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Crónicas de una elfina

Hela

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☯ LA LLEGADA ☯

Las últimas luces del crepúsculo iluminaban tenuemente los llanos de Athkatla. Y el sin fin de aventureros y comerciantes que transitaban habitualmente, comenzaban a retirarse a la tranquilidad de sus posadas.

La hora de la cena había transcurrido con normalidad en la La Luz del Alandor, la acogedora taberna situada en los llanos, donde la mayoría de aventureros concurrían. Contando historias o simplemente fanfarroneando de aventuras épicas, habitualmente exageradas.

Kaile, la hermosa camarera estaba recogiendo las últimas mesas, mientras Bentler, el tabernero le daba codazos al borracho que todas las noches se quedaba dormido en la barra.

Ilthar, ya va siendo hora de que te marches a tu casa ¿no crees que tu mujer no te estará echando de menos?

El hombre levanto la cabeza que tenia colocada entre sus brazos, en medio de su frente se podía ver la marca que le había dejado la barra de madera, le sonrió desdentado y se limitó a decir.

Anda Bentler, pon otra ronda, ya sabes que soy buen pagador. Y mi vieja esposa seguro que ya me tiene preparado el catre en el porche de casa.

El posadero no había empezado a contestar, cuando vio entrar por la puerta a una joven elfo, muy menuda y de escasa estatura, incluso para los cánones de su raza.

Era atractiva, aunque eso no es un rasgo extraño en los elfos, Su tez era pálida, de ojos verdes como dos esmeraldas y un pelo rubio blanquecino. Que denotaba su origen lunar. Se acercó a la barra con una sonrisa pintada en los labios.

Estamos cerrando señorita, ya no servimos comidas.

Le dijo con tono algo áspero.

Por favor, me arreglo con lo que shea. comenzó a hablar ella, sus verdes pupilas se quedaron fijas mirando al tabernero. Ni shiquiera neceshito nada cocinado, me arreglo con unash pocash bayash. No he comido nada en dosh diash.

Sus pupilas titilaban a la luz de las velas, dándole una apariencia desvalida que el pobre Bentler no fue capaz de menospreciar.

Bueno, está bien, tengo un poco de sopa de verduras que ha sobrado. Te la calentaré y le diré a Kaile que te la acerque a la mesa.

No, por favor, no desheo moleshtarla, yo mishma vendré a por ella. Muchash gracias sheñor. Por cierto, shoy Calendil.

La elfo le tendió la mano. Bentler se la quedó mirando entre sorprendido y divertido. No era habitual que un cliente se presentase a esas horas, pidiera comer lo que hubiera y encima se ofreciera a hacer la labor de la camarera.

Naaa, no te preocupes, Kaile te llevará la comida encantada, tu siéntate en esa mesa de ahí y ahora acercará la comida.

La mujer miró a la elfo con una mirada furiosa, casi había terminado su jornada y ahora una jovencita se había “camelado” al bueno de Bentler con su cara bonita y un truco muy viejo.

La mujer desvalida, pobrecita. Pensó mientras pasaba junto a la mesa donde se había sentado Calendil.

A los pocos minutos, regresó con un plato de sopa de verduras entre las manos, que dejó de mala gana en la mesa sin articular palabra.

Si Calendil se dio cuenta de la hostilidad de la mujer no pareció notarlo, ya que cogió la cuchara casi en cuando tocó el plato la mesa. Y sin mucho remilgo comenzó a devorar la sopa. Se veía que la pobre tenia hambre, ya que no tardó mas de tres o cuatro minutos en vaciar el plato.

Sin mediar palabra se levanto y acercó el plato a la barra donde se encontraba Bentler.

Pues si que es cierto que tenias hambre, pequeña, ha sobrado aun para otro plato, ¿lo quieres?

Calendil asintió vigorosamente, con esos ojos de carnero clavados en Bentler al que pese a su rudeza, sabía reconocer el hambre a la legua.

Llenó el plato una segunda vez y le colocó una rebanada de pan al tiempo que le guiñaba el ojo con complicidad.

La muchacha no regresó a la mesa y terminó de comer en la barra ante la atónita mirada de Bentler, Kaile y Ilthar que aún no se había marchado.

A los pocos minutos cuando Calendil terminó de comer sacó una pequeña bolsita con una única moneda de oro y preguntó.

¿Con eshto llega para pagar la comida y una noche de deshcansho?

Shi no, puedo lavar losh platosh o limpiar el shuelo para pagarosh.

El tabernero, arrancó a reír mientras miraba a Calendil.

Si la mitad de aventureros que aparecen, fueran tan buenos clientes como tu, me habría retirado hace años. Con esa moneda de oro, puedes dormir esta noche y te incluiré el desayuno de mañana.

No había terminado de hablar cuando colocó una llave sobre el mostrador.

Es la que está al fondo a la derecha, tienes una cama, en el armario tienes mantas, esta noche será fría.

Muchishimash graciash caballero. Se limitó a decir al tiempo que subía las escaleras de camino a su habitación.

Te ha engañado con el truco mas viejo del mundo Bentler. Le gritó Kaile desde el otro extremo del gran salón.

Tu metete en tus asuntos, ¿No te está esperando tu nuevo novio junto a la fuente?. Vete, ya me encargo yo de cerrar.

Bentler endureció su mirada al ver que Ilthar permanecía aún sentado en la barra, con los ojos vidriosos y la mente atontada por el alcohol.

¿Y tu que haces todavía aquí?. Mas te vale irte antes de que me enfade de verdad y te obligue a irte por las malas.

El borrachín se levantó sin rechistar y a trompicones abandonó la posada cerrando tras de si.

El posadero entonces regresó tras el mostrador y se limitó a sonreír mientras murmuraba.

Ojala todos mis clientes pagasen una moneda entera de oro por una cama y un desayuno.
 
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Hela

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☯ TESTIMONIO PARA EL FUTURO ☯

Calendil entró en la pequeña habitación donde había un pequeño camastro, un armario con espacio para guardar una muda, una mesita de noche y un taburete.

No era gran cosa, pero estaba limpio, y era tranquilo, después del robo que había sufrido la noche anterior, se daba con un canto en los dientes que por una moneda de oro hubiese obtenido una buena cena, alojamiento y la promesa de un desayuno.

Se sentó en el taburete y desplegó un pequeño diario que guardaba en un bolsillo oculto, dando gracias a Ilmater, por haberle permitido conservarlo, ya que en el estaban escritas sus vivencias de casi 60 años. No quiso ni ponerse a valorar que habría pasado de haberlo perdido.

Observó las primeras páginas y no pudo reprimir un suspiro de alivio al ver que se encontraban en buen estado, después de haber caído tan pesadamente en el asfalto, había temido por la integridad del pequeño libro.

Se tumbó pesadamente en el camastro y comenzó a leer las primeras líneas.

Querido diario:

Hoy comienzo a escribir mis vivencias, pero como deseo que este legado llegue a mis descendientes, para que puedan aprender de ellas. Lo lógico, como en todas las historias, es comenzar por el principio.

Mi nombre es Calendil, sierva del quebrado, amante esposa y desgarrada viuda.

Mi historia comienza hace aproximadamente ciento veinte años, en un pequeño monasterio situado a medio camino entre Neverwinter y Puerta de Baldur. Una noche de tormenta, (como ocurre con todas las leyendas épicas que se precien) un pequeño capacho fue dejado en el monasterio. Contenía dos cosas, una pequeña elfina, de grandes y penetrantes ojos verde azulado, y una simple nota escrita en élfico, en la que únicamente se leía una palabra. Calendil.

Así que los monjes pensaron que sería mi nombre, un nombre que hasta la fecha no he logrado descubrir el significado.

El caso es que pese a que inicialmente los monjes buscaron a mis padres sin descanso, preguntando por los alrededores y enviando monjes caminantes para indagar de sucesos en los asentamientos élficos cercanos. No lograron descubrir nada, y al cabo de un par de años. Decidieron quedarse conmigo.

Mi primera familia, y los años, quizá, mas felices de mi larga existencia. Durante muchos de estos, me entrenaron en cuerpo, mente y alma. Pero los entrenamientos se alternaban con ratos de juegos con mis hermanos de orden. De entre ellos, con quien mayores ratos pasaba era con Duncan, mi “fiel esclavo escudero” al que traía de cabeza, y en mas de una ocasión metí en algún lío.

Los juegos pasaron lentamente a convertirse en tonteos de adolescentes y finalmente llegó el amor. Ese amor incondicional que sólo se puede sentir una vez en la vida. Nos casamos y vivimos felices durante años.
Nuestra existencia era pacífica, ya que por suerte la zona de influencia del monasterio era tranquila, y jamás hubo que defender a los aldeanos de ningún ataque.

Pero el tiempo pasó en un suspiro, la juventud de Duncan dejó pasó a la madurez y finalmente a la sabiduría de la vejez. En ese momento fui consciente de lo que realmente significa ser un elfo.

Mi amor verdadero, se vio obligado a abandonarme, Ilmaner no hace distinción con ningún humano, y pese a que le recé con toda mi fe, su voluntad inquebrantable se cumplió.

