Novedades

Cartas, fábulas y otros relatos de fortuna

Silver

Discípulo comegemas
Registrado
7/8/14
Mensajes
693
A la familia Roselion

Mama, papa ¿Qué tal os va por casa? Espero que esteis todos bien. En esta carta van unas páginas con un cuento con una de mis aventuras, tal y como les prometí a los chicos que haría. Espero que les guste, ¡además salgo yo!

Aquí la gente es un poco extraña. Una elfa lunar que reza a Beshaba me ha intentado matar, pero gracias a Tymora no he muerto todavía. Vaya ahora que lo pienso, no son las palabras que te gustaría leer aunque te prometí la verdad en mis cartas. He conocido a varios elfos y humanos, también a dos devotos de Tymora. Como bien y me aseo a menudo.

Cuando tengáis noticias del tío Terry, mandadme una carta. Estoy deseando oir sus aventuras en Bajomontaña.

Lili.​


El ojo que todo lo ve.​

Cubiertos bajo el techadumbre del pórtico del cuartel de la guardia, pasaban los minutos mientras los jóvenes esperaban que el tiempo mejorara. La lluvia no les había molestado en el trayecto, pero su insistencia en pasar de llovizna a aguacero, hizo de aquel pórtico un buen lugar de reunión.

-¡La Suerte os sea favorable, Anith!

-Dulce agua, viajeros- la elfa lunar se acerco hasta ellos, aún etérea y bella bajo el aguacero, parecía esquivar el temporal con su porte y maneras.

-¡¡Como que dulce agua!! ¡No digas eso Anith que da mal fario!- alzó la voz el varón, el capitán Sten, muchacho de ímpetu generoso e ingenuidad extraordinaria para ser un hombre de mar.

-¡Sten!- la tercera en discordia, mestiza de pelo azulado, golpeo al hombre- ni tu mentes a la mala fortuna ¡que rezas a Tymora, por la diosa!

Entre discusiones mil y una veces vistas ocasionadas por un extraño y confuso uso del lenguaje, apareció la joven elfa Eliavel, también empapada y ofuscada pues Sten aún montando un alboroto no dejaba sitio bajo el soportal para ponerse a cubierto, cosa que paso a segundo lugar cuando por fin escampo.

La lluvia había convertido en grupo de viaje a aquellos cuatro desconocidos, como tantas aventuras habían surgido y surgirían de la más absoluta casualidad. La suerte obro su fortuna, cuando cruzaron con Boignar, enano de terquedad admirable y gusto por derramar sangre orca, por lo que el cuarteto ahora quinteto se mantuvo en marcha por el camino.

Llegada a Crimmor, cruzaron pasos con Gabriela, humana de ted blanquecina y pecosa, pelo rojizo y un gusto extravagante por fumar en pipa. Y con ella se cerro el circulo, de seis valientes que emprenderían una aventura de improvisto con villano inesperado en el celebre camino orco que separa Crimmor de Purskul.

Así pues marcharon Gabriela Aventurera Afortunada, el Capitán Sten Señor de los Mares, Eliavel Filo Mágico, Boignar Aplasta Orcos, Lilianne Fortuna de Tymora y Anith Nube Luminosa, hacia lo conocido que torno en desconocido, cuando tras las puertas de hierro que contienen a las bestias que viven en el camino orco, una risa y voz malicienta se impuso al normal tocar de tambores.

Marcharon Gabriela y Sten primero, y a tres pasos de estos sus compañeros animados por su valor. Ante ellos habrían camino y los orcos perecían a su paso, bañando la tierra con su sangre . Tras un mal lance, Anith pudo sacarles de un apuro, pues la fortuna había querido que entre tanto aguerrido aventurero, bastante insensatos e imprudentes, tuvieran a bien cruzarse con Anith Nube Luminosa, sacerdotisa de gran poder y ego escaso, que rendía culto a Sehanine Lunarco la Señora de los Sueños entre los gentiles.

Tras el primer susto, siguieron su avance y al final de una colina, ¡algo inaudito! No solo orcos habitaban estos lugares. Tras unos arboles, divisaron una carreta rodeada de cadáveres de hombres. Cuerpos yacían sin vida rodeados de su sangre y sus vísceras, a su lado dos mercenarios charlaban con lo que ante los ojos del aventurero inexperto solo se nombraría como pesadilla.

-¡Es un ojo gigante que flota!

-¿Pero qué, como o por qué existe una cosa así?

-Es una criatura de la Infraoscuridad, de gran poder ¿por qué estará aquí?

-¡Pero flota! Madre de la diosa, que esta flotando.

