencia se decía para sí que la diosa de la desgracia asomaba, lo olía.

…Y con él- otra vez volvía a comenzar, pensando en salir corriendo como siempre aunque sabía bien que no iba a hacerlo, Theros estaba tranquilo sabiéndolo tan bien como ella, Lilimel pedía a Mirriel que animase a la barda, y ésta lo hizo lanzándole unos granos de arroz a modo pedrada y advirtiéndole de que o lo decía ya, o lo próximo sería el saco entero, capaz era.
Alec, se iba posiocionando a lo tonto en el camino de la puerta dispuesto a bloquearla si hacía falta, Runabismo se alzaba sobre sus pies de puntillas, con cara de maldecir por hacerle pasar tal presión. Al final, todos animaban a Astrid a grito pelado, ella miraba el anillo y miraba a Theros.

… Y con él, yo te desposo ¡aunque no pienso llamarme Firecrown!- Ahora todos estaban resoplando, Theros soltó ya una carcajada y en el sector de los asistentes se escuchó un sonoro Catapum, el enano caía de espaldas perdiendo el equilibrio con tanta expectación.
Theros se acercó hasta la barda, besándola con intensidad ante los aplausos y las felicitaciones de los asistentes.



-Pues... yo os declaro... ¿marido y mujer? – Astrid besaba con las mismas ganas a Theros rodeándole con los brazos en un abrazo cálido…

… Y una lluvia de arroz, pétalos de rosas, envoltorios de paquetes de arroz con el contenido dentro y alguna que otra cosa más, cayó sobre los dos. Runabismo refunfuñaba maldiciendo a “esa maldita truhana de alfiler” a la par que miraba con gesto reprobatorio a Nephis por tirar bolsa y contenido a la vez, a lo que esta ponía cara de “esto es lo que me han dicho que haga” Jesh como el resto, lanzaba vítores a los novios mientras que la pareja continuaba besándose, protegiéndose del arroz que lanzaba Mirriel con saña y energías. Theros acariciaba la mejilla de la barda susurrándole algo en tono divertido. La había engañado el maldito, le había ganado la partida por la mano, años habían pasado para conocer al vencedor.

-¿Quién necesita un clérigo?- dijo él
- Eso es… teniendo un bardo a mano ¿verdad?- contestaba ella mientras que Alfonsus el macaco, se soltaba de la mano del bardo más sensible de Amn corriendo hacia Astrid rodeándoles a mabos con los largos brazos, Theros miró al macaco con gesto divertido mientras Lara, lará se unía a los cariños.

Alguien dijo en voz alta que era el momento de comer y beber mientras que los invitados se acercaban hasta la pareja.
Lilimel encabezó las felicitaciones.

-¡Habéis sido muy valientes! ¡Sois un orgullo!
-¡¡¡Que bonito, enhorabuena a ambos!!! – continuaba Azalea


Theros agradecía las felicitaciones con una sonrisa de oreja a oreja mientras que Madeleine también se agregaba a las felicitaciones y Alec, les deseaba que durase muchos muchos años.
-¡¡¡Que Sune bendiga a los novios!! y Lathander de paso con muchos niños!! – gritaba emocionada Lire.

-Vaya familia ¿no?, comentaba en voz baja Alec a Madeleine y a su vez, Mirriel afirmaba que podría comerse al mono si no le daban peces pronto, tenía hambre la criatura. Alguien dijo que la novia debía lanzar el ramo, así que Astrid se lo pidió de nuevo a Alec y encaramándose a la espalda de Theros se dispuso a hacerlo.



-¡Guapa!! lanza el ramo!!! – chillaba Lire
-¡Eres la envidia de todas las mujeres! – Anunciaba Lilimel tomando posiciones estratégicamente para hacerse con el ramo-trofeo.
-Espera Nefis, que ahora es ella quien nos lanza cosas. Esto es batalla- Aclaraba Mirriel a Nephis poniéndose seria ante la estupefacción de la última.


-¿Lo qué?- preguntaba en voz baja la de Mulhorand
- Que Astill nos lanza cosas ahora. Será batalla, dice Mirriel, por haber lanzado arroz y cosas esas.- explicaba Mirriel a la sacerdotisa

A la espalda de Theros, Astrid lanzó el ramo a las chicas observando la escaramuza de Lilimel, el empeño de Lire, y los zarpazos de Mirriel si es que pasaba cerca, por puro instinto. Nephis esquivaba el ramo-proyectil.

El ramo-trofeo fue directamente a las manos de Jesh, dando algun traspies sobre la cabeza de Made, las manos de Lili, las zarpas de Mirriel que viendo el intento, arrugaba una bola de pergamino lanzándosela a Astrid con felinos reflejos

Theros reía a carcajadas tras unos susurros de Astrid, el joven aprovechó el jaleo para darle un corto beso y tras eso dar una palmada y exclamar.

-¡A comer!

Corrieron todos, hambrientos tomando posiciones para que se les sirvieran las viandas. Llegó el momento mientras tanto, de los primeros regalos. Comenzaron los componentes de La Eterna melodía.



- Nuestra querida Azalea ha escrito esta tonadilla dedicada a los no-novios, y cómo no, la ha titulado así: La no-boda – Presentaba Made
-¡¡A los Novios!! ¡¡Que esto es una boda!! Ya la ha desposado- replicaba Lire mientras que con el natural descaro, Astrid le contestaba.

-¡¡¡Eso, cuando consumemos lo consumible!!!- Theros reprimía una carcajada mientras la tonadilla empezaba. Y a medida que las bardas cantaban, apretaba con suavidad la mano de su ahora, esposa.

Había una vez una marinera
Y esta no era mujer de mar cualquiera
En la tierra se tuvo que quedar
Poniendo siempre su vista en el mar
– Continuaba Lire-
Como iba a imaginarse entonces ella
Que paseando como siempre, muy bella
A un sacerdote Fogoso iba a ver

y que tras mucho sacar y meter…- Aquí la cara de Lire era de querer añadir “¿eing?” y los ojos de Theros se abrían como platos mientras que Alec, proseguía el soneto.

-Ropas en el baúl, a ver qué crees...
Hizo lo que negó más de una vez...
¡Del de Kossut ella se enamoró!
Y cuando pueden, juntos, van los dos.

Era el turno de Madeleine, quien supo como acabaría todo desde casi el principio.

Dos independientes huyen de bodas
A pesar de que queríamos todas
Para ellos la “no boda” organizamos
Así nuestro cariño demostramos
Espero que os haya gustado, feliz pareja decía alegre Madeleine, Lire volvía a repetir lo de los hijos, a lo que Mirriel añadía que ella quería el primero si hubiere, pues nadie mejor que ella para criarlo y enseñarle, Madeleine ofrecía dos cajitas finamente elaboradas. Lire una ropa especial para la noche de bodas, a saber,
-Y para culminar este presente bárdico... os ofrezco estos presentes con una dedicatoria especial con el significado de cada uno


Para Theros, una preciosa concha marina que presentaba una superficie iridiscente que resplandece con un sutilfulgor azulado. Cuando te la acercas al oido, comienzas a escuchar relajantes susurros que evocan la delicadeza y suavidad de la brisa marina recorriendo tus cabellos y acariciando tu piel aunque a veces, puedes percibir el sonido del fuerte oleaje durante la tormenta.

Un regalo de los miembros de La Eterna Melodía para conmemorar la fecha de la No- boda que unió a Theros Firecrown y a Astrid MinstrelTides durante el verano del año 1.471 CV.



Para Astrid, una maravillosa lámpara de aceite fabricada en bronce, y decorada con motivos que rodean su parte central y que representan las llamas de una hoguera abrazando un corazón.
Cuando se enciende su mecha, de ella emana una luz rojizo-anaranjada que aleja cualquier sombra a tu alrededor, reconfortándote como si te estrechara entre sus brazos la persona a quien más amas.

Un regalo de los miembros de La Eterna Melodía para conmemorar la fecha de la No- boda que unió a Astrid MinstrelTides y a Theros Firecrown durante el verano del año 1.471 CV.

-¡Y no iba ser menos, el Pueblo Robusto a tenor de las dagas lanzadas por, bien sabe ella, aquí presente!
¡Sin duda también he traido regalos! ¡Jo, jo! - Anunciaba el enano metiendo la cabeza entre Astrid y Theros susurrándole aunque no tanto a la bardo, que la venganza sabía mejor fría. Deslizaba la mano a una bolsa sacando otra más y ofreciéndosela a la trovadora, ésta le besó la mejilla solo por fastidiarle abriendo el paquete.

-Para Astrid, también conocida como la Truhana de Alfiler, desde aquí hasta el mismísimo Edén...
Y a sabiendas de lo que por su crue... característica mente sucede, y en signo de amistad, pues véase en ellas que un Runabismo siempre prepara a sus allegados... – se abría el cierre mostrando unas botas con adornos en brillante plata,
-Calzadlas cuando, de seguro, querráis evadir a vuestro esposo...
-Celebro que se los hayáis dado ahora maese, y no antes- añadía Theros mientras que el enano le pasaba la mano por los hombros y proclamaba-
-Pero ah... Quién ha sufrido por conseguir tamaña cabeza alocada... Metió la mano en el saco una vez más y extrajo otro paquete, de igual envoltorio pero algo más pequeño
-Usadlo, pues por mucho que el ciervo quiera saltar, si atento y oculto esperáis, jamás podrá escapar... – Le revolvió el pelo en un gesto paternal y al oido le comentó- ¡Buen trabajo, legionario!
-¡Lo usaré maese! no dejaré que se me escape
-Sea el Mordinsamman testigo de vuestro no-enlace... ¡Y que me cuide de que tales palabras lleguen a los míos! ¡Jo, jo! ¡Felicidades!

-Pero antes que empecéis! – Pedía atención Lilimel- La Liga de la Bota y el Sendero también tiene un regalo para vosotros.
Por supuesto habría sido desalentador que nosotros nos hubieramos presentado aquí sin nada entre manos- sacaba de su bolso un estuche de cuero, cilindrico
Luego sacó una caja de madera tendiéndosela también.

Cuando Astrid los abrió comprobó con emoción de qué se trataba. Una carta de navegación con todo lujo de detalles que iba mucho más allá de la Costa de la Espada y en la cajita, los mejores instrumentos de navegación que se podían encontrar

-Los podréis usar para... Nuestro regalo no sólo son las cartas y los instrumentos de navegación, sino que tenéis ahora un viaje que realizar hacia ese lugar
sino que tenéis ahora un viaje que realizar hacia ese lugar. Recomiendo que sea un viaje privado, tomadlo como un viaje de novios.

Ahora era el turno de Jesh, en el que ofreció unas palabras a los contrayentes, el Optio fue el único miembro del Bastión al que Theros invitó.



-Bueno, como he dicho antes también he traído mi regalo, que no consiste en objetos ni nada.
Esto va dedicado a mi camarada y casi hermano dentro de la Legión, va por ti Theros.
Los años junto a ti, me han dejado ver que dentro de ese serio rostro y actitud ejemplar, se esconde una gran persona. Los años compartiendo frente junto a ti también me ha dejado ver que eres un combatiente y legionario poco común, me refiero a que tus técnicas y modales son increíbles y pasará tiempo en aparecer o imitar a alguien como tú.

Y por eso quiero decirte que, primero, puedes contar conmigo, cuando estés solo y te haga falta un buen amigo, siempre que te duela el corazón amigo, te digo, que puedes contar conmigo.
Se me hará raro pasear el patio de armas sin tener a una persona que ha que ha compartido barracón conmigo en tantas ocasiones.
Con Astrid has encontrado tu camino a seguir, sigue así camarada te lo has ganado y te deseo todo lo mejor.

Ya era oficial, Theros había pasado a la reserva de las tropas del Bastión, quizá en cualquier momento le reclamasen de otro de los lugares en que la Legión tenía tropas pero eso estaba por verse aún, o quizá iba a dedicarse a cuidar a Astrid y colgar las armas. Theros agradeció las palabras de Jesh

-¡Sangre y Acero!- dijo una vez más llevándose el puño al pecho y al levantarse, se fundió en un abrazo con el optio
-¡Que Tempus guíe tu senda, camarada.- Apostilló el legionario -
Bueno, para que una persona no se quedase celosa... he decidido hacer una dedicación para ella.
Esto va dedicado a Astrid, la barda distinta.
Para Astrid también tengo palabras, aunque se diga lo contrario. Lo que puedo decir es que es una gran persona, una persona que te hace sacar una sonrisa cada vez que charlas con ella.
También la conozco desde hace años, podría decir que igual o más que Theros y lo único que me ha dado son buenas sensaciones.
Astrid, te puedo asegurar que con Theros, no te faltará de nada así que disfrutalo ya que de la Legión, se ha despegado para seguir creciendo como persona.
Que hombres como este no se encuentran dos veces así que... ¡follad como conejos!
¡Vivan los novios!

Las chicas debieron pensar que no hacía falta que nadie hiciese esa recomendación mas aplaudían asintiendo mientras que el resto disfrutaba de las viandas que no paraban de llegar.
¡Ahora si podéis procrear!- anadió Runabismo, estaban todos obsesionados con los bebés por lo que parecía, todos, menos Astrid que aun no tenía la menor intención de traer un hijo al Toril
-Hablando de... bueno, que cuando lo deseéis, tenéis una habitaciòn preparada en la posada – anunció Madeleine- cuando estéis cansados, sí. O… queráis subir..
-Eso, cuando queráis subir a cansaros – reía Azalea mientras
-Y allí veréis nuestro último regalo... – puntualizó Alec con el gesto picaro mientras que Theros preguntaba qué se traían entre manos los bardos, como respuesta, Azalea le dijo que nada de forma poco convincente.
-Bueno, tendremos que echarle un vistazo- dijo Theros a Astrid medio riendo, la marinera asintió y allá que subieron a la habitación. Al abrir la puerta de la alcoba y echar una ojeada, Astrid rompió en carcajadas pues la habitación era un reguero de flores rojas, naranjas y amarillas emulando las llamas y sobre la cama… sobre la cama yacía una red de pesca sujeta a la madera del lecho y sobre ella, un gran timón anclado al colchón, básicamente no habría forma de usar la cama pero Astrid girándose a Theros que también reía a carcajadas maldiciendo a los bardos, dijo

-Bueno señor Mintresltides, me temo que el lecho, va a quedar tan pulcro como está ahora a no ser que…
-Señora Firecrown, ese lecho va a ser usado aunque …
Y los dos a la par se pronunciaron alzando las cejas:
- ¡Con mucho cuidadito!


Lo que allí pasó, es otra historia pero si alguien preguntase al posadero de la Bota Argentea, éste podría decirles que tras dos días y sus dos noches, se vio salir a la pareja caminando mientras sus piernas se doblaban…

Y así fue, como la pareja más insólita, peculiar, inconcebible puso el broche final a varios años de tiras y aflojas, juegos y apuestas, treguas y pullas donde nada era lo que parecía y nada parecía lo que era, demostrando una vez más, que Sune hace lo que le place y castiga a quien no la adora con verdaderas bodas aunque se tilden de No Bodas.
 

Tuliosoyyo

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Lilimel y La Liga de la Bota y el Sendero​

Bien hallados seáis a todos los que estas letras atendáis, ha llegado la hora de escribir esta prosa a cierta miembro, inusual, peculiar y poco igual del pueblo Hin.

Hace ya largo tiempo, que mi sombrero a La Liga de la Bota y el Sendero, fue a parar, mas no parece tanto, pues es un buen lugar para estar.

Es muy normal, que en el camino de los Senderos, los niños de Lilimel, acabemos yéndonos por otros derroteros, más aún, cuando algo nos recuerda a un buen platillo y el hambre despierta nuestros sentidos.
A todos nos alimenta, con sus dulces y pastelillos, todos unas libras de más, hemos cogido. Pero como allá donde haya un Sendero estaremos los Ligueros, no tardan en bajarnos esas lorcillas que en nuestros panderos se querían depositar ¡Viven los dioses, que se van!

Tiene una especial predilección por su lado del sillón. En la época de calor las corrientes de aire de unos ventanales y otros hacen correr la brisilla evitando el ardor, en invierno, está cerca de la chimenea, pero no tanto como para que sea demasiado el calor, le permite ese lugar, mirarnos a todas y pensar ¡qué no me llenen de animales el lugar!

Ahora, en su estado muy sensible está, aunque aun se mueve sin dificultad. Es Lilimel, una Hin muy particular, alejada de prototipos que a su pueblo se le da.

Curiosa por naturaleza es, lo que hace que guardianas deba tener, yo soy pluma y guardiana y estaré detrás con Grilel por si le hace falta.

Resumo en pocas letras el estado tan especial en que se halla, pues no hace muchas lunas muy seria se me acercó y mi mano cogió
-Astrid- me dijo
-¿Qué?- respondí yo

Quiero que me digas si vas a seguir soportándome como la carga que soy
Pero si no eres muna carga, Lili.- le dije
Lo soy y estoy orgullosa de serlo
Si es así, entonces sí, orgullosa de cargar contigo
Dejó entonces un anillo de plata en mi mano, símbolo de tal promesa. Puede parecer absurdo, pero así somos en la Liga, locos, osados, caminantes, trotamundos y trota-senderos, golosos, comilones y también ¡Boteros!



Y también Mirriel, tiene unas letras, como no podía ser menos, con aroma de mero.
Con la tinta de un calamar yo, “Astill”, hago correr las letras sobre el pergamino, que de poder haber podido, habría escrito en un nenúfar, pero es que tiempo… no he tenido.

Mirriel, la que se sienta frente a Lili, al ladito de Nephis es la Botera que cuando nos nombra tiendes a pensar que llama a otra que se llama casi igual.

Yo soy Astill, Madeleine es Magdalene, Azalea es Cefalea y Greta es Jeta, nombres sin duda imposibles de olvidar…
Aparte del pescado, crudo por supuesto, hay otras cosas que a Mirriel pueden deleitar, las cosas brillantes, gemas, en particular. Cualquier día le pregunto si es que las colecciona.
No le gusta el agua, ni hablar de embarcar quiere, todo lo que sea previniendo que se vaya a ahogar.
Y Nephis, la sacerdotisa de tez morena, tan callada y formal, pero es que le ha tocado, a Mirriel aguantar. Paciencia es su segundo nombre, paciencia el apellido y paciencia el mote.

Nadir, otro Hin, el rey del puchero, porque cada vez que nos ponemos el camino del sombrero ese sin fondo, cacerolas y platillos comienza a sacar, Gambitones por docenas, para empezar a picar.

Y es que en La Liga de la Bota, no hay ni uno normal y orgullosa como pocas, de ello me voy a felicitar.
¿Quién quiere ser como el vecino? ¡Me parece un desatino!
¿Quién quiere ser como otro? ¡Carajo, por supuesto que yo no!

Y en la Liga ¿Quiénes somos?

Pues a eso si te podré responder…. Lilimel, Mirriel, Nadir, Nephis, Siete, Madeleine, Greta, Azalea y Astrid , porque allá donde haya un sendero, allí estaremos con nuestros mapas los Boteros.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Un día cualquiera de la Eterna Melodía. Diccionario Mirrielnizado​


Aventuras, o mejor…algunas aventuras y el resto desventuras es la manera más adecuada de llamar a las idas y venidas de La Eterna Melodía cuando no estaban componiendo, o haciendo trabajos para el resto.

