Vinter
Gerardo de Amn
- Registrado
- 8/8/19
- Mensajes
- 504
- Edad
- 33
La verdad, nunca supe muy bien cómo abordar esto. Me pregunto cómo hacían mi abuelo y mi madre para rellenar sus diarios, pero como nunca tuve esa... Clase de formación, me conformaré con lo que me dicte la mente. Este diario no es ni más ni menos que un recopilatorio de mis pasos a través del territorio amniano. Quizás no sea el más agradable, ni el más literario, pero intentaré que, si alguien adquiere esto, ya sea por mi muerte, o porque se me cayó en alguna calle, camino o lo extravié como el zopenco que soy, que sea de utilidad. Quién sabe, quizás seas otro montaraz, así que quizás sea lo propio presentarme.
Soy Aethel Winterblade, hijo de Aethan, hijo de Eleanor, campeón de Shondakul, protector de los viajeros, montaraz y herrero cuando me queda tiempo para ello. Y tú, amigo mío, vas a abrir este diario. Si me lo has robado, que baje el viejo barbudo y te sacuda semejante colleja que te reduzca al tamaño de un trasgo y te haga tan feo como un ogro arrugado. Si, por la contra, te encontraste este diario, espero que te sea muy útil.
Encontrarás un poco de todo aquí. Mis aventuras, reflexiones en mis momentos bajos, estudios de criaturas, herrería, algo de herboristería... Si no te va a resultar útil, dáselo a alguien que le haga más falta que a ti, no creo que le encuentres valor literario a “esta cosa”.
Sobre las tierras amnianas.
Amn es una región predominantemente mercantil, ¿me explico? Si vas a poner un pie ahí, vas a necesitar dinero. Y no hablo del dinero que gana un tendero o un granjero, si no dinero de verdad, y una buena forma de administrarlo y sobre todo mantenerlo en tu bolsa. No lo digo de broma. No codicies el oro. La gula por el metal dorado solo te llevará a la perdición. Es útil, lo sé. Es muy bonito y compra muchas cosas, pero si lo codicias y te tiras a la pota de oro hirviendo, quizás seas tú la estatua de oro. Y eso no te conviene.
Lo que quiero decir es que en Amn tienes que ser consciente de cómo piensa la gente. No les gusta la magia, pero adoran el oro. Si tienes algo con lo que hacer beneficio, úsalo, maldita sea. Hasta yo he acabado usando mis talentos para hacer dinero, aunque no fue para volverme asquerosamente rico. Aunque admito que he vivido bastante cómodamente.
Si eres un aventurero, te encontrarás con numerosos trabajos lucrativos en esta región. Siempre hay algún granjero desesperado, soldados vagos o patrulleros de caminos que temen por su vida. Si a ti no te importan estas cosas, coge tu espada y parte a por ellos... Siempre que sepas que no vas a meterte en la boca algo que luego no puedas mascar, eso es bastante importante. Si me preguntas acerca de por dónde viajar, yo te recomiendo que cruces el tramo meridional del río Alandor, por el corazón de Amn. La costa es preciosa, pero también muy peligrosa, pues no en vano Amn es un puerto del mar de las espadas; y Brynn-Ley queda literalmente al lado, así que por la costa abundan los campamentos de piratas y otros indeseables. Además, por el sur está la región de Murann, así que seguir la costa quizás te pueda costar tu libertad, o tu vida, si tienes mala suerte.
La mayoría de aventureros suelen llegar a Athkatla. El motivo es bastante simple: Es la gran urbe de Amn, aparte de Caravasar.Athkatla es, de largo, la ciudad más esplendorosa y dorada que uno puede encontra, además de Agujas de Oro. Te puedes perder por sus calles y encontrar toda clase de productos, y si sabes escuchar, también trabajos de lo más variados. Nunca desprecies un rumor en Athkatla, pues es una ciudad de infinitos secretos, algunos respuesta, algunos aun esperándola.