De repente, estaba sola, viuda y sin haber podido darle un hijo, aún no era consciente que era una niña en la mente de una mujer. Y rota por el dolor me marché. Me alejé lo mas que puede [...]

Calendil, pasó varias hojas y prosiguió leyendo hasta una entrada de hace unos pocos días atrás.

El Valle del Viento Helado, y la columna del mundo han sido mi refugio durante casi sesenta años. Hasta que finalmente un mercader de pieles procedente del sur me habló maravillas de su tierra, donde nunca es invierno.

Con enormes desiertos, ciudades exóticas y promesas de aventuras sin fin. Así que aquí estoy hijos míos. Sola, con el corazón aun roto por la perdida, pero esperanzada por la promesa de una nueva vida en Calimshan.

Calendil sonrió un poco ante la ironía, le habían robado todo el oro que había acumulado a lo largo de estos sesenta años, dejándole únicamente un polvoriento diario y una moneda de oro que acababa de gastar.

Cerró el diario y lo guardó con cuidado casi ceremonial en aquel bolsillo que lo había preservado.

Buenas Noches cariño. Dijo mientras caía en la ensoñación, y sonrió una última vez antes de desvanecerse por completo de la realidad.
 
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Hela

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☯ UNA NUEVA PÉRDIDA ☯

Los días se sucedían por los tortuosos caminos de regreso a Kazäd Grômdal desde que habían iniciado la marcha la pequeña elfina no había articulado palabra.

Sus mejillas manchadas por la sombra reseca y salada de sus lágrimas, resaltaban aún más en la mortecina piel de la diminuta lunar.

Una vez más había perdido a alguien al que apreciaba, era consciente de que el enano estaba gravemente herido, pero en el fondo confiaba que una pizca instinto de supervivencia se impusiese sobre el deber y los altos ideales del robusto. Evidentemente no lo conocía lo suficiente como para esperar aquel fatídico desenlace.

– Si tan sólo hubiese logrado atraer la atención de ese maldito mastodonte – pensó para si.

Repasaba una y otra vez lo sucedido, en su mente se preguntaba si quizá de haber actuado de otra forma el desenlace habría sido diferente.

Miró fugazmente a Anith, sabía que la sacerdotisa no mostraría en público sus verdaderos sentimientos, sabía que esta muerte había matado algo mas en el fondo de su alma.

– Yo seré la que le llore por las dos – murmuró para si en iluskano, al tiempo que vislumbraba la entrada a la ciudad de los enanos.

– ¿Por qué siempre son los mas honorables los que acaban por morir? Es injusto – rezongó nuevamente en su lengua natal.

– Seguro que ahora te estás dando un festín sin acordarte de nosotras maldito enano…
 
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Hela

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☯ HORROR EN EL HOSPICIO ☯

La habitación se encontraba en penumbras, habían pasado unas pocas horas, pero en la retina de la pequeña elfina se encontraba la horrible escena dantesca.

Un reguero de sangre seca manchaba el suelo hasta la bañera donde se encontraba sumergida, el agua ahora teñida de rojo rodeaba el escuálido cuerpo de Calendil mientras en silencio miraba el techo de la habitación.

Repasaba continuamente el momento en que intentó sujetar a la niña, la explosión, el sonido de las vísceras abriéndose paso entre la carne y el nauseabundo olor a sangre.

Recordaba la expresión en el rostro de Caladhron, cuando el horror se desató en lo que era una tranquila tarde veraniega, como las risas y los juegos se habían convertido en llantos y dolor, entonces lloró.

Un grito primario de dolor emergió de su garganta, con tanta fuerza que notó como todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo, entonces miró su mano derecha vendada, sentía como estaba entumecida y dolorida, pero no acertaba a recordar cuando y como se la había dañado.

Tan solo podía recordar aquella mirada en los ojos del humano. Y como se habían perdido tantas vidas inocentes, por vete a saber que locura megalómana.

-Tengo que buscar a Caladhron y a Anith- pensó. -Tengo que asegurarme que se encuentren bien-.

Se miró su mano derecha por segunda vez y de pronto recordó algo, un efímero flash de memoria.

-Buen trabajo Etriel- sonrió mientras abandonaba la bañera, y se preparaba para salir a buscarlos.
 
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Hela

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☯ LA PROPUESTA ☯

La tarde era cálida, lo que por otra parte era típico de la temporada estival y en los llanos se encontraban varios conocidos entablando una conversación distendida y trivial, como en ocasiones le gusta hacer a la pequeña elfina, para olvidarse de cuantos peligros y maldades hay en este mundo.

Bien entrada la tarde una figura plateada apreció por la entrada norte, caminó unos pasos hasta el grupo y con su porte habitual saludó, –Dulce agua–.

Calendil sonrió colocando las manos sobre el regazo al tiempo que cambiaba involuntariamente la postura. –Dulce agua–. Saludó a la dama blanca.

Tras varios minutos intercambiando amables palabras con el grupo, ambas elfas se marcharon a un lugar apartado donde poder hablar en privado.

Cuando se aseguraron de que nadie las escucharía o espiaría, Anith miró directamente a Calendil a los ojos y comenzó a hablar con su franqueza habitual.

–Veréis, conozco perfectamente qué pensáis sobre el pueblo gentil… o más bien qué pensáis de la ciudadela de Suldanessalar y muchos de aquellos conocisteis. No fueron el mejor ejemplo para alguien que se crió en lugares ajenos a los élficos ni la primera visión que debió tener.

Pero también os he enseñado desde que os conocí… asistíais a las clases élficas, tratabais de respetar a quien considerabais se merecía respeto, acudís a las clases de historia… es decir, a pesar de donde crecisteis y lo vivido entre elfos, aún buscáis ese conocimiento.

Y recordé que… nunca se os dio vuestro nombre élfico.

La sacerdotisa realizó una pequeña pausa para darle tiempo a comprender lo que estaba apunto de explicarle.

–Cuando un elfo nace, recibe dos nombre… aquel que será usado en sociedad, y uno privado. Uno que conoce el sacerdote y los padres… pues el nombre posee poder y fuerza.

Hace muchos años hice este ritual para una persona que fue criada como vos, lejos de los gentiles… pero me mostró deseos de aprender, se convirtió en una amiga hasta que un día sencillamente desapareció.

–Eso es muy triste–, respondió Calendil hablando el élfico, dado que las dos se encontraban solas, la pequeña elfina decidió hablar en un idioma que dominaba mejor.

–Sé que aún tenéis mucho que caminar para llegar a sentir el sonido del pueblo– respondió Anith –pero tras estos años me habéis desmostado mucho… y pensé que quizás sea hora de daros vuestro nombre y digamos, poder iniciaros como gentil, al menos en aquellos valores que habéis visto y no en aquellos errores que vivisteis por parte de elfos.

Calendil ladeó la cabeza con curiosidad como suele hacerlo cuando no conoce algo y la interesa, pero no tenía muy claro que era lo que la Etriel le estaba ofreciendo.

–Y tener un nombre nuevo que significará Etriel –dijo sin tratar de buscar palabras mas diplomáticas– no lo acabo de entender.

Anith miró a Calendil con su típica mirada y repuso –Ese nombre será solamente vuestro… para dárselo a aquellos en quienes realmente confíes. Ese ritual digamos es una iniciación para aquellos elfos que por sus circunstancias nacieron lejos de las comunidades, una forma de darles la bienvenida al pueblo… tras demostrar que deseas saber de sus raíces, desean ayudar… y muestran los valores que se espera del pueblo gentil.

Es decir… es una forma en que se os daría la bienvenida al pueblo gentil, aunque sería una ceremonia pequeña, bien sabéis que somos pocos en estas tierras –pensó la sacerdotisa en voz alta– aunque aún debéis aprender y tiempo hay para ello.

–¿Y deberé adoptar un seldarine?– preguntó Calendil.

–Eso Calendil es algo que ni puedo pedirte ni deseo que lo hagáis sino lo sentís– le dijo –Como os digo estáis aprendiendo… conocéis al seldarine aunque sé que no sois dada al tema de deidades.

Quizás con el tiempo os lo planteéis, pero inicialmente con entenderlos y respetarlos… como hacéis ahora no os pediría mas. El tema de seguir a un Dios es muy personal…

–Os agradezco que lo entendáis, lo cierto es que me gustaría ver lo bonito de mi herencia– sonrió un momento antes de continuar –y eso suena bien.

–Uso el juramente que se usaba en Myth Drannor antes de su caída… Así que tenéis parte de la historia en dicho ritual… y será algo vuestro. Siempre habéis dicho que sois elfa… a partir de entonces seréis gentil, aunque aprendiendo a vuestro ritmo. –asintió despacio.

–Gentil– repuso Calendil al tiempo que comenzaba a valorar todas las connotaciones que tenía ser una “gentil”.

–Así es… –asintió Anith.

–¿Puedo pensarlo un par de días Etriel?– preguntó entonces.

–Por supuesto, por eso os dije que os dierais tiempo para pensarlo antes de responder.