Ante todo, nos gusta cantar las obras de héroes que de no ser así, caerían en el olvido o no se transmitirían pero a veces nos convertimos nosotras mismas en protagonistas de una alocada historia, no por ello menos digna de mención.

Siendo así, cualquier cosa que nos llamase la atención o que despertase nuestra curiosidad se transformaba en el principio de un plan en pos de encontrar algo reseñable y por eso, llegamos aquel día a la posada del Cuervo negro en Athklata.

Todos le preguntaban o se preguntaban a ellos mismos, qué escondía aquella puerta tan misteriosamente cerrada a cal y canto, nosotros, no éramos menos pero el enano posadero solo nos gruñía como respuesta.
Nuestra aventura realmente comenzó en otra parte de la ciudad, en el Paseo de Wauken donde mirad que Tymora nos sonrió y encontramos la respuesta junto a una llave curiosa y dorada como pocas habré visto.

Decididas como somos nos citamos al alba de un día cualquiera en la taberna colocando la llave en su lugar. La puerta cedió y ante nosotras un portal. No era sin embargo un portal cualquiera, no, sólo podía ser cruzado aquel a quien el mismo escogiese por su preparación para lo que aguardaba tras su mágico paso.

Y allí que cruzamos, Lire, Azalea, Madeleine y yo misma, dispuestas y prestas a dar rienda suelta a nuestra curiosidad. Sí, aquello se mostraba cada vez más interesante.

Llegamos a otra especie de posada destartalada, parecía que estaba en ese estado desde la misma creación de los Planos, no me extraña visto lo que aconteció.

Criaturas aladas, sí, aladas, criaturas de otro plano nos recibían a la par que nos advertían pero nosotras continuamos igualmente, arrojadas como siempre.

No podíamos imaginar lo que vimos tras cruzar el dintel de una puerta, ante nosotros se abría lo que parecía un pueblo rodeado de candente fuego, de árboles petrificados levantándose fantasmales sobre sí mismos, ni resto de plantas ni resto de nada mas continuamos ávidas de saber.

Poco tardó en truncarse todo, se torcía la aventura pues los moradores de aquel lugar distaban mucho de ser simplemente dañinos, súcubos, arañas mágicamente gigantescas pero no cualesquiera no, eran las temibles Bebilith, acompañando en el caos a criaturas demoníacamente crueles, Balores que muy dispuestos se ofrecían a arrancarnos nuestra propia vida.

Sí, fue complicado sortearles, ya no había lugar para las risas, en vez de eso las palabras de precaución, yo había dejado en la puerta de entrada toda mi locura transformándome en lo que era cuando entraba esa suerte de vicisitudes.

Estocadas certeras, magia bárdica desatando lo que pocos pueden soñar, gritos de propia guerra, cánticos de heroicidad y avanzar por aquel inhóspito sitio.

El calor, el calor era suficiente para ir agotándonos, y las heridas perpetradas de aquellos que nos salían al paso, dolían en lo más profundo de nosotras pero seguimos, seguimos sin querer dar un paso atrás.

Inspiramos una vez más, nos miramos y asentimos cuando llegamos a lo que se levantaba como un edificio enorme, abrimos su puerta y aunque habíamos sido cautelosas nada pudimos hacer.

Pareciese que nos aguardaban, entre maldiciones y risa femeninamente cruel nos hacían partícipes del futuro inmediato, íbamos a morir. Palabras arcanas poderosas, más de lo que nosotras sabríamos manejar, magia que deshacía la nuestra propia dejándonos como un bebé a merced de los elementos. Bolivar, así se presentó aquella maldita bruja con más poder del que nunca ví, peor aun que esa mal nacida de Felicia y eso, que solo intuí el poder de la directora de la Arcanum tuvo en otro tiempo.

No sé cuando caí, ni cuando cayeron las demás pero al despertar en un templo cualquiera, lejos de sentir mi amor propio por los suelos, dije que volvería, las demás también, por fortuna, Lire y Madeleine lograron huir arrastrándonos mientras la risa de esa mal nacida de Bolivar resonaba en aquel lugar…
Pasado y Presente


…Una diminuta columna de vapor salía del líquido blanquecino, leche, para más seña, de cabra dispuesta para el desayuno.

-“Si los dioses quisieran que bebiese leche, digo yo que me lo habrían hecho notar, es verdaderamente desagradable a mi paladar, pero me toca hacer el esfuerzo.”

[...]

…A través del cristal se podía apreciar aquél color tan sutil, aquellos destellos dorados envejecidos, aquel aroma y aquel sabor entre dulce y fuerte ¡Ah, el ron, el ron, bebida suculenta a la que todos debieran rendir pleitesía!

-“Trae acá la botella, puedo beber un par de ellas sin pestañear, yo, he crecido entre barriles de Ron, grumete de tierra firme”
[...]


Un hondo suspiro salía de los labios de Astrid mientras volvía a aquél insípido tazón de leche, con miel, que iba a ser el comienzo de su desayuno. Ya había pasado una estación desde que su alojamiento era más o menos fijo, en Amnagua, estaba a una pedrada de todo, y las granjas de los alrededores a veces, podían arrendarse, eso hicieron ellos. Astrid fue la que instó a hacerlo, seguramente como pago por la afrenta de aquella No boda, que resultó serlo pero que de todas formas, iba a cobrarse como tal, si algo era la trovadora, era retorcida, con cariño, pero retorcida.


La vida en la granja, o mejor… la estancia en la granja, era cuanto menos poco creíble para quienes les conocían a ambos. Ciertamente imaginarse al gallinero como si fuesen Los LLanos Exteriores de Athklata tenía su gracia, de tener más tiempo seguramente habría dado nombre a las gallinas y también al gallo del corral, pero el gallo cambiaba tantísimo que era poco menos que un desperdicio de energía.

Eso pensaba la barda mientras salía con su tazón de asquerosa leche de cabra humeante en una mano y en la otra un saco de maíz. Acababa por dejar el tazón en cualquier lado disponiéndose a lanzar aquel maíz como si de proyectiles de cañón se tratase,

-¡Niooooooooooooooobuuuum!-clamaba Astrid mientras las aves se arremolinaban en torno a cada dorado grano de cereal, aquello parecía una jauría de orcos intentando devorar al incauto que se había atrevido a entrar en su territorio.

… Hacía varias jornadas que habían embarcado en el puerto de la ciudad de la moneda, el destino, una de las numerosas islas del mar de las espadas. Se decía que en el interior de aquella tras sortear innumerables piratas de toda raza e índole y medirse con una tipa con modales de semiorco el paso estaba casi abierto a otro islote muy distinto.

Sólo una escasa hora o dos caminando por la fina arena, con el olor a mar a la espalda y el gusto de la sal en la boca, las primeras escaramuzas llegaron, el ruido de los estoques y sables era francamente musical por no hablar, de los insultos piratescos que resultaban tan familiares a Astrid, sin duda, por más tiempo que llevase considerablemente civilizada, ese lenguaje formaba parte de ella y en verdad disfrutaba escuchándolo junto al calor de la sangre pugnando entre sus venas.

En esos momentos, no era una trovadora más, no señor. En esa tesitura emergía con fuerza la marinera, en otro tiempo hija de piratas de las Nezlhander, ahora ciudadana ejemplar y esposa amantísima aunque sin duda alguna, continuaba siendo la que era años atrás.

Grilel, el estoque arrebatado tiempo atrás dejaba de serlo para pasar a nombrase como realmente ella le conocía, La saca ojos. Música celestial para la barda que se empeñaba en encontrar las notas musicales entre la danza de estertores, magia e improperios propios de una escaramuza como aquella.

… Ya no salía el vapor de aquel asqueroso líquido, había logrado dejar tuerta a una de las gallinas ante la atónita mirada de Theros, desde luego la vida que tenían era una verdadera broma a ojos de todos sus conocidos pero ¿y qué? Los que no les conocían podrían haber imaginado que era una forma aceptable de vivir pero los demás, sus amigos, conocían perfectamente que aquello era solo un ardid del destino, algo efímero que en cualquier momento podría cambiar. Por más que Theros criase gallinas y ella ejerciese de ama de granja, aquello que llevaban dentro no desapareció y tarde o temprano volvería a aflorar con furia hacia fuera.

Astrid suspiró profundamente una vez más, y su mente volvió de nuevo a las islas de alta mar, al islote donde un poblado había sido pasto de las llamas, donde las casas se alzaban con un rictus cadavérico y donde solo reinaba un ser abismal, un ser diabólico y demoníaco al que nunca antes se habían enfrentado y que por un instante pensaron derrotado pero solo fue un espejismo.

[...]

…” Por fin, por fin… por fin no tendré que soportar estar sentada tanto tiempo escuchando un discurso que no me interesa”

Se levantaba del asiento haciendo mover la oscura y desordenada cabellera, tan solo sujeta por un pañuelo de vivos colores anudado en la cabeza, no había forma humana de que la trovadora emplease el tiempo en debates, ella era mujer de acción, mujer de pasión y mujer sin ataduras, aquellos dieciséis años eran un torbellino de descaro y juerga.

[...]

…“Está bien, contad conmigo para esa reunión, no sé de que se trata pero allí estaré representando a la Eterna Melodía”

Menos de una década, apenas un lustro de diferencia entre una escena y otra, ya no usaba el pañuelo anudado ni aquel chaleco abierto y corto sujeto por una simple cadena dorada que mostraba sin decoro el pecho firme y dorado por el sol. Ahora un sombrero arrebatado tiempo atrás en Puerto kir le cubría la melena ensortijada y pulcramente cuidada sin parecer estarlo, la piel seguía estando dorada pero ahora, aquella indumentaria sonrojante había dado paso a una rica casaca corta de terciopelo negro, sobre camisa con ribetes de encaje y botonadura de azabache que usaba para los actos serios. Pasaría seguramente varias horas atendiendo a las palabras y dando en nombre de los demás bardos de la compañía, su parecer.

Poco había de distinto en Astrid a pesar de lo exterior, suspiraba mientras llevaba hacia la alcoba a su ahora esposo, mientras le hablaba con aquel gesto canalla que la caracterizó siempre. No distaba mucho de aquel día en la Luz del Alandor donde sin dar el brazo a torcer, desataron una erupción volcánica que arrasó todo.

Podía parecer la trovadora cambiada, pero simplemente se había adaptado al medio, se había vuelto alguien respetable y respetada pero que a pesar de todo, a pesar del teatro, de la diplomacia, del arte del trovador era ante todo, alguien que seguía teniendo y haciendo resaltar la aventura en cada acto de su ser.

EL KHONDAZANO MIRRIELNIZADO​
- En continua edición-


En una quimera del bien para con el resto, Astrid decidió tiempo ha, que el resto de Faerûn debía conocer la particular versión del Khondazano que la Botera Mirriel, usaba.
Un manuscrito en post de las generaciones venideras, una suprema guía para aquellos que se la cruzasen y conversasen con tan peculiar criatura.

Empecemos por nombrar, la forma particular de llamar a las cosas generales, Mirriel con el gesto de “esto es así porque así debe ser”, se refiere a Cosa… esa o cosa esta.
Recuerdo el día en que puse mi cuerpo Amniano, Amniano porque buen dinero me costó la ciudadanía, en la Liga de la Bota y el Sendero.

Allí me explicaron varias cosas a tener en cuenta, siempre…siempre y sin duda, la más importante era no sentarse bajo ningún concepto en el sitio de Lilimel, Hin de pro.

Allí entramos en faena comenzando por la presentación y aunque ya conocía a todos, mejor dicho todas, porque la mayoría femenina en la Liga es indiscutible y así se lo hago saber a quien sea menester.
Empecemos pues...


Los miembros:

Khondazano- Mirriel o Mirriel –Khondazano, que en este caso aplica eso del orden no altera el producto.

Greta- Jeta: Mujerona de buen ver residente en Purskull, bardo y comerciante.

Madeleine- Magdalene: Erudita entre las eruditas, morena de melena, barda famosísima, Miembro del Orbe y un sin fin de cosas que por no aburrir no cito. También heroína de Amn. Nacida en Crimoor pero residente en Purskull.

Azalea- Cefalea o Azada, depende del momento: Elfa monísima, residente depende de la temporada, miembro del martillo de Sangre y co-responsable del Amniano.

Astrid- Astill: Servidorahumilde(¿?), inventora del primer artefacto flotador, barda reconocida, y más cosas que, para no saturar, tampoco voy a citar.

Nephis- Nefis: Traducción similar entrada en la cabeza a base de bastonazos. Sacerdotisa de Mulhorand, residente en Amn.

Anhol- Frijol: Un joven por edad, porque por carácter es viejo… viejo, desconozco donde reside, creo que en mitad del bosque, acostumbra a imitar a los bicho-palo.

Otros:
Aron- Arroz: Arcano de buen comer, miembro del Orbe y comerciante. Siempre de buen humor, aprecia el arte escénico.


Amanda- A mandar: Jovencita servidora del templo de Wauken, no sé qué le pone a las vendas, pero escuecen mucho, lo mismo el escozor se incrementa si mientras, Lili, te da un varitazo en la cabeza haciéndote un chichón.

Theros- Terrón: Mozo no disponible, básicamente porque lo tiene la autora de este manuscrito, de muy buen ver, ex Decurión del Bastión de Acero.

Lex- Hombre lagarto: No hay más que contar, salta a la vista. Tiene una dieta basada en gemas preciosas, menudo gasto.

Ed-Et: Arcano con sombrero de pico y bastón.
Cocodrilos-Cocosderio: Voraces y tremendos, que no os pille uno.

Plano- Llano: Es lo que parece, tenemos el Astral, el de las sombras, Agua, etc, etc.

Adamantita- Amamatita: Ese metal tan caro y duro, ya sabeis.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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... Ay carajo, ¿quién me iba a decir a mi que después de tanto tiempo y tras la muerte de los Cake iba a poner un pie a bordo de La Dama? La verdad es que ese par acabó consiguiendo tener un barco de verdad y no aquello que contaba Cake cuando le conocí en los Llanos Exteriores. El caso es que Cassandra la nueva timonel del barco me había dejado recado para hablar conmigo, no tenía ni idea de para qué pero pronto lo sabría.

Todos conocen mi vida en el mar, me criaron en las Nemessor y tuve tiempo de sobra de conocer todo tipo de cuentos, leyendas y canciones pero no imaginaba que querían que les cantase una canción infantil ¡diantres!

Me guió Cassandra hasta el camarote, era el de la difunta, la puñetera vivía bien, vaya que si vivía bien... el caso es que sentada allí observando lo que me rodeaba me habló sin muchas vueltas.

Sabían que era marinera, que además era bardo reconocida, no fue complicado. Me narraba la chica que sabían que existía una canción que haablaba de como se debian colocar ocho arqueros de piedra, dejando claro que si se llegaban a ver en horizontal, vertical o diagonal, se disparaban entre ellos, y el juego había acabado... pero que la alegria podria ser infinita si conseguías colocarlos bien.

Mil quinientas veces me cantaba mi padre adoptivo aquella cancioncilla, como para no saber... así que ni corta ni perezosa, me puse a recordar mi infancia y a interpretar la letra y el baile que acompañaba aquella melodía.

¡¡Escuchame bien, joven grumete!!
Hay una canción que habrás de conocer
Si quieres para siempre poderte entretener

¡¡Escucha atento, escucha con acierto!!
Pues ocho son de piedra arqueros
si se miran se pueden matar

¡¡Escuchame bien, joven grumete !!
Uno a uno debes saber colocar
Si el juego quieres continuar...
Si los pones de frente, acabará
Si los pones en linea horizontal, el juego concluirá
Siiiiii los pones en diagonal ¡Ay, que pena me das, el juego finalizará!

¡¡Escuchame bien, joven grumete!!
Pues hay una tonada que cantada
Te lleva a una buena jugada
Escuchame atento, joven grumete,
Coloca los pétreos arqueros...
Ni al lado, ni enfrente ni en diagonal...
Y el juego por siempre pooooooodrás disfrutar."​
Me tocó, me tocó ponerme sensiblera y escribir unas letras para un sepelio. Sí, la muerte de Lady Sunshet había conmocionado el valle de Misnor y un grandísimo revuelo se había apoderado de todo el mundo, incluída Amanda la muy dorada.

Después de recuperarse de la melopea o gran cogorza que se agenció en Agujas de Oro catando los vinos Gáldrim, se dispuso rauda a ofrecer los servicios en cumplimiento del sagrado Wauken que, supongo, guarda cierta relación con los Lazhanderitas por aquello de lo dorado del amanecer. Tiene su gracia, sí, vaya que si la tiene.

Total, que allí que Madeleine recogía el encargo y mira por donde, me vio a mi la primera. Me endosó tamaña tarea.

Ultimamente me dejan unos trabajos en los que me tengo que empeñar a fondo... muy a fondo veasé, la cancioncilla de los de la Dama, el evento en el orfanato y ahora, un funeral.

Compré el mejor papel que encontré, y una a una fui escribiendo cada invitación, qué bonita letra tengo, me adoro a mi misma. Me encargué de que se grabase en el papel, los escudos de Lord Arthur, el símbolo de Wauken y el sello de La Eterna Melodía

Decía así:


Porque nada cesa con tu marcha mi adorada esposa
Porque tu esencia me acompaña, renacida

Porque desde hoy, serás parte de mi casa.

Brillaste como el sol de una hermosa mañana, Luciste como ninguna gema símbolo de vida...
Eras y serás mi amada y mi compañera para siempre venerada.

Repartías presta cada mañana, monedas entre la gente que te adoraba, Wauken celebraba tus voluntades, mientras tú, mi amada, eras el suave bálsamo que en una canción me susurrabas.


Te bañarán con aguas perfumadas, te vestirán de fino blanco y yacerás como columna que sostiene mi casa.

Tal y como tu fe me mostrabas, en cripta no serás enterrada, pues tu cuerpo, tu templo, en los primeros albores del día se unirá con la gema que forma tu escudo de armas.
Y serás para siempre mi amada compañera
Y serás para siempre mi dulce esposa
Y serás para siempre recordada, como la más fiel de Misnor ciudadana.​



Y la verdad, si unas plañideras cantasen el texto, el evento iba a convertirse en un mar... de tanto como iba a llorar todo el mundo ¡Que buena soy, carajo!

Entre idas y vueltas así como quien no quiere la cosa, comenzamos a charlar sobre los trabajos pendientes que aun había. Es de bien reconocer que cumplíamos sin demora con los eventos que a nuestra puerta llegaban , unas veces contábamos con los integrantes del mecenazgo Eternico y otras no, pero nadie que pagaba la suma que solicitábamos quedaba descontento.
Asi fue como se expuso el encargo para el Verdor
-Yo me encargo de eso, mozas.
En las escalinatas del Teatro de la Alegría plumilla en mano, pergamino preparado, comencé a rasgar el papel surgiendo la canción.


La nieve se derrite bajo los pies
Las mejillas se sonrojan empolvándose de suave sol
Las flores cultivadas comienzan a brotar
Es hora de templos y castillos adornar

Las criaturas en el bosque,
de su letargo, largo, salen estirándose
Es hora de empezar a pensar en procrear

Danzas y canciones, entonan los ruiseñores
mientras desde las ramas observan a la gente deambular

Criaturas de los bosques, señores de ciudad
todos a su albedrío el Verdor celebrarán.