Fue en Athkatla donde conocí a las que fueron mis mejores amigas durante mucho tiempo. Vevalna y Marlene. Qué puedo decir de ellas, eran dos personas únicas en su especie, tan distintas y sin embargo tan unidas, pero no es el objetivo de este diario describirlas. Baste decir que haré muchos apuntes al respecto a lo largo de las páginas, eso sí.
Recuerdo cuando retorné a Amn desde Calimport, después de embarcarme con Ve en un navío para cazar piratas por los mares del sur, y llegué bordeando Murann y el Weldath a través de la carrera de Tezhyr. No es que me gustase especialmente, pero prefería eso a verme acosado por elfos y bestias al mismo tiempo, así que decidí tomar el camino largo.
Pero en fin, a lo que iba. Mi regreso a Amn fue más tranquilo de lo que yo pensaba que sería, aunque el país había cambiado notablemente en mi ausencia. Para empezar, la gran población de orcos que había en el camino del río se había desplazado de vuelta hacia el camino desolado, solo para verse reemplazada por una caterva de bandidos de poca monta.
En cierto modo, eso alivió mis deberes como campeón de Shondakul, a decir verdad. Anteriormente, me tenía que pasear por ese camino una y otra vez, protegiendo viajeros y mercaderes temerosos de que los orcos cayeran encima de ellos, y me llevaba heridas de lo más variadas a cuenta de ello. Flechas, golpes de martillo, espadas dentadas, hachas... Incluso algún topetazo de escudo sufrí en la cara. Los bandidos por otra parte, aunque contaban con cierto conocimiento en algunas artes mágicas -a saber cómo...-, al final no eran más que moscardones que huían despavoridos en cuanto alguien les plantaba cara, y así era yo, salvo cuando se envalentonaban pensando que su superioridad numérica les salvaría el pellejo ante un único rival, solo para caer como hierba ante la guadaña bajo el acero de mi espadón, o apuñalados hasta morir desangrados si me pillaban con las espadas cortas a mano.
En fin, dejando mis periplos con los bandidos a un lado, el camino del río es una de las espinas dorsales del comercio en Amn, y como tal, lo frecuentan toda clase de peligros; pero al ser tan transitado, tendrías que tener muy mala suerte para que un aventurero audaz o una patrulla amniana no acudieran en tu ayuda. Igualmente, mantén una flecha en la cuerda del arco, y prepárate para tensarlo.
Es un camino largo y como tal, puede hacerse monótono. Si notas este inconveniente, te aconsejo que escojas un grupo que te acompañe, si gustas de la socialización más de lo que gustaba yo cuando cruzaba esos caminos a pie. Los Llanos de Athkatla son tu mejor apuesta para eso, junto a la posada de la Luz del Alandor. En verdad, mi favorita en todo Athkatla, la verdad sea dicha.
Una vez sortees el camino del río, tendrás dos opciones: O volverte a Athkatla por el Camino Desolado -no te lo recomiendo, salvo que seas un suicida-, o continuar por Crimmor. Crimmor es otra de las grandes ciudades de Amn, además de ser donde está el Teatro de la Alegría. No tiene pérdida y es un lugar más que digno de ser visitado, aunque sea solo por alegrarse la vista un poco. Todo un tributo a Laira, si me lo preguntáis a mí.
Desde Crimmor hay tres destinos por los que se puede transitar. Hacia el norte, al nevado Nashkel, hacia el este, a Minsorrán, y hacia el sur, Purskul. Purskul es famoso por sus viñedos, y... La carne de jabalí. Eso y por la brutal plaga de jabalíes negros que tienen desde que Shondakul se afeitó la barba y se la dejó crecer otra vez.
Eso es lo que pasa cuando un animal no tiene depredador natural.
En fin, es un camino por lo general tranquilo. Es posible que tengas mala suerte y te puedan asaltar, como en todas partes. Al fin y al cabo, Amn es un hervidero de mercaderes y dinero, y eso atrae maleantes a todas partes. Si quieres mi opinión, mantén tus ojos siempre alerta, y una mano cerca de tus armas; y no te detengas nunca jamás hasta que no llegues a los viñedos del pueblo de Purskul. A partir de ahí, tienes dos opciones: Gambiton, e Imnescar hacia el sur. Y pasado Imnescar, Caravasar.