Calendil asintió un par de veces y respondió. –Os daré una respuesta en un par de lunas.

–El tiempo que requiráis Calendil, no preocuparos por ello.

¿Que no me preocupe? Pensó la pequeña elfina, le estaban ofreciendo entrar a formar parte del pueblo, un pueblo que por una parte la había tratado tan mal, y que no la tomaban como una de ellos, un pueblo al que guardaba rencor por todas las afrentas recibidas durante sus primeros años en estas tierras. Pero por otra parte luego estaba Anith, que para ella era casi familia, eso significaba que no todos los elfos eran “malvados”… pegó un respingo cuando escuchó la siguiente frase de Anith.

–¿Tenéis alguna duda que pueda solventaros antes de finalizar?.

–Ni… ninguna por el momento–. Asintió un par de veces.

–Entonces creo que tenéis bastante por pensar… y un compañero que habéis dejado en los llanos. Aunque no se si aún estará, creo que os robé mas de unos minutos.

–Estará– repuso Calendil, no os preocupéis, y dicho esto ambas elfas caminaron en silencio hasta los llanos, aunque a Calendil le quedaba una larga noche de pensar, quizá fuese el momento de perdonar, o mejor dicho, de pasar del odio a la indiferencia...​
 
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Hela

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☯ UN NOMBRE VERDADERO ☯

Las semanas habían transcurrido desde su último encuentro con Anith, cuando la sacerdotisa le había ofrecido realizar el ritual con la primera luna llena y Calendil había decidido recibir el regalo por parte de la alta sacerdotisa.

Así que encaminó sus pasos al refugio secreto que tan celosamente habían ocultado durante el último año. Tras asegurarse de que nadie la había seguido entró en el claro tenuemente iluminado con la plateada luz de la luna. Sus pasos se tornaron dubitativos cuando en el encontró a la sacerdotisa que se encontraba ultimando los detalles del ritual.

En aquella ocasión el claro había sido decorado, con multitud de piedras lunares dispuestas en torno a una gran pila de agua circular, que en su interior contenían numerosas plantas y flores, sin duda, con algún tipo de significado especial que se le escapaba a la elfina, otorgándole al agua un aroma floral.

El camino había sido despejado de hojas y ramas secas, quedando únicamente el mullido césped que daba acceso al claro, Calendil no pudo menos que pensar cuanto tiempo le habría llevado prepararlo todo a ella sola, y una sonrisa fugaz se pintó en su rostro al sentirse honrada por una atención que quizá no merecía.
Entró con ceremonia, como no solía hacerlo, con un vestido largo de seda y satén blanco y azul, completamente descalza para sentir la naturaleza bajo sus pies y con confianza plena en que se encontraba en un lugar seguro.
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–Dulce agua–. Saludó nada mas llegar posando sus manos involuntariamente sobre el regazo, gesto que se había vuelto habitual cada vez que se encontraba en presencia de la imponente Elfa.

–Dulce agua– respondió Anith mientras colocaba un cuenco con los símbolos de Sehanine al borde de la pila de agua. –¿Alguna vez habéis visto un bautizo?– preguntó entonces.

–¿un bautizo?– respondió Calendil.

–Creo que así lo llaman los humanos– respondió Anith.

La pequeña elfina asintió lentamente y comenzó a hablar en élfico como solía hacer cuando se encontraban solas o en compañía de elfos. –Es cuando dan nombre a los niños.

La sacerdotisa asintió y repuso. –El agua es importante, tiene similitudes, pero– hizo una pausa eligiendo las palabras que diría a continuación. –La visión es diferente. Aún así os iré indicando, ¿de acuerdo?

Calendil se limitó a asentir con la cabeza.

Entonces Venid. –dijo indicándole que se colocase en el borde exterior del círculo formado por las piedras lunares. Luego comenzó a hablar con tono solemne.

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–A día de hoy Calendil, vienes para dar un paso más hacia las raíces de donde provenís, y conocer más sobre el pueblo de vuestros ancestros.

Aunque diferentes, todos provenientes de la sangre de Corellon y las lágrimas de Sehanine, todos parte de la gran familia con un mismo corazón.

Puede ser un caminar difícil o en ocasiones ininteligible para aquellos que regresan. –volvió a hacer una pausa mirando directamente a los ojos verdes de la elfina– pero todo aquel que regresa y todo aquel que desea saber, es bienvenido al Pueblo.

¿Deseáis uniros el día de hoy al Pueblo gentil libremente?– pregunto.

–Si–. Se limitó a responder Calendil.

Anith asintió al tiempo que hacía un gesto invitándola a acercarse, entonces Calendil dio dos pasos al frente entrando en el círculo de piedras lunares. La sacerdotisa entonces le dio un pequeño toque en el hombro para que se fijase en ella. Calendil no pudo evitar mirar las flores que flotaban caprichosas sobre las aguas de la pila.

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–El agua es símbolo de pureza– comenzó a hablar Anith –nos da fuerza, vida, no hay nada que resista el agua, pues incluso la roca más dura termina cediendo gota a gota, modelando y abriéndose paso hacia la vida.

En el día de hoy Calendil, renaceréis– hizo una larga pausa para mirarla de nuevo antes de continuar hablado –no para dejar de ser quien sois, sino para ser alguien que aún estáis por descubrir–.

Entonces se acercó muy lentamente y muy cerca y le murmuró al oído.

–En esta parte dos aprendices de sacerdote os retiran las vestimentas, a falta de ellas, lo haré yo.

Calendil abrió mucho los ojos y amagó dar un paso atrás para retirarse del alcance de la sacerdotisa, en serio la pensaba desnudar completamente. Para Calendil criada entre humanos no era plato de buen gusto, ya que pese a ser elfa tenía interiorizado el recato humano ante la desnudez.

Respiró profundamente e hizo acopio de voluntad para mantenerse inmóvil y dejar que las blancas y delgadas manos de la sacerdotisa fuese desatando con delicadeza pero sin compasión los broches de su vestido hasta que como las hojas en otoño mecidas por el viento, calló al suelo.

Al notarse completamente desnuda, noto como el rubor subía hasta la punta de sus orejas e involuntariamente se tapó avergonzada como buenamente pudo.

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Entonces Anith se colocó de nuevo frente a ella, en su rostro no mostraba ni gesto ni mirada ni nada que pareciera que la pequeña elfina estaba completamente desnuda, mostrando el hecho que para los gentiles la desnudez no posee nada en particular.

Al verlo Calendil se tranquilizó aunque agradeció no haber invitado a nadie a la ceremonia ni que ninguno de los habituales hubiesen podido venir.

Anith tomó el cuenco del borde de la pila al tiempo que miró a la pequeña elfina–. Ahora debéis repetir aquello que os diga– le dijo. –Es una antigua promesa del pueblo del Mith Drannor.

Como yo pienso, así lo haréis. –comenzó a recitar, entonces Calendil la miró en silencio ¿acaso estaba dudando?

Al ver su reacción Anith se acercó y le susurró. –No penséis en aquellos gentiles que os hicieron daño Calendil, trata sobre el pueblo y su sentir, cuidar el pueblo, velar por el pueblo, no pensar lo que piense un gobernante sino está en el pueblo.– le explicó quizá intuyendo sus pensamientos.

Entonces la elfina sonrió tímidamente, Anith aguardo un momento antes de seguir vertiendo el agua, para asegurarse de que Calendil lo había entendido o si albergaba alguna duda antes de proseguir adelante. –Tienes que repetir– acabó por decir.

–Como yo pienso, así lo haréis– repitió nuevamente, y Calendil la siguió entonces.

–Como yo sintiera, así lo haréis– volviendo a verter el agua sobre la elfina, algunas flores quedarían sobre el cabello y sus hombros. Calendil se limitó a repetir.

–Como yo haría, así lo haréis– La elfina repitió punto por punto el juramento.

–Como yo no haría daño, vosotros tampoco lo haréis–. Anith volvió a rellenar el cuenco de la fuente.

–Como yo quisiera, así será el clan– siguió vertiendo agua sobre la cabeza de Calendil que repetía cada frase entendiendo lo que estaba diciendo.

–Como el clan quiera, así lo haré. Como quisiéramos, así lo haremos. El pueblo es como uno, y nunca me apartaré de esto, ni vosotros lo haréis, porque la divagación te menoscaba a ti y a tu pueblo.

Calendil sonrió ampliamente. Entonces Anith dejó el cuenco de plata en el borde de la fuente y tomó las manos de la pequeña elfina, y acercándose a su oído le susurró algo que solamente ella podría escuchar. Calendil volvió a sonrojarse involuntariamente al notar el contacto de la mejilla de la sacerdotisa. (…)

–ese será vuestro nombre– concluyó. –Es precioso Etriel– respondió Calendil.

Entonces Anith se retiró, soltándole las manos y dio unos pasos para tomar una túnica blanca que ya andaba preparada.

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–Bien venida al Pueblo Calendil– se llevó la diestra hacia el corazón, entonces se inclinó con gesto respetuoso hacia ella.

La elfina respondió con el mismo gesto y repuso. –Estoy honrada con ello Etriel.