Repartid criaturas, flores y guirnaldas
Que las mozas cuales ninfas,
se las pongan en el pelo
Que pétalos en sus picos los gorriones lleven
y por los caminos los siembren pues...
Es el primer día que los frios se retiran
Pues entra ya el momento del Verdor y su color.​

EL KHONDAZANO MIRRIELNIZADO (II)​

...De verdad, juro sobre las tablas de un galeón que acudir a una reunión o emprender un viaje de investigación, cartográfico , etc con Mirriel presente es como abrir la puerta a la risión más absoluta.

Soy consciente que lo mismo debería corregirla pero ¡no!, soy egoista y por la mala ventura podría acabarse la fuente de mi entretenimiento cuando veo las caras de quien no sabe, que se está refieriendo a su persona.
En las últimas ocasiones, ha habido nuevas aportaciones al rico Mirrielnizado, como son :

-Liquen: Dicese del calishita que viste ropas al uso de aquel lugar, en colores de la tierra desértica y que por los mortales es conocido como Yaqen.

-Timo: (El ojo errante)Timothy, si llego a pillar a ese malnacido le meto la "sacaojos " por la oreja y se se la saco por el pie izquierdo...aún me estoy recuperando del golpe a traición que me dio.

-Jake : La joven Jade nosequemás

-Koala: Kiara, parece ser que es una arcana aunque no recuerdo haberla visto antes.

-Casa Jajadrim: Por descarte, La Casa Galdrim de la que son representantes Jeta, osea, Greta y Magdalene (Madeleine)

-Cejas: Tesla, sin más (jisjisjisjis)

-Bichas lamedoras: Lamias, de las existentes en el temible Anarouch.




-BUEN CANTAR DEL CABALLERO-​
(Canción para la Justa de Misnor 9/11/2014)



Esta es la épica historia
De un caballero audaz
Que a una dama
De las garras del dragón
Logró rescatar.

Posábase a diario
En la fuente principal
Una sierpe antigua
A siestear se echaba
Sin coger agua dejar.

Sed pasaba la gente
Un sacrificio diario
El dragón exigía, cual presente
La suerte al desdichado, escogía.

Mas Beshaba decidió
Y una bella dama
Fue seleccionada.
Su padre imploraba
Pues era la única
Que de su familia quedaba.

La suerte está echada
Respondía la ciudadanía
Estando a punto de ser devorada
Apareció un caballero
Que valiente y decidido
A las garras de la sierpe
Se enfrentaba.

Cruenta fue la lucha
Terrible la batalla
Pocos se creían
Que el caballero vencería.

Mas su fe era fuerte
A los dioses imploraba
Inmaculado el caballero
Por su valentía admirado
Por los dioses fue escuchado.

Otorgaron sus dones
Al osado serafín
Blandió su espada y su escudo
Y un golpe mortal al dragón asestó,
Entre estertores de muerte
La sierpe falleció.

La dama afortunada, suspiró
Y toda la ciudadanía
Gran alivio, sintió.

Es recordado el caballero
Por ser un valiente guerrero
Fue su alma premiada
Y Sune acordaba
Unir en matrimonio
Al caballero y la hermosa dama.​
-La Obra-​
La obra se desarrolla en la Casa del Gobernador , en la ciudad portuaria de Velen donde un Capitán regresa tras participar en una batalla, acompañado de uno de sus más ilustres soldados.
Elenco
Capitán Switf-Interpretado por Astrid Minstreltides.
Soldado Mastruench-Interpretado por Madeleine Sweeny
Gobernador de Velen-Interpretado por Alec
Beatriz-Interpretada por Lire Lilta
Áspita- Interpretada por Azalea
Narrador- Interpretado por Ahrn

Primer Acto:

Narrador:

Nuestros héroes, ilustres soldados, regresan a Velen para presentarse ante el Gobernador y pedir la mano de Beatriz para el ilustre soldado, sin demasiada esperanza puesto que solo es un soldado, aunque de renombre.

Capitán Switf:

¡¡Vamos Mastruench, que llega el día y la hora señalados!!

Soldado Mastruench:
Soy un iluso enamorado *suspira hondamente*
A buen seguro el tesoro
Me será negado

Capitán Switf:

Yo te avalo, iluso soldado,
A mi lado bien has luchado
Y por mi honor, que acabarás desposado

Narrador:

Ambos caminan por las empedradas calles hasta la casa del Gobernador de Velen, allí pedirán al Gobernador el tesoro, que no es otro que la hermosa Beatriz.

Beatriz:
¡Ay, mi querida Áspita!
Que por fin llega mi adorado
¡Ay, que de amor loca me hallo!

Áspita:

Sosiega, niña, sosiega,
que vas a desfallecer
Pues tanto suspiro no es sano,
Cuando te aprieta de esa forma el corsé

Beatriz:

Es un capitán de la flota de nombre, Mastruench
Un apuesto joven que febril estado me hace padecer

Áspita:

Pues afloja niña el corsé
Porque al suelo, entre tanto suspiro
Vas a terminar por caer.

Narrador:

Cierto es, lo que vuesas señorías piensan, el soldado por capitán a Beatriz se presentó. Un entuerto muy enrevesado, está a punto de explotar y por Tymora, que nos quedemos como estamos, y un duelo no emprendamos.


*Llaman a las puertas de la casa del regio Gobernador, que ya se frota las manos pues sabe que su flor pronto se habrá, bien desposado.*

Segundo acto:

Soldado Mastruench:

Hay un detalle… que debéis saber
Antes que a las puertas llame…*Corta la frase pues el verdadero capitán se adelanta*

Capitán Switf:

Decidme mi buen soldado
¿Quizá el calzón no os habéis cambiado?

Soldado Mastruench:

¡No, pardiez! Eso no es
Se trata de otra cosa…


Narrador:

El capitán medio en risas acaba por llamar a las puertas, que son abiertas prontamente, la tez de Mastruench se torna blanca como la nieve.
Pasan ambos, primero el capitán y tras él el soldado, con gesto de no saberse donde meter. Mientras tanto en la lejanía truenos y retruenos comienzan a sonar, tal parece que talos va a descargar.


Capitán Switf:
¡Anunciadnos como merece un capitán y su mejor soldado, el Gobernador nos espera!

Soldado Mastruench:
Pero… es que hay un detalle que seguro tenéis que saber y es que yo vuestro…

Gobernador:
¡Ah, bienhallados Capitán Mastruench y su mejor soldado Switf!

Narrador:

El capitán abre la boca tres veces antes de mirar a su soldado, éste con rostro encarnado, tres pasos o seis atrás, da. El entuerto ha sido destapado, el nombre del capitán ha sido manipulado.
Tercer acto:


Áspita:

Vamos niña, vamos, que tu futuro esposo al fin parece llegar

Beatriz:

¡Ay, que me da! ¡Mi corazón de alegría se llena!
¡Vuelve a apretar mi corsé, que vea una cintura de avispa con una cadera turgente, por fin de mi no se escapa y me caso al mes siguiente!.

*Beatriz está pletórica, eufórica dando saltos de contenta y ventilando quizá en demasía
Corren tras acabar, escaleras abajo, donde el Gobernador, el soldado y el capitán, parecen estar ensalzados en combate a espadas sin igual.*


Narrador:

Y con el entuerto destapado, y el Gobernador creyéndose mancillado, una lucha entre espadachines tiene lugar, ¡El nombre hay que recuperar!¡El honor debe intacto quedar!


Capitán Swift:

¿Cómo has osado? ¡Yo como un hijo te he tratado!

Soldado Mastruench:

¡No era mi intención! ¡Pero me veía apartado y con vuestro nombre, pensome bien casado!

Gobernador:
Me habéis engañado, ahora mi hija se quedará soltera

¡Malditos seáis, si su virgo habéis tocado!


*Sigue el combate de espadas sin dilucidar un ganador, mientras que las mujeres acuden por fin a la estancia.*

Áspita:
¡Que me aspen!

Beatriz:
Yo, me mueroooo…

*Beatriz muy impactada, por tamaña algarabía, y con tantísimo ventilar entre el apretado corsé se desmaya sobre el suelo frio, mientras que el trío corre a socorrerla*

Cuarto acto:

Narrador:
Ha tenido lugar una diatriba particular, el gobernador ya ha un casorio ha pagado, no está por la labor de perder ni un solo danter ni aunque sea por su honor.

Han decidido Capitán, Gobernador y Soldado, organizar una Justa, y que se decida todo a caballo.


Todo está preparado, en el campo de justas, se prepara la lucha, sin duda el Gobernador casará al que se declare vencedor.

Capitán Switf:
¡Que yo no me quiero casar, que yo juré no desposarme con otra cosa que no fuese la mar!

Beatriz:
¿Entonces mi capitán amado no es otro que un soldado? *Pregunta toda ilusa y sin enterarse demasiado bien de la historia*

Áspita:

Solo un soldado, pero observa… que está bien dotado *La dama de compañía de Beatriz, sin duda más experimentada, se percata muy picaruela de las noblezas del soldado*

Gobernador:

De aquí no sale nadie hasta que yo me canse
De aquí no parte nadie, hasta que vencedor se declare
¡de aquí no se va nadie, sin de mi tesoro librarme!

Soldado Mastruench:

Pues ahora que me fijo, me gusta más la otra, tiene aspecto de ser experimentada…*susurra el soldado a su aun, capitán*

Capitán Switf:

¿Qué dices, desgraciado? ¿Con la que has armado!?

Narrador:

Y así, la justa comienza, cansados como estaban por el lio de las espadas, a lomos de los caballos al galope han empezado.
Uno y otro mucho se juegan, aunque tras unas horas, de opinión el soldado haya cambiado.

Por fin, la lucha cesa, pues uno de ambos al suelo cae…

Gobernador:

¡Ya tenemos ganador!
¡Ya tienes un marido!
¡Que te de su apellido!

Capitán Switf:

¡No, no y no!
¡Que no me quiero casar,
Con nada que no sea el mar!

Soldado Mastruench:

Habéis ganado la justa,
y Beatriz es de alta alcurnia
¿Con quién mejor iba a estar?
¿Si no es con vos, Capitán?

Beatriz:
¡Oh, mi capitán, mi capitán!
¡Llevadme con vos al mar! *Beatriz exclama entre suspiros, para ella lo que cuenta es desposarse sin importar con quién lo haga*

Capitán Switf:

Aunque ahora que lo dices
Gustarle la mar parece
Pues ahora que me fijo…
La moza buen porte tiene
¡Acepto! (qué remedio)

Narrador:

Y así, Beatriz con el capitán un mes más tarde se desposó, tras el entuerto resuelto, el Gobernador, su oro no perdía y el honor, mantenía mientras que el soldado de la mano cogía a Áspita y por el jardín los dos se iban… Y por cierto, ni una gota, del cielo en todo el tiempo caía porque ya se sabe…

Mucho ruido pero...
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-El vino en un barco, parece extranjero o como conocimos a Qan, el ogro flautista-​


Como está el Toril... dioses, y cómo ando yo, para estar en mitad del Alandor hablando con encapuchados, lo de uno debe ser por picadas de viruelas o similar lo del otro no tengo idea, aunque estoy segura de que tiene que ver algo con el extreñimiento. Lo único que sé es que a servidora no le va a decir nadie cuando hablar, cuando sentarse y cuando acabarfaltaría más ¡ja y já! ... No obstante este no es el tema que pretendo dejar constatado para no olvidarlo sino el relato de unos hechos que acontecieron en ultramar

Nos habíamos embarcado Madeleine y yo en un barco de corte comercial que hacía la ruta de islas en el Mar de las Espadas, durante la travesía fuimos charlando de nuestras cosas, que si esto o que si aquello, que si esta expedicion o aquella otra, que si una actuación o mejor dos... lo normal para que Madeleine, poco hecha al mar no se aburriese de tanto delfín ver pasar.
Así, que tras varios días a bordo, avistamos tierra firme, Nermiak para más señal. El barco paraba lo justo pues el lugar estaba tierra adentro fortificado y en el fuerte, grupos de desalmados orcos de cualquier tribu así mismo, contaba con una cueva y desde ella, se accedía de forma natural a la parte más alta de la isla. Curiosonas y ávidas de conocimientos y porqué no decirlo, tesoros para amasar, ascendimos viendo para nuestra sorpresa como el lugar tenía signos evidentes de presencia cuánto menos, un poco oscura.

Allí en la parte central, se levantaba una especie de pila sacrílega, llena de algo pestilente y rojo, descomponiéndose, aunque poco tiempo tuvimos de indagar más, nos olió de pronto un ser adyecto y demoníaco, un balor que le llaman y valor que dicen es el que le echamos al enfrentarnos nosotras dos. Al final aquel balor caía pero seguras estábamos de que no sería el único que disponible habría.

Tras requisar en pago por las heridas sufridas todo lo que el balor vigilaba cogimos el camino más simple, a fin de cuentas también somos arcanas y para qué caminar si con un conjuro dimensional íbamos a bajar.
Y así hicimos, sorteamos una última resistencia orca y regresamos al puerto. Allí estaba ese marinero, que porque soy una fiel no esposa que si no... que si no, nada porque precisamente en ese momento habría llegado lo que llegó de otro navio que en el puerto atracó.


La primera que en tierra el pie ponía era La dama del Dolor, para dolor el que yo llevaba en los pies pues las botas eran nuevas y me hicieron una rozadura que tendré que sanar a base de aloe...pero volvamos, que me voy por los cerros de Nashkell.
La mujer, vestida de negro con una túnica de esas que tapan pero no tapan, se quedó mirándonos tras su yelmo con forma típica de Kara Tur, tambien lo venden en Crimmor, en la tienda de disfraces, no vamos a ponernos estupendos tampoco ¡je!
Para terminar su vestimenta, un escudo de esos que parecen estar tocados por la magia , como si fuesen un campo mágico diría. Tras ella, un tipo de negro también, con una capucha de esas con máscara. Los dos eran humanos por cierto.
Para completar ponía el pie o mejor ¿pezuña?¿pata? en tierra un ogro azulado de tamaño colosal.

La mujer al vernos y una vez había desembarcado su compañía dijo como queriendo amedrentar
-Vaya, vaya... dos mujeres solas viajando por las Nezhalnder

Madeleine contestó a la mujer
-¿Quién os ha dicho que viajamos solas?
Y yo, añadí la evidencia
-Solas... mujer, no hemos llegado hasta aquí remando, ni nadando, sino en barco

Pobrecilla se ve que la travesía no le había sentado bien, fue entonces cuando el ogro azul habló desde las alturas, alturas porque debe ser como cuatro veces servidora.
-Dama del dolor, estoy acostumbrado a que me hagas favores pero no a que me traigas la comida en bandeja.
La mujer dolorosa rió por la gracia del bicho azul mas habría que ver si ese día cenaría o no lo haría pues a ingenio no nos gana nadie y nosotras éramos mujeres de recursos.
La mujer dolorosa, la llamaré así desde ahora, puesto que llamarla dama no le quedaba , la noté así como masculina ,mencionó una cantinela tan requeteusada por esos sacerdotes que viajan por el toril acerca de dioses verdaderos, dioses únicos y toda esa parafernalia , la mujer añadía que el imperio del dolor se acercaba y que lo aceptásemos lo sufriésemos sobreviviendo o pereciendo en el intento.
Vamos, lo de siempre aunque su retahila era de una sierva de Loviatar, la verdad.
Por primera vez le dije
-Que sí, dama... que sí- llevándole la corriente. Madeleine le comentaba la de cientos de veces que había escuchado lo mismo.
El caso es que la mujer dolorosa dijo al ogro que éramos de las que soplaban flautas , el bicho se sorprendió, pues parece que jamás ha salido de su cubil para saber que hay muchos bardos repartidos por el Toril o bien, es que lo engañan. ¡Qué filón si la cosa se ponía negra!
Igualmente nosotras también nos sorprendimos pues era la primera vez que veíamos uno de esa clase , el malnombrado Oberón no era bardo ni nada parecido. Así que cuando el ogro apostilló que era orador, vi la solución, no hay nada que guste más a un orador que le presten atención y además, que le adulen. Había encontrado la forma de escaparnos de aquella situación ¡je , je!
Por supuesto, le pedimos al ogro que tocase una especie de flauta de hueso, muy elaborada, lo hizo y lo hizofrancamente bien y aplaudimos como digo alimentando su ego. De fondo la mujer dolorosa seguía con su cháchara de que si dolor, que si flautas, que si agujero solo, que si de nuevo más dolor... y nosotras seguíamos sin prestarle atención puesto que el que allí parecía mandar era el ogro, para más señas arcano y para remate, bardo como nosotras.
Una vez concluyó de tocar le indicamos que nosotras sabíamos tambien, mucho mejor aunque no íbamos a soltarle eso, que la cosa era escapar de alli, no quedarnos.
La mujer dolorosa y el compañero parecían tener prisa por ir de visita, seguramente a ese altar impio, vete a saber, pero el ogro sentía tanta curiosidad como nosotras y nos escuchó con grata sorpresa mientras que los otros dos marchaban , la mujer dolorosa añadía que no quería escuchar más sandeces y que estaba por un motivo y queria saciarse del tormento, el otro tipo habló en ese momento.
-Oh, vamos mi señora, no solemos tener oportunidad de escuchar interpretaciones...
Pero la mujer dolorosa respondió
- Si el tormento no van a sufrirlo ellas, me encaminaré hacia los demás . Quédate tu jugando con las sopladoras, Ogro.
Vuelta a lo mismo, sopladoras y chicas de Alindra... que pesadez, las chicas de Alindra y ella misma eran siervas de Sharess y tenían un negocio próspero en la capital, pero no éramos trabajadoras de aquel salón aunque siempre podíamos darle la dirección.
La mujer dolorosa se marchó y al rato, el ogro orador echó a correr apuntando que nos perdonaba la vida ya que aunque fuésemos seres inferiores no éramos tan inferiores como otros.
Entonces, viéndolos marchar, le dije a Madeleine...
Fijate lo que ve una, y fíjate con qué ingenio hemos salido de esta sin mancharnos siquiera aunque... una canción bien escogida y hubiesen mordido el polvo, morena... embarquemos que ya hemos tentado la suerte.
Y así, volvimos hacia Athklata pensando que aquello era digno de contar
¡Un ogro bardo!


Asalto a la Atalaya I
​

Hacía ya tiempo que lo sabía aunque no obstante, aún no había visto la urgencia de comentarle a Theros mis planes.
Como todo, tiene su momento y el de comunicarle mi partida hasta Thezyr iba a ser el previo a decirle que me iba al Anarouch. Volvería, claro , si las cosas no se torcían en exceso o encontraba una poderosisima razón para quedarme.