Hasta aquí puedo darte unas líneas generales acerca de Amn, si es que te sirven de algo. Hay muchos caminos y detalles que no describo aquí, pero te aseguro, querido amigo, que más adelante los encontrarás. Por ahora, conténtate con saber, que tienes un pequeño mapa en escrito, de mi puño y letra, a tu disposición.
Sobre la minería en Amn... Para aventureros.
Realmente, Amn es una tierra rica en recursos. Es muy fácil encontrar toda clase de metales en esta parte de Faêrun, siendo el más común de todos, el hierro. Es un hierro ligero, de buena calidad, sin mucho óxido, por lo que es de un tono gris claro. No diré las localizaciones exactas dónde solía extraer yo los minerales, pues no tengo idea alguna de en qué momento estarás leyendo estas líneas, pero por las cercanías de Athkatla hay cuevas en donde es fácil encontrar este mineral, y otro más cargado de carbón para su conmutación en acero.
Pero pasando por la parte que nos ocupa; el hierro, es un tipo de metal que requiere de una temperatura no demasiado alta, pero es altamente resistente, por lo que no debes tener miedo a la hora de calentarlo para formar el lingote. Limítate a dejar tres pepitas en la forja fundiéndose, y en cuanto veas que se ponen rojas como un pimiento morrón con un conjuro de luz. No tengas miedo, deja que se derrita, que las llamas de la forja laman el metal y lo conviertan en una masa candente de metal fundido y entonces, usa un molde para lingotes, deja que tome forma, y entonces verás cómo el lingote se queda bien sólido al enfriarse al cabo de unas horas. Si es uniforme y no sufre de grietas, enhorabuena, es un lingote de hierro. Para comprobar cuál es el grado de pureza del lingote, te recomiendo que con la mano desnuda le pases los dedos por la superficie. Si es lisa, es que no tiene una gran cantidad de impurezas; pero si tiene manchas o irregularidades al tacto, entonces quizás el hierro no es de tan buena calidad.
¿Significa eso que el lingote es inútil? Nada más lejos de la realidad. Usa ese lingote para cosas que no vayan a ser vitales. Una herradura, aros, cadenas, algo que no vaya a soportar demasiada presión durante un tiempo prolongado desde el punto de vista de un armero. No obstante, me voy a centrar en la forja del hierro como tal, con un lingote más o menos puro.
A la hora de trabajar con el hierro, debes de perder miedo a la posibilidad de que el metal se deforme por el calor. Existe esa posibilidad, pero si el metal está frío, partirá. Si está caliente y se deforma, hay una posibilidad de arreglarlo, cosa que no existe si el metal parte y se astilla por la incompetencia propia. Y lo digo por experiencia. Pero no tengas miedo de experimentar, el hierro es maleable, resistente y precisamente por eso es el metal mas indicado para novatos. Hazte un favor a ti mismo, y experimenta. Experimenta, por el amor de Shondakul, como si haces una espada en forma de caracol, es la única forma de aprender a dar forma a algo.
Como consejos de primera mano, te recomiendo que empieces haciendo cosas sencillas. Cuchillos, sobre todo. Mi método siempre fue el mismo: Aprender a hacer hojas pequeñas y simples, rectas, con puntas para apuñalar finas y con un palmo de longitud máxima. Después de aprender a hacer los cuchillos, o en su defecto, virotes, te recomiendo que pases a hacer espadas cortas para asegurarte de que has aprendido como debes a dar forma y el punto de fusión del hierro. Por cierto, ni se te ocurra hacer lo que dicen los bardos, templar una espada en agua es un sacrilegio. Usa aceite.
No utilices la piedra de afilar todavía. La amoladora solo úsala cuando vayas a usar tus armas, o estarás perdiendo tiempo y material en algo que no vas a utilizar. Además, corres el riesgo de aplanar todavía más el filo, es una tarea compleja y ardua, así que más vale que no te andes con prisas, o puede que realmente te arrepientas, ¿entiendes? Bien.