Anith asintió. –Lamento que el único banquete y fiesta que os puedo ofrecer sea el que haya en Khazad…

–No se me ocurre un banquete mejor que rodeada de robustos Etriel– respondió Calendil con una sonrisa en los labios.

A las pocas horas las dos elfas se encontraban delante de los muros de la ciudadela enana.​
 
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☯ HORRORES ☯

La tarde era tranquila, y una suave brisa matutina soplaba fresca, haciendo que el verde césped que conducía al claro se meciese bajo su mando.

Una pequeña y escuálida figura se abrió paso hasta el círculo druídico y esbozando una cálida sonrisa pidió permiso para permanecer en el lugar, dando su palabra de que no perturbaría la calma de las criaturas del bosque.

Después se dirigió al margen del arrollo donde las cristalinas aguas formaban una pequeña cascada. Caminó un buen trecho hasta donde el agua formaba un remanso y esperó al anochecer.

Aquella noche la luna brillaría llena, iluminando con sus rayos aquel remanso natural alejado y solitario. La elfina miró a ambos lados, revisó las inmediaciones y colocó algunas ramas secas lo suficientemente cerca como para escuchar si alguien venia, pero lo suficientemente lejos para darle tiempo a prepararse.

Entonces regresó al arrollo, cuando las ultimas luces del crepúsculo se apagaban, dejó que su visión de elfa se acomodase a la dulce penumbra del claro únicamente iluminado por aquella luna llena y se miró en las aguas como si de un inmenso espejo se tratase.

Sacó un peine hecho de plata, y que llevaba consigo desde los tiempos de casada. Entonces, con calma, se agarró la trenza, y metódicamente comenzó a retirar las numerosas horquillas con las que se sujetaba el pelo trenzado, al tiempo que cepillaba su melena para desenredarlo.

Calendil actuaba como si de alguna clase de ritual se tratase, cepillando con cuidado mientras extraía una nueva horquilla, y repitiendo el proceso sin descanso, respirando con tranquilidad, disfrutando del ambiente en calma.

Cuando terminó su trabajo, se incorporó, el cabello suelto y lacio le llegaba casi hasta los talones, entonces una ráfaga de viento soplo, dándole movimiento por unos instantes, cualquier observador casual la habría confundido con una de las numerosas dríadas que poblaban aquellos bosques, cautivadora y enigmática a la vez.

Volvió a mirar a su alrededor durante unos minutos y cuando finalmente se supo no observada, se desvistió doblando cuidadosamente sus ropas y se sumergió en las aguas.

Sus cabellos livianos flotaron en la superficie de aquel remanso bañado por la luna, entonces se sentó en el lecho, cerro lentamente los ojos y comenzó a meditar dejando que su KI fluyese como lo hacía las aguas a su alrededor, como lo hacía el tiempo, entonces un crack la hizo salir de su ensoñación.

-Alguien viene-, pensó, pero ya era demasiado tarde, de la nada aparecieron decenas de esqueletos, que se abalanzaban en tropel contra ella.

-¿De donde han salido?- dijo en iluskano pero ya era tarde para preocuparse por ello, se encontraba desnuda y desarmada, aunque un monje jamás está completamente desarmado.

Uno de los esqueletos llegó hasta ella empuñando un mangual de tres cabezas y lanzó un fuerte mandoble de arriba a bajo.

Pero la elfina era mucho más rápida, rodó a la derecha y sin darle tiempo a recuperar al muerto viviente hizo fluir su KI a través de sus brazos y de sus piernas, volviéndolos tan duros como el metal. Entonces descargó una fuerte patada en el cráneo de la criatura que lo hizo estallar en mil pedazos.

-Uno menos- pensó.

Entonces se puso frente a dos nuevos esqueletos ambos armados con sendos mandobles aprestados para atacar. Calendil corrió los pocos metros que le separaban de ellos, lanzó una rápida sucesión de puñetazos con tal celeridad que ninguno de los dos llegó siquiera a verlos.

-Tres menos- pensó por segunda vez.

Entonces reaccionó, ni tan siquiera lo vio llegar, simplemente sintió que debía agacharse, notó el aire pasar sobre su cabeza y el fuerte silbido producido por el martillo de guerra cuando erró el impacto.

La criatura estaba a escasos pies de ella, pero la experta combatiente no estaba ni mucho menos en desventaja, lanzó un potente barrido a las tibias del esqueleto derribándole, y aprovechó el movimiento para con su puño derecho inyectado en KI golpear con fuerza el cráneo, destrozándolo.

Entonces escuchó el peculiar chasquido de un arco al tensarse, se giró justo para ver como la flecha volaba directa hacia ella. ¿sólo una flecha? Pensó.

Calculó la distancia, y atrapó la flecha con las manos desnudas y al tiempo giró sobre si misma, soltando el proyectil en el instante justo para devolverlo. Este salió con la misma fuerza con que había llegado a ella impactando de lleno en la cabeza del esqueleto que calló con un golpe sordo al suelo. Y lo que es mas importante, había dejado una brecha por la que escapar.

Echó a correr en aquella dirección, pero entonces notó un fuerte tirón, su larga cabellera se había enganchado en algo, puede que en una roca, entonces se giró justo para ver como una lanza le atravesaba el pecho de parte a parte.

Notó la sangre correr, como se le escapaba la vida y entonces…

Súbitamente abrió los ojos, se levantó como un rayo en guardia, mirando a ambos lados con la respiración entrecortada, dispuesta a encarar a… nadie, el claro estaba tranquilo.

Por instinto se palpó el pecho, al lugar donde habría sido herida, nada, todo estaba bien, había sido una de esas horribles pesadillas que cada noche le robaban el descanso.

-Esto tiene que acabar- pensó nuevamente -aquí y ahora.

Dejó que su respiración se normalizara volvió a sentarse en el lecho del arrollo y volvió a cerrar los ojos.

-Otra vez, ahora no fallaré- pensó antes de sumergirse en una nueva pesadilla.
 
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Hela

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☯ LOS BARRIOS BAJOS ☯

Los últimos rayos del crepúsculo bañaban con su tenue luz mortecina el entramado de calles que conformaban los barrios bajos de la ciudad de la moneda.

Lentamente las sombras se abrían paso de forma inexorable y la luz cedía el protagonismo a las tinieblas. Los callejones se vaciaban incluso de los habituales adictos al loto negro, y en ellos comenzaban a circular figuras sombrías, asesinos, matones y ladrones a la espera de algún incauto aventurero perdido, o incluso de alguna víctima con la que satisfacer sus mas bajos instintos criminales.

Y por aquel entramado de calles se movía silenciosa como la noche, pero rauda como el viento, una figura pequeña de no mas de cinco pies de altura, ataviada con una capa oscura y una capucha calada hasta la nariz. Portaba a su espalda una mochila que producía un gran bulto bajo la capa, aunque no parecía afectarle.

Sin pausa pero sin prisa paso completamente desapercibida frente a la conocida taberna de los barrios bajos y se deslizó con celeridad a uno de los callejones aledaños. Luego se encaminó por el laberinto de callejuelas hasta su destino.

Ando durante un buen trecho hasta llegar a un callejón familiar donde el sonido de unas voces hizo que se pusiese en guardia. Entonces se pegó a la pared del callejón dejando que las sombrar se confundieran con el negro de su capa de viaje avanzó muy lentamente, midiendo cada paso para evitar ser escuchada, poniendo mas atención en su sentido del oído que en lo que sus ojos podían percibir en aquella semioscuridad.

No tardó mucho en encontrarse con un nutrido grupo de bandidos que se divertían masacrando las ratas de aquel callejón. Y apostaban entre ellos en cuanto tiempo serían capaces de cazar a una de las infortunadas criaturas.

Entonces vio su oportunidad cuando todos se giraron al tiempo para ver como uno de ellos se abalanzaba contra una rata del tamaño de un gato, la sombra echó a correr con una velocidad antinatural haciendo coincidir sus pasos con el chasquido del metal al golpear la piedra del suelo.

Tres, cuatro y cinco veces, el bandido golpeó con su espada tras el pobre animal hasta que un chillido de dolor agónico inundó el callejón, al que siguió el jalear de los criminales que observaban aquella escena macabra.

La figura se detuvo un instante observando desde las sombras a aquellos mal nacidos, y durante unos instantes sopesó el hacer justicia con ellos, arrancarles la sonrisa perversa que tenían reflejada en el rostro y así librar al mundo de seis cargas, pero luego pensó en las consecuencias y sin hacer el menor ruido decidió continuar su camino en silencio…

No tardó mucho en encontrar la pequeña casucha que sus benefactores habían habilitado para lo que querían hacer en los barrios bajos, entró sin pensarlo dos veces y de su mochila extrajo una gema de luz, pronunció una palabra de mando y esta emitió un destello azulado, lo suficientemente fuerte como para iluminar la estancia.

Entonces se bajó la capucha revelando sus ojos verde esmeralda y su extensa melena rubia.

Se retiró la capa y la dejó a un costado de la puerta para cuando volviese a salir a los callejones ocultarse de la mirada de curiosos.