Desde que llegó esa carta a la Sede de la Liga algo me olía mal, no obstante la curiosidad de saber qué era , hizo que ni me plantease no acudir. Así, supe en una de las reuniones que se trataba de un comerciante cuya familia perdió tiempo ha sus tierras a mano de orcos, gnolls y Trolls. El Consejo estaba al tanto, y si las tierras se recuperaban lo importante pasaría a ser suyo aunque la suma en pago sería colosal.
Soy pluma y Aguja en la Liga , así que mi cometido , el que yo me dí sería salvaguardarla integridad de Lili y también la de Madeleine, con o sin el bicho palo.
Tras los primeros intercambios en el resto de asistentes a dicha reunión, comprobé que tanto Casas comerciales, como grupos reconocidos como Orbe, El Tercio y por supuesto la guardia de Amn, estarían presentes en la expedición. Bueno, a decir verdad de todos, un porcentaje elevadísimo eran miembros de la Liga , facilitaría las cosas imaginé.
Al amanecer del día escogido partimos desde Gambitón hacia Brost, nuestro grupo sería el que pondría el pie en primer lugar en aquellas tierras, había que cartografiar la zona y Lilimel era una experta en plasmar sobre el papello que nuestros ojos viesen sumado todo a la orografía del terreno, fauna y flora local. Siguiendo además las indicaciones de nuestros rastreadores.
Yaqen, junto a Mirriel y Anhol y una tal ¿besos?se encargaron de examinar el terreno para luego, plasmarlo. Una vez tuviésemos todo eso, volveríamos hacia Athklata donde de nuevo, los grupos de la expedición se reunirían.

Asalto a la Atalaya II​

Nuestro grupo de acción sería el encargado de neutralizar a las patrullas así como inutilizar el cometido de la Atalaya. El campamento en sí estaba formado por varias torretas, todas ellas tenían un sistema de alarma basado en la luz emitida por la hoguera, que de ser prendida, daría aviso al resto de ellas llevando pues, al fracaso a toda la expedición.
La noche era tranquila, Mirriel, Greta, Jade, Nichy, Yaqen y yo aprovechamos la frondosidad del terreno, rico en monte bajo , piedras salpicadas y grandes árboles. Mientras tanto los grandes trasgos daban batidas por el lugar, quizá nada les había hecho sospechar de lo que en pocas horas habría de llegar.

Ocultos y agazapados sobre el terreno teníamos un frente de acción bastante amplio,no obstante, un solo fallo y la operación se iría al traste y nuestras vidas, posiblemente también.
De repente uno de los batidores trasgos, se alejó de su patrulla, parecía mascullar algo e ir con cierta prisa hacia los árboles, se apostó muy cerca de mi posición pero logré que no me viese, con Griel desenvainada ya, ví con cierta gracia, el motivo por el que el Gran trasgo llegó hasta allí. Desabrochó las ataduras y sus calzones fueron a los tobillos, el jodio tenía un apretón e iba a tener una " mierda , de muerte". En ese estado de indefensión, acabar con él fue muy fácil y rápido, aunque no obstante tuvo tiempo de emitir algún sonido ,sofocado por la aparición muy a tiempo de una extraña tormenta, mágica sin duda . Nos vino de perlas.
Volvi a posición y vi, como solo Nicky estaba junto a mi, el resto había centrado ya su objetivo.
Pronto quedaron el resto de patrulla anulados, pero el que parecía el jefe se apostaba en la puerta de la torre. Yaqen llegó hasta su posición por la espalda asestándole un primer embite, yo, desde mi sitio entre los árboles descolgué el arco de la espalda, clavé una rodilla en tierra y flexioné la otra para apuntar directamente al cuello del vigia.
Con enorme satisfacción vi como la saeta se clavaba en el ojo del gran trasgo causándole la muerte así, aquello era mucho mejor que en el cuello, pero también casi pierdo uno de mis ojos si no me hubiese dado cuenta de que se rompía la cuerda del arco justo después de hacer volar aquella flecha.

Las patrullas yacían muertas en el suelo del lugar, ocultamos a algunos, quizá todos con la hojarasca y rápidamente nos dirigimos al interior de la Atalaya, donde más que probablemente, encontrásemos dificultades de otro calibre...


Con la misma cautelanos aproximamos hasta la puerta de la atalaya, atrás habíamos dejado los cuerpos inertes de los grandes trasgos que conformaban las patrullas de vigilancia, no había sido complicado gracias a la sorpresa y aquella tormenta , no obstante, un paso en falso y todo estaría perdido.
No sabría decir a ciencia cierta como pasó, pero la puerta se abrió desde dentro, cruzamos ocultándonos e inmediatamente, atisbamos el primer peldaño de una escalinata de entrada, que conducía a una sala.
El habitáculo no tenía nada especial a simple vista, una pared al fondo ocultaba una escalera hacia el piso superior, algún atril para armas (de excelente alidad, por cierto) algún centinela trasgoide harto de estar en ese lugar y poca resistencia.
Todos fueron anulados con ligereza , cuánto más rápìdos mejor, todos los que íbamos en la expedición sabíamos a qué atenernos, qué hacer, cuando y como hacerlo. Golpes rápidos, cortes certeros y ninguna mala conciencia pues de no ser ellos, seríamos nosotros y los otros grupos.
Tratamos de buscar donde ocultar los cuerpos pero terminamos por dejarlos en un rincón apartado, no podíamos perder tiempo de ninguna de las maneras, de pronto, escuchamos ruido en el piso superior.
Media docena de ellos se apostaban allí, algunos claramente estaban descansando, señal de que nuestro cometido estaba resultando excelentemente bien, pero un solo grito y todo acabaría. Otros se afanaban trabajando en una forja seguramente la que alimentaba el fuego que haría arder la madera al final de la Atalaya.
Cada uno supo qué hacer; unos se ocuparían de los que se apostaban en los laterales de la sala, otras, nos ocuparíamos de los de la mesa al unísono.
Practicamente a la vez, caía el de la forja y perdían la vida los de la mesa. Yo, sentí como cantaba Griel, sentí como silbaba rauda como una exhalación . Un primer tajo de abajo hacia arriba por la columna, otro lateral en la base del cráneo , ya estaba muerto sobre la mesa esparciendo toda su sangre sobre ella con el último embite, empuñé a Griel hacia abajo dando muerte al que yacía en el suelo apaleado con anterioridad.
Recordé vivamente mis días en el Mar de las Espadas, los desembarcos en tierra hostil, las peleas en Puerto Kir, y el olor a sal en Velen, Las recónditas islas donde puse el pie alguna vez, recordé toda mi vida pasada hasta que encontré la salida a mis propios pensamientos, había que seguie al último piso, al que entrañaba el verdadero peligro, el que alojaba la atalaya de aviso.

Una vez más, fue rápido, directo y certero, acabamos con toda la resistencia quedándonos ahora como vigias. Mirriel soltaba una paloma mensajera para el siguiente puesto mientras que retirábamos la madera lejos de cualquier llama.





Sentada sobre la cama de su residencia en Amnagua, Astrid pensaba en los absurdos acontecimientos que había tenido que ver, vivir o conocer, era todo cuánto menos más revuelto que las tripas de un campesino viajando por el mar en plena tempestad.

La vida en las islas era mucho más simple, sencilla y sana puesto que las rencillas se resolvían siempre a primera sangre y a vista de todos, pudiera parecer barbarie pero...lejos estaba de serlo a buena cuenta de los acontecimientos.

Empezó a contárselos a su compañero mientras estaba dormido a pierna suelta, no le importaba lo más mínimo puesto que ella ya le había dicho , que no estuviese consciente no era cosa suya.
-Hoy mientras iba hacia el templo de Oghma me saludó Tesla, que ya ha dejado de ser un conejo, de ser calvo pero no de tener una mano con más propensión a ser cortada que sanada, te lo digo yo... bien, pues tras el saludo, me comenta que debe contarme una cosa, conociéndole le pedí que fuese sin importancia ¿qué porqué?* miró a la pareja dormida inventándose una pregunta * pues verás, días atrás llegó como alma que se va a llevar kelemvor al muro hasta la sede de la Liga como es lógico le preguntamos que le pasaba ahora, porque siempre le pasa algo, yo le aconsejé que comiese ya sabes que un hombre comido vale para todo.
Pues bien, no se trataba de eso sino de mal de amores ¡acabáramos! el asunto es que su mujer ,sí, esa que siempre se sienta en la colina apartada de todos...le había abandonado y se había llevado sus hijos a Suldanessalar porque según decía, le pidió tiempo...no, no...el tiempo se lo pidió él a ella. El caso es que el del tupé estaba arrastraándose por los rincones y de paso, torturándonos a los demás con sus llantos y ya sabes que odio eso si además te dicen que no debía hacerlo, que si fue un error... que si ahora sus hijos estaban en Edive otra vez... puff, esto es peor que esos panfletos de literatura barata... como te digo, después de eso me aborda para decirme esto:
-Hemos vuelto, ya puedes reirte
A lo que le contesté:
-A mi me da lo mismo, pero si no te importa me reiré cuando vuelva a dejarte, ahora es que no tiene gracia Tesla...
Y esa fue la cosa tan importante que debía decirme, le recomendé dos revolcones bien revolcados, que eso siempre solucionaba, nos despedimos y yo seguí hasta el distrito del puerto.

¿Qué qué había en el distrito? ¿Humm? pues el templo de Oghma. Me había citado con Madeleine y Greta allí por aquello que te conté que sucedió en la Mansión Darnisse
Fuimos hasta la casona y al entrar empezamos a ver cadáveres y más cadáveres, no había un alma, ni un ruido, no había nada de nada , todo el lugar estaba de esa guisa hasta que en una de las almenas nos sorprendieron unas sombras saliendo de los cuerpos amontonados, eran dos nnoctámbulos,un par de momias y por último, un tipo que parecía un monje , caminando con total tranquilidady pidiéndonos una piedra, ¿qué se pensaba que eramos enanos ? Yo soy bastante más alta que eso ¡je! pero bueno nos dijo que esa piedra estaba en un lugar al que él no podía irla a buscar. Resolvimos irnos, y con las mismas, poner algún bando buscando sacerdotes o similar. Nos contestó el tal Talen, sí... ese que va con armadura roja completa, como el Duque, jejeje, ese...
Nos reunimos con él y nos puso al corriente de unos hechos que estaban dándose por el norte, y un monje de nombre oriental , por cierto la piedra tiene por nombre Kukuknazi o algo así, sí... ya sabes que nunca recuerdo los nombres como son en realidad...¡dejame en paz!¡Ni se te ocurra reirte a mi costa!* Astrid seguía con la charla con su durmiente No-esposo*
Así que con los datos que teníamos nos encaminamos hacia el bazar Kumlum, que no nos fue de gran ayuda pero supinmos leer entre líneas, de ahí que fuesemos hasta el templo de Oghma...

¡Carajo, me he dejado los anteojos sobre la mesa...!bueno, no importa, volveré por ellos... el caso es que el buen Boris tan amable como siempre nos proporcionó dos libros. A Made uno sobre Deidades y cultos monásticos antíguos y a mi, un pedazo libraco con todas las leyendas orientales habidas y por haber. No encontré nada pero cuando entraba en las leyendas más antíguas, made me llamó la atención sobre un tipo que salía del templo apresuradamente, de edad avanzada. Le seguimos puesto que tenía rasgos orientales, llamando su atención en el puerto, estaba charlando con ese truhán de Saemon...



Casi era medio día cuando el macaco se acercaba hasta Astrid, lucía el pañuelo pirata y el parche en el ojo, era lo más feo e incómodo de ver que existía pero era Alfonsus y solo ella podía decirle la sarta de barbaridades que le decía. No obstante muchas otras le hablaba como si aun fuese el humano que decían que fue, actuaba muchas veces como tal .
Como te lo cuento macaco desgreñado, no sé porqué demonios me metí en ese tema, si a mí me da lo mismo y no soy la niñera de nadie... claro que no todas han gozado de las enseñanzas sobre hombres que yo ¿no? ya me dijo el legionario que muchas veces actuaba como un maromo pero es que la tripulación del viejo era de hombres y las únicas mujeres éramos la vigía luskanita y yo, os conozco de sobra y a mi no me la dais no.

Resulta que tenemos una jovencita sunita en el mecenazgo, y para colmo es una de linea dracónica , de gema... única, pero sunita a fin de cuentas *meneaba la trovadora la mano de derecha a izquierda explicando el asunto que traía entre manos*Con dieciseis según dicen y tan preciosa es presa fácil de todos, no solo por a sensibilidad por sangre sino por enseñanza, ella busca el amor amoroso y amado para toda la vida, y ya sabemos que por aquí, lo que abunda es un revolcón rápido y a otra cosa. Pero eso, acabará afectando a los intereses de la compañía, porque habrá que animarla cuando vea la realidad, dejará de escribir y se sumirá en una profunda desdicha ... Sí, no hace falta que me digas que yo no debo meterme en esos asuntos , macaco pero la morena me contó lo queestaba pasando y ya sabes como es ella, una blandurria que para esos menesteres pues no se apaña... más aun si es uno de sus chicos en la Casa
El caso es que ella se lo dijo más fina, yo puse a Griel sobre la mesa y le dije que si llegaba el caso la usaría y que las voces de los eunucos, dicen que son excelentes, se hizo el ofendido, por supuesto que si, se mostró muy agraviado, dolido y todo ese teatro que se suele usar no me sorprendió en absoluto ni me preocupa tampoco pero sí que me enfadaron unas palabras de Madeleine

¿Qué qué dijo? Bueno, cuando el tipo se levantó de la silla taaaaaan ofendido y dolido por mis palabras Made dijo lo siguiente:
"No he podido evitar que venga...es una de nosotros"

¿Acaso hay que evitar mi presencia? Yo no me he metido jamás en esos asuntos, la chica es mayor de edad y no es mi problema, claro, pero si fui es porque ella me lo contó sabiendo que no iba a dejarla en ese asunto sola, así que me levanté y me largué sin mirar atrás, un día después me dirigía al puerto para ir a las Nezhlander me la encontré con Nathan, otro de los chicos Gáldrim, me preguntó al rato si estaba molesta y le dije que no, que estaba enfadada, no molesta...
¿Que si lo parlamentamos? claro, siempre atiendo al parlamento, macaco de los demonios...
Pero después de eso, he llegado a tres concluisones
La primera, seguir sin meterme en asuntos de esa índole.... aunque los huela de lejos
La segunda, que no debo dejar que se me conozca más allá o volveré a escuchar frases como la de Madeleine
La tercera, es que la jodienda no tiene enmienda, y que un truhán lo es aunque se vista de caballero y que huelen de forma distinta... si lo sabré yo, que he sido la más truhana de todas las truhanas...

Un par de horas de cháchara con Alfonsus, una jarra de buen ron y pensar en las islas y en lo que tendría que hacer tarde o temprano, indagar sobre la verdad...


-De vuelta al Gamebundo y otros desastres-
I
​

Francamente, dirán que la vida de un trovador es coser y cantar, cantar y figurar, cantar y disfrutar de los placeres de la vida...digo no, la vida de un bardo es un no parar, al menos la mia.
En esta ocasión y aunque sea dificil de creer, todo sucedió mientras nos dirigíamos a los antiguos reinos enanos , mientras nos encaminábamos al Gamebundo. La liga de la Bota y el Sendero, no era la primera vez que llegó hasta allí, no, para nada... ya había estado no mucho tiempo atrás, topándose con mil y un caídos enanos de Khazad, en las memorias de todos nosotros estaba desde entonces el destino que tuvieron muchos del clan enano de los cuales jamás se supo nada más.
Aunque eso es otra historia, volveré a la que nos ocupa en este instante, la vuelta al Gamebundo.
Recibimos, una carta en la sede de la Liga con el sello del clan Fuegoscuro, en ella se requerían los servicios de cartografía, tan reputados por toda Amn, tras una buena merienda, cena, picoteo y otra cena más acordamos que en pocos días acudiríamos hacia la ciudadela , hacia Khazad.
Llegamos temprano, no nos paramos a desayunar, y el enano de lapuerta nos dejó pasar tras dejar las armas como es costumbre. Al rato, nos avisaron de que nos esperaban en los umbrales de la fortaleza ¡qué chasco!
Tras las presentaciones debidas, a pesar de que muchos nos concíamos ya, entramos en los salones de reuniones, donde una gran mesa llena de cerdo asado loncheado, jamones asados, cordero, aves, cerveza y fruta auguraban una buena jornada.

Volvimos a presentarnos y ellos también, comenzaba desde ahí la negociación que nos había conducido hacia el gélido norte.
Todo transcurría con normalidad, enseñamos los trabajos de Lili, se habló de precios y se habló de normas de viaje , todo a pedir de boca hasta que llegó él.
Tork Fuegoscuro era uno de los miembros del clan Fuegoscuro, de hecho le he visto en numerosas ocasiones , quizá más que a las perlas Fuegoscuro y más que al resto de los Fuegoscuro de toda la vida... me pareció un culo inquieto pero agradable, bestia como él solo , era a fin de cuentas un enano joven.
Cuando entró en la sala no tomó asiento pero Kurin, el jefe del clan le miraba vigilante, hizo un gesto y a su orden otro de los Fuegoscuro se colocaba al lado de Tork. Cosas de familia, pensé yo ilusa de mi...

Cuando todo estuvo acordado se nos ocurrió servirnos un poco de cerdo, tenía una pinta excelente y mi estómago estaba levemente vacio, el enano soltó un bufido y tomando una bandeja se llevó d ela mesa tooooodo el cerdo servido.
Era la primera vez que alguien hacia eso, perpleja agarré con fuerza el paquetito de dátiles que llevaba para emergencias , ese era MI paquetito.
Tendrá mucha hambre pensé y creo que no fui la única en pensarlo, pero no... abrió la puerta ante la mirada de Kurin y los demás Fuegoscuro, una patada sirvió para que se abriese de par en par , acto seguido tiró hacia afuera la comida, es decir, el cerdo.
Raro de narices, desde luego. La cara del patriarca era el poema de un endechero, Tork dijo algo acerca de que sabían su problema con el cerdo, vaya usted a saber.

Así, pasó el tiempo y el acuerdo se selló, aunque las Ligueras teníamos todas una sensación rarísima por lo acontecido .

A los pocos díasTork se disculpó y seguimos la vida normal.

Llegó el día de la partida, nos reunimos en la sede de la liga, que por algo está cerca del puerto y ver, a los enanos vomitando hasta la primera cerveza era una especie de compensación divina para el resto.
Tras dejar que Tork fuese un servicio de ultramarinos andante arribamos a Crimmor, desde ahí tomaríamos el sendero hasta Amnagua con la formación escogida. Yo iba delante con Mirriel.

