Calendil entró en la pequeña habitación bien entrada la noche, se había hospedado en la posada “La Luz del Alandor” pues no quería que los pequeños hin de la mancomunidad la viesen por el momento, ya que no había decidido si quedarse o marchar otra temporada…
El viaje había sido extenuante, durante el último mes había cubierto mas de mil doscientas millas desde Neverwinter hasta la ciudad de la moneda sin hacer paradas para descansar.
Podría haber realizado un viaje mucho mas cómodo si en Puerta de Baldur hubiera cogido uno de los numerosos buques que se dirigían allí, pero había escogido viajar en caravana inconscientemente, quizá por miedo a lo que pudiera encontrar a su llegada.
Se recostó sobre el camastro, y sonrió recordando la primera vez que llegó a la ciudad, hace ya más de veinte años. Por aquel entonces su situación era mucho mas precaria.
No era más que una pequeña elfina, que inconscientemente huía de aquello que le recordaba el dolor de la pérdida. Escudándose en una coraza de inocencia e inmadurez, mostrando al mundo una persona que en realidad no era, sólo porque su verdadera naturaleza era tan oscura y peligrosa que era preferible sellarla dentro de muchos candados emocionales.
No he cambiado tanto desde entonces.
Murmuró mientras observaba el techo de madera, algo carcomida por los años. Sus sellos emocionales seguían ahí, tan solo habían variado, la inmadurez había pasado a la sabiduría obtenida de las experiencias vividas y la inocencia había sido reemplazada por una férrea convicción de proteger a las personas a las que ella había llegado a querer.
Se giró y observó la mesa, sobre ella una vela titilaba con armonía iluminando tenuemente el ambiente. Se incorporó y abrió su viejo diario, en una vida tan dilatada como la de una elfa, llevar un diario al día, resultaba una tarea colosal, mas cuando se trataba de una elfa de mas de ciento cuarenta años, así que había decidido plasmar en el tan solo eventos realmente importantes en su vida.
Se había convertido en algo así como una terapia, una forma de plasmar sus verdaderos sentimientos, aquellos, tan oscuros como para compartirlos con nadie, cogió su pequeña pluma, herencia de su efímera temporada como reportera y comenzó a escribir…
Llevo algunos días sin descansar, el ensueño no me lo permite, pues tengo un recuerdo persistente que tenía olvidado y escondido en algún recóndito lugar de mi memoria, y ahora, por alguna razón que no llego a comprender lo estoy rememorando noche tras noche.
Para que se comprenda mejor debemos ponernos en contexto. Y para ello debemos regresar a una época feliz para mi, hace ya mas de ciento treinta años, cuando era una niña. Una huérfana acogida en un monasterio de Ilmater, entrenada en la férrea disciplina que requiere el no utilizar la fuerza para obtener lo que queremos, sino para defender a nuestra familia.
Los monjes se afanaban en inculcarnos la idea de que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, que nadie es malvado por el simple hecho de pertenecer a una raza o a una estructura social, que no diésemos nada por hecho.
Por aquel entonces eramos un total de quince discípulos, todos niños entre nueve y doce años, algunos como era mi caso huérfanos, otros hijos de nobles de la zona enviados allí para aprender disciplina, otros simplemente hijos de aldeanos de las villas cercanas al monasterio, que habían sido enviados para ser la nueva generación que se encargase de protegerlos y guiarlos en el futuro.
Llevaba ya dos años en ese pequeño grupo, todo de chicos. A mi jamás me importó ser la única chica del grupo, de hecho a esas edades realmente importa poco, mas siendo yo la mas fuerte del grupo, era respetada o temida, dependiendo con quien hablases, pero todo cambió un buen día cuando se unió al grupo una nueva integrante.
Una niña de aproximadamente mi edad, morena, de pelo largo y ojos de cielo. Su mirada transmitía alegría, y la picardía que se puede tener a esa tierna edad. Su nombre Marine, y como te puedes imaginar, en un grupo que eran todo chicos, una recién llegada que no sabía como defenderse, pronto se convirtió en el blanco de burlas y bromas indiscriminadas.
Yo nunca he podido con las injusticias, así que no tardé en ponerme de su parte, llegando a encararme con algunos de los mas bravucones de la clase. No estoy orgullosa de ello, pero puede que saltara algún diente de alguno que no sabía cuando debía marcharse.