Entonces colocó la mochila que llevaba a la espalda en el suelo, cuando la colocó está soltó un quejido metálico revelando que en su interior había varios utensilios de trabajo.

Con tranquilidad y método fue sacando las herramientas de carpintería, una sierra para recortar tablones, un pequeño hacha para retirar la madera podrida, un martillo y varios clavos para clavar las nuevas piezas recortadas…

Entrada.png

El trabajo se prolongó hasta que los primeros rayos del alba se colaron por las numerosas grietas del techo, entonces Calendil miró a su alrededor, ella sola no había logrado avanzar gran cosa, pero al menos había logrado sanear buena parte del suelo, que al menos ya no rezumaba el apestoso olor a la madera podrida.

Amontonó sus herramientas a un costado de la casa, sabedora que nadie osaría robarlas, no por ella, sino por aquellos que habían permitido que emprendiesen esta empresa, algo que después de todo sería bueno para los niños de los barrios bajos, algo que por primera vez en mucho tiempo, le hacía ilusión llevar a término.​
 
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Hela

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☯ UNA NUEVA VIDA ☯

La noche era fresca y la luna brillaba con fuerza iluminando con sus blanquecinos rallos el sendero que la pequeña elfina estaba tomando.

Miró a ambos lados para asegurarse de que no estaba siendo seguida y apartó unos arbustos que se interponían en su camino.

Luego zigzagueando por el sendero que se extendía delante de ella y centró su KI durante un instante en su destino se teleportó unos 500 pies dentro de una maraña de arboles y arbustos.

Luego reptó por entre los arbustos para acabar de desaparecer de la vista.

Avanzó en total silencio ya que después de todo era una experta en el camino de las sombras, lo cual la dotaba de una facilidad excepcional para no ser vista ni detectada. Tras varios minutos de marcha ante ella se abrió un pequeño claro donde se podía observar una pequeña hoguera.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Calendil cuando gracias a su vista, pudo observar la figura de una loba junto a la hoguera y a una dama plateada dando de amamantar a su bebe.

Se tomó un momento para sacudirse las hojas que se le habían pegado en su larga cabellera rubia, y descolgó su mochila de viaje, de la que sacó un pequeño peluche con forma de conejito blanco.

Entonces se acercó con decisión a la hoguera pisando intencionadamente todas las ramas que pudo ver en el suelo.

La loba a los pies de la elfa alzó ambas orejas y olisqueo el aire mientras miraba en dirección a Calendil, pero no hizo amago de moverse, ya que la conocía y era sabedora de que la pequeña elfina era amiga y protectora de la manada.

-Dulce agua Etrielle- saludó, cuando estaba a escasos pasos de la dama plateada, entonces Anith se giró hacia Calendil.

-Suave brisa Calendil, ¿has encontrado bien el camino?-.

La elfina sonrió y asintió en silencio. -Supuse que seria cerca del altar.

-Bien-. Concedió entonces Anith. -Entonces te presento a Elowen.

Calendil abrió mucho sus ojos verdes cuando ante ella se presentó envuelto en una manta un pequeño semielfo de pelo negro azabache, con los ojitos cerrados, durmiendo plácidamente en los brazos de su madre.

-Encantada de conocerte pequeño Elowen.- Le dijo Calendil al bebe, aunque sabía que ni lo habría escuchado y luego miró a la elfa.

Etrielle, entre los humanos es costumbre traer algún regalo para el recién nacido, espero que me disculpéis si soy algo atrevida, pero le he traído esto.

Calendil extendió las manos mostrando el pequeño muñeco de peluche con forma de conejito.

La sacerdotisa sonrió con calidez y recogiendo el peluche se lo acercó a la mejilla, -es suave- dijo, y luego se lo acercó al bebé.

A este pareció agradarle, ya que lo agarró con sus pequeñas manitas, mientras acurrucaba su mejilla entre el pelaje del muñequito.

-Parece que le ha gustado. Pero por favor, Calendil, ven acercate al fuego tenemos que hablar, ya que tengo que pedirte algo importante.

Calendil asintió a las palabras de Anith y respondió, -Lo que necesitéis Etrielle, estaré encantada de hacer cualquier cosa que me pidáis.

Miró a ambos lados y una duda se dibujó en su rostro, -¿por cierto, donde está Tharador?

...​
 
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Hela

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☯ RESPETO ☯

El barrio Shou se encontraba pletórico aquella tarde, los muchos comerciantes de seda traídas de oriente, se afanaban en hacer tratos ventajosos con los muchos mercaderes y enviados de nobles que esperaban algún objeto exótico traído de lejanas tierras.

El sol bañaba las calles mas no hacía el calor propio de cuando llega el festejo de Estival, lo cual era normal ya que estaba acabando el mes de eleasias, lo que marcaba ya el final de la estación. Pronto llegaría el otoño y con el la festividad de La Buena Cosecha, momento en el cual todo el mundo daría gracias a Chauntea por traer alimento para el crudo invierno.

Una ligera brisa, refrescaba el ambiente, y hacia que los tejidos se meciesen ante su presencia y que alguna que otra ventana suelta, cediese a su presencia.

La brisa se abría paso a través de las calles y callejones, llegando hasta la posada de Biju, la afamada sede de la compañía Amniano-Karaturense.

Justo en ese momento la puerta se abrió y de ella emergió una figura menuda y de escasa estatura, ataviada con una pesada capa de viaje que ocultaba por completo su figura.

Echó a caminar calle abajo, haciendo gala de una extraordinaria destreza utilizó unos barriles de la calle para trepar hasta uno de los tejados donde observó el ambiente.

Habría sido mucho mas fácil esperar a la noche pensó, pero recordó los rumores de criaturas no muertas al sur, lo que le hizo actuar con mayor celeridad de lo que estaba acostumbrada.

Permaneció unos minutos observando la calle hasta que finalmente vio su oportunidad cuando una carreta llena de heno tomaba rumbo a la salida este de la ciudad.

Con tremenda destreza se deslizó por el tejado y utilizando la pared, calló sobre el heno como si de una pluma se tratase, para luego esconderse dentro del carro.

No fue difícil salir por la puerta este, dado que las carretas que salen no suelen ser registradas de la misma forma que lo hacen las que entran, así que no tubo problemas cuando la carreta tomó el camino del este hacia la ciudad de las caravanas.

La pequeña figura entonces esperó el momento idóneo para salir de entre el heno justo en el cruce de caminos, la suerte estaba de su parte, dado que dos caravaneros estaban discutiendo por el paso de sus carretas, lo que había atraído la atención de todos los transeúntes, para ver cual de los dos daría el primer puñetazo.

Emergió como un rayo del heno y tomó el camino del sur en dirección al hospicio de San Anur, se encontraba ya extramuros, por lo que descorchó una botella e ingirió el contenido de un frasco que contenía un líquido translúcido, lo que hizo que se desvaneciese en el aire.

Se miró las manos y cuando no fue capaz de verlas supo que la poción de invisibilidad había hecho efecto.

Entonces echó a correr, su capa invisible ondeaba mientras se desplazaba a toda velocidad, bordeando la muralla sur, la fortuna quiso que no se cruzase con nadie, mientras se dirigía a la zona boscosa que llevaba hasta Kaltair.

No acababa de abandonar la muralla cuando la poción había perdido su efecto y la figura volvía a ser visible.

Miró a ambos lados, y escuchó a su alrededor sólo para asegurarse de que no la seguían o que tampoco había atraído la atención de nadie, entonces atravesó unos arbustos que daban a una zona boscosa densa y tenebrosa.

Un lugar poco hospitalario, al menos en apariencia. Avanzó durante un buen trecho tan silenciosa como un felino cuando acecha a una presa, abriéndose paso entre matorrales y malas hiervas, hasta que la luz dejó su turno a la oscuridad, la luna brillaba aquella noche con fuerza, ya que estaba llena,

la última luna llena del verano. Pensó.

Continuó avanzando con lentitud, eligiendo en todo momento donde posaba sus pies, rodeando incluso los arbustos para no dejar huella de su paso.

Las horas pasaron hasta que llegó a un claro bañado por la luna, el ambiente súbitamente había variado, de uno inhóspito a otro mucho más acogedor.

La figura entonces se despojó de su capucha, desvelando finalmente la identidad de la doncella, de cabellos dorados y ojos como dos esmeraldas, de piel pálida como es propia de los elfos lunares.

No pudo evitar soltar un suspiro de alivio, cuando ante ella pudo ver en todo su esplendor el altar de la diosa Lunarco.

altar.png


Se acercó con ceremonia y pronunció una oración en élfico, una que hacía muchos años le había enseñado una buena amiga. Entonces se acercó con respeto, observando el estado del altar. Todo parecía en orden, y en su lugar.

Pese a encontrarse en plena naturaleza, el altar se encontraba impoluto, el mármol brillaba casi como el primer día en que erigieron aquel refugio para los elfos, casi se diría que la propia diosa había decidido que permaneciese en ese estado.