Poco nos habíamos alejado de las murallas de Crimmor cuando un tipo enjuto nos salía al paso, un atracador...seguido de cerca por otros tantos, bien...no tenemos fama de meternos en problemas añadidos, nuestra compañía es una compañia neutral donde hacemos el trabajo, nos pagan y ya, aunque también hay que decir que no huimos del conflicto si nos envuelve. Como digo, el asaltante quiso conrar su peaje, nosotros no queríamos pagarlo pero estaba envuelto en la niebla y no era muy seguro ni muy inteligente, acercarse sin saber cuántos más le acompañaban.
El enano, Tork, vociferaba y vociferaba en mi oreja, al punto que varías fueron las ocasiones en que quise meterle la bota en la boca, lo mismo así callaba...pero no...al final presentamos batalla y más les hubiese valido retirarse porque muchos cayeron y otros corrían despavoridos y heridos.
Pasaban las horas y noté como se me ponía el pelo de punta, noté de inmediato esa sensación extraña cuando la magia se perturba o hace acto de presencia una muy poderosa, todos o casi todos lo notamos, fue el momento de calma que precede a la tempestad. El suelo temblaba bajo nuestros pies, una cantidad ingente de trolls corrían hacia nuestro encuentro, poco tiempo de reacción tuvimos aunque fue suficiente para neutralizarlos, no obstante, el cielo nocturno se iluminaba para ver justo su silueta.
Habíamos tenido la desgracia de toparnos con la señora del cenagal, un dragón negro con fauces llenas de afilados dientes, dientes tan grandes como un mediano. No iba a ser una batida por su parte, no... iba de cacería y nosotros podríamos ser sus presas... Una nueva oleada de trolls huyendo corría hacia nosotros , algunos desaparecían ante nuestros ojos , víctimas del aliento de la dragona, el ácido lo estaba quemando todo, los vapores eran de lo peor que se podía sentir, sumado a ellos, la silueta de ella y el notar como la vida te va pasando ante tus ojos, sabiendo que es probable que mueras . No soy persona religiosa pero confieso que recé lo poco que recordaba de antes incluso de mi llegada a las Nemesor, con demasiada frecuencia esos pensamientos e imágenes se metían en mi cabeza, repitiéndose cada día junto con aquella canción, repitiéndose desde que mi Padre adoptivo, me entregó aquel cuaderno de bitácora.
Cada paso que dábamos era peor, el ácido nos rozaba los pies y además, las criaturas aterrorizadas eran dificilmente esquivables, al llegar a uno de los puentes, emergió de las aguas , ella, la Señora del Cenagal nos había encontrado, iba a empezar el juego, iba a empezar la cuenta atrás para salvar a Amnagua antes de poder retomar el camino hacia El Gamebundo.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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De los mares y los elfos​

...Cual fue mi sorpresa cuando se abría la puerta de la sala grande reuniones situada en la planta alta de Las Cinco Jarras... en efecto se trataba de Azalea pero no acudía hasta allí tal cual habíamos acordado sino que buscaba mi presencia como gente de mar.
Me crié en la isla Némessor, pero imagino que en uno de los chanchulleos habituales de mi padre adoptivo, tuvo a bien inscribirme en la isla de Brinnley, conocía esa isla mucho antes de haber puesto un pie en el puerto de Athklata sin embargo, jamás imaginé el secreto que escondía .

Sospeché que no se trataba de algo al uso, para que el Mago real de Suldanesalar, o comunmente conocido por Draconeo, consintiese en aceptar la ayuda de los que en otro tiempo despreció debía de ser algo que salía de la escala de importancia. Acompañaba al mago, el elfo silenciosamenteoscurillo, apelativo por el que reconocía a Nhuada, también el tal Rokwen y una elfa de nombre Amanthiel.

Tras los saludos saciaron mi curiosidad, nada más y nada menos, debía encontrar el archipielago que estaba dibujado en un mapa. No había visto tal cosa en todos los años que llevaba embarcando pero también sé, que no tengo porque conocerlo todo y así pues, busqué la ayuda de Lilimel, la más prestigiosa cartógrafa y lectora de mapas que hay en la ciudad de Athklata.

Unas jornadas después nos reuníamos en el salón de la sede de la Liga en el distrito del puente, allí se desvelaría parte del misterio .

Cotejando los mapas y cartas de navegación acumuladas en la sede, ninguna parecía coincidir hasta que Lili y Madeleine cayeron en la cuenta de que no es que fuese un mapa desconocido sino que el mapa en sí, estaba dibujado desde una perspectiva distinta a la que debía leerse.
Era el mapa de nueve islas, ocho de ellas formando un círculo en torno a la novena central sobre la que se alzaba una torre. Cada una de las ocho islas que forman el círculo contenía un altar que representa dos manos unidas con las palmas extendidas hacia arriba, como si estuviesen realizando una ofrenda.
Haciendo una comparativa, como digo, se pudo deducir que una de las ocho islas del círculo era Brinnley, las demás también forman parte del archipélago de las Nelanzher estando todas cartografiadas, la novena, al no aparecer sin duda, debe estar sumergida.
Muy posiblemente, alguien había dispuesto en una carta marina virgen el contorno de las islas seleccionadas del archipielago disponiéndolas en circulo en torno a la isla misteriosa.
Pero había algo que me llamaba poderosamente la atención, la runa tatuada en el antebrazo de Nhuada, el uso de un simple hechizo como conocimiento de leyendas desveló una inquietante profecía.
Me quedé como si fuese una columna de piedra erguida sobre mis rodillas, los ojos en blanco mientras dentro de mi cabeza escuchaba claramente una voz que me narraba lo siguiente:



Aguja de plata y Coral, ultimo santuario que la marea arropa
Por siglos han luchado contra el mal, hasta que la muerte y el olvido colmó su copa
Ocho fragmentos de cristal, coronados por una llave viviente
Unidos las puertas se abrirán y los secretos retornarán a vuestra mente
Y la llave renunciará a sus recuerdos y emociones
Para que lo que se ha perdido retorne tras eones.

Tras los descubrimientos, acordaron que el primer destino sería la isla de Brinley yyo les guiaría dándole la ayuda prometida a Azalea y menos mal.

El día acordado, llegué de excelente humor al puerto, había dejado a buien recaudo los emblemas e insignias que me hacen reconocible en Amn. Saludaba a los marineros y los guardias, a uno de ellos le pedí que se encargase de entregar una carta personal en la Sede de la Liga, si algo me pasaba, ellos sabrían lo que hacer según mi voluntad, al mirar hacia el barco que hace la ruta por el mar de las espadas les vi...parecían llevar una pancarta luminosa sobre ellos, y si se cuimplía lo que me temía... iba a costarme dioses y ayuda que no acabásemos muertos o en algún mercado de Calisham.

II​

El primero en darse cuenta de lo llamativo que era un grupo de elfos en Brinley fue el Capitán Saermon, me conocia y cuando le dije que venían conmigo desde atrás, en seguida me recordó el buen precio que me pagarían por cada esclavo. Una suerte de coqueteos, de sí pero no, de mira que Ron traigo para el capitán... respecto a la venta de elfos concluí con una frase acertada para el sitio y lugar en el que estábamos [Oh, sé que se pagan bien por las islas pero tendría que pagar demasiados impuestos por ellos y yo... soy pobre, pobre pobre] terminaron por proporcionarles unos camarotes , yo quedé en cubierta la mayor parte de la travesía porque simplemente, disfrutaba el viento de sal en mi cara.
Antes de zarpar, nada más subir a bordo saqué la otra botella de Ron añejo que adquirí, dediqué como cualquier marinero que se embarca unas palabras a Akadia, para que los vientos soplasen favorables y el líquido dulce y color topacio a Umberle para que no mostrase su furia, era un ritual que había visto hacer a mi padre y su tripulación durante más de una década.
Avistamos la isla de Brinley al amanecer, el puerto era un bullicioso callejón de mercancias, bestias, meretrices , marineros ,corsarios y por supuesto algún pirata camuflado, muy distintos todos a mis acompañantes elfos, vestidos al uso elfico, oliendo a elfo, y oliendo a todo lo que no deberían de oler en un sitio así.
Les pregunté si iban a pasearse por la isla de esa guisa, afirmaron sin parecer darse cuenta de la gravedad pero no podía hacer nada salvo rebuscar el pescado seco que guardo para Mirriel y restregárselo a todos ellos, repugnante, lo sé, pero efectivo al menos en principio.
Como digo, no veían la necesidad de adaptarse y confundirse lo más posible en un entorno hostil hasta que una de las bestias me ofreció una bolsa de oro por uno de ellos. La criatura se había apostado delante de Rokwen y Anith cortándoles el paso, me apresuré a plantarme delante de él con las manos en jarra intentando hacer mi mejor interpretación, le espeté que eran mios y cuando meneaba la bolsa de oro, anuncié que ya estaban apalabrados y la bestia pareció conformarse pero aun así, eran un caramelo para un niño, eran demasiado llamativos . Juro que pocas veces he pasado tanto miedo.

Apremiándoles para salir de la ciudadela llegamos hasta la playa, respiré por primera vez desde el desembarco, una vez en ella, Nhuada nos llamó la atención sobre un cangrejo que parecía empeñado en robarle la capa a Rokwen, me parecía bastante llamativo el hecho de que ninguno hubiese comprobado que no era un cambiaformas, Draconeo lo hizo afirmando que era un cangrejo vulgar auqnue de corriente tenía poco. Sea como fuere, siguiendole nos dirigimos hasta donde el elfo de los susurros halló el cofre donde estaba el pergamino, al entrar Nhuada en el agua sin previo aviso las olas se retiraron, el mar dejó de sonar y unas tremendas nubes negras en espiral descargaban el mayor diluvio de agua que he visto nunca, no veía nada, parecia que el agua del mar estaba cayéndonos encima con tal fiereza que asustaba...era como si Talos concentrase la tormenta sobre nuestras cabezas. Nhuada era alzado por un torbellino de agua, arena, y viento mientras su brazo, el de la runa, comenzaba a brillar descargando de él electricidad en forma de rayo. Juro por la sal de mi sangre que de haber podido , de habermelo permitido la densa lluvia, habría amputado el brazo del elfo, aquello no era nada bueno aunque esos rayos electricos se habían dirigido hasta otro punto de la playa conformando una columna de luz impresionante mientras unos leves temblores se notaban inquietantemente.
Un simple conjuro de vuelo de Draconeo impactó directamente sobre las rocas abriendo una grieta mientras el resto se resquebrajaba hasta que finalmente, el suelo se desprendió hundiéndose...
Se había creado un enorme agujero en la montaña, partiéndola en dos...
III​
Así mismo, la brecha dejaba al descubierto un oscuro agujero que conducía a las mismísimas entrañas de la tierra, Nhuada fue arrastrado por su brazo como los osos a la miel ,al interior, corriendo sin poder evitarlo, tras él ,Draconeo , haciendo uso de uno de sus conjuros de vuelo. Yo dejé que fuesen delante usando la cuerda que Shamaelthalar se ató y con él a Vinerva, fue complicado no encontrarle la gracia al hecho de que el sacerdote perdiese pie y cayese hacia abajo arrastrándonos no solo a la elfa sino a mi también aunque pude frenarme, ante sus lamentos opté por bromear y decirle que si no habría perdido pie a propósito para tener encima a tanta mujer. Por la respuesta de Draconeo, parece que Shamaelthalar es un galán elfo...
Al recomponernos, pudimos ver lo que nos rodeaba, una especie de sala con tantos años como la propia isla, sin nada que resultase reseñable salvo un altar y un cristal rodeado de manos en forma penitente, y a su vez, rodeado este de unos guardianes de piedra, me llamó la atención un mosaico medio destruido que representaba el ancho mar. No obstante, Nhuada estaba tendido sobre el suelo, con no muy buen aspecto a decir verdad. Entre unos y otros logramos recuperarnos, la canción que hacía años me había enseñado el viejo Milcantes, aceleró todo proceso de sanación y menos mal, porque si alguien debe tener esperanzas en mis conocimientos curativos, me temo que no habría peores manos.

Nhuada de forma tan extraña como todo lo que le rodeaba despertó sobresaltado yéndose hacia la pared justo cuando yo tenía la oreja cerca de su boca para ver si respiraba. El elfo era sin duda el desencadenante de todo así que bromeando y poniendo humor a la situación sugerí que se le atase a los demás, a poder ser alguien orondo y enorme como parecía Shamaelthalar, all menos así no saldría volando hacia cualquier otra grieta que se abriese en la isla tampoco teníamos forma de saber lo que conllevaría Nhuada en todo aquello ni que resultaría al final.
De algo estábamos seguros, la leyenda que vi en la sede de la Liga tenía la clave para solucionarlo todo ya que cada paso que daba Nuadha hasta el altar hacía temblar los cimientos y el brillo del cristal se tornaba más intenso hasta que de repente, una voz etérea y de mujerresonó por toda la estancia, procedía sin lugar a duda, del misterioso cristal central de la sala. Nhuada fue acercando el brazo al mismo. La voz decía así:


"Por mucho tiempo he aguardado por vuestro regreso; finalmente os habéis decidido a volver..." la voz solo parecía dirigirse al elfo , continuó
"¿Estáis preparado para cumplir con vuestro destino?"

El real mago apremió al elfo a sacar toda la información posible, a hacer cuanta pregunta se le ocurriese aunque el de Shevarash solo preguntó la razón por la que allí estaba.
-" ¿Qué he venido a hacer? para qué debo prepararme?"
Nhuada cohibido por el discurrir del asunto, en silencio como siempre y oculto como gran parte de su existencia se encontraba ahora siendo el protagonista de algo que se adivinaba demasiado grande, expuesto y solo delante del altar aunque antes de que acabase la dulce y mágica voz respondió

"Sois la llave, debéis hacer honor a vuestro propósito. Para abrir las puertas que se os revelaron en vuestra visión... deberás dejar el pergamino sobre este altar, Ellos os esperan , su elegido...su libertador"
"Ellos os esperan, su elegido... su libertador".
Eñ elfo seguía continuó y preguntó lo que todos hubíesemos preguntado
-"¿Qué consecuencias traerá abrir esas puertas? quiénes son ellos ?"
A estas alturas saqué la petaca de las ocasiones bebiendo un buen sorbo del dulce ron, quizá no volviese a probarlo mientras la voz volvía a contestar

-"Solo existe una forma de conocer lo que sucederá cuando el sello se rompa y lo que fue olvidado retorne hasta vuestros días. Ellos son los ancestrales.... guardianes de un legado que se sustenta desde el amanecer de los pueblos, ¿Acaso no oís su voz? Dadle comienzo, sois su elegido"
Las caras de los demás elfos eran un poema, solo yo era humana y a decir verdad había llegado a esa situación por simple rebote, pensé una vez más que no debí estar allí pero igualmente el estar presente me traería más beneficios , de salir con vida, que perjuicios. Mientras estaba envuelta en mis pensamientos, el elfo susurrante abría el estuche de pergaminos donde guardaba el que encontró y con el brazo extendido mostrando la runa que en la extremidad tenía grabada, acercó la mano posando el pergamino sobre el altar

Cuando Nuadha depositó el pergamino sobre el altar este se abre por completo y multitud de runas comienzan a brillar en él con intensidad mientras que la voz femenina y dulce continuaba hablando
"Ahora seremos uno... el primer fragmento. Un fragmento viviente".
El cuerpo de Nuadha comienzó entonces a levitar con su mano alzada hacia arriba... el cristal se elevaba más y más por encima del altar mientras el pergamino liberaba su magia hasta que de pronto descargó su magia contra el cuerpo de Nhuada.
Por suerte o desgracia, antes de que el elfo se acercase al altar, le rodeé con una cuerda dando el cabo a el enorme elfo de pelo largo y blanco que en ese entonces me miró como si estuviese loca, a decir verdad, Nhuada también lo hizo, Shamaelthalar por puro instinto terminó por tirar de la cuerda mientras que la magia se arremolinaba alrededor del elfo como un torrente imparable, un anillo azul se situó en su pierna izquierda dividiéndose en decenas hasta ocupar totalmente la extremidad inferior, ante nuestro asombro, la pierna de Nhuada se estaba transformando en una pierna de cristal azul en un proceso eternamente doloroso. Fue la primera vez que oí al elfo gritar de manera desgarradora. En otra situación estaría en posición de decir si era o no una voz apta para los cánones bardicos pero lo único que pude hacer fue taparme los oidos y cerrar los ojos apretándolos, era el dolor mismo hecho persona.
La elfa que se pegaba al tal Rokwen gritó instintivamente pidiendo a su diosa que parase

-"¡Diosa, paradlo! ¡Está sufriendo!
Cuando la elfa grití tal cosa el cristal reaccionó protegiendo el ritual que se había comenzado sin remedio descargando la magia contra el resto inmovilizándonos a todos y cada uno en una roca de cristal, el elfo seguía retorciéndose de dolor mientras mandé callar a la elfa, no fui la única. Al rato, la voz volvió a resonar
-"Está hecho, has dado el primer paso elegido.... ahora, somos uno".
Una fortísima explosión hizo desaparecer todo rastro de magia alrededor de nosotros, tan solo había servido para que no rompiésemos el ritual comenzado, no estaba en nuestra mano. Nhuada caía al suelo y todos corrieron a ver si estaba bien ¿como iba a estar bien con una pierna que algunos correrían a mirar al trasluz para ver su valor? Yo sencillamente me toqué para comprobar que estaba entera
-"Estoy viva, viva, estoy completa.." Bebí de nuevo de la petaca a mi salud mientras que
Nuadha estaba agotado por el esfuerzo y el dolor sentido. Su pierna izquierda era ahora una extremidad hecha de cristal azul similar a un zafiro sin embargo estaba vivo e ileso aunque ahora esa pierna de cristal era parte propia y completamente funcional eso sí, al caminar iba a estar haciendo un ruidito peculiar al apoyarla. Draconeo pensó en un mote para Nhuada , ni más ni menos que Nuadha Pie de Zafiro ... podría haberme preguntado, seguro que se me habría ocurrido algo mejor.
Alguien que no fui yo, pensó en si le pasaría lo mismo al pisar el resto de islas, no tenía suficientes extremidades para el número de islas restantes, otros pensaron que tendría que usar faldón... sea como fuere, la pierna era parte de el, no era magia ni una maldición e intentar devolverla a la carne supondría dañar a Nhuada.

Llagaba el momento de salir de allí mientras que las tremendas estátuas que hacían las veces de guardián empezaban a resquebrajarse con un hechizo chocando los puños entre sí , todos nos pusimos en guardia ante el inminente ataque, la tierra temblaba una vez más acercándose a nosotros para atacarnos, parecían proteger a Nhuada pues era al único que no atacaban , los cascotes caían ya sobre nosotros desmoronando el suelo, la única forma de salir de allí era teleportándonos por lo que había que proteger al real mago, mi pellejo antes que mis asuntos pasados, no iban a tocar al elfo mientras yo estuviese en pie, era el único camino hacia fuera. Entoné unas notas en forma de canción para dar valor y entereza a todos y más fuerza al mago, tras poco tiempo, nos teleportamos frente a los establos de la ciudad de la moneda , todos los que allí estaban nos miraron asombrados mientras una vez más, llevé mis manos a los pechos , seguía entera y ahora, inmersa en la curiosidad de ver qué sucedería con Nhuada cuando todo acabase...


Me avisaron unos días antes de la partida hacia otra isla del peculiar mapa que descubrimos en la Liga, el grupo que acudió al puerto de Athklata acudió tarde, con retraso exceptuando a Nhuada, por supuesto, no me habían hecho caso con el asunto de las ropas, cosa suya si eso les traía problemas, yo les había advertido así que me eximía de culpa si algo sucedía por esa razón.
Arribamos a la playa de aquel islote y nada más poner el pie en tierra sentí escalofrios, esa isla estaba maldita, ningún marinero quería acercarse ni pasar más tiempo del debido en ella, yo por alguna extraña razón consentí en no quedarme a bordo, sin embargo recé a todos los dioses que conocía, a la bruja del mar, a akadia, a los dioses de tierra firme y hasta el último de los celestiales cuando puse el pié en la playa.

La barcaza que nos llevó, se fue apenas habíamos terminado de desembarcar, el capitán nos dio medio día y se iría con o sin nosotrospero él, no acercó el barco a tierra . Vistos los hechos y el resquemor y desasosiego que me producía ese islote desierto de vida apremié al grupo, aunque poco caso me hacían pues era una criatura humana, se protegieron con magia elfica mientras Nhuada avanzaba por una colina, ya sabíamos el sistema más o menos lo que no sabíamos aún era la "personalidad" de cada altar. Bien parecía que cada uno tenía un caracter distinto a tenor de los hechos posteriores.