-¡Callad insensatos y bajad el tono!, ocultémonos tras los arboles y veamos que estrategia seguir.

-Seguir una estrategia siempre es un buen plan.

Tymoranos o no, impetuosos e imprudentes, no eran del todo estúpidos, por lo que los seis valientes trazaron un astuto plan. La magia divina les permitiría dar lo mejor de si mismos en la batalla, además de ver en la oscuridad por un hechizo. ¿Y la oscuridad? Lo arcano tan útilmente concentrado en una varita se pondría a disposición del grupo. Cuando la noche mágica cayera sobre el ojo se abalanzarían sobre él.

El grupo se dividió en dos, rodearon al monstruo y los carromatos con cuidado de no ser vistos ni oídos y tan pronto estuvieron cerca ¡magia mediante se echaron encima! ¡Que batalla! El ojo que todo lo ve, no obstante se defendió a base del uso de su desbordante magia. Su aura y la urdimbre que rodean todas las cosas, era una y poderosa, por lo que más rápido que muchos archimagos, conjuro contra ellos dejando en estado crítico a dos de los seis aventureros. Sin embargo, el plan bien diseñado, el número del grupo y la buena fortuna jugaron contra el Ojo, que cayo muerto tras un último golpe del Capitan Sten.

Muerto la bestia, muertos sus esbirros, Anith curo a los osados que habían actuado por encima de sus posibilidades, mientras el resto buscaba por supervivientes. Lamentablemente entre los caidos no había corrido la misma dicha, por lo que sin supervivientes y muerto el monstruo, tomaron algunas pertenencias de los bandidos para vender quizá (me pregunto ¿qué es una aventura sin un justo botín o tesoro al final? ¿o no creéis lo mismo hermanos míos?) y como buenos aventureros avisaron a las autoridades locales de lo acontecido.

Así fue como los Seis de la Lluvia derrotaron al Ojo que Todo lo Ve en aventura singular.

Offtopic :
Puede y de hecho está bastante adornado el relato frente a lo que paso de verdad, pues se trata de un cuento que escribe Lilianne a sus dos hermanos mayores-menores en casa. ¡Y si es raro! ¡Una aventurera que conserva los padres y más familia! ¡Y además son felices!
 

Silver

Discípulo comegemas
Registrado
7/8/14
Mensajes
693
Subiendo las escaleras mestiza y elfa, pasaban bajo la atenta mirada de los extrañados camareros de la Vampiresa Velada. La elfa vestía los colores de la naturaleza, y su pelo de pureza nívea la hacia sobresalir en cada habitación que pisaba. La mestiza reía de buena gana, liderando la marcha entre comentarios jocosos y bromas.

-¡Te va a encantar Min, vengo aquí de vez en cuando y se que te va a encantar!

-No sé Lils, oye… ¿los camareros no son un poco raros aquí?

-Que va, quizás es que cobran muy mal y por eso tienen esa cara de aburrimiento mortal.

Ambas mujeres entraron en la habitación de juegos y con un salto, la joven mestiza ordeno bebida para ambas mientras se acercaba pletórica a la maquina de juego. Un artilugio digno de la obra lantanesa y la magia más avanzada, un viejo engranaje de distintas ruedas que se mantenía hechizado. A cada cambio de palanca, las ruedas giraban entre si y las runas se activaban, animando las runas inscritas y sus conjuros que empezaban a desgastarse, apareciendo de la nada pequeñas figuras que representaban seres de razas distintas.

-¿Qué es esto?

-Es una rueda de fortuna, ¡muy Tymorana! Apuestas tu oro en este mecanismo y dependiendo de las figuras que se animen, perderás, recuperarás o doblaras lo invertido.

Ambas mujeres se acercaron y la mestiza realizo su primera apuesta. Las ruedas giraron, los engranajes tiraron a suerte y la magia obro su milagro. Y entre charlas y expectación, Lilianne tomo la noble tarea de enseñar a su buena amiga druida el arte de la apuesta.

En la Luz del Alandor el trío aventurero, descansaba en una de las mesas más alejadas. Pelirroja, peliblanca y peliazul, reian y charlaban, mientras daban buena cuenta a sus bebidas. Con la posada casi vacia, Kosmo y Kalm aparte, la dama sonriente aprovecho su fortuna para subirse encima de una de las sillas de la posada.

-¿Pero qué haces Lils? Te vas a caer.- comento la elfa lunar, con bastante certeza pues lo que le sobraba de arrojo y audacia a la joven clériga, le faltaba de destreza.

-¡Lo prometido es deuda y la moneda a de ser bendita!