Calendil desechó ese pensamiento y sacó un pequeño trapo, y al acercarse más sonrió de lado cuando vio el polvo depositado sobre el altar.

Ya me extrañaba que Sehanine hubiese venido a limpiarlo. Pensó mientras se reía de sus propios pensamientos.

Entonces se afanó en limpiarlo, al menos para que aguantase las inclemencias de la estación, seguramente a mitad del otoño debería regresar para retirar las hojas. Cuando hubo terminado se giró nuevamente se inclinó y cabeceó con ceremonia.

Dulce agua y leve risa, hasta que nos volvamos a encontrar. Dijo sin saber muy bien como despedirse, y entonces abandonó el lugar...
 
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Hela

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☯ UN CUENTO "INVENTADO" ☯

El trasiego de caravanas era constante, aquella mañana. Como si la creciente amenaza llegada del este no existiera, los mercaderes seguían con sus quehaceres habituales.

El oro y las mercancías cambiaban de manos; los ricos terratenientes vendían el exceso de producción de sus campos a cambio de otros productos con los que satisfacer sus egos. Otros, los más avezados, compraban productos que revender al doble de su valor.

Junto a ellos seguían vasallos y escoltas.

Los unos encargados de transportar las riquezas, mientras los otros velaban por la seguridad de la carga.

Y entre todo ese ajetreo, una figura menuda atravesaba los llanos sin llamar la atención.

Su semblante era sombrío, pues sabía que era muy probable que pronto la desgracia alcanzaría la ciudad.

Así que, con la destreza propia de los elfos, se encaminó al hospicio; quizá sea una de las últimas oportunidades que tendría de despedirse de aquellos huérfanos a los que en tantas ocasiones había servido las comidas, les había acompañado en las noches de luna llena escuchado cuentos e incluso había tenido que proteger del ataque de los insepultos.

Tan absorta estaba en sus pensamientos, que sin darse cuenta se encontró frente a las puertas del hospicio.

Se las arreglo para componer una sonrisa, expulsado de su mente las nubes oscuras que se cernían.

Toco la verja y ensanchó su sonrisa cuando notó el tacto del acero endurecido.

-Todas las desgracias tienen su lado positivo-. Penso mientras cruzaba el umbral.

-Es Calendil-. Se escucho a su derecha.

-Si Cal, es ella-. Dijeron varios niños a coro mientras corrian al encuentro de la pequeña elfina.

-Donde te has metido, llavas meses sin venir a vernos-. Le dijo una pequeña pelirroja y pecosa con los brazos en jarras.

-Con esa postura pareces mas mayor Maguie-.

Le dijo Calendil ensanchado su sonrisa al tiempo que se movía con una velocidad cegadora para esquivar el placaje del "pequeño Bob".

Bob era un niño humano que ya había sido testigo de una docena de inviernos, pero que a su edad le sacaba ya una cabeza a la elfina.

-Joo Cal, nunca te pillo desprevenida-. Refunfuño.

-Sabes que eres mucho mas grande que yo Bob, el día que me pilles nos haremos daño-. La voz de Calendil sonaba poco autoritaria. Después de todo había sido testigo de lo muchísimo que había crecido ese niño y lo mucho que aún le faltaba por crecer.

-El dia que te coja no dejaré que te marches-. Refunfuño por segunda vez. -Te has olvidado de nosotros.

-No me he olvidado Bob, es solo que tengo que atender a otros "Pequeños", pero hoy he venido a estar con vosotros.

Una niña pequeña de unos 5 añitos, se acercó entonces y con su manita tironeo de la falda del vestido de Calendil.

-Un beso-. Dijo sin mas.

-Pero bueno Zhoe, que grande te has puesto en tres meses-.

Se agacho y poso sus labios en la mejilla de la pequeña.

-He yo también quero- dijo uno de los niños.

-Y yo- repuso otro.

-Yo tamben- dijo un tercero.

Rápidamente un corro de niños se formó entorno a Calendil. Lo que arrancó una lágrima que corrió por la afilada mejilla de la elfa.

-¿Porque lloras Cal?-.

Preguntó la pequeña Zhoe.

-Porque os he hechado de menos-.

Mintió la elfina. La verdadera razon era la posibilidad de que la guerra los alcanzaría, y ella no podía hacer nada al respecto.

-Cuentanos un cuento-.

Pidió uno de los mas pequeños.

-Si, porfa-. Dijo un segundo.

-Si, hace mucho que nadie nos cuenta cuentos-. Repuso el tercero.

Calendil los miro un instante, sus profundos ojos verdes se posaron en cada uno de los niños. Algunos tenían rasguños en rodillas o codos, otros suciedad en la cara. Claramente habían estado haciendo trastadas.

Calendil compuso su mejor sonrisa por segunda vez aquel día, puso los brazos en jarras y cargó su voz de autoridad.

-De acuerdo, entonces sentaros todos. Os voy a contar la historia de una niña.

-¿Una princesa?-. Interrumpió Maguie.

-No.

-¿La hija de un jefe?-. Dijo Bob entonces.

-No-. Respondió Calendil. -En realidad es la historia de una huérfana, como vosotros. Una que quiza conozcáis.

Los niños, abrieron mucho los ojo mientras al unísono coreaba. -¿Quién?

Calendil los miró e hizo una pausa teatral.

-Si me dejáis contarlo lo descubriréis.

Los niños se mirarron, y entonces se hizo el silencio. La elfina no era ningún bardo. Pero sin pretenderlo había conseguido interesar a su audiencia.

Respiró profundamente, entrelazó sus manos. Y posandolas sobre el regazo comenzó el relato con voz de narradora de cuentos de hadas.

Hace muchos, muchos años. Existió en las tierras del norte, cerca de Neverwinter. Un hermoso monasterio no muy diferente a este hospicio.

En el vivían en armonía los monjes del Quebrado. Que para los que no lo sepais. Es una orden que se dedica a proteger a los débiles y aliviar sus dolores. Tanto físicos como del alma.

La elfa se toco la cabeza y luego el corazón con ambas manos mientras pronunciaba las palabas.

Pese a vivir en el norte, la vida en el monasterio era tranquila, ya que la mayoría de los problemas se limitaban al ataque de algún lobo, o que algún pequeño se hubiese perdido en el bosque.

Así que los monjes no tenían demasiado trabajo. Por lo que sus actividades se limitaban a la contemplación, y la búsqueda del KI.

En ese monasterio fue donde nuesta niña se crió.

Había llegado allí con tan solo unos meses de vida, por lo que no tenía mas recuerdos que su vida en el monasterio.

Aún así, la pequeña tenían un espíritu libre, se escabullia por las noches hasta la pradera cercana donde se tiraba horas mirando las estrellas y la luna. Para luego regresar sin ser vista a la mañana siguiente.

Durante los días no era mala chica. Pero si bastante indisciplinada. Acostumbraba a ir siempre descalza. Y no se le daban del todo bien las clases de meditación.

La pobre las encontraba terrible aburridas. En cambio por alguna extraña razón, era terrible competente con las artes marciales. Tenía un talento natural que le permitía aprender casi sin esfuerzo, lo cual en opinión de sus maestros era algo malo. Pues no estaba aprendiendo el verdadero propósito de las artes marciales, que no es el hacer daño. Sino el de la protección propia y de los seres queridos.

En fin, cada clase se convirtió en una competición para ella, cada nuevo objetivo a batir era tan importante como si se jugase su propia vida.

Con tan solo nueve años era la niña mas fuerte del monasterio, lo cual despertó en ella el peor de los defectos. El orgullo, y con el orgullo llegó el desastre.

Nuestra pequeña no era ni mucho menos perfecta, tenía muy mal carácter y jamás rechazaba un desafío, lo cual pequeños, hizo que muchos niños la consideren mala, llegando al punto de decir cosas muy feas sobre ella.

Un día, durante un entrenamiento, un niño llamado Duncan un año mayor que ella, se le encaró. Tachandola de "chulita", lo que a nuestra protagonista no le sentó nada bien.

Primero volaron insultos entre ambos, luego pasaron a empujones y finalmente el niño lanzó un puñetazo a la mandíbula de la niña.

Ella reaccionó sin pensar. Sin darse cuenta movió el cuerpo con precisión lo justo para que el puñetazo pasara rozando su mejilla, dio un paso adelante y agarró el brazo del pequeño. Luego utilizo su peso sumado al impulso del golpe sugetandolo por el codo, se dejo caer.

Se escuchó un terrible clac, seguido de un alarido de dolor cuando el brazo se quebro en dos. Pero ella no estaba contenta con esto, sin mediar palabra, propinó una patada terrible a la rodilla derecha del niño, lo que lo hizo caer sobre ella. Entonces lo agarro con fuerza del cuello y apretó. Apretó hasta que de repente, todo se volvió oscuro.

La providencia, o puede que el mismo Ilmater, hicieron que uno de los maestros apareciera, y pusiera fin a aquella locura homicida que se había apoderado de la pequeña.

Después de aquello, la vida de nuestra protagonista cambió. Se ganó el merecido apodo de Kunohichi, que en lengua Shou significa asesina.