Como digo, Nhuada iba delante y fue al conjurar magia cuando se desataron los temblores de tierra y el elfo era arrastrado hacia un immenso haz de luz mientras que el cielo parecía caerse sobre nosotros en un vendaval de agua, viento y granizo. Ellos iban juntos y yo les resolvía los asuntos a bordo, no había más. Por eso, cuando descubrimos aquel descenso lleno de barro me adentré la última, como siempre. Una vez más, un habitáculo perdido en el tiempo, con grabados de otro tiempo, sin relevancia ni importancia y con una suerte de guardianes de piedra, eran krakens enormes, custodiaban de nuevo un altar conformado por manos suplicantes, sin duda, el elfo tenía la clave y era el que habría de dar el siguiente paso.


"¿Quién osa perturbar el descanso del guardián?"
Mientras nos inmovilizaban unas manos mágicas envolviéndonos a todos, incluido el elfo.
" Contesta, profanador ¡tú que portas la marca de la llave!¿ Acaso te crees digno de romper el sello? "
Rompia en esperpénticas carcajadas mientras estrujaba a Nhuada, éste a duras penas pudo contestarle.

" Vosotros me elegistéis , no yo. Si llevo esta marca y camino con mis amigos a mi lado, es porque los Seldarine así lo han querido"

Todos estábamos confusos, aquella manera era diametralmente opuesta a la anterior, y empecé a temer no salir de allí con vida, la voz rugía de nuevo en una conversación de locos.

"¿Es esa la fuerza y la valía de tus palabras? eres debil portador de la marca... yo no seré tan clemente como ella , no obtendrás mi fragmento si no demuestras ser digno de él"- rió de nuevo-
La lucha por el altar contra los guardianes fue terriblemente dolorosa, despertaron uno a uno hiriéndonos a unos, a otros dejándoles muy mal heridos y temiendo que el tiempo pasase de forma inexorable y nos abandonasen alli. Todo concluyó cuando abatimos al último de los petreos Krakens , la voz volvió a rugir.
" Eres fuerte...aunque aun dependes demasiado de otros sea como deseas, portador de la marca...aunque ya sabes cual será el precio que me cobraré cuando deposites el pergamino en este altar"

Nhuada continuó el proceso, depositando el pergamino sobre el altar pero lo que no debía haber sido, lo peor de la leyenda que vislumbré , pasó. Nhuada no tenía una nueva parte de cristal no, Nhuada entró en la nada pues pronto vimos que no sabía quiénes éramos . Repetí la leyenda parando en una frase. " Y la llave renunciará a sus recuerdos y emociones..."

Aguja de plata y Coral, ultimo santuario que la marea arropa
Por siglos han luchado contra el mal, hasta que la muerte y el olvido colmó su copa
Ocho fragmentos de cristal, coronados por una llave viviente
Unidos las puertas se abrirán y los secretos retornarán a vuestra mente
Y la llave renunciará a sus recuerdos y emociones
Para que lo que se ha perdido retorne tras eones.

Sin tiempo la gruta tembló empezando a ceder, de nuevo, salimos de allí en extremis de la mano de Amanthiel y el real elfo.
Una isla y otra , luego otra más y cada una de ellas se convertía en una cuenta atrás para el elfo.
Los elfos eran imprudentes, demasiado para mi gusto y gustaban de llamar la atención por allá por donde pisaban, pero las islas no eran Suldanessalar, ni siquiera estábamos en territorio amniano pero parecían no querer ver, que un paso en falso y estarían acabados y yo, no tenía la más mínima intención de cavar mi propia fosa así que si tenía que poner en una balanza mi vida y la de ellos, perderían siempre.
Con Nhuada sin sentimientos, sin memoria, sin corazón y sin pierna desembarcamos en el puerto de Skaug.

Hacía años que no ponía un pie allí, desde el día en que acudí con Alec a esa asamblea pirata ocultándonos de todos los que se congregaron allí, muchos conocidos que el tiempo trató mal , muy mal pero seguía teniendo a mis espaldas el bagaje de alguien que ha pasado la mayor parte del tiempo moviéndose en esos puertos y navegando por sus aguas, me salía solo comportarme como una de ellos, y sobre todo, sabía que antes de embarcar tenía que dejar mis emblemas, medallas y cada cosa que pudiese identificarme como lo que era, en Skaug era una más, pero mis imprudentes acompañantes no pues fueron ataviados con sus galas, sus perfumes y sus brillantes bastones. No entendían que sus vidas valían allí lo que vale un esclavo de una mina de sal, nada , lo entendieron a las bravas.

Llovía a mares cuando desembarcamos, el cielo parecía estar descargando con tal ansia que apenas se podía hablar sin que la lluvia te entrase directa al estómago, en el aire, el olor a quemado y alrededor aun se podían ver los efectos devastadores de la guerra del trono de coral. No eran buenos tiempos para Skaug, desde luego que no.

Un marinero desdentado pescaba en aguas revueltas , pude ver como segúia con la mirada al grupo de elfos, el gesto era de desagrado, de asco incluso y desde luego, no habría dudado en desvalijarles. Cerraba la comitiva como siempre, ese asunto solo les atañía a los elfos, yo era su guía y los ojos, oidos y voz de La Liga de la Bota y el Sendero para futuribles mapas de la zona, iba anotando burdamente la ruta que segúiamos, nada que ver con el trabajo de Lilimel pero valdría .
Como dije, el marinero les seguía así que tuve la idea de pararme e ir a charlar con él, distrayéndole de alguna forma.
-¡Ey, demonios, ¿dónde se celebran las peleas de gallos esta deckana?!
-Para celebraciones estamos- bufó
-Esta noche, ha habido otro temblor , ha tirado tres edificios más y ha dejado un grandioso agujero donde estaba uno de ellos.
Era curioso, nosotros no habíamos desembarcado aun en la noche, pero a medida que el elegido iba encontrándose con cada cristal, las reacciones podían cambiar y ser lo que parecían, destruían y afectaban a otros lugares como si fuesen troncos dispuestos cuestaabajo. Saqué la petaca de ron dispuesta a saber mucho más, le ofrecí de ella.
- Carajo,¿ y ha habido muertos?¿Por donde ha sido? ¿quien es el culpable?- pregunté mientras ponía en practica todas mis habilidades y sonrisas especiales.
-Ha habido muertos , puedes verlo por todas partes pero al menos nos hemos divertido - rió mostando su diente de oro , diente que desde luego no era de su medida.
- Cuenta, cuenta...
-Alguien dijo que era cosa de los magos así que, se han condenado a lanzarlos al agua y dejar a los tiburones hacer , la verdad es que aun se buscan más, y ellos parece que son magos -
El marinero señaló a los que desoyéndome seguían portando sus bastones en ristre. Por supuesto equivocadamente se habrían cobrado algun marino si hubiesen intentado evitar que les lanzasen al agua pero, no habrían podido hacer nada cuando toda una isla se les hubiese echado encima sedientos de venganza.
-La culpa siempre es de los arcanos, siempre... el mejor arcano es el arcano muerto, lo único bueno es que nadan en oro y cosas caras, como esos bastones que llevan , los recogimos del mar, sin duda son de los que ahora andan digeridos por los peces.
Ambos reímos, con ese apunte les quité la amenaza de encima , incluso yo me la quité con esa acción, imagino que no les gustó escucharme pero mejor eso que muertos. Guardaron sus bastones cuando el marinero se lo sugirió no sea que alguien actuase sin preguntar.

Continuamos tras esto hacia el interior, un pequeño truhán hijo de una meretriz nos sacó unas monedas pero a cambio no dijo nada de que conocía al real mago y al elfo colchón.
Caminábamos cuando de repente todo se volvió gritos y amenazas, una jauría de isleños salía de caza buscando más arcanos . Si nos veían era muy posible que no saliese nadie de alli e incluso a mi, me costaría explicar mi presencia.
Convinimos en ocultarnos en las alcantarillas, imaginad unas alcantarillas de un lugar como Skaug, si era repugnante de normal, las de una isla eran peores pues se añadían los restos propios del mar. Entrar en ellas fue una de las peores experiencias que he vivido tras el tiempo encerrada en las ruinas de la Arcanum.
Cienos y cienos, montañas de cieno pútrido, acido, repugnante, lleno de restos digeridos de otros desgraciados que cayesen en ellos, era simplemente la peor pesadilla para cualquiera, estuvimos a punto de morir tantas veces por este hecho, que solo ansiaba salir y que estuviese lloviendo fuertemente para limpiarme. Era una pesadilla.
Por fortuna, en una de las oquedades más grandes se encontraba el altar suplicante , en esta ocasión la personalidad del guardián no parecía mala, sin embargo, estábamos obligados a luchar con unas moles deformes de no quiero pensar qué material.
Nhuada, hizo lo que debía hacer y nosotros igual, ya conocíamos el sistema y lo que pasaría, en ocasiones, pensé en hacer apuestas pero sin duda, los elfos no iban a entender la broma.
Una vez más, el elfo se retorcía de dolor para sufrir otro cambio, en esta ocasión, su cabeza y brazo, no me gustaría estar en su pellejo de ninguna de las maneras , exhaustos recurrimos una vez más a la magia para marchar, no podíamos hacerlo a pie o los de arriba acabarían con todos.
El final se acercaba pues ya apenas quedaba una parte del elfo sin transformar en cristal.

Glatroxx
​

Una vez más la cita con los elfos tuvo lugar en el concurrido puerto de Athklata, para mi sorpresa esta vez sí que iban ataviados al uso y costumbre del mar, casi me da un soponcio ver que habían entrado en razón.
Embarcamos hacia las islas descartando ya las que habíamos visitado , tenía ya bastantes anotaciones de las travesías y también de los subsuelos de ellas, aunque era un trabajo valdío ya que con cada conclusión la estancia se derrumbaba, inundaba o ardía.
Era muy curioso, llevaba contados tres elementos de cuatro con sus correspondientes aberraciones guardándolos.
Las señales nos llevaron a Glatroxx, un islote asalvajado en mitad de las Netzlhander , refugio de gentes de mal vivir, piratas , contrabandistas y lugar de saqueo de las bestias un lugar que ya había visitado en varias ocasiones en mis años presentes y también en los pasados.
Nada más desembarcar un silencio demasiado extraño lo envolvía todo hasta que de repente gritos desgarradores se iban acercando hasta nuestra posición, gritos de terror insuperable y sobre todo.
Un tipo, un semiorco corría despavorido hacia el puerto junto a varios animales , imploraba en común que corriésemos, que corríesemos por nuestras vidas, él ya lo hacía.
Le contuvimos como buenamente pudimos para preguntarle, Mika, haciendo gala de sus habilidades consiguió sacar algo de información al aterrado desgraciado, no tuvo inconveniente en tirar su granhabcha , sólo quería irse, subir a bordo y esconderse.

Según dijo, algo estaba saliendo de la tierra, algo que mataba ipso facto a cualquiera que estaba en el camino, no ahbía donde esconderse . Aun con esas, las señales estaban claras, y el brillo del elfo lo confirmaba, si queríamos saber todo por lo que habíamos cruzado medio mar de las espadas debíamos continuar, y así hicimos.

No fue complicadover la razón por la que murieron todos, estaban esparcidos por toda la isla, podría decirse que habían sido desecados, embalsamados, algo les había quitado toda el agua del cuerpo dejándolos como digo desecados, el rictus de dolor era espantoso y desconocíamos si iba a pasarnos igual. Esquivando cadáveres noté como se me erizaba la piel, un instante después vi como una ola de proporciones descomunales se estaba formando desde alta mar hacia la isla, ahora sí que debíamos correr y buscar un lugar elevado aunque por alguna extraña razón nos vimos arrastrados casi en remolino hacia abajo, hacia una cueva oradada en la montaña.

Más cuerpos inertes flotando en el agua que entró con nosotros, aunque posteriormente se fue retirando, a veces pienso que todo es una alucinación pero cosas más raras han visto los marineros más viejos.

El agua se retiraba como dije, avanzabamos y el vapor comenzaba a formar moles , después al retirarse el vapor numerosos golems de agua tomaban forma , odiaba los golems de agua por sobre todas las cosas, no eran peligrosos per sé siempre y cuando te mantuvieses a gran distancia si no, ya podías apostar cuando morirías ahogado sin decir "ay", y así una serie de encuentros sucesivos que iban minando nuestras fuerzas hasta que por fin, allí estaba el altar en forma de manos suplicantes.

Era el turno de Nhuada, los demás éramos meros espectadores de lo que sucedía. Como apunte adicional, el caracter de este guardián era bondadoso, educado ... todo lo contrario a los dos anteriores. Sin embargo, debíamos luchar contra ellos como parte del natural fluir de acontecimientos.

Nhuada posó el pergamino por última vez la llave estaba en la peculiar cerradura pero esta vez... esta vez no sufrió un cambio como los anteriores, la verdad es que apenas le quedaba algo de carne pues casi todo era cristal pero esta vez, algo fue distinto. Su cuerpo se transformó en un ser de puro cristal enormemente grande, de no ser por la situación podría haber hecho multiples bromas y chanzas pero no, no era el momento pues ocultar una criatura así o ncluso llevarla de regreso a cualquier lugar, era complicado, por no decir imposible.
A la par, la voz del guardian hablaba de nuevo:
"La llave está completa, pronto la verás a ella y entonces..."

Lo que antes era Nhuada, nos miró con cierto desden saliendo después hacia el exterior , salimos tras él a toda prisa , costó dioses y ayuda seguirle hasta que paró en seco en un saliente del islote, todo empezó a temblar en el mar, todo empezó a moverse mientras solo podíamos mirar , el elfo sobrealimentado permanecía inmóvil en la misma posición hasta que una torre con forma de aguja se alzaba entre las aguas del Mar de las Espadas. Era la misma de la que hablaba la leyenda que pude ver en la sede de la Liga, ahora, tocaba lo más complicado, llegar hasta allí, hasta ella.
Nhuada tras esto, volvía a su ser dejándonos ver a todos como su madre le trajo al mundo, ciertamente , demonios, después de todo lo que habíamos pasado bien podría haber sido un humano y no un elfo...¡que no me gustan!
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Yo
​

¿Alguna vez me sentí como si caminase cabeza abajo? ¿Cómo si todo lo que sabía no tuviese sentido? ¿Alguna vez me sentí como si me hubiese quitado a mí misma de encima y el resultado del revés fuese otro yo ?
No, nunca me había sentido igual pero tenía la certeza de que algo inesperado me esperaba tras el ataque de sinceridad absurda de mi padre adoptivo. Me crió bien, desde que con tres años más o menos, llegué a la isla de Nemessor, me dio una educación terrena y mundana de esa que te salva la vida en múltiples ocasiones, me elimentó, me procuró conocimientos y no me sentí sola pero no obstante desconozco aún la razón por la que se quedó conmigo. Los labios de la vieja meretriz que me hizo las veces de consejera materna estaban sellados aun.
Dicho así, parece algo extraño, pero no sentí nada cuando mi padre adoptivo me dio la llave de mi pasado, de mis raíces. Quizá fuese una forma de expiar la culpa, quizá fuese un ataque de sentimientos paladinescos ¿quién lo sabe? a mi solo me sirvió para reconocer lo que fui, de quien fui y cuando fui.

Desde que recibí la carta junto al diario de a bordo de un barco con su listado de pasajeros algo me dijo que no siguiese adelante pero por el contrario, los sueños de cada noche y la misma nana repitiéndose en mi cabeza con la visión de aquel manto envolviendo a una niña de corta edad me gritaban que debía seguir. Fueron meses y meses de extraño tormento hasta que concluí que debía viajar pronto.
Pronto, pronto era algo muy inexacto, era una treta de las muchas que había habido en mi vida y que ahora usaba conmigo misma, conté la existencia de aquel mensaje a Madeleine y acordó como yo, que tenía que acudir.

Pronto, dije y lo pospuse una y mil veces.
Hacía demasiado tiempo que necesitaba hacer unas compras, pero Mercaderes no era precisamente mi ciudad favorita, no nunca lo fue y siempre acababa encontrando aquello que buscaba en otro lugar pero no así en esa ocasión. Hice mis compras y me dirigí a la posada a pasar la noche, al alba partiría seguramente usando los conocimientos del mago o la comunicación entre templos, pero no...no fue así.

La camarera llamó mi atención, habían dejado un paquete a mi nombre, al abrirlo descubrí la antigua portada de un libro ajado repleto de leyendas y misterios , entre sus primeras páginas una nota y un pergamino que bien sabía leer En la nota rezaba solo una misteriosa frase
Es hora de que regreses a Candelero , este libro será un excelente pago para la abadía, ya no tienes excusa alguna ¿verdad?

¿Ir ?¿Ir a Candelero? Sí ya sabía por mi padre adoptivo que no era de Brinley, ni nacida en las islas aunque si con mi sangre mezclada con cada gota de arena de sus playas, era isleña por derecho y además, Era de candelero por nacimiento.

Llegué a las puertas de la abadía con un sol espléndido cegándome, suerte de sombrero que mimó mis ojos, va siendo hora de buscar un cristal oscurecido para mi vista pero eso esperaría como tantas otras cosas a la cola de una grandísima lista de cosas por hacer. Entregué el libro como pago a cruzar las puertas de la gran biblioteca y allí un archivo me andaba esperando. En él pregunté por el nombre del barco al que pertenecía el cuaderno de bitácora, algo me decía que coincidiría y así fue. Solo hubo un superviviente, un artesano de renombre en la ciudad un cuarto de siglo atrás, su nombre Richard Vonmagnersen, casado con Camelia Danzaudaz, hechicera floreciente. Muerta en el abordaje, la hija de ambos, desaparecida en las aguas del mar de las espadas cuyo nombre era el mismo que se repetía en la nana que moraba en mis sueños: Isabella Vonmagnersen Danzaudaz.

He de reconocer, que el corazón me dio un vuelco tan espléndido como el de mi estómago, era yo, sin duda alguna ,pues mi padre adoptivo me lo hizo saber "aquí te encontramos, envuelta en ese manto que te arulló tantas veces , esa bruja se llevó por delante a varios de mis hombres , demasiados protegiéndote, en sus labios un último hechizo antes de fallecer, un deseo"

Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar , ni siquiera pude buscar un jarrón en el que vomitar, una cria de unos ocho años, quizá menos se empeñó en tirarme de la camisa diciéndome que tenía que ir con ella o le darían un capón, el capón se lo iba a dar yo igualmente si seguía tirando de mi camisa, era una de las caras.
Me hizo correr tras de ella, hasta frenarse en una plaza , de pie una figura femenina. ¿Alguna vez habeis visto a alguien que simplemente es un reflejo vuestro del futuro? pues eso estaba viendo yo, una mujer de algo más de una década mayor que yo, excatamente igual a mi, quizá con el cabello más negro en lugar de castaño.

-Isabella ...por fin estás aquí Isabella
-Astrid, mi nombre es Astrid , yo no me llamo así, eso es nombre de paladina-

Lejos de desconfiar como hubiese sido lo esperado, confié en esa mujer, decía llamarse Lara Danzaudaz , sí, se llamaba como mi perra, aquella cachorro que Theros trajo consigo y a la que puse nombre . No sé si son bromas del destino, o simplemente casualidades de un nombre ya conocido. Mi tia, seguramente me habría cuidado alguna vez los tres años que compartimos.
Había mucho de que hablar, pero mno en aquella plaza sino en casa, su casa y la mia...