Con los primeros reproches de fondo por parte de la camarera, las risas de la pelirroja y ante el asombro de la elfa, la mestiza saco una daga y su bolsa de monedas. Con la diestra sujetaba la bolsa abierta y con un rápido movimiento dió un tajo con su zurda, hasta que de la palma derecha corrió un reguero de sangre hacia la bolsa impregnando las monedas.

-¡¡Pero qué haces!!

-¡Monedas de Tymora, yo os bendigo! ¡Potra suprema concede a este metal tu fortuna! ¡Dama Sonriente atrae tesoros eternos para mis audaces! ¡Aventureros que la posean jamás sean esquivos a tu sonrisa! ¡Tymora, diosa de la Aventura, que tu fortuna ayude a cumplir nuestros sueños!

Mientras recitaba la joven mestiza su plegaria, la pobre Kosmo se acercaba a ver que sucedía. Con la última frase, había subido a la mesa alzando las manos hacia el techo, daga ensangrentada y mano sangrante. Solo la suerte y la rapidez de Gabriela había impedido que la osada mestiza no tirara un solo vaso.

-Dejala Minenyar, está bendiciendo nuestras monedas.- en medio del ajetreo, aún la naskhelita había tenido el decoro de persignarse a la usanza Tymorana.

Ante el asombro de la elfa y los pocos lugareños que quedaban a esas horas en la posada, la mestiza acabo su rezo bajándose de la mesa obediente ante Kosmo y volviéndose a sentar. Cubrió su diestra con una venda, guardo la daga y tomo tres monedas, manchadas con su sangre, una para cada acompañante y una tercera para la pobre tiefling que sufría el infortunio de aguantarla.

-¡Apañao! Ahora voy corriendo a darle una a Nora y al norteño que estaba con ella. ¡Tymora provee! Guardarlas os traerán buena suerte y os ayudarán en vuestro camino.

Llevaban horas en la Vampiresa Velada. Lilianne ganaba una tanda, Lilianne perdía tres. Ganaba cuatro, perdía dos. De todas las maneras y sin importar como se mirará, Minenyar observaba curiosa a la sacerdotisa que tenia como amiga mientras charlaban sobre el mecanismo del juego o sobre la vida.

-Vas perdiendo Lili, pero además por mucho.

-Unas veces se gana, unas veces se pierde Min, esto es así. La suerte va y viene. Es un juego de azar.

-Pero te estás dejando tus ahorros en la maquina, no sé yo si Tymora provee mucho esta tarde.

-Da igual la fortuna que tenga, esta se la debo a la diosa y a ella me confió tenga mala suerte o buena, pues al final velará por mi. Por ambas.

Pidieron una segunda ronda de bebidas, y volvieron al bello arte del juego de azar, muy propio de druidas que seguían con devoción a Mielikki en su faceta del Seldarine. Más propio aún de mestizas Tymoranas audaces.

Un hombre entorno a sus cuarenta y una joven mestiza charlaban animados en medio de un pequeño claro. Alejados de los caminos, tío y sobrina, descansaban de su ajetreado viaje mientras el hombre trataba de explicar un nuevo punto de la fe que ambos profesaban a su joven novicia.

-Bien sabes que los poderes que ahora comienzas a despertar, son los dones que nos otorga la diosa Tymora a cambio de nuestra devoción y servicio. Dentro de estos dones, tu virtud o quizás más adelante la propia bendición, es algo que debes tener en cuenta como rito.

El hombre tomo la espada corta que siempre llevaba aferrada a su pernera y un saco lleno de monedas. Abrió ante la joven la bolsa, y enseñándole las monedas coloco su zurda encima de esta. Con un pequeño corte con la espada, de su carne mano su sangre, vertiéndose sobre las monedas y cambiando su color.

-¡Tio pero que haces!

-No te preocupes sobrina, es un rasguño que sanará en cuanto me vende la mano.

-¡Estas loco! ¿Por qué has hecho eso?

-Descuida novicia. Es una simple bendición, orar a la diosa Tymora para que me otorgue su don y quede impregnado en forma de fortuna en estas monedas.

La mestiza quedo en silencio y escucho con paciencia la letanía de conjuros, mucho más poderosos de lo que ella podía aspirar a conjurar, eran canalizados a través de la férrea fe del clérigo hacia el pequeño saco de monedas. Cuando todo acabo, el hombre saco un buen puñado y las dejo caer de nuevo en el saco ante la atenta mirada de ambos. Monedas manchadas de sangre.

-Vaya.. ha sido asombroso, perdona por dudar ¿todo el mundo lo hace así? No tenia ni idea.