Pero lo peor de todo, es que fue consciente que dentro de ella existía un monstruo, uno demasiado peligroso como para volver a dejarlo salir.

Se centro entonces en aquellas prácticas que tanto la desagradaban. Meditaba a diario durante horas, tratardo de encerrar a "la bestia", había faltado poco para matar a uno de sus hermanos, y no podía volver a suceder.

Poco a poco los años transcurrieron y nuestra Kunohichi se convirtió en una jovencita, delicada y hermosa, aunque, con el mismo mal genio de cuando tenía nueve años.

Algunos chicos, cuando la miraban, ya no se sentían tan intimidados por su presencia. En parte por los nuevos sentimientos que comenzaban a aflorar en algunos de ellos. En parte porque Kunohichi ya no era la mas fuerte del monasterio.

Con el tiempo, y en su afán por desterrar al monstruo, ella se había decidido centrar en otras tareas menos belicosas. Le asustaba el hecho de que aquel monstruo volviese a aparecer. Pero lo que mas le asustaba de todo, era que nadie fuese capaz de detenerla.

Por otro lado sentía que debía hablar con Duncan. Pedirle perdón por todo lo sucedido.

Así pues, Kunohichi un día se armó de valor.

Calendil sonrió a los niños.

-Lo se tardó años en hacerlo, pero así era Kunohichi.

En fin. El caso es que se armó de valor y fue a pedirle perdón a Duncan por aquel día.

El muchacho, que contaba ya dieciséis inviernos era bien parecido, cortes y atento. Además se había convertido en el monje mas fuerte, por lo que a ella ya no le daba tanto miedo el resultado de la conversación.

Con suerte, en el peor de los casos, le devolvería la lección, lo cual sería un alivio para la joven Kunohichi.

Se acercó a el, nerviosa, con el rostro rígido y las puntas de las orejas literalmente coloradas. Aunque como ya sabéis, nuestra Kunohichi, no es mujer de medias tintas.

Así que habló sin rodeos.

-Duncan, llevo años esperando a decirte algo, lo siento, de verdad que siento lo que te hice.

Soy la peor mujer de este mundo, converti una riña de crios en un duelo a muerte, por favor, espero que puedas perdonarme.

El chico la miró de hito en hito, y permaneció callado un instante que a Kunohichi le parecieron horas. Puede que fuesen horas. Entonces simplemente asintió.

Kunohichi, se sintió aliviada por un lado e insultada al tiempo, ¿esque no merecía una respuesta?

Estaba preparada para recibir mil replicas diferentes, pero esto era ultrajante. Arrugando el morro le puso la mano en el hombro a Duncan.

-¿No tienes nada que decirme?

El chico miro su hombro y lentamente se giró.

-Esque no quiero que me vuelvas a dar una paliza de muerte, aun me duele el brazo desde entonces.

A Kunohichi se le puso toda la cara roja.

No sentía rabia, tampoco vergüenza ¿entonces porque?

No sabía la causa, tan sólo, notó el calor en su cara.

Duncan se giró despacio, y se dispuso a caminar, mientras Kunohichi estaba inmóvil sopesando sus sentimientos, remordimientos, eso debían ser.

-Duncan espera yo...

El chico se giró por segunda vez y se acercó a ella. Tanto que pudo notar el latir de su corazón.

-Han pasado muchos años desde aquello, y puede que me lo mereciera, al menos un poquito-. Sonrió.

Kunohichi entonces se fijó en aquella sonrisa, tan hermosa y cautivadora. Algo se despertó en ella, puede que otro monstruo, y cuando se quiso dar cuenta sus labios ya estaban pegados.

Cuando abrió los ojos, Kunohichi, fue consciente de lo que acababa de ocurrir, y sin mediar palabra, echo a correr a sus aposentos.

-Tenías que haber empezado tu disculpa por el beso, habría sido mas efectiva.

Escucho, mientras aceleraba el paso.

Que le ocurría, porque lo había besado.

Eso pequeños, os lo contaré otro dia.

-Queeeee-. Gritaron todos los niños a la vez.

-Se hizo tarde y es hora de ir a comer, si os portais bien otro dia os cuento el resto.

-joooooo-. Gritaron todos a la vez.

-Vaamos, hoy vengo de voluntaria, así que me toca preparar el comedor. Así que todos a dentro.

Los niños desfilaron al hospicio, con cara de pocos amigos, era un ultraje dejar una historia en lo mejor, pero nada podían hacer.

Entonces Zhoe se acercó y la tironeo del vestido.

-¿Me llevas en brazos Kunohichi?.

Calendil miró a la niña y puso cara de sorpresa.

-¿Seguro que tienes cinco añitos Zhoe?, yo ya no estoy segura.

Se agacho y cogió a la niña en brazos.

-Será nuestro secreto ¿De acuerdo?

Calendil le ofreció el dedo meñique.

La pequeña asintió varias veces mientras entrelazaban los meñiques.

-Prometido-. Respondió Zhoe.

Calendil sonrió y se encaminó al hospicio.

-¿Cuánto pesas Zhoe? ¿Seguro que tienes cinco?
 
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☯ REMORDIMIENTOS ☯

Calendil entró en la pequeña habitación bien entrada la noche, se había hospedado en la posada “La Luz del Alandor” pues no quería que los pequeños hin de la mancomunidad la viesen por el momento, ya que no había decidido si quedarse o marchar otra temporada…

El viaje había sido extenuante, durante el último mes había cubierto mas de mil doscientas millas desde Neverwinter hasta la ciudad de la moneda sin hacer paradas para descansar.

Podría haber realizado un viaje mucho mas cómodo si en Puerta de Baldur hubiera cogido uno de los numerosos buques que se dirigían allí, pero había escogido viajar en caravana inconscientemente, quizá por miedo a lo que pudiera encontrar a su llegada.

Se recostó sobre el camastro, y sonrió recordando la primera vez que llegó a la ciudad, hace ya más de veinte años. Por aquel entonces su situación era mucho mas precaria.

No era más que una pequeña elfina, que inconscientemente huía de aquello que le recordaba el dolor de la pérdida. Escudándose en una coraza de inocencia e inmadurez, mostrando al mundo una persona que en realidad no era, sólo porque su verdadera naturaleza era tan oscura y peligrosa que era preferible sellarla dentro de muchos candados emocionales.

No he cambiado tanto desde entonces.

Murmuró mientras observaba el techo de madera, algo carcomida por los años. Sus sellos emocionales seguían ahí, tan solo habían variado, la inmadurez había pasado a la sabiduría obtenida de las experiencias vividas y la inocencia había sido reemplazada por una férrea convicción de proteger a las personas a las que ella había llegado a querer.

Se giró y observó la mesa, sobre ella una vela titilaba con armonía iluminando tenuemente el ambiente. Se incorporó y abrió su viejo diario, en una vida tan dilatada como la de una elfa, llevar un diario al día, resultaba una tarea colosal, mas cuando se trataba de una elfa de mas de ciento cuarenta años, así que había decidido plasmar en el tan solo eventos realmente importantes en su vida.

Se había convertido en algo así como una terapia, una forma de plasmar sus verdaderos sentimientos, aquellos, tan oscuros como para compartirlos con nadie, cogió su pequeña pluma, herencia de su efímera temporada como reportera y comenzó a escribir…

separador.png

Llevo algunos días sin descansar, el ensueño no me lo permite, pues tengo un recuerdo persistente que tenía olvidado y escondido en algún recóndito lugar de mi memoria, y ahora, por alguna razón que no llego a comprender lo estoy rememorando noche tras noche.

Para que se comprenda mejor debemos ponernos en contexto. Y para ello debemos regresar a una época feliz para mi, hace ya mas de ciento treinta años, cuando era una niña. Una huérfana acogida en un monasterio de Ilmater, entrenada en la férrea disciplina que requiere el no utilizar la fuerza para obtener lo que queremos, sino para defender a nuestra familia.

Los monjes se afanaban en inculcarnos la idea de que todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad, que nadie es malvado por el simple hecho de pertenecer a una raza o a una estructura social, que no diésemos nada por hecho.

Por aquel entonces eramos un total de quince discípulos, todos niños entre nueve y doce años, algunos como era mi caso huérfanos, otros hijos de nobles de la zona enviados allí para aprender disciplina, otros simplemente hijos de aldeanos de las villas cercanas al monasterio, que habían sido enviados para ser la nueva generación que se encargase de protegerlos y guiarlos en el futuro.

Llevaba ya dos años en ese pequeño grupo, todo de chicos. A mi jamás me importó ser la única chica del grupo, de hecho a esas edades realmente importa poco, mas siendo yo la mas fuerte del grupo, era respetada o temida, dependiendo con quien hablases, pero todo cambió un buen día cuando se unió al grupo una nueva integrante.

Una niña de aproximadamente mi edad, morena, de pelo largo y ojos de cielo. Su mirada transmitía alegría, y la picardía que se puede tener a esa tierna edad. Su nombre Marine, y como te puedes imaginar, en un grupo que eran todo chicos, una recién llegada que no sabía como defenderse, pronto se convirtió en el blanco de burlas y bromas indiscriminadas.

