Ardeil
Jugador de fichas de rol
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Fuego en la Piel
Nos encontramos en el pulso de la noche,
donde el deseo es lenguaje sin palabras.
Somos dos llamas que arden en silencio,
cuerpo a cuerpo, en danza desatada.
Tus manos dibujan caminos de fuego,
mi piel es tu mapa, tus labios, tormenta.
Nos perdemos en un mundo de caricias,
en susurros profundos que el alma alienta.
La piel busca ser besada y traspasada,
unida con el sudor al de su amada.
El tiempo del mudo se para, mientras
los centímetros desaparecen lentamente, que les separan.
Se funden los límites entre pieles y sueños,
no hay norte ni sur, solo aquí y ahora.
Somos marea que sube y no cesa,
dos mundos que chocan, un vaivén que devora.
El tiempo se desvanece en este instante,
somos eternos en este latido.
Nos hallamos en la entrega y el abismo,
dos cuerpos, un solo gemido.
La respiración se hace una,
sólo de ello testigo la luna.
El canto se eleva al aire en un placer,
que sólo puede terminar con un tierno fenecer.
Cuando el alba destiñe el oscuro secreto,
quedamos exhaustos, vencidos, completos.
Dos amantes que vuelven a ser ellos mismos,
pero el fuego en la piel sigue ardiendo en silencio.
En la página de la canción, habría otra letra diferente a la del trovador, una caligrafía hermosa que habría añadido algunos versos al poema. En la publicación, no se habrían obviado esos versos en honor de la persona, fuese quien fuese.Nos encontramos en el pulso de la noche,
donde el deseo es lenguaje sin palabras.
Somos dos llamas que arden en silencio,
cuerpo a cuerpo, en danza desatada.
Tus manos dibujan caminos de fuego,
mi piel es tu mapa, tus labios, tormenta.
Nos perdemos en un mundo de caricias,
en susurros profundos que el alma alienta.
La piel busca ser besada y traspasada,
unida con el sudor al de su amada.
El tiempo del mudo se para, mientras
los centímetros desaparecen lentamente, que les separan.
Se funden los límites entre pieles y sueños,
no hay norte ni sur, solo aquí y ahora.
Somos marea que sube y no cesa,
dos mundos que chocan, un vaivén que devora.
El tiempo se desvanece en este instante,
somos eternos en este latido.
Nos hallamos en la entrega y el abismo,
dos cuerpos, un solo gemido.
La respiración se hace una,
sólo de ello testigo la luna.
El canto se eleva al aire en un placer,
que sólo puede terminar con un tierno fenecer.
Cuando el alba destiñe el oscuro secreto,
quedamos exhaustos, vencidos, completos.
Dos amantes que vuelven a ser ellos mismos,
pero el fuego en la piel sigue ardiendo en silencio.
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