La Sangre y la Llama
Lamento el maldito instante en que me acerqué a esas cuevas subterráneas, pues sin saberlo, acababa de condenarme.
Las distintas y terribles figuras que seguía, fueron adentrándose en las galerías subterráneas de la cueva enorme que hay bajo los Dientecillos y que no demasiados conocen. Tal vez ese fue el primer momento en que debí salir corriendo, pero la curiosidad vino ese día para injustamente asesinarme.
Al entrar entre las galerías sin luz, húmedas y frías, pude distinguir a varios hombres y varias mujeres, varias bestias del sur y otras criaturas, que tan solo por tratar de describirlas, se estremece temeroso mi propio espíritu.
Pobre de mí, que seguí observando como trazaron mágicamente un circulo, con la ayuda de la sangre de tres humanos que degollaron en ese mismo momento, y un terrible sortilegio que hizo que ese mismo dibujo sanguíneo en forma de pentagrama, ardiera y se elevara con un fuego de color rojo oscuro, como la sangre misma que supurara de una sombra.
Varios guardianes del grupo, completamente armados y preparados para la ocasión, custodiaron ambos lados de la galería. Subestimarlos, fue mi segundo suicidio, ahora lo sé.
En el centro del pentagrama de sangre y magia, se colocó la figura de un conjurador y en torno a él, rodeando el dibujo del círculo, otras siete criaturas; que si os dijera como eran realmente me llamaríais loco. No habéis visto el infierno en el que yo me condené, pobres de vosotros, que sois quienes lo sufriréis después de mí.
Los cultistas entorno al círculo comenzaron a lanzar blasfemias, rezos prohibidos y letanías terribles, que hicieron que la propia roca de las galerías se estremeciera, como si la misma piedra tratase de huir de tan horripilante imagen por sufrir.
El oxígeno mismo se escapaba y huía de la infecciosa conjuración que corrompía cada átomo y cada instante de aquellas escena y de aquel contexto aterrador.
El conjurador del epicentro lanzó un poderoso sortilegio, y tras él, los siete cultistas lanzaron otros siete conjuros sobre el propio conjurador inicial. Esto multiplicó su poder y se tradujo para nuestra desgracia, en una llamada, una terrible invocación que apareció desde la sombra y desde el fuego y su nombre propio, fue el de la sangre.
Saben todos los dioses del panteón de nuestro continente, que trate de escapar, que jamás había corrido tan rápido y que quise dar la voz de alarma a mis hermanos amnianos y a mi familia de Khalatyr. Hice el esfuerzo más grande de mi vida para llevar la noticia y que pudieran escapar del terrible destino que se estaba forjando en esa cueva maldita, de ese castigo que nacía del odio y de la crueldad, con un hambre tan profundo y tan inmisericorde, que devoraría toda la zona de la costa pesquera pero… ya os hablé de esos guardias armados que cometí el error de subestimarlos, así que poco más puedo añadir, pues no pude abandonar aquella galería, aquella cueva abierta hacia el abismo al que nos van a conducir a todos.
Hoy, estoy en una interminable fila de muertos, que como yo caminan lenta y pesadamente para recibir su juicio. Sé que no llegaré ni siquiera a tener oportunidad de que me condenen a ese muro del que todos hablan por aquí, veo como tres demonios caminan hacia mí para llevarme hacia otro destino y no tengo tiempo de huir… nadie ha podido avisar en Khalatyr, la sangre y el fuego les devorará a todos!