Novedades

[Athkatla] Patrullas conjuntas frente a la amenaza no-muerta

El Espino Blanco

Repetidor de la Myrdon
Registrado
26/7/19
Mensajes
1,246
- Si Eminencia...Lo se eminencia, por supuesto....!Que si CO...Consciente soy de la importancia del respeto que deben prestar a las criptas bajo Agujas.
 

Arrakis

Alas del Pegaso de Valrieth
Registrado
5/10/23
Mensajes
2,383
La mujer se adelantó unos cuantos pasos, comprobando de nuevo que lo tenía todo dispuesto. Una y otra vez volvió a revisar sus pergaminos, así como las varitas y las pociones de las que disponia. Sonrió con suavidad, sus últimos hallazgos más reveladores. Era el momento de bajar a esas catacumbas..y hacer limpieza.​
 

Kerrel

Minsorrano sin caminos
Registrado
14/3/24
Mensajes
124
Edad
46
Con la primera luz al despuntar el alba la fortaleza de la Orden del Guantelete era testigo de una reunión sagrada a escasos metros de las grandes puertas que daban al exterior. Tras ella con armaduras que refulgían, bajo los primeros rayos de sol, tres filas de caballeros montados aguardaban mientras algunos corceles agitaban sus cabezas y pisoteaban con sus pezuñas el empedrado suelo del patio de armas.

Ethas se puso al frente de la comitiva y mirándolos a todos asintió. Hizo girar su destrero delante de la veintena de caballeros con sus respectivos escuderos, los cuales también iban a caballo al lado de sus mentores. Ataviados con armaduras y centrados en ayudar a combatir no eran escuderos jóvenes, parecían curtidos, como si esta prueba fuera a decidir su inminente promoción.

—Atención.— Dijo con un tono profundo que reverberó por todo el lugar. Su vista elevada hacia un gran balcón que coronaba el patio mientras su brazo derecho realizaba un movimiento solemne, llevándose el puño cerrado justo delante del corazón. El resto de caballeros y escuderos lo imitaron, y el sonido de sus guanteletes golpeando las pecheras metálicas resonó casi al unísono.

Arriba, asomada a la balconera, una mujer se hallaba mirándolos. De aspecto regio y con la mirada de una madre que ve cómo sus hijos parten a un destino incierto, aunque parecía que la preocupación iba por dentro ya que su semblante, sereno y estoico, solo dejaba traslucir confianza. La Gran Maestre suspiró y comenzó a hablar. Su voz suave y aterciopelada moviéndose por las paredes de piedra como un manto de gallardía que envolvía a todo el que la escuchaba.


— Hijos e hijas del Guantelete, hoy partís hacia la batalla. No contra meros hombres, sino contra sombras impías, contra aquellos que desafían el orden natural con su existencia profana. Mas no temáis, porque donde ellos traen desesperanza, nosotros llevamos la luz. Donde su frialdad consume, nuestro acero arde con justicia. Y donde buscan arrancar la vida, nosotros proclamamos que el alma del valeroso nunca puede ser encadenada.

"No sois simples guerreros; sois el escudo de los inocentes, la lanza de la rectitud y la voz de los que no pueden alzarse. El coraje no es la ausencia de miedo, sino la voluntad de alzarse a pesar de él. Mirad a vuestro lado, ved a vuestros hermanos y hermanas de armas; su causa es la vuestra, su honor es el vuestro. Juntos, como uno solo, sois la tempestad que limpiará la corrupción de la tierra."

"Id con la cabeza en alto, con el corazón firme y la voluntad de aquellos que han jurado proteger la luz en este mundo. Que vuestro acero sea certero, que vuestro escudo nunca caiga, y que vuestro espíritu brille con el fulgor de la justicia. Hoy no marcháis a una simple batalla, sino a escribir una página en la historia, una donde el bien no titubea, donde el valor no flaquea, donde el Guantelete se alza invicto."

"¡Por la orden! ¡Por la justicia! ¡Por la victoria!"

—¡Por la orden! ¡Por la justicia! ¡Por la victoria! — Repitieron todos al unísono. En ese instante las grandes puertas se abrieron.

—!!En marcha!! .— Ordenó el centinela y al instante las filas comenzaron a avanzar con paso suave, el sonido de los cascos parecía una marcha tamborileada que se unió al sonido de los cuernos de batalla que anunciaban la partida de la compañía. Esta atravesó las puertas bajo la atenta mirada de la mujer en la balconada que no apartó la vista hasta que el último de ellos abandonó el lugar.
 

Vinter

Gerardo de Amn
Registrado
8/8/19
Mensajes
504
Edad
33
Al frente de la columna de caballeros de la Luna, Eothain acompañó a los guerreros sacros de la Señora de la Plata hasta sus respectivas posiciones, con gesto adusto y regio a diferencia de su habitual calma y tranquilidad. Esta era una de esas ocasiones en las que la severidad del rostro de Eothain ameritaba la urgencia de la situación, en especial considerando todos los movimientos que se fueron realizando en los días posteriores. En solemne silencio, los caballeros se colocaron en sus posiciones de guardia y empezaron a atender sus quehaceres, preparándose para la batalla. Quien no atendía el equipo, preparaba intendencia, y el que no preparaba intendencia, establecía vigilia.

La Dama de Plata otorgaba libertad a todos aquellos que miraban hacia ella, eso era cierto. Pero la libertad pasaba por el deber responsable y propio, y aquellos caballeros acudieron a una llamada de la que quizás muchos no volverían, y eran en su mayoría, conscientes de ello, aunque su veteranía les ofrecía cierta perspectiva.

-Maldito sea el día que dejemos que la oscuridad se cierna sobre la gente de bien y maldito sea el día en que nos quedemos indolentes ante los insepultos levantándose. Llevaremos la Luz allá donde no llega, y si hemos de caer, caeremos todos juntos, como hermanos. Que nuestras espadas canten y nuestras armaduras crujan, ¡hoy no será el día en que permitiremos a esas aberraciones triunfar! ¡Hagamos que la luna y las estrellas brillen más que nunca con nuestra victoria y la de nuestros aliados!
 

Juan

Donante voluntario de sangre
Registrado
29/4/10
Mensajes
2,786
Todo estaba hablado, los soldados asignados a la peligrosa misión junto a los voluntarios, compartían espacio con los nobles caballeros de diferentes deidades aunados en la lucha contra la muerte viviente, todos ellos apertrechados por los maestros de la Arcanum Schoola para tener una pequeña opción de sobrevivir a lo que se iban a enfrentar.

No era tiempo de rivalidades ni de disputas, un mal ancestral y poderoso requería que guardaran sus diferencias en lo más profundo de su ser para luchar como hermanos en el campo de batalla. "¡Todos entramos, todos salimos!" Exclamaba el capitán del ejército antes de que se internaran en las profundidades de la tierra, dando a entender que todos y cada uno de los que ahí se jugaban la vida eran esenciales y debían esforzarse al máximo para regresar igual que marcharon a la batalla, aunque en el fondo de su ser supiera que no sería posible.

Portando un arco de nívea madera grabada con doradas runas el cual parecía emitir la luz del astro rey, obsequio obtenido por su ardua lucha contra la muerte viviente en Nashkel, se adentró el elfo en la oscuridad, junto a la gran comitiva que con el inestimable trabajo conjunto de la sargento Alice, el Centinela Tada, el Caballero Eothain y la maestra Jadzia habían logrado unir, por la defensa y la
Gloria de Amn.
 

Conectados

Arriba