En cualquier caso Marine y yo nos volvimos inseparables, yo le enseñe a escabullirse durante los descansos para ir al claro que se encontraba junto al monasterio. Y ella me enseñó tantas cosas que no soy capaz de enumerar.
Eramos las dos únicas chicas, y nos comprendíamos, cuando alguien se metía con una, la otra venía a defenderla, ella fue quien me ayudó a superar la ocasión en la que casi maté a Duncan, cuando dejé escapar a mi oscuridad.
Recuerdo aquellos años con cariño, las risas, las travesuras, la confianza, la lealtad, la hermandad. Mar, era mi hermana, y yo era la suya, nos juramos protegernos la una a la otra independientemente del peligro al que hiciéramos frente.
Y así pasaron los años, ambas crecimos hasta alcanzar la edad de dieciséis años, aunque yo seguía viendo a Mar como una niña, se había convertido en una señorita, hermosa y jovial, con un aura casi mágica, que atraía a la gente a su alrededor, y bueno yo, siempre he sido yo.
Con la edad nuestras travesuras, cambiaron, pues como he dicho Mar se había vuelto una hermosa joven, por lo que la mayoría de los ahora chicos de nuestra promoción la agasajaban y regalaban el odio. Nosotras simplemente nos reíamos de ellos, fingiendo interés para luego soltar alguna frase lapidaria. A mi en realidad nunca me gustó ninguno de ellos, y a Mar, tampoco, o al menos eso era lo que yo creía.
Porque de todo el grupo, solo había un chico que nunca nos dijo nada, Duncan, era divertido cuando se relajaba entre sus amigos y tenía una sonrisa preciosa. Mar siempre se preguntaba, porqué nunca se acercaba a decirnos nada, y yo le decía que seguramente era porque tendría miedo de mi, después de todo estuve a punto de asesinarlo.
Pero ella no paraba de mirarlo, algo me decía que deseaba que ese chico le regalase el odio, así que finalmente decidí hacer algo que jamás pensé que haría. Tragarme mi orgullo y acercarme a Duncan con un único propósito. Pero a la hora de la verdad inexplicablemente, me invadió la vergüenza, así que solo logré decir.
Duncan, llevo años esperando a decirte algo, lo siento, de verdad que siento lo que te hice.
Soy la peor mujer de este mundo, convertí una riña de críos en un duelo a muerte, por favor, espero que puedas perdonarme.
El me miró sin decirme nada, mostrando una sonrisa de suficiencia que me exasperaba, así que añadí.
¿No tienes nada que decirme?
El se giró sin dejar de sonreír y simplemente añadió.
Es que no quiero que me vuelvas a dar una paliza de muerte, aun me duele el brazo desde entonces.
Se me puso toda la cara roja, no de rabia, tampoco vergüenza, remordimiento, si eso debía ser, un remordimiento atroz por haber estado apunto de matar a un muchacho que no lo merecía.
Duncan espera yo…
El se giró entonces y se acercó a mi, tanto que pude notar el latido de su corazón.
Han pasado muchos años desde aquello, y puede que me lo mereciera, al menos un poquito.
Lo dijo susurrando en mi oído, con una voz que hizo que perdiera el aliento por un instante y que mi corazón se acelerase. Sin darme cuenta mis labios estaban pegados a los suyos. Si lo besé fue algo instintivo, un arrebato nacido del remordimiento, o al menos eso pensé en ese momento.
Al darme cuenta de lo que estaba haciendo, le di un empujón para separarnos y salí corriendo en dirección opuesta, demasiado avergonzada como para añadir nada, a mis espaldas logré escuchar lo que el dijo.
Tenías que haber empezado tu disculpa por el beso, habría sido mas efectiva.
Yo aceleré el paso, no quería enfrentarme a el, no después de haberlo besado.
¿Porqué, como se me ocurre?
Murmuré mientras lograba salir al patio, donde me detuve de golpe al toparme con Marine, que me miraba con una mezcla de incredulidad e ira.
¿Que has hecho? Me preguntó.
No lo se, Mar, la he liado otra vez.
Le dije sin mas y me abracé a ella, con fuerza. Pero Marine no me devolvió el abrazo, estaba en shock, había sido testigo mudo de lo que acababa de ocurrir, y simplemente no era capaz de procesarlo.
¿Porque lo has besado, acaso te gusta Calendil?
Miré a Marine, no supe que contestar y me aferré aun mas a su cuerpo, no sabía porque había reaccionado así, simplemente ocurrió. Pero no tenía explicación, al menos no una explicación racional.