Forjar una espada es más complejo. Ya habrás notado que un cuchillo tiene un pequeño mango sobrante de metal, ¿verdad? Bien, eso es la empuñadura. De normal puedes coger una pieza de madera y darle forma tú mismo para hacer un mango adecuado, perforarlo y luego recubrirlo con lo que sea -yo suelo dejarlo tal cual, ahorras en materiales y en trabajo, y el resultado es similar-, pero en las espadas realmente sí que debes trabajar dos cosas en especial aparte del filo: El mango, y la guarda. Además, tienes que pensar en otra cosa; en una espada larga te interesa que el mango sea lo bastante grande como para alojar las dos manos, así que tienes que hacer un mango de dos secciones en uno solo.
Aprende a hacer estas cosas, y el resto vendrá solo. Aprende también de barnizado de madera,te vendrá bien para otras cosas como las hachas o las lanzas. No necesitas ser un gran carpintero para esto, pero cuanto más independiente puedas ser, mejor que mejor.
Cuando ya te sientas seguro de tus posibilidades, prueba con armas más grandes. O incluso escudos de torre; son complejos, requieren uniformidad y disciplina... También puedes probar con espadones y hachas de guerra. Requieren de bastante material y son muy complicados de trabajar, pero una vez le pillas el truco al primero, el resto vienen volando.
Lamentablemente, a estos niveles no hay mucho más que pueda decir, aparte de que las armas de hierro puro suelen ser una apuesta segura para aventureros novatos: Cortan bien, y son ligeras. Es cuanto puedes pedirle a un arma sin tantas complicaciones ni reviravueltas
Por cierto, si encuentras bichos corrosivos, mantén tu metal fuera de su alcance, o los harás engordar.
Y sí, lo digo por experiencia propia. No es divertido en absoluto ver un arma que te has pasado tres días en una forja, dando forma, mimando, fundiendo, martilleando, prensando y ornamentado, ser al final pasto de una cucaracha escupeácido gigante.
Lo cual me recuerda, que quizás esta información te sea útil.
Los bichos corrosivos no son especialmente fuertes, ni una enorme amenaza, pero atacan en grandes números, entre cinco y diez por cada manada que te puedas encontrar. Te rodean y empiezan a mordisquear todo tu equipo, objetos mágicos incluidos, con un hambre voraz. Ni siquiera tienen que tocarte realmente; con tal de que echen su ácido sobre tu equipo, dalo ya por perdido. Por eso mismo te recomiendo que, si alguna vez eres tan burro de ir a por esta clase de criaturas, que te lleves un palo, una clava o cualquier cosa de madera que te sirva para espachurrarlas. Hasta una silla vale.
La cuestión, es que esos bichos tienen un caparazón duro sobre su parte superior, pero cuando atacan, lo abren. Lo podrás ver, son bichos relativamente lentos, así que en cuanto abren el caparazón para saltarte encima, tienes dos opciones: O le sacudes en la cabeza entre las fauces, o le arreas sobre el abdomen aprovechando que el caparazón ya no se abre más.
Aparte de eso, las patas son quebradizas, puedes aprovecharte de tus botas para inmovilizarles, o incluso golpearles en las patas con un bastón para ralentizarles. El problema viene a ser, si esos bichos corrosivos cuentan con una reina, en cuyo caso, tendrás un serio problema con el guardián de la colmena.
El guardián de la colmena es bípedo, más duro, más rápido, y cuenta con un par de enormes zarpas, además del ácido que ya conoces... Pero tiene un problema. No es un animal bípedo per sé. Por tanto, tiene una apertura enorme entre las piernas, y necesita echarse hacia delante. Aprovéchate de eso, golpéale entre las patas para alejarlo, usa el extremo alejado del bastón para arrearle en la cara entre las fauces. Sé listo, en estas cosas no hay honor, hay supervivencia
Si con esto aun así esos bichos corrosivos se han comido tu espada de hierro...
... Amigo mío, eres tan tonto como lo fui yo.