Entre viajes y viajes dio la casualidad, de sentarse las tres en el teatro de Crimmor a charlar de sus cosas y porque no, de las cosas de los demás.
Cada una de las tres trovadoras tenían sus quehaceres y por norma general, tener fama y oro solo complicaba las cosas un poquito más.

Astrid desde luego estaba encantadísima.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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-Interludio-
(Senescal de Amn)​
congress.jpg​
Toda una legislatura completa, años invertidos en según dicen un puesto de relevancia que me otorgaba el título de noble.

Corría la noticia de boca en boca de mano de los voceros que por las plazas iban leyendo los diversos bandos anunciándolo.
Si algo había caracterizado la primer legislatura fue la baa de parte de los Senescales tras ataques, secuestros y denuncias incluído el asesinato de una de las Senescales a la que La Eterna Melodía ayudó a encumbrar.

Sea como fuere, se adelantaron los comicios y de nuevo, el puesto de Senescal iba a ser , en teoría, muy luchado aunque no muchos nos decidimos a llegar hasta el final.

Tal como daba comienzo llegó a su fin, fue una carrera de viajes, discursos, reuniones con quien quieres que te otorgue el apoyo ...,aquella campaña. Estaba exausta , agotada pero aun iba a comprobar en mi misma donde iba a llegar el haber salido elegida.

Estaba siendo nombrada Senescal de Economía y Comercio Interior en las segundas cortes de Amn y en adelante quedaban varios años de legislatura.

De entrada, al tomar posesión de mi cargo, me topé con una suerte de de historias inconclusas, hechas casi a medida, y muchos temas por resolver, demasiados , que se sumarían a los propios así pues, empezamos por resolver los temas atrasados, no fue fácil y por el camino empezaron a quedarse senescales, como la vez anterior. Primero, La senescal de justicia interior por motivos personales, después el cese de la senescal de Economia y Comercio Exterior acusada y encontrada culpable de diversos delitos. Si la Morgue Negra marcó profundamente la primera legislatura , el juicio celebrado contra un juez al que todos conocemos y una senescal contra otra, yo misma, marcó a fuego la segunda.

Salí inocente de las acusaciones pero a cambio, quedábamos solo dos de las cuatro Senescalias para toda una suerte de problemas que estaban por llegar.

Así, como los dioses y la destreza adquirida en tales lides, llegamos al fin de ese período tras años ejerciendo en el cargo con el broche final de la primera erupción del Volcan de los Ojos de Kossut que comunicaría tiempo después en una de las mayores tragedias vividas en nuestra Gloriosa Amn.
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Hace unos años en Amn

Hasta que Amn nos separe-​
I​

...Es que nos pilló el día tonto, tonto del todo pero las cosas son así. Theros había vuelto de una de las misiones del Bastión, no pregunté donde porque generalmente no pregunto y yo había estado viajando para poner en marcha la ambiciosa empresa de hacer una ruta artística por distintas ciudades de Amn, cada uno con sus cosas y menesteres.

Ya hacía tiempo que habíamos llegado al acuerdo de pasar el futuro juntos, él acompañándome a mí en mis cosas, con la premisa de que no me pasaría todo el futuro a bordo de un barco y navegando y yo acompañándolo a él en los actos que como Decurión tuviese. En ese entonces todavía no habíamos reconocido lo que sentíamos el uno por el otro y que no era solo sexual, pero sin embargo tal y como me dijo Madeleine al contárselo, era el previo a algo más, qué razón tenía. Ya teníamos una perra en común incluso.

Así que pasado el tiempo, pasó lo que pasó. Una petición de matrimonio.

Nos dirigimos a Caravasar en vista de que Naskhel estaba con algunos problemas, nos gustaba la habitación de la posada de allí pero preferí Caravasar y de allí pues quien sabía.

El caso es que en aquel paseo, de suelo blanco y negro atravesado por los guardias a caballo, comenzamos a hablar, no sé porqué mencionó que estaría bien que luciese un anillo en mi dedo para que los galanes supiesen que no estaba disponible, creo que le salió la vena celosona.

Como decía, íbamos charlando, yo diciéndole lo pellizcable que era pero que no sabía como iba a resultar con esa armadura de legionario que llevaba puesta. El puñetero me desafiaba mencionando mi valor y osadía, aunque sabía de sobra que no sólo podía pellizcarle sino más aún. Él decía que si lo hacía, me mordería y al final, al acercarme, acabé mordiéndole suavemente la mejilla mientras él me cogía por la cintura.

-¡Ay, Theros…. Theros!-
dije sonriendo y suspirando a la par acompañándole en su suspiro mientras me miraba.

-Dime-dijo

-Nada, solo estoy comprobando lo que sienten esas señoritas que van suspirando por sus caballeros, suspiro y eso…Reí entonces y él sonrió, añadiendo con el rostro ladeado y tono bromista una cuasi sentencia.

-Recuerdame porqué no nos hemos casado…

-¡Oh, si la memoria no me falla y sé que no lo ha hecho, por dos razones…!

-¿Cuáles?- Dijo Theros sin dejar esa sonrisa y sin dejar de abrazarme la cintura, seguía siendo el manomopa de siempre.
-Una, porque no nos casaría nadie en su sano juicio- enumeraba con el índice ya alzado, él se reía ya mientras que yo, aguantaba la carcajada.
-Dos, porque no me lo has pedido…tres, yo a ti tampoco, cuatro… ¡carajo, son más de dos! Pero… ¿para qué?- pregunté dejando caer lo innecesario de un acto así
-Así, no te me escaparás
-¿Escaparme?- pregunté encogiéndome de hombros mientras él, asentía
¿Dónde voy a ir si me tienes cogida por la cintura?

-Por si de aquí a unos años, se te ocurre…o si se te acerca algún galán y no vea el anillo- me guiñó con el mismo gesto jocoso de todo el rato- mi mujercita – añadió.
-Espera, espera, espera… a ver si es que yo no ando muy allá ¿qué me estás contando, Theros?
-Nunca has andado muy allá – contestó bromista aunque la verdad, tenía hasta razón.
-Ni muy acá tampoco – reí- va… va..
-¿No me parecen malas razones? ¿No te convence?
-¿Estás diciendo que quieres casarte conmigo, Theros?

Los dos nos echamos a reír, francamente no podía ser de otra manera, conociéndonos, carraspeó, rió, puso gesto pensativo, cara de circunstancias, un nuevo carraspeo y un nuevo gesto de estar pensándoselo en serio. Parpadeé y abrí la boca con cara de sorpresa.

-La madre que me trajo…-
mientras tanto, él sonreía y comenzaba a bajar la rodilla a tierra cogiendo mi mano, yo miraba a los lados a ver donde estaban escondidas las chicas. Le miré y alcé la ceja en mi gesto de “te pillé la broma”
Theros frunció el entrecejo como protestando, resoplaba y al final, habló.

-Mira, no se me da bien
-No, si a quien se le diga que llevas años codeándote con trovadoras y aun no se te da bien…

-No- dijo lentamente queriendo ganar tiempo
-A ver…- dije rodando los ojos mientras él alzaba la mano para pararme.- ¿Qué? Pregunté dándole margen.

-El sol nace y se pone contigo, Astrid. Que es lo que se, además de no pensar en nuevos días si no estás en ellos
Yo, le imité mientras tanto, en realidad a mi esas cosas me pillaban tan de sorpresa que no sabía qué había que hacer. Acabé arrodillada frente a él, como si fuese su imagen del espejo mientras él alzaba las cejas
¡Que te amo, Astrid!- dijo exclamando sin saber qué más decir.
-¡Y yo te amo a ti, Theros! – anuncié en el mismo tono exclamativo mientras alzaba la mano que me dejó libre
-… Y quiero pasar el resto de mi tiempo contigo, lo que Amn nos permita- bromeaba- ¿Quieres casarte conmigo, Astrid MinstrelTides?

Protesté porque había alzado la mano para hablar, había que ir sentando unas bases de conducta, vaya que sí.

-A ver, pero que no te adelantes ¡Que no te adelantes!¿porqué te adelantas?

-¡Astrid!- dijo sonriendo y sorprendido
-¿Qué?- contesté airada
-Te estoy pidiendo matrimonio- me señaló con el dedo- ¿A qué me he adelantado?

-Que sí, que ya lo sé, pero estaba por darte unas indicaciones para que quedase así bonito y en plan color rosa… así es que no se puede, no se puede…- dije negando- qué desaprovechada me tienes
-Vale, me espero entonces. Dime- dijo dándome pie
-Pero espera bien, que te veo muy suelto…- estaba a punto de romper en carcajadas, yo también, proseguí – veamos…Theros…¡digo Astrid! , bueno, tu ya sabes, tendrías que decir mi nombre y eso- indicaba
-Astrid…
Continué- El sol amanece cuando llega- le susurré que lo repitiese
-El sol amanece cuando llega- repitió divertido.

-Y los días, ni los pienso porque estoy contigo- seguí hablando sin ser consciente que no estaba diciendo nada bien, me temblaban las rodillas y eso, que las tenía en tierra, el me seguía.
-Y los días ni los pienso porque estoy contigo… Astrid- dijo de forma tierna atrayéndome hasta él, que ya se había sentado en el suelo. Menuda estampa, parecíamos indigentes o algo parecido.- ¿Recuerdas el día que te dije que eras mi princesa?- Asentí- Lo vi reflejado en tu rostro, quiero para ti un final de cuento y que por una vez, seas la protagonista de mi historia, juntos, sin guiones, vives cada día en escenarios, ofreciendo las historias de otros a la gente. Serás la princesa de este cuento si me dejas
-Theros ¿y tú recuerdas cuando me ofreciste ese acuerdo?- asintió- ¿Recuerdas que te dije que aceptaba?- volvió asentir- Sabes que ese acuerdo ya no podría ser, ya no tendría sentido un acuerdo así, porque bueno… ¡que más dará ese acuerdo!... Sí- Un guardia a caballo pasó por tercera vez, nos miró con cara de "a la próxima, os encierro".

-Si- dijo él- ¿¡Si!?- ladeo el gesto
-¿El qué?- dije
-¿Si?¿que sí?- preguntaba sorprendido.
-¿Se puede saber qué dices, Theros?
-¿En serio? –
dijo señalándonos
-Si…¿no?
-¿Me has dicho que sí? ¿Nos vamos a casar?-
cada vez estaba más sorprendido, claro que yo tardé tres días en dejar de estarlo.
-¿No iras a decirme ahora que me has ganado la partida? Porque te estrangulo con armadura y todo… ¿no? digo…
Frunció el entrecejo sin creérselo, estaba emocionado incluso ,yo parecía que estaba dirigiendo una obra de teatro, no era consciente de lo que estaba pasando y a la vez, sí que lo era.

-Astrid
-Theros

-Nos vamos a casar, voy a ser tu marido- echó a reír con la cara reflejando la felicidad que sentía, empezó a comerme a besos mientras yo hablaba, entre besos, como podía
-Si, eso es… carajo que mal suena…
-Ehh-
paró un instante- ¿y ahora qué?
-¿Qué? ¿ahora que te demonios te pasa , Theros? Te veo muy suelto… pero que muy suelto
-¿Suelto? – reía, no habia parado desde hacía rato.
-Sí, muy suelto, ahí sentado en el suelo, todo un Decurión de Amn..suelto, suelto, pero ¿y ahora?
-Eso te pregunté, Astrid

-Pues… ahora… podríamos celebrarlo- le guiñé- Ah espera, te referías a otra cosa… - de nuevo estallaba en carcajadas.- Carajo, haberlo dicho, legionario- espeté bajando su rango. Se incorporó dejándome en el suelo.
-Ah… pero no vas a llevarme? Eso sí, no pienso llamarme Firecrowm
-La señora Firecrowm, suena muy bien
-Que no… ¡he dicho que no!, ni hablar…
-¿Quieres celebrarlo aquí o en Naskhel?
-Entonces ¿no vas a llevarme en brazos?
-¿No nos hemos casado y ya me das problemas? ¿No quieres mi apellido? Eso se supone que cuando nos casemos, Astrid
-Ya tengo el mio. ¿No nos hemos casado y ya estamos con detalles tácticos? Pues nada, iré caminando…

Paró un momento y con suavidad me tomó en brazos.
-Si es que…si es que…
-Estás muy mandona tú hoy.-
rechistaba sonriéndome
-Que va, que va, es que tú andas muy suelto- contesté alegre
-…Para un día…-continuó con cierto deje de protesta- ¡Para un díaaa!


¿Infiel?​
Lo que son las cosas, resulta que ”el manomopa” me era infiel… pero no infiel con una mujer ¡qué va! lo es con el Bastión, con el cuerpo legionario… con el deber y poco remedio hay para eso, qué le voy a hacer. Yo también lo soy con mis cosas je, je, je


Estaba a punto de comenzar la última obra de teatro en Crimoor, le ví sentarse a lo lejos, uniformado, mal asunto pero bueno, también era posible que tuviesen zafarrancho en el Bastión, cosas de militares ya sabemos.

Concluimos entre aplausos nuestro espectáculo y él bajó cuando justo salía de la parte posterior, me agarró de la mano tirando de mi hacia dentro, me besó y acto seguido dijo que marchaba con Runabismo, asentí claro, yo tenía también otros asuntos lo que no sabía, es que el condenado legionario iba a pasar deckanas sin asomarse, tan sólo unos minutos y solo para decirme que el enano le había dicho que ¡ya era hora de que alguien la haga sentar cabeza! …puñetero medio metro, seguro que lo estaba disfrutando pensando en aquella escena taaaaaaaaan idílica que presencié entre él y su desaparecida mujer, encima al Fogoso se le ha ocurrido invitarle a la no - boda, carajo.

Bien, como decía, Theros se fue a sus asuntos y yo a los míos, que eran muchos pero claro, pasaba un día, pasaba otro, pasaban dos, cuatro… una deckana ¡dos y tres! y seguía sin saber nada, así que tramé mi pequeña venganza para el legionario.

Miré hacia mi arcón, ese donde guardo mis ropas, aparté lo que quedaba de mi túnica de graduado en la Arcanum, aparté el bastón, y allí estaban, un juego de medias de seda de calidad.

-Te vas a enterar, Therosín- pensé sonriendo con una malvada sonrisa.

Metí una de las medias en un paquete, lo envolví muy bien y entre ella, coloqué una notita. Decía así:
“¿Te gusta? Hace pareja con la otra, pero es una verdadera pena que no lleve el relleno dentro, la otra sí… así que ya sabes, tengo dos piernas y una sola media”


Cuando acabé, mandé llamar a un mozo del teatro, y lo envié hasta el bastión, para que uno de los reclutas lo llevase hasta Theros.

Como no había señales, volví a sentarme en el teatro, con los dedos repiqueteando sobre la mesa, mandé la otra media con el mismo proceso.

Pasaron los días y nada, sin respuesta, había que dar la puntilla y lo hice, mandé algo más, uno de mis corsés.

De nuevo, sin respuesta ¡no me lo podía creer!

Así que seguí con mis cosas, con las chicas y matando el tiempo, escribiendo y componiendo sobre todo…

Con todo lo que estaba pasando en Amn, apenas veía a Theros. Ni siquiera mis envíos parecían ser efectivos, el remate llegó al tiempo, cuando iba hacia Agujas de Oro con Madeleine. Nos paramos a charlar cerca de las murallas de Athklata y de pronto ruidos de armaduras. Era Theros con algunos legionarios, seguidos de miembros del Martillo de Sangre.

Nos giramos las dos y saludamos, para mi sorpresa, Theros solo cabeceó ¿en serio me había hecho eso? Ni una simple palabra, así que ofendida, enfadada y más aún, metí prisa a Madeleine para irnos de allí, me despedí de todos menos de él, ¡que se fastidie, pensé!

Una vez en Agujas de Oro, cruzamos el dintel de las puertas del templo, mi trovadora amiga, trataba con gestos y palabras, que no diese importancia al hecho anterior, sin mucho éxito pero creí conseguir disimularlo, ella sabía que no era así.

Hablamos con el Moneda Sagrada y éste nos expuso el problema que seguía teniendo en sus sótanos, allá que nos adentramos las dos a investigar lo que pasaba.

Nos compenetramos bien y armadas cual guerreras, anduvimos por aquellos siniestros pasillos.

De pronto, escuchamos algo y nos dispusimos a defendernos de lo que fuese que era.

Ante nosotras, una figura jadeante, armada se nos acercó. Era Theros al que no le fue difícil seguir el rastro una vez sabía desde que nos despedimos de Azalea (miembro del Martillo), ella sabía de nuestros planes.

Con voz titubeante, temerosa incluso, el decurión se dirigió a nosotras, luego a mí.

-¿Tienes un momento, Astrid?

-Phss… puede que sí o puede que no lo tenga para ti, Decurión Firecreown- Estaba dándole de su propia medicina.
¿Qué quieres?-
- Solo quiero secuestrarte y llevarte conmigo, por favor.
Madeleine se disculpó, añadiendo que tenía cosas que hacer dejándonos a solas. El conjuró junto a mí llevándome con él, aun armada y letal.

Aparecimos en la habitación de Naskhel, retiró el yelmo mirándome con la culpa del dolor profundo en los ojos.

-¿Puedes envainar, Astrid?
- Claro, aunque tampoco voy a matarte –
Envainé
-¿Podrías deshacerte de la magia que te envuelve?
Asentí y deshice la magia que yo misma me había puesto encima, le miré con el gesto airado, y con dosis de hiriente genio, respondí.

-¿Y bien? Ya he comprobado que recuerdas mi nombre, hace unas horas pensé que no, que simplemente jamás habíamos compartido nada-
Bien sabía que no era así, pero igualmente, le escupí mi enfado, aunque a la par que yo hablaba, el también lo hacía.

-Lo siento Astrid, de veras que lo siento, siento no haberte dicho nada, pero si lo hacía, te habría tomado entre mis manos besándote sin parar olvidando mi deber.

-¿Y ahora?-
dije igualmente airada
-Ahora solo quiero estar con mi mujer, Astrid, y que me abraces, solo eso.

Parecía muy cansado, y reflejaba en su voz y en su mirada cuánto le había dolido pasar de largo. Pero yo quise herirle con cada una de mis palabras.

-¿Sabes acaso como me he sentido?¿Sabes cuántas ganas de apedrearte he tenido?
-Astrid, por favor, solo quiero que me abraces y sentir el latido de tu pecho, ya te he pedido perdón…
Y ciertamente, no pude continuar, porque igualmente, moría de ganas de compartir apenas un momento con él mas no podía hacerlo sin más.

-Recibiste mi “mensaje” – asintió
-Casi muero, maldita seas, rodeado de legionarios y con esto entre mis dedos…-
Sacó del interior de su armadura, mi media, sonriéndome. Fue entonces cuando le rodeé con mis brazos tal y como me pidió. Apoyó su cara en mu cuello, escondiéndola apenas e inspirando mi olor, después le besé.