Marine, me agarró por los hombros logrando liberarse de mi abrazo, y me miró directamente a los ojos, su expresión no era la de siempre, podía ver el fuego que emergía en su interior, estaba indignada.
¿Que te ocurre Mar? me estás dando miedo.
Ella me empujó, en sus ojos ardía la ira.
Sabías que Duncan era mío, ¿porque lo has besado, acaso quieres lo que no te pertenece?
Yo trastabillé aturdida, no sabía como responder, porque ni yo misma sabía lo que me pasaba por la cabeza, miré a Marine para contestarla y acerté a levantar el brazo de forma inconsciente, justo para cubrirme de una patada directa al rostro.
¿Que haces Mar?
Pelear por lo que es mio.
Respondió al tiempo que lanzaba una serie de puñetazos todos ellos en dirección a puntos vitales.
¿Esto va en serio?. Le dije. Quieres asesinarme, Marine, eres mi hermana.
Como te atreves a llamarte mi hermana, lo que eres es una traidora.
Di un salto lo suficientemente largo como para separarme de su alcance y traté de explicarme.
Mar, no es verdad, no se que ha pasado, pero yo, yo no lo quiero.
Estás mintiendo, eres una maldita serpiente, estabas esperando a que me diese la vuelta para quedarte con el, ¿verdad?.
Marine, se lanzó con un ataque frontal su ira era irrefrenable, golpeando una y otra vez con golpes mortales, estaba fuera de si, y yo sentía que tenía razón.
Tranquilizate, podemos hablarlo, yo, yo puedo apartarme, no, sabía, nunca lo pensé que lo querías…
Mientes. Respondió lanzándose en un salto contra mi, con una patada de hacha directa a mi cabeza.
Yo rodé a mi derecha, evitando el golpe por centímetros, cuando logré levantarme Mar me recibió con tres golpes terribles, dos en el estómago que me dejaron sin aliento y un terrible barrido que me hizo caer al suelto.
Luego se abalanzó sobre mi, alzó su puño derecho y me miró directamente a los ojos.
Tranquila amiga, no va a doler… mucho.
Yo cerré los ojos, sabedora que sería lo último que escucharía, pero no fue así…
¿Que estáis haciendo?
Duncan, no es lo que parece…
Noté que me soltaban, y como se separaban de mi, cuando abrí los ojos vi la figura de Marine junto a la de Duncan.
¿Estás loca, que le estás haciendo a Calendil?
Yo, yo, no se, yo, te quiero.
Dijo sin mas, Duncan la miró un instante y luego acertó a decir.
¿Y como me quieres te crees en condiciones de decidir sobre mi, y sobre la vida y la muerte de aquellos que se acercan a mi?
Yo, no, ella, es todo culpa de ella.
Yo bajé la mirada cuando Mar dijo eso, tenía toda la razón, no me porté como una amiga, las amigas no se traicionan así.
Duncan colocó ambas manos sobre los hombros de Marine.
Yo no te quiero a ti, tienes que entender, que el amor es cosa de dos. Tus celos son infundados, pues yo no te quiero y después de esto, puede que ni siquiera llegue a apreciarte.
Marine, lo miró con ojos de carnero degollado, las lagrimas asomaron por sus hermosos ojos azules, mientras se giraba y me dedicaba a mi una mirada de auténtico odio.
Sea pues, de ahora en adelante tu y yo somos enemigas. Nunca vengas a pedirme ayuda y no se te ocurra acercarte a ayudarme a mi. A partir de hoy te odio a muerte Calendil, y sólo espero que los dioses sepan castigarte por esto…
A los pocos días Marine, se marchó del monasterio…
Puede que eso sea lo que me haga perder el descanso, el remordimiento de que soy una traidora. Alguien indigna de confianza…
Solo me consuela una cosa, al final es cierto que los dioses han sabido castigarme, porque recuerdo cada día a mi amado Duncan desde hace mas de noventa años, al final Mar, has conseguido tu venganza.
Calendil cerró el pequeño diario, observó la mesa, y vio unas gotas junto al tintero, se tocó la cara dándose cuenta que estaba llorando.
El remordimiento es el peor de los sentimientos. Se dijo en voz alta.
Se secó las mejillas con la manga del camisón y luego se dejó caer en el camastro, cerró los ojos y por primera vez en una dekhana logró ensoñar…