-No, pequeña, no todo el mundo.- El hombre rió de buena gana y tomo una moneda que dejo en su mano.- De hecho te diría que no lo hace casi nadie, pues las bendiciones no requieren de sangre en absoluto. No son magia de sangre, son magia divina proveniente de la misma Dama Sonriente, con permiso claro de la Dama de los Misterios.

-Y si no necesitan sangre ¿por qué te has rajado la mano, tio Terry?

-Lo hago por dos motivos. La gente cree de forma más certera en la magia cuando tiene pinta de magia. ¿Nunca te has preguntado porque tu padre enseñaba el idioma de los dragones a tu hermano para conjurar? Podría conjurar usando el elfico o hasta el khondonzano, pero si un elfo usa el idioma de los dragones para lanzar un hechizo, todos aquellos que lo vean pensarán esto es magia de verdad.

-No lo entiendo.

-A ver… si yo te digo, voy a bendecir estas monedas, rezo en mi propia cabeza y conjuro sobre ellas. ¿te habrías sorprendido igual? ¿te habrías sentido sobrecogida? ¿habrías pensado esto es magia poderosa? ¡Esto es el don!

-Pues no, te habria creido, pero no habria pensado nada de eso.- La muchacha negaba visiblemente.

-Por supuesto que no. Pero con esto, sangre de por medio, eso si es magia. Magia en mayúsculas. Un Tymorano que se hace eso a si mismo para compartir su suerte con otros, eso es audacia, eso es un hombre vivo y dispuesto a todo.-la joven le observaba no del todo confiada -Eso es certeza de que la magia que esta impregnada ahora en estas monedas es real, autentica. Acompañara de mano a mano a todo aquel que las coja a su destino, a cumplir sus sueños. La magia ha tornado mi sangre en suerte liquida.

-Se hace para impresionar a quien te ve ¿y qué así confie más en el poder de la moneda? Eso no sé yo si tiene sentido, tio… y aunque lo tuviera, eran dos motivos ¿por qué más lo haces?

-El otro todavía es más sencillo. Somos aventureros y pedimos el don a nuestra señora de forma mucho más cotidiana y absurda que el resto de clérigos. Debemos correr riesgos, ser audaces, ir allí donde nadie más ha llegado y si es necesario, huir tan rápido como nadie jamás ha huido.- Ambos rieron con ganas. - Pero no por ello somos peores fieles, ni menos respetuosos. Y por ello el corte, sino estas dispuesta a sangrar porque la Dama te sonría y te de su don ¿por qué ella debería de dártelo en todo caso, sobrina?

Era la última oportunidad, la última moneda en posesión de la mestiza antes de darle a la palanca. Una rueda giro, dos lo hicieron, ¿quién sabia que podría pasar? Cuando la tercera por fin se paro, y la pequeña figura con forma de orco apareció de la magia al activarse la runa, era la señal. La mestiza había perdido la última partida.

-¡Ahá! Ya podermos irnos Min, ya he perdido todas las monedas que tenia. Incluidas las que habia ganado a la maquina.

-Y aún así estás tan feliz. No paras de sonreír y reírte.- La elfa había obviado ya toda posibilidad de entender a su amiga cuando se encontraba en ese estado. Solo le quedaba la certeza de que podría tener una afición desmesurada por los juegos de azar.

-¡Pues claro que he perdido! Era mi destino de hoy, perder, así lo ha dictado la diosa y así debía ser. Podemos irnos, hasta que toque volver de nuevo.

-¿A perder?

-O a ganar, nunca se sabe Min. Lo importante es que en estos juegos, incluso cuando pierdo todo mi oro, soy capaz de ganar. Ya sabes, Tymora provee.

Ambas mujeres recogieron sus cosas, la mestiza había tenido la poca previsión de no pagar por las consumiciones antes de empezar a jugar, y la elfa tuvo que pagar por ambas. Otra vez. Se estaba haciendo costumbre que ambas compartieran camino, aventura y cuenta en alguna posada perdida de Amn.

-¿Y como has ganado esta vez, Lils?

-He dejado mis monedas en esa maquina, Minenyar, alguien las ganará. Todas o algunas, y cuando las gane las llevará consigo y mi perdida, será su fortuna. Estoy segura de ello.

-Eso es muy bonito Lils… ¿pero cuanto dinero has perdido?

-¡Cien mil moneditas de nada! ¡Pero no se lo digas a Gabriela!

Y ante el asombro de una y risas de ambas, elfa y mestiza saldrían de la posada con los bolsillos mucho más vacíos de lo que habían estado al entrar.
 

Conectados

Arriba