Me aparté unos pasos y retiré botas y pantalón, dejando ver una sola media puesta

-Eso es mio…
-Quieres que te lo devuelva, claro
-Ajá, por favor…

Se acercó hasta donde estaba, dispuesto a colocarla pero hice que en su lugar, retirase la otra.
-Astrid, que yo solo quería un abraz… Astrid ¡por los dioses!- exclamó mientras yo desataba las cintas del corpiño dejándolo a un lado, cada vez parecía más un animalillo indefenso frente al poderoso que le puede apresar. Tragaba saliva mientras yo seguía.

-¿Y todo bien con los reclutas?-
interrogaba con voz dulce mientras desabrochaba la amplia blusa ahora libre de las ataduras del corpiño.

-¿Qué? – preguntaba sin saber qué contestar, pues hacía rato que no podía escuchar nada.

La blusa, caía al suelo mientras le hablaba.
-¿Y ahora qué, Theros?

-…. Ahora, hazme tuyo ¿no?

… Y vaya que si fue mio…


Después de dejar claros los conceptos, cada uno volvió a sus asuntos, Theros al Bastión y yo a mis cosas. Quizá no presté, ni prestó, atención a las señales que ya apuntaban timidamente lo que años después sucedía...
 

Tuliosoyyo

Barril de Khaof
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Hasta que Amn nos separe​
II​
-Este anillo simboliza nuestra eterna unión, con él te desposo- A Lire solo le faltó dar saltitos pensando que ya era hora de llamar las cosas por su nombre, llegaba el turno de la marinera mientras Azalea levantaba la ceja seguramente analizando eso de “te desposo” en lugar de “no te desposo”. Madeleine susurró al hasta ahora decurión.


-Te no desposo, osea ¿no? Vale, pues… bueno - su cara era de ¡ha dicho desposo, ha dicho desposo!

Azalea mientras sonreía sospechosamente, quizá pensando en lo que aquello era o no era o si que era, a saber, su cara era de querer gritar a la marinera a viva voz que aquello era una encerrona puesto qué él, sí que era un sacerdote, de Kossut, pero sacerdote.
Llegaba ya el momento de la verdad, el turno de Astrid que tomando el anillo Corazón de fuego entre índice y pulgar miraba de reojo a las bardas, a las ligueras, al enano, y de fondo, al bardo sensibleras junto a Alfonsus.

Astrid miró a Theros inspirando y continuando los votos.

-Este anillo, representa nuestra… nuestra… nuestra nuestra unión y con él… -tragó saliva y volvió a mirar de reojo a las demás. Lire parecía animarla cual animadora en una carrera de caballos, solo le faltaba correr y acabar de meter el anillo en el dedo, Lilimel era la personificación de la contención mientras que el enano miraba a la barda fijamente, en vilo ya. Theros sonreía sin dejar de mirarla. Atrás el bardo más sensible de Amn, alzaba las cejas tantas veces que parecía tener un tic, todo, empujándola mentalmente a deslizar del todo el anillo en el dedo del sacerdote.

-…Y con él yo…

-Vengaaaa- susurraba pero no tanto, Lili. Alec pensaba si funcionaría si le lanzase a Alfonsus y Jesh, compañero en la legión imaginaba que ahora le dijese que no.
Runabismo, quizá por experiencia se decía para sí que la diosa de la desgracia asomaba, lo olía.

…Y con él- otra vez volvía a comenzar, pensando en salir corriendo como siempre aunque sabía bien que no iba a hacerlo, Theros estaba tranquilo sabiéndolo tan bien como ella, Lilimel pedía a Mirriel que animase a la barda, y ésta lo hizo lanzándole unos granos de arroz a modo pedrada y advirtiéndole de que o lo decía ya, o lo próximo sería el saco entero, capaz era.
Alec, se iba posiocionando a lo tonto en el camino de la puerta dispuesto a bloquearla si hacía falta, Runabismo se alzaba sobre sus pies de puntillas, con cara de maldecir por hacerle pasar tal presión. Al final, todos animaban a Astrid a grito pelado, ella miraba el anillo y miraba a Theros.

… Y con él, yo te desposo ¡aunque no pienso llamarme Firecrown!- Ahora todos estaban resoplando, Theros soltó ya una carcajada y en el sector de los asistentes se escuchó un sonoro Catapum, el enano caía de espaldas perdiendo el equilibrio con tanta expectación.
Theros se acercó hasta Astrid, besándola con intensidad ante los aplausos y las felicitaciones de los asistentes.



-Pues... yo os declaro... ¿marido y mujer? – Astrid besaba con las mismas ganas a Theros rodeándole con los brazos en un abrazo cálido…


Y Amn nos separó, actualidad​

Y los años pasaron uno tras otro, no parecía haber cambiado nada pero sí cambiaron muchas cosas. Quizá no nos percatamos de las vivencias que yo estaba acumulando, de cada bofetada a mano abierta que el transcurrir en a
Amn daba a todos y cada uno de los que habitábamos en el país a modo de experiencias.
Por mi parte fueron demasiadas las que lograron ir haciendo mella en mi persona, moldeándome en la que ahora soy. He aprendido porque había que aprender, pues Amn te acoge siempre pero a su vez, es cruel si no espabilas.
El primer cambio fue tras el encierro en la Arcanum Scholla donde no sabíamos si volveríamos a ver la luz, encerrados entre la oscuridad ,rodeados de cuerpos inertes y destrozados por los derrumbes. Cambié, nunca volvería a permanecer en un lugar cerrado, frio y con mil piedras y magia guardando el encierro.
El segundo, fue al vivir como Shond, robaba y se hacia con el control del trono de Coral con todo lo que vino después, jamás volví a llevar la vaina del estoque cerrada, jamás dejé que ningún paso resonase tras de mí sin mirar atrás y en guardia.
El tercero cuando mi propio compañero en la Liga de la Bota y el Sendero me tildó de proyecto de asesina y de loca cuando cumplía con mi labor de Guardiana , nunca más volvería a confiar en los recién llegados a mi vida.
La cuarta, cuando defendí a un pueblo que no era el mío y sin embargo, no llegó la ayuda para contraatacar como merecía la ocasión, jamás volveré a confiar en las palabras vacias.
La quinta, cuando me acusaron y enjuiciaron como presunta traidora a Amn. Aprendí a jugar y a pensar retorcidamente.
Por su parte, Theros seguía casado con el deber, primero fue el Bastión, después fue la granja y al regresar, de nuevo el deber y su alma de militar.
Ya no éramos lo que fuimos, a ninguno le gustaba lo que veía en el otro aún teniendo los mismos sentimientos. Ahora era una Senescal Amniana, una noble temporal teniendo que lidiar con asuntos políticos, acuerdos, cesiones y concesiones que solapaban cada día más la Astrid que él conoció y que permanecía aletargada en mi interior como los osos en las cuevas donde hibernan.
El enfado por la falta de un saludo aquella vez cerca de Agujas de Oro, se estaba convirtiendo en algo tan habitual como el comer, el tratarnos en público como dos extraños que acaban de verse por primera vez, sin ninguna razón para ello, se estaba normalizando y lo peor, es que ya no provocaba ningún enfado como antaño sí lo hacía, ni ningún reclamo. El deber, el deber y el deber una y otra vez.
Por eso aquella noche en la Luz del Alandor mantuvimos aquella charla. En la misma habitación donde nos entregamos como locos la primera vez para después ignorar lo que habíamos querido que sucedíese. Nunca hemos sido una pareja al uso.

No hubo ningún reproche, solo hubo amor infinito, el que nos hizo dejarnos partir hasta que el destino o los dioses quisieran si es que así lo querían, así sucedió:

Entré en la Luz del Alandor y le vi sentado en una de las mesas junto a Gabriela, estaba rodeado de papeles y legajos, libros y de nuevo nos comportamos como si fuesemos extraños, el propio Kalm estaría pensando que veía visiones habiéndonos conocido años antes, ultimamente estaba agotado por tanto como se exigía, por tanta ida y venida custodiando y buscando en los Picos de las Nubes, no descansaba y de repente parecían llegarle los años, mis deberes desde luego no eran tan pesados, pero ocupaban muchisimo tiempo. Subió y subí mas tarde yo, a la misma habitación en la que todo el fuego se desató y allí estaba, revisando informes, tomando notas de algún libro, me senté frente a él y le pedí permiso para echar una ojeada, ya que conocía lo que estaba ideando, literalmente estaba sentado sobre una montaña de papel donde anotaba.
-¿Y esto? ¿puedo? -pregunté señalando los papeles, el simplemente asintió mientras continuaba dibujando sobre lo que parecía un plano.


-¿Vas a mandarle el proyecto al Consejo? ¿Que conocimientos tienes sobre arquitectura?
-A quien competa
-¿ Sabías que la muralla termina en una zona boscosa y que al otro lado de esa zona hay un sendero que vadea ese muro? -
dijo señalando uno de los libros abiertos y explicando sobre el tema-
lo suficiente para saber los grosores que se necesitan, el material indicado y lo que podría costar , pero nada más...
- Las Senescalias tiene los días contados, no queda mucho de legislatura -
comenté echando un vistazo a varios de los escritos - quizá debas contar con alguien más docto en construcciones-
Dijo que lo sabía y después me preguntó a quien debería acudir, le comenté algunas cosas sobre posibles candidatos y las posibilidades de que le atendiesen. Sonríó divertido como hacia demasiado tiempo no sonreía. Sin pensarlo, la deriva nos hizo llegar a lo que ambos queríamos que llegase, Theros inspiró levemente mientras yo concluía

-...Así que, me temo, que no podré darte carta de presentacion
-Al final da igual a quienes recurras, todos tienen sus propios intereses -
dijo alzando la vista un instante para devolverla después a su proyecto
- Es evidente
-Si no son unos son otros...



- Hasta yo misma ;más fama es más poder . Y cuanto más, mejor para mis intereses, nunca he dicho que sea un alma cándida -reí- no te hagas el sorprendido
-¿ Más poder para?...


Rió y continuó una suerte de sentencias hacia lo que me había convertido
- ¿Poder? ¿reconocimiento?
-Por supuesto
¿ Para que te adulen? -
eso dolió , nunca necesité de aduladores, creí que era algo que sabía a ciencia cierta. Mientras , proseguía perdido en los escritos y papeles.
-No, no... para que no haya necesidad de que me adulen, sino para que tengan la certeza, de que soy lo mejor que podrán ver jamás y que mi nombre cuenta
Y mientras tanto, que la fama y el reconocimiento, me abran puertas y sueltan bocas

-Eso último supongo que es lo único que puedo entender , acceder a información que de otra forma no tendrías.

- Por eso mismo ,cedí parte de mi oro a la armada amniana, para asegurarme su apoyo
-continué-
-Y por eso, otra parte fue al gremio de pescadores y huérfanos del
Distrito del Puerto...
Para que nada que quiera saber de allí se me escape
- No me había dado cuenta que te habías vuelto tan ambiciosa

Aquello volvió a doler, nunca le oculté lo que quería, desde que ideé los Minstreltides que ahora estaban en toda la flota amniana ayudando a los marineros
-Siempre he sido ambiciosa y esto es Amn

-Ambos hemos cambiado

-
Y una simple marinera criada por un pirata de las Nemessor, habría tenido los días contados . Se que no somos los mismos
-No nos mueven las mismas cosas -
convino
-Aún así, lo que he hecho para mi beneficio, ha beneficiado el doble a otros ¿Qué te mueve ahora?-pregunté
Ya no eres el legionario descarado ni el Decurion que eras
-No recuerdo que Amn fuera así cuando colgué la espada

Amn es Amn. Si no hubiese tenido una reputación , cuando me acusaron de traición nadie me habría creído , a fin de cuentas sería solo una marinera


-Núnca has sido solo una marinera y no me enamoré de la barda afamada, comerciante y mujer influyente - Aquello dolió el doble, porque siempre me hizo sentir que estaba orgulloso de lo que era, de lo que había conseguido, proseguí
- Para mi no, ni para ti, pero esto es Amn y yo se interpretar a la perfección y es lo que soy ahora. Tampoco yo me enamoré de lo que eres actualmente, Theros, sino de un legionario

- Y es lo que te gusta ser? -
me preguntó sonriendo
-Me gusta ser yo, cuando me quito todo esto de encima , cuando retiro el artificio
-Entonces, ¿aún está mi Astrid ahí? ¿O la vas a dejar marchar?.


Miré mis manos y comprobé que no se había percatado de que no estaba en su lugar la alianza que hacía una con la suya, la que nos regalaron las chicas de La Eterna para nuestra unión, En la subida a los Picos de las Nubes, acompañándole junto a otros, debió perderse en aquella cueva mientras me deshelaba las manos, no quisé decirle nada porque no era el momento quizá, quizá era otra señal que no supe interpretar.

-¿Y mi Theros? ¿Sigue ahí? tu Astrid está descansando en este momento, dormitando como un oso en invierno...-respondí y pregunté
-Yo ya no soy el loco de antes -negó sonriendo con cierta nostalgia-me he hecho mayor supongo
- Supongo que era más divertido entonces
- Si
Yo quiero el poder, y quiero seguir siendo la que era cuando los aplausos se apaguen -
asintió con levedad mientras yo le señalaba alguna cosa en su proyecto, parecia que me negaba a darle la relevancia absoluta que tenia esa charla, ni quería mostrar lo importante y grave que era, pero ante todo, imperó el amor mutuo y el no querer dañarnos.
-Quizá ya no sea el hombre que era , y no quieras continuar con éste- volvía a sentenciar como queriendo alejarme más aún.
-Y quizá , tampoco quieras tú . Siempre hemos sabido lo que queríamos y que cada uno, tenía su sitio al margen del otro y si alguno de los dos , piensa que ya no es tal cual, no puede callar
- Eso siempre ha sido así -
dijo- eso no ha cambiado, siempre hemos estado apoyándonos el uno al otro y al margen en cierta manera, siempre hemos sabido estar- Yo asentía esquivando una realidad mientras anotaba con el carboncillo en su proyecto , quizá queriendo dejarle mi recuerdo y presencia.
Pero en éstos años hemos cambiado, necesitas alguien distinto a quien soy ahora o simplemente al que era antes

-Me gustaba el legionario. Y a tí te gustaba alguien que no era Senescal, rica ya era cuando me echaste el ojo, asi que esa parte no cuenta.

- No te recordaba ambiciosa como tal o esa necesidad de ser única y que tu nombre sea recordado- sentenció una vez más
- La ambición solo es mala compañera si se usa mal , porque todo es devuelto...
Sabes... cuando sucedio lo de la Arcanum, yo cambié... jamas me gustó volver a un lugar cerrado en la roca.
Cuando me embarqué y regresé de las islas a por mi sombrero y a por el legionario, a por tí, yo cambié
pues jamás volvería a ser confiada
Cuando sucedió lo de la isla de Kragg y mi acusación , volvi a cambiar
- Lo sé
- Podría haber sido condenada, podría haber supuesto la desaparición de la Eterna, de todo lo que me importase , podría haber sido polvo en un instante... Y entonces, apareció la necesidad de esta Astrid de ahora

- Al final todo acaba siendo polvo, antes o después
- Si, pero cada cosa a su tiempo, no por la mentira, la estafa o el poder o tener el respaldo de una embajada de Zhay


-Las cosas han cambiado y desde luego no para bien, veo como todos se suben al carro, se cuelgan las medallas siempre que pueden, se cobran los favores y señalan con el dedo , solo quiero saber si te has subido a ese carro Astrid- de nuevo otra sentencia más, igualmente dolorosa. Estaba sintiendo todo el dolor de golpe.
-Si yo, con lo que he ganado haciendo lo que se, podía construirme un nombre que significase algo...
Nunca he cobrado un favor , ni me he colgado una medalla que no fuese mía ni señalado a nadie ni aun mereciéndolo
Tan solo he cobrado uno , para saber si era la misma persona que orquestó lo de Krag la que yació reconocido como Sigfried

-Sé que has sufrido mucho en éstos años y te has adaptado a cómo se han vuelto las cosas, pero quiero saber si te han cambiado o aún eres la mujer que conocí , porque cuando te oigo hablar de favores, influencias, poder, nombre... me hierve la sangre , solo quiero saber si Amn te ha absorvido o sigues siendo mi Astrid, nada más, porque si fuese el legionario de antaño me daría igual, pero no soy el que era

- Hay favores y favores, pero no estoy en venta , soy influyente, sí ..soy Senescal y noble temporal pero cuando acabe mi trabajo, el telón político se bajará para siempre . Amn no me ha absorvido, pero a tí si, Theros

-Ni por un instante
- No amn, sino el deber y a ninguno le gusta lo que ve del otro
-Eso es posible -
asintió y prosiguió con un deje de tristeza recostándose ya apartado de los papeles que nos hacían de frontera muy oportunamente- quizá entonces debamos pensarlo
-El trabajo, trabajo es... para ambos, pero sin embargo, ha ido más allá y parecemos dos extraños-
Estaba llenándome de tristeza y melancolía, pero sin dejar que se notase demasiado, sentía que perdía el brillo y la luz de mis ojos cuando le veía o hablaba de él, o incluso cuando le recordaba- es tan raro habiendo conocido a mi legionario...
-Es posible -
sonrió levemente - éramos distintos -asentí y hablé una vez más sacándole una carcajada de las de antes-

-Yo quiero a aquella bestia que era capaz de enseñarle el trasero a medio Amn por tal de meterse een mi cama y tú, creo que quieres a la que viste cerca de Los Páramos

- Y yo a la mujer que no conocía la maldad de Amn y sus gentes, y disfrutaba tan solo del día a día y su música
-Es que eso, viviendo en Amn es imposible

Y ...mejor no hacer un foso entre murallas... que locura - añadí para suavizar y para no romperme y romperle seguramente. No era esa la imagen que quería que viese, jamás.
- Nada de fosos
- ¿Prometido?
- No dependerá de mi, no puedo prometer nada
-Rodé los ojos en un fingido gesto de contrariedad- Ni siquiera una mentirijilla...-sonrió y concluyó, concluimos-
-No te mentiría Astrid

- Yo tampoco, Theros


Marchamos de allí sin estar ya juntos, quizá cuando regresase la Astrid que conoció y quizá, cuando a mi no me importase tanto que primero fuese el deber. Los dioses dirían lo que podría suceder.
Corrí al establo,- habría pagado todo lo que poseía por aparecer en el lugar más recóndito, apartado y solitario del Toril- y saqué el caballo mejor entrenado que poseía y al galope llegué hasta Crimmor, días de camino hasta llegar a mi verdadera casa , donde aún despertaba la Astrid de Theros sin que él lo supiese, el Teatro de la Alegría

Allí me esperaba Alfonsus, supo qué habia pasado sin decirle nada, posiblemente estuviese entre los árboles tan vigilante como siempre, me encerré durante dias en el camerino, el macaco no dejó pasar a nadie porque yo así lo quise... dias de reflexion, días de aislamiento y reconstruirme de nuevo y sin notar el hambre. Antes de retirar el cerrojo de la puerta, me miré al espejo y recordé

-Hasta que Amn nos separe y en efecto Amn nos ha separado- Volteé y allí estaba el anillo Melodía Marina, quizá como un recordatorio del infinito amor que nos acabábamos de demostrar. Ya no regresaría a mi dedo, sino a un cofre junto a la capa que mi verdadera madre llevaba el día que murió defendiéndome de un abordaje pirata y con la que me encontró la tripulación de mi padre adoptivo .
 
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