Qué bien, veo que voy a contestarme la postdata. Estoy a un paso de convertirme en esa anciana que acribilla a las redacciones de los periódicos con sus "Cartas al Director".
La vida está plagada de elecciones antitéticas. Si te gusta la tortilla de patata con cebolla no la puedes disfrutar sin ese asqueroso condimento de mierda. Puedes ser partidaria de las pizza con piña (uno de los mejores inventos de la humanidad) u odiarla a muerte. Real Madrid o Barça. Perros o gatos (¿de verdad es necesario elegir?). Rubios o morenos (pelirrojos siempre) La cerveza... la cerveza, con alcohol, por favor.
Bueno, el caso es que, en cuestiones cinematográficas, o se es nolanista, o "se entiende de cine". Yo llevo años arremetiendo contra este pobre señor que seguro tiene muchísimo más talento que yo. Mi poder como juez y verdugo radica en que él se coloca detrás de una cámara y yo me siento cómodamente en la butaca de un cine en algún lugar de cuyo nombre no quiero acordarme. También ayuda lo de ser española, claro. Desde que vi el primer trailer de Dunkerque supe que algún día tendría que tragarme mis palabras. Y ese día ha llegado, y con él, mi bajada de pantalones pública.
Lo siento, Cristopher Nolan. Por todas las veces que te he llamado jueputa y cansino. Por fin has encontrado una película en la que todas tus obsesiones, tics y manierismos encajan perfectamente como en una maquinaria de reloj. No hay apenas guión, ni desarrollo de personajes. De este modo, te ahorras los agujeros de guión. Esa sobriedad, casi frialdad, que a veces te achacan funciona perfectamente en un relato bélico (quizás falta un poco de sucia sangre, eso sí). Mi guerra soñada es cruda, implacable, ruidosa, confusa. Existe una pequeña concesión heroica o patriótica, pero en la Operación Dimano la hubo. El montaje, que remarca una atmósfera opresiva es fabuloso, la fotografía, con ese grano del analógico, espectacular ¡con lo complicado que es rodar en el mar! Esos encuadres teñidos de gris y humo parecen casi marinas de Turner. Hasta la atronadora banda sonora de Zimmer tiene su razón de ser en esta película.
Siempre he dicho que Nolan es un director obsesionado con el ritmo y el tiempo (unidad elemental de la expresión cinematográfica) pero que siempre acababa lastrando sus películas por un exceso de explicaciones, denostando el poder narrativo de las imágenes. Dunkerque es la excepción. Es una experiencia puramente audiovisual.
Probablemente su mejor película siga siendo El Caballero Oscuro, pero siempre he mantenido a las dos primeras de la trilogía de Batman un tanto alejadas del resto de su filmografía. Si no lo hubiera hecho, tendría que haberle pedido disculpas mucho antes. Y aquí la cosa va de tener siempre la razón.
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