Yo nunca he podido con las injusticias, así que no tardé en ponerme de su parte, llegando a encararme con algunos de los mas bravucones de la clase. No estoy orgullosa de ello, pero puede que saltara algún diente de alguno que no sabía cuando debía marcharse.

En cualquier caso Marine y yo nos volvimos inseparables, yo le enseñe a escabullirse durante los descansos para ir al claro que se encontraba junto al monasterio. Y ella me enseñó tantas cosas que no soy capaz de enumerar.

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Eramos las dos únicas chicas, y nos comprendíamos, cuando alguien se metía con una, la otra venía a defenderla, ella fue quien me ayudó a superar la ocasión en la que casi maté a Duncan, cuando dejé escapar a mi oscuridad.

Recuerdo aquellos años con cariño, las risas, las travesuras, la confianza, la lealtad, la hermandad. Mar, era mi hermana, y yo era la suya, nos juramos protegernos la una a la otra independientemente del peligro al que hiciéramos frente.

Y así pasaron los años, ambas crecimos hasta alcanzar la edad de dieciséis años, aunque yo seguía viendo a Mar como una niña, se había convertido en una señorita, hermosa y jovial, con un aura casi mágica, que atraía a la gente a su alrededor, y bueno yo, siempre he sido yo.

Con la edad nuestras travesuras, cambiaron, pues como he dicho Mar se había vuelto una hermosa joven, por lo que la mayoría de los ahora chicos de nuestra promoción la agasajaban y regalaban el odio. Nosotras simplemente nos reíamos de ellos, fingiendo interés para luego soltar alguna frase lapidaria. A mi en realidad nunca me gustó ninguno de ellos, y a Mar, tampoco, o al menos eso era lo que yo creía.

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Porque de todo el grupo, solo había un chico que nunca nos dijo nada, Duncan, era divertido cuando se relajaba entre sus amigos y tenía una sonrisa preciosa. Mar siempre se preguntaba, porqué nunca se acercaba a decirnos nada, y yo le decía que seguramente era porque tendría miedo de mi, después de todo estuve a punto de asesinarlo.

Pero ella no paraba de mirarlo, algo me decía que deseaba que ese chico le regalase el odio, así que finalmente decidí hacer algo que jamás pensé que haría. Tragarme mi orgullo y acercarme a Duncan con un único propósito. Pero a la hora de la verdad inexplicablemente, me invadió la vergüenza, así que solo logré decir.

Duncan, llevo años esperando a decirte algo, lo siento, de verdad que siento lo que te hice.

Soy la peor mujer de este mundo, convertí una riña de críos en un duelo a muerte, por favor, espero que puedas perdonarme.

El me miró sin decirme nada, mostrando una sonrisa de suficiencia que me exasperaba, así que añadí.

¿No tienes nada que decirme?

El se giró sin dejar de sonreír y simplemente añadió.

Es que no quiero que me vuelvas a dar una paliza de muerte, aun me duele el brazo desde entonces.

Se me puso toda la cara roja, no de rabia, tampoco vergüenza, remordimiento, si eso debía ser, un remordimiento atroz por haber estado apunto de matar a un muchacho que no lo merecía.

Duncan espera yo…

El se giró entonces y se acercó a mi, tanto que pude notar el latido de su corazón.

Han pasado muchos años desde aquello, y puede que me lo mereciera, al menos un poquito.

Lo dijo susurrando en mi oído, con una voz que hizo que perdiera el aliento por un instante y que mi corazón se acelerase. Sin darme cuenta mis labios estaban pegados a los suyos. Si lo besé fue algo instintivo, un arrebato nacido del remordimiento, o al menos eso pensé en ese momento.

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Al darme cuenta de lo que estaba haciendo, le di un empujón para separarnos y salí corriendo en dirección opuesta, demasiado avergonzada como para añadir nada, a mis espaldas logré escuchar lo que el dijo.

Tenías que haber empezado tu disculpa por el beso, habría sido mas efectiva.

Yo aceleré el paso, no quería enfrentarme a el, no después de haberlo besado.

¿Porqué, como se me ocurre?

Murmuré mientras lograba salir al patio, donde me detuve de golpe al toparme con Marine, que me miraba con una mezcla de incredulidad e ira.

¿Que has hecho? Me preguntó.

No lo se, Mar, la he liado otra vez.

Le dije sin mas y me abracé a ella, con fuerza. Pero Marine no me devolvió el abrazo, estaba en shock, había sido testigo mudo de lo que acababa de ocurrir, y simplemente no era capaz de procesarlo.

¿Porque lo has besado, acaso te gusta Calendil?

Miré a Marine, no supe que contestar y me aferré aun mas a su cuerpo, no sabía porque había reaccionado así, simplemente ocurrió. Pero no tenía explicación, al menos no una explicación racional.

Marine, me agarró por los hombros logrando liberarse de mi abrazo, y me miró directamente a los ojos, su expresión no era la de siempre, podía ver el fuego que emergía en su interior, estaba indignada.

¿Que te ocurre Mar? me estás dando miedo.

Ella me empujó, en sus ojos ardía la ira.

Sabías que Duncan era mío, ¿porque lo has besado, acaso quieres lo que no te pertenece?

Yo trastabillé aturdida, no sabía como responder, porque ni yo misma sabía lo que me pasaba por la cabeza, miré a Marine para contestarla y acerté a levantar el brazo de forma inconsciente, justo para cubrirme de una patada directa al rostro.

¿Que haces Mar?

Pelear por lo que es mio.

Respondió al tiempo que lanzaba una serie de puñetazos todos ellos en dirección a puntos vitales.

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¿Esto va en serio?. Le dije. Quieres asesinarme, Marine, eres mi hermana.

Como te atreves a llamarte mi hermana, lo que eres es una traidora.

Di un salto lo suficientemente largo como para separarme de su alcance y traté de explicarme.

Mar, no es verdad, no se que ha pasado, pero yo, yo no lo quiero.

Estás mintiendo, eres una maldita serpiente, estabas esperando a que me diese la vuelta para quedarte con el, ¿verdad?.

Marine, se lanzó con un ataque frontal su ira era irrefrenable, golpeando una y otra vez con golpes mortales, estaba fuera de si, y yo sentía que tenía razón.

Tranquilizate, podemos hablarlo, yo, yo puedo apartarme, no, sabía, nunca lo pensé que lo querías…

Mientes. Respondió lanzándose en un salto contra mi, con una patada de hacha directa a mi cabeza.

Yo rodé a mi derecha, evitando el golpe por centímetros, cuando logré levantarme Mar me recibió con tres golpes terribles, dos en el estómago que me dejaron sin aliento y un terrible barrido que me hizo caer al suelto.

Luego se abalanzó sobre mi, alzó su puño derecho y me miró directamente a los ojos.

Tranquila amiga, no va a doler… mucho.

Yo cerré los ojos, sabedora que sería lo último que escucharía, pero no fue así…

¿Que estáis haciendo?

Duncan, no es lo que parece…

Noté que me soltaban, y como se separaban de mi, cuando abrí los ojos vi la figura de Marine junto a la de Duncan.

¿Estás loca, que le estás haciendo a Calendil?

Yo, yo, no se, yo, te quiero.

Dijo sin mas, Duncan la miró un instante y luego acertó a decir.

¿Y como me quieres te crees en condiciones de decidir sobre mi, y sobre la vida y la muerte de aquellos que se acercan a mi?

Yo, no, ella, es todo culpa de ella.

Yo bajé la mirada cuando Mar dijo eso, tenía toda la razón, no me porté como una amiga, las amigas no se traicionan así.

Duncan colocó ambas manos sobre los hombros de Marine.

Yo no te quiero a ti, tienes que entender, que el amor es cosa de dos. Tus celos son infundados, pues yo no te quiero y después de esto, puede que ni siquiera llegue a apreciarte.

Marine, lo miró con ojos de carnero degollado, las lagrimas asomaron por sus hermosos ojos azules, mientras se giraba y me dedicaba a mi una mirada de auténtico odio.

Sea pues, de ahora en adelante tu y yo somos enemigas. Nunca vengas a pedirme ayuda y no se te ocurra acercarte a ayudarme a mi. A partir de hoy te odio a muerte Calendil, y sólo espero que los dioses sepan castigarte por esto…

A los pocos días Marine, se marchó del monasterio…

Puede que eso sea lo que me haga perder el descanso, el remordimiento de que soy una traidora. Alguien indigna de confianza…

Solo me consuela una cosa, al final es cierto que los dioses han sabido castigarme, porque recuerdo cada día a mi amado Duncan desde hace mas de noventa años, al final Mar, has conseguido tu venganza.

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Calendil cerró el pequeño diario, observó la mesa, y vio unas gotas junto al tintero, se tocó la cara dándose cuenta que estaba llorando.

El remordimiento es el peor de los sentimientos. Se dijo en voz alta.

Se secó las mejillas con la manga del camisón y luego se dejó caer en el camastro, cerró los ojos y por primera vez en una dekhana logró ensoñar…​
 
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